Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

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miércoles, 25 de junio de 2014

Boderline

Viejas memorias de Julien Mayfair para todos ustedes. Posiblemente, él jamás me aceptará, sin embargo, a mí eso no me importa. Intentaré por todos los medios que me acepte... aunque sea publicando estas historias que nos ofrece. 


Lestat de Lioncourt 



Me hallaba frente a la cuna, con mis manos delgadas acariciando ésta como si fuera el cofre de un tesoro. Dentro de aquella pequeña jaula de hermosos barrotes de madera, elegantes sábanas blancas y colcha malva, se hallaba mi mayor pecado hasta la fecha. Sus mejillas sonrojadas y llenas, sus labios pequeños aunque carnosos, y esos ojos enormes que me devolvían la mirada cargándome de una culpa terrible. Mi figura era oscura, casi como una sombra desdibujada, con aquel sobre todo negro que cubría mi delgado cuerpo. Bajo aquel elegante traje color humo, camisa blanda de algodón almidonada y corbata rosé, temblaba como una hoja contra la ligera brisa que avecinaba tormenta.

A pocos metros de nosotros, con un camisón color hueso, y varias mantas suaves, se hallaba mi hermana recostada como si fuera un cadáver. Sus largas pestañas negras reposaban mientras sus párpados habían echado el cierre. Prefería que durmiese, gracias a las pastillas y diversas hierbas naturales, que a verla despierta acusándome por mi reciente noviazgo con una chica de sociedad, como debía ser.

Ella siempre me había amado y yo, monstruo cruel, acepté el trato con ese maldito demonio para que tuviéramos una hija, la cual sería para la familia la salvación y la debacle, llena de dolor, para mi hermana. Había tenido que enterrar a su esposo y ahora, de la nada, soportar la carga de ser la madre de un hermoso monstruo de facciones perfectas. No podía amarme frente a todos y yo había puesto distancia.

—Es hermosa, como tú—escuché la voz de Lasher apareciendo sutilmente a mi lado.

Aquellos ojos pardos, sus labios finos, esa barba corta y el traje oscuro, tan pulcro, me recordaban que él era quien decidía en la familia. Desde hacía décadas nos acompañaba y señalaba sus deseos. Había vuelto loca a mi madre y pretendía hacer lo mismo con mi hermana, aunque fuera por mediación mía.

—Eres un demonio—susurré apartándome de la cuna para salir de la habitación.

Aquella casa, diseñada por mi cuñado, era un laberinto hermoso lleno de habitaciones, con un elegante ascensor que a penas usábamos y un mobiliario de lujo. Era la cárcel de mi hermana y el símbolo de mi desdicha, el cual se convertiría en un icono de New Orleans, del poder familiar y también del legado.

—¿Dónde vas?—preguntó apareciendo frente a mí en el último tramo de la escalera.

—Aléjate de mí—dije rompiendo a llorar—. Mira qué me has obligado hacer—sus frías manos se colocaron sobre mis mejillas, aún jóvenes y bien afeitadas—. Yo...

Quería pedir perdón, aunque fuese ante él, como si eso lo solucionara todo. Jamás amé a otra mujer más que a mi hermana, pero a ella nunca la amé como pareja. Mi amor residía en un deseo incontrolable de proteger lo único noble que tenía y, para colmo de males, yo la intoxicaba. Mi mujer, la chica con la cual estaba prometido, no significaba nada. Sí, la quería a mi modo... pero ¿amar? Nunca he amado a una mujer. Jamás me he sentido realmente atraído por una mujer hasta el punto de caer enloquecido en sus brazos, aunque sí me han atraído como si fueran hermosas rosas abiertas. Ellas dan a mi vida una especie de consuelo, pero eran los brazos de mis amantes masculinos los que me excitaban, casi hasta el punto del delirio, y que a lo largo de mi vida me dieron aliento para continuar todo aquello. Si Richard me hubiese conocido en aquella época, cuando era un joven que no le temía a los riesgos en los negocios, una figura importante en la sociedad, y a la vez un niño aterrado por el poder de convicción de aquella bestia, posiblemente se hubiese alejado completamente loco.

—Que risa—musitó antes de atrapar mis labios mientras me rodeaba con sus brazos, pegándome a él como si se tratara de un fogoso amante, dejándome desarmado.

Allí, en mitad de la mansión de First Street, me dejaba devorar por un fantasma exigente. Estaba al borde del penúltimo escalón, mis elegantes mocasines rozaban casi el aire con la puntera y su lengua, porque realmente la sentía, hacía un excelente trabajo. Cuando logré recuperar la compostura estaba terriblemente excitado, sin saber siquiera porque había estado furioso segundos atrás.

—Te amo Julien, te amo—dijo dejando un par de besos en mis encendidas mejillas.

Deshice el camino andado, subí por las escaleras hacia el despacho en mi habitación, y me dirigí a mi victrola. Quería que la música lo alejara para poder pensar con cautela, pero él me lo impidió. Sabía que si había música él quedaba derrotado, así que no me permitió hacerlo. Lasher comenzó a besar mi cuello, atacó metiendo una mano en mi pantalón y mientras notaba como pellizcaba mis pezones.

—Julien, te amo—volvió a decir esa sucia mentira, aunque no sé hasta que punto lo era.

Sofocado me quité la ropa mientras me retorcía. Podía notar su altura colosal pegada a mí, observar sus ojos profundos clavados en los míos, mientras me encaminaba a mi cama de hierro de colchón mullido. Me arrojé como una fulana en busca de un buen cliente. Abrí mis piernas y permití que él cayera sobre mí. Pude ver su cuerpo desnudo y atlético una vez más, sus largos cabellos negros precipitándose sobre mi pecho delgado y como sus manos acariciaban mis costados. Eran manos gigantescas. Su boca no tenía piedad y rápidamente volvió a besarme, justo cuando noté como su miembro se introducía entre mis nalgas. Aquello fue rudo, como si hubiésemos discutido como cualquier otro amante y estuviéramos disculpándonos con sexo, puro y erótico sexo.

Mi piel era sensible, y por aquella época casi no tenía una miserable arruga. Mis cabellos negros se pegaban a mi frente, mis cejas se fruncían y mis labios se abrían buscando aire. Podía notar como las sábanas y la colcha se pegaban a mi espalda, igual que si fuera una segunda piel, debido al sudor que me perlaba. Me aferré al colchón y levanté mis caderas, pues quería más contacto con aquel demonio que me penetraba tan rudo que movía la cama, provocando que golpeara contra la pared e hiciera un terrible escándalo.

—Lasher, Lasher, Lasher... —decía moviendo la cabeza en ambas direcciones.

Era tan salvaje que sentí rápidamente los calambres típicos en mi vientre, como se tensaba aún más mi sexo y finalmente como me vine salpicando mis muslos, vientre y cama. Mis ojos azules observaron la oscilación de aire en la que se convertía, como si fuese el calor que desprende a su alrededor una llama.

—Te amo—dijo de nuevo antes de desaparecer.

Una vez recobrada la compostura me eché a llorar. Mi elegante ropa estaba regada por todas las direcciones posibles, la pared estaba desconchada por el movimiento salvaje de mi cama y las sábanas tan revueltas que parecía haberse producido allí una guerra. Me dolían los muslos, tenía la sensación aún de tener su miembro en mi interior y mi vientre hormigueaba.

—Maldito cabrón...


¿Amé alguna vez a Lasher? No lo sé. ¿Tuve algún sentimiento más allá del miedo y el dolor? Quizás. No puedo negar que sentía una extraordinaria satisfacción cuando él me tocaba o simplemente mataba a alguien. El poder me intoxicaba y poco después de aquella noche, en la cual me odié ante Mary Beth, supe cuan valioso era tener contento a Lasher. Varias empresas locales, las cuales se dedicaban a vender y distribuir algodón, se vieron con los almacenes incendiados y recurrieron al de mi plantación. Lasher me envió un mensaje, me hablaba de amor y poder. Por eso, sin duda alguna, el amor no puede desvincularse de los negocios... pues yo aprendí a amar fielmente al dinero y todo lo que podía conseguir con él.  

Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt