
Este escrito es de los pocos que tengo heterosexuales...
soy bisexual y a mucha honrra
El abrazo del VAMPIRO
Entré furtivo en tu habitación, aún dormías sin saber que te observaba desde hacía noches. Tu hermoso camisón blanco perla secuestraba tu piel, la araba y la empaquetaba como si fueras un dulce caramelo que yo ansiaba como un infante. Caminé sigiloso hasta tu cama y comencé a tocar tu rostro anhelando morder tu cuello, tus senos, tus labios y por último tu vientre hasta saciar a la bestia que yacía en mi interior. Me encaramé sobre ti y quité el seductor lazo de tu camisón, este se desprendió y jugueteé con él entre mis dedos. Después pasé mi boca bajo tu mentón, anhelando que no despertaras hasta que entrara en ti. Mis manos se volvían locas al sentir el tacto de tu sedosa piel, las yemas de mis dedos se humedecieron al palpar tus labios. Todo era demasiado erótico, demasiado fácil para mí. Me desnudé tirando la ropa al suelo mal colocada, mi traje chaqueta y mi camisa negra como mis cabellos, al igual que los tuyos.
-No sabes pequeña mía lo que es la soledad, el hambre y la sed…la necesidad que todas las noches vienen a mí.-susurré con mi acento del norte de Europea tan característico, siseante y sexual.-La necesitad que se hace carne cuando te contemplo.-sonrió en sueños, quizás una fantasía erótica al observar que sus pezones se alzaban tras la frágil tela.
Comencé a sumergir mis manos bajo el camisón, aquel que llegaba por encima de sus rodillas. Acaricié sus muslos, su ropa íntima con mis garras, hasta llegar a sus turgentes senos, mientras sonreía. Sus pezones estaban duros, deseosos de ser secuestrados por mis labios y rozados por mis colmillos. Ella comenzó a gemir, aún no despertaba y eso me incitaba a continuar con aquella locura.
Sin embargo, no me controlé y besé sus labios con pasión, esto ocasionó que se despertara. En un principio creí que gritaría, pero tan sólo alzó su pierna enroscándola a mi cintura mientras sus brazos me rodeaban. Mi hombría rozó el tejido que guardaba aquel tesoro, aquella perla coralina que deseaba palpar con el inicio de mi incipiente erección. Mi lengua se fundía con la suya, mis garras seguían jugando sobre sus pechos y mi sexo acariciaba el suyo sobre sus prendas. Me aparté masturbándome, observándola y en ese instante me sonrió.
Me volví loco y le arranqué todo lo que me apartaba de ella, hice jirones sus ropas y me recosté sobre su vientre. Mi boca besaba su torso, sus senos quedaron a mi disposición y por lo tanto también sus pezones. Salvajemente lamía cada molécula de ella, cada centímetro de aquella perfumada piel. Sabía a una mezcla de pasión y necesidad, concebida para el sexo y para ser mi Afrodita. Mi lengua terminó por invadir su sexo, abrí bien las alas de su mariposa e introduje uno de mis dedos en aquella cálida humedad. Se sentía tan maravillosamente bien y el sabor de aquel manjar me enloqueció aún más si cabía. Pronto comenzó a gemir, sus senos se movían con su respiración como dos pequeños flanes expectantes a ser devorados. Dejé su clítoris y mordí uno de sus pechos tomando para mí su pezón. Succionaba aquel minúsculo trozo de piel mientras dos de mis dedos se hundían con rapidez cuando otro masajeaba el clítoris con maestría. Mis dos manos en su sexo y mi boca pegada a ella como un infante.
Estaba lleno de lujuria, así que la alcé y le aproximé mi miembro. Deseaba que lo lamiera como así hizo, pronto se lo llevó por entero a su boca deleitándose con él. Mis garras no se quedaban quietas y jugueteaban en su cintura, acariciaba su espalda junto a su rostro. Cuando me hallé suficientemente caliente la recosté sobre la cama y me hundí en ella. Mi daga entró en su húmedo sexo y sus piernas se aferraron a mi figura.
-Te haré subir al cielo y caer al más profundo de los infiernos, las llamas te acogerán amada mía.-mascullé lleno de frenesí.
Mis movimientos eran rítmicos, no demasiado veloces y llenos de poderío. Mi glande rozaba el interior de su vagina, de ese sexo tan glorioso. Pronto lo saqué y lo volví a fundir con sus carnes para llevar un movimiento pélvico más raudo, sin embargo ella se estremecía y pedía a gritos que la rompiera. El ritmo aumentó, más aún, intentando controlarme mientras sus ojos se abrían junto a su boca. Le faltaba aire, por el calor y por mis estragos en sus paredes. Su clítoris aumentaba de tamaño, rozaba mi miembro y mis testículos golpeaban en ella. Mis colmillos emergieron de entre mis labios y mordí su cuello, justo en el punto entre el placer y el dolor. La alcé de la cama y llegué al orgasmo junto con ella, paré de beber sintiendo su respiración agitada y jadeante. Al recostarla ella acarició mi rostro sonriendo.
-Eres el príncipe oscuro que siempre había visto en mis sueños.-tras esto cayó extasiada y cansada.
Cada noche desde ese día voy a destrozar su cuerpo, a arañar su piel y a deleitarme de sus pezones…cada noche desde hace dos años, pronto la convertiré en mi pupila y eso será durante toda la eternidad.
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