Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

domingo, 8 de diciembre de 2013

Pasos Perdidos

Bonsoir mes amis

Les dejo una reflexión de Avicus.


Lestat de Lioncourt


Pasos perdidos


La muerte nos acompaña desde el primer día en el cual comprendemos que tendremos que nacer. Ese mismo día en el que nos desarrollamos dentro del vientre materno. El mundo exterior comienza a ser nuestra gran preocupación. Nadamos en un líquido que nos protege y nuestras madres nos provocan los mayores sentimientos de amor, aún sin conocer esa palabra. Las semillas ya son árboles, aunque no hayan germinado como la maldad puede estar intrínseca pero no desarrollarse.

En éste mundo abrimos los brazos como si fuéramos árboles, los estiramos hacia el cielo como si hubiésemos tenido una gran pérdida y lloramos por la fragilidad de nuestros pasos. Somos guerreros acostumbrados a pelear por sobrevivir en cada segundo que muere frente a nosotros, pero no nos damos cuenta. Sólo comprendemos la muerte cuando un ataúd pasa frente a nosotros y se nos desgarra el corazón. Somos personas sensibles llenas de secretos y misterios, guardamos respeto por cosas sin importancia y lo realmente valioso lo dejamos a la vista de todos.

El ser humano es extraño. Somos extraños y no lo sabemos. Vivimos para morir. Morimos para dejar paso a nueva vida. Por eso somos la propia muerte con un hermoso rostro que se va a arrugando y unas manos que terminarán siendo huesudas. Ansiamos la inmortalidad y muchos cuando la hemos tenido frente a frente el miedo nos ha paralizado. Muchos guerreros han llorado arrodillándose al saber que serían considerados como dioses, que verían morir a sus seres queridos y a los hombres que tanto admiró. Sin embargo, todos aprendemos a sobrellevar la muerte.

Vampiros, seres humanos con un poder especial que jamás podrán volver a ver el sol como antaño. Eso somos, vampiros. Seres inmortales con intelecto superior y la fuerza de diez hombres. Viviremos hasta que el mundo muera o decidamos que ha sido suficiente.


Cuando recuerdo la oscuridad dejándome ciego, el sonido de los insectos, el movimiento de la hierba bajo mis pies desnudos y mis manos palpando la dura corteza quiero gritar hasta que mis cuerdas vocales se atrofien. Sin embargo, no lo hago. Ya el sufrimiento ha pasado. Sólo queda el placer de contemplar el fin de los tiempos, el cual parece cada vez más cercano. El hombre ya no sólo es un lobo para él, pues incluso los lobos son más mansos e inteligentes. Se han convertido en animales carroñeros que picotean las desgracias, se mofan de los problemas que otros poseen y se hunden en el lodo de la codicia. Literalmente ellos están en un nuevo árbol, limitados como si fuera un ataúd, y sin poder alzar los brazos al cielo. Han perdido la movilidad, las preguntas existenciales ya no sirven y se han transformado en muñecos de plástico movidos por las grandes compañías como si fueran simples juguetes. No sé cuando vayan a reaccionar, pero yo he perdido la esperanza. Sólo contemplo mientras veo el fuego de la hoguera a pocos metros de mi cuerpo, calentando mis manos, y sintiendo a mi lado a Mael tocando algunas melodías de su arpa.  

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Lestat de Lioncourt