Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

lunes, 18 de abril de 2011

Dark City - Novela - Capítulo 19 - Lluvias de Otoño y nieves de invierno. (XVIII)


Terminé cargándola como si fuera una niña, cubriéndola con mi abrigo mientras pasaba por aquellos pasillos que seguían siendo un caos, pero algo más silencioso al vernos pasar. El silencio nos acompañó hasta la salida, allí el ruido del motor y el parloteo de ellos rompieron esas pesadas cadenas.

Ella estaba acurrucada en mi regazo, como si fuera una niña pequeña, llevaba puesta una capucha y sus manos estaban aferradas a mi chaqueta. Yo simplemente acariciaba sus cabellos e intentaba darle calor con mi cuerpo.

-Tengo frío.-murmuró bajo cerca de mi oído.-Y hambre... tengo hambre.

-Ahora llegaremos a mi casa y podrás tomarte un baño, además de prepararte algo para comer.-dije justo antes de ver que Sho aparcaba.

No me había fijado que podía conducir tan rápido sin notarlo, quizás porque estaba inmerso en su aroma y en darle los mejores cuidados. Era como si me hubieran dado un ángel, porque su luz me deslumbraba y su aspecto frágil me hacía caer perdiendo la cabeza.

-Ya está.-comentó girándose hacia nosotros bajando la ventanilla que nos separaba.-Oye tú ¿necesitas ayuda?

-No, todo bien.-comenté antes de abrir la puerta y bajar con ella.

Yoshiki me dio sus cosas y palpó su cabeza con delicadeza. A veces me recordaba a un niño, otras veces a un hombre demasiado adulto y en ocasiones a una loca a punto de entrar en show. Si bien, ese gesto tan tierno era como ver reflejado en él una pureza que no tenía.

-Cuídala bien.-susurró antes de subirse a la furgoneta.

En pocos segundos se alejaron tan rápido que los perdí con la vista. Yo tomé bien sus cosas y a ella entremis brazos. Abrí la candela y pasé por le camino hacia la casa, con cierta calma para que no cayéramos, y al abrir la puerta la dejé en el suelo para entrar hacia dentro.

Nada más estar en el salón me encontré una escena que ahora veo cómica, pero en ese momento me molestó bastante. Jun estaba despierto pintando la cara de la niñera, ella se había dormido sin preocuparse en lo mas mínimo por el bien de mi hijo.

-Vas a verte genial, serás un monstruo más feo que Hiza... Hiza será más guapo que tú... so tonta.-murmuraba y yo simplemente alcé una ceja.

Ya tenía una edad en la cual hablaba fluido, sin embargo a veces guardaba silencio. Me preocupaba que únicamente cuando tramaba planes como ese era capaz de hablar más de cinco palabras.

-¿Qué demonios estás haciendo?-pregunté en un tono lóbrego y él dejó el rotulador.

-Hola papi.-dijo colocando sus manos tras la espalda.-Le decía a Isa que estaba guapa... lo hizo ella.-sonrió como si nada, la misma sonrisa que tenía yo, realmente era una replica mía en pequeño. Mi hermano hubiera dudado de ser el padre real si lo hubiera visto con esa expresión.

-Dime... que no es un rotulador lo que has usado.

-Fue ella... ¿verdad Ches?-preguntó al gato que simplemente maulló acercándose a mí.

-Jun...-apreté la mandíbula porque no quería gritarle ni decir algo que le hiciera daño, aún era un niño.-Vas a quedarte sin dibujos un mes...-siseé.

-No! Papá por favor.-se abrazó a mi pierna haciéndome ojos de cordero.-Anda... anda... di que no... si la dejé más guapa de lo que es.-entonces se percató de ella.-Hola... Me llamo Jun, tengo tres años y un cuarto... ¿Te gusta el chocolate?-estaba viendo como se convertía en un monstruo, puesto que esa frase era de una de mis canciones.-Sí, tiene que gustarte porque eres un bombón.-y ese piropo lo escuchó en la televisión en uno de mis programas favoritos.

-Jun Sakurai...-dije y él me miró sorprendido de mi tono de voz, hacía tiempo que no escuchaba regañina alguna.

-Dime pa.

-Ve a tu cuarto iré para arroparte y despertaré a Isa... para pedirle disculpas.... y explicaciones.-comenté y él salió corriendo agarrando al gato.

-¡Me llevo a Ches!-gritó correteando hasta las escaleras, casi se cayó porque aún no estaba hecho para subir de esa forma las escaleras.

-¿Isabel?-pregunté con mi mano sobre su hombro para zarandearla leve.

-¡Qué! ¿¡Cuándo!?-ella se alarmó de encontrarme allí.

-¿Así vigilas a Jun?-pregunté.

-Está dormido, no dio lata.-dijo con una sonrisa.-He estado toda la noche vigilándolo.

-Claro, por eso ha ido a mi despacho, ha tomado una de mis plumas y tienes todo el rostro embarrado en tinta.-dije señalándole las cejas, labios, mejillas y también la perilla. La había dibujado como una diablesa con espirales en los carillos.

Ella se horrorizó, aún más cuando se vio al espejo de bolsillo que solía llevar. Le di dinero para que comprara un producto para quitarse la tinta, también por las horas extras. No debí hacerlo, pero me sentía mal cuando ese maldito diablillo hacía de las suyas.

Nada más marcharse me senté en el sofá y subí a Beauty sobre mis piernas, de inmediato acaricié sus cabellos y besé su frente.

-No hagas caso a mi hijo, suele tener ciertos comportamientos incorregibles... pero fue demasiado mimado durante algún tiempo.-comenté apartándome de ella.-Iré a prepararte el baño, buscarte algo cómodo y ver que puedo hacerte para que te alimentes.

Subí arriba y arropé a Jun, para luego ir hacia la bañera. Tal vez porque supuse que la de mi habitación era mayor que la del cuarto del niño o invitados, o quizás por deseo inconsciente de meterme con ella en su hora del baño. Después de dejarle toalla, esponja y demás útiles de limpieza, bajé y la tomé en brazos para llevarla.

-Te voy a dejar en el baño, ahí podrás asearte mientras te hago algún bocadillo ¿está bien así?

Ella simplemente se quedó parada observando todo en completo silencio. Creo que no comprendía del todo lo que estaba ocurriendo, para ser sinceros yo tampoco. Así que me marché dejando que se aseara, revisé a Jun ya tumbado en mi cama, ya que desde que se fue Phoenix solía hacer incursiones a mi habitación, y fui a preparar algo de comer.

Mientras se preparaba todo en el horno, ya que no era un bocadillo normal sino uno especial con queso fundido, fui a cambiarme de ropa y usé la que solía tener para hacer yoga en el jardín. Al regresar al piso de arriba lo hice con la bandeja repleta, pero me detuve escuchando lo que ocurría en el baño. Jun se había levantado y estaba con ella.

-No te pareces a mamá.-fue lo primero que escuché.-Tú tienes de eso.-al mirar por la rendija que había dejado vi que señalaba a sus pechos, eso no supe como tomármelo.-¿Para qué sirve?-medio balbuceó lo último, aún no hablaba tan fluido como debería para su edad.

-Jun ¿qué demonios haces aquí?-pensé que era hora de intervenir en ese interrogatorio bizarro.

-Es que quería ver si era como mamá...

-Mamá olvídate de mamá... ¿de acuerdo? ni me lo menciones.-él asintió agachando su cabeza, se sentía regañado o quizás dolido por no poder recordar lo que una vez fue nuestro.-Mamá no nos quiere, se quiere a si mismo que es más bonito.-dije con cierta rabia incontrolada.

-¿Papas?-preguntó señalando las patatas que había hecho para ella.

-No Jun, son para Beauty.

-Bea es guapa y buena... me da papas.-insistía en las dichosas patatas, pero lo único que yo quería es que se durmiera de una maldita vez.

-Vete a la cama, mañana te daré patatas en el almuerzo.-comenté serio e intransigente, así que él medio comprendió porque se marchó arrastrando al pobre gato hasta la habitación.-Beauty te dejo el bocadillo en la mesilla... voy a buscarte algo de ropa.-dije dejando todo sobre uno de los muebles del aseo.

Regresé algo de ropa que tenía bastante amplia y cómoda, a ella le quedaría algo más amplia. Miré hacia la bandeja y ya prácticamente había devorado todo. Lo último que le dije es que lamentaba no tener ropa femenina, ni siquiera interior. Debía comprarle ropa, lavar la que tenía sólo daría como solución para un día y no era ni nueva ni la clase de ropa que debía usar alguien como ella.

Entre en el baño y puse para la tintorería el traje, así como la camisa y corbata. No quería estropear algo que estaba hecho a mi medida, a mis gustos, y era exclusivo. En el cesto común de ropa la que llevaba puesta.

Al entrar en la ducha me relajé, dejé que el agua cayera sobre mí y olvidara todo lo malo. Jun empezaba a acostumbrarse a no estar con mi ex... aunque a veces lo reclamaba, pero pronto se olvidaría de él y eso era lo más importante. Beauty ya no estaba en aquel antro, si bien empezó a ser mi responsabilidad mía para que no cayera jamás en algo así.

Comencé a cantar una canción de mi grupo mientras me duchaba, ya que era costumbre y no la cambiaría por nada en el mundo. Nada más salir terminé dándole las buenas noches, no sin antes escuchar las quejas de Jun para ser atendido por ella. Creo que deseaba que alguien entrara en nuestras vidas, que la soledad que compartíamos se hacía demasiado intensa.

El teléfono comenzó a sonar a eso de las siete de la mañana. Acepté la llamada adormilado con mi hijo aferrado a mi brazo. Para muchos seguramente es un momento tierno en la vida de cualquier persona, para mí patético. Intentaba prestar atención pero sólo escuchaba murmullos en francés.

-Hable más alto... aún es de madrugada.-dije mirando el reloj de reojo y vi la hora, estaba a punto de mandarlo al diablo cuando me percaté que era Kamijo.

-Decía que me gustaría ayudarte con la joven que tienes en casa, Rose seguro que podría darle consejos sobre moda actual y podría ser un punto de apoyo. Ya sabes, las mujeres se necesitan unas a otras aunque a veces se saquen los ojos.-rió bajo y suspiró pesado.-Bueno sólo era una idea, si tienes alguna objeción puedes decírmelo.

-¿Para esto me llamas? No es que esté en contra Kamijo, es que son las siete de la madrugada. Yo ya estoy acostumbrado a otro horario, ya que trabajo desde casa y al estudio voy más tarde.-mi hijo se movió inquieto aferrándose más a mí.-Te agradezco que hayas pensado en ella, ven como a las diez. A las nueve pasará el autobús de la guardería para Jun.-había tenido que contratar ese autobús, eran cuotas más caras pero así no tenía que despertarlo tan temprano.

-Oh, lo lamento. Yo llevo despierto una hora, arreglo unos asuntos importantes mientras bebo una buena taza de café.-rió risueño y yo sabía que Rose hacía que toda su vida se despejara. Sin embargo, al resto un Kamijo tan activo nos asfixiaba.-Nos pasaremos a eso de las once, creo que las once está bien, podríamos luego almorzar en algún restaurante del centro.

-Sí, estaría bien.-balbuceé medio dormido y colgué.

Me quedé dormido, pero no pasó ni media hora cuando sentí los dientes de Jun clavándose en mi nariz. Al abrir los ojos ahí estaba como pequeña piraña. Se echó a reír cuando lo aparté y terminó botando en la cama.

-Jun... para... por favor.

-Leche, leche.-dijo sentándose en la cama dejando que Cheshire se rozara contra él.

Miré entonces el móvil de nuevo y me di cuenta de la fecha, era sábado. Kamijo me había llamado un sábado a las siete de la mañana y lo peor pensaba que podría estar libre de Jun. Así que únicamente pensé que sería la oportunidad perfecta de comprarle ropa nueva y matar dos pájaros de un sólo tiro.

Terminé por levantarme, calentar un cacao caliente para el pequeño y unas galletas especiales para niños de su edad. Era un complemento alimenticio que al menos no tiraba al suelo. Yo tomaba café, pensaba qué tomar y recordé que tenía que preparar el de Beauty. Así que terminé tostando pan, huntandolos en mermelada de varios sabores, y llevando la bandeja a su habitación.

-Beauty, el desayuno está listo.-dije entrando y dejando la bandeja en una mesilla cercana.-Vamos, iremos a comprarte ropa.

-Quiero dormir más...-balbuceó poniendo la almohada en su cara, para así no escuchar ni diera la luz que entraba por la ventana en la cara para quedarse otra vez dormida.

Suspiré pesado, estaba peor que Hero cuando tenía que ir a la escuela. Fui al salón donde Jun veía feliz los dibujos... estaba vestido con una chupa de cuero, una sudadera negra con el símbolo de Metallica y unos jeans oscuros junto a botas. Mientras hacía el café lo vestí de forma rápida, él había elegido su ropa como siempre.

-¿Beauty?-preguntó mordisqueando sus galletas de dinosaurio.

-Ya venimos ¿vale?-pregunté tomando un botellín de agua por si quería tomarla mientras desayunaba.

Nada más regresar junto a ella le quité la almohada de la cara, escuché los pasos de Jun y como se quedaba detrás mía con su enorme paquete de galletas.

-¿Cansada? ¿Incluso sabiendo que vamos a llevarte a comprar ropa?

-¡Papá ya quiero ir! ¡Mi camiseta!-gritó moviendo los brazos.-¡Ama tiene una! ¡Quiero una como la de Ama!-era una camiseta de Hendrix, él conocía su música e intentaba que se cultivara en el rock, metal y música clásica. No me importaba comprarle ese tipo de caprichos.

-¿Por qué no te quedas aquí con Beauty mientras me visto?-él asintió.-Dale de tus galletas, tal vez le gusten más.-se aferró a su paquete y suspiré.-Está bien, no le des si no quieres.

Salí fuera y me vestí con unos jeans deslavados, una camiseta negra, un abrigo de cuero hasta los pies y un palestino negro y gris. Cuando salí del vestidor ambos estaban aún allí tomando sus respectivos desayunos.

Escuché a Beauty quejarse del frío, él sabía que era rusa porque lo preguntó en el desayuno de donde venía. Entonces se quedó perplejo, sabía que en Rusia hacía frío y no tardó en hacer sus típicas preguntas. Como todo niño de su edad sus preguntas las hacía con plena sinceridad, aunque fueran absurdas o asombrosas.

-¿En Rusia hay pingüinos?.-escuché preguntarle mientras salía para entrar de nuevo en la habitación con ropa unisex, una de ellas era guantes y bufanda.-Papá ¿Vendrá el tito?

-¿Kamijo? Me dijo que vendría con nosotros, quiere comprarle algo a Rose.-comenté preguntándome qué eran esos dos realmente, si sólo amantes o había algo más fuerte. Aunque con sólo un vistazo se veía que Kamijo había caído rendido a sus pies.-Además de conocer a Beauty.

-¡Si! ¡Kamijo mío!...-su excitación pasó a un segundo plano al recordar un nombre, había hablado de alguien más.-¿Rose?-cambió la cara frunciendo el ceño.-Tito Kamijo es mío.

-No, es de Rose... y ya veremos que dice Camil cuando crezca.-sonreí con malicia.-Te veo comprándote un conejo enorme y casándote con él. Nadie te aguantará, eres demasiado insoportable.-por supuesto no pensaba ni he pensado así de él, pero era divertido ver como se molestaba y arrugaba leve su frente. Tenía unas leves arrugas en la frente idénticas a mi hermano.

-¡Mentira!-gruñó.-¡Yo tendré!-se aferraba con ganas a sus galletas, veía la mirada de Beauty hacia él y sonreí de lado. Veríamos si era capaz de compartir o seguía con sus neuras.

-No compartes tus cosas Jun... a los niños y a las niñas no les gusta eso ¿Verdad Beauty?-él infló los mofletes y le dio una de sus galletas.

Sonó el timbre y salí para abrir. Era Kamijo impecablemente vestido apoyado en un bastón. Vestía con un traje de chaqueta, guantes, un sombrero, bufanda y un abrigo grueso... tenía las mejillas sonrojadas, tal vez estaba demasiado abrigado.

-Bonjour.-sonrió.-¿Y el pequeño?-fue como si hiciera sonar una campanilla para llamar a misa, puesto que el parroquiano de su iglesia bajó a trompicones, casi cayéndose de bruces, para ser alzado por los brazos de quien tenía por su tío.

-¡Tito!-se lanzó a él.

-No jodas Jun, que lo vas a ensuciar de chocolate.-él me sacó la lengua y se aferró a su tio.-Beauty bajará ahora.

-Así que Beauty.-aquel tono meditabundo lo mezcló con una leve sonrisa. Parecía examinar cualquier comportamiento anómalo a mí, quizás un posible enamoramiento parecido al de un adolescente... que es lo que estaba sucediendo.

Tras él apareció Rose, con Camil en un carrito de paseo. El pequeño estaba envuelto en varias pañoletas, sus mejillas tenían un rojo tan vivo como las mejillas de su padre. Ambos contemplaron unos segundos a Rose cuando habló, parecían perderse en cada movimiento que esta hacía.

-Buenos días.-dijo con una leve sonrisa.-Iré a verla.

Tomó unas bolsas y se encaminó al piso superior. Yo no dije nada, tal vez fue instinto, ya que normalmente los dormitorios son las plantas superiores de una vivienda. Kamijo se quedó con Jun en brazos, él encantado de restregarse contra mi amigo.

-Tu mujer se ve muy agradable.-comenté.

-Te quiere despellejar, da gracias que no lo hace.-comentó riendo bajo.-Le molestaste estando ebrio, seguro que ni lo recuerdas.

Intenté hacer memoria y recordé cierta celebración, una timba de poker que no se terminó. El olor a puro, whisky y ginebra. Unas risas lejanas, unos comentarios de sátiro salidos de unos y de otros. Pero, para mi desgracia, no recordaba más.

-¿Qué dije? seguramente dije la verdad, es atractiva y en esos momentos me hubiera gustado conocer a una doble.-sonreí antes de tomar a Jun en brazos, quería ver a Camil.

-Joder, aún es un mocoso ¿cuándo crece?-preguntó agarrando parte de la pañoleta.

Camil sonrió y me pareció ver la misma sonrisa de Kamijo. El maldito era elegante desde la cuna. Supongo que así iban los genes.

-No puede crecer rápido.-comentó acariciando sus cabellos.-Deja que vaya aprendiendo poco a poco a vivir

-Iré a preguntar si ya estan listas.-Kamijo me tomó del brazo.

-Atsushi ¿qué sucede con ella?-preguntó y yo no supe responder.-Explícate.

-La he estado viendo y es alguien agradable, es una mujer hermosa y pensé que no se merecía sufrir... sólo eso.

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Lestat de Lioncourt