Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

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miércoles, 9 de diciembre de 2015

Ella, mi reina

Hay cosas que no se pueden olvidar pasen los años que pasen, ocurra lo que ocurra, porque vienen a tu mente como un fantasma de otros tiempos y te secuestran la paz que crees haber logrado. Te arrancan de los brazos de los sueños más placenteros y los convierten en pesadillas siniestras; como si fueran sombras desatadas del infierno, y te buscaran para llevarte con ellas. El rico mundo de nuestros recuerdos, llenos de disimilitudes y victorias, está lleno de rostros que una vez tocamos con amor u odio. Ella es uno de esos rostros que aparecen últimamente con fuerza y claridad, provocando que me despierte en medio de la mañana llorando amargamente.

Me revuelco por el colchón, arrastro las sábanas que cubren mi cuerpo desnudo y golpeo la almohada con rabia. No puedo ocultar que me preocupa el hecho de no saber qué fue de su cuerpo. He intentado que el monstruo que yace en mi interior, aunque para mí es un compañero que me aparta de caminar siempre solo, me lo diga. Él no sabe qué ocurrió, según él la enterraron en algún lugar donde nadie pudiese perturbar sus restos. Sin embargo, deseo saber dónde está la reina.

Sería inútil mentirme diciéndome que no la amaba. No puedo negarme a mí mismo unos sentimientos que siempre van a estar ahí. Creo que fue uno de esos amores que no se pueden perder, pero que tampoco se podían mantener. Ella estaba obcecada en cambiar el mundo de forma brusca con guerras sin tregua. Había visto la monstruosidad del hombre, las bombas de racimo y las guerras bacteriológicas más modernas. Durante décadas estuvo frente a un televisor que mostraba noticias terribles de cualquier parte de éste mundo. Mostraban a hombres con fusiles armando a niños inocentes, mujeres llorando por la crueldad de la sociedad moderna y supuestamente civilizada, así como ancianos morir solos en apartamentos pequeños donde nadie los recordaba. Ella estaba harta de ser una diosa muda y decidió alzarse con una verdad que no era cierta. Aún así, pese a sus errores, sé que quería cambiar y que ella misma se dio cuenta de su error.

No puedo apartar su rostro mirándome y sus palabras surgiendo de sus labios sellados. Puedo oír su voz, pero no veo cambio en sus facciones. Posee unos ojos profundos de horrible tristeza, amarga verdad y de ruinas de sueños que creía perfectos. Si hubiésemos permitido que ese mundo, gobernado por mujeres, existiera muchos hombres inocentes hubiesen padecido. Ella fue traicionada por los hombres, vilipendiada y olvidada por sus guerreros, y eso hizo que se diese cuenta que fue estúpida al imponerlos sobre las mujeres. Quiso un mundo de mujeres, pero no se percató que el mundo necesita también lo masculino.

Si no hubiese estado tan herida posiblemente me hubiese escuchado. Habría visto que hay mujeres muy fuertes que pueden librar batallas solas, sin que ella intervenga o les de la razón. El mundo es un Jardín Salvaje, somos bestias y las bestias siempre luchan. Las guerras son terribles, pero no sólo son de hombres. También hay mujeres que agarran fusiles, mujeres que ordenan guerras, mujeres que odian a otras mujeres y mujeres que golpean a sus hijos, amantes o padres. La violencia ciega no sólo la ejerce el hombre, también la mujer. Debió verlo y yo debí mostrárselo. Me siento culpable porque no supe calmarla, darle mi amor y ofrecerle la verdad de éste mundo.

Ahora, cada amanecer, la veo. Es como si me pidiera que fuese a buscarla. Me siento en la necesidad de correr por medio de las calles de éste mundo, encontrarla y abrazarla besando su frágil piel. Recuerdo como quedó el cuerpo de Khayman y las Gemelas. Eran sólo envoltorios frágiles que se rompían si los tocabas. Tal vez no quede nada de ella, ni siquiera un alma que ronda éste mundo buscándome. Pero mi conciencia no está tranquila, mi amor no está tranquilo.


Si pudiese dar un consejo a todos los mortales, hombres y mujeres, es que intenten comprenderse mirándose a los ojos, deteniéndose un segundo a escuchar, porque eso evitaría muertes, dolor y rabia. No sean como nosotros. Sé que nos aman e idolatran, pero nosotros no somos perfectos. No pude ser el Príncipe que ella esperaba. La Bella Durmiente despertó y yo no estuve a su altura. Sin embargo, puede que mis sueños me recuerden que debo escuchar, amar sin medidas y ofrecerle al mundo algo más que mis deseos.  

domingo, 22 de marzo de 2015

Mi reina

Guardando silencio y gritando en él. Gritaba desesperadamente. Sus secretos estaban bajo una tumba pesada, tal vez su propio dolor y el castigo de un mundo que desconocían ya. La contemplé durante unos instantes, pero no pude contenerme. Tenía que besar su fría mejilla y observar en sus ojos el dolor que sentía. Era magnífica. No era una escultura, pues podía sentir la vida llenando cada recoveco de su cuerpo.

Deseé despertarla como si fuese la Bella Durmiente, pero siglos más tarde descubriría que hubiese sido mejor dejar que estuviese aislada, cuidada y admirada aún por los pocos que la recordábamos. Tuve que ver lo equivocada que estaba, el miedo en sus ojos, los sueños rotos convertidos en heridas y finalmente su cabeza arrancada en el suelo, manchando el mármol, mientras acababan con su vida. Quise gritar, pero no pude. Deseé llorar, pero las lágrimas no podían salir. Quedé en un estado en el cual no sabía como reaccionar.

La vida se desvaneció de su delicada figura, sus ojos quedaron vidriosos, las lágrimas estallaron en mi corazón y mi amor permaneció intacto. Comprendí que debí detenerla mucho antes de llegar a ellos. Tuve miedo. No pude defender sus ideales, pues no eran los míos. Estaba tan equivocada, tan asustada y desprotegida...

Muchos dicen odiarla y, sin embargo, yo no puedo hacerlo. Aún tengo amor en mi corazón para ella. Sé que el mundo no la comprendió, pero a veces no hay que comprender para amar. El amor en sí es un sentimiento que rompe cualquier frontera, cualquier entendimiento, seca las lágrimas de dolor por otras distintas y la complicidad aparece con esperanza. También hay quienes la aman. Sé que Marius jamás dejó de amarla. Ambos quedamos afectados con su marcha.


Ahora, tras décadas, estoy deseando saber dónde están sus restos. Quiero estar frente a su tumba y jurarle amor eterno. Fui leal a ella, aunque no era sólo por miedo. Fui leal porque sabía que me necesitaba. Sé que ella estaba aquejada de un terrible mal, el cual ha regresado y quiere acabar con todos nosotros.

Lestat de Lioncourt   

Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt