Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

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domingo, 29 de mayo de 2011

Dark City - Capitulo 20 - Lluvia de Sangre - I


Capítulo 20

Lluvia de sangre.

La fecha más romántica del año estaba por llegar. Beauty se veía cada vez más hermosa, o al menos así parecía. Apenas compartíamos momentos cotidianos próximos a ser una pareja, pero no me importaba con tal de poderme sentar a contemplarla jugando con mi hijo. Me controlaba el deseo de abrazarla, besarla y hacerle el amor allí mismo.

Jun me preguntó más de una vez si Beauty era su madre. Él se sentía orgulloso que sus amigos pensaran que tenía una. Yo no sabía como explicarle cosas que ni un adulto puede llegar a comprender.

El año parecía empezar como acabó, con cambios. Incluso en mis empresas. Algunas de ellas las tuve que cerrar en países como Portugal o Grecia, estaba teniendo perdidas y no me interesaba. Vendí las fábricas y redistribuí a los trabajadores, ayudé a jubilarse anticipadamente a aquellos que ya tenían la edad suficiente e implanté el sueldo dependiendo de la productividad. Aunque esto último sólo en países en los cuales se podían usar estas tácticas y eran bastante escasos. Con esas carambolas perdí muy poco dinero, incluso encontré un filón comprando y vendiendo acciones.

Era un día como cualquier otro, un diez de Enero, en el cual le di dinero a Beauty para que saliera a pasear y de compras de rebajas con Megumi y Rose. Ella necesitaba presencia femenina, amigas que le hicieran olvidar su pasado y la hicieran fuerte en el presente que vivíamos.

Me quedé arreglando informes de la empresa. Jun estaba jugando en mi despacho. Imitaba mis movimientos, decía que era el jefe de una empresa de juguetes y estaba dibujando el próximo juguete. Era feliz imaginando, imitando y sobretodo siendo un niño. Su vida había sido completa y él ni se daba cuenta, sólo quería crecer y dejar de ser un niño... quería jugar a cosas que eran un quebradero de cabeza para los adultos.

Pasaron unas cinco horas, se había ido muy temprano y empezó a parecerme extraño. Le dije que me llamara si no venía a tomar el almuerzo y no lo hizo, así como no lo hizo en la hora del café. Llamé preocupado a Kamijo esperando no parecer histérico, pero el histérico era él.

-Kamijo te llamo porque...

-¿Está ahí Rose? ¿Megumi? ¿Alguna de las dos? Mario me llamó hace rato y dice que lleva como una hora intentando contactar con su mujer y yo llevo lo mismo con la mía. No consigo saber dónde están. Mis hombres dicen que hace rato que no dan con ellas.

-Llamaba para preguntar lo mismo. Le dije a Beauty que llamara si no venía al almuerzo, pero no lo ha hecho. Me ha parecido raro, sin embargo pensé que se acordaría en la hora del café. No quería atosigarla y que pensara que era demasiado protector.-me masajeé la frente e intenté buscar en mi cabeza lugares donde podían estar.-Recogedme, vamos a los grandes almacenes y buscaremos nosotros mismos a las chicas.

Pasada media hora tenía a Kamijo en mi puerta, llamando como si se lo llevaran los demonios y mucho más pálido que de costumbre. Mario ocultaba tras sus enormes gafas oscuras, y su pelo mal peinado, su preocupación. Yo simplemente me había vestido de forma cómoda, porque me pasaría el tiempo que fuera entre locas por la moda y desesperadas por un cappuccino para reponer energías.

-¿Dónde puedo dejar a Jun?-pregunté a Kamijo.

-He dejado a Camil con Teru, puedes dejarlo con él.-dijo con un hilo de voz.-Tiene un hijo un par de años mayor que tu hijo, se divertirán.

-Yo ir a buscar a mami.-dijo aferrado a mí.-Mami me dijo que me compraría un peluche.-su conejo estaba entre ambos, el conejo que le regaló Yutaka.-Pero yo le dije que no hacía falta, entonces me dijo que me compraría dulces... estará comprando mis dulces.

Mario tomó a Jun que rompió a llorar, sobretodo cuando lo metió en una furgoneta y dio una dirección. Ahí fue cuando se quitó las gafas mostrando sus ojos enrojecidos. Se mantuvo al lado de Kamijo y este entonces lo dijo.

-Creemos que puede ser el golpe maestro del clan Sakine.-murmuró.-Lamento que Beauty se vea involucrada, así como Megumi y Rose, ellas no tienen nada que ver en esta lucha por el territorio de esta ciudad.-apretó los puños.-No vamos a buscarlas por los grandes almacenes, vamos a buscarlas a nivel nacional. Te necesito para que colabores con nosotros.

Me quedé en silencio. Estaba paralizado. Creo que no podía mover ni un músculo. Ni siquiera para tranquilizar a Jun que se marchaba en la furgoneta, llorando. Entonces la rabia la liberé de la única forma que encontré y fue llorando. La rabia, la ira, la desesperación, el dolor tan terrible que me habían causado... era tanto que me desbordó.

-¿Cómo sabéis eso?-dije intentando secarme las lágrimas con mis manos.

-Mientras veníamos hacia acá hemos estado viendo videos de vigilancia, vimos una tienda de té y pastas que cerró con ellas dentro.-comentó Kamijo manteniéndose firme.

-El cabrón de Dorian Lambert estaba allí, haciéndose el tullido y golfo esposo de la desgraciada de su compañera de jugarretas. A ambos les tengo ganas, pero más que nada a él.-ahí apareció en moto uno de los hombres de Kamijo, su batería en la banda que estaba formando como tapadera de sus actos delictivos y también por puro placer.

-¡El tráfico!-exclamó dirigiéndose hacia nosotros.-Vamos coño, que yo haré que aparezca ese cabrón. Me ha destrozado el cuerpo hace unos meses porque estoy con la hija del capullo de Sakine.

-Así que tú eres Yuki.-dije intentando hacer memoria, pero tenía la cabeza en otro sitio, sin embargo acerté.

-Yuki, sí.-dijo sacando un papel.-Aquí tengo los informes de los vuelos que han salido hace unas horas. Por si las moscas, pero hay varios vuelos privados que ni de coña te van a decir donde van. Sobretodo si son de Sakine.

-Atsushi, dime que podemos pasar a tu casa.-comentó Kamijo.-Necesito algo para calmarme, aunque sea agua.

Permití que pasaran, los tres nos sentamos a esperar. Estábamos seguros que pedirían rescate. Si bien, no estábamos tan sólo esperando. Kamijo no paraba de mirar su teléfono último modelo, de mandar mensajes y recibir llamadas. Estaban rastreando cada paso. Sin embargo, había muchos cabos sueltos.

Pasamos horas discutiendo qué haríamos si encontrábamos a las chicas, o qué pasaría si agarrábamos a esos dos. Mario decía que deseaba matarlo. Pero, Kamijo dijo algo que me destruyó aún más su imagen de ángel.

-¿No va de parásito cojo y tuerto?-interrogó.-Demos realismo a su disfraz.

Aquello me hizo sentir escalofríos, sin embargo era algo de esperarse. Todos estábamos deseando destrozar a ese maldito. No sabíamos cómo o dónde se encontraban, pero nada más lo supiéramos ese infeliz dejaría de estar a salvo.

Mario puso su fotografía sobre la mesa. Admito que me quedé en silencio durante varios minutos contemplando sus facciones. Parecía un caballero de otra época, podría decirse que se parecía al dichoso Dorian Gray. Un hombre con encanto propio. No comprendía bien porqué hacía todo aquello, tal vez por la ambición que brillaba en su mirada. Momentos después dejó a su lado la fotografía de una joven que me resultó familiar, después supe por su conversación que era cantante de un grupo de rock y metal inglés. Ella era Elizabeth, su compañera de juegos macabros. Sin embargo, en ella no veía la maldad que emanaba del joven sino más bien una profunda melancolía.

-¿Sucede algo?-preguntó Kamijo al ver que no decía nada, ni siquiera asentía a todo lo que planeaban. Estaba como en otro mundo, muy lejos de allí, imaginando su forma de hablar y caminar e intentando comprender sus motivos. Si bien, como pude saber después en la mafia no se necesitan demasiados motivos, tan sólo una orden de un superior.

-No, nada.-me apresuré a responder.-Tan sólo estoy preocupado.

Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt