Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

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viernes, 21 de diciembre de 2012

Vida




Sakura es un Oráculo de Marte en Beyond Hell, está representado por la imagen de Atsushi Sakurai. 

María Soledad y María son dos usuarias de Beyond Hell que tienen personajes con un vínculo especial con Marte. Soledad es la nueva esposa de uno de los doce Oráculos que sobrevivieron a una gran tragedia. María lleva a Ha Neul, una Oráculo. 

He decidido que mi regalo fuera un poema dedicado a ambas, con cierta referencia a Marte y su tragedia. Espero que os guste. 
Que paséis felices fiestas


Vida

Noche oscura de cabellos de plata,
la sangre de nuestros labios será un pacto.
La naturaleza nos asecha entre las brumas.
¿Podéis sentir el cántico de las flores?

Las últimas lágrimas que acarician mis mejillas,
las últimas que rozarán mis labios de profeta.
Mi alma se estremece y la luna brilla,
brilla solitaria y dramática en la noche de la lanza.

Una campana por cada muerte,
una oración por cada sueño difunto.
¿No lo ves? ¿No lo sientes en tu piel?
Es la caricia del melodramático viento.

Versos de dolor en letras temblorosas,
te recuerdo vivamente como si estuvieras viva.
¿Esperanza? ¿Virtud? ¿Honor? ¿Orgullo?
¡Dónde fuisteis mis dulces musas utópicas!

Danzaré por los aires, buscaré en el futuro
y quizás te halle cantando una vieja canción de guerra.
Alza tus brazos, mi querida vida...
¡Elévalos! Porque tus hijos te esperan


jueves, 13 de diciembre de 2012

Versos convulsos



Mis fríos y huesudos dedos contra tu cuerpo,
frágil, tan quebradizo, como la escarcha,
se hundían en tus magullados pómulos
mientras mi lengua buscaba la verdad de tu boca.

Una melodía fúnebre surgía de mi corazón,
el último adiós, quizás, de mi felicidad.
Me envolvía en el humo de tu cigarrillo
y el alcohol de mi whisky solo.

Mis fríos y huesudos dedos marcaban el ritmo,
desaté las cuerdas de tus muñecas y caíste.
En mis labios un murmullo compuso el himno
de las notas de un piano lejano y triste.

Eres la viva imagen de la amargura,
una muñeca rota que cayó en locura.
Eres la mujer que creé para amar,
la Eva que surgió para mi, Adán.

El frío del invierno cubre tu cuerpo de flor,
admiro la tenacidad de tus mejillas y su rubor.
La melodía fúnebre de mis fríos dedos
son las caricias de un hombre que aún te ama.

La última noche en la tierra del quizás,
el mañana tal vez y el quiero pero no puedo.
Mi último deseo que se desvencija y cae,
lo último que no puedo darte.




Fotografía: Atsushi Sakurai
Poema: Versos convulsos
Autor: Ángel González


No, no estoy mal. No, mi novia sigue a mi lado. No, no es algo que pueda explicar. Simplemente surgió.
Bajo derechos de autor y licencia en Internet LCC y SC


jueves, 17 de noviembre de 2011

Tears for you - Capítulo 16 - Mentes diáfanas. (Parte VII)



Esta canción va dedicada a mi Louise.

Reparto mi personalidad entre varios personajes, la rompo como si fuera una tarta y reparto las porciones... Kurou, Yoshiki, Atsushi y Mario se llevan buenos trozos junto a Paulo y mi propia imagen en Kuroi.

Este trozo se lo regalo a mi bella Louise.




Mientras dibujábamos cantaba una canción que había escuchado en la radio, era del señor Sakurai y su grupo. Era movida, bastante divertida, y a la pequeña le hacía reír. Ambos reíamos mientras dibujábamos como si aquello fuera nuestro momento, el momento de olvidarnos del mundo y ser felices. Olvidaba la tarde del día anterior, todas mis preocupaciones y el sentimiento de impotencia. Sólo pensaba en lo preciosa que era, en lo perfecta que parecía, y en los colores a usar para esas cartas.

“Un gato flor que baila tango
en los jardines de las Hespérides.
El dragón de Kyushu escupe mariposas
que una vez naufragaron en tu estómago.

Love, se ha cansado de latir
para que tu reloj no se pare.
Hate, ha decidido venir
sin que nadie le guarde.

Magia extraída de los ojos de un niño
mientras las notas musicales bailan,
y todo eso cuando tú y yo lloramos
mientras reñimos en un beso.

Poema, poema para el recuerdo.”


Estábamos tan ensimismados que no nos dimos cuenta de la hora, cuando pude darme cuenta eran casi las tres de la tarde. Aún andábamos en pijama y con el pelo revuelto, parecía que acabábamos de despertar. Bajamos para almorzar, mientras Kurou seguía en el despacho. Había almorzado allí, lo sabía por la bandeja vacía en su puerta.

Después del almuerzo tuvimos visita, más bien, terminaba mi café con ella dormida en mi regazo cuando él se presentó. Era Mario, vestido de la forma más informal posible. Sus pantalones de cuero, sus botas de rockero alcoholizado y su chupa que apestaba a whisky barato. Tenía los cabellos revueltos, barba de varios días y los ojos llenos de dudas. Sabía que después de haberse quedado sin futura esposa, sin su hijo y sin su padre todo de un plumazo le afectaba.

-¿Puedo pasar?-preguntó desde la puerta del salón.-Yosh, te necesito.

-Necesitas un maldito baño.-dije mirándolo fijamente.-¿Dónde demonios has estado?

-En el infierno, así se llamaba el bar.-dijo palpando su frente.-Tengo algo en mi mente que me ahoga, bueno no sé si me ahoga o sólo me da más dolor que esta maldita resaca.-murmuró antes de quedar de rodillas, para sentarse allí mismo apoyando la espalda en el marco de la puerta.-Yosh, tienes que ayudarme.

-Kamijo es quien mejor te conoce, yo sólo sirvo para burlarme de tus desgracias.-dije soltando la taza en la mesilla auxiliar.-Recuerda, que me burlé de ti cuando dijiste amar a esa estúpida. También me reí bien de ella imitando mi mejor sonrisa, intentando que no supiera cuanto la despreciaba y como quería matarla con mis propias manos.-murmuré acomodando mejor a la pequeña entre mis brazos, arropándola con una pequeña manta que había pedido a Sebastian.

-Si le digo todo lo que me pasa me manda a echar, ya tiene bastante con su.-se quedó pensando las palabras exactas. Aún le costaba ese idioma, su pronunciado acento italiano y su desmemoriada cabeza le hacía quedarse en silencios largos, intentando ordenar todo en su cabeza.-Con su vida cargada de problemos.

-Problemas.-indiqué.

-Eso.-se arrastró prácticamente hasta la mitad del salón, para quedarse tirado con los brazos en cruz.-Necesito consejo.

-Repito que necesitas una ducha, un café cargado y no regresar a ese bar. Mario, tienes casi cuarenta y cinco años.-fruncí el ceño.-No es para que te comportes así.

Puso su dedo índice sobre sus labios y susurró, mandándome a callar claramente. Ni él ni nadie quería recordar los años que tenían a sus espaldas. Era un hombre adulto, no un niño. Tenía una gran responsabilidad con sus hombres.

-He conocido a una chica.-dijo al fin.

-Dirás a una mujer, las chicas son adolescentes y las de tu edad son mujeres.-murmuré sonriendo de lado, simplemente amaba molestarle.

-Tiene diecinueve recién.-se llevó una mano a la frente.-Recién cumplidos.

Siempre había sido un irresponsable y enamoradizo. Había conocido mujeres muy diversas, todas unas frescas que buscaban lo de siempre. En cuanto sabían que tenía dinero caían en sus brazos, y esa maldita estúpida de Megumi no fue muy distinta. Sin embargo, nada más saber de dónde venía el dinero terminó atormentada y salió por patas. Mujeres que no aguantaban los peligros de estar con uno de los mafiosos más importantes de Italia, aunque pareciera un viejo rockero que se dejaba asesinar con trajes caros.

-Felicidades, has vuelto a las andadas.-respondí.-¿Quieres un premio?

-No puedo.-dijo incorporándose para mirarme.-No puedo tocarla, no puedo ya sabes.

-¿Ahora tienes miedo escénico?-negó con la cabeza, aunque se llevó las manos a ambos lados.-¿Entonces?

-No es impo.-murmuró.-Impo.-se rascó la mejilla y luego suspiró largo.-Impotencia.-me miró fijamente a los ojos y sonrió como un maldito idiota.-Quiero cuidarla, quiero amarla, quiero entregarme pero el miedo me puede y siempre termino marchándome cuando vamos a empezar a.-dijo levantándose como pudo.-Cuando vamos a empezar a tener sexo.

-¿Cómo es?-pregunté con cierta curiosidad en mi tono de voz, así como en mi rostro. Estaba deseando que me dijera qué clase de quimera había conocido ahora.

-Sus labios son gruesos, siempre están rojos porque suele morderlos. Sus ojos son pequeños zafiros, mira muy intensamente, y sus pestañas son largas y rizadas. No usa maquillaje, sólo para ocultar las pecas que tan poco le gusta y que yo.-susurró nervioso buscando la palabra.-aprecio.-añadió esbozando una sonrisa triunfante.-Su cuerpo es pequeño, diminuto. Sus cabellos son largos, sedosos y castaños. Se llama Louise, se llama así.-se puso en pose de tocar el violín.-La conocí tocando, en plena calle, bajo un toldo.-hacía gesto de uno de esos toldos amplios donde la gente se resguardaba.-Su violín y la lluvia intensa era increíble... magia.

Imaginé la escena que él me ofrecía, igual que una chica de tamaño menudo y rostro de ángel. Él siempre tenía buen gusto en cuanto a físico, pero después eran unas víboras cuando conocías sus almas. A mis sentidos vinieron el aroma a lluvia, la tierra mojada y el asfalto tenían un perfume sutil, así como el frío que suele acompañarla mientras el violín gemía el “Trino del Diablo”. Camisa blanca, abrigo negro largo, botas enormes para sus pequeños pies y una falda larga mal remangada para que no se mojara su borde con los charcos. Sus guantes no tenían funda en los dedos, para así tocar. Su cabello estaba mal recogido, mientras sus ojos cerrados expresaban más que cualquier mirada intensa. Una pequeña hada iluminando una calle desierta, sólo recorrida por un loco y algún que otro idiota que corretea a buscar refugio.

-¿Y qué deseas entonces? Tómala, hazle el amor y olvídate de todo.

-¿Y si la daño? ¿Y si se va?-preguntó golpeando el suelo.-No quiero que se vaya.

-Si no te arriesgas no ganas, eso tenlo claro.-murmuré antes de mirar a Anne, dormía ajena a todo.

-Es como una luciérnaga, ilumina mi camino sin deslumbrarme y con cierta.-chasqueó los dedos.-nitidez, calor, dulzura, magia... no.-se llevó la mano a los labios y después sonrió.-belleza, con cierta belleza. Porque es muy bonita, muy bonita.

-Y tú estás muy borracho, pero que muy borracho.-indiqué.-Llamaré a Kamijo, para que venga alguien a por ti y te lleve a tu apartamento.-me levanté con la pequeña entre mis brazos.-Hablamos mejor otro día ¿de acuerdo?-dije quedando frente a él.-Cuando estés fresco, ahora todo lo que digas puedo usarlo en tu contra.

-¿Cómo hizo Kurou?-preguntó mirándome con esos ojos llenos de ruego.-¿Cómo?

-¿Has olvidado cómo enamorar a las chicas?-respondí.

-Distinta.-balbuceó.-Es distinta.

-Él me enamoró siendo él, no necesitó trucos. ¿Quieres que te ame de verdad? Se tú. No necesitas ser demasiado galante o un experto en música clásica, sólo tienes que ser tú. Si eres tú y termina amándote felicidades, porque has encontrado el verdadero significado del amor. El amor viene y no se va si uno es sincero, si miente desde el principio puede perder todo.-suspiré pesado, antes de abrigar más a la pequeña con aquella manta.-Olvídate de sus años, de lo hermosa que es, y no temas. Sólo ten en mente cuánto la quieres y tu deseo de cuidarla, si ella nota eso y no tu fascinación por su belleza te amará. Pero antes tienes que desnudarte, aunque no hablo de manera física sino tu alma.-me incliné mirándolo.-Es complicado, porque todas las furcias con las que has estado ha sido por tu dinero y no porque realmente te amaban. Aunque te diré, Sofía te amó como nunca.-abrió los ojos grande, tan grande que creía que los echaría de sus cuencas.

Sofía era una amiga que tenía como una prima, una chica que cuidó toda su vida, y que él mismo llevó al altar. Una chica diez años más joven que él, una rosa con aroma a clavel y azahar. Increíblemente salvaje y hermosa. Ella se enamoró como una idiota, pero él jamás se dio cuenta. Yo no era quién para meterme en sus líos. Poco a poco pasaron los años y ella se enamoró de otro chico, el cual la hace muy feliz y la ha llenado de hijos.

-No lo sabía.

-Tú qué vas a saber, si eres un idiota que siempre la vio como una prima o hermana. Si incluso decidiste ser el padrino de su boda, aunque ya no te amaba.-entrecerré los ojos.-Eres un torpe borracho que en pocos años cumplirá cincuenta, con una ex-pareja estúpida y un niño que no te dejan ver. Has elegido siempre mal, muy mal, esta vez permite a la chica que te elija a ti. Si es tan bohemia, tan encantadora, no se acercará a ti con motivos ocultos sino más bien pasionales.-me quedé mirándolo con cierta ternura.-Y si llega el momento de darle algo más que besos y canciones de rock, tras cada trago de whisky que te eches.-susurré antes de girarme y echarme a caminar.-No importa la edad, aunque te saque tantos, sino las emociones.

-Grazie.-balbuceó.

-Ahora por favor, levántate de mi suelo y vete a tu casa para que te den una ducha. Y no vuelvas a presentarte así delante mía, menos cuando tengo a la niña en mis brazos o junto a mí. No quiero que le des mal ejemplo, quiero que piense que su tito Mario es un hombre decente, no un borracho.-sonreí suavizando mis palabras, para que no sonaran tan bruscas.-Aunque seas un borracho adorable y enamorado, eso no quita que me moleste. Buenas tardes, señorito Fiorelli.

domingo, 30 de octubre de 2011

Tears for you - Capítulo 12+1 - El baile de los malditos (parte IV)





Después de aquel espectáculo tocaba que mi hermoso sobrino Yura interpretara una pequeña canción, era una de tantas que parecía más un poema. Se movía de forma graciosa por el pequeño escenario improvisado. Los pequeños se llenaban hasta los bolsillos de caramelos monstruosos que había adquirido mi hermano. Los más adultos conversábamos mientras escuchábamos tocar a Kamijo al piano, mientras él fascinaba a su actual amante. Si bien, todo quedó en silencio cuando aquellos dos aparecieron.

“Y un ángel me cantó al oído,
o quizás era una mariposa de alas blancas.
Sólo recuerdo su belleza y su calma.
Mi ángel, por favor regresa a narrarme
esas historias tan intensas de nubes de algodón,
de dragones en mazmorras y de príncipes sin armadura.
Por favor, quiero que me guíes por el tallo de una flor,
y me digas si contiene veneno de amor.
Mi mariposa, quiero que regreses a mis manos.
Necesito volver a sentir el aroma de tus alas,
sentir esa alma bailar de puntillas sobre mis labios.
Canción de cuna para moribundos,
rapsodia para la bienvenida a este mundo.”

-No sabía que gimieras tan bien.-susurró el señor Sakurai completamente descarado.

-Gomez, sabes tan pocas cosas de mí querido.-respondió algo rojo, para correr a sentarse a su lado.-Eres un capullo.-logré escuchar.

Una vez estando todos en el salón, decidí a tocar. No tenía nada planeado, pero cuando Kamijo me vio frente a él con una enorme sonrisa se apartó. Sabía bien que el piano me hacía feliz y que amaba demasiado poder tocar ese instrumento. Al sentarme observé las teclas, eran idénticas a las mías pero era de un piano mucho más antiguo. Volví a tocar gracias a este piano, me había negado el hacerlo hasta que él supo de mi don y me obligó a reencontrarme con mi gran amor.

“Atracción hacia los cuentos de hadas,
esos mundos donde todo es posible.
Los sauces sonríen y los gatos hablan.
Sé que los humanos somos guardianes
de poemas que no fueron cantados.
Bailarinas con faldas de flores silvestres,
cayendo desplomadas hacia la melodía...
Tócame una sonata en este claro de Luna.”

Mis dedos se movieron rápido con una melodía repleta de nostalgia. Parecía que mi alma era quien dictaba el paso de mis dedos, uno a uno, por las teclas de aquel hermoso piano. Mis ojos estaban cerrados, mis labios comenzaron a murmurar un poema que surgió de la nada.

“Libertad. Suena bien.
La libertad que no sentí,
cuando podía tocar tu piel.
Libertad. Melodía melancólica.
Ebrio tirado en un bar,
añorando su bebida alcohólica.
Libertad. ¿Qué es eso?
Nostalgia en el valle de sombras.
Dormiré para no ser preso.
Poesía, poemas desesperados.
Canciones, nanas olvidadas.
Caminaremos hacia la libertad,
lloraremos hasta el ocaso.
Flores de fantasía germinaran,
lo harán en las cuencas de nuestros ojos.
Podremos alcanzar la utopía,
habremos vencido al fracaso
y volaremos hacia la fantasía.
Libertad. Suena tan bien.”

Mi alma se dejaba ir, bailaba a su ritmo aunque fuera diferente al resto. En mi mente llegaron imágenes de toda una vida, miles de sensaciones. El aroma a manzanas de caramelo me recordó a mi infancia, la más dulce, y las risas de fondo de los niños me trajo a la mente que ellos son libres. La verdadera libertad está en la imaginación y la inocencia, cuando se pierde uno puede darse por muerto en prisiones demasiado aterradoras.

Al acabar noté a mi pequeña Anne tomarme de una de mis manos. Me miraba entusiasmada. Yo simplemente sonreí antes de tomarla en brazos. Ella estaba disfrutando de una vida familiar intensa, cuando Kurou siempre la tuvo apartada de todo. Estuve sentado al piano el resto de la noche, cantándole a ella aunque todos me escucharan.

Mi esposo nos observaba desde una esquina. El resto se fue marchando. Algunos se despidieron, otros por no molestar. Mi hermano me llamó besando mi mejilla, mientras acariciaba los cabellos de mi dulce Anne.

-Vámonos.-dijo Kurou quedando apoyado en el piano.

-Espero que mañana no te levantes con dolor de estómago, pequeña.-comentó mi hermano antes de alzar la vista hacia mi esposo.-Y tú deja de tener esos celos, aunque te hacen muy adorable por como los demuestras.-rió alto mientras tocaba uno de sus hombros.-¡Ah Kurou! Nunca vas a cambiar.

-Kamijo, tengo sueño.-escuché decir a Arthur, su amante.-¿Puedo quedarme a descansar aquí?

-Claro.-respondió antes de besar su frente.-Ve arriba, yo me termino de despedir de mi familia.

Así sucedió. Él se despidió de los tres, nos ayudó a guardar todos los dulces de la pequeña en una bolsa especial con hadas que bailaban entre nenúfares. Era una pintura apropiada al gusto de mi hija, también al mío. Para nosotros simplemente nos regaló una pequeña bruja. Según dice cuando se regala una la suerte acompaña a esa persona, o se instala en la casa donde luzca.

Cuando nos montamos en el vehículo decidí hacerlo atrás, nunca lo hacía. Me senté cómodamente con ella en mis brazos. Sabía que no era la mejor forma de llevarla, pero no quería apartarla de mi pecho. Mi manos jugueteaban con sus mechones, mientras ella bostezaba agotada. Era tan hermosa, tan pequeña y tan dulce que me hacía sonreír satisfecho en un mundo tan turbio y horrible.

En la radio sonaba un jazz sensual y cargado de nostalgia. Kurou conducía relajado, no quería llevar prisas en una noche que muchos habían bebido excesivamente. No era la mejor noche para ir en coche. Sin embargo, allí me sentía tan cómodo y como si estuviera arrojado a una felicidad deliciosa con sabores a infancia y chocolatinas.

-Duérmete pequeña hada, el bosque encantado será custodiado por el dragón y el gigante. Duérmete pequeña, descansa bajo una hoja de laurel. Mi hermosa pequeña hada, tan dulce como pícara.-susurré comenzando a cantar mientras reía bajo.-Kurou, cuando duerme es idéntica a ti.

-¿Por qué dices eso?-dijo parando en un semáforo.-¿Yo no la veo tan parecida?-comentó girándose hacia mí.-Parece más tuya que mía, no sé cómo demonio ha sucedido.

-Porque es rubia, tiene la piel clara además de suave, una linda boca rosada y suele molestarte tanto como yo. Por eso nos parecemos ¿verdad?-pregunté alzando la vista para clavar mis ojos en él.-Pero es tozuda, se sonroja, siempre quiere dibujar y ama las fotografías en blanco y negro. Es una niña calmada, que casi ni se escucha salvo cuando ríe de forma contagiosa o se molesta porque un sueño bonito se acabó. Tiene un carácter similar al tuyo, aunque tú suavizas todo detrás de una estúpida máscara.-se giró cuando dije todo aquello, muy rojo y confuso.-Sé que te molestas con la almohada cuando te despiertas en medio de un sueño bonito, te recuerdo que dormimos en la misma cama y soy tu esposo.

-¿Por qué te gusta siempre sacarme mis vergüenzas?-preguntó azorado.

-Porque eres encantador cuando sucede eso.

No hablamos mucho más, el resto del viaje fue en silencio. Él intentaba calmar su pudor y yo no reír demasiado alto, no quería que ella se despertara. Estaba tan hermosa aferrada a uno de mis collares, tan dulce soñando con algún hermoso lugar, que no quería mover ni un músculo. Cuando llegamos a casa fue una odisea bajar sin que ella lo notara.

Decidí que dormiría con nosotros, su cuarto aún no estaba terminado y no quería que estuviera entre cajas. Mi esposo siempre refunfuñaba, él quería que tuviéramos la cama para nosotros solos. Sin embargo, me sentía más tranquilo con ella aferrada a mí y con él rodeándonos.

Quité con cuidado su disfraz, el mío lo tiré por toda la habitación. Cuando colocaba su pijama murmuró algo que no comprendí demasiado bien, sólo sé que me hizo besar su frente y seguir quitando los apliques de sus cabellos. Kurou no paraba de murmurar que no era buena idea.

-¿Quieres dejar de quejarte?-pregunté.-Cuando la niña tenga su habitación allí dormirá, pero mientras ese cuarto sea una auténtica locura no. Además, quiero instalar una cámara de seguridad y mejores sistemas por toda la casa.

-¿Temes a Lambert?-un escalofrío recorrió todo mi cuerpo, desde la cabeza hasta la punta de los dedos de mis pies.

Lambert había conseguido secuestrar durante horas a Camil, prácticamente mató a mi hermano cuando fue a rescatarlo. También había estado en las oficinas centrales robando información. Era astuto con sus disfraces, por supuesto escurridizo y demasiado listo como para permitirse fallos. Parecía más una sombra, o un fantasma, que un ser humano normal y corriente.

-Por supuesto.-dije antes de abrir la cama para tumbarme con ella, bien pegada a mí.

-No te separas de ella, será imposible que te la quite.-susurró acariciando mis cabellos.

-Kurou, es mi hija y tengo miedo.-susurré tomando sus pequeñas manos para besarlas.

-Yo también lo tengo, pero debes darle tranquilidad o criaremos a una miedosa.-susurró antes de besar mi mejilla.-Yoshiki, por favor. No vas a disfrutar de la paternidad si a cada paso que da temes que se caiga, la roben o tenga miedo de unas sombras.-dijo mordisqueando mi hombro.-Yosh...

-Que sí, que lo sé.-arropándonos bien.-Pero dame tiempo, quiero tiempo para calmarme.

-Y el dragón rodeó a la pequeña hada, la aferró con tanta fuerza que se convirtió en polvo de estrellas.-susurró.-A la mañana siguiente esta regresó convertida en flor que no muere, tan hermosa como un ángel.-añadió haciéndome sonreír.-Y un día, de esa flor nació una hermosa mujer que con su baile y su voz angelical hacía soñar incluso a los villanos del cuento más cruel.

-Luego dices que eres patético para la poesía y que no eres capaz de crear arte.-dije girando mi rostro para ver el suyo levemente iluminado por la luz de mi mesilla.-Kurou, por favor.

-No voy a dejarte leer esos escritos, ni a regresar a la pintura. Necesito tiempo para volver a confiar en mis dotes, también valor para dejarte leer esas anotaciones.-besó mi frente y apagó la luz.

Aquella noche fue la más dulce de mi vida, pero no lo fue por los caramelos sino por mi familia. Esas personas que sin lazo de sangre aparente nos llamábamos, primos, hermanos, sobrinos... Amigos que se querían con tan fuerza que creaban una familia, un clan de asesinos que sólo muestran su rostro desde las sombras cuando necesitamos algo más que ingenio. Los amaba a todos.

sábado, 29 de octubre de 2011

Tears for you - Capítulo 12+1 - El baile de los malditos (parte III)



Imagen dedicada a mi dulce musa.
También quiero dedicar este tema a todos los que léis este blog.
Espero que os guste D, es uno de los personajes a los cuales más cariño tengo. Un hombre que sabe sacar partido a su "pequeño problema" y lo gasta a su favor. Un ángel con todas las de la ley. Un ángel gato algo cruel y muy sensual.
Marisol, sé que lo amas... disfrútalo.





El señor Sakurai se veía radiante, incluso hacía que todos nos fijáramos más en él que en mi hermano. Parecía un hombre completamente distinto lejos de la seriedad rigurosa que siempre había mostrado. Sabía que era un hombre adicto al espectáculo, que las actuaciones que realizaba eran como una poderosa máscara olvidando cualquier dolor. Sin embargo, podía ver en sus ojos que realmente estaba disfrutando y brillando con luz propia.

Pronto vi como soltó un potente silbido y como mi hermano dejaba de atender a su joven amante, y aún con este a su lado comenzó a tocar. Aquel hombre oscuro, pero de ojos cálidos y sonrisa algo entrañable, comenzó a cantar provocando que mi sobrino Sho chillara inesperadamente. Sabía cuánto amaba la voz de aquel misterioso personaje, el cual parecía salido de las mismísimas entrañas del infierno para cautivar a todo aquel que quisiera.

Sakurai tenía una carrera brillante en solitario, como cantante, y también era vocalista de una banda que se había reunido tras más de veinte años. Un hombre que hasta hacía poco era un serio oponente político, de mente cuadrada y de aspecto temible, había roto todos los esquemas y complejos para volver a ser esa pantera negra de regreso a su sensualidad, libertad y personalidad más extrema.

Kamijo deslizaba sus dedos en una alegre melodía, sin dejar de ser algo tétrica. Spider había conectado el equipo de música, para introducir los efectos necesarios para la actuación. Bou corrió a cambiar la intensidad de la luz, mientras Yuki lo vigilaba atentamente de forma paternal y con cierto deseo contenido en su mirada.

Aquel piano sonaba tan dulce, pero la voz con matices oscuros del señor Sakurai era tan intensa que producía escalofríos. Era una canción de aspecto de cabaret infernal con una pizca de melancolía. Como si proviniera de otro mundo para seres que jamás conocerían su significado, pero sin embargo la amarían como si formara parte de su vida y de su alma.

“¿Qué eres? ¿Quién eres? ¿Qué pretendes?
Has venido a visitarme, como si fueras la propia muerte.
Vistes muy elegante, demasiado atrevido.
Tienes buen gusto, tu aroma es agradable...
¡Eh! ¡Tenshi! ¿Bailas conmigo?
“Soy un Dios que ha venido para susurrarte “I love You”
sin embargo, me he parado para saludar.”
¿Qué eres? ¿Quién eres? ¿Qué buscas?
Has venido cual gato, deslizándote con sensualidad.
Hoy es una noche demasiado mágica,
no nos quedemos aquí parados y viajemos por la ciudad.
No quiero dejar de mover mis pies, por favor.
¡Una rapsodia a ritmo de tango!
“Soy un Dios que ha venido para gritarte “I hate You”
y si bien, me tienes aquí rogando a tus pies”
¿Qué eres? ¿Quién eres? ¿Qué deseas?
Mi alma será tuya cuando muera la última estrella,
tal vez sea antes de este rojo amanecer.
Pero por favor, se rápido y trátala bien.
“Shinimagi, I need You”
Por y para siempre, las preguntas danzarán en el ocaso.”


Eché un ojo a mi alrededor y no dudé en sonreír al comprobar como algunos terminaron bailando. Sho estaba bastante sonrojado dejándose acompañar por aquel individuo que no lo graba reconocer, por mucho que me esforzaba el disfraz era demasiado imponente y extraño.

Lionel se negaba mil veces a la invitación de su acompañante. Él era Yasu, uno de la vieja guardia que tenía Juka y que en esos momentos sentía tanto desprecio hacia su ex-jefe que deseaba torturarlo.

Spider brincaba alrededor de Yuki, el cual hacía tomado en brazos a Bou intentando bailar con él sin pisarlo. Los niños seguían el ritmo de mi pequeño sobrino, niño para siempre a mis ojos, y también de las palmas de Soma que reía sin poder evitarlo.

Hiroshi sólo fumaba en una esquina contemplando a todos, como hacíamos Kurou y yo. Mi hermoso gigante tenía el aspecto de un niño en un mundo de fantasía, jamás había escuchado un ritmo tan cercano al blues y a la vez tan cargado de rock. Era una mezcla de sensaciones, de emociones. Sonaba a viejo rock, ese que surgió de las entrañas del rock.

De todos los asistentes eché de menos a D, como si se hubiera desvanecido cual fantasma. En ese momento noté como faltaban algunos, como mi sobrino que comentó que vendría y otros que dijeron que sería imposible asistir. Suspiré pesado, ya que faltaba parte de mi felicidad en ese salón.

-Falta Yura.-dije apoyándome en el torso de mi esposo.-Debió venir.

-Y ese amigo orejudo tuyo.-añadió con cierta rabia.

-Paulo seguro que no quiso venir por su pequeña, aunque fíjate Celeste sonríe escuchando la melodía.

-Mejor para mi úlcera.

Hice como si no le escuchara, tan sólo me desaparecí subiendo hacia la estancia donde se encontraba la habitación de Celeste. La pequeña me despertaba ternura, aunque no paraba de sentirme despreciable al tener ese sentimiento de paz al saber que su madre no molestaría más. Nunca me parecí la adecuada para Kamijo e incluso él lo había dicho, hacía años que no era tan feliz como en esos momentos.

Al abrir la puerta me encontré a Chris mirando por la cristalera. Estaba vestido de pirata y realmente parecía sacado de otro cuento, tal vez del poema de Espronceda. Tenía a su hijo en brazos dormido, su piel clara contrastaba con la suya tan tostada.

-Pensé que no vendrías, Kamijo dijo que ni tú, ni Brandon y tampoco Mario estabais de humor.-comenté parado en mitad de aquella habitación.

-Yura me prometió que vendría y deseaba hacer que sonriera, en los últimos meses me ha ayudado a cuidar a mi hijo.-murmuró sin apartar la vista de la luna llena que se alzaba en aquel cielo algo encapotado.-Pero no ha venido, tal vez en un rato aparezca.-sonrió de forma dulce.-Es femenino incluso de ese modo, se hace desear.

-Echas de menos a una mujer en tu vida y ya hasta deliras.-comenté dejando a la pequeña en una de las cunas.-Aunque él es muy femenino.

-Renata me abandonó, después de todo lo que habíamos vivido. No tuvo piedad ni corazón para dejarme en busca de aventuras, romances de una noche y estúpidos sueños de niña de instituto.-dijo algo rabioso.-Debió quedarse aunque fuera únicamente por él.

-Tiene a su tito Yura para ser su imagen femenina.-intentaba destensar el ambiente, pero únicamente logré que me mirara cansado.-Lo siento.-añadí.

Se movió como un gato entre aquella media luz provocaba por la luminosidad de la ciudad, puesto que ni había dado al interruptor. Era como una visión, que abandonaba el niño junto a una cuna cercana a la de Celeste, para quedar frente a mí.

-En unos años, no muchos, tendré cincuenta años.-dijo algo abatido.-Yura es como una hija, aunque sea un hombre.

-Sí, es femenino y cruel como toda chica de su edad.-rió mi comentario, al fin se mostraba pendiente de bromas pequeñas entorno al carácter extraño de mi querido Yura.-¿Necesitas algo?

-Yo no soy quién está peor en este asunto.-murmuró.-Mario debería ser tu mayor preocupación.

-¿Sigue sin poder ver a su hijo?-pregunté agotado por esa historia, siempre que escuchaba algo sobre ella me producía una rabia inmensa.

Tiempo atrás hubiera jurado que Megumi era la mujer perfecta para Mario. Una de esas mujeres explosivas, algo adicta a las compras como único defecto, pero extremadamente dulce y comprensiva. Si bien, en esos momentos comprendí las palabras que alguna vez oí sobre ella. Conocía la rivalidad de Megumi con Daichi, o mejor dicho la de él con aquella ambición rubia. Detestaba a esa mujer con todas sus fuerzas, y desde hacía unos meses no era el único.

-Lamento molestar.-comentó Daichi entrando en la estancia.-Me escapé de la fiesta justo cuando empezó a sonar la música, Daisuke se agita demasiado, y bueno me costado que se durmiera.-dijo con una dulce sonrisa mientras miraba al pequeño.-¿Quedan cunas?

-Puedes tumbarlo con el mío.-dijo Chris.-No se mueve demasiado al dormir y la cuna es grande.

-Perfecto.-añadió.-Por cierto.-se giró hacia Chris contemplándolo con cierta sensualidad, lo pude notar puesto que la luz de la ventana dio directamente en él, iluminándolo como si fuera un foco de una atracción cirquense.-luces delicioso para tener prácticamente cincuenta años.-parpadeó un par de segundos.-Además, tienes ese toque erótico de viejo policía venido a menos... corrupto por un amor imposible hacia una niñata desagradecida.-se giró para contonearse hasta dejar al pequeño en la cuna junto al de nuestro pirata particular.

-Bueno, yo sobro aquí.-dije escabulléndose para llegar hacia el hall, de forma precipitada, y ver allí parado a Yura vestido como una novia cadáver.

Se veía impresionante con ese enorme y hermoso recogido, lleno de calaveras y mariposas negras. Sus ojos de colores distintos, uno azul y otro verde, junto a su piel de porcelana y su hermoso traje blanco, me hicieron suspirar lleno de orgullo y felicidad. Había venido más hermoso que nunca, aunque vistiera como un zombie a punto de atacar a su esposo justo en el altar después del “sí quiero”.

-Espero mi momento, no digas nada.-comentó señalándome con su abanico blanco envejecido para la ocasión.-¿Chris vino?

-Está arriba con la mantis felina.-contesté dejándolo algo confuso.-Digo, está arriba con Daichi conversando o tal vez fornicando.-intentó no reír ante mi comentario, por eso se tapó la boca pero una fuerte risotada se escapó.

-¡Primo!-escuché a Spider en la puerta del salón corriendo hacia él.-¡Primo! ¡Primo! ¡Estás muy guapo!-gritó a pleno pulmón.-¡Te dejó bonito Sho!

-El maquillaje lo hice yo, no él.-comentó intentando buscar un pequeño aplauso por su paciencia ante el espejo.-Pero sí, el estúpido de tu hermano diseña demasiado bien.-se inclinó para que rozara su nariz con la suya.-¿De qué vas bonito?

-Fantasma de un idiota que se enamoró de una bruja, y esta le comió el corazón convirtiéndolo en piruleta. Por eso voy ahora por todas las casas pidiendo golosinas.-le miró fijamente para luego palparse los labios.-¿Tienes golosinas?

-Tengo calaveras en casa, pero te las daré mañana cuando quedemos para tomar té y galletas recién hechas.-dijo tocando su nariz.-Te ves hermoso, tu hermano no me quería mostrar tu ropa.-murmuró.-El muy idiota jamás me quiere dejar ver sus trabajos, es un estúpido.

-Tengo orejas, dos.-intervino mi sobrino Sho, detrás de él aquel joven riendo bajo bastante divertido.-Dos hermosas orejas por las cuales escucho como me llamas estúpido.

-No peleen, vayamos a la fiesta a disfrutar que Hiroshi no acabó con el alcohol y Spider aún no tomó todos los dulces.-dijo aquel hombre balanceándose.-¡Sí! ¡Contemos historias de terror! Mientras meto mano a Sho en lo oscuro.-aquel comentario volvió de color rojo a mi sobrino, justo antes de carraspear.

-Os presento a Anis.-dijo antes de girarse apartando los cabellos que caían sobre su rostro.

Reconocí el nombre y la cara, era sin duda el otro hombre de confianza de Juka. Ahora, era el profesor de pintura de Sho, Spider y Bou. Se dedicaba a cuidarlos junto a Yuki, como si no pudieran valerse los tres por sí mismos.

-Con razón mi sobrino atiende tanto en clase.-eché a caminar para quedar a su lado, frente a ellos.-Eres un sexy profesor de dibujo.-murmuré antes de guiñar un ojo.-¿Haces también desnudos? Si hay clase de desnudo quiero estar presente, pero únicamente si es el profesor el objeto a pintar.

-Yoshiki.-murmuró Kurou apareciendo de la nada, también en la puerta del salón hacia el hall.

-Era una broma, amor.-me apresuré a decir.-Sabes que el único que posaría desnudo soy yo y ante ti, pero claro eres un pintor tan tímido que no serías capaz de dar un brochazo. Además, esa timidez provocaría violación instantánea del modelo al artista.-me encogí de hombros antes de pellizcar una de sus sonrojadas mejillas.-Una pena, porque después de pintarme te permitiría cualquier fetiche que cruzara por tu dulce y pervertida mente.

Escuché gemidos, unos intensos gemidos, que surgían del piso superior. Todos salieron al hall, escuchando atentamente, como desde el despacho de Kamijo había gritos desgarrados de placer. Reconocí esa voz de diva de la ópera que poseía Daichi, prácticamente de ángel, y esos gruñidos no podían ser de nadie más que de Chris.

-¡D es de papá!-gritó Ryutaro comenzando a llorar.

Aparentemente, Jun siempre se llevaba mal con Ryutaro, como si fueran réplicas perfectas de sus padres, sin embargo en ese momento el pequeño Sakurai besó la mejilla de su oponente. Terminó abrazado a él, provocando que se calmara extrañamente. El señor Sakurai revolvió el cabello de su hijo pequeño, porque eso era para él más que un sobrino, mientras que Kamijo pedía orden a todos para terminar regresándonos al salón.

viernes, 28 de octubre de 2011

Tears for you - Capítulo 12+1 - El baile de los malditos (parte II)



Para que imaginen a Daichi... junto a su voz y su aspecto... Selia sería lo mejor para sus ojos.


En él salón se encontraba un hermoso ángel vestido con una toga y unas alas plegadas muy reales, su aspecto dulce y calmado parecía una visión del paraíso. Allí parado junto al piano de Kamijo acariciando el instrumento algo sonrojado, y con los ojos muy atento a las teclas, me hizo sonreír. Lionel Landon estaba entre nosotros. Junto a él había uno de los nuevos hombres de Kamijo. Bebía atento observando a la rubia aparición, lo hacía vestido de samurai lleno de heridas falsas y katana enfundada.

Frente a todos, justo delante de la chimenea, se encontraba el señor Sakurai junto al padre de Yuki. Sakurai vestía como Gomez de los Adams, el bigote francamente no le sentaba bien. El padre de Yuki tenía la ropa de un célebre sombrerero, el de Alicia en el País de las Maravillas, y entre ambos creaban juegos de cartas y pañuelos que hacía reír a los pequeños.

“¿Crees en el amor?
Entonces crees en la magia.
¿Crees en la ternura?
Entonces creerás mis trucos.
Ven, deja que te muestre este mundo.
La magia está en todas partes,
sólo tienes que saber mirar.
¿Crees en el amor?
Entonces crees en mí.
¿Crees e la ternura?
Entonces te besaré en la frente.”

Soma Uchida estaba allí, vestido como en los setenta estilo Dios del Glam. Su hijo estaba sentado sobre sus piernas, observando atentamente a los magos de la noche. El resto de críos se encontraban en la alfombra comiendo patatas. Mi pequeña Anne se sentía bien entre ellos, como si siempre hubiera conocido a todos y sin importarle que fueran realmente desconocidos.

Spider y Sho, mis queridos sobrinos, contaban los caramelos que seguro que Spider había conseguido de camino a la fiesta. Spider vestía con traje de época, muy pálido, y asemejaba así a un fantasma. Sho sin embargo vestía de rojo radiante, con las gafas que pocas veces usaba y supuse que hacía cosplay. Estaba sentado a espaldas de un joven que no podía ver su rostro, sus cabellos eran demasiado largos, así como las mangas de su ropa. Reía con los comentarios de mis sobrinos. El pequeño Bou con su disfraz de conejo miraba a todos lamiendo una piruleta, mientras Yuki acariciaba una de sus mejillas con una sonrisa de tonto enamorado.

“Dulce inocencia la de los niños,
tan dulce como las golosinas que no comimos.
Dulce inocencia, dulce infancia,
a pesar de cualquier tragedia.
Me llamaste en plena madrugada,
terminamos hablando hasta el alba...
ese que hizo florecer la amarilla flor de la luz solar.
Mariposas alzaron el vuelo hacia Nunca Jamás,
y nosotros creímos que eran azucenas.
Las orugas creaban sueños,
mientras nos producían cosquillas.
Dulce inocencia, dulce como la miel.
Dulce inconsciencia, dulce ayer.”

Al piano estaba Kamijo, Arthur estaba sentado a su lado apoyado en su hombro. Contemplaba como mi hermano movía sus dedos explicándole alguna pieza que tocaría. Ambos sonreían de forma que me resultaba fascinante, se hablaban más con la mirada que con las palabras y esas sonrisas eran la guinda.

-Lamento haber tardado de regresar del aseo.-comentó una voz que no reconocí en un primer instante, pero al girarme mis ojos se abrieron enormemente.

Dorian Lambert destrozó la vida de muchas personas, entre ellos la del esposo del líder de uno de los clanes más extendidos en Japón y China. Había oído de la muerte de este junto al ex-amante de Sho, y el cuñado de Dorian. Aquel hombre era capaz de cualquier cosa por ambición.

La persona que estaba tras mis espaldas era Hisashi Daichi, hijo sanguíneo de Hisashi Kiyoharu, y casado con Hisashi Imai, hijo adoptivo de su padre. Todos conocíamos a Daichi con su nombre en clave, D. Era un hombre cuyo sexo siempre estaba en duda. Los tres hijos que había logrado adoptar y tener de Imai estaban allí. El más pequeño, Daisuke, descansaba en sus brazos aferrado al escote del vestido de su padre. Ryutaro, el mayor de los tres, estaba aferrado al vestido del disfraz, su hermana Sakura, hija de Imai y una prostituta, me miraba sin perder ni un sólo detalle. Iban vestido de Morticia, Miércoles y Pugsley. Parecían ir a juego con el señor Sakurai.

“Sensualidad, pura explosión de erotismo.
Ojos grandes y rasgados, de almendra afrodisíaca.
Labios que enmarcan sonrisas que ocultan lágrimas.
Me llamas con un parpadeo, me alejas con una risotada.
¿Qué eres? ¿Ángel o Demonio? ¿De dónde provienes?
Dame un poco de tu amor, será la poción perfecta.
Quiero amarte un poco, sólo un poco... hasta los huesos.”

-Id con el resto.-escuché su voz cálida y sensual, como la de un ángel de un paraíso extraño.

Poseía pechos, pero sabía bien que era hombre. Uno de esos seres nacidos con el bautismo de lo androgino y la sensualidad. Explotaba esas dos caras, a pesar que parecía odiarlas en ocasiones. Su espíritu salvaje siempre fue conocido, sobretodo por su gran apego a las grandes fieras y animales en libertad. Poseía una clínica veterinaria, por puro amor, de la cual tenía pocos ingresos porque atendía gratuitamente a todo animal que caía en sus manos.

-No sabía que estabas aquí.-dije serio contemplándolo.-¿Has hecho planes con mi hermano?

-Ahora somos amigos.-respondió.-He dado todos los territorios que aún poseía para tu hermano, sólo quiero que haga pagar por la muerte de mi esposo.-comentó sonriendo leve al notar que sus hijos estaban fuera del alcance de esas palabras.-Vengo de una fiesta infantil con Atsushi, hemos estado en el centro donde estuvo Nicolas.-hizo un inciso y sonrió de forma más calmada.-Ya sabe, el hijo de Lionel.

-Espero que no trame nada.-comentó mi esposo tomándome por los hombros.-Vamos dentro.

Aún poseía a la pequeña en mis brazos, calmada y dulce. Él tenía a su hijo dormido con un pequeño disfraz diseñado para la ocasión. La mantilla estaba hecha jirones a propósito y era negra. Comparando ambos niños eran la luz y la noche, o tal vez ella era la luna y él el cielo nocturno.

-Yoshiki.-dijo justo cuando me giraba.-Siempre te he admirado, así como admiro a tu sobrino.-se aproximó a mí para besar mi mejilla.-Buenas noches gigante, espero que te portes bien y no provoques que te eche a los leones.-canturreó antes de sentarse en el sofá junto a Soma.

-¿Por qué nunca tenemos una reunión normal?-preguntó mi esposo siseando mientras me abrazaba.-Quimeras, locos, borrachos y niños llenos de azúcar.

-Pero nuestra hija es feliz.-respondí escuchando su risa, viéndola abrazada a Nicolas y después a Jun.

Los niños debían ser niños, lejos de las historias tétricas de los adultos. Muchos de aquellos pequeños habían tenido vidas duras desde antes de nacer. La pequeña Sakura tenía una sonrisa de muñeca de porcelana, jugaba apartada con una golosina. Sho de inmediato la tomó entre sus brazos, para que de esa forma no se viera apartada.

Tenía informes extensos de esa familia. Era como si los conociera de toda la vida, como si hubiera estado presente en cada reunión familiar o cena. Podía decir que Daichi sonreía para olvidar las lágrimas que deseaba dejar correr. Había tenido que sufrir el desprecio de su padre, las burlas de todo aquel que se paraba frente a él, y por último un amor imposible que cuando fue recompensado se evaporó.

-¿Qué ocurre?-murmuró Kurou mientras me acariciaba el cabello.-Algo ocurre.

-Yo no habría sobrevivido treinta años de ese modo.-balbuceé antes de girarme para acariciar su rostro con una de mis manos, mientras aún sujetaba a la pequeña.-Me hubiera vuelto loco amarte en silencio treinta años.-él se sonrojó inclinándose para besar mis labios de forma suave.

-Te amo.-dijo de forma dulce y sincera.

“No te apartes de mí,
tengo miedo.
No me alejes de mí,
quiero besarte.
Dame uno de esos besos,
de los que te dejan sin aire.
Abrázame todo el tiempo,
como si nos despidiéramos.
No te apartes, no te alejes.”

jueves, 27 de octubre de 2011

Tears for you - Capítulo 12+1 - El baile de los malditos


Esta imagen la robé del Twitter de Kamijo... Me encantó como sostiene esa rosa, como se ve este maldito que ya está más próximo a los 40 que a los dulces 30.

El video que he colgado es de hará unos 10 años... como ven mejora cada año.

Video e imagen de lo dedico a Kiseki y Marisol.





Capitulo 12+1


El baile de los malditos.





Tan sólo hacía dos días que habíamos logrado llegar y empezar a acomodarnos. La pequeña aún no tenía su cuarto del todo arreglado, pero sí había logrado que una de las habitaciones de invitados fuera una enorme juguetería. Había comprado cientos de cosas en una tienda, todo lo que le gustaba y le llamaba la atención. Kurou se molestó; pero terminó sonriendo, al comprobar que ella era feliz con un juego de té de plástico, con imitación a la porcelana, y varios peluches artesanales que había comprado.

El día del gran baile llegó. Casi de improviso. No había tenido tiempo de pensar el disfraz que usaríamos. Fui corriendo a la primera tienda de disfraces que hallé. Sólo tenía que que conseguir dos disfraces, el disfraz de la pequeña lo había hecho enviar Sho. El día antes, muy temprano por la mañana, me preguntó las medidas de la pequeña.

El disfraz de Anne era el de una hada muy distinta. Tenía alas de libélula coloreadas como las de una mariposa, unas botas militares con aspecto desgastado, medias de red con varios colores, un tutú de color fuxia y rojo, así como un body que parecía escamas de pez porque según la luz tenía reflejos distintos. Recogí sus cabellos en un moño alto colocando las mariposas para el pelo que envió. Se veía encantadora.

“Si las hadas te vieran tendrían celos,
de tus alas de libélula y de tus ojos de gato fiero.
Si una gota de rocío fuera tu perfume,
yo amaría tus manos y tu cuello al tener aroma tan dulce.
Si pudieras danzar para mí, hermosa princesa de la magia,
sería feliz, tan feliz como un hada después de cumplir tus deseos.
Quiero que rías mágicamente mientras giras en el aire,
que las nubes sean aún más esponjosas en tu nombre.
Mi ángel, mi dulce ángel, de alas de libélula...
sólo puedo decir que te amo”

Mi disfraz era más fácil, tan sólo debía colocarme una bata y recogerme el cabello. En mis pies había unos zuecos blancos con suela anti-resbaladiza, idénticos a los que usan médicos o enfermeras, unas gafas de alambre y guantes de quirófano. Kurou tenía la típica bata de enfermo, bata fina estilo hospital para no ir enseñando el trasero y sangre de pega en una herida hecha con maquillaje.

-¿Por qué tengo que ser yo el enfermo?-preguntó mirándose.-¿Por qué no podíamos ir como el año pasado?

-Porque la barba de pirata me daba sarpullido y calor.

El año anterior fuimos invitados a varias fiestas de Halloween, pero terminamos en casa de mi hermano. La temática la impuso, fue el único año que rogó que todos fuéramos igual vestidos, y dijo que sería del País de Nunca Jamás. Kamijo se visitó de Peter Pan, el resto de piratas o niños perdidos. Nos divertimos bastante, pero yo terminé con granos en la cara casi un mes.

-¿Estoy guapa?-preguntó Anne tras quedar frente a mi esposo completamente arreglada.-El primo Sho me envió esto, tampoco conozco al primo Sho.

-Estás preciosa.-murmuró Kurou.

-Todos los niños en la fiesta se volverán locos por ti.-dije sonriendo mientras me inclinaba para colocar bien una de las mariposas.

-¡¿Qué?!-nunca alzaba la voz, pero cuando se molestaba profundamente sí.-¿Por qué dices eso? Es muy pequeña para esas cosas.

-Ella ya ha tenido novios.-respondí.-Además a su edad es algo habitual, no seas chapado a la antigua.-comenté alzándola para que rodeara mi cuello y pudiéramos ir hacia el garaje.

Kurou no dijo mucho más, sobretodo porque Anne reía junto a mí. Él parecía olvidar todo ese malhumor con un par de buenas risotadas. Se calmaba al vernos felices, como si eso fuera lo único que deseara en esta vida. Aún hoy sucede así, una sonrisa especial hace que su rabia ante cualquier comentario mío se disipe.

Tomamos uno de los vehículos familiares, inclusive tenía silla especial para la pequeña. Yo iba delante como siempre, cantando y provocando que ella me imitara. Mi esposo conducía relajado, o al menos era la apariencia que nos ofrecía. Yo estaba emocionado. Era una fiesta realmente familiar, con buenos amigos y al fin como padres. Halloween está inventado para los niños, los pequeños se asustan y a la vez ríen vestidos con mil disfraces pidiendo caramelos. Los adultos simplemente seguimos la fantasía de una fiesta que da la bienvenida al otoño y a viejos miedos infantiles.

“Halloween, susto o trato.
Vampiros se visten de bailarinas,
tétricos monstruos se colocan máscaras.
¡Todos tenemos que salir a por dulces!
Halloween, susto o trato.
Las hadas se colocan disfraz de diablillos,
mientras los esqueletos hacen su cabaret.
¡Todos tenemos que salir a por dulces!
Halloween, susto o trato.
Quiero bailar contigo y la magia de este día,
recordaremos el pasado con sonrisas.
Halloween, susto o trato.
Los fantasmas nos provocaran nostalgia,
las calabazas pierden la cabeza por las prisas.
Halloween, baile de máscaras y horror.”

Nada más aparcar notamos que las gárgolas del teatro parecían más tétricas, sobretodo por la decoración para las representación de esas fechas. Dentro Hamlet hablaba de su tragedia, un órgano tocaba mientras se recitaba las “Coplas a la muerte de su padre” de Jorge Manrique y un ballet de fantasmas danzaban con música tétrica mientras Drácula buscaba su próxima víctima. Toda la semana se desplegaban espectáculos increíbles, y como director Kamijo. Se fundía con el trabajo en esas fechas, amaba Halloween porque era como un niño.

Pulsamos el timbre de la casa de Kamijo, la cual estaba frente a su maravilloso trabajo de fantasía y terror, y quien nos abrió fue Yuki. Vestía con ropas parecidas a las de un príncipe, aunque con cortes de pega. Se veía tan inmenso que Anne se aferró corriendo a mi pierna.

-Hola, tú debes ser Anne.-dijo sonriendo de forma boba, como siempre.-¡Hey! ¡Tu monstruo de las judías se ve bien!

Kurou no dijo nada, tan sólo me tomó de la cintura, mientras Anne se relajaba.

-¿Tito Kamijo?-preguntó antes de quedar frente a él.-Eres muy alto.

-No, soy Yuki.-respondió estirando su mano para estrechársela a ella.-Un placer, jamás vi un hada tan bonita.

-¡Yuki! ¡Yuki!-escuché a un niño llamarlo.-¡Yuki! ¡Yuki! ¡Dile! ¡Dile a Nico que Ama es el mejor!-se abrazó a su pierna y miró hacia Anne.-Una chica.-comentó rascándose su larga melena, parecía el tio “Eso” de la familia Adams. Se apartó un poco el pelo y la miró sonriendo.-Yo soy Jun, me llamo Jun. Es un placer conocer a una chica tan guapa. Las chicas normalmente me parecen feas, pero me gustas porque me recuerdas a los cuentos que me lee papá.-se abrazó a ella y besó su mejilla.

Era un niño encantador, prácticamente de su edad o eso parecía. Mi esposo no dejó de gruñir como si fuera a robarle a su pequeña. Anne parecía feliz de tener un nuevo amigo, sin embargo el sonrojo me recordó tanto a su padre que no pude evitar abrazarlo.

-¡Jun! ¡Te vas a perder el truco de magia!-escuché a otro niño, lo reconocí nada más verlo.

Sus cabellos con reflejos dorados, sus ojos rasgados y café, así como su piel extremadamente clara y sus perfectas cejas. Era el hijo de Lionel Landon. Había matado a Taylor Swan, el hombre que tenía por padre, y allí estaba el pequeño ajeno a todo. Una mezcla de sentimientos me recorrió todo el cuerpo, desde la punta de los cabellos a las uñas de los pies. Tuve miedo, seguro que Taylor no era tan cruel ante sus ojos infantiles y a la vez sentí un alivio tremendo.

-¿Nos dejaréis pasar?-pregunté con una sonrisa tomando a Anne de la mano.

-Pasad, mi padre está haciendo trucos de magia junto a Atsushi.-comentó.-Vienen preparados para todo, o eso parece.

Nada más entrar vi los abrigos colgados por las perchas en forma de esqueleto, así como el calor que emanaba del gran salón. Al girarme noté su presencia deslizándose por las escaleras. Mi hermano Kamijo estaba envuelto en una elegante capa de vampiro, sus ojos azules se veían más profundos, y en sus labios podía vislumbrarse dos puntiagudos colmillos. En sus brazos llevaba a la pequeña Celeste. Ella vestía con un vestido blanco, como si fuera un ángel. Junto a él bajaba aferrado a la barandilla Camil, lo hacía vestido de vampiro pero sin capa.

-Bonsoir.-susurró.-¡Oh! ¡Anne!-exclamó.-Camil, ella es tu prima Anne.-dijo finalmente cuando estuvieron en el hall junto a nosotros.

-¡Camil! ¡Vamos!-gritó el enérgico Jun.

Recordé entonces de quién era hijo Jun. Jun era el hijo adoptivo de Atsushi Sakurai, que en realidad era su sobrino. Lo acogió en su vida para cuidar lo poco que quedaba de su hermano, el cual siempre sería su pequeña adoración. Tenía rasgos parecidos al señor Sakurai, sin embargo esa explosión de energía me recordaba a Spider. Los niños siempre debían ser enérgicos.

Camil tan sólo miraba a Anne mientras Jun prácticamente lo arrastraba hacia el salón. Nicolas, el hijo de Lionel, se quedó frente a mi pequeña haciendo una leve reverencia. Sonrió de forma muy dulce y después miró a mi esposo.

-¿Le importa que juguemos?-preguntó mirándolo fijamente.-Papá dice que debo de jugar más y pelear menos. Con ella seguro que no me peleo.

-Déjala Kurou, se divertirá más si se relaciona con los niños de la fiesta.-comenté soltándola para inclinarme y besar su mejilla.-Vamos cielo, ve y juega.

Ambos corrieron al salón donde se escuchaban risas, aplausos y música. Kamijo estaba frente a nosotros con una dulce sonrisa paternal, observaba a su hija con un orgullo inusitado. Había nacido prematura, estuvo meses en el hospital y muchos dudaban del milagro de su supervivencia. Sin embargo, sus rizados cabellos caoba radiaban con luz propia, mientras sus enormes ojos azules miraban a su padre con curiosidad. Estaba despierta, aún algo tarde, pero a él parecía no importarle.

-¿Cómo está?-dijo mi esposo adelantándose a mí.

-Todos en esta casa estamos bien.-su tono de voz era calmo, pero siempre que hablaba parecía cantar una dulce melodía.-Todos estamos bien.-repitió antes de reír.-Veo que todos en su pequeña y dulce familia también.-miró fijamente a Kurou y rió.-No seas tan serio, trátame de forma cercana porque no somos desconocidos.-se aproximó a él antes de alzar el rostro, puesto que Kurou era inmenso incluso para él.-¿No quieres tener un rato a tu sobrina? Me harías un favor.

-Dame, la tomo yo.-intervine antes de sentir el peso de la pequeña en mis brazos.-Es preciosa ¿verdad amor?

-Sí, es preciosa.-respondió de forma dulce, menos tenso que otras veces.

-Pasen, el show de hoy está siendo francamente interesante.-indicó cual vampiro alzando su capa, para luego reír como si fuera un niño.

-Kamijo, se están acabando los frutos secos.-aquel chico estaba allí, vestido de época con un cuchillo atravesado en su cabeza.

Su ropa era exquisita. Estaba seguro que Kamijo había hecho confeccionar aquella ropa para él. Parecía un viejo compositor de ópera o música clásica. Llevaba un violín en sus manos, seguro que prestado del teatro, y una peluca preciosa de cabellos plateados. Estaba bien maquillado, ya que su piel parecía más blanca que la de sus manos. Puro estilo de otros siglos, si bien añadiendo ese artículo de broma que le daba un toque de humor.

Se sonrojó al verme, creo que recordó aquel día y se sintió cohibido. Rodó sus ojos hacia el suelo, sonrojándose aún más cuando Kamijo besó su mejilla al pasar junto a él. Tiró de su mano llevándolo hacia el salón y nosotros fuimos tras ellos. Al fin la fiesta comenzaba.

martes, 27 de septiembre de 2011

Tears for you - Capítulo 5 - Reuniones de negocios (Parte VI)



Hide... hermoso ser que nos abandonó hace más de una década y de forma que aún no se puede comprender. Las lágrimas en el funeral de Hide fueron muchas, sobretodo las de Yoshiki que intentó despedirse de un gran amigo y compañero.

Tuve que rescatarlo, sobretodo porque siempre me pareció tierno y muy dulce...

¡PINK SPIDER!



En honor a Hide

-Silencio por favor.-intervino Kamijo.-Las formas de matar a esa rata de alcantarilla no me interesan, con que esté muerto lo antes posible me daré por satisfecho. Supongo que estará viviendo de lujos en algún país asiático, probablemente con el ex del señor Sakurai y mi ex-esposo.

-Y pensar que Jasmine me caía bien, en un principio.-murmuré.-¿A ellos también se les dará matarile?

-Sé cuanto le detestas, pero abstente de emprender alguna acción contra alguien que no sea Taylor Swan.-me respondió aquello con una frialdad innata en él, quien lo conociera de sus actos sociales seguro que temblaría nada más escucharlo.

-¿Podríamos ir al siguiente punto?-preguntó Yuki intentando parecer calmado y con modales.-Quiero que digas de una puta vez que le puedo partir la sesera a Juka y lo último que hemos averiguado. Por favor, hermano.-Kamijo era también para él un hermano, esa parte elegante que él jamás tendría.

-Ya te dije en casa lo que yo averigüé.-comentó Sho calmado, pero con un tono serio.

-¿Quién es Juka?-intervino Soma confuso.-¿Otro tan cabrón como Taylor Swan?

Mi hermano sólo asintió y yo me levanté entregando los informes. En ellos estaban las fotografías de sus hombres de confianza, también los desertores que estaban colaborando con nosotros y los cuales tenían protección por nuestra parte. Por supuesto, estaba detallado cada viaje que había hecho en los últimos años, así como propiedades y objetos de valor que poseía y que podía vender, por supuesto para obtener dinero rápidamente.

-Vaya.-escuché al señor Sakurai inclinándose hacia su hijo y cuchicheando después.

-¡Impresionante!-exclamó Hizaki antes de dirigirse a todos los presentes.-Este sujeto estuvo trabajando de doctor, inclusive lo vimos visitar a Jasmine en un par de ocasiones. Fue cuando le pegaron un tiro, aún era pareja de Kamijo.

-Lo sé, me topé con él de cara y sé que es un viejo amante que tuvo Jasmine.-su rostro se ensombreció.-Si no hubiera tenido un pacto con él en ese momento lo hubiera matado allí mismo.-entonces sonrió de manera cándida.-Pero ya saben, uno es un hombre de palabra y un caballero jamás debe hacer excesivo ruido en un hospital.

El primer folio del informe se detallaba la vida ordinaria de aquel engendro. Comentaba sus gustos y aficiones en la segunda. Y en las siguientes hojas ya era su catálogo de perversiones. No pude leer aquel texto, aunque yo mismo lo había redactado completamente asqueado. Yuki se iba impacientando más y más, hasta que se levantó de la silla y la tiró contra uno de las enormes cristaleras.

-¡Maldito hijo de puta!-exclamó.-¡Dañó a mi Bou!

Si había algo de lo cual no había sido informado era de eso, precisamente de algo esencial. Yuki estaba de esa forma, tan violento y serio, porque su pareja era aquel mocoso de aspecto cándido y andrógino al cual Juka usaba como mascota. Si estábamos allí era por venganza hacia aquella criatura, el cual era de la edad de mi sobrino Sho y que aparentaba al menos seis años menos. Un chico delgado y de ojos de conejo, al menos se asemejaba a uno pequeño y escurridizo.

Desde hacía unos años aquel estúpido había tenido encerrado al joven con una vigilancia propia de una penitenciaría. Todo lo había hecho para poder tenerlo en su cama día y noche, humillándolo y haciéndolo suyo de forma violenta. El muy estúpido decía amarlo y por ello lo cuidaba del resto, así como lo llenaba de regalos que no servían de consuelo. Privado de libertad y hundido en su propio pasado, y por supuesto nulo futuro, Bou intentó suicidarse fallando milagrosamente.

Todos los que allí estábamos nos quedamos con la vista fija en Yuki. Respiraba de forma agitada y ni siquiera su padre lograba controlarlo. Spider bajó de las rodillas de su hermano y abrazó al que para él siempre sería su tío, su tío Yuki. Aquel coloso de casi dos metros cambió su pose y se arrodilló frente a la melancólica mirada de su sobrino. Con cuidado acarició sus cabellos rosas y sonrió leve intentando que su expresión cambiara.

-Si te haces daño Bou se pondrá triste, si sigues así te harás mucho daño tito.-lo abrazó aún más y luego sonrió.-¿Tienes caramelos? Me apetece un caramelo.

-Ven aquí, amor.-dije enseñando varios caramelos que llevaba en mi maletín.

Después de aquello todos quedamos en silencio leyendo, sólo que Kamijo estaba con una calculadora mirando la ventana y luego las sillas. Anotó en un papel y luego sacó su portátil. Yo lo miraba con minuciosidad, como si fuera un extraño e intentara saber qué demonios hacía.

-Sí, eso es.-todos nos giramos hacia él al escucharle hablar.-Te descontaré el 10% de tu sueldo durante dos años, o si quieres puedes pagarme los aproximadamente 5.000 euros.

Todos suspiramos recordando entonces que Kamijo tenía alma de contable. Yuki apretó los puños intentando controlarse, por eso terminó sentado en el suelo refunfuñando. Éramos una sociedad extraña, teníamos momentos en los cuales no sabía si llorar o reír a carcajadas. Si bien, todo mi humor se bajaba al leer las prácticas de seducción del descendiente de los Arakami.

-Si me dejan intervenir.-comentó Sho.-El señor Shimada podría ayudarnos, sin embargo estoy seguro que ya llegó a oídos suyos que ahora está en nuestro lado. Pero, nada perdemos si intenta dar con Arakami. Supongo que los lazos que les unen son más fuertes que la lógica.-se levantó entregándonos a todos unos documentos.-Aquí tienen, deben leerlos con atención.

En aquellos escasos tres folios teníamos la historia personal de Shimada vinculado con Arakami, así como un tal Yasunori Hayashi. Shimada había sido contratado en la escuela de dibujo de Bou para vigilar al joven, si bien él desconocía los propósitos de Juka y todo lo que ocurría en aquella casa. Shimada conocía al idiota de Arakami por haber cursado distintos estudios en la misma universidad. Hayashi era un caso distinto. El padre de Juka adoptó a Hayashi, el hijo de uno de sus mejores hombres muerto en acto de servicio, como suyo y por lo que leía era casi seguro que lo quería más que al propio.

Aquello no estaba simplemente redactado por mi querido sobrino, sino que tenía un toque distinto y me jugaba el cuello en esos momentos que Shimada había estado involucrado en cada palabra. Miré fijamente el papel recordando punto por punto en mi mente, sintiendo que de tanta información colapsaría.

-Arakami, Swan y Lambert deben ser aniquilados sin compasión.-la voz de Kamijo sonó lóbrega, casi cavernosa.-No quiero fallos, ni por vuestra parte ni por aquellos que están a vuestras órdenes. No quiero que suceda lo mismo que con Hiroto, odio perder hombres valiosos.

Spider entró en una especie de trance al escuchar el nombre de Hiroto. Aquel hombre le había cuidado, ofrecido un hogar cálido y amado de una forma similar a la que él lo había hecho. Había venido de otro clan hacia el nuestro, el mismo clan al que perteneció Lambert.

Hiroto era una mole de dos metros y con un rostro tan serio que parecía un demonio, su voz era oscura y producía escalofríos. Sin embargo, era alguien abnegado a su trabajo y entregado por completo a los caprichos de mi joven sobrino. Nadie en el clan duda que se enamoró de él, que ambos se amaban era un hecho, y que el trauma que aún ahogaba a Spider era demasiado duro para digerirlo.

Sus mejillas comenzaron a empaparse por sus silenciosas lágrimas. Sho se levantó y lo tomó en brazos como si fuera un niño, mientras con un gesto pedía a Kamijo el poder marcharse. Nada más estar fuera ambos pude escuchar el lamento ensordecedor de Spider. Una mariposa intentaba cuidar a una pequeña araña, ambos dos niños perdidos en un mundo demasiado violento.

Recordé el primer día que los vi. Sho tenía alrededor de los 15 años, Spider casi trece. Ambos vagabundeaban por las calles de Tokio intentando huir de un amargo golpe del destino. Kazou, el cual es el verdadero nombre de Spider, estaba dormido sobre la espalda de su hermano y este lo cargaba por las aceras sin importarle el tener los deportes gastados. Hacía frío, creo que era el día más frío que he vivido en Japón, pero Sho iba en camiseta de tirantes mientras que su hermano iba abrigado con una chupa de cuero y bufanda.

La voz dulce de mi sobrino se mecía en el aire con una extraña nana, luego supe que él la inventó para su hermano. Sus cabellos ya eran rojos, parecían quemar bajo las luces de neón de los negocios que aún estaban abiertos. Spider también tenía la misma imagen que posee ahora, a decir verdad no ha cambiado en tantos años.

“Y la luciérnaga no era luciérnaga, sino mariposa.
Entre sus alas transportaba una pequeña araña,
una araña rosa, que se preguntaba si esto era el infierno.
Pero la mariposa en una increíble hazaña,
le dijo que sólo eran los fríos días de invierno.
Roba un poco de comida, no te hará daño...
pero es irse a soñar sin nada en el estómago.
Roba un poco de comida, la hormiga no nos ve...
ella no echará de menos un poco de pan y una nuez.”

Caminaba de la mano de mi hermano, vestía como una niña y eso me avergonzaba. Sin embargo, intentábamos dar esquinazo a un par de enemigos y era lo mejor. Mi traje de marca, mis leotardos y mis botas perfectas para el frío, me hicieron sentir mal así como aquel gabán rojo que me acababa de comprar. Al ver a esos dos pobres diablos me sentí egoísta a pesar de venir de un mundo de pesadillas, porque aunque había sufrido jamás habría dado algo de mi comodidad para otro. Seguía siendo un niño de sociedad malcriado.

“Haz algo, haz algo por favor. Tú eres Kamijo Yuuji, tú lo puedes todo. Cómprales algo de comer y ropa nueva, haz que no pasen frío.”

Mi voz sonó infantil en mi mente aturdida, los recuerdos a veces son aún más increíbles de lo que uno puede llegar a creer. A lo lejos, en la realidad de ese instante, seguían escuchándose los gritos de Spider y la nana volvió a sonar bien alto. En cuestión de unos minutos Spider se quedó callado, y únicamente la voz de su hermano sonaba insistiendo con aquella canción.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Tears for you - Capítulo 5 - Reuniones de negocios (Parte V)

Él es Takanori Nishikawa, mi Soma Uchida. Es alguien que respeto profundamente por su trabajo (tanto como presentador, actor, modelo en ocasiones y cantante) como por su sonrisa. Creo que el mundo necesita personas que pongan sonrisas en sus vidas. Él está trabajando duro desde el terremoto en Japón para levantar su país, ha colaborado con muchos grupos y cantantes para conseguir dinero y apoyos.

Cuando pensé en un personaje presentador... vino a mi mente Takanori. Tenái que ser alguien abierto, muy jovial y amante de la música. Físicamente vino a mi mente él y no pude resistirme.



Espero que la canción sea de su agrado.

Ah y por si alguna crédula piensa que la edición va dirigida a ella... más quisieras... si aún te amara quizás, pero ya tu recuerdo lo he olvidado.





Todos quedamos en silencio al escuchar aquellos lentos pasos sobre el cuidado suelo de madera. Me giré y lo vi tan sereno como siempre, la apariencia de un ángel caído de los cielos para salvar a los hombres. Sus ojos azules se veían más intensos que en otras ocasiones y en sus labios había una leve sonrisa. Tuve un impulso irracional de abrazarme a él, a pesar que estaba allí mi esposo.

Cuando me colgué de su cuello comencé a llorar bajo y él sólo acarició mi cabeza como lo haría un padre, de forma cuidadosa y preocupado. Sentía como miraba a mi pareja y como este podía mirarle con rabia, sin embargo ese diálogo fue a mi espalda. Las lágrimas salían solas con una fuerza inusitada. Todo mi cuerpo temblaba y él suyo se sentía duro como el de un vampiro.

-Calma.-susurró besando mi frente.-¿Has vuelto a tener pesadillas?-dijo apartándome mientras deslizaba sus dedos sobre mi rostro.

Ignoro porque me sentía así con él, como aún era un niño a su lado. Él creció rápido, olvidó que era ser inocente y se entregó rápido a la oscuridad. Yo aún temblaba por las tinieblas a mi alrededor, pero para él todo era agradable y en ella lograba tocar maravillosas piezas de piano. Por eso siempre lo vi como un demonio con cubierta de ángel, si bien era un dulce ángel cuando se preocupaba por mí.

-Sí.-dije secándome por mí mismo las lágrimas.

-Kurou, creo que deberías abrazarlo.-comentó.-Sé que él me necesita, pero nada mejor que los brazos de su esposo para consolarlo. Todos aquí sabemos que son amantes, incluso algunos tuvimos las invitaciones de vuestra boda en nuestro correo, así que por favor déjense de tiranteces. Os lo ruego.-la sonrisa final era la de un niño tentando a la suerte, pero gracias a eso Kurou tiró de mí estrechándome contra su pecho.-Cuando se hayan calmado les esperaré arriba, en la biblioteca.-miró al resto y quedó serio.-Ustedes vayan subiendo.

Noté el aroma sutil de Kurou. Sus brazos me rodeaban con fuerza, prácticamente me estaba dañando. La fuerza de mi esposo era letal, pero solía controlarla cuando me tenía junto a él. Sus labios besaron mi frente, para luego ver incrédulo como se arrodillaba frente a mí nada más vernos a solas. Me tomó de las manos y comenzó a besarlas mientras sollozaba.

-¿Qué sucede?-dije con la voz tomada.-Kurou

-Perdóname por no saber cuidarte.

-No empecemos Kurou.-tiré de él para que se levantara, pero permaneció arrodillado.-Kurou, por favor.-susurré arrodillándome junto a él para abrazarlo.-Sabes cuidarme, pero hay cosas de mi pasado que no quiero contarte. No me siento orgulloso de esa parte de mi vida, no quiero que la sepas. Acepta que tengo mis secretos, pero para nada afectaran a mi amor hacia ti y menos a la forma en la cual me cuidas.

“Y el demonio se arrodilló,
los campos florecieron con sus lágrimas.
La crueldad que parecía tener era fachada,
pues su corazón era el de un chiquillo.
La inocencia de sus ojos jamás vieron tantos colores,
sus pulmones aspiraron los aromas más deliciosos.
Aquel ángel lo estrechó con firmeza,
absorbiendo en su abrazo todos los dolores.
Demonio que en realidad era un gato buscando su ovillo.”

Atrapé su rostro entre mis manos y lo besé lentamente. Mis labios rozaban de forma cálida los suyos y mi lengua se dejaba seducir por su timidez. Podía notar como sus mejillas iban tomando calor y color rojizo. Mi respiración comenzó a ser lenta, como si fuera un murmullo, pero la suya se agitó. Al apartarme sonreí quitando su sombrero y acariciando sus cabellos.

-Vayamos arriba, están esperándonos.-murmuré cerca de su boca.-Mi ángel, mi gigante... te amo.

Me aparté y estiré mi mano hacia él, la cual tomó apretándola y enredando sus dedos con los míos. Comenzamos a caminar subiendo las escaleras, sintiéndonos mejor. Yo al menos me sentía en el paraíso, había olvidado por completo ese lapsus terrorífico. Siempre solía ser igual, un momento de frustración y otro de amargura para luego desvanecerse.

-Me confundes a veces.-dijo en un susurro.-Pero te quiero así.

-Te gusta la locura, yo soy pura locura.-le guiñé antes de girarme para besar leve sus labios una vez más.

La biblioteca quedaba en una segunda planta, prácticamente al fondo de un largo pasillo. Era una estancia enorme, llena de libros y con un piano cercano a los enormes ventanales. Todo daba a un patio interior lleno de madreselvas y rosas que parecían eternas. La luz cálida del atardecer empezaba a calar todo con sus tonos naranjas, lilas y rojizos.

Todos allí estaban sentados frente a la enorme mesa de roble que poseía Kamijo. Era un escritorio algo estrafalario, pero signo de un museo. Los ángeles y demonios que recorrían toda la frente de aquel mueble, como si jugaran de forma infantil, me sobrecogía como las esfinges de su edificio.

-Tomad asiento.-dijo indicando las sillas que habían quedado libres.-Con ustedes aquí ya podemos continuar.

-Tengo una duda.-interrumpió Soma con su voz cálida y algo jovial, incluso en esos momentos.

-Adelante.-respondió sereno acomodándose en la silla, desabrochándose la chaqueta para sentirse más libre y menos atado a la prenda.

-¿Tardaremos hasta la noche? Sólo es para poder avisar a la niñera.-comentó algo preocupado mirando el móvil.

-Tranquilo, para la hora de la cena creo que terminaremos.

-Está bien entonces.-respondió con una sonrisa franca, de verdadero alivio realmente.

Comenzamos con un asunto poco importante, sólo informativo. Habíamos cambiado algunos distribuidores, tendríamos mayor seguridad en el transporte y cambiaríamos algunas rutas. También había pensado en entregar la hoja de ruta por trozos, para así no poder dar aviso a otras bandas con días de antelación y poder tomar mayor autocontrol.

El siguiente punto me puso algo tenso, pero más a Atsushi Sakurai. El señor Sakurai se quedó con la mirada clavada en Kamijo cuando pronunció aquel nombre. Frente a mi hermano había unas carpetas que tomamos entre nuestras manos y donde había sendas fotografías.

-Tenemos en busca y captura a Taylor Swan.-dijo sereno.-Quiero a este hombre muerto.-su voz sonaba metálica, como si fuera un robot, y su sonrisa era la de un auténtico pecador.-Yosh, tú no sabías nada de esto aún y comprendo que pueda tomarte por sorpresa.

-Teniendo en cuenta el tercer punto de esta reunión, podía esperarlo.-dije calmado mientras notaba los nudillos de Sakurai crujir.

Taylor Swan era un viejo conocido de Sakurai, tan viejo como las pocas arrugas que se podían ver cuando sonreía. El mayor de los hermanos Swan intentó propasarse con la primera pareja masculina de Sakurai, no llegó a más porque Sakurai lo mató con sus propias manos. El resultado fue una de las pocas muescas que posee Sakurai en su vientre, así como una herida imborrable en su alma.

Aquel hombre delgado de aspecto de ángel, pero realmente un verdadero demonio, tenía la capacidad de ser escurridizo. Sus ojos grandes y rasgados, su nariz algo puntiaguda, pero no demasiado, y su rostro sereno no eran más que una máscara. Sus finas manos, parecidas a las mías, habían torturado durante dos años a Lionel Landon, su última pareja conocida.

Lionel Landon era conocido de Hizaki Sakurai, fue su profesor de religión en su último estudio en instituto. Aquel hombre sí que era un ángel. Sus rizados cabellos dorados, su sonrisa dulce y su voz varonil pero aniñada le daba un aspecto delicado a su monumental aspecto musculoso que era eso, aspecto. Lionel se pasaba las horas muertas leyendo, recitando y cuidando con cariño al niño que había adoptado como propio. Taylor entró en su vida cuando era aún sacerdote, mancilló su honor y terminó usándolo como juguete.

“Aquel ángel apareció de la nada,
como una brisa cálida meciendo una cometa.
Parecía querer que lo abrazaran,
sus brazos alzados al cielo así lo indicaban.
Un ángel de cabellos de trigo y ojos de cielo,
una escultura que cobró vida con polvos de hada.
Trinos de gatos narrando maullidos de petirrojos
Y el poeta dijo “nunca más, nunca más” besando sus lágrimas.
Dame amor, dame poemas amor fríos carentes de vida.”

Se puede decir que ambos Sakurai sonrieron de forma macabra, al conocer que podrían pegarle un tiro, que todos les apoyaríamos y ayudaríamos a deshacernos de las pruebas. Yo miré aquellas fotografías, había una en especial que me vi reflejado y me quemó en el pecho. Cerré los ojos e intenté calmarme.

Taylor sostenía por la muñeca al ángel de Lionel, lo hacía con la mirada aviesa y con una sonrisa cínica. No le importó ni por un segundo que fuera en plena calle y que los ojos del rubio se bañaran de lágrimas. Era una secuencia que parecía ser la antecesora de una fuerte bofetada. Se podía leer en la expresión facial de aquel hombre miedo, un miedo intenso, mientras con la otra mano sujetaba a su hijo de tan sólo unos años.

-Bastardo.-hablé en alto, pero pensé que ni había llegado a pronunciarlo con mis labios.-Lo siento.

-No te disculpes, pero no tiene calificativo.-comentó Hizaki.-Si pudiera lo ahogaría con mis propias manos.

domingo, 25 de septiembre de 2011

Tears for you - Capítulo 5 - Reuniones de negocios (Parte IV)


Digamos que se puede congelar el tiempo en una fotografía y traernos a la vida personas que tristemente ya no estan. Kami, ex-batería de Malice Mizer, murió hace más de diez años. Para mí fue bastante triste conocer la banda y saber que hacía un par de años había muerto. Lamenté no poder tener más material suyo, no ver más entrevistas ni conocer nuevos proyectos, con esa o con cualquier banda. Su muerte fue en medio de un sueño, por eso en medio de un sueño de fantasía que es una novela... lo he resucitado para ser la imagen de Sho Yuuji.

Iré dejando aquí imágenes de los demás personajes para que puedan ir dándoles forma física, aunque todo es muy dado a imaginarse... no tiene porque ser así... puede que lo imaginen de una forma distinta.







Teníamos poco tiempo, una hora escasa, para estar en casa de Kamijo e iniciar la larga reunión. No podía detenerme a consolar con palabras vacías, lo mejor era mostrarle que estaba bien y que cualquier cosa que pudo escuchar, o ver, era parte de una pesadilla conjunta. Para hacerlo todo más real comencé a cantar en el coche canciones estúpidas y a jugar con dos bolígrafos como si fueran baquetas. Sin embargo, él no estaba convencido y le notaba tenso, preocupado y muy nervioso.

Faltaba poco para llegar y Kurou paró el vehículo en medio de una calle, no había demasiado tráfico por aquella zona residencial y a pesar de ello me sentí angustiado por los claxon de los otros coches. Detestaba el sonido del tráfico intenso, sobretodo por esos malditos pitidos. Para mí no existía sonido más desagradable en la vida moderna que un conductor apurado y sin modales.

Se quedó mirándome fijamente en medio de aquel infierno, y yo sólo pestañeé sin comprender. Sus ojos estaban fijos en mí y eso me puso levemente nervioso. Sentía que quería decirme algo, pero parecía que no encontraba las palabras adecuadas. Simplemente puse una mano sobre una de las suyas, aún colocadas sobre el volante, después sonreí y me mantuve a la espera.

-No sé como ayudarte.-dijo finalmente.-Yo quiero ayudarte y hacerte feliz, pero parece que no lo consigo.

-No es culpa tuya.-respondí antes de besar su mejilla.-Son cosas de mi pasado, sabes parte de él pero no todo.-me quedé en silencio unos breves segundos, él seguía mirándome de aquella forma tan intensa y yo empezaba a ponerme nervioso.-Por favor, no pidas que lo cuente.

Quedó poco convencido, sabía que intentaría investigar por su cuenta el porqué de mis lágrimas. Sin embargo, el ignoraba por completo que lo hacía por su bien. No quería hacerle daño, sabía que podía sentirse frustrado si sabía toda la verdad. Ocultaba parte de mi vida enterrándola bien lejos del maravilloso mundo que él me brindaba, al menos me sentía en un jardín en eterna primavera cuando estaba entre sus brazos. Si contaba mi pasado se volvería un desastre, me sentiría extraño a su lado y querría huir como siempre.

Cuando finalmente llegamos a los aparcamientos cercanos al hogar de mi hermano, el cual estaba frente a su magnífico y misterioso teatro, noté como Kurou me tomaba de la cintura. Jamás tenía ese tipo de gestos en público, supuse que tenía miedo por todo lo que ocurriría y todo lo que habíamos hablado minutos atrás. Por cosas como esas me había enamorado de él.

La vivienda de mi hermano era un enorme edificio victoriano. Había reformado varios edificios en la zona, decía que eran casas que tenían su propia alma, un espíritu mágico lleno de arte y esplendor que no dejaba indiferente. La enorme mansión poseía aquellos viejos llamadores con cara de león y unas argollas pesadas que estaban atrapadas por sus fieros colmillos. La puerta era de madera maciza y de aspecto imponente, no sólo por los llamadores. El edificio no era de ladrillo, sino de piedra, y poseía varios balcones inundados con flores que solían germinar todo el año, dependiendo de la época poseía unas u otras.

-Este lugar me hace sentir pequeño.-susurró pulsando el timbre.

-Sólo compórtate.-respondí con cierta rudeza, sin embargo terminé besando su mejilla antes que abrieran la puerta.

La puerta cedió con un leve crujido, tras ella apareció una mujer del servicio. Sus cabellos canos estaban bien recogidos en una aseada coleta. Sus ojos grises, como su cabellos, eran enormes y con un brillo especial. A pesar de las arrugas de su rostro se veía preciosa. Una de esas bellezas que a pese al tiempo trascurrido sobre ellas siempre tienen magia. Su sonrisa dulce me hizo sentirme como en casa. Kamijo siempre tuvo buen gusto contratando al servicio doméstico, salvo por aquella engreída.

-El señor Yuuji los está esperando.-su voz era cálida, como al de una madre, y eso hizo que sonriera de forma involuntaria.-Pasen y esperen en el salón con los demás.

-Muchas gracias.-dije tomando de la mano a Kurou para tirar de él.

Al entrar las impresionantes obras de arte de Kamijo aparecieron decorando los altos muros. Aquel hall era como una sala de museo. Había algunas esculturas griegas a ambos lados de la sala, un cuadro inmenso de una virgen cuyo nombre desconozco y tan realista que me impactó.

Caminamos sobre aquel cuidado suelo de madera hasta el salón. Allí se encontraba Mario Fiorelli, su mano derecha Brandon Bianchi, mi adorable Spider dormido sobre su hermano Sho, los chicos Nânjo y los Sakurai conversando con Uchida. Al fondo, tocando el piano de Kamijo, estaba Christian Gibbs que parecía estar envuelto en una sutil nube de melancolía.

Mario Fiorelli era uno de los hombres más importantes en la mafia italiana. Su poder era inmenso, sobretodo ahora que su padre Carlo Fiorelli había sido asesinado por Dorian Lambert. Carlo era un hombre de aspecto frío, pero siempre podías escuchar sus risotadas mientras contaba uno de sus habituales chistes. Mario no era italiano, sólo en parte, sus profundos ojos graciales recordaban a su madre, procedente de Finlandia, así como su aparente seriedad.

Los largos cabellos negros de Mario parecían indomables, por mucho que él intentara tener un aspecto pulcro con aquel traje tan caro. Hasta hacía unos meses su aspecto era más parecido al de una estrella del rock que a un mafioso. Echaba en falta aquella chupa de cuero, sus botas algo sucias y sus gafas de sol. A su lado estaba Brandon calándonos con sus enormes ojos aguamarina. Tenía una piel algo más tostada que Mario y una melena más impresionante. Él no dejaba que el cambio en los planes de su gran amigo, su único amigo, y la muerte de su padre le afectaran. Seguía vistiendo como un adolescente que quiere amar al rock hasta el día de su muerte.

“En las oscuras mañanas de la noche fúnebre
puede escucharse el lamento de una guitarra.
Allá en lo lejos, el cuervo canta una balada,
y la urraca siente la gloriosa y musical fiebre.
Rock, música para románticos de la fiesta nortuna.
Rock, para alimañas que se ocultan entre brumas.
Los chicos perdidos, Lost Boys...”

Spider, mi dulce Spider, parecía ajeno al dolor que se concentraba en su vida. Hacía unos meses era un adolescente que iba camino a la juventud con una felicidad prácticamente plena, pero todo se truncó por la muerte de su amante. Sus cabellos rosas daban un punto de color a su vida tan oscura. Las manos de Sho se enredaban en sus mechones cuando lo acariciaba con ternura. Su escasa altura y su rostro dulce le daba la apariencia de un niño pequeño, aunque a veces parecía un pequeño demonio al ser tan enérgico.

“Quiero ser Peter Pan,
porque soy un niño perdido.
He olvidado mis canicas,
así como mis dulces en tus bolsillos.
Quiero vivir en un cuento de hadas,
porque así lo he decidido.”

Mi sobrino Sho, tan parecido a mí como diferente. Sus largos cabellos pintados con el color del fuego era lo único que parecía estar vivo en él, sus ojos estaban apagados a pesar que su leve sonrisa se enmarcaba en su rostro. El muchacho que yo conocí se había desvanecido, si bien para mí seguía siendo aquel hermoso ángel que un día deseó ser mariposa y sintió la tortura de salir de la crisálida. Me dije a mí mismo que un día encontraría la felicidad, al igual que yo con Kurou.

“ Poemas nocturnos al borde del delirio,
seducidos por versos en prosa.
Me siento luciérnaga atrapada en un frasco,
mi luz se apaga y mis alas se cansan.
Soy una mariposa que nació en invierno,
que quiso ver las nieves y estas la dejaron ciega.
Todo lo di por sentir tu calor, el calor de tu cuerpo.
Y tú sólo deseabas el calor de mis piernas.
El precio del amor y poemas ahogados en alcohol.”

Hizaki Sakurai y su padre Atsushi no eran tan distintos, sin embargo el aura del mayor era más oscura y densa. La sonrisa de gato del señor Sakurai era como la del gato del País de las Maravillas, sabes bien cuando alguien oculta algo tras una sonrisa tan exagerada. Él ocultaba dolor, tragos amargos a grandes cantidades, y el desprecio que le tenía a sus amantes, salvo en contadas ocasiones. Un hombre que vivía constantemente entre el cielo y el infierno. Para mí, y para muchos, un demonio gato. Ambos vestían un impecable traje negro hecho a medida, con camisas parecidas y el mismo corte de cabello.

“El arte por el arte, nada más.
Que el pianista de aquel cuadro se aparezca,
necesito escuchar mejor las notas que interpreta.
El arte por el arte, es el legado del bohemio.
Vino, rosas y demencia.
Amantes que jamás ocuparan tu ausencia.
Y sí, ya pueden oírse mejor el piano...
¿No escuchas como toca? Es la locura en Do menor.”

Yuki Nânjo discutía con su padre, Hiroshi Nânjo, sobre un tema que no alcanzaba a saber cual era. Ambos, como los Sakurai, se parecían demasiado. Dos amantes del rock, el tabaco, las motos, el sexo y el alcohol en grandes cantidades. Yuki, sin embargo, había dejado de beber pero los demás vicios, sanos o no, seguían con él. Sus ropas de cuero, cadenas, botas desgastadas y anillos contrastaban con el decorado exquisitamente con obras de arte, algunas de las cuales eran pinturas que representaban la vida de Kamijo y sus grandes pasiones. Ellos, como Brandon, daban la nota extraña.

“Caminaremos entre las calles del diablo,
para ascender al cielo del sabor de tus labios.
Caminaremos para que el alma no se pudra,
ventilemos nuestros recuerdos con un poco de vodka.
¿Tienes fuego? Es para encender mis lágrimas”

Soma Uchida, una de las últimas incorporaciones en la familia, había entrado por ser amante de un viejo amigo. Ahora detestaba a esa persona, sin embargo Soma simplemente ignoraba que existió e intentaba hacer su vida lejos de su recuerdo. Un hombre increíble, con una voz y un talento natural para encandilar a cualquiera que se pusiera frente a él. Su sonrisa de niño, sus gestos amables y su gran capacidad para hablar de cualquier tema le hacían ser un orador excepcional. Era presentador en la televisión nacional, la cual tenía sede en la ciudad. Llevaba un programa de música y otro de noticias sobre cine, música y cualquier acto cultural. En esos momentos rogaba a Hizaki que participara en uno de sus tertulias.

“Si yo te dijera todo lo que sé,
si yo lo hiciera, perderías la fe.
Si yo te contara que hablé con él,
que tuve una charla en los infiernos...
y que tú fuiste nuestro tema más tierno...
No me creerías. No, no me creerías y lo sé bien.
Por eso deja que sonría y aparente la inocencia,
esa que siempre evocas cuando hablas de mí.”

Gibbs tocaba una pieza amarga, pero con una fuerza increíble. El cigarro de vainilla parecía que no se despegaba de sus labios. Sus cabellos eran rebeldes, caían sobre su frente, mientras que su barba de varios días le daban un aspecto cercano al estilismo que tanto furor hacía últimamente. Llevaba unos vaqueros simples, una camisa aún más simple y unas pulseras de cuero. Quien había sido agente de policía, para después ser investigador privado, había quedado atrapado en este turbio ambiente convertido en una de las marionetas de Kamijo. Era actor en el teatro que llevaba mi hermano. Un hombre con un talento desconocido, puesto que era capaz de modelarse a sí mismo para dar lo mejor y sin esfuerzo alguno.

“Naciste del humo de mi cigarro,
del sabor a whisky barato,
y de aquella música extraña de mi corazón.
Naciste de un poema que no quise leer,
te hiciste presente y me cargaste de melancolía.
Y ahora no me quieres ni ver...
Ahora que se cumplió la profecía.”

-Buenas tardes.-dije aferrado al brazo de Kurou.

-My darling, no me encuentro bien.-murmuró suspirando pesado.

-¿Ya vas a empezar?-preguntó Sho.-Te he escuchado.-clavo sus enormes ojos café en él y rió bajo.-Kamijo no te va a comer, tampoco te quitará a mi tío. Eres adorable, aunque seas posesivo.

Mi esposo se sonrojó y agachó la mirada, para acto seguido alzar su rostro más serio. Quería aparentar siempre lo que no era, pero las mentiras tienen las patas muy cortas y siempre se acaban conociendo al tropezar rápidamente. Por eso mi esposo no podía mantener su máscara mucho tiempo delante de mi familia, ellos eran personas que me apreciaban y también amigos que iban haciéndose cada vez más cercanos.

-Se ve delicado.-escuché decir al señor Sakurai.-¿Está bien?

-Sí, muy bien.-respondí con una falsa sonrisa de tranquilidad, aunque aún en mi interior bullían esas imágenes tan desagradables.

Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt