Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

Mostrando entradas con la etiqueta beauty. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta beauty. Mostrar todas las entradas

sábado, 23 de julio de 2011

Dark City - Capitulo 20 - Lluvia de sangre (VI)




No sé como tuve corazón de terminar de vestirme y marcharme. Pero todo lo que debía hablar con él no podía hacerlo con ella delante, no quería que supiera que realmente la amaba de esa forma. Deseaba que fuera descubriendo poco a poco la verdad, que ella me terminara amando como yo lo hacía. Además, no quería que se viera envuelta en discusiones y menos cuando sabía que podía subir de tono.

Prácticamente a la hora acordada llegué a casa de Hidehiko. Había sido un trayecto en una de mis motos de marcha. Pensé que era mejor ir así, con el coche tardaría más por culpa de tanto atasco. Así que justo cuando le dije estaba llamando a la puerta.

-Cumpliste tu amenaza.-comentó nada más abrir la puerta.

-Jamás he dejado de ser puntual.-respondí accediendo a la vivienda, él me hizo un gesto para que pasara y yo lo hice.

-¿Tenía que ser cara a cara? ¿Deseas tanto enfrentarte a mí?-preguntó caminando por la estancia.

Estaba desnudo, con unos pantalones vaqueros completamente destrozados como cantante grunge, junto a una camiseta blanca impoluta. La poca ropa que llevaba era de marca, a la moda y le daba un aspecto más joven. Si bien, él usaba cualquier ropa con cierta elegancia innata. Se veía rejuvenecido, feliz y satisfecho con los cambios en su vida.

-Tenía que ser para que me creyeras, así que debía ser así.-dije mirándolo fijamente antes de tomar asiento en uno de sus puf.-Hidehiko, jamás te he sido tan sincero como lo seré ahora.

-Muchas veces me has contado mentiras, sé distinguirlas.-comentó sonriendo tomando su taza de té, le había pillado en plena relajación.-¿Y bien?

-Beauty es la mujer de mi vida en estos momentos, es joven y tal vez no la merezco. Temo que todo mi pasado lo pague ella. Que el karma que un día pareció burlarse de mí se lo haga pagar caro.-suspiré y le miré.-La saqué del mundo de la prostitución donde la conocí, estaba harto de una relación de pareja que no iba a nada bueno.

-Pero tú lo elegiste, elegiste a Phoenix antes que a Yutaka.-respondió después de dar un sorbo de té.

-Yo lo elegí porque era lo correcto, si bien no era lo mejor para mí. Me di cuenta cuando dejaba esa nota, algo de mí necesitaba seguir en ese hotel y fugarme lejos. Fugarme tan lejos Hidehiko, más lejos de lo que puedes imaginarte.-comenté apretando las manos.-Tal vez sólo quedaba el deseo de aquel tiempo glorioso, pero ese deseo me daba más felicidad y paz que Phoenix. A pesar que lo que me ataba a él era fuerte.

-¿Qué?-dijo alzando una de sus cejas.-Repite.

-Aquella noche que pasé con él fue tan excitante, tan relajante, que hubiera firmado cualquier papel porque se repitiera hasta el día de mi muerte. No sabes cuánto desee que Yutaka se despertara para no tener agallas, para perderlas por el camino.-dejó la taza y me miró fijamente.-Pero, el destino quiso que sufriera al lado de Phoenix y que una noche me refugiara en aquel antro. La vi allí, tan hermosa a pesar de estar rodeada de gente tan decadente, que quise ser el Mesías que salvara su alma de ese infierno.-murmuré cerrando los ojos.-Era un ángel, un hermoso ángel, que me concedió la mejor noche de mi vida en años. Sentí de nuevo ese sabor dulce en mis labios, esa emoción. No es amor a primera vista, pero podría decirse que me envenenó el alma. Caí a sus pies y caí desesperado.

-Creo que te entiendo.-murmuró intentando comprender porqué me abría ahora y no antes.-Kanon apareció en mi vida cuando creí que me moría, que me moriría solo. Había dejado a la mujer que amaba porque no soportaba tantas discusiones estúpidas. Mi paciencia tiene un límite, aunque no lo parezca, y por mucho que la amara yo no la hacía feliz.-dijo con lágrimas en los ojos.-Amo a Kanon Atsushi, amo a esa mujer y tengo miedo de dañarla.

-De quien deberías tener miedo de es de su padre.-respondí.

-Es un importante empresario, lo sé. Sé que es un hombre de negocios de altos vuelos, no sólo en lo textil y en la moda en general. Lo sé.-yo negué cuando hablaba.-¿Qué? ¿Por qué niegas?

-Presta atención, esto que te digo te puede matar al igual que a mí. Tanto él como Kamijo son los cabecillas de dos importantes clanes de la mafia japonesa, Kamijo tiene importantes redes en toda Europa y parte de América y África. Sakine tiene toda Asia casi bajo su poder, parte de Inglaterra y latinoamérica.

-¿Qué? Bromeas.-dijo riendo a carcajadas.

-No.-dije completamente serio, pude notar como entonces se le heló la sangre.-Si haces algo que a ella no le guste te mandará a matar, ya lo hizo con Yuki Nânjo, hombre de Kamijo.

-Dios mío.

-Aléjate de ella, al menos no te involucres sentimentalmente.-fue mi consejo.

Era irónico que yo le diera consejos a él, yo. Él era siempre quien nos aconsejaba. Aquel consejo, mis palabras, le afectaron. Se vio turbado, creo que incluso comenzó a sudar. Se levantó tambaleante y se quedó mirando la ciudad por aquellos enormes ventanales que tenía por paredes.

-La amo tanto, tanto.-murmuró.-Jamás le haría daño, sólo quiero hacerla feliz.

-Pero si te equivocas y una vez la dejas... estarías muerto.

-Gracias.-susurró.-Tú deberías contarle la verdad a Miho.

-¿Qué verdad? Esto no debe salir de aquí. Tomé a Phoenix porque pensé que era lo correcto, pero tal vez no lo fuera. Ya sabes como soy, siempre me ando equivocando. Yo ahora sólo quiero cuidar a Beauty aunque no me ame, aunque jamás lo haga. Yo soy feliz observándola, acariciando sus cabellos mientras duerme y arropándola como si fuera una niña. Soy feliz porque puedo escuchar su risa y sus pies descalzos tras los de Jun. No voy a pedir sexo, no voy a pedir siquiera un beso en la mejilla que ella no me quiera regalar. Sólo quiero contemplarla, sólo quiero entregarle una vida que jamás soñó tener.

-Has madurado, no sé que te ha pasado.-dijo intentando reír.-Ay, Atsu. Somos unos estúpidos enamorados buscando soluciones a algo que no lo tiene, creo que los hombres como nosotros no deberían amar.

-¿Por qué?-pregunté confuso.

-Porque ninguna mujer cree a hombres como nosotros, a músicos que hoy están en una ciudad y pasado en otra.

Tenía razón. Nuestra gira próxima sería en un año, teníamos que terminar el nuevo proyecto y lo haríamos con calma. Todos colaboraríamos en todas las canciones, como siempre, pero esta vez de forma más intensa e involucrada. Quería un trabajo profundo, nada fácil de escuchar y olvidar.

Abandoné su casa con un ligero sentimiento de asombro y reflexión vacía. Sabía que no todo iría como yo deseaba, que me vería hundido y que sólo tenía que ver cómo se iba desencadenando todo.

Dos días después me fui solo a la playa. Me quedé sentado en los acantilados observando el atardecer. No estaba acostumbrado a cosas tan grandes y gratuitas, ver al rey de la luz sumergiéndose en el océano fue impresionante. Aunque ese baño refrescante del sol era sólo una ilusión, en realidad ese baile se daba a millones de kilómetros.

-Si dejas a Beauty perderás parte de ti, pero ella no está hecha para estar a tu lado. Tienes ese sentimiento que es tan frágil porque sabes que se irá, no sabes cuándo pero lo hará. Por ahora disfrútalo y siéntete afortunado, ríete de la soledad que siempre te rodea aunque sea entre los bufones de una fiesta de sociedad. ¿Cuánto hacías que no amabas así? ¿El mismo tiempo que no veías un atardecer?-hablé a la nada, tal vez a las olas que golpeaban con fuerza las piedras que estaban a varios metros bajo mis pies.

Terminé levantándome para ir hacia la costa, ya en la arena me metí con el traje en el agua. Arruinaría mi ropa, pero me sentía libre de hacer lo que me apeteciera. Me había enamorado de nuevo, pero de una forma pura.

-¡¿Y si la quiero amar qué?! ¡La quiero amar! ¡La quiero desear! ¡Aunque no me devuelva las miradas! ¡Aunque ella no sienta nada! ¡Qué nadie se compadezca! ¡Qué se joda el resto! ¡Yo sí tengo sentimientos! ¡Jodeos todos! ¡Malditos hijos de puta de lengua afilada! ¡Quiero que sepan todos que estoy enamorado!-

Mis gritos seguro que llegaron hasta el bar cercano. Pocas personas iban a estas alturas del año, era demasiado temprano, pero las vistas eran tan atractivas que aún así el bar se llenaba. Cuando empecé a sentir demasiado frío salí del agua tiritando. Terminé tirado en la arena como un náufrago cualquiera. Podía sentir las miradas incrédulas de los excursionistas, vecinos y parroquianos habituales del bar. Pero sus miradas sólo me hacían reír más y más. Seguro que pensaban que estaba loco, había echado a perder un Armani.

Me fui a mi coche, uno de los que solía usar siempre porque eran tintados y blindados. Tenía pánico y temía por mi seguridad desde que empecé a ser conocido en la ciudad, no por ser político sino empresario. Allí me metí y me desnudé para acabar colocándome unos pantalones amplios y una camiseta. Siempre llevaba una muda de ropa vieja por si el niño me vomitaba encima o surgía algún imprevisto. Aquella ropa se había llevado allí meses, olía a ambientador de pino pero no me importó.

Conduje con esa ropa durante una hora, no tenía frío por culpa de la calefacción y me sentía cómodo. Quería llegar a casa y a la vez no. Deseaba verla y hacerle el amor toda la noche, pero no era capaz de tocarla y siempre me quedaba contemplándola con una sonrisa estúpida. No tenía valor de pedirle nada, mucho menos después de aquel incidente.

Nada más llegar la vi dormida en el sofá con Jun en sus brazos. Durante unos minutos me quedé contemplándolos, deseando ser el pequeño y poder sentir su cálido abrazo. No podía siquiera imaginar cuánto le envidiaba, sólo porque si él la abrazaba ella no pensaría jamás que era por simple interés. Yo tenía interés en ella, pero no era únicamente sexual.

Terminé tomándolo a él para llevarlo a la cama, él tenía puesto el pijama y no tuve que despertarlo para nada. Ella se veía hermosa con aquel camisón blanco. Cuando regresé para llevarla a dormir dudé en tomarla en brazos. Sin embargo, al hacerlo deseé que el tiempo se parara en ese instante.

Su aroma envolvieron mis sentidos, el calor de su cuerpo hizo temblar al mío y su aspecto de ángel me conmocionó. Quería llorar y a la vez reír. Porque aquel instante supe que ella formaría siempre parte de mi alma, sucediera lo que sucediera. Abrió los ojos y sonrió volviéndolos a cerrar. Era dulce, tan dulce que jamás pensé que alguien podría ser así.

La llevé a su habitación, la arropé y besé su frente. Después me convertí en la figura patética que la observaba desde la puerta. Quería quedarme con ella, pero ella no deseaba dormir a mi lado. Así que me fui pasados unos minutos y me metí en la bañera. Allí estuve unas horas, realmente no sé cuantas, bebiendo whisky y pidiéndole a mis impulsos paciencia.

lunes, 11 de julio de 2011

Dark City - Capítulo 20 - Lluvia de sangre (V)


Terminé meditando bien qué hacer o qué decir, jamás me creería. Había reunido a mi grupo tras más de dos décadas y llevábamos unas semanas sin tener demasiado movimiento. En un mes debía tener nuevas canciones y nuevas ideas. Ella me serviría de musa, una diosa que me conquistaría incluso inconscientemente.

El resto del día estuve componiendo nuevos temas, algunos eran más movidos que otros. Creo que jamás había hecho tantas canciones con tanta facilidad, las leía mil veces y muchas quedaban emborronadas, destrozadas y tiradas a la papelera después de encestar desde la silla de mi escritorio.

Escuchaba de fondo algunas pistas de audio que me pasaron mis compañeros por correo. Algunas eran sumamente interesantes y otras sentía que les faltaba algo, un algo que me hiciera sentirlas especiales o mínima mente atractivas. Terminé enviando a todos un correo, pregunté si podrían hacer algunos cambios entre todos. Se notaban mis ganas de querer hacer cuadrar una de las pistas para una de las canciones que acababa de finalizar.

“Me haces perder la cabeza,
adentrarme a mundos perversos y emocionantes.
Tú eres la energía que faltaba a mi alma moribunda.
Tú has reactivado mis decadentes neuronas
y ahora sólo deseo besarte hasta terminar sin aliento.
Permíteme ser tu amante.

Beatuy... Beauty... my Beauty in the darkness.
Beauty... Beauty... your love are my dreams
Eternal loveless in eternal sweet love
Oh, love me... love me please

Te amo tanto que temo destrozarte,
ser la bestia en las sombras que te haga marchar lejos de mí.
Me haces perder la escasa cordura...
me guías hacia la ternura de tu mirada
y la perversión que parecen poseer tus labios.
Tú eres la mujer,
tú eres la belleza en su más simple y emocionante representación.
Y yo soy el estúpido que quiere envolverte entre sus brazos,
ser el guardián de tus sueños.
Permíteme ser tu amante.

Beatuy... Beauty... my Beauty in the darkness.
Beauty... Beauty... your love are my dreams
Eternal loveless in eternal sweet love
Oh, love me... love me please”

Poco después de enviar aquel correo Hidehiko se puso en contacto conmigo. Yo simplemente sonreí al ver su número de teléfono, esperaba que me diera una respuesta positiva.

-¿Eres tan rápido para todo Hide?-pregunté antes de reír.

-Tienes un problema.-respondió.-¿Nuevo capricho? No le hagas daño.

-No es un capricho, amo realmente a Beauty.-dije con un tono de voz sincero y serio.

-Entonces, es peor de todo lo inimaginable posible.-murmuró.-Yo también estoy enamorado, también de una mujer bastante más joven que yo. Atsushi, estamos perdidos. Sinceramente jamás conseguiré que me ame esa chica y dudo que Beauty esté preparada para amarte a ti.

-A penas hemos hablado de ella ¿tú que sabes?-dije molesto.

-Moléstate todo lo que quieras, pero es una niña prácticamente y la mujer que amo también. Su forma de ver la vida es algo infantil e ingenua, no podemos entrar en ellas y revolver todo en lo que creen. Atsushi, olvídate de Beauty y yo intentaré olvidarme de Kanon.-suspiró pesado.

-No me interesan consejos de ese tipo, si quieres síguelo tú. Yo no voy a dejar de amar a Beauty, creo que sólo he amado así una vez.-y fue a Yutaka. Esta vez no cometería la misma estupidez de alejarme.

-Quiero hablar contigo, a solas.-murmuró.-Por favor, necesito hacerlo y ya te llevaré mis cambios.

-Dentro de una hora, en tu casa.-respondí.-No hace falta que tengas los cambios, quiero decirte personalmente que te equivocas.

Colgué airado. Si él no quería arriesgarse a pretender lo prohibido, yo sí. Había dejado a su mujer hacía unos meses, fue algo rápido y que parecía no haberle afectado. Yo realmente jamás tuve el privilegio u honor de conocerla. Para mí ella era un fantasma. Él la amaba, sin duda, pero aquello no funcionó y, tal vez, eso le hacía permanecer impotente e impasible frente al amor que se iba desarrollando en él. Yo no temía lanzarme, tan sólo temía que Beauty jamás sintiera lo mismo por mi.

Me fui a tomarme una ducha, no había almorzado y quizás le diría que tomáramos algo fuera. Beauty se quedó parada en la puerta del baño, cuando salí besé su frente y acaricié sus mejillas.

-Tengo que salir, sólo será unos minutos.-comenté antes de besar lentamente sus labios.-Tengo que hacer cosas, cosas importantes. Pero esas cosas no me llevaran más de unas horas. Mientras tú puedes descansar, ver alguna película o jugar con Cheshire.

-¿Dónde?-preguntó.-Yo iré.

-No, son cosas que no puedo hacer contigo.-dije antes de abrazarla.-Si pudiera, si realmente pudiera, no me separaría de ti.

No sé como tuve corazón de terminar de vestirme y marcharme. Pero todo lo que debía hablar con él no podía hacerlo con ella delante, no quería que supiera que realmente la amaba de esa forma. Deseaba que fuera descubriendo poco a poco la verdad, que ella me terminara amando como yo lo hacía. Además, no quería que se viera envuelta en discusiones y menos cuando sabía que podía subir de tono.

martes, 28 de junio de 2011

Dark City - Capitulo 20 - Lluvia de Sangre ( IV )




Se quedó dormida y yo me quedé allí, casi a oscuras. No quería moverme por no despertarla, temía que volviera a llorar. Y cuando sentí su sueño profundo entonces me derrumbé. Lloré molesto y aterrado. Molesto conmigo y aterrado por todo lo que habíamos vivido. Mis miedos aumentaron desde aquel día.

Los siguientes días fueron tensos. Yo no sabía como comportarme. Al contemplarla veía a ese imbécil acariciándola, abrazándola y besándola mientras ella lloraba. No hice nada, tan sólo esperar como me pidieron y aún así aunque hubiera hecho algo no habría servido. Era un inútil. Me prometí cuidarla y sólo permití que se vengaran de mí, aunque no sabía porqué debía entrar yo en los juegos de Sakine.

Pensé en las posibilidades, en todas. Y la única factible y posible me hirvió la sangre. Sentía como todas mis venas eran una cocina calentada por el fuego de la ira. Imai Hisashi lo había vuelto hacer, había entrado en mi vida para destrozarla por puro capricho. Me pidieron dejarlo por la paz, pero luego había ayudado a su amigo Dorian a destrozar a la única persona que había logrado descongelar mi corazón.

Habían pasado tres días, tomábamos un café a media mañana y Jun estaba en la guardería. Yo simplemente estaba con la mirada perdida en el portátil que acababa de comprar hacía semanas, era uno de esos que traen de todo y que alguien practicamente inexperto en sistemas operativos lo ve como un reto.

-¿Qué haces?-preguntó ella levantándose para abrazarme por detrás y poder curiosear.

-Miro los comentarios de mis fans, pronto es mi cumpleaños y parece que quieren festejarlo en mi nombre.-sonreí leve aunque deseaba destrozar a Hisashi, lo tenía metido en la mente y no se iba.

-¿Cuántos?-dijo con los ojos fijos en la pantalla.

-¿Fans? ¿Años?-murmuré jugueteando con el dedo sobre la placa táctil del ratón.

-Años.

-Déjame pensar.-dije girándome para sentarla en mis piernas.-¿Cuántos crees?-pregunté antes de besar su mejilla.-Déjalo, no adivines que tal vez me hieres el ego.-comenté acariciando su rostro con mis manos.-Cuarenta y cinco años.

Ella empezó a reír y me abrazó, para luego besar mi mejilla. No sé, yo terminé riendo con ella cuando podría haberme molestado. Sin embargo, su risa siempre fue contagiosa y no dudé en acompañarla.

-No parece.-dijo frunciendo el ceño.-No lo pareces.

-¿Unos años menos?-pregunté y ella asintió.-Así no me sentiré tan mal por tener a una chica de poco más de veinte años abrazándome.

-Mujer.-respondió señalándose.

-No, niña. Aún eres una niña, eres preciosa como mujer pero tu dulzura te convierte en una niña. Déjame que te cuide Beauty, déjame que haga que los demonios desaparezcan.-la tomé del rostro colocándola sobre mis piernas.-Por favor, por favor quédate a mi lado y permite que te ame. Permite que mi amor te abrace y te cuide, aunque tú no me correspondas. Sé que es casi imposible que me permitas adorarte, que puede resultar extraño... pero no tienes a nadie aquí y mi familia más cercana es mi hijo pequeño. Estoy tan sólo y perdido como tú, creo que el destino nos puso en el mismo cruce del camino es por algo. Beauty, tú para mí eres importante. Sé que tal vez no creas lo que digo, lo sé.-rocé sus labios con los míos, tan sólo un roce por miedo a su rechazo.

Mis brazos rodearon su cuerpo y ella empezó a llorar, al igual que yo. Yo lloraba porque los sentimientos me ahogaban, me hacían sentir estúpido. Parecía rogarle a Dios un milagro cuando él ya no escucha plegarias, y mucho menos de demonios enjaulados en cuerpos de hombre. Ella tal vez lloraba porque deseaba creer y no podía. Su pasado le impedía creerme, porque tal vez habría escuchado palabras parecidas una y otra vez... para luego ser tan falsas como las lágrimas de un actor en escena.

-Yo.-susurró.-intentaré quedarme.

-Y yo te lo agradezco.-murmuré mirándola con lágrimas en los ojos, observando en los suyos otras tantas.

Sequé su rostro con mis manos, las dejé en sus mejillas y sonreí agradecido. Era tan frágil en ese momento, delicada y hermosa a la vez. Tal vez su delicadeza la hacía hermosa o quizás su belleza hacía que se viera delicada. Sea como fuese... su nombre describía perfectamente qué era... una belleza, una belleza rusa.

viernes, 24 de junio de 2011

Dark City - Capitulo 20 - Lluvia de Sangre ( III )




Del avión sólo bajó Yuki junto a Mario, regresaron en media hora. Yo me quedé sentado tomando agua, miraba mis manos y aún me preguntaba cómo había vuelto a tomar la justicia por mi propia mano. Sin embargo, algo en mí me tranquilizaba al saber que quizás jamás volvería a tocar a una mujer, que no podría destrozar su honor de esa forma.

Cuando llegué a casa, al fin a casa, ella no estaba. Había una nota en la puerta, Jun estaba con mi hijo mayor. Ni siquiera entré. Directamente me fui hacia donde se encontraban. Mentí a Kamijo minutos atrás, le dije que descansaría y me tomaría un baño antes de ir a por ella... pero no podía. Necesitaba a Beauty, como si ella fuera el único aire que pudiera respirar.

Estuve en la clínica pasada una media hora. Fui conduciendo, escuchando música que me relajaba, e intentando encontrar palabras para poder apoyarla. No encontraba alguna que valiera la pena, ella había sufrido y yo no había estado allí. Yo no pude evitar esas vejaciones, yo no pude. No pude hacer nada. Sólo tuve que aceptar que me la devolvieran destrozada.

Nada más llegar pregunté por ella, estaba en el jardín del hospital. Me dieron indicaciones de como llegar y al verla me quedé hierático. Su aspecto era el de un ángel con aquel vestido blanco, sus cabellos estaban algo revueltos por la suave brisa y sus manos jugueteaban con el pasto.

-Dios mío... es casi una niña.-dije en un murmullo.

Fui hacia ella casi tropezando, no sabía cómo hablar o qué decir. Pero cuando me vio vino hacia mí para abrazarme, en ese abrazo ella me contó todo y yo respondí de igual modo. Las palabras a veces sobran, o más bien siempre sobran cuando hay cierta conexión. Acaricié sus cabellos en medio de aquel jardín, bajo la atenta mirada de algunas enfermeras.

-Beauty... te juro que no dejaré que te vuelvan a hacer daño, te lo juro.-susurré rompiendo a llorar junto a ella.-Te prometo que nadie volverá a tocarte así.

Hacía algo de frío para estar sólo con un vestido y un jersey de botones. Simplemente, me saqué la chaqueta y la coloqué sobre sus hombros. Besé su frente como si se tratara de una niña y no de una mujer.

La tomé en brazos cargando con ella hasta su habitación. Sabía cual era, porque allí la dejé cuando me marché para cometer aquel delito. Si bien, no me pesaba demasiado en la conciencia. Él había hecho daño a mi Beauty, la persona que amaba y con la cual quería pasar mi vida aunque ella no me correspondiera.

-Quédate aquí, vengo.-susurré antes de besar su frente, pero rápidamente me tomó de las manos.-Iré a pedir tu alta, iremos a casa.

-Casa.-respondió volviendo a llorar.

Tuve que arrodillarme frente a ella, tomándola del rostro. La contemplaba como si estuviera a punto de romperse. Tomé aire y pensé de nuevo en qué decir, no quería hacer que reviviera aquel infierno por mi culpa.

-Debo confesarte que mi hogar no lo es si tú no estás, necesito que estés a mi lado para ser feliz. ¿Comprendes?-dije acariciando sus mejillas.-Iremos mañana a por Jun, hoy pasaremos el día a solas... y veremos películas, escucharemos música si quieres y tomaremos para cenar lo que tú desees.-tomé sus manos y las besé.-Pero debo de ir a pedirle el permiso al médico, para que te deje salir y podamos ir a casa. Mi casa es tu casa, Beauty.

Ella sólo se abrazó a mí y yo no tuve otra. La cargué de nuevo con sus brazos rodeando mi cuello, los míos rodeaban su cintura y sus piernas mis caderas. Tenía miedo, no quería quedarse sola y lo comprendía. Además, temblaba demasiado como para poder caminar. No iba a dejar que se cayera por esos pasillos. También esperaba que mi abrazo la calmara.

Fui hacia el puesto de enfermería y allí la senté, sobre la mesa que hacía de barrera. Se asomó una de las enfermeras y me miró seria, como si hubiera cometido yo el delito de hacerla llorar. Sin embargo, mi alma se rompía en pedazos al verla así. Yo no debía llorar, no me debía estresar y todo por mi salud y porque iría peor para ella si me veía mal. Sabía que se pondría más nerviosa si me veía a mí igual o peor.

-Por favor, necesito que dejen que venga conmigo a casa.-dije con una de mis manos entre las suyas.-No es buen ambiente el que tienen aquí, está sola y se siente perdida. No hay nadie que esté con ella y sé que este hospital no aceptan visitas en las noches. No pienso dejarla aquí, no es el mejor lugar para ella.-comenté dejando que jugara con mis dedos, parecía calmarse mirando mis anillos.-Entienda.

-Le damos los mejores cuidados y atenciones a su hija.-dijo bastante seria.

-No es mi hija.-comenté.-Pero es alguien que quiero, es alguien que necesito a mi lado y ella me necesita. No puedo dejarla aquí.-respondí golpeando con la palma de la mano la mesa.-Exijo que me dejen llevármela, soy amigo de Kamijo Yuuji y él puede decirles que sucede con ella.

-Está bien, iremos a pedir sus informes médicos y se podrá ir a casa.

Estuvimos allí esperando unos quince minutos, mientras yo simplemente la abrazaba acariciando sus cabellos. Sabía que todo aquello debió ser perturbador. No quería que sufriera más, por eso la llevé conmigo, y en esos momentos parecía perdida.

-Seguro que has pasado miedo, pero ya estoy contigo.-murmuré antes de dejarla recargada sobre mí.

-Tuve mucho miedo.-susurró aferrándose a mi camisa.

-Ya todo pasó.

Nada más ver los informes en la mesa los tomé y la tomé a ella en brazos. Caminé con ella como aquella noche, la primera en libertad lejos del tugurio. Al llegar al coche le ayudé con el cinturón y fuimos directamente a mi casa. Mi casa era la suya, se lo había dicho.

Llegamos justo a la hora de la cena. Hice que se bañara, así se relajaría, y le puse un poco de música de la radio. Yo mientras hice algo ligero, un poco de arroz con tortilla y jamón. Comimos prácticamente en silencio, pero todo se rompió cuando empezó a llorar de nuevo.

-No, no quiero verte llorar.-dije dejando mi plato, levantándome, para girar su silla y abrazarla.-Beauty...

No tengo idea de porqué terminé cantando bajo en su oído. Jamás lo había hecho hasta ese momento. Besé su mejilla y la tomé en brazos. La llevé poco a poco al sofá, allí la senté sobre mis piernas e hice que recostara su cabeza en mi pecho.

“A veces no sé cómo comportarme. Soy la alimaña que cuida tus sueños, seca tu llanto y besa dulcemente tu frente. Lejos de mi pasado y aspecto, me comporto como un amante. Quiero cuidarte, deja que sane tus heridas y luego podrás volar... te podrás ir lejos de mí, aunque quede a oscuras nuevamente.”

Se quedó dormida y yo me quedé allí, casi a oscuras. No quería moverme por no despertarla, temía que volviera a llorar. Y cuando sentí su sueño profundo entonces me derrumbé. Lloré molesto y aterrado. Molesto conmigo y aterrado por todo lo que habíamos vivido. Mis miedos aumentaron desde aquel día.

miércoles, 22 de junio de 2011

Dark City - Capitulo 20 - Lluvia de Sangre ( II )

-No, nada.-me apresuré a responder.-Tan sólo estoy preocupado.

Tuvo que pasar veinticuatro horas para saber su paradero. Hubo una filtración de información del otro bando, decían que nuestras parejas habían sufrido un daño irreparable y vergonzoso. Pedían que Hiroto fuera a por ellas, él era la filtración.

Estábamos reunidos aún en mi casa. Kamijo hizo crujir sus dedos y miró serio los papeles. Toda la información que había sobre Dorian Lambert, aquel desconocido para mí hasta hacía unas horas.

¿Qué pudo haber hecho? ¿Qué? ¿Qué actos crueles? Lo miraba y podía ser mi hijo, por su edad, y no aparentaba maldad alguna en su rostro. Era atractivo, parecía el príncipe perfecto para cualquier mujer. Pero era un estafador, incluso se había casado varias veces con viudas que acabaron muertas y él heredando todo. Era un vividor, un estafador, un asesino de sangre fría y para colmo un cínico.

¿Podía creer todo lo que leía? ¿Podía? Incluso tenía fotografías de algunas escenas de sus crímenes, simplemente revolvían mi estómago y se quedaban grabadas durante horas. No podía cerrar los ojos sin ver aquellos cadáveres mutilados, maltratados o vejados. Incluso se había fabricado una marioneta con una de sus víctimas, con la cual llegó a dar una fiesta y alegaba que estaba ebria cuando esta se desplomaba sobre la mesa.

¿Existía alguien así? ¿Alguien tan retorcido y tan joven? ¿La maldad germinaba desde antes de nacer en un niño? ¿O las circunstancias? Temblé con una de las fotografías en mi mano. Eran animales destrozados, había estado probando a diseccionar humanos con vacas lecheras. Más bien, precisando sus cortes.

Cuatro horas después de la liberación, del rescate mejor dicho, de nuestras mujeres no sentí alivio. Todo lo que había leído sobre ese monstruo no era nada comparado con lo que supe. Al llegar a la clínica privada del amigo de Kamijo, a la cual nos condujeron, vi a las tres derrumbadas.

Corrí hacia mi hermosa Beauty. Su rostro estaba bañado en lágrimas. Parecía una niña pequeña pidiendo auxilio, ese demente la había violado y no sólo a ella... a las tres. Kamijo se derrumbó llorando aferrado a su mujer, sentía un dolor que no podía compararse con nada... tal vez al mío y al de Mario. Él sólo se endureció y juró venganza.

Dejamos que las cuidaran, que hicieran los exámenes pertinentes y mientras nos reunimos en la sala de espera. Kamijo dejó de llorar, se secó las lágrimas y volvió a esa pose con aura oscura. Podía palparse prácticamente, era una sensación que ahogaba.

-Quiero disfrazarlo de si mismo.-murmuró.-Ama el personaje de Dorian de Oscar Wilde, pero él no tiene retrato... démosle uno en el cual se vea cada día.-comentó levantándose.-Mario, prepara el avión privado... nos vamos.

Estuvimos varias horas juntos, planeando aquello con cuidado. Nuestras parejas se quedaron en observación. Yo simplemente no quería moverme del lado de Beauty, sin embargo quería la venganza que Kamijo me pondría en bandeja de plata. No podía dejar pasar esa oportunidad. La justicia no sería lo suficiente coherente.

Esa misma noche volamos a Inglaterra. Al parecer esa sabandija se escondía en Londres. Yo no me moví del avión. Estaba nervioso, tenía miedo que todo aquello no saliera como acordado y terminara con alguno de los tres heridos. Teníamos que salir bien de esta, nos estaban esperando en casa.

Cuando regresó Kamijo lo hizo con Dorian y su compañera, ambos estaban drogados. Kamijo les inyectó algo que los adormeció. Admito que cuando los vi tan presa fácil cierto remordimiento vino a mi mente, sobretodo al verla a ella.

Parecía una de esas rosas que crecen entre escombros. Una chica vestida de negro, piel extremadamente pálida, con una belleza angelical y venenosa. De ella poco sabíamos salvo sus dotes para los venenos y su nombre. Frente a todos, como mi buen amigo, era una cantante de éxito, pero tras su máscara se encontraba la próxima viuda negra.

-Elizabeth.-balbuceó enjaulado, no estaba aún adormecido del todo.

Su voz me produjo escalofríos, deseos de arrancarle las cuerdas vocales y tirarlo del avión sin paracaídas. La frialdad de su imagen contrarrestaba con su voz, algo aterciopelada... parecía la voz de la serpiente del paraíso.

Pusimos rumbo a Francia, sería menos de una hora de vuelo. Iríamos a una de las posesiones de Kamijo. En aquel enorme caserón cometimos el mayor de mis pecados, aún mayor que la muerte de aquel hombre que aún cae en mi conciencia y en mi pasado.

Allí nos esperaba Yuki, uno de los hombres de Kamijo y prácticamente un hermano. Él también tenía temas pendientes que saldar con Dorian. Desde ese punto todo lo recuerdo demasiado rápido. Todo fue precipitado, creo que nos habíamos contenido mucho tiempo.

Bajamos donde la mazmorra de aquel lugar. Lo hicimos con él practicamente consciente, ella dormía aún en brazos de Mario. Cada escalón era un paso menos para aquel delirio. Creo que lo saboreé a pesar de todo.

Primero desnudamos el cuerpo de Dorian. Era un cuerpo pulcro, sin una marca y de piel algo lechosa. No sabía su edad, no quise saberlo, pero sospechaba que no más de veinticinco años y quizás ni llegaba a esa edad. Después, lo recostaron en una mesa de tortura y lo engrilletaron.

Tuvimos que esperar a que despertara, pero lo hizo rápidamente al echarle Yuki un cubo de agua helada. Él despertó de una pesadilla cayendo en otra. Nos miró deshubicado, para luego mirar a ambos lados hasta que dio con Elizabeth. Ella estaba atada a la pared con unas esposas.

-¡Elizabeth!-exclamó intentando deshacerse de los grilletes.-No saben qué les deparará si nos matan. Mi jefe no se quedará de brazos cruzados, él actuará.

-A tu jefe se la suda, te lo aseguro.-comentó Yuki con una sonrisa siniestra.

Yo deseché la idea de mostrar mi rostro, tal vez porque con la cara descubierta no habría tenido el valor de hacer lo que hice. Necesitaba escudarme, era mi protección.

Kamijo se puso unos guantes que parecían garras. Los lamió con un gesto y una mirada sádica, jamás lo imaginé en él. Se había desecho de su camisa, no supe para qué hasta ese momento. Enterró sus uñas en el pecho de Dorian, él calló su dolor aunque sus ojos expresaban sufrimiento.

Mi amigo parecía un gato, esas agarras arañaban su piel dejando enormes surcos. Después tomó una fusta, con esta dejó otras marcas más pequeñas y que seguramente eran tan dolorosas como las primeras. Dorian no pudo más y se desmayó, momento que usaron para darle la vuelta y aplicar el mismo procedimiento.

No duró mucho dándonos su espalda, pronto lo giraron. Seguía inconsciente hasta que Mario tomó una maza. Con esta machacó su pierna. Gritaba, más bien maldecía y a la vez rezaba, jamás había visto a un demonio rezar. Sin embargo, tuve la sospecha que no era por él sino por ella. Cuando terminó Mario, juraría que podía ver los pequeños huesos astillados. Después de ese momento, me tocó a mí.

Tomé la misma maza y golpeé su entrepierna. Esos alaridos que parecían provenir del infierno, hicieron que ella despertara llamándolo desesperada. En ese momento Yuki le quitó la venda de los ojos, se la habían puesto al atarla, y sonrió tomándola del rostro.

-Mira bien todo lo que va a ocurrir.-susurró con malicia.

Giró el rostro de Dorian hacia ella y sin pensarlo dos veces le sacó el ojo. Como quién descorcha un cava. Fue un gesto rápido y siniestramente efectivo. El ojo cayó a los pies de Elizabeth, ella no paraba de chillar y llorar a la vez. Estaba viviendo una película de terror en toda regla.

Yuki los sedó de nuevo. Aunque Dorian estaba prácticamente inconsciente. Y ya no gritaba, ni se movía. Aquello había sido una gran conmoción para él, un hombre tan engreído... destrozado.

Regresamos al aeropuerto y viajamos a Londres nuevamente, fue un vuelo aún más extraño y silencioso. Nadie decía nada, todos estábamos sosegados y quizás con ciertos remordimientos por ella.

Del avión sólo bajó Yuki junto a Mario, regresaron en media hora. Yo me quedé sentado tomando agua, miraba mis manos y aún me preguntaba cómo había vuelto a tomar la justicia por mi propia mano. Sin embargo, algo en mí me tranquilizaba al saber que quizás jamás volvería a tocar a una mujer, que no podría destrozar su honor de esa forma.

domingo, 29 de mayo de 2011

Dark City - Capitulo 20 - Lluvia de Sangre - I


Capítulo 20

Lluvia de sangre.

La fecha más romántica del año estaba por llegar. Beauty se veía cada vez más hermosa, o al menos así parecía. Apenas compartíamos momentos cotidianos próximos a ser una pareja, pero no me importaba con tal de poderme sentar a contemplarla jugando con mi hijo. Me controlaba el deseo de abrazarla, besarla y hacerle el amor allí mismo.

Jun me preguntó más de una vez si Beauty era su madre. Él se sentía orgulloso que sus amigos pensaran que tenía una. Yo no sabía como explicarle cosas que ni un adulto puede llegar a comprender.

El año parecía empezar como acabó, con cambios. Incluso en mis empresas. Algunas de ellas las tuve que cerrar en países como Portugal o Grecia, estaba teniendo perdidas y no me interesaba. Vendí las fábricas y redistribuí a los trabajadores, ayudé a jubilarse anticipadamente a aquellos que ya tenían la edad suficiente e implanté el sueldo dependiendo de la productividad. Aunque esto último sólo en países en los cuales se podían usar estas tácticas y eran bastante escasos. Con esas carambolas perdí muy poco dinero, incluso encontré un filón comprando y vendiendo acciones.

Era un día como cualquier otro, un diez de Enero, en el cual le di dinero a Beauty para que saliera a pasear y de compras de rebajas con Megumi y Rose. Ella necesitaba presencia femenina, amigas que le hicieran olvidar su pasado y la hicieran fuerte en el presente que vivíamos.

Me quedé arreglando informes de la empresa. Jun estaba jugando en mi despacho. Imitaba mis movimientos, decía que era el jefe de una empresa de juguetes y estaba dibujando el próximo juguete. Era feliz imaginando, imitando y sobretodo siendo un niño. Su vida había sido completa y él ni se daba cuenta, sólo quería crecer y dejar de ser un niño... quería jugar a cosas que eran un quebradero de cabeza para los adultos.

Pasaron unas cinco horas, se había ido muy temprano y empezó a parecerme extraño. Le dije que me llamara si no venía a tomar el almuerzo y no lo hizo, así como no lo hizo en la hora del café. Llamé preocupado a Kamijo esperando no parecer histérico, pero el histérico era él.

-Kamijo te llamo porque...

-¿Está ahí Rose? ¿Megumi? ¿Alguna de las dos? Mario me llamó hace rato y dice que lleva como una hora intentando contactar con su mujer y yo llevo lo mismo con la mía. No consigo saber dónde están. Mis hombres dicen que hace rato que no dan con ellas.

-Llamaba para preguntar lo mismo. Le dije a Beauty que llamara si no venía al almuerzo, pero no lo ha hecho. Me ha parecido raro, sin embargo pensé que se acordaría en la hora del café. No quería atosigarla y que pensara que era demasiado protector.-me masajeé la frente e intenté buscar en mi cabeza lugares donde podían estar.-Recogedme, vamos a los grandes almacenes y buscaremos nosotros mismos a las chicas.

Pasada media hora tenía a Kamijo en mi puerta, llamando como si se lo llevaran los demonios y mucho más pálido que de costumbre. Mario ocultaba tras sus enormes gafas oscuras, y su pelo mal peinado, su preocupación. Yo simplemente me había vestido de forma cómoda, porque me pasaría el tiempo que fuera entre locas por la moda y desesperadas por un cappuccino para reponer energías.

-¿Dónde puedo dejar a Jun?-pregunté a Kamijo.

-He dejado a Camil con Teru, puedes dejarlo con él.-dijo con un hilo de voz.-Tiene un hijo un par de años mayor que tu hijo, se divertirán.

-Yo ir a buscar a mami.-dijo aferrado a mí.-Mami me dijo que me compraría un peluche.-su conejo estaba entre ambos, el conejo que le regaló Yutaka.-Pero yo le dije que no hacía falta, entonces me dijo que me compraría dulces... estará comprando mis dulces.

Mario tomó a Jun que rompió a llorar, sobretodo cuando lo metió en una furgoneta y dio una dirección. Ahí fue cuando se quitó las gafas mostrando sus ojos enrojecidos. Se mantuvo al lado de Kamijo y este entonces lo dijo.

-Creemos que puede ser el golpe maestro del clan Sakine.-murmuró.-Lamento que Beauty se vea involucrada, así como Megumi y Rose, ellas no tienen nada que ver en esta lucha por el territorio de esta ciudad.-apretó los puños.-No vamos a buscarlas por los grandes almacenes, vamos a buscarlas a nivel nacional. Te necesito para que colabores con nosotros.

Me quedé en silencio. Estaba paralizado. Creo que no podía mover ni un músculo. Ni siquiera para tranquilizar a Jun que se marchaba en la furgoneta, llorando. Entonces la rabia la liberé de la única forma que encontré y fue llorando. La rabia, la ira, la desesperación, el dolor tan terrible que me habían causado... era tanto que me desbordó.

-¿Cómo sabéis eso?-dije intentando secarme las lágrimas con mis manos.

-Mientras veníamos hacia acá hemos estado viendo videos de vigilancia, vimos una tienda de té y pastas que cerró con ellas dentro.-comentó Kamijo manteniéndose firme.

-El cabrón de Dorian Lambert estaba allí, haciéndose el tullido y golfo esposo de la desgraciada de su compañera de jugarretas. A ambos les tengo ganas, pero más que nada a él.-ahí apareció en moto uno de los hombres de Kamijo, su batería en la banda que estaba formando como tapadera de sus actos delictivos y también por puro placer.

-¡El tráfico!-exclamó dirigiéndose hacia nosotros.-Vamos coño, que yo haré que aparezca ese cabrón. Me ha destrozado el cuerpo hace unos meses porque estoy con la hija del capullo de Sakine.

-Así que tú eres Yuki.-dije intentando hacer memoria, pero tenía la cabeza en otro sitio, sin embargo acerté.

-Yuki, sí.-dijo sacando un papel.-Aquí tengo los informes de los vuelos que han salido hace unas horas. Por si las moscas, pero hay varios vuelos privados que ni de coña te van a decir donde van. Sobretodo si son de Sakine.

-Atsushi, dime que podemos pasar a tu casa.-comentó Kamijo.-Necesito algo para calmarme, aunque sea agua.

Permití que pasaran, los tres nos sentamos a esperar. Estábamos seguros que pedirían rescate. Si bien, no estábamos tan sólo esperando. Kamijo no paraba de mirar su teléfono último modelo, de mandar mensajes y recibir llamadas. Estaban rastreando cada paso. Sin embargo, había muchos cabos sueltos.

Pasamos horas discutiendo qué haríamos si encontrábamos a las chicas, o qué pasaría si agarrábamos a esos dos. Mario decía que deseaba matarlo. Pero, Kamijo dijo algo que me destruyó aún más su imagen de ángel.

-¿No va de parásito cojo y tuerto?-interrogó.-Demos realismo a su disfraz.

Aquello me hizo sentir escalofríos, sin embargo era algo de esperarse. Todos estábamos deseando destrozar a ese maldito. No sabíamos cómo o dónde se encontraban, pero nada más lo supiéramos ese infeliz dejaría de estar a salvo.

Mario puso su fotografía sobre la mesa. Admito que me quedé en silencio durante varios minutos contemplando sus facciones. Parecía un caballero de otra época, podría decirse que se parecía al dichoso Dorian Gray. Un hombre con encanto propio. No comprendía bien porqué hacía todo aquello, tal vez por la ambición que brillaba en su mirada. Momentos después dejó a su lado la fotografía de una joven que me resultó familiar, después supe por su conversación que era cantante de un grupo de rock y metal inglés. Ella era Elizabeth, su compañera de juegos macabros. Sin embargo, en ella no veía la maldad que emanaba del joven sino más bien una profunda melancolía.

-¿Sucede algo?-preguntó Kamijo al ver que no decía nada, ni siquiera asentía a todo lo que planeaban. Estaba como en otro mundo, muy lejos de allí, imaginando su forma de hablar y caminar e intentando comprender sus motivos. Si bien, como pude saber después en la mafia no se necesitan demasiados motivos, tan sólo una orden de un superior.

-No, nada.-me apresuré a responder.-Tan sólo estoy preocupado.

lunes, 9 de mayo de 2011

Dark City - Novela - Capítulo 19 - Lluvias de Otoño y nieves de invierno. (XX)


-Me dijeron que empezaste una nueva etapa, pero no tenía el placer de conocerla.-comentó con una sonrisa.-Y tú Beauty no deberías ser tan tímida, no muerdo.

-Quien muerde es la zanahoria, si viera a las "gatas" ¿no?-él se sonrojó al escuchar aquello de Jun.

-Sí...-dijo algo entrecortado.-la verdad es que...-estaba algo avergonzado porque las chicas empezaron a mirarlo fijamente, con cierta curiosidad y algo molestas.-¡Niño deja de decir esas cosas!-gritó y yo reí a carcajadas.

-Sólo dice la verdad, se bueno con tu hermano.-tomé a Beauty de la mano.-Ven. dejemos a estos aquí conversando... vamos a ver qué abrigo te buscamos.

Pude notar que se cohibía, parecía que sentía las miradas de todos sobre ella aunque únicamente la miraba yo. Contemplarla tan frágil me incitaba más aún en convertirla en una mujer fuerte, una mujer que se quedara a mi lado y yo al suyo.

-No gaste en mí... mucho.-murmuró cruzándose de brazos.-No es necesario.

-Es un regalo de Navidad.-dije sonriendo antes de tomar su rostro entre mis manos.-Yo tengo mucho dinero y no me gusta tenerlo ahí parado, me gusta gastarlo en las personas que quiero... ¿comprendes?-me aparté de ella tan sólo unos pasos.-Quiero a mis amigos, y me gusta regalarles cosas.-tomé uno negro, otro en tela de ante, varios ocres y uno gris.-Dos, tienes que elegir dos de estos ¿cuales?-pregunté notando que varias mujeres se acercaron a mí.

-¡Señor Sakurai! ¡Kawai!-gritó una de ellas de no más de veinte años.-¿Me firma mi disco?-preguntó.-¿Sus compañeros están aquí? ¿Están todos?

-Estoy en mi día libre, pero si lo desea se lo firmo.-tomé el compacto y le firmé mientras ella me abrazaba.-Si me abraza no puedo firmar... y casi no puedo respirar.-más bien el contacto físico con ciertas fans histéricas me volvía a mí histérico.

-Lo siento, acabo de comprar el cd más dvd de la gira... me emociono sola.-comentó antes que se lo devolviera con mi rubrica.

-¿Me firma?-interrogó una chica de unos veintitantos.-No tengo disco... pero sí papel.-me extendió papel y pluma con un leve sonrojo. Yo sin duda lo firmé y extendí con una leve sonrisa.-Gracias.-me dejó un beso en la mejilla y una nota en el bolsillo.

-Dios más locas no, por favor.-dije tras un suspiro pesado y entonces me giré hacia ella.-¿Y bien? ¿elegiste?-interrogué mirando la nota, un número de teléfono y un nombre de mujer “Carmen”. Yo lo arrugué al guardarlo de nuevo en el bolsillo.

-El gris.-dijo señalándolo.-Cuadros.-murmuró yendo hacia uno de cuadros tipo escoceses, negro con gris.-¿Puedo?.-preguntó tomándolo con cierta ilusión. ¿cómo no iba a poder? Si me dedicaba esas miradas mientras compraba... le compraría la tienda entera si era necesario.

-¿Y como complemento? ¿Qué deseas? necesitarás guantes, bufandas, tal vez un gorro y un bolso.-dije señalándole toda la estantería que había de complementos a juego con lo que había elegido.-Luego iremos a por zapatos, maquillaje y vestidos.-comenté tomándola de la mano.-Mira, perfume.-susurré antes de tomarla de la mano.-¿Quieres de esto verdad?-la tienda era un centro comercial femenino en toda regla, creo que no faltaba detalle. Todo lo que una mujer necesitaba... ahí estaba.

Parecía una pequeña niña en una enorme juguetería viendo todos los regalos que le comprarían por haber sido buena, una buena niña. Y sin embargo, sentía que ni ella misma creía que le estaba sucediendo todo aquello. Después de vivir en el purgatorio a veces uno cree que no puede hallar el camino hacia el paraíso, pero finalmente lo encontró y yo no lo apartaría de ese camino con facilidad. Quería verla feliz, deslumbrante, única y sobretodo protegida.

-¡Ah!-exclamó y luego balbuceó algo que no comprendí del todo. Miraba todo absorta, preguntándose tal vez que debía tomar y que no.-Guantes, bufanda.. bolso.-tomó uno negro bastante amplio, ahí podría llevar todo el arsenal de armas femeninas que solían llevar. Jamás he logrado comprender ese gran misterio, son como un enorme agujero negro con un hermoso diseño.-¿Perfume?-susurró dubitativa.-No, no sé cual puede quedarme. Pero, sí quiero. También zapatos, maquillaje y vestido.-sus ojos tenían un brillo encantador, uno de esos de ilusión que tan bien le quedaban.-Sí, quiero eso.

Llamé a una de las dependientas y pedí que le diera complementos que realzara su belleza, que le diera una base de maquillaje natural y un perfume acorde a su edad. También le rogué que buscara zapatos, no muy altos ni de tacón muy fino, algún vestido de fiesta que pudiera quedarle elegante y a la vez que fuera juvenil... además de dos jerseys; varios pantalones; camisetas; camisas y todo lo que necesitara para al menos siete u ocho mudas. Por supuesto lencería, pero de eso me encargaría yo. Reconozco que siempre he sido un maldito fetichista.

-Ya la estás malcriando y ni es tu novia.-comentó Hizaki.-¿Quién es? ¿Has cambiado a Phoenix por ella?

-No, él me cambió por otro...-respondí a mi hijo que empezó a murmurar a mis espaldas.-Lo sabes...-él y toda la ciudad, creo que nadie era ajeno al culebrón del año.-Ella simplemente necesita amigos, una nueva vida, y yo voy a ayudarla.-respondí sonriendo antes de tomar una lencería cómoda y a la vez provocativa.

-Ya, por eso tienes en tus manos un sujetador propicio para una noche de sexo salvaje.

-Hizaki, soy tu padre.-respondí molesto y él se fue para la zona de colonias masculinas, seguramente para comprarle algo a su prometido.

Regresé con ella con prendas de lencería distintas. Unas provocativas y otras más para sport, cómodas y a la vez hacían un escote perfecto, si terminaba usándolos para diario.

-Tengo esto para ti.-susurré en su oído esperando no asustarla, se veía concentrada en todos los consejos de belleza que le ofrecían.

-Su pareja tiene buen gusto.-comentó la chica sonriendo.-La consiente demasiado.

-No es mi pareja.-respondí.-Es una buena amiga a la cual voy a consentir hasta que ella me deje... ¿cierto Beauty?

-Rose...-balbuceó buscándola con la mirada.-Ella...-murmuró.-Ella me ayudaría con eso.-señaló la lencería, pero terminó por suspirar pesado porque ya la había elegido.-De acuerdo.

-Si no es de tu agrado puedes elegirla tú, pensé que traerte varias distintas podría ayudar en tu elección.-comenté antes de girarme y ver a Kamijo comprando ropa para Rose, prácticamente tenía loca a media tienda.-Es peor que yo.-murmuré riendo bajo.

-Los dos estáis locos.-masculló Hizaki apareciendo de nuevo a mi lado, apoyado en mi hombro y contemplando fijamente a Beauty.

-Sí, claro... tú no.-comenté viendo como tenía varias bolsas enganchadas en el cochecito de bebé.

-Iré a la tienda de juguetes y luego a la tienda de ropa infantil, si me necesitáis me dais un toque... yo sólo quería ver como estabais.

-¡Papá mira!-llegó Jun con un sujetador en la cabeza.-¡Mira! ¡Orejeras!

Ambos nos echamos a reír, reíamos igual. Realmente Hizaki tenía un cierto toque de Clarissa, pero no mucho. Quizás tenía un toque algo rudo, el que yo tenía a sus años, pero sus modales en ocasiones eran de mi segundo gran amor.

-Ah, Hero está cerca de aquí comprando tu regalo.-dijo mirando el móvil.-Si lo ves disimula.-comentó antes de darme una palmada en la espalda.-Nos vemos papá.

-Ven aquí, dame eso.-dije quitándole a Jun el sujetador mientras Hizaki se marchaba-Al rato iremos a por tu ropa.

-Esta bien esa, en verdad.-dijo ella tomándome por el hombro.-Sólo falta zapatos y zapatillas deportivas.

Rose estaba cargando a su bebé, arrullandolo para que no hiciera escándalo. Pero cuando vio el tipo de ropa interior que iba a comprarle, suspiró pesado poniendo los ojos en blanco.

Tomé a Jun en brazos y lo llevé a que mirara la decoración de la tienda con una de las chicas, yo me quedé con ella llevándola a la zona de zapatería. La senté en una de las sillas y le mostré las deportivas que más cómodas se veían. Eran de una marca cara, muy prestigiosa, y excelentes si querías hacer deportes o caminar durante algunas horas.

-¿Ves estas? la suela no es demasiado dura ni demasiado flexible... te cubre el tobillo, eso evitará torceduras... sé mucho de estas cosas, suelo hacer ejercicio.-comenté dejándoselos.-Hay en negro, azul y blanco... zapatos tienes ahí todos los que quieras, pero no tomes con mucho tacón, no me gustaría que te dañara la espalda.-besé su mejilla y sonreí. Aunque tenía la sensación que podía pensar que jugaba a los maniquís. Ella para mí era más que una percha donde lucir el gasto que estaba haciendo.-Me hace feliz que aceptes regalos de mi parte.

Terminó por levantarse y marcharse por unas converse. Eran zapatos menos deportivos, unas zapatillas muy usadas por las chicas de su edad. Estaban en cientos de colores y modelos. Que eligiera lo que quisiera, de todas formas ella sería quién las usaría y no yo.

Rose se aproximó a nosotros para ayudarla, yo me marché con Kamijo. Él andaba mirando la zona de perfumes. Estaba seguro que quería elegir uno acorde a su mujer, uno nuevo. Aunque no lo parezca los hombres amamos el aroma de nuestras parejas tanto como las mujeres, porque todo ser humano identifica un aroma con una persona. Eso es un hecho, no algo que yo pueda afirmar porque sí... está demostrado.

-Vas a necesitar un traje sastre pero de ese me encargo yo, no el pervertido ese.-dijo señalándome con la mirada. La pude escuchar porque no estábamos tan lejos.

-Es amable...-le escuché replicar.-Me compra cosas....-no sólo quería comprarle cosas, también quería tenerla únicamente para mí de una forma muy egoista y simple.-Es como papá.-murmuró aquello y me giré leve para verla, estaba mordiendo parte de la manga del suéter.

Yo no sé como encajé aquello. Yo no quería darle una imagen de padre, deseaba ser su amante. Podía ser mi hija por su edad, era más joven que Miho, pero yo la deseaba.

Kamijo se movió hacia la zona de la joyería y yo fui tras él, por culpa de eso me alejé demasiado para escuchar el resto de la conversación. Él estaba fascinado con unos relojes, no eran caros y sin embargo decía que le parecían elegantes para comprar algunos para Rose.

-¿Te gusta verdad?-preguntó.-Estás fascinado, puedo notarlo.

-Es alguien que no esperaba encontrar, simplemente me ha echo recordar lo solo que uno puede sentirse y aún así lo dulce que puede ser esa soledad si se comparte.-murmuré contemplándola.-Además mírala... es hermosa, es dulce y tiene esa ingenuidad que...-me di cuenta de todo lo que iba diciendo mis labios, y me mordí la lengua. Me quedé frío, no quería expresar todo aquello como si nada frente a él. No quería dar apariencia de enamoradizo, porque no era así. Kamijo simplemente rió bajo y me palmeó la espalda.

-Has encontrado una hija Atsu, no una amante.-él lo decía por ella, no por mi.

-Iré a ver si necesita algo más.-susurré dirigiéndome donde ellas.-Beauty ¿quieres un reloj? Kamijo me ha mostrado algunos, los hay digitales de todas las formas y colores... incluso unos que son en anillo.

-No, no uso reloj.-se abrazó a mí sonriéndome y eso me hizo sentir querido, con un gesto tan simple.-Gracias por todos los regalos.

-Míralos Kamijo, ¿verdad que parecen padre e hija?.-murmuró Rose yendo a donde estaba mi amigo para besar leve sus labios.-Ya no me compres más, si sigues así, ya no sé que me esperará para Navidad.

Ella se quedó confusa y yo molesto. Ante el espejo de cuerpo entero que allí había vi a una hermosa chica aferrada a mí, una chica que quería para mí y que para nada me veía como su padre.

-¿Papá?.-murmuré viéndolo fijamente a los ojos, creo que se notaba bastante mi confusión.

-Muy sincera, Rose.-dije con cierto tono de molestia, porque me dolía que me vieran así con ella.

-Papi.-dijo Jun.-Me dieron galletas.-mordisqueaba una enorme en forma de estrella.

-No comas eso, no.-lo tomé en brazos y él sonreía con la boca llena de chocolate.

-¿Quieres?-preguntó.-¿Eres mi hermana? le llamaste papá y dice Rose que os parecéis, la mamá de Hiza es rubia... ¿tengo una hermana?

-No, Beauty... y sí.-respondí dejándolo en el suelo.-No porque no es hija mía y sí... me gusta consentirla como a ti, a Hizaki y a Hero.

-Te olvidas de alguien Atsushi.-murmuró y sonrió con cierta malicia. A veces Kamijo era como Pepito Grillo, y yo deseaba aplastarlo por sus “recuerda” o “no te olvides”.

-Cállate vampiro del demonio.-respondí dejando notar mi molestia, pero él se lo tomó con cierta jovialidad porque empezó a reírse.

-Algún día esa gata volverá con sus dos crías y su dálmata.-canturreó molestándome.

-Ve con tito Kamijo y dale un fuerte abrazo.-lo dejé en el suelo y él corrió para abrazarlo con las manos llenas de chocolate.

-¡Jun! ¡Me manchas!-dijo comenzando a correr para que el niño no le tocara, intentando apartarlo, pero finalmente le abrazó y manchó su querido Armani.

-¿Seguimos con las compras?-pregunté antes de besar su sien.

Negó con la cabeza para separarse de mí, se acomodó bien el cabello y sonrió algo avergonzada.

-No, ya no. Es mucho.-me tomó de la mano para llevarme a la caja.-Pague.

-En otra ocasión.-empezó a decir Rose siguiéndonos.-Podemos venir tú y yo al centro comercial, para que compremos los trajes y las medias.-asintió a lo que Rose decía, mientras se alejaba para hacer callar a Camil. El pequeño ya estaría cansado de estar de aquí para allá.-Lo llevaré fuera.

Pedí que tuvieran la amabilidad de ponerlos en cajas, para que así no se arrugaran demasiado, y a su vez en bolsas especiales. Era un precio extra, pero podía permitírmelo. Prefería que las bolsas fueran de material reciclado y resistentes, luego podían reutilizarse. El precio era lo de menos.

-Ahora iremos a comprarle a Jun algo de ropa, crece demasiado rápido.-comenté.

-Sí y el pelo también, ¿cuándo se lo piensas cortar?-preguntó Kamijo dejándolo sobre el mostrador.

-¡No! Mi pelo no se corta, yo quiero el pelo como papá.

-Quiere el pelo como cuando tenía veinte años, ¿recuerdas la foto?-pregunté intentando hacerle refrescar la memoria, aunque ahora tenía el pelo por los hombros y pensaba dejarlo con ese corte durante un buen tiempo.

-Tengo algo para ti, algo de parte de Hizaki, que veremos en el estudio.-comentó Kamijo.-Ya verás, te gustará.

-Está bien, está bien.-dije tomando las bolsas y él también tomó las suyas.-Dale la mano a Beauty ¿de acuerdo?-le indiqué a Jun, para que así no lo perdiéramos de vista.

Jun aceptó cuando lo bajó ofreciéndole la mano a Beauty. Iba encantado con la bolsa de galletas de gatos, estrellas y lunas de chocolate y hombrecillos de canela.

Tomó una de las bolsas, quitándomela para que así no fuera tan cargado. Sin embargo, yo quería cargar con ellas y que no tuviera que estar incómoda. Kamijo y Rose fueron hacia el vehículo. Les dejaría las bolsas a ellos y la llevarían hacia el estudio, allí nos veríamos al rato.

-¿También te comprarán mucha ropa como a mi?.-pregunté a Jun.-Tienes un papá muy.... bueno.

-Ellos llevaran al estudio las compras, nosotros nos quedaremos paseando y al rato los veremos de nuevo.-comenté antes de escuchar de que era bueno, más bien le consentía demasiado. Aunque jamás como Phoenix, él hizo que el niño se volviera insufrible.

-Sí, pero siempre me riñe porque digo cosas que no quiere que diga... pero yo se las escucho.-se aferró a ella.-Tengo dos hermanos más, el feo que viste es el mayor... y su cosa.

-Deja de llamar cosa a tu sobrino.-repliqué algo molesto, siempre estaba igual.

-Luego está el otro, Hero me cae bien... me deja pintar con sus pinturas y enguarrarme.

-Sí, lo de ponerte sucio te encanta.-comenté y él sacó la lengua.-No digo nada del otro mundo, eres un cochino.

-Sí, pero luego me ducho... no como ese.-le brilló la mirada.-Quiero darle otro guitarrazo.-era a un niño de su clase, el hijo de mi propio enemigo. Parecía que el odio se trasmitía en los genes.

Finalmente llevamos al niño a comprar sus ropas. Después volvimos al estudio y vi el regalo que me tenía preparado Hizaki, era una caja enorme que debía abrir en año nuevo. Decía que me daría suerte. Era un gato de la suerte, uno idéntico a mi mascota.

Al llegar a casa ni siquiera pudo almorzar demasiado, practicamente se quedó dormida. La subí al dormitorio y me senté en los pies de su cama vigilando sus sueños. No sabía porqué lo hacía, pero era algo que me nacía desde lo más profundo de mi podrida alma. Ella me estaba haciendo recordar qué era sentir algo por alguien, aunque no te lo correspondieran.

Empecé a pensar que un ángel había descendido para mí, que era cierto eso de “los milagros existen, y más en estas fechas”. No imaginaba que unas semanas más tarde mi mundo se vería cubierto de dolor, que los pocos minutos que tuve ese día serían los más felices y los siguientes los más horribles.

martes, 3 de mayo de 2011

Dark City - Novela - Capítulo 19 - Lluvias de Otoño y nieves de invierno. (XIX)




Entonces vi a Kamijo sonreír ampliamente. Al girarme vi a su hermosa rosa eterna, la mujer que logró que sus ojos abandonaran el dolor de una vez, mostrándose completamente satisfecha por como había vestido a mi pequeña Beauty. Ella parecía frágil con aquella ropa, deseaba abrazarla y jurarle una vez más que la cuidaría.

-Estoy lista.-murmuró rascándose leve el brazo izquierdo.-Buenos días.

-¡Rose dile a Camil que crezca!-gritó Jun.-¡Tu puedes! ¡Ayer vi Meri esa y hace magia!-lo bajé al suelo y se aferró a ella tirando leve de su ropa.-¡Y tú eres vampiro! ¡Haz que sea como superman!

Kamijo empezó a reír bajo, para terminar haciéndolo a carcajadas. Creo que todos lo hicimos excepto yo, siempre me dejaba en mal lugar. Supuse que hablaba de Mary Poppins y sus encantamientos, ya que ella primeramente era niñera y después fue amante, y sobre lo de vampiro eso se debía al aspecto de mi buen amigo.

-Tu hijo tiene tus mismas ocurrencias.-comentó intentando dejar sus risotadas que sólo me molestaban aún más.

-Tu reza porque no termine con tu pequeño Camil.-él sonrió antes de besar al pequeño y este moverse intranquilo, quería los brazos de Rose.

-Rose... creo que el niño necesita a su madre.-ahí me sorprendí, pero eran pareja y supongo que era lo normal. Él necesitaba una madre y ella era la mejor figura materna que podía haber encontrado.

-Así que ella es la mamá.-dijo Jun mirándola fijamente.-¡También tiene de eso que cuelga!-señalaba los pechos de Rose y ella se sonrojó avergonzada.

-Dios...-me sobé la sien.-Deja de señalar los pechos de Rose y dame la mano.

-Yo quiero que me la de Beauty, es más guapa que tú.-puse los ojos en blanco, ese maldito niño era demasiado bocazas.

-Yo... Revisaré a Camil.-fue a la cocina, literalmente estaba huyendo de todo aquello.

Supuse que una mujer educada en los mejores colegios, a pesar de su origen humilde, una señorita inglesa jamás habría pensado encontrarse tanta irreverencia en un mocoso que apenas levantaba un palmo del suelo.

Beauty dudó de darle la mano, más bien se marchó detrás de Rose para ayudarla con el pequeño. Jun se quedó serio. Jamás nadie había renegado de él. Fue como un mazazo que le dejó pensando. Sus ojos se aguaron y se giró hacia mí estirando sus brazos. Quería refugiarse por la negativa de nuestra invitada.

En ese momento me di cuenta que él quería una madre, la buscaba desesperadamente. Yo quería darle una, y era Beauty ya que me había enamorado de ella. Estaba como un maldito adolescente esperanzado porque se diera cuenta de mis pasos en la conquista, pero era tan dulce y a veces tan niña que se creía que sólo eran muestras de afecto.

-También le gusta al pequeño Jun.-susurró Kamijo acariciando sus cabellos.

-No estoy enamorado de ella, si es lo que piensas.-respondí a su indirecta. No quería aceptar algo tan obvio, no aún.

Cuando regresaron se quedó mirando a ambas y Kamijo sonrió acomodándose al lado de su pareja. El pequeño quedó en la carriola completamente satisfecho. Ambos parecían orgullosos de como se veía.

-Papá ¿que es enamorando?-preguntó en un murmullo en mi oído.

-Es algo que sabrás cuando crezcas... es complicado de explicar.-dije abriendo la puerta para que pasaran Rose y el carrito, junto a Beauty, le siguió Kamijo y luego nosotros.

Explicar el amor de pareja, el amor sexual, la atracción... era complicado incluso para un adulto. Sentirlo y percatarse de ello era aún más difícil. Porque a veces uno podía llevarse años enamorado y renegar de ello. Incluso usar tácticas estúpidas de celos sólo por llamar la atención, pero estas últimas sólo son de niños pequeños que corretean alrededor de la niña que le gusta molestándolas y de adolescentes que no han sabido desarrollar una personalidad propia.

En definitiva, creo que cualquier persona en mi lugar hubiera escurrido el bulto de la forma en la que yo lo hice. ¿Cómo explicar algo tan complejo? ¡Imposible!

-Iremos en mi familiar, tengo sillita para Jun.-comentó Kamijo tomándolo en brazos y este sólo se restregó antes de besarle la mejilla.

-El tito Kamijo huele siempre rico.-murmuró.-Como el tito Hide.

-Sí, el tito Hide me va a matar cuando vea mi propuesta...-Kamijo me miró de reojo.-tenemos que pasarnos por el estudio...-él asintió con una leve sonrisa.- y así os muestro como es aquello. Además tú tienes que ir en breve.

-Oui, es un placer volver a cantar.-comentó abriendo la puerta para que ambas se subieran y luego colocar a Jun.

Yo ayudé a Beauty a que entrara, después besé su mejilla. Eran actos que hacía sin pensar, Kamijo reía bajo cuando veía que me comportaba de esa forma.

-Espero que no te marees...-dije ofreciéndole el cinturón de seguridad.-Si tienes frío o apetito... dímelo.

-Papá se porta raro.-murmuró Jun.-Papá ¿por qué te portas así?

-¿Así como?-pregunté.-Beauty es amiga nuestra, debe ser tratada con amabilidad y cariño.

-Sí, pero si besas así a Rose te cruza la cara.-en eso tenía tanta razón, y creo que no sólo ella sino también Kamijo.

Ambas rieron bajo, creo que estaban bastante pendientes a cómo mi hijo me dejaba en evidencia una y otra vez.

-Estaré bien.-sonrió leve.-No preocupe.

-¿Te resulta difícil el idioma?.-preguntó Rose, se había sentado en el asiento del copiloto, mientras ella sólo asentía.-Por eso no hablas... ¿Quieres que yo te ayude? ¿Verdad Kamijo que puedo ayudarla?

-Por supuesto que podemos ayudarla, además Atsushi no tendrá tiempo... pero Rose sí.-dijo encendiendo el motor del auto. Yo iba entre los dos niños frente a Beauty

-Estaría bien, si hablaras bien el idioma podrías ser mi secretaria personal... necesito que me ayuden con las agendas y no tener que ocuparme yo de todo.-comenté.-Sería agradable que me ayudaran y no tener tanto estrés.

-Entonces no hay nada más que hablar... la traes unas horas a casa y que Rose le de clases ¿verdad?-dijo al parar en un semáforo para besar su mano.-Mario lo pasó mal con el idioma, es algo complicado si no tienes a alguien que te apoye. Pero supongo que Beauty ahora tiene a varios que desean ayudarla.

-Gracias por lo que hiciste anoche, jamás pensé que podrías hacer algo tan rápido.-comenté.

-Una dama necesitaba nuestra ayuda, así que no hay problema... hiciste bien en llamarme.

Mientras conducía escuchábamos música clásica y ópera, cualquiera le pedía un rock movido. Para él la conducción relajada era importante y según él yo le ponía de los nervios con mis peticiones musicales. Tardamos alrededor de veinte minutos, ellas conversaban sobre qué días podían quedar, mi hijo ponía caras cuando empezó a sonar uno de los actos de la Traviata. Yo amaba la ópera, pero en privado completamente solo. No podía conducir con ella puesta, me era superior.

Cuando llegamos al centro bajamos a un subterráneo y aparcó. Para salir y ayudar a bajar a Rose. Yo hice lo mismo con Beauty y luego saqué a Jun.

-Entonces perfecto, vendrá a casa para enseñarte varias cosas.-dijo nada más bajarse mientras ambas colocaron el carriola.

Kamijo concedió su brazo a Rose, ambos tiraban del cochecito. Jun estaba aferrado a mi cuello y yo tomé a Beauty de la mano para que me siguiera. Temía que se perdiera en medio de la ciudad. Jun miraba a Beauty fijamente antes de estirar uno de sus brazos hacia ella. Le picó la mejilla y sonrió.

-Konichiwa.-intentaba que hablara en varios idiomas, pero el japonés le gustaba demasiado.-¡Papá mira! ¡Mira! ¡Quiero eso para Navidad!-gritó señalando el árbol.

-Tendremos uno, hay que comprarlo y decorarlo... aunque ya mandé comprar uno para plantarlo en el jardín.

-¡Eso no! ¡Lo de al lado!-dijo señalando a un niño que tenía un robot en las manos, uno de esos que se movía a pilas.-¡Eso!

-Eso aún no, eres pequeño ¿mejor una guitarra nueva?-entonces se le iluminó la mirada.-Hay un karaoke infantil que te vendría bien ¿verdad?

-¡Sí! ¡Quiero ser como papá! ¡Seré mejor que el idiota de Hizaki!

-Por cierto Atsushi ¿le dijiste que vendríamos a comprar al centro? dijo que estaría por aquí.-comentó Kamijo aferrado a Rose, justo antes de besar su mejilla.

-Sí, hablé con él y me dijo que estaría en H&M

-Perfecto, podemos empezar por allá... seguro que anda buscando algo para su suegra.

Nos dirigimos a la tienda. Buscaríamos a mi hijo mayor, quería ver si llevaba a mi nieto consigo. Entonces lo vi rodeado de chicas y con el carrito del bebé en medio. Todas le hacían caso al niño y a él, mientras él estaba ahí parado mandando un sms. Seguro que Olivier le estaba atando en corto, aunque parecía feliz con él y eso me hacía sentir satisfecho.

Su aspecto era el de un empresario. Un traje chaqueta hecho a medida y de color negro, una camisa blanca pero sin corbata, y unos mocasines negros a juego con el traje. Estaba bien afeitado y peinado. Tenía un aspecto distinto, muy distinto, al que tuvo una vez. Había madurado aún más.

-¡Hiza! ¡Princesa!-gritó a pleno pulmón y él clavó los ojos en el niño con ganas de arrancarle la cabeza.

-Hola papá.-dijo intentando moverse hacia nosotros.-¿Qué tal Kamijo?-preguntó con una sonrisa.-Hola pequeño monstruo.-murmuró pellizcando una de sus mejillas.

-¡Ay! ¡no! ¡Me volverás cachetuo como tú!-gritó revolviéndose en mis brazos.

-Me temo que no conozco a las señoritas que os acompañan... mi nombre es Hizaki Sakurai de la Rosa, es un placer.-entonces del carrito escuché algo muy Sakurai.

-¡Mío!-gritó Takumi desde el carrito donde estaba cómodamente sentado. Una chica le quería quitar un adorno que había tomado del árbol de la tienda.-¡MIO! ¡MIO!

-Takumi, dáselo.-dijo intentando quitárselo y el pequeño empezó a llorar.

-Tu monstruo llora.-murmuró Jun antes de reírse con malicia.

Beauty se sintió intimidada, volvió con su tic nervioso de rascarse el brazo y bajar su mirada. Rose habló por ella presentándose de una vez.

-Rose Oxburgh.-dijo ofreciéndole la mano.-Ella es Beauty.-y ella sonrió leve, saludándolo con su mano libre.-Debe perdonarla, es muy tímida.

Entonces fue hacia el carrito, para ver al pequeño, sonriendole, agarrandolo de las manitas.

-Debe regresarlo... ¿Sí?.-sonrió de forma más amplia que hasta más de unos pensamos que le saldría brillo, el niño sonrió encantado de ver aquella mujer.

-Vaya... lo ha soltado.-comentó Hizaki.-Eso es magia.

-¡Es la Mari esa!-dijo Jun moviendo sus brazos de arriba hacia abajo.

-Es mi pareja y como has visto es bastante buena con los niños.-él se quedó en silencio y luego sonrió.

-Me dijeron que empezaste una nueva etapa, pero no tenía el placer de conocerla.-comentó con una sonrisa.-Y tú Beauty no deberías ser tan tímida, no muerdo.

-Quien muerde es la zanahoria, si viera a las "gatas" ¿no?-él se sonrojó al escuchar aquello de Jun.

-Sí...-dijo algo entrecortado.-la verdad es que...-estaba algo avergonzado porque las chicas empezaron a mirarlo fijamente, con cierta curiosidad y algo molestas.-¡Niño deja de decir esas cosas!-gritó y yo reí a carcajadas.

-Sólo dice la verdad, se bueno con tu hermano.-tomé a Beauty de la mano.-Ven. dejemos a estos aquí conversando... vamos a ver qué abrigo te buscamos.

lunes, 18 de abril de 2011

Dark City - Novela - Capítulo 19 - Lluvias de Otoño y nieves de invierno. (XVIII)


Terminé cargándola como si fuera una niña, cubriéndola con mi abrigo mientras pasaba por aquellos pasillos que seguían siendo un caos, pero algo más silencioso al vernos pasar. El silencio nos acompañó hasta la salida, allí el ruido del motor y el parloteo de ellos rompieron esas pesadas cadenas.

Ella estaba acurrucada en mi regazo, como si fuera una niña pequeña, llevaba puesta una capucha y sus manos estaban aferradas a mi chaqueta. Yo simplemente acariciaba sus cabellos e intentaba darle calor con mi cuerpo.

-Tengo frío.-murmuró bajo cerca de mi oído.-Y hambre... tengo hambre.

-Ahora llegaremos a mi casa y podrás tomarte un baño, además de prepararte algo para comer.-dije justo antes de ver que Sho aparcaba.

No me había fijado que podía conducir tan rápido sin notarlo, quizás porque estaba inmerso en su aroma y en darle los mejores cuidados. Era como si me hubieran dado un ángel, porque su luz me deslumbraba y su aspecto frágil me hacía caer perdiendo la cabeza.

-Ya está.-comentó girándose hacia nosotros bajando la ventanilla que nos separaba.-Oye tú ¿necesitas ayuda?

-No, todo bien.-comenté antes de abrir la puerta y bajar con ella.

Yoshiki me dio sus cosas y palpó su cabeza con delicadeza. A veces me recordaba a un niño, otras veces a un hombre demasiado adulto y en ocasiones a una loca a punto de entrar en show. Si bien, ese gesto tan tierno era como ver reflejado en él una pureza que no tenía.

-Cuídala bien.-susurró antes de subirse a la furgoneta.

En pocos segundos se alejaron tan rápido que los perdí con la vista. Yo tomé bien sus cosas y a ella entremis brazos. Abrí la candela y pasé por le camino hacia la casa, con cierta calma para que no cayéramos, y al abrir la puerta la dejé en el suelo para entrar hacia dentro.

Nada más estar en el salón me encontré una escena que ahora veo cómica, pero en ese momento me molestó bastante. Jun estaba despierto pintando la cara de la niñera, ella se había dormido sin preocuparse en lo mas mínimo por el bien de mi hijo.

-Vas a verte genial, serás un monstruo más feo que Hiza... Hiza será más guapo que tú... so tonta.-murmuraba y yo simplemente alcé una ceja.

Ya tenía una edad en la cual hablaba fluido, sin embargo a veces guardaba silencio. Me preocupaba que únicamente cuando tramaba planes como ese era capaz de hablar más de cinco palabras.

-¿Qué demonios estás haciendo?-pregunté en un tono lóbrego y él dejó el rotulador.

-Hola papi.-dijo colocando sus manos tras la espalda.-Le decía a Isa que estaba guapa... lo hizo ella.-sonrió como si nada, la misma sonrisa que tenía yo, realmente era una replica mía en pequeño. Mi hermano hubiera dudado de ser el padre real si lo hubiera visto con esa expresión.

-Dime... que no es un rotulador lo que has usado.

-Fue ella... ¿verdad Ches?-preguntó al gato que simplemente maulló acercándose a mí.

-Jun...-apreté la mandíbula porque no quería gritarle ni decir algo que le hiciera daño, aún era un niño.-Vas a quedarte sin dibujos un mes...-siseé.

-No! Papá por favor.-se abrazó a mi pierna haciéndome ojos de cordero.-Anda... anda... di que no... si la dejé más guapa de lo que es.-entonces se percató de ella.-Hola... Me llamo Jun, tengo tres años y un cuarto... ¿Te gusta el chocolate?-estaba viendo como se convertía en un monstruo, puesto que esa frase era de una de mis canciones.-Sí, tiene que gustarte porque eres un bombón.-y ese piropo lo escuchó en la televisión en uno de mis programas favoritos.

-Jun Sakurai...-dije y él me miró sorprendido de mi tono de voz, hacía tiempo que no escuchaba regañina alguna.

-Dime pa.

-Ve a tu cuarto iré para arroparte y despertaré a Isa... para pedirle disculpas.... y explicaciones.-comenté y él salió corriendo agarrando al gato.

-¡Me llevo a Ches!-gritó correteando hasta las escaleras, casi se cayó porque aún no estaba hecho para subir de esa forma las escaleras.

-¿Isabel?-pregunté con mi mano sobre su hombro para zarandearla leve.

-¡Qué! ¿¡Cuándo!?-ella se alarmó de encontrarme allí.

-¿Así vigilas a Jun?-pregunté.

-Está dormido, no dio lata.-dijo con una sonrisa.-He estado toda la noche vigilándolo.

-Claro, por eso ha ido a mi despacho, ha tomado una de mis plumas y tienes todo el rostro embarrado en tinta.-dije señalándole las cejas, labios, mejillas y también la perilla. La había dibujado como una diablesa con espirales en los carillos.

Ella se horrorizó, aún más cuando se vio al espejo de bolsillo que solía llevar. Le di dinero para que comprara un producto para quitarse la tinta, también por las horas extras. No debí hacerlo, pero me sentía mal cuando ese maldito diablillo hacía de las suyas.

Nada más marcharse me senté en el sofá y subí a Beauty sobre mis piernas, de inmediato acaricié sus cabellos y besé su frente.

-No hagas caso a mi hijo, suele tener ciertos comportamientos incorregibles... pero fue demasiado mimado durante algún tiempo.-comenté apartándome de ella.-Iré a prepararte el baño, buscarte algo cómodo y ver que puedo hacerte para que te alimentes.

Subí arriba y arropé a Jun, para luego ir hacia la bañera. Tal vez porque supuse que la de mi habitación era mayor que la del cuarto del niño o invitados, o quizás por deseo inconsciente de meterme con ella en su hora del baño. Después de dejarle toalla, esponja y demás útiles de limpieza, bajé y la tomé en brazos para llevarla.

-Te voy a dejar en el baño, ahí podrás asearte mientras te hago algún bocadillo ¿está bien así?

Ella simplemente se quedó parada observando todo en completo silencio. Creo que no comprendía del todo lo que estaba ocurriendo, para ser sinceros yo tampoco. Así que me marché dejando que se aseara, revisé a Jun ya tumbado en mi cama, ya que desde que se fue Phoenix solía hacer incursiones a mi habitación, y fui a preparar algo de comer.

Mientras se preparaba todo en el horno, ya que no era un bocadillo normal sino uno especial con queso fundido, fui a cambiarme de ropa y usé la que solía tener para hacer yoga en el jardín. Al regresar al piso de arriba lo hice con la bandeja repleta, pero me detuve escuchando lo que ocurría en el baño. Jun se había levantado y estaba con ella.

-No te pareces a mamá.-fue lo primero que escuché.-Tú tienes de eso.-al mirar por la rendija que había dejado vi que señalaba a sus pechos, eso no supe como tomármelo.-¿Para qué sirve?-medio balbuceó lo último, aún no hablaba tan fluido como debería para su edad.

-Jun ¿qué demonios haces aquí?-pensé que era hora de intervenir en ese interrogatorio bizarro.

-Es que quería ver si era como mamá...

-Mamá olvídate de mamá... ¿de acuerdo? ni me lo menciones.-él asintió agachando su cabeza, se sentía regañado o quizás dolido por no poder recordar lo que una vez fue nuestro.-Mamá no nos quiere, se quiere a si mismo que es más bonito.-dije con cierta rabia incontrolada.

-¿Papas?-preguntó señalando las patatas que había hecho para ella.

-No Jun, son para Beauty.

-Bea es guapa y buena... me da papas.-insistía en las dichosas patatas, pero lo único que yo quería es que se durmiera de una maldita vez.

-Vete a la cama, mañana te daré patatas en el almuerzo.-comenté serio e intransigente, así que él medio comprendió porque se marchó arrastrando al pobre gato hasta la habitación.-Beauty te dejo el bocadillo en la mesilla... voy a buscarte algo de ropa.-dije dejando todo sobre uno de los muebles del aseo.

Regresé algo de ropa que tenía bastante amplia y cómoda, a ella le quedaría algo más amplia. Miré hacia la bandeja y ya prácticamente había devorado todo. Lo último que le dije es que lamentaba no tener ropa femenina, ni siquiera interior. Debía comprarle ropa, lavar la que tenía sólo daría como solución para un día y no era ni nueva ni la clase de ropa que debía usar alguien como ella.

Entre en el baño y puse para la tintorería el traje, así como la camisa y corbata. No quería estropear algo que estaba hecho a mi medida, a mis gustos, y era exclusivo. En el cesto común de ropa la que llevaba puesta.

Al entrar en la ducha me relajé, dejé que el agua cayera sobre mí y olvidara todo lo malo. Jun empezaba a acostumbrarse a no estar con mi ex... aunque a veces lo reclamaba, pero pronto se olvidaría de él y eso era lo más importante. Beauty ya no estaba en aquel antro, si bien empezó a ser mi responsabilidad mía para que no cayera jamás en algo así.

Comencé a cantar una canción de mi grupo mientras me duchaba, ya que era costumbre y no la cambiaría por nada en el mundo. Nada más salir terminé dándole las buenas noches, no sin antes escuchar las quejas de Jun para ser atendido por ella. Creo que deseaba que alguien entrara en nuestras vidas, que la soledad que compartíamos se hacía demasiado intensa.

El teléfono comenzó a sonar a eso de las siete de la mañana. Acepté la llamada adormilado con mi hijo aferrado a mi brazo. Para muchos seguramente es un momento tierno en la vida de cualquier persona, para mí patético. Intentaba prestar atención pero sólo escuchaba murmullos en francés.

-Hable más alto... aún es de madrugada.-dije mirando el reloj de reojo y vi la hora, estaba a punto de mandarlo al diablo cuando me percaté que era Kamijo.

-Decía que me gustaría ayudarte con la joven que tienes en casa, Rose seguro que podría darle consejos sobre moda actual y podría ser un punto de apoyo. Ya sabes, las mujeres se necesitan unas a otras aunque a veces se saquen los ojos.-rió bajo y suspiró pesado.-Bueno sólo era una idea, si tienes alguna objeción puedes decírmelo.

-¿Para esto me llamas? No es que esté en contra Kamijo, es que son las siete de la madrugada. Yo ya estoy acostumbrado a otro horario, ya que trabajo desde casa y al estudio voy más tarde.-mi hijo se movió inquieto aferrándose más a mí.-Te agradezco que hayas pensado en ella, ven como a las diez. A las nueve pasará el autobús de la guardería para Jun.-había tenido que contratar ese autobús, eran cuotas más caras pero así no tenía que despertarlo tan temprano.

-Oh, lo lamento. Yo llevo despierto una hora, arreglo unos asuntos importantes mientras bebo una buena taza de café.-rió risueño y yo sabía que Rose hacía que toda su vida se despejara. Sin embargo, al resto un Kamijo tan activo nos asfixiaba.-Nos pasaremos a eso de las once, creo que las once está bien, podríamos luego almorzar en algún restaurante del centro.

-Sí, estaría bien.-balbuceé medio dormido y colgué.

Me quedé dormido, pero no pasó ni media hora cuando sentí los dientes de Jun clavándose en mi nariz. Al abrir los ojos ahí estaba como pequeña piraña. Se echó a reír cuando lo aparté y terminó botando en la cama.

-Jun... para... por favor.

-Leche, leche.-dijo sentándose en la cama dejando que Cheshire se rozara contra él.

Miré entonces el móvil de nuevo y me di cuenta de la fecha, era sábado. Kamijo me había llamado un sábado a las siete de la mañana y lo peor pensaba que podría estar libre de Jun. Así que únicamente pensé que sería la oportunidad perfecta de comprarle ropa nueva y matar dos pájaros de un sólo tiro.

Terminé por levantarme, calentar un cacao caliente para el pequeño y unas galletas especiales para niños de su edad. Era un complemento alimenticio que al menos no tiraba al suelo. Yo tomaba café, pensaba qué tomar y recordé que tenía que preparar el de Beauty. Así que terminé tostando pan, huntandolos en mermelada de varios sabores, y llevando la bandeja a su habitación.

-Beauty, el desayuno está listo.-dije entrando y dejando la bandeja en una mesilla cercana.-Vamos, iremos a comprarte ropa.

-Quiero dormir más...-balbuceó poniendo la almohada en su cara, para así no escuchar ni diera la luz que entraba por la ventana en la cara para quedarse otra vez dormida.

Suspiré pesado, estaba peor que Hero cuando tenía que ir a la escuela. Fui al salón donde Jun veía feliz los dibujos... estaba vestido con una chupa de cuero, una sudadera negra con el símbolo de Metallica y unos jeans oscuros junto a botas. Mientras hacía el café lo vestí de forma rápida, él había elegido su ropa como siempre.

-¿Beauty?-preguntó mordisqueando sus galletas de dinosaurio.

-Ya venimos ¿vale?-pregunté tomando un botellín de agua por si quería tomarla mientras desayunaba.

Nada más regresar junto a ella le quité la almohada de la cara, escuché los pasos de Jun y como se quedaba detrás mía con su enorme paquete de galletas.

-¿Cansada? ¿Incluso sabiendo que vamos a llevarte a comprar ropa?

-¡Papá ya quiero ir! ¡Mi camiseta!-gritó moviendo los brazos.-¡Ama tiene una! ¡Quiero una como la de Ama!-era una camiseta de Hendrix, él conocía su música e intentaba que se cultivara en el rock, metal y música clásica. No me importaba comprarle ese tipo de caprichos.

-¿Por qué no te quedas aquí con Beauty mientras me visto?-él asintió.-Dale de tus galletas, tal vez le gusten más.-se aferró a su paquete y suspiré.-Está bien, no le des si no quieres.

Salí fuera y me vestí con unos jeans deslavados, una camiseta negra, un abrigo de cuero hasta los pies y un palestino negro y gris. Cuando salí del vestidor ambos estaban aún allí tomando sus respectivos desayunos.

Escuché a Beauty quejarse del frío, él sabía que era rusa porque lo preguntó en el desayuno de donde venía. Entonces se quedó perplejo, sabía que en Rusia hacía frío y no tardó en hacer sus típicas preguntas. Como todo niño de su edad sus preguntas las hacía con plena sinceridad, aunque fueran absurdas o asombrosas.

-¿En Rusia hay pingüinos?.-escuché preguntarle mientras salía para entrar de nuevo en la habitación con ropa unisex, una de ellas era guantes y bufanda.-Papá ¿Vendrá el tito?

-¿Kamijo? Me dijo que vendría con nosotros, quiere comprarle algo a Rose.-comenté preguntándome qué eran esos dos realmente, si sólo amantes o había algo más fuerte. Aunque con sólo un vistazo se veía que Kamijo había caído rendido a sus pies.-Además de conocer a Beauty.

-¡Si! ¡Kamijo mío!...-su excitación pasó a un segundo plano al recordar un nombre, había hablado de alguien más.-¿Rose?-cambió la cara frunciendo el ceño.-Tito Kamijo es mío.

-No, es de Rose... y ya veremos que dice Camil cuando crezca.-sonreí con malicia.-Te veo comprándote un conejo enorme y casándote con él. Nadie te aguantará, eres demasiado insoportable.-por supuesto no pensaba ni he pensado así de él, pero era divertido ver como se molestaba y arrugaba leve su frente. Tenía unas leves arrugas en la frente idénticas a mi hermano.

-¡Mentira!-gruñó.-¡Yo tendré!-se aferraba con ganas a sus galletas, veía la mirada de Beauty hacia él y sonreí de lado. Veríamos si era capaz de compartir o seguía con sus neuras.

-No compartes tus cosas Jun... a los niños y a las niñas no les gusta eso ¿Verdad Beauty?-él infló los mofletes y le dio una de sus galletas.

Sonó el timbre y salí para abrir. Era Kamijo impecablemente vestido apoyado en un bastón. Vestía con un traje de chaqueta, guantes, un sombrero, bufanda y un abrigo grueso... tenía las mejillas sonrojadas, tal vez estaba demasiado abrigado.

-Bonjour.-sonrió.-¿Y el pequeño?-fue como si hiciera sonar una campanilla para llamar a misa, puesto que el parroquiano de su iglesia bajó a trompicones, casi cayéndose de bruces, para ser alzado por los brazos de quien tenía por su tío.

-¡Tito!-se lanzó a él.

-No jodas Jun, que lo vas a ensuciar de chocolate.-él me sacó la lengua y se aferró a su tio.-Beauty bajará ahora.

-Así que Beauty.-aquel tono meditabundo lo mezcló con una leve sonrisa. Parecía examinar cualquier comportamiento anómalo a mí, quizás un posible enamoramiento parecido al de un adolescente... que es lo que estaba sucediendo.

Tras él apareció Rose, con Camil en un carrito de paseo. El pequeño estaba envuelto en varias pañoletas, sus mejillas tenían un rojo tan vivo como las mejillas de su padre. Ambos contemplaron unos segundos a Rose cuando habló, parecían perderse en cada movimiento que esta hacía.

-Buenos días.-dijo con una leve sonrisa.-Iré a verla.

Tomó unas bolsas y se encaminó al piso superior. Yo no dije nada, tal vez fue instinto, ya que normalmente los dormitorios son las plantas superiores de una vivienda. Kamijo se quedó con Jun en brazos, él encantado de restregarse contra mi amigo.

-Tu mujer se ve muy agradable.-comenté.

-Te quiere despellejar, da gracias que no lo hace.-comentó riendo bajo.-Le molestaste estando ebrio, seguro que ni lo recuerdas.

Intenté hacer memoria y recordé cierta celebración, una timba de poker que no se terminó. El olor a puro, whisky y ginebra. Unas risas lejanas, unos comentarios de sátiro salidos de unos y de otros. Pero, para mi desgracia, no recordaba más.

-¿Qué dije? seguramente dije la verdad, es atractiva y en esos momentos me hubiera gustado conocer a una doble.-sonreí antes de tomar a Jun en brazos, quería ver a Camil.

-Joder, aún es un mocoso ¿cuándo crece?-preguntó agarrando parte de la pañoleta.

Camil sonrió y me pareció ver la misma sonrisa de Kamijo. El maldito era elegante desde la cuna. Supongo que así iban los genes.

-No puede crecer rápido.-comentó acariciando sus cabellos.-Deja que vaya aprendiendo poco a poco a vivir

-Iré a preguntar si ya estan listas.-Kamijo me tomó del brazo.

-Atsushi ¿qué sucede con ella?-preguntó y yo no supe responder.-Explícate.

-La he estado viendo y es alguien agradable, es una mujer hermosa y pensé que no se merecía sufrir... sólo eso.

lunes, 28 de febrero de 2011

Dark City - Novela - Capítulo 19 - Lluvias de Otoño y nieves de invierno (XVII)


-¿Aún quieres que me vaya?-pregunté.-¿Quieres que me largue? ¿O quieres que me quede? aún puedo darte más Beauty.-besé su cuello y la arropé con aquellas sábanas.-Dime ¿qué tengo que hacer para que dejes este sitio? no es tu sitio. Y si me lo dices te juro que te dejaré ser libre, tan sólo te pediré a cambio que me dejes cuidarte como se cuidan los amigos... y buscarte un buen empleo en una de mis empresas.-la tomé del rostro y la miré bien a los ojos.-¿Sabes quién soy Beauty?

Se veía agotada y con la mirada nublada, tan sólo acarició mi rostro delineándolo. Parecía estar en un sueño, como si aquello que acabábamos de hacer fuera una fantasía. Ella era mi sueño, era la isla de los sueños donde había desembarcado para ser un adolescente por siempre jamás.

-No puede...-murmuró.-No es por el dinero, sino porque no puede.-respondió sentándose sobre mi vientre, sin taparse con la sabana. Me dejó ver aquel cuerpo de sirena, mis manos no se quedaron quietas y acaricié su cintura. Era tan hermosa que parecía sacada de la fantasía de cualquier hombre. Mis manos quedaron finalmente sobre su rostro, notando sus calientes mejillas.-Soy mercancía... un objeto.-frunció el ceño intentando tal vez explicarse.-Vivo aquí...-hizo un leve quejido de incomprensión o más bien de desear ser comprendida, aún el idioma no lo manejaba del todo.-Lo siento.-aún estaba agitada, pero su semblante se volvió un ruego de desesperación.-No se marche.-susurró.-No quiero estar con otros.-aquello me hizo sentir satisfecho, había logrado que ella también quisiera estar conmigo.-Me lastiman.-indicó que le dolía, porque quizás la trataban como un juguete sin vida. Acomodó sus cabellos y eso hizo que su figura fuera aún más erótica.

-No, no me voy a ir sin ti.-dije acariciando su rostro tan sólo con la yema de mis dedos.-Deja que haga una llamada... sólo una y veremos si siguen negándote la libertad.-la pegué a mí y besé su frente.-No eres mercancía... grábate eso a fuego en tu mente o en tu alma.

Me incorporé hacia mis pantalones y busqué mi móvil, a ella la dejé recostada en la cama. No quería que se moviera demasiado después del sexo, ya que terminaba con sus piernas temblando y con su cuerpo agotado.

Encontré el móvil en uno de los bolsillos de mi abrigo. Entonces volví a por ella y marqué el número de Kamijo. Eran las doce de la noche, las doce pasadas, pero él sabría que era emergencia.

-¿Sí?-su voz sonaba agotada.

-¿Te agotó Rose o el trabajo?-dije riendo bajo, mientras acariciaba los cabellos de aquella sirena rusa.

-El trabajo... a Rose la agotó el bebé... ¿qué quieres? no son horas para llamarme... y decirme si me agota mi pareja.-parecía molesto, a veces tenía mal despertar.

-Necesito un favor.-respondí rápidamente, no quería que me colgara.

-Habla.-su tono de voz se volvió inquieto, lo pude notar en tan sólo una palabra.

-Tengo a una hermosa amiga encerrada en una jaula oscura... llena de brujas que vuelan sin escoba... y me pregunté si el gato con botas me podría ayudar.-lo expuse como si fuera un cuento de hadas, a veces era perfecto para hablar en clave.

-Dios, deja de llamarme así... ¿quién empezó con ese juego?-dijo aún en tono molesto.-¿Qué chica? ¿Dónde?

-Club pet sex, se llama Beauty y créeme hasta tú me darías la razón.-hice un inciso breve para que saliera de su asombro, o tal vez no. Él sabía que yo podía acabar en esos antros.-No es su lugar. No merece estar aquí. Es amiga mía, la quiero fuera.-él suspiró pesado de inmediato.

-Sho irá para allá con Yoshi... el dueño es un cretino que nos debe dinero... y lo detesto...

-¿Armas?-interrogué.

-Sí... así que espera que lleguen... los aviso ahora.

Colgué y la abracé pegándola contra mí. Quería cuidarla, no deseaba verla dañada por idiotas que no sabía ni que era una mujer. Creo que en ese preciso instante me convertí en su fiel guardián, en alguien que únicamente quería tocarla con caricias y poder oír su tímida risa como si fuera imaginaciones mías.

-En una hora serás libre... ahora descansa y deja que te cuide.-más o menos podían tardar eso en organizarse, eran rápidos para ponerse en marcha.

No sabía qué tretas iban a usar esos dos, pero me suponía que no unas agradables. Sólo rezaba porque le jodieran, era un maldito hijo de puta. Yo mismo quería cruzármelo y romperle la cara, quedarme satisfecho de hacerle una nueva y que ni su propia madre pudiera reconocerlo.

Se aferró con fuerza a mí, temblaba de euforia. Podía notar su asombro y también su felicidad. Era una niña que expresaba sus sentimientos con todo su cuerpo, una mujer perfecta y preciosa que me hacía amarla sin reservas.

-¿Cómo pagaré? ¿Cómo?.-en ese momento guardó silencio.-Mi ropa... Mis cosas... Empacar.

-Eso déjaselo a esos dos tarados, cuando vengan que colaboren.-dije levantándome.-Por ahora vistámonos y tomemos lo esencial.-comenté antes de buscar mi camisa y mi corbata.-El pago ya te lo dije, un trabajo normal y nada más. No es tu sitio, el de las otras quizás... pero tú, no... aquí no puedes estar.

Me vestía intentando pensar qué hacer, primeramente que descansara en mi casa y luego le alquilaría algo para que fuera más autónoma... que lo hiciera con su primer sueldo. De secretaría estaría bien, necesitaba una ahora que me dedicaría más a mis negocios y podría controlar que nadie la molestara.

Cuando estaba totalmente vestido el nuevo actor del teatro de Kamijo, su nueva estrella mediática, abrió la puerta con aquel aspecto de pirata alcohólico. Nos miró fijamente y dejó que Sho, uno de los sobrinos de Kamijo, pudiera pasar.

-¡Es aquí!-gritó hacia el pasillo.

-¡Pero si se están vistiendo! ¡Te dije que llamaras!-lo agitaba como si fuera ligero como una pluma.-¡Idiota! ¡Mierda! ¡Debiste quedarte en el coche!-entonces se giró hacia nosotros y se quitó la mascarilla de cuero y chapas.-Si nos disculpan.-sonrió forzadamente.-Os esperaremos fuera.

-Espera Sho.-dije serio colocándome los gemelos.-Necesita que le den sus cosas... dile a Yoshi. No quiero que se queden con nada suyo.

-Trato hecho viejo Cheshire... vamos inútil.-tiró de Chris, el actor de malos modales, casi arrastrándolo por el suelo. Yo simplemente cerré la puerta y suspiré pesado.

-Ya has oído, en marcha.

Asintió tomando sus cosas revueltas en la cama, también a los pies de esta, para colocárselas con cierto encanto, ese encanto femenino que tan loco me volvía. Pude aproximarme a ella y hacérselo de nuevo, era demasiado tentador todo aquello.

Cuando se levantó cayó al suelo, sus piernas temblaban. A veces no me controlaba lo suficiente, hacía que ella se quedara extenuada, que no adolorida. Se marchó como pudo hacia la puerta, pero terminó siendo abofeteada como si fuera un resorte. Aquella estúpida estaba esperando verla aparecer en el pasillo.

-Aunque te marches, seguirás siendo una puta, eso no lo olvides.-esos aires se los bajaría, porque Beauty se quedó callada.

Tomé a Beauty entre mis brazos y fulminé a esa maldita desgraciada. No tenía otro nombre que el de hija de puta o zorra deleznable.

-Ella no es una puta, tú sí... hasta el día en el cual mueras.-entonces la miré fijamente.-Vuelve a tocarle un sólo pelo a Beauty y te juro que te arrepentirás toda tu pútrida vida... zorra.-cerré la puerta antes que pudiera replicar nada.

Senté a Beauty en la cama y miré la herida, sin pensarlo saqué mi pañuelo y limpié la sangre. Dejé el pañuelo sobre su mejilla y puse su mano contra él. Me comportaba como un padre, pero no lo veía de ese modo. Tal vez ella en parte sustituía esa protección que Miho no dejaba que sacara, y a la vez ese amor que quería ofrecer a alguien. Era tan vulnerable que me hacía tiritar deseándola.

-Esto lo curaremos mejor en mi casa, te quedarás conmigo hasta que consigamos un piso en alquiler para ti ¿estás de acuerdo?-pregunté acomodando sus cabellos, el bofetón incluso la había despeinado.-¿Cual es tu ropa? ¿está en este armario? Dime, lo iré metiendo yo en bolsas o como sea... aunque puedo comprarte ropa mejor que la que hay aquí, tengo un amigo que deja todo a precio de saldo.

Señaló mi armario mientras asentía. Estaba ida, parecía volver a su nebulosa de dolor. Terminó de ponerse la demás ropa, lo hizo de forma cuidadosa porque aún seguía cansada y también porque estaba preocupada.

-Quiero irme... Por favor.

-Bien, nos llevamos tus joyas y este peluche.-dije metiendo los pocos recuerdos en una bolsa.-Yo te compraré ropa ¿de acuerdo? los amigos se ayudan.

Sonó la puerta y a continuación entró Yoshiki vestido con esas ropas tan inusuales... Parecía una chica, salvo en su forma de caminar. Se aproximó a ella inspeccionándola, miró el arañazo y suspiró pesado.

-En mi coche hay para curas, tengo botiquín.-dijo para tomarla del rostro y sonreír.-Sí que eres bonita... y tienes una mirada preciosa. ¿Te ocupas de ella Atsushi?-preguntó y yo sólo asentí con un gesto de mi cabeza.-Voy fuera, en el coche me espera ya Chris... Sho os escoltará.

-Arigato.-dije aquello y él sonrió.

-No hace falta que des las gracias.-se arrojó a mis brazos realizando ruidos extraños.-¡Pero sabes darlas! ¡Eres un viejo agradable!

-¡Oye! ¡Mocoso! ¡Deja de molestarme!-grité apartándome de él.-Me vas a pegar tu colonia a la ropa.

-¿Insinuás que tengo mal gusto?-preguntó frunciendo el ceño y sacó el abanico para golpearme.-Os espero fuera.-antes de salir me sacó la lengua y yo simplemente suspiré pesado.

-Vamos, tenemos que ir con esos majaras.-comenté tomándola de la cintura.-¿Puedes caminar bien?-dije sonriendo al ver que la herida se curaba.

Gracias por su lectura

Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt