Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

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domingo, 30 de octubre de 2011

Tears for you - Capítulo 12+1 - El baile de los malditos (parte IV)





Después de aquel espectáculo tocaba que mi hermoso sobrino Yura interpretara una pequeña canción, era una de tantas que parecía más un poema. Se movía de forma graciosa por el pequeño escenario improvisado. Los pequeños se llenaban hasta los bolsillos de caramelos monstruosos que había adquirido mi hermano. Los más adultos conversábamos mientras escuchábamos tocar a Kamijo al piano, mientras él fascinaba a su actual amante. Si bien, todo quedó en silencio cuando aquellos dos aparecieron.

“Y un ángel me cantó al oído,
o quizás era una mariposa de alas blancas.
Sólo recuerdo su belleza y su calma.
Mi ángel, por favor regresa a narrarme
esas historias tan intensas de nubes de algodón,
de dragones en mazmorras y de príncipes sin armadura.
Por favor, quiero que me guíes por el tallo de una flor,
y me digas si contiene veneno de amor.
Mi mariposa, quiero que regreses a mis manos.
Necesito volver a sentir el aroma de tus alas,
sentir esa alma bailar de puntillas sobre mis labios.
Canción de cuna para moribundos,
rapsodia para la bienvenida a este mundo.”

-No sabía que gimieras tan bien.-susurró el señor Sakurai completamente descarado.

-Gomez, sabes tan pocas cosas de mí querido.-respondió algo rojo, para correr a sentarse a su lado.-Eres un capullo.-logré escuchar.

Una vez estando todos en el salón, decidí a tocar. No tenía nada planeado, pero cuando Kamijo me vio frente a él con una enorme sonrisa se apartó. Sabía bien que el piano me hacía feliz y que amaba demasiado poder tocar ese instrumento. Al sentarme observé las teclas, eran idénticas a las mías pero era de un piano mucho más antiguo. Volví a tocar gracias a este piano, me había negado el hacerlo hasta que él supo de mi don y me obligó a reencontrarme con mi gran amor.

“Atracción hacia los cuentos de hadas,
esos mundos donde todo es posible.
Los sauces sonríen y los gatos hablan.
Sé que los humanos somos guardianes
de poemas que no fueron cantados.
Bailarinas con faldas de flores silvestres,
cayendo desplomadas hacia la melodía...
Tócame una sonata en este claro de Luna.”

Mis dedos se movieron rápido con una melodía repleta de nostalgia. Parecía que mi alma era quien dictaba el paso de mis dedos, uno a uno, por las teclas de aquel hermoso piano. Mis ojos estaban cerrados, mis labios comenzaron a murmurar un poema que surgió de la nada.

“Libertad. Suena bien.
La libertad que no sentí,
cuando podía tocar tu piel.
Libertad. Melodía melancólica.
Ebrio tirado en un bar,
añorando su bebida alcohólica.
Libertad. ¿Qué es eso?
Nostalgia en el valle de sombras.
Dormiré para no ser preso.
Poesía, poemas desesperados.
Canciones, nanas olvidadas.
Caminaremos hacia la libertad,
lloraremos hasta el ocaso.
Flores de fantasía germinaran,
lo harán en las cuencas de nuestros ojos.
Podremos alcanzar la utopía,
habremos vencido al fracaso
y volaremos hacia la fantasía.
Libertad. Suena tan bien.”

Mi alma se dejaba ir, bailaba a su ritmo aunque fuera diferente al resto. En mi mente llegaron imágenes de toda una vida, miles de sensaciones. El aroma a manzanas de caramelo me recordó a mi infancia, la más dulce, y las risas de fondo de los niños me trajo a la mente que ellos son libres. La verdadera libertad está en la imaginación y la inocencia, cuando se pierde uno puede darse por muerto en prisiones demasiado aterradoras.

Al acabar noté a mi pequeña Anne tomarme de una de mis manos. Me miraba entusiasmada. Yo simplemente sonreí antes de tomarla en brazos. Ella estaba disfrutando de una vida familiar intensa, cuando Kurou siempre la tuvo apartada de todo. Estuve sentado al piano el resto de la noche, cantándole a ella aunque todos me escucharan.

Mi esposo nos observaba desde una esquina. El resto se fue marchando. Algunos se despidieron, otros por no molestar. Mi hermano me llamó besando mi mejilla, mientras acariciaba los cabellos de mi dulce Anne.

-Vámonos.-dijo Kurou quedando apoyado en el piano.

-Espero que mañana no te levantes con dolor de estómago, pequeña.-comentó mi hermano antes de alzar la vista hacia mi esposo.-Y tú deja de tener esos celos, aunque te hacen muy adorable por como los demuestras.-rió alto mientras tocaba uno de sus hombros.-¡Ah Kurou! Nunca vas a cambiar.

-Kamijo, tengo sueño.-escuché decir a Arthur, su amante.-¿Puedo quedarme a descansar aquí?

-Claro.-respondió antes de besar su frente.-Ve arriba, yo me termino de despedir de mi familia.

Así sucedió. Él se despidió de los tres, nos ayudó a guardar todos los dulces de la pequeña en una bolsa especial con hadas que bailaban entre nenúfares. Era una pintura apropiada al gusto de mi hija, también al mío. Para nosotros simplemente nos regaló una pequeña bruja. Según dice cuando se regala una la suerte acompaña a esa persona, o se instala en la casa donde luzca.

Cuando nos montamos en el vehículo decidí hacerlo atrás, nunca lo hacía. Me senté cómodamente con ella en mis brazos. Sabía que no era la mejor forma de llevarla, pero no quería apartarla de mi pecho. Mi manos jugueteaban con sus mechones, mientras ella bostezaba agotada. Era tan hermosa, tan pequeña y tan dulce que me hacía sonreír satisfecho en un mundo tan turbio y horrible.

En la radio sonaba un jazz sensual y cargado de nostalgia. Kurou conducía relajado, no quería llevar prisas en una noche que muchos habían bebido excesivamente. No era la mejor noche para ir en coche. Sin embargo, allí me sentía tan cómodo y como si estuviera arrojado a una felicidad deliciosa con sabores a infancia y chocolatinas.

-Duérmete pequeña hada, el bosque encantado será custodiado por el dragón y el gigante. Duérmete pequeña, descansa bajo una hoja de laurel. Mi hermosa pequeña hada, tan dulce como pícara.-susurré comenzando a cantar mientras reía bajo.-Kurou, cuando duerme es idéntica a ti.

-¿Por qué dices eso?-dijo parando en un semáforo.-¿Yo no la veo tan parecida?-comentó girándose hacia mí.-Parece más tuya que mía, no sé cómo demonio ha sucedido.

-Porque es rubia, tiene la piel clara además de suave, una linda boca rosada y suele molestarte tanto como yo. Por eso nos parecemos ¿verdad?-pregunté alzando la vista para clavar mis ojos en él.-Pero es tozuda, se sonroja, siempre quiere dibujar y ama las fotografías en blanco y negro. Es una niña calmada, que casi ni se escucha salvo cuando ríe de forma contagiosa o se molesta porque un sueño bonito se acabó. Tiene un carácter similar al tuyo, aunque tú suavizas todo detrás de una estúpida máscara.-se giró cuando dije todo aquello, muy rojo y confuso.-Sé que te molestas con la almohada cuando te despiertas en medio de un sueño bonito, te recuerdo que dormimos en la misma cama y soy tu esposo.

-¿Por qué te gusta siempre sacarme mis vergüenzas?-preguntó azorado.

-Porque eres encantador cuando sucede eso.

No hablamos mucho más, el resto del viaje fue en silencio. Él intentaba calmar su pudor y yo no reír demasiado alto, no quería que ella se despertara. Estaba tan hermosa aferrada a uno de mis collares, tan dulce soñando con algún hermoso lugar, que no quería mover ni un músculo. Cuando llegamos a casa fue una odisea bajar sin que ella lo notara.

Decidí que dormiría con nosotros, su cuarto aún no estaba terminado y no quería que estuviera entre cajas. Mi esposo siempre refunfuñaba, él quería que tuviéramos la cama para nosotros solos. Sin embargo, me sentía más tranquilo con ella aferrada a mí y con él rodeándonos.

Quité con cuidado su disfraz, el mío lo tiré por toda la habitación. Cuando colocaba su pijama murmuró algo que no comprendí demasiado bien, sólo sé que me hizo besar su frente y seguir quitando los apliques de sus cabellos. Kurou no paraba de murmurar que no era buena idea.

-¿Quieres dejar de quejarte?-pregunté.-Cuando la niña tenga su habitación allí dormirá, pero mientras ese cuarto sea una auténtica locura no. Además, quiero instalar una cámara de seguridad y mejores sistemas por toda la casa.

-¿Temes a Lambert?-un escalofrío recorrió todo mi cuerpo, desde la cabeza hasta la punta de los dedos de mis pies.

Lambert había conseguido secuestrar durante horas a Camil, prácticamente mató a mi hermano cuando fue a rescatarlo. También había estado en las oficinas centrales robando información. Era astuto con sus disfraces, por supuesto escurridizo y demasiado listo como para permitirse fallos. Parecía más una sombra, o un fantasma, que un ser humano normal y corriente.

-Por supuesto.-dije antes de abrir la cama para tumbarme con ella, bien pegada a mí.

-No te separas de ella, será imposible que te la quite.-susurró acariciando mis cabellos.

-Kurou, es mi hija y tengo miedo.-susurré tomando sus pequeñas manos para besarlas.

-Yo también lo tengo, pero debes darle tranquilidad o criaremos a una miedosa.-susurró antes de besar mi mejilla.-Yoshiki, por favor. No vas a disfrutar de la paternidad si a cada paso que da temes que se caiga, la roben o tenga miedo de unas sombras.-dijo mordisqueando mi hombro.-Yosh...

-Que sí, que lo sé.-arropándonos bien.-Pero dame tiempo, quiero tiempo para calmarme.

-Y el dragón rodeó a la pequeña hada, la aferró con tanta fuerza que se convirtió en polvo de estrellas.-susurró.-A la mañana siguiente esta regresó convertida en flor que no muere, tan hermosa como un ángel.-añadió haciéndome sonreír.-Y un día, de esa flor nació una hermosa mujer que con su baile y su voz angelical hacía soñar incluso a los villanos del cuento más cruel.

-Luego dices que eres patético para la poesía y que no eres capaz de crear arte.-dije girando mi rostro para ver el suyo levemente iluminado por la luz de mi mesilla.-Kurou, por favor.

-No voy a dejarte leer esos escritos, ni a regresar a la pintura. Necesito tiempo para volver a confiar en mis dotes, también valor para dejarte leer esas anotaciones.-besó mi frente y apagó la luz.

Aquella noche fue la más dulce de mi vida, pero no lo fue por los caramelos sino por mi familia. Esas personas que sin lazo de sangre aparente nos llamábamos, primos, hermanos, sobrinos... Amigos que se querían con tan fuerza que creaban una familia, un clan de asesinos que sólo muestran su rostro desde las sombras cuando necesitamos algo más que ingenio. Los amaba a todos.

sábado, 29 de octubre de 2011

Tears for you - Capítulo 12+1 - El baile de los malditos (parte III)



Imagen dedicada a mi dulce musa.
También quiero dedicar este tema a todos los que léis este blog.
Espero que os guste D, es uno de los personajes a los cuales más cariño tengo. Un hombre que sabe sacar partido a su "pequeño problema" y lo gasta a su favor. Un ángel con todas las de la ley. Un ángel gato algo cruel y muy sensual.
Marisol, sé que lo amas... disfrútalo.





El señor Sakurai se veía radiante, incluso hacía que todos nos fijáramos más en él que en mi hermano. Parecía un hombre completamente distinto lejos de la seriedad rigurosa que siempre había mostrado. Sabía que era un hombre adicto al espectáculo, que las actuaciones que realizaba eran como una poderosa máscara olvidando cualquier dolor. Sin embargo, podía ver en sus ojos que realmente estaba disfrutando y brillando con luz propia.

Pronto vi como soltó un potente silbido y como mi hermano dejaba de atender a su joven amante, y aún con este a su lado comenzó a tocar. Aquel hombre oscuro, pero de ojos cálidos y sonrisa algo entrañable, comenzó a cantar provocando que mi sobrino Sho chillara inesperadamente. Sabía cuánto amaba la voz de aquel misterioso personaje, el cual parecía salido de las mismísimas entrañas del infierno para cautivar a todo aquel que quisiera.

Sakurai tenía una carrera brillante en solitario, como cantante, y también era vocalista de una banda que se había reunido tras más de veinte años. Un hombre que hasta hacía poco era un serio oponente político, de mente cuadrada y de aspecto temible, había roto todos los esquemas y complejos para volver a ser esa pantera negra de regreso a su sensualidad, libertad y personalidad más extrema.

Kamijo deslizaba sus dedos en una alegre melodía, sin dejar de ser algo tétrica. Spider había conectado el equipo de música, para introducir los efectos necesarios para la actuación. Bou corrió a cambiar la intensidad de la luz, mientras Yuki lo vigilaba atentamente de forma paternal y con cierto deseo contenido en su mirada.

Aquel piano sonaba tan dulce, pero la voz con matices oscuros del señor Sakurai era tan intensa que producía escalofríos. Era una canción de aspecto de cabaret infernal con una pizca de melancolía. Como si proviniera de otro mundo para seres que jamás conocerían su significado, pero sin embargo la amarían como si formara parte de su vida y de su alma.

“¿Qué eres? ¿Quién eres? ¿Qué pretendes?
Has venido a visitarme, como si fueras la propia muerte.
Vistes muy elegante, demasiado atrevido.
Tienes buen gusto, tu aroma es agradable...
¡Eh! ¡Tenshi! ¿Bailas conmigo?
“Soy un Dios que ha venido para susurrarte “I love You”
sin embargo, me he parado para saludar.”
¿Qué eres? ¿Quién eres? ¿Qué buscas?
Has venido cual gato, deslizándote con sensualidad.
Hoy es una noche demasiado mágica,
no nos quedemos aquí parados y viajemos por la ciudad.
No quiero dejar de mover mis pies, por favor.
¡Una rapsodia a ritmo de tango!
“Soy un Dios que ha venido para gritarte “I hate You”
y si bien, me tienes aquí rogando a tus pies”
¿Qué eres? ¿Quién eres? ¿Qué deseas?
Mi alma será tuya cuando muera la última estrella,
tal vez sea antes de este rojo amanecer.
Pero por favor, se rápido y trátala bien.
“Shinimagi, I need You”
Por y para siempre, las preguntas danzarán en el ocaso.”


Eché un ojo a mi alrededor y no dudé en sonreír al comprobar como algunos terminaron bailando. Sho estaba bastante sonrojado dejándose acompañar por aquel individuo que no lo graba reconocer, por mucho que me esforzaba el disfraz era demasiado imponente y extraño.

Lionel se negaba mil veces a la invitación de su acompañante. Él era Yasu, uno de la vieja guardia que tenía Juka y que en esos momentos sentía tanto desprecio hacia su ex-jefe que deseaba torturarlo.

Spider brincaba alrededor de Yuki, el cual hacía tomado en brazos a Bou intentando bailar con él sin pisarlo. Los niños seguían el ritmo de mi pequeño sobrino, niño para siempre a mis ojos, y también de las palmas de Soma que reía sin poder evitarlo.

Hiroshi sólo fumaba en una esquina contemplando a todos, como hacíamos Kurou y yo. Mi hermoso gigante tenía el aspecto de un niño en un mundo de fantasía, jamás había escuchado un ritmo tan cercano al blues y a la vez tan cargado de rock. Era una mezcla de sensaciones, de emociones. Sonaba a viejo rock, ese que surgió de las entrañas del rock.

De todos los asistentes eché de menos a D, como si se hubiera desvanecido cual fantasma. En ese momento noté como faltaban algunos, como mi sobrino que comentó que vendría y otros que dijeron que sería imposible asistir. Suspiré pesado, ya que faltaba parte de mi felicidad en ese salón.

-Falta Yura.-dije apoyándome en el torso de mi esposo.-Debió venir.

-Y ese amigo orejudo tuyo.-añadió con cierta rabia.

-Paulo seguro que no quiso venir por su pequeña, aunque fíjate Celeste sonríe escuchando la melodía.

-Mejor para mi úlcera.

Hice como si no le escuchara, tan sólo me desaparecí subiendo hacia la estancia donde se encontraba la habitación de Celeste. La pequeña me despertaba ternura, aunque no paraba de sentirme despreciable al tener ese sentimiento de paz al saber que su madre no molestaría más. Nunca me parecí la adecuada para Kamijo e incluso él lo había dicho, hacía años que no era tan feliz como en esos momentos.

Al abrir la puerta me encontré a Chris mirando por la cristalera. Estaba vestido de pirata y realmente parecía sacado de otro cuento, tal vez del poema de Espronceda. Tenía a su hijo en brazos dormido, su piel clara contrastaba con la suya tan tostada.

-Pensé que no vendrías, Kamijo dijo que ni tú, ni Brandon y tampoco Mario estabais de humor.-comenté parado en mitad de aquella habitación.

-Yura me prometió que vendría y deseaba hacer que sonriera, en los últimos meses me ha ayudado a cuidar a mi hijo.-murmuró sin apartar la vista de la luna llena que se alzaba en aquel cielo algo encapotado.-Pero no ha venido, tal vez en un rato aparezca.-sonrió de forma dulce.-Es femenino incluso de ese modo, se hace desear.

-Echas de menos a una mujer en tu vida y ya hasta deliras.-comenté dejando a la pequeña en una de las cunas.-Aunque él es muy femenino.

-Renata me abandonó, después de todo lo que habíamos vivido. No tuvo piedad ni corazón para dejarme en busca de aventuras, romances de una noche y estúpidos sueños de niña de instituto.-dijo algo rabioso.-Debió quedarse aunque fuera únicamente por él.

-Tiene a su tito Yura para ser su imagen femenina.-intentaba destensar el ambiente, pero únicamente logré que me mirara cansado.-Lo siento.-añadí.

Se movió como un gato entre aquella media luz provocaba por la luminosidad de la ciudad, puesto que ni había dado al interruptor. Era como una visión, que abandonaba el niño junto a una cuna cercana a la de Celeste, para quedar frente a mí.

-En unos años, no muchos, tendré cincuenta años.-dijo algo abatido.-Yura es como una hija, aunque sea un hombre.

-Sí, es femenino y cruel como toda chica de su edad.-rió mi comentario, al fin se mostraba pendiente de bromas pequeñas entorno al carácter extraño de mi querido Yura.-¿Necesitas algo?

-Yo no soy quién está peor en este asunto.-murmuró.-Mario debería ser tu mayor preocupación.

-¿Sigue sin poder ver a su hijo?-pregunté agotado por esa historia, siempre que escuchaba algo sobre ella me producía una rabia inmensa.

Tiempo atrás hubiera jurado que Megumi era la mujer perfecta para Mario. Una de esas mujeres explosivas, algo adicta a las compras como único defecto, pero extremadamente dulce y comprensiva. Si bien, en esos momentos comprendí las palabras que alguna vez oí sobre ella. Conocía la rivalidad de Megumi con Daichi, o mejor dicho la de él con aquella ambición rubia. Detestaba a esa mujer con todas sus fuerzas, y desde hacía unos meses no era el único.

-Lamento molestar.-comentó Daichi entrando en la estancia.-Me escapé de la fiesta justo cuando empezó a sonar la música, Daisuke se agita demasiado, y bueno me costado que se durmiera.-dijo con una dulce sonrisa mientras miraba al pequeño.-¿Quedan cunas?

-Puedes tumbarlo con el mío.-dijo Chris.-No se mueve demasiado al dormir y la cuna es grande.

-Perfecto.-añadió.-Por cierto.-se giró hacia Chris contemplándolo con cierta sensualidad, lo pude notar puesto que la luz de la ventana dio directamente en él, iluminándolo como si fuera un foco de una atracción cirquense.-luces delicioso para tener prácticamente cincuenta años.-parpadeó un par de segundos.-Además, tienes ese toque erótico de viejo policía venido a menos... corrupto por un amor imposible hacia una niñata desagradecida.-se giró para contonearse hasta dejar al pequeño en la cuna junto al de nuestro pirata particular.

-Bueno, yo sobro aquí.-dije escabulléndose para llegar hacia el hall, de forma precipitada, y ver allí parado a Yura vestido como una novia cadáver.

Se veía impresionante con ese enorme y hermoso recogido, lleno de calaveras y mariposas negras. Sus ojos de colores distintos, uno azul y otro verde, junto a su piel de porcelana y su hermoso traje blanco, me hicieron suspirar lleno de orgullo y felicidad. Había venido más hermoso que nunca, aunque vistiera como un zombie a punto de atacar a su esposo justo en el altar después del “sí quiero”.

-Espero mi momento, no digas nada.-comentó señalándome con su abanico blanco envejecido para la ocasión.-¿Chris vino?

-Está arriba con la mantis felina.-contesté dejándolo algo confuso.-Digo, está arriba con Daichi conversando o tal vez fornicando.-intentó no reír ante mi comentario, por eso se tapó la boca pero una fuerte risotada se escapó.

-¡Primo!-escuché a Spider en la puerta del salón corriendo hacia él.-¡Primo! ¡Primo! ¡Estás muy guapo!-gritó a pleno pulmón.-¡Te dejó bonito Sho!

-El maquillaje lo hice yo, no él.-comentó intentando buscar un pequeño aplauso por su paciencia ante el espejo.-Pero sí, el estúpido de tu hermano diseña demasiado bien.-se inclinó para que rozara su nariz con la suya.-¿De qué vas bonito?

-Fantasma de un idiota que se enamoró de una bruja, y esta le comió el corazón convirtiéndolo en piruleta. Por eso voy ahora por todas las casas pidiendo golosinas.-le miró fijamente para luego palparse los labios.-¿Tienes golosinas?

-Tengo calaveras en casa, pero te las daré mañana cuando quedemos para tomar té y galletas recién hechas.-dijo tocando su nariz.-Te ves hermoso, tu hermano no me quería mostrar tu ropa.-murmuró.-El muy idiota jamás me quiere dejar ver sus trabajos, es un estúpido.

-Tengo orejas, dos.-intervino mi sobrino Sho, detrás de él aquel joven riendo bajo bastante divertido.-Dos hermosas orejas por las cuales escucho como me llamas estúpido.

-No peleen, vayamos a la fiesta a disfrutar que Hiroshi no acabó con el alcohol y Spider aún no tomó todos los dulces.-dijo aquel hombre balanceándose.-¡Sí! ¡Contemos historias de terror! Mientras meto mano a Sho en lo oscuro.-aquel comentario volvió de color rojo a mi sobrino, justo antes de carraspear.

-Os presento a Anis.-dijo antes de girarse apartando los cabellos que caían sobre su rostro.

Reconocí el nombre y la cara, era sin duda el otro hombre de confianza de Juka. Ahora, era el profesor de pintura de Sho, Spider y Bou. Se dedicaba a cuidarlos junto a Yuki, como si no pudieran valerse los tres por sí mismos.

-Con razón mi sobrino atiende tanto en clase.-eché a caminar para quedar a su lado, frente a ellos.-Eres un sexy profesor de dibujo.-murmuré antes de guiñar un ojo.-¿Haces también desnudos? Si hay clase de desnudo quiero estar presente, pero únicamente si es el profesor el objeto a pintar.

-Yoshiki.-murmuró Kurou apareciendo de la nada, también en la puerta del salón hacia el hall.

-Era una broma, amor.-me apresuré a decir.-Sabes que el único que posaría desnudo soy yo y ante ti, pero claro eres un pintor tan tímido que no serías capaz de dar un brochazo. Además, esa timidez provocaría violación instantánea del modelo al artista.-me encogí de hombros antes de pellizcar una de sus sonrojadas mejillas.-Una pena, porque después de pintarme te permitiría cualquier fetiche que cruzara por tu dulce y pervertida mente.

Escuché gemidos, unos intensos gemidos, que surgían del piso superior. Todos salieron al hall, escuchando atentamente, como desde el despacho de Kamijo había gritos desgarrados de placer. Reconocí esa voz de diva de la ópera que poseía Daichi, prácticamente de ángel, y esos gruñidos no podían ser de nadie más que de Chris.

-¡D es de papá!-gritó Ryutaro comenzando a llorar.

Aparentemente, Jun siempre se llevaba mal con Ryutaro, como si fueran réplicas perfectas de sus padres, sin embargo en ese momento el pequeño Sakurai besó la mejilla de su oponente. Terminó abrazado a él, provocando que se calmara extrañamente. El señor Sakurai revolvió el cabello de su hijo pequeño, porque eso era para él más que un sobrino, mientras que Kamijo pedía orden a todos para terminar regresándonos al salón.

viernes, 28 de octubre de 2011

Tears for you - Capítulo 12+1 - El baile de los malditos (parte II)



Para que imaginen a Daichi... junto a su voz y su aspecto... Selia sería lo mejor para sus ojos.


En él salón se encontraba un hermoso ángel vestido con una toga y unas alas plegadas muy reales, su aspecto dulce y calmado parecía una visión del paraíso. Allí parado junto al piano de Kamijo acariciando el instrumento algo sonrojado, y con los ojos muy atento a las teclas, me hizo sonreír. Lionel Landon estaba entre nosotros. Junto a él había uno de los nuevos hombres de Kamijo. Bebía atento observando a la rubia aparición, lo hacía vestido de samurai lleno de heridas falsas y katana enfundada.

Frente a todos, justo delante de la chimenea, se encontraba el señor Sakurai junto al padre de Yuki. Sakurai vestía como Gomez de los Adams, el bigote francamente no le sentaba bien. El padre de Yuki tenía la ropa de un célebre sombrerero, el de Alicia en el País de las Maravillas, y entre ambos creaban juegos de cartas y pañuelos que hacía reír a los pequeños.

“¿Crees en el amor?
Entonces crees en la magia.
¿Crees en la ternura?
Entonces creerás mis trucos.
Ven, deja que te muestre este mundo.
La magia está en todas partes,
sólo tienes que saber mirar.
¿Crees en el amor?
Entonces crees en mí.
¿Crees e la ternura?
Entonces te besaré en la frente.”

Soma Uchida estaba allí, vestido como en los setenta estilo Dios del Glam. Su hijo estaba sentado sobre sus piernas, observando atentamente a los magos de la noche. El resto de críos se encontraban en la alfombra comiendo patatas. Mi pequeña Anne se sentía bien entre ellos, como si siempre hubiera conocido a todos y sin importarle que fueran realmente desconocidos.

Spider y Sho, mis queridos sobrinos, contaban los caramelos que seguro que Spider había conseguido de camino a la fiesta. Spider vestía con traje de época, muy pálido, y asemejaba así a un fantasma. Sho sin embargo vestía de rojo radiante, con las gafas que pocas veces usaba y supuse que hacía cosplay. Estaba sentado a espaldas de un joven que no podía ver su rostro, sus cabellos eran demasiado largos, así como las mangas de su ropa. Reía con los comentarios de mis sobrinos. El pequeño Bou con su disfraz de conejo miraba a todos lamiendo una piruleta, mientras Yuki acariciaba una de sus mejillas con una sonrisa de tonto enamorado.

“Dulce inocencia la de los niños,
tan dulce como las golosinas que no comimos.
Dulce inocencia, dulce infancia,
a pesar de cualquier tragedia.
Me llamaste en plena madrugada,
terminamos hablando hasta el alba...
ese que hizo florecer la amarilla flor de la luz solar.
Mariposas alzaron el vuelo hacia Nunca Jamás,
y nosotros creímos que eran azucenas.
Las orugas creaban sueños,
mientras nos producían cosquillas.
Dulce inocencia, dulce como la miel.
Dulce inconsciencia, dulce ayer.”

Al piano estaba Kamijo, Arthur estaba sentado a su lado apoyado en su hombro. Contemplaba como mi hermano movía sus dedos explicándole alguna pieza que tocaría. Ambos sonreían de forma que me resultaba fascinante, se hablaban más con la mirada que con las palabras y esas sonrisas eran la guinda.

-Lamento haber tardado de regresar del aseo.-comentó una voz que no reconocí en un primer instante, pero al girarme mis ojos se abrieron enormemente.

Dorian Lambert destrozó la vida de muchas personas, entre ellos la del esposo del líder de uno de los clanes más extendidos en Japón y China. Había oído de la muerte de este junto al ex-amante de Sho, y el cuñado de Dorian. Aquel hombre era capaz de cualquier cosa por ambición.

La persona que estaba tras mis espaldas era Hisashi Daichi, hijo sanguíneo de Hisashi Kiyoharu, y casado con Hisashi Imai, hijo adoptivo de su padre. Todos conocíamos a Daichi con su nombre en clave, D. Era un hombre cuyo sexo siempre estaba en duda. Los tres hijos que había logrado adoptar y tener de Imai estaban allí. El más pequeño, Daisuke, descansaba en sus brazos aferrado al escote del vestido de su padre. Ryutaro, el mayor de los tres, estaba aferrado al vestido del disfraz, su hermana Sakura, hija de Imai y una prostituta, me miraba sin perder ni un sólo detalle. Iban vestido de Morticia, Miércoles y Pugsley. Parecían ir a juego con el señor Sakurai.

“Sensualidad, pura explosión de erotismo.
Ojos grandes y rasgados, de almendra afrodisíaca.
Labios que enmarcan sonrisas que ocultan lágrimas.
Me llamas con un parpadeo, me alejas con una risotada.
¿Qué eres? ¿Ángel o Demonio? ¿De dónde provienes?
Dame un poco de tu amor, será la poción perfecta.
Quiero amarte un poco, sólo un poco... hasta los huesos.”

-Id con el resto.-escuché su voz cálida y sensual, como la de un ángel de un paraíso extraño.

Poseía pechos, pero sabía bien que era hombre. Uno de esos seres nacidos con el bautismo de lo androgino y la sensualidad. Explotaba esas dos caras, a pesar que parecía odiarlas en ocasiones. Su espíritu salvaje siempre fue conocido, sobretodo por su gran apego a las grandes fieras y animales en libertad. Poseía una clínica veterinaria, por puro amor, de la cual tenía pocos ingresos porque atendía gratuitamente a todo animal que caía en sus manos.

-No sabía que estabas aquí.-dije serio contemplándolo.-¿Has hecho planes con mi hermano?

-Ahora somos amigos.-respondió.-He dado todos los territorios que aún poseía para tu hermano, sólo quiero que haga pagar por la muerte de mi esposo.-comentó sonriendo leve al notar que sus hijos estaban fuera del alcance de esas palabras.-Vengo de una fiesta infantil con Atsushi, hemos estado en el centro donde estuvo Nicolas.-hizo un inciso y sonrió de forma más calmada.-Ya sabe, el hijo de Lionel.

-Espero que no trame nada.-comentó mi esposo tomándome por los hombros.-Vamos dentro.

Aún poseía a la pequeña en mis brazos, calmada y dulce. Él tenía a su hijo dormido con un pequeño disfraz diseñado para la ocasión. La mantilla estaba hecha jirones a propósito y era negra. Comparando ambos niños eran la luz y la noche, o tal vez ella era la luna y él el cielo nocturno.

-Yoshiki.-dijo justo cuando me giraba.-Siempre te he admirado, así como admiro a tu sobrino.-se aproximó a mí para besar mi mejilla.-Buenas noches gigante, espero que te portes bien y no provoques que te eche a los leones.-canturreó antes de sentarse en el sofá junto a Soma.

-¿Por qué nunca tenemos una reunión normal?-preguntó mi esposo siseando mientras me abrazaba.-Quimeras, locos, borrachos y niños llenos de azúcar.

-Pero nuestra hija es feliz.-respondí escuchando su risa, viéndola abrazada a Nicolas y después a Jun.

Los niños debían ser niños, lejos de las historias tétricas de los adultos. Muchos de aquellos pequeños habían tenido vidas duras desde antes de nacer. La pequeña Sakura tenía una sonrisa de muñeca de porcelana, jugaba apartada con una golosina. Sho de inmediato la tomó entre sus brazos, para que de esa forma no se viera apartada.

Tenía informes extensos de esa familia. Era como si los conociera de toda la vida, como si hubiera estado presente en cada reunión familiar o cena. Podía decir que Daichi sonreía para olvidar las lágrimas que deseaba dejar correr. Había tenido que sufrir el desprecio de su padre, las burlas de todo aquel que se paraba frente a él, y por último un amor imposible que cuando fue recompensado se evaporó.

-¿Qué ocurre?-murmuró Kurou mientras me acariciaba el cabello.-Algo ocurre.

-Yo no habría sobrevivido treinta años de ese modo.-balbuceé antes de girarme para acariciar su rostro con una de mis manos, mientras aún sujetaba a la pequeña.-Me hubiera vuelto loco amarte en silencio treinta años.-él se sonrojó inclinándose para besar mis labios de forma suave.

-Te amo.-dijo de forma dulce y sincera.

“No te apartes de mí,
tengo miedo.
No me alejes de mí,
quiero besarte.
Dame uno de esos besos,
de los que te dejan sin aire.
Abrázame todo el tiempo,
como si nos despidiéramos.
No te apartes, no te alejes.”

miércoles, 28 de julio de 2010

Dark City - Capitulo 18 - Camino vital V


Heroin - Buck-Tick, es la canción que no para de sonar en mi cabeza hoy...


-No me jodas Uta.-le reproché mirándolo de reojo.-Lo que te ocurre es que estás completamente enamorado de Max, además que tiene que ser bueno en la cama...-me encogí de hombros.-Por cierto, otra que tiene perro guardián va a ser madre. ¿Ya te dijo Megumi?-si no se lo había dicho era raro, pero supongo que aún no había querido entrar en contacto visual con Miho. Megumi temía la reacción de nuestra hija.

Sabía cómo podía reaccionar Miho ante una sorpresa así. A pesar de todo quería a su madre, aunque hubiera huido de Londres y por ende de su lado. Mario seguramente no querría problemas y Megumi tampoco, así que tal vez Yutaka no lo sabría porque podría terminar confesándolo. Esperé su respuesta, aunque su cara lo decía todo.

-¿Embarazada? Se nota que no perdió el tiempo.-respondió-Sólo espero que esta vez lo disfrute y le pida a su pareja todo lo que no nos pidió a nosotros.-realmente debió ser duro lidiar con una embarazada llena de caprichos por los antojos, además que ya de por si Megumi me resultaba una amante de las compras y los postres. Suspiré sintiéndome .-Se lo merece.-dijo totalmente convencido que Mario tendría la suficiente paciencia con una mujer en su estado.-Supongo que será niño, desde hacia años quería tener otro.-eso no lo sabía, aunque jamás le pregunté si ser madre era uno de sus deseos. Para mí ella era una buena amiga, pero no me gustaba entrometerme si deseaba tener otro puesto que yo no sería el padre.-Pero sabes bien que no quería hijo de su marido y bueno...-hizo un inciso para sonreír.-Me alegra que ahora pueda.-entonces me miró de reojo buscando alguna reacción en mi rostro.-Sólo espero que a ti no te de algo por eso, por aquello de que eres todo sobreprotector.

-Nada que ver, hace meses que lo sé.-dije tras un profundo suspiro.-Antes que tú hija me infartara y casi la palmara.-no era un reproche, no de forma completa.-Pero ya estoy bien.-mentía, por dentro quería morirme recordando las palabras de Miho. Aún no sabía cómo pudo saber todo, aunque tenía mis ligeras sospechas y todo apuntaba a Hizaki o el propio Yutaka.

Sabía que no le habían querido decir nada, simplemente le dirían que fue otro de mis excesos. No quería que supiera la dolorosa verdad. Quería mucho a Miho, pero estaba seguro que desaprobaba esa forma de ser en ella. A pesar de haberse criado lejos de mí parecía ser cierto que los genes son los genes. Él siempre me reprochó ese tipo de comportamiento, tal vez verlo en ella tan sólo le recordaría que tenía otro quebradero de cabeza con ella.

-Lo lamento Atsushi, en verdad no pensé que Miho fuera a tener una reacción como la que tuvo.-era sincero, podía verlo en sus ojos.-No sé lo que dijo y no quiero saberlo, lamento tanto se hayan dado las cosas de ese modo.-iba diciendo aquello mientras caminábamos hacia la salida del estudio junto a las niñas.

-Que ojalá me muriera, que no era mi hija y que me fuera al infierno.-era básicamente su mensaje.-Eso mientras agonizaba en el suelo.-dije de forma inconsciente.-Y casi me muero.-añadí con una sonrisa amarga, parecía la de un canalla que se enfrentaba a la muerte y se burlaba de ella, sin embargo era algo bien distinto. O me enfrentaba con cinismo a todo lo que sucedía o no lo superaría jamás.-Sin duda alguna tiene mis genes, pero ahora soy yo quien hubiera deseado que no los tuviera.-fui duro al decir aquello, pero su reacción fue desmedida y cruel. Aunque más que cruel era consciente que así hubiera sido todo más sencillo para ambos. Yo lo fui con Yutaka, pero él era quién debía darme mi castigo y no ella.

-Realmente yo lo lamento Atsu, no pensé que esa fuera a ser su reacción.-murmuró preocupado.-Podría decirte y darte la razón pero...-estaba por revolver sus cabellos para que dejara de preocuparse, si se lo dije era porque debía saberlo y así saber a qué se atenía.-Aparentemente ella la tiene ahora, pero no justifico la forma y el modo.

-Yutaka ella no tiene motivos ni razones, aunque yo poniéndome en su lugar los tendría. Quien me tiene que decir de todo eres tú, pero tú no eres así.-dije parándome para tirar de él y abrazarle.-Gracias al menos por hacer la vista gorda... no soportaría perderte otra vez.-susurré antes de besar su mejilla.-Te quiero Uta.

-No es bueno que andes diciendo eso Atsushi, no quiero causar problemas con tu...-sabía que aún le guardaba cierto rencor a Phoenix, a pesar que era feliz con Max y estaba enamorado de él. De igual modo había tensión con Phoenix al escuchar su nombre.-Pareja y no me andes dando besos, no quiero problemas con Max.

-Papi... La muñeca huele feo.-murmuró Midori separándola de ella, mientras a la niña empezaban a mostrar los ojos aguados.-Ya no la quiero.-y fue en ese preciso momento cuando empezó a llorar a pleno pulmón, jamás había visto un niño con mejores pulmones que ella.

-Te quiero como un hermano... y a tu hermano no le rechazas abrazos joder.-dije antes de tomar a la pequeña.-Hay que cambiarla y no hay pañales. Mierda...-murmuré intentando buscar soluciones.-¿Qué coño te dan de comer? no pega nada en una nena ese perfume.-besé su frente antes de comenzar a tranquilizarla, pero no se calmaba.-Hay que buscar a sus padres.

Entonces lo vi. Vi a ese tipejo estúpido y ridículo que casi acaba con mi vida. Imai Hisashi estaba en el estudio, él era de la nueva banda y eso lo tenía seguro por el pálpito que sentí. Me quedé paralizado con la niña llorando, lo peor de todo es que estiró sus brazos comenzando a gritar “papá”.

-Toma, Midori la encontró.-señalé a la niña antes que pensara que la quería secuestrar.-Quita esa cara de acojone.-comenté antes de dejarla en sus brazos, intentando quitarme el susto de encima.-Es linda tu princesa, no sale a su padre así que tiene suerte...-me giré hacia Midori que aún lloriqueaba.-No llores, papá Yutaka y el tío Atsu te van a comprar un enorme helado.-intentaba no pensar que ese estaba ahí, pero maldita sea era imposible... estaba ahí. No era un holograma, ni una pesadilla, simplemente era de carne y hueso.

Nada más ofrecérsela casi me la arrancó y ella se calmó, lloraba pero era un llanto leve y no como segundos atrás que parecía que la torturábamos. Frunció el ceño mirándome como si quisiera dispararme, pero dudaba que pudiera tener armas encima y menos en el estudio, como mucho me podría tirar el pañal sucio de su hija.

-¿El gato rabioso no te hizo nada verdad?-aquella pregunta la hizo en voz bien alta para que yo lo escuchara. La niña se aferró firmemente a él y yo lo observaba aún atónito ante el descubrimiento.-Tranquila nena, ahora mismo te llevo donde papá D para que te atienda.

-En verdad lo lamento.-empezó a decir Yutaka, se veía que la cara del tipo no la recordaba porque no estuvo presente en la boda.-Pero es que Midori la vio sola en ese estudio y bueno...-carraspeó intentando buscar palabras para no incomodarlo.-El sonido que había ahí no era el indicado para una bebé.

-Créeme que está acostumbrada a los gemidos y jadeos de D.-respondió con esa maldita sonrisa sádica.-Es normal, D es tan... sensible.-al comentar aquello Yutaka se sonrojó como un quinceañero.-En cuanto a lo tuyo, gato rabioso, no tomaré en cuenta tu... ¿cómo se llama? ¿comentario? ¿palabra? No sé ni que era.

Claro que yo comencé a reírme cuando vi la reacción de su pareja tras sus espaldas. Se había sonrojado como molestado.

-Ven aquí mi niña.-susurró tomándola en brazos y ella simplemente terminó por calmarse.-Iré a cambiarla, y espero que tú no te comportes como niño de preescolar... bueno eso va para ambos.-dijo al notar que reía bajo.-Que somos adultos.

Cuando vi que se marchaba me eché a reír a carcajadas doblándome casi. Tenía el cabello más largo así que me cubrió por completo el rostro. Podía decirse que parecía un adolescente burlándome del regañado de clase.

-¡Y yo pensaba que tenía cruz con Phoenix! ¡Existe el karma!-exclamé alzando los brazos.-Ni se te ocurra joderme Imai, te aseguro que esta vez no seré tan democrático.-dije clavando mis ojos en él para ir hacia Midori tomándola en brazos.

-Idiota....-escuché ese gruñido, fue una satisfación para mí escucharlo.-Al menos mi pareja esta sana.-murmuró mirándose las uñas.-¿Karma? ¡Ja! ¡Piensa lo que gustes! Pero yo es que lo dudo.-apartó sus cabellos de su sudada cara para seguir molestándome, o al menos intentándolo.-Pero sólo te digo algo, mi banda será mejor que la tuya y eso mininu cardíaco, será mejor que haberte arruinado tu boda.-ahí sonrió como un asesino, lo que era.-Que tengan un buen día.

-Seguro que tú pensabas en Max cuando dijo eso.-susurré girándome hacia él.

-¡Deja de burlarte de mí!.-exclamó dándome un golpe en todo el abdomen.-Dame a Midori, yo la llevaré a la cafetería. Ahí te quedas con tu amigo.-dijo tomándola de la mano para irse directo hacia la cafetería que estaba a unos metros.

-¡Sigue soñando Imai! ¡Sigue soñando!-dije a su comentario sobre mi banda, cuando ya se marchaba. Yo era mejor que él, pasara lo que pasara yo sería mejor que él.

El comentario sobre Phoenix no me afectó puesto que su enfermedad había remitido, además desearle el mal a alguien no era mi estilo... y más cuando podía salir afectada una niña y ese hombrecillo que iba con él. Entonces caí en la cuenta. El desgraciado era mínimamente gay y me eché a reír corriendo hacia la cafetería, puesto que él se había mostrado como macho.

martes, 27 de julio de 2010

Dark City - Capitulo 18 - Camino vital IV


-Aunque tienes bonitas y firmes nalgas.-aquello lo dejó como estatua, además de rojo. Antes que gritara, o cualquier cosa semejante a todo lo que podía ocurrir en esas circunstancias, cerré la puerta y regresé a mi ensayo.

El ensayo iba bien, fue el último de la mañana. Yutaka pensó que sería hora de ir grabando de una vez, pero que antes necesitábamos todos un descanso. Max había llegado con Midori, pero se marcharon nuevamente en busca de un zumo para ella. La niña era dulce y parecía realmente hija suya, salvo por lo bronceada que era su piel.

Yo me marché al baño, tenía que asearme y refrescarme de paso. El resto se quedó en la sala pidiendo algo de comida de un restaurante cercano. Íbamos a comer allí, no podíamos perder tiempo en ir a casa y volver.

Nada más regresar supe que Yutaka había cambiado de opinión, como su hermano, y grabaron sus partes. Era el turno de Hidehiko, pero este primero calentaba recordando la melodía. Y allí estaba, encerrado en la gavina.

Decidí dar un largo paseo, mi turno era el último y tenía tiempo para estirar las piernas hasta que llegara la comida. Entonces vi a Yutaka su hija y la pequeña que había visto al extraño de hacía un rato.

-¿Dónde vas con la hija del culito perfecto?-pregunté agarrándolo por el brazo.-¿Te la encajó?-interrogué lazando una ceja. No quería complicaciones con los de la otra banda, seguro que no le sentaría nada bien al tipejo ver que la niña no estaba con su pareja. Daba por hecho que la pareja de ese hombre era otro, no podía estar con una mujer ni en sueños. Su aspecto delicado me recordaba al de las geishas. Midori parecía feliz, como si tuviera un nuevo juguete. Tomé aire y suspiré tras observarlos a los tres.-Vamos os compraré a las dos un batido de cacao en la cafetería... ¿y su padre?

-¡Tú callate!.-respondió molesto, parecía estar en pleno ataque de nervios.-Nadie me ha encajado nada, Midori la encontró y dice que es su muñeca.-ahí lo comprendí todo, era difícil hacerle entender a un niño que no podían ser ciertas cosas.

-Sí, es mía y es toda mona.-respondió con su tono infantil mientras la alzaba para que la viera mejor.-Es mi muñeca, mía y me la voy a quedar.-casi me carcajeo al ver lo necia que era, Miho era igual o peor que ella, parecía que Yutaka sólo tenía a su cargo mujeres con carácter. Él se masajeaba la sien intentando no molestarse aún más.-¿Batido de Cacao? ¡Sí! ¿Podemos ir papi? ¿Podemos?-preguntó balanceándose con la otra pequeña en brazos.

-Iré yo con ustedes, no me fío de que la andes cargando.-respondió tomando su cartera, se veía venir que lucharíamos porque me dejara pagar.

-Yo las invito chicas.-dije notando como la niña pequeña me observaba fíjamente.-Tienes unos ojos familiares, pero no sé de quién... me gusta tu ropa de gato, le preguntaré a tu padre de dónde la sacó.-decía rascándome la mejilla.-Jun querrá una... eh Yutaka ¿tú crees que nos pueden acusar de secuestradores?-dije medio en broma medio en serio.

-Deja de coquetear con la niña Atsushi.-no coqueteaba, sólo me gustaba malcriar a mis hijos como los ajenos.-Eres igual que el rabo verde de Imai...-dijo con los ojos en blanco para suspirar pesado.-Más bien, creo que deberían de agradecer que la tenemos con nosotros y no ahí sola en el estudio escuchando lo que yo escuché.-murmuró sonrojándose leve.

-Se escuchaban ruidos extraños, como los que hacen mis papás.-comentó Midori abrazando más a la niña que jugaba con un oso de peluche algo raído. Yutaka simplemente estaba volviéndose más rojo que nunca.

-¡Midori!.-la reprendió, pero fue demasiado cómico.

Yo intentaba no reírme, realmente intentaba no hacerlo, pero terminé explotando en carcajadas. No podía con aquel par, eran demasiado cómicos los dos.

-Gomen.. Pero es cierto.-dijo aferrándose más a la otra pequeña.-No deberías de mentir.-respondió y él la fulminó de tal forma que la silenció.

-¡Anda! así que el perro ladra bien en la cama.-dije dándole un leve golpe en la espalda.-Bueno entonces su padre encontró a su pareja.-hice leve memoria a ese trasero.-Joder que bueno está ese culito.

-De... ¡Deja de molestarme Atsushi!.-me lo reprochaba, podía sentirlo, pero sus ojos estaban cubiertos por el flequillo que casi le llegaba a los labios. Tenía el cabello más largo de lo normal.-Además, no es algo que te incumba.-cruzó sus brazos mostrándose en pose de niño regañado.-Sólo espero que Max no este cerca, no quiero escena de celos pero sería agradable que te volvieran a romper el labio.-sonrió y la pequeña rió, Midori simplemente seguía callada.-Creo que alguien está de acuerdo conmigo.

-No me jodas Uta.-le reproché mirándolo de reojo.-Lo que te ocurre es que estás completamente enamorado de Max, además que tiene que ser bueno en la cama...-me encogí de hombros.-Por cierto, otra que tiene perro guardián va a ser madre. ¿Ya te dijo Megumi?-si no se lo había dicho era raro, pero supongo que aún no había querido entrar en contacto visual con Miho. Megumi temía la reacción de nuestra hija.

domingo, 25 de julio de 2010

Dark City - Capitulo 18 - Camino Vital III


Rogué que su relación no afectara a la calidad de su trabajo, aunque sabía que era alguien creativo y maduro. Sus cualidades le harían superar esos miedos y también los momentos de crisis que podrían venir. Él y su pareja eran puntos opuestos, pero creo que aún Imai no se había percatado.

Las semanas siguientes fueron de trabajo duro. No sólo trabajaba en el estudio, también en el despacho que tenía en casa. Había finalizado la recaudación de impuestos en la ciudad, más bien todo el país y fuera de las fronteras, así que observaba los nuevos presupuestos y cambios en las fabricas. Quería estar seguro de todo lo que tenía entre las manos. Y cuando no estaba centrado en informes lo estaba en canciones. A pesar de tener derivado gran parte del trabajo a personas de confianza bien cualificados era estresante, demasiado para un solo hombre. Sabía bien que los médicos lo desaconsejarían, pero a mí no me importaba hacerlo. Me hacía sentirme vivo todo aquello, a pesar del cansancio.

Con respecto a mi vida social Kamijo y Paulo seguían sintiéndose con un enorme lastre. Habían llegado rumores de ruptura en ambas parejas. Las revistas no tardaron en introducir a Kamijo también en su amplio jardín de variedades. Se podría decir que un hombre como él, físicamente y con su carácter, añadiendo su fortuna no pasaría desapercibido demasiado tiempo en una ciudad como esta, mucho menos si se relacionaba conmigo y posaba en revistas especializadas en música para hablar de su teatro. Así que terminó siendo codiciado y eso implicaba que hurgaran con lupa en su vida personal. Paulo era perseguido por ser un escritor de éxito, con una personalidad y una historia opaca por decir imposible de investigar, y con un alto cargo sin olvidar su físico.

Esos rumores no eran tan estúpidos, tenían algo de razón. Claudia se marchó del lado de Paulo, rumbo a un viñedo de Francia, y Jasmine estaba con la paciencia agotada ante los avances de Emma. Temía que ambos terminaran hundiéndose, pero yo no lo permitiría porque sabían que tenían mi mano extendida.

Mi vida también interesaba. Hizaki había sacado a la luz que estaba comprometido, así que se preguntaban si iba a ser un eterno compromiso como el mío. Referente a Phoenix poco decían, no podían negar su profesionalidad ante las cámaras, y sobre mi nueva vida en los escenarios más bien se mantenían al margen.

La prensa no era algo que me preocupara en exceso, pero sabía que la tendríamos que usar para llenarla de publicidad y entrevistas convenientes para todos nosotros. Tendríamos que poner la mejor cara, aunque jamás me agradaron los focos. Hubo un tiempo en que estaban continuamente en mi casa para reportajes de alta sociedad, pero en esos momentos sólo lo usaban para herirme y no para ayudarme. Era la hora de cambiar de nuevo las tornas.

El único misterio que había en mi vida eran los vecinos de estudio, no solía escucharse demasiadas conversaciones desde el otro lado de la pared, tampoco demasiado movimiento y como mucho pude ver como llegaba uno de los músicos de la discográfica al estudio. Era uno de los baterías más galardonados de la ciudad, solía hacer colaboraciones cuando había bajas en las formaciones de los grupos más representativos de la ciudad. Eso alimentaba el misterio y mis ganas de saber quienes eran.

Jamás pensé que me llevaría una sorpresa como aquella, mucho menos que empezara de esa forma. Era el cumpleaños de Anii, no solía celebrarlo demasiado y lo único que pedía era lo de siempre. Lo de siempre era una noche calmada en un buen restaurante y unos pequeños recuerdos de la celebración, nada de regalos ostentosos. Así que mientras iba pensando en el regalo que debía hacerle entraba en estudio.

Había estado toda la mañana ensayando dos canciones, para poder grabarlas después de la hora de almuerzo. Venía justo de tomar un aperitivo para soportar la jornada y vi un rostro nuevo en el estudio. Aquel personaje me pareció tentador, algo digno de investigación.

No puedo decir que al primer impacto visual pensara que era un hombre, tampoco una mujer. Era algo superior a ambos sexos. Parecía el perfecto equilibrio, un rostro andrógino y unas prendas tentadoras para cualquiera. Quería a Phoenix, pero como siempre digo no soy ciego. Observé su cintura delicada y opté por creer que era mujer, además portaba una cesta de almuerzo y una pequeña entre sus brazos.

Mi aspecto no era el mejor para una primera impresión, me había empapado la cabeza tras bañarme literalmente con un botellín de agua. Tenía la camisa algo abierta y fuera del pantalón, aquel lugar se había convertido en mi casa. Pero decidí iniciar contacto visual con mi acompañante de ascensor.

-¿Sube?-pregunté sin apartar los ojos de los suyos. Eran ojos asiáticos, pero no parecían ni japoneses ni chinos ni coreanos, era una mezcla de rasgos y profundidades. Simplemente era un espécimen único. Sus labios estaban levemente maquillados, pude notarlo, tal vez para resaltar el color y forma de estos. Él sólo asintió algo nervioso, no sabía si por mí o porque estaba deseando ver a alguien, dudaba causar ese efecto de mirar constantemente los números del ascensor y di por hecho que quería ver a su pareja.-¿Tienes a tu marido por aquí preciosa?

No sé que sucedió, pero esos ojos que parecían perfectos se volvieron oscuros y brillaron por el odio. Me intimidaron. Creí que era por lo de preciosa, si bien no fue por eso.

-¡Soy un hombre! ¡Un maldito y jodido hombre!-exclamó en japonés mientras la pequeña que iba en sus brazos rió. Parecía satisfecha que su padre casi engullera a otro. Noté entonces las uñas de sus manos, largas y pintadas de forma llamativas acorde con la yukata que llevaba.

-Lo lamento, es usted de una belleza superior y excesivamente cargado de androginia. Eso no tiene nada de malo, todo lo contrario. Debería sentirse orgulloso de ello.. es muy hermoso.-tomé entonces una de las manos de la pequeña y sonreí, tendría aproximadamente la edad de mi hijo pequeño.-Tú sí eres una niña, y muy guapa por cierto.

El ascensor se abrió en ese momento. Lo primero que vi fue correr a Imai, daba grandes zancadas esperando librarse de una de las baquetas de Anii. Su pareja iba detrás, y detrás de ellos Yutaka e Hidehiko.

-¡Anii! ¡Qué te pierdes!-gritó Yutaka subiéndose sobre él.-¡Hermanito! ¡No! ¡Imai no tiene la culpa!

-Necesito vacaciones... unas largas y extensas vacaciones.-murmuraba Hidehiko encendiendo uno de sus cigarillos.-A un país que desconozcan.

-¡Queréis comportaros como adultos de una vez!-exclamé practicamente echando llamaradas.-¡Es un estudio de grabación! ¡No es un patio de escuela!

-Ha olvidado qué fecha es mañana.-eso no era excusa, pero olvidar el cumpleaños de una pareja podía ser problemático.

-Ya, pero al menos he sido sincero.-dijo Imai colocándose bien la camisa.-Volvamos al estudio.

Cuando ellos regresaron busqué al muchacho pero ya no estaba, no había rastro de él ni de la niña. Nada más había otro estudio ocupado y era el de aquella banda. Supuse que era parte del equipo, o tal vez su pareja se encontraba allí. El misterio aumentaba y mis ganas de golpear la puerta casi no podía contenerlas.

Estando dentro, bien concentrados, alguien llamó a la puerta. Abrí yo porque era el más cercano a la puerta. Entonces lo vi ahí parado, sin cesta y sin niña, como si fuera un regalo.

-Konichiwa.-dijo algo nervioso.-Verá.-balbuceó en el idioma del país.-Le conté su comentario como mera anécdota a mi pareja y se ofendió.

-Ah... dígale que es un inmaduro si se ofende.-dijo como si nada. Para mí que otros dijeran que Phoenix era atractivo, dulce y sobretodo apetecible, eran halagos hacia mi buen gusto. Así que no comprendía los celos irracionales de otros. Las parejas se tenían porque uno las amaba, si amabas a tu pareja te sentirías orgulloso de todo lo que representa y por ello siempre hay que agradecer que digan piropos agradables.

-Es lo que pensé.-respondió siendo sincero, pero algo avergonzado por decir aquello. Era como si se hubiera visto forzado a hacerlo.

-Aunque tienes bonitas y firmes nalgas.-aquello lo dejó como estatua, además de rojo. Antes que gritara, o cualquier cosa semejante a todo lo que podía ocurrir en esas circunstancias, cerré la puerta y regresé a mi ensayo.

Gracias por su lectura

Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt