Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

martes, 29 de enero de 2008

Mariposas Negras


Maxim 2004 (adoro la imagen de ambos, una seductora hacia el frente y otra cortada ya que está atendiendo a su pareja...simplemente trazos geniales)


Mariposas Negras

VII

Caballo de Troya

A

quella noche no sabía como reaccionar, como fundir mi mente en un pensamiento ordenado. Todo estaba alborotado con sus palabras, sus gestos su huída y todo lo que concernía al pasado. Las mariposas negras de mis sueños más agoreros revoloteaban como los cuervos, intentaban sacarme de mi estúpida ilusión de tenerlo aunque fuera una vez más entre mis brazos.

Me había rechazado, es más había huido amedrentado por el temor de que fuéramos pareja. Intenté aceptarlo, pero di mil explicaciones absurdas a ese hecho. Pensé que al perder la memoria tendría lagunas, sensaciones nuevas que no sabría explicar y que todo aquello le sobrepasaba. También que el temor a que jugara de nuevo le hubiera hecho huir, ya que había tenido tiempo suficiente para recordar. Sin embargo reuní fuerzas y fui a buscarlo al día siguiente. Volví a invitarle a tomar algo, pero él pasó por mi lado indiferente y se montó en el autobús. Me maldije, maldije a su padrastro y también a su madre. Todo mi futuro se había ido con él, puesto que había planeado mi vida entorno a la suya.

Recordé lo inútil que me sentía cuando llegaba con un golpe nuevo. Siempre me suplicaba que no dijera nada a nadie. Su padrastro era cruel con él, cada fallo contaba como un desastre imposible de solucionar y cada victoria no era merecedora ni de una frase de aliento. Siempre odié a ese hombre, jamás me pareció alguien decente y esta vez sabía que la culpa de todo la tenía él. Deseaba destrozarlo a golpes, que sintiera lo que Abel bajo sus puños. Sin embargo no podía olvidar a su madre, la cual decía amarle pero era incapaz de proteger a su hijo. Era una maldita egoísta, a ella no la machacaba como a él, eso la libraba de aquellas crueldades. Algún día ellos iban a pagar caro todo, ese día había llegado.

Me personé en la comisaría con mi móvil como prueba con mensajes antiguos, correos electrónicos donde hablaba de su situación familiar y cartas escritas de su puño y letra. Los agentes me condujeron a tomarme declaración. Escucharon toda mi historia y decidieron poner denuncia, además de negligencia al Hospital por no haber dado alarma por las reiteradas lesiones del joven. En media hora fueron a por el padre a tomarle declaración, también sacaron al muchacho de la unidad familiar y a la madre la amedrentaron para que confesara la terrible verdad.

Pedí a los asuntos sociales que lo dejaran estar al cuidado de mi tía y míos. Ella no sabía nada sobre lo que había sucedido, pero estaba seguro de que no le importaría que él viviera con nosotros. Al final accedieron y sus padres fallaron en las distintas versiones de aquellas caídas, palizas de chicos del instituto y sobretodo su padrastro. Él llegó a decir que alguna vez abofeteó a su hijastro por ser un maricón, esas fueron sus palabras concretas y que me hirvieron la sangre. Los medios de comunicación se hicieron eco del caso y los debates sobre homofobia y el maltrato ocuparon la parrilla al instante. Programas rosas que hablaban del dolor de algunos famosos al ser tratados cruelmente por su supuesta condición sexual y sus frases patéticas sobre “debieron elegir otro camino, así serían más felices”. Me pregunté en qué demonios pensaban, la condición sexual no existe pues no es una condición ni una elección.

Tuve que esperar cuatro días a que él pudiera vivir a mi lado. Su mirada era un caos, sus gestos fríos y sus palabras nulas. Revolvía la comida que le hacía mi tía, que era como mi propia madre, y apenas probaba bocado.

-Te quiero.-le susurré una noche cuando fui a abrazarlo a mi cama. Desde aquel día yo dormía en el sofá.-Espero que algún día recuerdes todo.-musité besando su cuello para luego marcharme.

-Te odio.-respondió arrinconándose a la pared.

No dije nada, tan sólo una lágrima de impotencia dejé que hablara por mí. Cerré la puerta y bajé las escaleras para recostarme en el sofá. A los pocos minutos él se recostó sobre mí.

-Te odio por todo el tiempo que no me quisiste y porque ahora pretendes ser el novio que deseaba, pero sin embargo ya no sé si te quiero o es producto de que esté recordando todo.-dijo en mis oídos para luego marcharse de nuevo hacia las esclaras.

-Recuerdas todo.-dije rememorando sus ultimas palabras.-Lamento no haber sido un gran amante, no haberte dado más apoyo, sin embargo acéptame ahora como antes.-murmuré sin saber si me escuchaba o tan sólo se había quedado meditabundo el inicio de la escalera, con sus manos sobre la barandilla y la cabeza gacha.

-Recuerdo todo, sobretodo el daño que me hacías.-hizo un inciso y tomó aire.-El daño que me hacías cuando flirteabas con otros en mis narices.-dijo volviéndose hacia mí.

-Recuerdas también mis poemas, mis abrazos y caricias, la forma que te besaba o los últimos meses cuando te pedí ser una pareja formal. Esa vez te estaba entregando mi corazón con sinceridad, me di cuenta tarde de cómo te amaba y necesitaba.-susurré levantándome para abrazarlo.-Recuerdas cómo te hacía el amor, cómo te defendía y cómo te ayudaba a sacar tus materias.-dije apoyando mis manos en su espalda.-Yo lo recuerdo todo incluso el aroma que dejabas en mis sábanas tras una noche de sexo.-murmuré.

-Ven a dormir conmigo.-susurró apartándose de mí para tomar una de mis manos.

Lo seguí hasta el cuarto en silencio, me tumbé a su lado y lo abracé. Era la primera vez que podía hacerlo en mucho tiempo, mis besos cubrieron su rostro hasta quedarme dormido.

Michel

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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt