Mariposas Negras
VIII
Siempre Tú
| L |
os días siguieron y se alargaban horriblemente. Mis padres y todo lo que había sucedido me destrozaba. Sabía que iba a ir de mal en peor por mi culpa, mi maldita culpa. Era un enfermo, me merecía todo lo que sucedía e intentaba desahogarme en una libreta, la cual leyó la única persona que quería en este maldito mundo.
La noche antes de mi intento de liberación le dejé hacerme el amor. Sus manos, sus abrazos, sus caricias, sus te amo y sobretodo aquel deseo implícito en cada movimiento me hicieron sentirme como antes. Antes de que mi mente se quedara destrozada, fragmentada, y que mi cuerpo, débil e inútil, fuera apaleado por los puños de un imbécil. La soledad me envolvía a pesar de aquel acto, de su juramento que no sabía si creer realmente y de mi nueva vida. Estaba muy cansado de todo y quería evadirme de este mundo.
Tan sólo recuerdo que tomé varios frascos de pastilla con un zumo, me corté luego las venas con una tijera y caí desplomado en medio del aseo. Al despertar estaba Michel agarrándome de la mano, expectante ante mis movimientos o palabras. Sus caricias y cuidados me hicieron recordar el porqué en aquellos meses evité aquel acto.
Aún hoy en día rechazo toda muestra de afecto, sobretodo si viene de él. No pienso quedarme mucho tiempo en este lugar, en este cuerpo y con este padecimiento. Es demasiado duro y difícil para mí. Siento ser así, lo lamento de verdad, pero no me encuentro con fuerza alguna de seguir luchando. Estoy demasiado afectado por todo, por las cosas que no he logrado en esta vida ni lograré. Me han arrebatado parte de mis recuerdos, porque suela decir que recuerdo claramente todo…en el fondo de mi alma sé que no es así. Cuando Michel me toca es una sensación extraña, como si lo hiciera un desconocido, y si le escucho susurrar que me adora siento que me tortura. Aunque en el fondo de mi alma lo ame, aunque no pueda evitar desear tenerlo, no debo y me reprimo en cada paso que doy. Temo a dañarlo, temo a que me dañe como hacía en otros tiempos y temo también que vuelva a mi vida aquel desgraciado y me recuerde que soy un desecho.
Abel

No hay comentarios:
Publicar un comentario