Pues hace unos meses que hice rol con mi pareja con un viejo personaje que poseo (Amaury) y otro suyo. Fue divertido y ayer lo recordé buscando imágenes que había editado. Encontré una de "Ziz" el nombre del personaje de mi chico y yo dije... ¡Ah! ¡La de hostias que se llevó mi bocazas! Así que la idea me rondaba por la cabeza. He escrito un texto de mi personaje recordando viejos momentos y haciéndose cierta idea de cómo será su nueva vida.
Lestat de Lioncourt
Soy de esos tipos que siempre se comunica
con gruñidos, se acomoda el paquete en cualquier situación sin importar nada y
que escupe veinte insultos en una misma frase. No tengo escrúpulos ni sé de
límites. Me crié como si fuese un animal salvaje y terminé siendo un vagamundo.
La verdad es que siempre he sido de esos supervivientes de las atestadas calles
de asfalto que parecen estar locos y llenos de piojos, pero sobrevivo que es lo
que cuenta.
Hace un par de años todo cambió. Mi
vida dio un vuelco igual que un coche en una película de acción. Giré a toda
velocidad sin frenos, sin posibilidad de hacer nada con el volante y en
dirección a darme el golpe más fuerte que jamás me había dado. Pude haber
muerto en aquella explosión, pero dicen que bicho malo nunca muere y estoy
empezando a creer que es cierto. Ese vuelco espectacular fue conocer a alguien
que destruyó todo lo que tenía claro en este mundo.
Siempre había amado la música y
una vieja guitarra, arreglada de forma muy chapucera, era mi única compañía día
y noche. Eso y un gato callejero que solía cuidar mucho mejor que a mí mismo. Permitía
que mi mundo fuese la música porque literalmente comía gracias a las limosnas
que ganaba por mis canciones. Solía hablar de lucha social, de tragedias que
veía en las noticias de los viejos periódicos, de leyendas que alguna vez leí en
libros que encontraba tirados en la basura o en bibliotecas públicas, y también
de sentimientos. Mis propios sentimientos siempre estaban ahí.
Alguien limpio, con un traje
hecho a medida y una sonrisa amable no se para a menudo frente a ti y te da un
fajo de billetes como si fuesen caramelos. Pensé que estaba equivocándose. Eso era
demasiada pasta para un piojoso que sólo se metía en problemas. Además me lo
iba a fundir demasiado rápido en chorradas que luego no podría siquiera
conservar. Prefería que gente más necesitada comiera caliente algunas semanas. Pensé
en todas las familias que visitaban una vieja parroquia y la de veces que había
escuchado al párroco que ya no quedaba más bolsas de alimentos. Todo eso me
llenó de ira y también me decepcionó. Yo tenía aún calderilla del día anterior
y podía usarla para comprar algo de beber, pan caliente y algo para acompañar. Así
que fui tras él hasta alcanzarlo.
En menos de unos minutos me vi
envuelto en una pelea acojonante. Era como abrir la Biblia y leer sobre el
Apocalipsis. El cielo se enturbió y la primavera dejó paso a la oscuridad más
absoluta. Nubes de tormenta aparecieron en el firmamento mientras seres sin
escrúpulos atacaban a un ángel. ¡Sí, un ángel! Aquel refinado transeúnte era un
enviado divino que estaba a punto de ser pajarito frito. Pero su voz se alzó
incrementando su poder y finalmente derrotando la oscuridad.
Nadie en la ciudad sabía que él
los había salvado. Muchos seguían blasfemando por el móvil haciendo sonar el
claxon de su vehículo, otros corrían por las calles intentando parar el
autobús, había mujeres frente a una tienda de novias hablando de lo maravillosa
que sería la boda de una amiga, chicas jóvenes reían cerca de un bar mientras
el camarero se sonrojaba por el halago de alguna de ellas y un mendigo seguía
pidiendo en una esquina. ¿Y yo? Yo estaba a su lado con mis pantalones rotos,
mi camiseta mal arreglada y mi pelo salvaje.
Algo en mí me pedía salir huyendo
de allí si bien siempre había creído que eran leyendas. No sé si era el destino
o mi testarudez pero me mantuve al lado. Caminé pensando en lo que podíamos o
no hacer, en las cosas que debía o no preguntar, y poco a poco pasaron las
horas, los días y las semanas. Comprendí que ni él ni yo éramos normales. Quería
ayudar y finalmente fui ayudado. Yo era un mestizo y mis alas salieron a la luz
un día cualquiera por una acción insignificante.
A mis treinta años mi vida cambió
por completo. No me parece una putada, pero sí me parece inusual que tengas que
aprender a vivir de nuevo. Casi tuve que saber valorar lo que tuve, la libertad
con la que contaba para ir y venir, porque él apareció en mi vida cambiando
todas mis viejas costumbres. Lo peor de todo es que un día sin más tal como
vino se esfumó. No dejó nada para poder localizarlo. Creí que regresaría y por
eso sigo acudiendo a su viejo loft.
Me siento aquí, en una pequeña
mesa donde solía cenar y desayunar con él, a mirar por la ventana como los días
pasan y la ciudad va creciendo creando su propia tela de araña. El paisaje va
cambiando poco a poco y el tiempo vuela. Ya debería tener el aspecto de un
hombre de casi cuarenta años, pero me conservo como el hombre joven que conoció
entonando viejas consignas para animar a al público más asiduo de sus
conciertos: las palomas del parque.
No sé qué siento hacia él y
tampoco me importa. Sólo querría volverlo a ver para abrazarlo una vez más. Él es
lo más parecido a una familia que jamás he tenido aunque era un maldito hijo de
puta. Nadie me ha cundido a hostias como él y quizás extraño que me enseñe el
respeto con algo más que con palabras. Y aunque tengo alas no soy un guerrero
de Dios. Yo sólo soy un idiota que quiere volver a ver al hombre que le salvó
el culo.
PD: Si alguna vez vuelvo a verlo
después del abrazo le devolveré la somanta de hostias que me dio en pleno
entrenamiento. Me la debe.
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