Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

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domingo, 28 de agosto de 2011

Último beso en París


Esta imagen es regalo de una buena amiga, de una hermana para mí. Un hermoso regalo de cumpleaños. Gracias mi querida Nerissa... gracias mi Armand.

El texto les recuerdo que los personajes no son míos, pertenecen a Anne Rice y todos sus derechos estan reservados en sus obras.
Este documento que os plasmo digitalmente es fruto de mi imaginación, de mi amor por estos personajes y de mi necesidad por expresarme...



Buscaba una canción acorde al texto, creo que esta es la correcta.

Dedicado a ma Louise... mon cour



Último beso en París



El mundo no estaba hecho para soportarnos. Nosotros no éramos conscientes cuando ella estaba a nuestro lado, pero una vez se disiparon sus cenizas nosotros nos enjaulamos en un amor tormentoso. Mi amor era caprichoso, como mi necesidad de él. Me entregaba a lo exquisito de su piel y al rubor de sus mejillas, así como la ira que provocaba en su mirada, mientras me apartaba hastiado por la decadencia y la melancolía que me entregaba.

Por todo y por nada, quizás por demasiadas cosas que sucedieron y otras que jamás pudimos tener, me marché de su lado cuando prometí quedarme. Mentía, siempre lo hacía, y aunque él lo sabía parecía disfrutar como un niño iluso de mis palabras. Durante días vivía mi mentira, parecía florecer su ilusión y su inocencia como un jardín en primavera, mientras yo tanteaba como marcharme sin que se percatara.

Agosto estaba a punto de terminar, pero el sofocante calor provocaba que me marchara rápidamente entre las calles parisinas. Nos habíamos mudado a un pequeño apartamento, como si fuéramos dos estúpidos enamorados. Aproveché que mis actos eran impulsivos, como mi deseo de recorrer el mundo y saciarme lejos de él, para irme sin dejar siquiera una nota con un porque.

Aquella noche mis pasos se volvían más pesados y a la vez livianos. Me pesaba la culpa, pero a la vez el deseo me atraía a correr por las calles sin mirar atrás. Mis rubios cabellos caían sobre mi frente, rozándola y creando en mí una imagen de chico alocado en busca de amantes. Mi camisa blanca no estaba completamente cerrada, los primeros botones estaban desabotonados, y mis pantalones tenían un aspecto viejo. Era un bohemio huyendo de las fotografías de su reciente pasado, un inútil huyendo de la felicidad en pareja.

Mis pasos se volvieron pisadas cada vez más rápidas, pronto mis pies parecían despegarse del suelo y terminé a trote por los callejones más oscuros de París. La ciudad de las luces también tenía sombras, y en estas podías encontrar a la escoria de la sociedad brindando por su retorcido destino. Buscaba olvidarme de él, de sus sonrisas amables y de sus ruegos. Quería perderme en una danza macabra de sexo, sangre y château.

Acabé topándome con un prostíbulo. Entre aquellas calles decadentes los negocios turbios florecían, sobretodo aquellos que vendían jovencitas como pecaminosos manjares. La sangre que bullía en sus jóvenes y delicados cuerpos, así como el perfume barato que bañaba la piel sonrosada de cada una de ellas, era demasiada tentación para no hacer una parada en mi huida. Como un demonio pérfido, y sediento de sexo, hice mi aparición en la sala pidiendo que las más jóvenes y hermosas vinieran conmigo.

Muchachas de no más de veintitrés años y no menos de diecinueve, flores que se abrían perfumadas en la noche parisina. París no era la ciudad de las luces y el amor, sino del pecado y las sombras chinescas de jóvenes prostitutas. Empezaron a desfilar ante mí, seis chicas encantadoras, que atrapé con apetito entre mis labios y manos.

Tendría una orgía como las que narraban de la antigua Grecia y Roma. Poseería el calor de sus cuerpos como abrigo y sus almas como precio justo por estar conmigo. Sus bocas eran calientes, suaves y tentadoras. Sus manos me desnudaron mientras reían como si fueran ángeles y aquello fuera el paraíso.

Podía sentir como unas y otras se turnaban para besar mi fría piel, mientras yo robaba sorbos de sangre sin que ellas llegaran a tener sospecha alguna. Reía como demonio y disfrutaba como tal. Era uno de los encantos que me permitía, la lujuria, olvidando por completo mi deseo estúpido de fieles y altares. ¿Para qué deseaba yo velas y flores si podía tener a jovencitas rogándome consuelo para sus excitados cuerpos?

Si bien, aquel festín acabó de forma abrupta. La puerta de la habitación donde me encontraba se abrió, era Louis. El espectáculo le hirió, aunque sabía que solía dedicarme en mi tiempo libre a placeres tales como aquel. Sus ojos se enturbiaron llenos de rabia, la misma que le hizo cerrar la puerta maldiciendo en francés.

Durante varios segundos me pregunté qué debía hacer, qué haría en esos momentos. Mi huida ya estaba planeada, pero ver sus ojos llenos de furia y melancolía me provocaron el plantearme todo. Y como si me hubiera hechizado me aparté de ellas, arrojé un fajo de billetes en la cama y me coloqué la ropa. Huí, sí, pero del placer y no de él.

No tuve que caminar demasiado para encontrarlo. Terminó acurrucado en un portal de ese mismo callejón, llorando y lamentándose el haberme creído una vez más. Se abrazaba a sí mismo e intentaba sosegar las lágrimas sanguinolentas que bañaban sus mejillas. Al percatarse de mi presencia tembló conteniéndose en no lanzarse contra mí, en no intentar matarme allí mismo.

-¿Por qué lo hiciste?-susurró alzando su rostro para verme, aunque podía apostar que no podía hacerlo por las lágrimas. Su labio inferior temblaba, todo él seguía temblando.-¿Por qué? Dijiste que me amarías, que esta vez te quedarías. Jamás lo haces y yo como niño iluso me imagino que podremos soportarnos, estar juntos y finalmente descansar de tanto daño.

-Oh Louis.-dije con cierto fastidio, aunque me provocaba sentimientos encontrados verlo así. Algo en mí nacía y se llamaba remordimiento, siempre surgía cuando lo veía llorar de esa forma.-¿De nuevo haciéndote el mártir?

-¡¿Cómo puedes poseer tanta desfachatez?! ¡¿Cómo puedes ser así?!-gritó levantándose con furia.

-Tú fuiste quien creyó mis fantasías, aún a sabiendas que siempre te decepciono. El único culpable eres tú, no yo.-respondí acomodando mi camisa mientras notaba como temblaba aún más, parecía encontrarse bastante alterado.

-Me voy yo esta vez, esta vez me marcho yo. Me voy y no voy a regresar a tu lado, no pienso volver a caer en tus mentiras.-y el discurso de siempre volvió a sus labios, como si fuera una oración que me incitara a perseguirlo.

-Hazlo, vete y así yo puedo seguir entre las piernas de esas deliciosas criaturas. Los dos salimos ganando ¿no lo ves?-mi tono de voz era de crápula, pero mi mente y mi alma me rogaban que parase.-Vete lejos, corre y busca a otro que pueda hacerte temblar de rabia como de pasión. Estoy esperando Louis, estoy deseando que lo hagas, y así yo quedaré liberado para postrar ante mí a cualquiera que me quiera satisfacer.

-¡Lo dices como si yo no lo hiciera!-gritó molesto aferrándose a su propia camisa, tirando leve porque parecía ahogarle, como si llevara una soga firme rodeando su cuello.

-Tal vez no lo haces.-susurré con malicia mientras una sonrisa canalla se dibujaba en mis labios.

-Te odio.-susurró rompiendo nuevamente en sollozos.-¡Te odio!

-Si me odiaras no perderías el tiempo en buscarme, tampoco en recriminarme todo lo que hago y también lo que jamás he hecho. No estarías aquí Louis, no perderías el tiempo conmigo.-me apoyé en el muro de aquella casona desconchada.

-¿Tanto te cuesta amarme como yo lo hago?-dijo aproximándome a mí y yo me aparté.

-Decías que me odiabas hace unos segundos ¿puedo creer ahora tus palabras Louis?-susurré antes de comenzar a reír aún más cruelmente. Pero dejé de hacerlo cuando noté como caía frente a mí.

El aroma de sus lágrimas junto al de suciedad y sangre me envolvieron en un silencio que me ahogaba, me ahogaba todo lo que allí sucedía. Era cruel, lo sabía, me dolía esa crueldad en mí; pero los impulsos que me permitían serlo, sin siquiera pensarlo, eran mayores.

-Louis.-susurré arrodillándome frente a él e intentando acariciar sus mejillas, pero me apartó empujándome.

-No, no quiero que me toques con esas manos que han estado acariciando a esas furcias. No quiero que me abraces oliendo a ellas. No quiero nada de ti. Eres un monstruo, amo a un monstruo cruel que juega con mis celos y mi necesidad de él. Amo a Lestat de Lioncourt, cuyo ego y libertad son superiores a sus sentimientos y a sus deseos, los cuales dice que le produzco, pero que no es capaz de saciar conmigo sino con fulanas. Esas furcias jamás te van amar, nunca sabrán amarte, y a lo sumo se abrirán para que las hagas gemir por dinero. Las prefieres antes que a mí.-murmurá.-¿Qué clase de amor es ese el tuyo?

-Es un amor extraño.-susurré aún sentado en el suelo, mirándolo atónito y contemplando en él la verdad.-Un amor tóxico que me ata a ti.

-Maldito seas...-murmuró.-¡Maldito seas!

-Ya estoy maldito.-respondí.-Huyo del amor que me das porque no sé responderlo, pero tú sólo achacas deseos que nacen y mueren en mi bragueta. ¿Quién es el monstruo aquí Louis?-dije incorporándome para sacudir mis ropas y marcharme.-Será mejor que nos separemos.

Y así fue como aquella noche me separé de Louis, al cual busco ahora meses después en las calles de París. Dudo que aún esté aquí, que pueda encontrarlo en este Enero frío y húmedo. La nieve cae sobre mis cabellos dorados, mis pies están helados, pero he encontrado el apartamento y alguien está tocando el piano. Siento que es él, pero a la vez puede que mis deseos me estén jugando una mala pasada.

-Louis, perdóname... aunque no puedas oírme.

sábado, 22 de noviembre de 2008

ROJO -Publicidad-

Por motivo de que mi muso reapareció y que mis otras novelas estan en stand by por que no se me ocurre nada más que hacerlos sufrir en exceso y que eso no viene ni al tema de la trama original. XDD...

He decidido junto con Lestat, hacer una novela nueva, llena de sangre y sexo...

Algo que haga que el viejo lema de los Rollings Stones, sea digna de ser escuchada y renovada...

Del viejo: SEX, DRUGS & ROCK N' ROLL!!

Al : SEX, BLOOD & GOTH N' ROLL!!!!

El nombre de este trabajo sera ...

ROJO

ya que en esa palabra y en ese color se reunen todas las caracteristicas que queremos enfocar en nuestra historia.

Esperamos el apoyo de muchos de ustedes en este proyecto.

Aqui, les dejo la direccion del blog, donde publicaremos la obra.

Clik aquí

Bloddy Kisses

Nerissa

~~~~~~~


Mi vena retorcida, la cual no conocen, va a surgir y de que forma. Ya presenté a mi personaje principal y que será el vocalista de una banda.

Es que odio como están tratando a los vampiros actualmente...adolescentes que corretean por el mundo hablandose de amor...¡SANTO DIOS QUE ASCO!

Deseamos algo distinto y creo que lo podemos conseguir. Abrimos un blogger porque lo puede leer todo el mundo, comentarlo facilmente y sobretodo porque podemos colgar música junto a imágenes ... además de publicar ilimitadamente.

Nos haremos llamar dioses de la sangre...porque ella, la de todos vosotros pequeñas y estúpidas criaturas mortales, van a ser derramada a manos de nuestros vampiros.

un saludo

Lestat

~~~~~~

Vayan y lean el macabro musical de alaridos que les estamos regalando

miércoles, 19 de noviembre de 2008

The Lost Boys!



Jyrki = Mike

Espero que te guste este texto Kenny

Lost Boys - The 69 Eyes

Dios hizo con esfuerzo el mundo
Creó maravillas sobre la tierra
Dejó en él su espíritu en la esfera
Para siglos después quedar mudo
y…también creó el ego…
también la arrogancia absoluta
la belleza y la sublime melodía
y dios creó la ruta
del que ama u odia
lamentos, pesares y alegrías
Michael…Dios de las Noches frías


Recuerdo a un roquero que aullaba mientras su banda creaba una sinfonía típica de los dioses del rock, amantes del lema tan conocido “Sexo, Drogas y Rock and Roll”. Si bien un día tras un concierto y después de más de diez botellas de vodka cayó inconscientes en los brazos de un ser eterno.

Desapareció…

Lo engulló las sombras…

Y resurgió en el escenario con su voz ronca llamando a la unión de almas.

Su emblema cambiaría por…Sex, Rock and Blood

Pero lo siento muchacho yo fui el primero, soy un vampiro que conoció las mieles del éxito. Yo soy quien ganó la eternidad en un escenario y que aún lo demuestra. Por ello desde aquí amigo mío te reto…¡DUELO DE GUITARRAS HASTA QUEDAR SIN ALIENTO!

¡Camarero otro whisky me estoy quedando seco!


[Porque no hay nada más hermoso que ver a dos engendros que son lo más cercano a la mirada de Dios, de un ser divino con demasiado encanto. Dios bendiga el rock y a los vampiros.

En la Cantina Purgatorie los demonios brindan con los ángeles mientras las peleas siguen en las aceras. Un lugar donde todos hacen una parada dejando sus motos fuera. Nada como un mundo destruido para que el ego resurja como una llamarada de una pequeña chispa.

Allí está Lestat de Lioncourt en Vollkomen, los restos de la antigua New York, mientras observa como los Basiliscos brindan por la futura muerte del rey opresor. Sus arpías, esos vampiros puros con desdén y estúpido orgullo, se esconden en las esquinas del bar mientras un tropel del Vaticano se abren para poder presenciar el reto. Ángeles, más de cincuenta, con chupas de cuero y tachuelas.]

-¡Ese maldito Whisky!-grito mientras miro furioso el escenario… se retrasaba.

-¡Buenas Lest!-ahí estaba mi teclista.

-Toumas llegas tarde.-murmura con los ojos violáceos.

-¡Hola! ¡Llegamos a tiempo para el Rock!-grita mi hijo aparcando su moto mientras mi batería, mi yerno, baja de detrás de él.

-Buenas noches Lestat.-ahí estaba ese maldito lobo de mirada de hielo con su perenne cara de pocos amigos.

-Noir me lo ha pedido, espero que entendáis.-murmuro tomando al fin mi ansiado Whisky.

-¿Hablabas de mí mi preciado esclavo?-susurra agarrándome por detrás mientras saluda con una sonrisa eufórica en sus labios.-Es la primera vez que veré a Mike con mi aspecto masculino.-

-Es la primera vez y la última que hago una fiesta para tu amigo.-susurro rememorando al homenajeado, ya que cualquier motivo para ambos era una competición.

-No digas eso.-me regaña riéndose a carcajadas.-Te ves adorable cuando te enfureces.-besa mi cuello y sonrío alzando las cejas.

-¡No dudo en que venga!-Lou, mi hijo Louis Eduart Lioncourt, se encontraba aferrado a su amante mientras nos miraba.

-Lestat tenías razón.-admitió Toumas rascándose la perilla.-Tu hija y tú tienen un gusto similar en hombres.-

[Todos esperaban a Michel el cual sorpresivamente había sido retado por El Vampiro Lestat a una competición para hacer rugir las cuerdas de una guitarra, todo por el rock y todo por disfrutar de la noche. Si bien en realidad lo que se cocía allí era un simple cumpleaños.]


Feliz cumpleaños Kenny ya sabes que te adoro y que eres una gran amiga…me has soportado bastantes problemas y me has sabido escuchar dándome soluciones. Sobretodo…gracias por hacerme reír.

viernes, 10 de octubre de 2008

Halloween



la canción que canta Lestat en esta obra...espero que os guste



Imaginen una fiesta de disfraces, un momento agradable. Había pedido, más bien suplicado, a Mojo que se comportara como todo un caballero. Él asintió, no sé si para que dejara de hacer el ridículo o porque realmente lo aceptó. Busqué por el muelle un local abandonado, lo restauré durante un par de semanas y coloqué un decorado algo espectral. Muebles clásicos que pude encontrar en anticuarios, candelabros, cortinas de seda bordadas en hilos de plata y oro. Pero lo más majestuoso fue la mesa de los comensales, en el fondo del local bajo un pequeño escenario improvisado. Coloqué una escalera de caracol que llegara desde el techo al suelo del escenario, me demoró varios días conseguirlo y era parte del decorado de mi teatro. Varios ataúdes fueron dispersados por el suelo y los rincones del lugar, junto a velas, arañas de juguete y murciélagos. Un piano, bastante bien afinado, sobre la escena y luces parecidas a las usadas en mis producciones teatrales. Las invitaciones las elegí un día cualquiera, Mojo gruñía ante los horrorosos esperpentos que me trajeron como muestra. Pero al fin encontré una en papel antiguo, que se escribiría a mano y que se podía lacrar con mi sello.

-Llámame loco, llámame infeliz…llámame maravilloso portento porque hoy los pienso reunir.-tarareaba bailando un vals en medio de aquel lugar. La noche anterior había mandado los trajes junto a las invitaciones, invitaciones a todos aquellos que tenía cierto apego. Nada de príncipes, reyes o princesas…no de los reales, todos serían sacados de los cuentos más ufanos, vulgares o más tremendistas.

Cuando fue llegando la hora de la reunión llegaron los chef dejando en cada plato el nombre del invitado, junto a algunos canapés y yo desaparecí para tomar posesión de mis prendas. Estaba algo nervioso subido en el tejado, ocultándome de todos y Mojo sentado sobre mi silla observando las copas de vino aún vacías.

-Ni se te ocurra.-musité y él se irguió mostrando su lustroso porte canino.-Eso es, pórtate bien.-me acomodé los cabellos y cuando los invitados llegaban no encontraban la luz. Muchos podían sentirse, verse o tocarse, pero nadie sabía porqué los había reunido con aquellos disfraces.

Una musiquilla comenzó a retumbar, había contratado una orquesta. Mi voz surgió de las sombras. El coro me seguía en voz bajo, mientras las luces se iba iluminando los asientos y el decorado.

Niños, niñas y los demás, si.-susurré con un halo de misterio.-venís os voy a enseñar algo.-el primer pie en los escalones con los efectos especiales pertinentes.-extraño que hay aquí, la ciudad de Halloween, esto es Halloween, esto es Halloween.-treinta de octubre, como no. Los espectros debían de brindar y brincar conmigo.-Gritos en la oscuridad. Esto es Halloween! La función ya va a empezar,-aún sólo se vislumbraban mis botas.-somos traviesos y a todos vamos a asustar.-imágenes de hologramas comenzaron a surgir de la nada, fantasmas y mundos que únicamente existían en los cuentos.-Mi ciudad ¡Vamos a gritar! En la ciudad de Halloween.-mi persona apareció en la escalera y brinqué por ella hasta llegar al final.- Yo soy el monstruo que se esconde en todas partes dientes afilados, ojos muy brillantes,-aquel muñecajo apareció como de la nada, era un actor y era genial.- yo siempre me escondo detrás de la escalera, siempre tengo arañas en mi cabellera.-reí a carcajadas y mi disfraz era bastante conocido, el Rey del laberinto.-Esto es Halloween, esto es Halloween, Halloween, Halloweenn... En la ciudad, que es mi hogar, el día de difuntos voy a celebrar, mi ciudad, os encantará, todo el mundo sabe que algo va a pasar.-miles de monstruitos aparecieron de las puertas ocultas, ataúdes y del propio techo.-Mira dónde vas, muy bien escondido hay algo que te asustará y te hará gritar! ¡Gritar! Esto es Halloween. ¡Míralo! ¡Qué asco da! ¿Te asusté? ¡Pues ay que bien! Si queréis apostar, tira el dado y a jugar brilla la luna en la oscuridad.-un gran foco se apareció en el fondo de la pared iluminando un castillo abandonado, una maqueta que usé entre la pintura de un paisaje macabro.-¡Vamos a gritar! ¡Vamos a gritar! En la ciudad de Halloween yo soy el payaso que te hace llorar, de pronto aparece y desaparecerá. Yo soy aquel al que nunca veis, yo soy el viento estremecedor, sueño enemigo del astro rey lleno tus sueños de terror. Esto es Halloween, esto es Halloween. Escuchadme con atención sin terror no hay emoción junto a ti yo soy feliz trabajando en Halloween.-abrí la capa e hice aparecer, con un pequeño truco de magia, la bola de cristal.- Mi ciudad, os encantará, todo el mundo sabe que algo va a pasar.-acariciaba aquella cosa y se veían brumas.- Si Lestat de Lioncourt te atrapa un susto de muerte de dará y verás...-había cambiado la letra, como gran ser egocéntrico que soy. Pero por un día me lo podrán permitir ¿verdad?-Esto es Halloween ¡Vamos a gritar! Vamos a acabar con un tipo especial, nuestro Lestat es Rey de la Oscuridad, todos aplauden al Rey del Mal.-hice una reverencia y fueron desaparecieron lentamente en las sombras.- Esto es Halloween... En la ciudad, que es mi hogar, el día de difuntos voy a celebrar...-el coro también se dispersó entre las cortinas y demás decorado.- LA, LA, LA LA, LA, LA, LA, LA...-canturreaba aproximándome a mis queridos y amados amigos.

Louis estaba exquisito, sin duda sabía porqué me atrapó la primera vez. Vestido con viejas ropas, unas no muy distintas a como lo encontré y bufaba ante mi estupidez. Aunque, no pudo contener una sonrisa cuando hice una reverencia como si fuera un gran rey. Ambos lo éramos, yo el rey de las bromas pesadas y mentiras…él del humanismo exacerbado y de las negaciones continuas. Claudia, ya como una joven adorable, de María Antonieta pero con la cabeza en su sitio claro. Su busto, su mirada, su sonrisa macabra…era seductora, aunque peligrosa como una cobra.

Pero, sin duda, el más hermoso de todos era mi nieto. Llevé una mano a su mentón y comencé a bailar, el siguió mis pasos con carcajadas que se difundían entre el silencio.

-Griffith, que hermoso te ves como viejo caballero andante.-besé su frente y observé con que gracia llevaba la armadura, una muy parecida a la que yo llevé en su día.-¿Y este joven?-dije refiriéndome al hombre que vestía como un rajá.

-Mi pareja.-susurró en mi oído algo nervioso.-Y quien le acompaña también es mi amante.-era un joven robusto, de aspecto rudo y a la vez aniñado. Vestía como un hechicero o quizás como un enigmático guerrero.-No va disfrazado, abuelo.-murmuró besando mi rostro de mármol y se apoyó en el pecho del árabe.

-¡Vaya!-reí a carcajadas y al fondo noté la presencia de Armand. Venía engalanado como un ángel, con unas alas perfectas que yo mismo diseñé recordando los viejos dibujos de Marius. Mi maestro estaba a su lado, acariciando sus cabellos, mientras llevaba prendas de un romano. Como no, no podía haberle elegido otra vestimenta.

-¿Qué demonios has hecho?-la profunda voz de Marius me heló las venas, ya iba a reprenderme por mi alocado encuentro.

-Seguro que se fumó una calabaza.-Shirogane, aquel angel de aspecto melancólico que bufaba por coexistir con Armand en el mismo epicentro de la fiesta. Claudia, no obstante, estaba igual de resentida. Vestía como le pedí, ropas como para la ópera pero llena de telarañas y rasguños, junto con una máscara.

-No, intento despejaros de la muerte roja.-recordé aquel cuento de Poe, como no. El genial Edgar, el hombre del terror y del ocultismo.

-Lestat! Hay gente muriendo ahí fuera y nos llamas para una fiesta! Es intolerable.-como no, él siempre regañándome. Louis tenía que decirlo, tenía que hacerlo, tenía que romper el encanto.

-Déjalo, este es el Lestat que una vez fue. Patéticamente deseoso de llamar la atención de todos, como un bebé. ¿Harás el sentido inverso a tu nieto? Dime, mi querido Lestat.-en las sombras, aún en las sombras, estaba aquel maldito Nicolas. No sé porqué lo invité, quizás por un fugaz desliz de mi delirio. Y como no, vestido mafioso con un pequeño maletín donde debería ir un violín, aunque en estas fechas no sé si era así.

-No fastidiemos la fiesta, ¡debemos de hacer lo que dice!-gritó Quinn vestido de príncipe azul, con su lobo con un atuendo parecido.

-Papá, te quedó todo bastante extraño. Pero me alegro de haber venido.-era la voz de Louis, de mi hijo Louis. Vestía de rojo y blanco, con una cesta y los cabellos recogidos en una coleta, ocultos bajo una capucha roja. Sería el caperucito de su lobo y este venía de lo que era, aunque no trasformado por supuesto.

-Dio, encantador tu disfraz.-gruñó, notó mi ironía y que escogí lo que era, no me gustaba aquel tipejo. Pero a decir verdad era atractivo, atrayente de una forma imponente y que me hacía recorrer cada facción. Me recordaba extrañamente a David, le echaba en falta en la reunión, pero no sabía de él desde hacía demasiado tiempo.

-Lestat.-aquella voz me encogió el corazón.-Abu.-había dicho bien mi nombre y sólo era una niña. Estaba en brazos de Adrian vestido como si fuera un Apolo, ella iba de princesa con un traje rosa que yo elegí con el amor de un abuelo y mi otro hijo se veía elegante como un Drácula de cine en blanco y negro.

-Mi pequeña princesa, mi rompecorazones.-susurré caminando hacia ella, besando su frente y ella rió acariciando mi rostro.

-Espero que no te importe que asista.-era Nerissa convertida en cenicienta del brazo de Mike, el cual aún no tenía el gusto de conocer.

-No, no me importa. ¿De qué va vestido tu acompañante?-el hombre sonrió y di o un pequeño giro.

-De la bestia.-ahora entendí su melena crispada y sus rasgos parecidos a un león.

-¡Magnífico!-aplaudí ante su gran caracterización.

-Pasad.-indiqué los asientos y entonces en la oscuridad noté algo.

-No me han invitado, no os conozco.-murmuró algo nervioso.-Entré buscando a mi hermano.-era un ser poco convencional y noté que no era un disfraz. Era Zakeriel, como no.

-Zakeriel sí te invité, ¿no llegó la tarjeta?-pregunté algo confuso.

-¿Por eso me empujó mi pareja hasta aquí?-junto a él había un joven lobo vestido de zombie y un muchachito con una sábana sobre él. Noté que era un ángel de alas negras bastante poderoso.

-Yo traer a Zak, Zak enfadado.-se arrojó a mis brazos y rió.

-Vaya, no sabía nada de tu hermano.-lo bajé algo asombrado, no esperaba que Zak asistiera aunque mandé la invitación con la ilusión de que lo hiciera.

-¡Esperen!-gritó Yoko vestida de hada tirando de un muchacho.-Este es Law.-vestía de elfo y estaba algo ruborizado por todo aquello.

-¡Te esperaba!-sonreí mirando en un rincón a Rev

-Cariño ¿no te gusta la fiesta?-llevaba la ropa de ricitos de oro, sonreí ante su ropa y me tomó de la mano. Yo únicamente la llevé a sentarme sobre mis rodillas en la silla del anfitrión.

El resto de la noche ya lo saben

Comimos
Bebimos
Discutimos
Nos maldecimos
Y nos divertimos

FIN




*Nota: frase de shirogane XD de la propia user


Me adelanto un poco al día de los muertos...lo lamento...tenía que hacerlo, porque me he divertido bastante hoy creando esto.

jueves, 9 de octubre de 2008

Un poco de Humor

Últimamente todo va bien en mi vida. Hago oídos sordos a los idiotas que intentan joderme, prefiero centrarme en mis estudios y en los que realmente me apoyan en esta vida. Me divierto haciendo locuras y esta es una, espero que les gusten y no plagien...porque muchos de estos personajes estan en el foro de Damned Souls y Crónicas.




Abro los ojos en medio de la oscuridad de mi ataúd, palpo el sobrio recubrimiento de color rojo y voy abriéndolo lentamente. Ya llegó la noche, llegó la hora de la cacería más despiadada y cruel. Me presento frente al espejo como un príncipe de cuentos de hadas, arqueo las cejas alzándolas y sonrío enamorándome de mi reflejo como Adonis. Mis cabellos dorados se esparcen sobre mis hombros, en un movimiento rápido los recojo en una coleta, y abotono mejor mi camisa de puro algodón blanco. Mis pantalones vaqueros están algo caídos, ahora es así la moda y debo aparentar ser un maniquí, no una antigualla.



Permitan que me presente. Me llamo Lestat de Lioncourt y esta noche antes de mi cena les leeré una obra de teatro. Imaginen el reparto, olviden los convencionalismos y sonrían. He elaborado una arriesgada trama tomando como referencia Alicia en el País de las Maravillas, una pesadilla tétrica para cualquier chiquillo y que habría que estar enajenado para leer eso a un hijo.



-¡Oye! Yo se la leí al mío.-mi hijo, un hijo real mío. Un chiquillo que tiene mi herencia genética, mi sangre. Es parte de un antiguo legado que dejé en Auvergne, que encontré en este nuevo siglo.



-Gracias, acabas de arruinar mi voz en off.-respondo a mirando a Louis, sí se llama como mi eterno amante. Y digo eterno amante porque realmente no acabamos con nuestra relación, la dejamos congelada únicamente.



-¡Jo! Papá encima que yo dije de hacer el video.-¿cómo demonios puede ser tan condenadamente gay? Es increíble.



-Vale, no dije nada. Ahora añade las imágenes que grabamos ayer.-dije alzando mis cejas con una sonrisa de triunfador de la noche de los Oscar.



-Esto…-agachó la cabeza y comenzó a golpear sus dedos índices entre sí, una imagen típica de un anime o una serie cómica.



-¿Qué?-pregunté abriendo los brazos en un aspaviento.



-Grabé encima.-murmuró entre dientes.



-¡Qué diablos te pasa! ¡Me costó mucho ponerle esa diadema de conejito a Louis!-grité rabioso, la cólera era incontenible.



-¡No lo sé! ¡Me puse cachondo y puse el video para gravarme con Dio!-me respondió igual de alterado, realmente sí tenía parecido a los genes de los Lioncourt.



-Ni yo ni la audiencia precisábamos de tantos detalles, gracias. Ahora sí que no cenaré esta noche.-me avergoncé un poco que todo aquello se emitiera en la única radio de Damned Souls.



-¡Oye! ¿Qué tiene de malo Dio?-preguntó como si fuera un adolescente, aunque…¡qué diablos! Únicamente tiene veintidós años mortales.



-Nada, únicamente que sale contigo y tiene pulgas.-respondí con una sonrisa burlona.



-¡Mi lobo no tiene pulgas!-me gritó en el oído y casi me rompe los tímpanos.



-¡Yo no tengo pulgas!-la puerta de la habitación se abrió con Dio echando el humo del tabaco por la nariz como si fuera un búfalo.



-¡El que faltaba!-dije volviendo a alzar los brazos.



-¡Te he dicho que no fumes, que vas a dañar a mi bebé!-gritó lloriqueando.



-¡Un bebé que no debió de engendrarse! ¡Maldición!-comencé a darme golpes con la pared. Se habían embarazado usando magia la vez anterior, tenía ya un nieto y otro en camino, eso me hacía sentirme viejo.



-Papá, ¿cuándo vas a poner la película dónde soy la estrella?-Claudia, recientemente resucitada por mí, apareció de la nada quedándose frente a todos esperando que se emitiera al aire, tanto en televisión como en sonido por radio, la pequeña película casera que grabamos.



-Nunca, tu hermano borró la película.-murmuré señalando a Louis, el cual mostraba un estado de gestación de casi ocho meses.



-¡Eso es falso!-rechistó corriendo hacia su lobo.



-¡Louis William!-taconeó maldiciéndolo, conocía cada rasgo y cambio de su expresión.



-¡Sólo gravé encima!-empezó a llorar y Dio lo abrazó posesivamente mirándonos a ambos como si nos asesinara.-¡Deberíais darme mimos que estoy sensible!-



-¡No le gritéis!-su lobo no me daba miedo, pero tenía razón así que no dije nada más.



-Yo quería verte vestido de sombrerero loco, a Louis de conejo con el gran reloj y yo como Alicia.-hizo un pequeño puchero, sin embargo se calmó.



-El mejor papel fue el de Nerissa, como la malvada reina.-hizo Louis un gesto de monstruo de cine mudo y rió.



-No, el mejor fue del rey que era Mike.-saltó Claudia sobre el parquet dejando en grácil movimiento sus tirabuzones.



-No, la carta que debía ser asesinado…Quinn.-Dio estaba integrándose en la conversación aquella apuesta sobre el mejor actor.



-¡Que va! ¡La mejor carta era el loco de Niki que acusó a Quinn de pintar las rosas!-Y ahí estaba el maldito violinista apoyado en el marco de la puerta, sonriendo y burlándose mentalmente de mí aunque a mí no llegaba nada.



-¡Queréis dejar de recordarme esa película! ¡Me avergonzáis! ¡Me convertisteis en conejito!-tras él apareció Louis de Pointe du Lac, algo enojado y con los ojos llameantes.



-¡No! ¡Te convertí en conejito Play Boy! ¡Mon Dieu! Cada vez que lo recuerdo me desangro.-casi me ahogué en mis babas imaginándomelo desnudo con aquella diadema con orejas de conejo blanco y el gran reloj ocultando sus partes nobles.



-¡Lestat!-gritó tirándose a mi cuello, intentando ahogarme…aunque ya casi lo estaba en mis fantasías.



-¡Basta! ¡Son las cuatro de la mañana y quiero dormir de una puñetera vez! ¡Mi nieta se ha dormido! ¡Nuestra nieta Lestat!-ese era Armand. Su hijo y un chico que adopté hacía décadas, habían tenido una hija. He de decir que sale al encanto de los Lioncourt y que espero que no salga como Armand en sus aspectos más oscuros.



-¡Tú! ¡Cabrón!-Claudia estuvo a punto horas atrás de matarle a golpes, pero esta vez no pude retenerla y se me escapó para pegarle en la espinilla.



-Señores oyentes les pido disculpas, mi familia es extraña y estúpida.-era la voz de Griffith le habían hecho crecer hasta un muchacho de unos dieciocho años, cosa que era inadmisible para mí.-Corto la comunicación, creo que a nadie le interesa…



-¿Quieres una piruleta?-Quinn apareció entrando por la ventana con el “pulgoso” como así llamaban muchos a su pareja. También tenía un lobo por amante, como mi hijo pequeño.



-¿De cereza? Vale…-







Fin

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Lestat de Lioncourt