Bonsoir mes amis
Les dejo una reflexión de Avicus.
Lestat de Lioncourt
Pasos perdidos
La muerte nos acompaña desde el primer
día en el cual comprendemos que tendremos que nacer. Ese mismo día
en el que nos desarrollamos dentro del vientre materno. El mundo
exterior comienza a ser nuestra gran preocupación. Nadamos en un
líquido que nos protege y nuestras madres nos provocan los mayores
sentimientos de amor, aún sin conocer esa palabra. Las semillas ya
son árboles, aunque no hayan germinado como la maldad puede estar
intrínseca pero no desarrollarse.
En éste mundo abrimos los brazos como
si fuéramos árboles, los estiramos hacia el cielo como si
hubiésemos tenido una gran pérdida y lloramos por la fragilidad de
nuestros pasos. Somos guerreros acostumbrados a pelear por sobrevivir
en cada segundo que muere frente a nosotros, pero no nos damos
cuenta. Sólo comprendemos la muerte cuando un ataúd pasa frente a
nosotros y se nos desgarra el corazón. Somos personas sensibles
llenas de secretos y misterios, guardamos respeto por cosas sin
importancia y lo realmente valioso lo dejamos a la vista de todos.
El ser humano es extraño. Somos
extraños y no lo sabemos. Vivimos para morir. Morimos para dejar
paso a nueva vida. Por eso somos la propia muerte con un hermoso
rostro que se va a arrugando y unas manos que terminarán siendo
huesudas. Ansiamos la inmortalidad y muchos cuando la hemos tenido
frente a frente el miedo nos ha paralizado. Muchos guerreros han
llorado arrodillándose al saber que serían considerados como
dioses, que verían morir a sus seres queridos y a los hombres que
tanto admiró. Sin embargo, todos aprendemos a sobrellevar la muerte.
Vampiros, seres humanos con un poder
especial que jamás podrán volver a ver el sol como antaño. Eso
somos, vampiros. Seres inmortales con intelecto superior y la fuerza
de diez hombres. Viviremos hasta que el mundo muera o decidamos que
ha sido suficiente.
Cuando recuerdo la oscuridad dejándome
ciego, el sonido de los insectos, el movimiento de la hierba bajo mis
pies desnudos y mis manos palpando la dura corteza quiero gritar
hasta que mis cuerdas vocales se atrofien. Sin embargo, no lo hago.
Ya el sufrimiento ha pasado. Sólo queda el placer de contemplar el
fin de los tiempos, el cual parece cada vez más cercano. El hombre
ya no sólo es un lobo para él, pues incluso los lobos son más
mansos e inteligentes. Se han convertido en animales carroñeros que
picotean las desgracias, se mofan de los problemas que otros poseen y
se hunden en el lodo de la codicia. Literalmente ellos están en un
nuevo árbol, limitados como si fuera un ataúd, y sin poder alzar
los brazos al cielo. Han perdido la movilidad, las preguntas
existenciales ya no sirven y se han transformado en muñecos de
plástico movidos por las grandes compañías como si fueran simples
juguetes. No sé cuando vayan a reaccionar, pero yo he perdido la
esperanza. Sólo contemplo mientras veo el fuego de la hoguera a
pocos metros de mi cuerpo, calentando mis manos, y sintiendo a mi
lado a Mael tocando algunas melodías de su arpa.