Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

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martes, 27 de julio de 2010

Dark City - Capitulo 18 - Camino vital IV


-Aunque tienes bonitas y firmes nalgas.-aquello lo dejó como estatua, además de rojo. Antes que gritara, o cualquier cosa semejante a todo lo que podía ocurrir en esas circunstancias, cerré la puerta y regresé a mi ensayo.

El ensayo iba bien, fue el último de la mañana. Yutaka pensó que sería hora de ir grabando de una vez, pero que antes necesitábamos todos un descanso. Max había llegado con Midori, pero se marcharon nuevamente en busca de un zumo para ella. La niña era dulce y parecía realmente hija suya, salvo por lo bronceada que era su piel.

Yo me marché al baño, tenía que asearme y refrescarme de paso. El resto se quedó en la sala pidiendo algo de comida de un restaurante cercano. Íbamos a comer allí, no podíamos perder tiempo en ir a casa y volver.

Nada más regresar supe que Yutaka había cambiado de opinión, como su hermano, y grabaron sus partes. Era el turno de Hidehiko, pero este primero calentaba recordando la melodía. Y allí estaba, encerrado en la gavina.

Decidí dar un largo paseo, mi turno era el último y tenía tiempo para estirar las piernas hasta que llegara la comida. Entonces vi a Yutaka su hija y la pequeña que había visto al extraño de hacía un rato.

-¿Dónde vas con la hija del culito perfecto?-pregunté agarrándolo por el brazo.-¿Te la encajó?-interrogué lazando una ceja. No quería complicaciones con los de la otra banda, seguro que no le sentaría nada bien al tipejo ver que la niña no estaba con su pareja. Daba por hecho que la pareja de ese hombre era otro, no podía estar con una mujer ni en sueños. Su aspecto delicado me recordaba al de las geishas. Midori parecía feliz, como si tuviera un nuevo juguete. Tomé aire y suspiré tras observarlos a los tres.-Vamos os compraré a las dos un batido de cacao en la cafetería... ¿y su padre?

-¡Tú callate!.-respondió molesto, parecía estar en pleno ataque de nervios.-Nadie me ha encajado nada, Midori la encontró y dice que es su muñeca.-ahí lo comprendí todo, era difícil hacerle entender a un niño que no podían ser ciertas cosas.

-Sí, es mía y es toda mona.-respondió con su tono infantil mientras la alzaba para que la viera mejor.-Es mi muñeca, mía y me la voy a quedar.-casi me carcajeo al ver lo necia que era, Miho era igual o peor que ella, parecía que Yutaka sólo tenía a su cargo mujeres con carácter. Él se masajeaba la sien intentando no molestarse aún más.-¿Batido de Cacao? ¡Sí! ¿Podemos ir papi? ¿Podemos?-preguntó balanceándose con la otra pequeña en brazos.

-Iré yo con ustedes, no me fío de que la andes cargando.-respondió tomando su cartera, se veía venir que lucharíamos porque me dejara pagar.

-Yo las invito chicas.-dije notando como la niña pequeña me observaba fíjamente.-Tienes unos ojos familiares, pero no sé de quién... me gusta tu ropa de gato, le preguntaré a tu padre de dónde la sacó.-decía rascándome la mejilla.-Jun querrá una... eh Yutaka ¿tú crees que nos pueden acusar de secuestradores?-dije medio en broma medio en serio.

-Deja de coquetear con la niña Atsushi.-no coqueteaba, sólo me gustaba malcriar a mis hijos como los ajenos.-Eres igual que el rabo verde de Imai...-dijo con los ojos en blanco para suspirar pesado.-Más bien, creo que deberían de agradecer que la tenemos con nosotros y no ahí sola en el estudio escuchando lo que yo escuché.-murmuró sonrojándose leve.

-Se escuchaban ruidos extraños, como los que hacen mis papás.-comentó Midori abrazando más a la niña que jugaba con un oso de peluche algo raído. Yutaka simplemente estaba volviéndose más rojo que nunca.

-¡Midori!.-la reprendió, pero fue demasiado cómico.

Yo intentaba no reírme, realmente intentaba no hacerlo, pero terminé explotando en carcajadas. No podía con aquel par, eran demasiado cómicos los dos.

-Gomen.. Pero es cierto.-dijo aferrándose más a la otra pequeña.-No deberías de mentir.-respondió y él la fulminó de tal forma que la silenció.

-¡Anda! así que el perro ladra bien en la cama.-dije dándole un leve golpe en la espalda.-Bueno entonces su padre encontró a su pareja.-hice leve memoria a ese trasero.-Joder que bueno está ese culito.

-De... ¡Deja de molestarme Atsushi!.-me lo reprochaba, podía sentirlo, pero sus ojos estaban cubiertos por el flequillo que casi le llegaba a los labios. Tenía el cabello más largo de lo normal.-Además, no es algo que te incumba.-cruzó sus brazos mostrándose en pose de niño regañado.-Sólo espero que Max no este cerca, no quiero escena de celos pero sería agradable que te volvieran a romper el labio.-sonrió y la pequeña rió, Midori simplemente seguía callada.-Creo que alguien está de acuerdo conmigo.

-No me jodas Uta.-le reproché mirándolo de reojo.-Lo que te ocurre es que estás completamente enamorado de Max, además que tiene que ser bueno en la cama...-me encogí de hombros.-Por cierto, otra que tiene perro guardián va a ser madre. ¿Ya te dijo Megumi?-si no se lo había dicho era raro, pero supongo que aún no había querido entrar en contacto visual con Miho. Megumi temía la reacción de nuestra hija.

viernes, 9 de julio de 2010

Dark City - Capitulo 17 - Ironías del destino LIV


Era la conversación más cordial que habíamos tenido hasta ese momento. Jamás pensé que llegáramos a estar de acuerdo en algo, o al menos tener claro que teníamos que estar apoyándonos por el bien de Yutaka. Creo que ese era el motivo, el único motivo que teníamos ambos para ser cordiales y soportarnos.

No regresé de inmediato a casa, no podía. Sabía que si decía la verdad Phoenix podía sospechar algo que realmente no era. Decidí que debía ir a encontrarme con el mar. Hacía años que no iba, por cuestiones de trabajo y enfermedad. Quería ir al rompeolas, ver las olas salpicando y el sol brillando deslumbrante en un día típicamente veraniego.

Al llegar a los aparcamientos cercanos al paseo marítimo quedé maravillado. Desde hacía unos tres o cuatro años, tal vez alguno más, se estaba luchando por el derribo de hoteles e instalaciones demasiado cercanas al mar. Y allí estaba, una playa más despejada y hermosa. La zona más rocosa siempre estaba desierta, y a ella me marché. Allí no había nadie, pero a menos de seiscientos metros comenzaban las sombrillas y toallas. Yo quería paz, quería ver el mar con una ansiedad que no tenía desde mi juventud.

Y allí me encontré frente a la brisa de aquel paraíso. Las olas golpeaban las rocas sobre las cuales estaba. Mis ojos se clavaron en el horizonte, allá a lo lejos donde un barco cruzaba aquella frontera tan mística del más allá. El faro que se encontraba a mis espaldas parecía saludar como un enorme gigante a las gaviotas que planeaban sobre una pequeña porción de rocas. Realmente si tengo que describir lo que mis ojos alcanzaban ver estaría horas narrándolo.

La brisa agitaba mis cabellos y sonreí por inercia. Los días de playa siempre se esperaban con ansias en la juventud. Hundirte en el mar, sentirte libre en el líquido elemento y tirarte en la arena observando el cielo azul. Esos días vinieron a mi mente. Vinieron en blanco y negro, como si fuera una película antigua, y las carcajadas se hacía eco como si estuviera en una gruta.

-Esos días no volverán.-dije antes de quitarme la camiseta y bajar hacia tierra firme.-Esos días ni ninguno que haya vivido, pero venir aquí es como sentirlo de nuevo.-sonreí notando la arena cálida en mis pies, puesto que me había quitado los zapatos. Caminé hacia la orilla sintiendo el frescor del agua y sonreí aún más que antes.-¿Y para qué quieres que vuelvan? No, no seas idiota. Ahora empieza lo bueno, aunque hayan cosas en tu vida que detestes y quieras borrar. Es la edad perfecta para apreciar y disfrutar la vida.

Realmente así lo creo. A partir de los cuarenta nos damos cuenta de nuestros fracasos, reflexionamos sobre nuestras acciones y tomamos en cuenta la experiencia para actuar. Siempre lo he pensado así. Pero el reencuentro con los recuerdos me hacen sentirme tranquilo. Buscar el mar o alguna fotografía es necesario, por eso estaba allí humedeciendo mis pies mientras notaba como el sol calentaba mi piel.

Pasados unos minutos me marché. Me coloqué bien la ropa y el casco para marcharme hacia casa. Ya estaba dispuesto a volver junto a Phoenix, dar mis explicaciones si las necesitaba y tumbarme en el suelo rememorando el paisaje de aquel lugar.

Cuando llegué él estaba allí sentado con Jun en brazos, se había dormido sobre sus piernas y él lo acomodaba mejor sobre su cuerpo. Sus ojos estaban llenos de lágrimas, así que no dudé en ir hacia él para acariciar sus mejillas y secarlas.

-Me tenías preocupado.-murmuró hipando.

-Han hecho daño a Yutaka y Max se metió en una pelea para ayudarlo, quería saber cómo estaban y darles mi apoyo de forma personal. También quería ver por mis propios ojos comos e encontraba Kamijo.-dije mirándole a los ojos.-No llores gatito, si lloras te pondrás con los ojos hinchados.

-Debiste decir que pasaba, pensé que te ocurría algo malo.-alzó su mano acariciando mi rostro.-Hueles a mar.

-Fui a la playa un momento, quería desahogarme de alguna forma o más bien relajarme. Realmente no sé porqué fui allí, pero me sentí bien al poco de estar contemplando las olas.-susurré antes de besar dulcemente sus labios.-Y ya estoy aquí, junto a ti y al pequeño.

-A veces pienso que aún no te comprendo, que no puedo comprender porqué haces algunas cosas y me da miedo. Tengo miedo que ocurra algo y que yo no pueda ayudarte.-susurró antes de devolverme el beso.

-Pheonix todos tenemos nuestros misterios.-dije antes de tomar al pequeño.-Déjamelo, haré que descanse mejor en su parque.

Él sólo asintió. Yo, como dije, dejé al pequeño en su pequeño parque para que descansara de forma segura. Regresé a su lado abrazándolo. Por unos minutos me puse en la piel de Max, más allá que la víctima fuera Yutaka. Realmente no supe si reaccionaría igual que él ante la sola idea que alguien pusiera un dedo encima a Phoenix, pero terminé imaginándome volando los sesos al autor de dicho acto.

jueves, 8 de julio de 2010

Dark City - Capitulo 17 - Ironías del destino LIII


-Sí, por Emma. Me veo sin Jasmine. Un día llegaré a casa y no estará, creo que por eso estoy siempre en el teatro. Temo ir a casa y que haya desaparecido, que se haya esfumado de mi vida, y que no vuelva.-suspiró cansado.-Pero eso son cuestiones causadas por mi estupidez, por no escucharte y por no escucharlo, ahora no tienen remedio.

No dije nada. No tenía mucho que decir, tan sólo aceptar que él deseara tomar las consecuencias. Me quedé unos minutos junto a él, después me levanté y me marché sin despedirme.

Hacia la salida del lugar iba meditando qué hacer y qué decir. No quedaba demasiado lejos la casa de Yutaka y Max, tan sólo a unos diez o quince minutos en moto. Pero antes de ir tenía que conseguir averiguar qué podía decir ante la noticia y ante ellos. Decidí sentarme en el jardín cercano dejando que la fuente fuera el único murmullo junto a mis pensamientos.

Ir allí sin más presentándome con las entradas y algún obsequio era una locura. Sin embargo, sabía que desearían despejarse y no pensar en lo sucedido. Yutaka era alguien especial para mí, por mucho que Max pensara que sólo me importaba para dañarlo. No debía intervenir demasiado y no sabía como aguantar mis ganas.

Cuando tuve las palabras que creí correctas me marché en dirección a su apartamento. No podía creer aún que el tiempo nos pusiera en una situación parecida. Era un adolescente cuando creía que pasara lo que pasara terminaría a su lado, en cierta forma tenía razón. Sigo a su lado, es mi amigo y no puedo evitar quererlo.

Al llegar a su telefonillo me temblaron las manos. No había comprado nada tan sólo las entradas. Un sudor frío recorría mi frente y la boca se había resecado tanto que casi no podía tragar saliva. Llamé finalmente y quien contestó fue Max.

-¿Sí? ¿Quién es?-preguntó mientras se escuchaba de fondo la televisión.-¿Hay alguien?

-Por favor ábreme.-dije echando hacia atrás mis cabellos, dejando las manos tras mi nuca, estaba demasiado nervioso.-Max sé lo que ha sucedido, necesito verlo.

-Está descansando.-respondió.-No molestes.

-No creo que le haga feliz que seas así de grosero conmigo, te recuerdo que él y yo seguimos siendo amigos.-entonces escuché un pequeño calambrazo como un zumbido y la puerta se abrió.-Gracias.

Subí hacia su apartamento por las escaleras, quería meditar un poco más lo que diría. Cuando llegué a la planta correspondiente la puerta ya estaba abierta y Max me esperaba recargado en el marco de esta.

-Yutaka realmente está descansando.-dijo mirándome con los ojos fríos, como si intentara ocultar su rabia.-¿Qué quieres?

-He sabido lo que ha sucedido, me han puesto en conocimiento de los detalles.-su rostro no mostró asombro, suponía que me enteraría de cualquier forma.-Es extraño porque por un lado quiero darte las gracias por protegerlo, aunque es tu cometido como su pareja, y por otro hubiera deseado tener la oportunidad que tú tuviste.-saqué las entradas y se las ofrecí.-Deseo que lo saques de casa, que se despeje unas horas, y si puede ser con algo cultural y que le evite pensar en todo lo que ha pasado. Seguramente le habrán puesto ayuda psicológica y también tiene la tuya. Pero yo soy su amigo, antes no lo cuidé como debía lo sé. Ahora quiero hacerlo como lo hacen los amigos, preocupándose e intentando dar su apoyo.

-Para mi fue un placer dejar medio muerto a uno de ellos.-dijo mirándome con cierto brillo en los ojos.-Debí haberlo matado.-añadió y luego miró las entradas.-Le diré que nos invitas, pero no esperes que te lo agradezca. Este gesto no quita lo que has hecho en el pasado, no voy a ponerme a decir que eres buena persona por algo como esto.

-Lo sé.-respondí.

-¿Algo más?-preguntó alzando una ceja.

-Si necesita algo, lo que sea, avísame. No me importa ayudar, es más deseo hacerlo. Tanto yo como Hidehiko, Imai o su propio hermano. Todos estamos dispuestos a cuidarlo y ayudarlos.-lo decía con total sinceridad, tal vez por eso no tuve más que silencio. Si no hubiera sido así, si hubiera dudado un segundo, hubiera tenido otra reacción.

-Vale.-dijo metiéndose más hacia su hogar.-Adiós.

-Adiós.

Era la conversación más cordial que habíamos tenido hasta ese momento. Jamás pensé que llegáramos a estar de acuerdo en algo, o al menos tener claro que teníamos que estar apoyándonos por el bien de Yutaka. Creo que ese era el motivo, el único motivo que teníamos ambos para ser cordiales y soportarnos.

miércoles, 7 de julio de 2010

Dark City - Capitulo 17 - Ironías del destino LII


Las noticias que obtuve fueron terribles, abrieron una herida en mi alma y creo que mi dolor se hizo palpable para mi hijo. Habían intentado abusar de Yutaka en los aseos del parque de atracciones. Antes de salir juntos sucedió lo mismo en la piscina del barrio. Anii en esa ocasión molió a golpes al atacante, esta vez fue Max, aún así yo quería golpear a las personas que habían intentado abusar de él.

-¿Qué ocurre?-preguntó Phoenix apareciendo con una bandeja con limonada para que me refrescara.

-Debo ir a ver a Kamijo.-dije saliendo de la piscina para dejar al bebé en el césped.-Báñate con él, disfruta del día, y cuando regrese te cuento todo.-besé su frente y salí de forma precipitada hasta mi habitación.

Me puse la primera camiseta que encontré, junto a unos jeans y unas sandalias. Fui hacia el despacho para tomar mi cartera, las llaves de mi moto favorita y salí en dirección al teatro. Sabía que él estaba allí, era su segundo hogar.

Cuando llegué al teatro lo hice corriendo hacia las escaleras, iba desquiciado y sin poder calmarme. No había estado cerca de Yutaka para protegerlo, ya no era mi causa sino la de Max. Pero aunque no era yo quien tenía que cuidarlo sentía que era mi deber.

Entré pasando de la recepcionista que había puesto al principio de los despachos. Llamé a su puerta y al abrirme se quedó confuso al verme tan alterado. Me hizo un gesto para que entrara y me sentara, sin embargo yo no era capaz de estar sentado. Me movía por la habitación como un león de circo en su minúscula jaula.

-¿Qué sucede?-dijo tomando una taza para servirse un té.-¿Quieres uno? Compré este pequeño aparato que sirve té verde.

-No quiero té, quiero una pistola.-respondí completamente furioso, justo antes de dar un golpe contra la pared.

-¿Qué?-interrogó dejando el vaso en su escritorio.-¿Por qué dices eso? ¿Qué ha ocurrido?

-Han abusado de Yutaka.-se quedó frío al escuchar mis palabras.

-¿Tienen al criminal?-preguntó sentándose en el pequeño diván dejando espacio para que yo tomara asiento junto a él, pero no lo hice.

-Me da igual si lo tienen o no, yo no quiero que sigan respirando.-dije antes de sentarme en un rincón.-Te juro que quiero destrozar toda la ciudad.

-Te creo.-susurró analizando la situación, podía intuirlo por su mirada y el leve arqueamiento de sus cenas.-No puedo intervenir, si muevo a mis hombres sería demasiado arriesgado para mí y para ti. Recuerda que recientemente se abrieron investigaciones en nuestra contra, que investigaron todos nuestros movimientos, y tuvimos mucha suerte.

-Lo sé, lo sé.-respondí abrazando mis piernas.-Pero no quiero que quede eso impune, Yutaka no se merece pasar por esto otra vez.

-¿Otra vez?-dijo levantándose para sentarse a mi lado colocando una de sus manos sobre mi cabeza.-Atsushi no soy bueno escuchando a las personas, tengo problemas para ser un buen consejero pero si quieres puedo darte uno.

-¿Cuál?-pregunté mirándole fijamente a los ojos, esos profundos ojos azules.

-Yutaka tendrá el apoyo de Max, de su hermano, de su cuñado, de su hija, de Miho, de Josep, de Eduart, de mí, de ti, de todos los que le quieren y también por supuesto de un especialista.-asentí a sus palabras porque tenía razón.-Apoyo, dale tu apoyo y nada más. Yo por mi parte intentaré averiguar más de ellos, investigar para que no salgan impunes. Pero te pido que no hagas nada, sólo apoyarlo.

-¿Y cómo le demuestro mi apoyo? Jamás he sido bueno en ese sentido, nunca le he demostrado que realmente estoy ahí cuando me necesite.-eché mi cabeza hacia atrás y miré el techo.

-Cómprale unas rosas, un poco de chocolate y un vino para que pueda tomarlo con Max. Explícale que quieres verle sonreír y entrégale unas entradas para el teatro que yo te voy a dar. Haz que tenga la mente ocupada, que pueda disfrutar de momentos con su pareja, y le dices que necesite lo que necesite puede pedírtelo. Sois amigos y los amigos se ayudan.-se levantó del suelo con la elegancia que poseía y tomó un par de entradas.-Las iba a usar, iba a usar ese palco con Jasmine pero creo que él está demasiado alterado como para una noche en el ballet.

-¿Por Emma?-dije estirando mi mano para tomar las entradas.

-Sí, por Emma. Me veo sin Jasmine. Un día llegaré a casa y no estará, creo que por eso estoy siempre en el teatro. Temo ir a casa y que haya desaparecido, que se haya esfumado de mi vida, y que no vuelva.-suspiró cansado.-Pero eso son cuestiones causadas por mi estupidez, por no escucharte y por no escucharlo, ahora no tienen remedio.

lunes, 5 de julio de 2010

Dark City - Capitulo 17 - Ironías del destino L


Fue un brindis que recuerdo porque era el primero en el cual todos aquellos a los que apreciaba, de un modo u otro, estaban allí, incluso personas a las que no conocía demasiado y me parecían interesantes, y eso era lo especial y por lo que realmente yo hubiera brindado.

Max estaba aferrado a Yutaka, aunque su mirada no era de agresividad sino más bien como la de un perro abandonado en busca de unas palabras amables. Phoenix se sentía algo incómodo, aunque sabía bien que en el fondo perdonaba a Yutaka porque él no había tenido la culpa sino yo. Así que no fue una cena tensa, sino una cena amena.

Hizaki no pudo estar presente porque se marchó con Clarissa y Olivier, lo comprendí. Él quería darle también su lugar a mi ex y a su pareja, era un deber y un derecho. Hero también se marchó con él, pero Seth se marchó directo a casa porque según él estaba demasiado cansado.

Cuando llegamos a casa estábamos agotados. Yo sólo quería aferrarme a mi almohada. Phoenix reía bajo al ver como iba gruñendo en cada movimiento. Terminé recostado en la cama con la ropa puesta, sólo me saqué los zapatos. Él se tumbó junto a mí mordisqueando mi cuello sin dejar de acariciar mi pecho y rostro.

-Atsushi Sakurai tu voz es la más sexy que he podido escuchar.-susurró antes de besar mis labios.-Atsushi Sakurai quiero que mañana me hagas el amor todo el día.-dijo abrazándome.-Podemos dejar al niño de nuevo con Lionel y hacerlo todo el día.

-No.-dije serio.-Suena tentador pero no. Mi hijo está en casa de ese imbécil de Taylor, no me siento cómodo con que esté al lado de ese insecto.-él rió bajo cuando escuchó que empezaba a protestar.

-Atsushi Sakurai, yo tu esposo te pido que me des sexo durante un día y tu respuesta no me satisface. ¿Te estás volviendo viejo?-giré mi rostro hacia él mientras tan sólo sonreía encantado, sabía bien que reaccionaría como un adolescente.

Esa técnica no era nueva. Imai siempre la usaba para convencerme para beber más y más con él. Así que sólo le besé cayendo sobre Phoenix, observándolo como si fuera la primera vez.

-Yo Atsushi Sakurai estará conforme con eso si el niño queda a cuidado de Hizaki.-dije serio y él acarició mi rostro asintiendo.-Entonces sí.

-¿No tendrás que irte?-interrogó con sus manos sobre mis mejillas.-A ensayo, aunque mañana no hay obra, sino ya al día siguiente durante dos semanas sin descanso.

-No, no tendré. Mañana lo tomamos para tomar un respiro, un pequeño descanso, para los días que seguirán hasta agotarnos.-besé sus labios abrazándome a él.- ¿Y tú? ¿No tienes que preparar ese programa tuyo?

-No, ya está todo listo para el estreno. No tendré que pasar por el plató hasta dentro de tres días.-bajó una de sus manos hasta mi cinturón desabrochándolo y sacándolo.- ¿Quieres que haga algo para que duermas completamente relajado hoy?-preguntó antes de morder de nuevo mi cuello.- ¿Quieres?-dijo con sus labios pegados a una de mis orejas, mientras su mano bajaba la cremallera de mi bragueta.

-Gatito.-mascullé tomando su mano para meterla dentro de mi pantalón.-Déjame relajado.

Me recosté en la cama acomodando mi almohada, además de mis manos tras la nuca, y él desabrochó mi camisa para acariciar mi pecho. Empezó su masaje especial, un masaje que siempre me dejaba satisfecho. Cuando se cansó de acariciar y besar mi torso lo hizo en mi pelvis y luego con mi sexo. Una de mis manos fue a su cabeza ayudándole. Nada más sentir como acababa él se acurrucó sobre mi cuerpo mientras yo lo abrazaba.

-Te amo Atsushi, estoy muy orgulloso de ti.-dijo cuando notó mis labios sobre su frente.-Mucho y siempre.

-Yo también.-respondí con los ojos cerrados, dejándome llevar por el cansancio.

Las semanas siguientes fueron de ensayos para mejorar lo ya hecho, si era posible, y las representaciones. Eran ensayos de dos horas, a veces de casi tres, pero nada comparado con lo que vivimos días atrás. El secretario de Kamijo siempre revoloteaba por allí con limonadas, zumos, cervezas bien frías y bocadillos. Podías verlo moverse pro entre las filas de butacas de un lado a otro, corría como si fuera un muñeco de anime y la verdad es que me recordaba a cierta persona que tenía a mi lado.

-¡No seas crío!-exclamó Hide al percatarse que Yutaka intentaba hacerle moñas en el pelo mientras descansaba unos minutos.

-¡No lo soy!-reprochó con los ojos a punto del llanto.-Sólo quería ver si te quedaban bien.

Indudablemente aquellos dos eran muy parecidos, puesto que veía las mismas absurdas discusiones con Kamijo cuando él intentaba molestarlo. Yoshiki a veces estaba allí leyendo revistas de moda, música y play boys. Jamás pensé que un hombre como él le gustaran ese tipo de mujeres, más bien creía que las mujeres no eran su tipo. Kamijo intentaba que Jasmine no viera las revistas, ni que nosotros observáramos las ojeadas que daba a ciertas portadas.

-¡Kamijo te gustan tetudas! ¡Pobre Jasmine tendrá que ponerse dos globos aerostáticos!-exclamó Teru y él se giró afilando su mirada, realmente se había molestado.

Estábamos a pocos metros de ellos, podíamos escuchar y ver claramente lo que sucedía. Yoshiki se reía a carcajadas antes que Kurou, su pareja, tomara la revista y la hiciera cachitos frente a su cara.

-¿Qué dices?-intentaba disimular, aunque era evidente que le atraían las europeas con ciertas tallas voluminosas.

-Nada, nada.-movió su cabeza e hizo agitar sus cabellos, eso hizo a su vez que cayeran sobre su frente.-Yo sólo digo la pura verdad.-dijo negando con su cabeza y él comenzó a golpearle la frente.

-Que te quede claro.-decía señalándolo con el dedo, golpeándolo leve.-Yo no soy como Yoshiki.

-Obvio, tú eres peor.-dijo en respuesta el que consideraba su hermano.-Aunque peor que tú es Yuki, ese hombre es nefasto. Creo que por culpa de vosotros dos he terminado como he terminado, bueno Mario también tiene parte de culpa ¿no crees?-preguntó antes de abrazarse a Kurou.-¡Oh! ¡Kurou-kun! ¡Sálvame! ¡Sálvame te digo! ¡Sálvame de las malvadas garras de estos hombres de instintos bajos y salvajes!

-Como si tú fueras inocente, sobretodo cuando me atas y prácticamente violas la primera vez.-cuando dijo eso se hizo un silencio intenso, sobretodo por él. Su rostro se volvió de un color intenso, sus piernas temblaron, y tanto Kamijo como Teru terminaron destornillándose de la risa.

-Y luego dices de nosotros Hide, somos santos frente a estos.-chistó Imai.

-¿Ah sí?-preguntó Anii.-Mejor me callo, porque lo tuyo no tiene nombre.

-Pero bien que te gusta, te gusta.-dijo Yutaka codeándolo.

Y las discusiones como bromas iban y venían, era un ambiente desenfadado y eso me hacía sentirme aún más libre. Ser como era, no otra cosa, era lo que me daba la capacidad para seguir componiendo mientras realizábamos pequeños recesos. Era y es la magia y la belleza de la amistad, puesto que cuando uno tiene buenos amigos y estos son felices la felicidad se repercute en ti y sientes que todo es posible… incluso alcanzar la cima de todo tu potencial.

domingo, 4 de julio de 2010

Dark City - Capitulo 17 - Ironías del destino XLIX


Kamijo rió bajo instintivamente sin quitar ojo de la escena, aplaudiendo leve al ver como Hizaki hacía su aparición en el sonido del gran salón. El escenario parecía cálido con aquella canción, era demasiado bueno ese tema y se notaba que había madurado tanto vocalmente como su estilo.

-Atsushi es la hora.-dijo Imai tirando de mí y yo simplemente le seguí.-Es la hora de demostrar que estamos aquí, que podemos conseguirlo sin mirar atrás.

Tenía razón. En las revistas especializadas había críticas que más que críticas parecían bombas atómicas contra nuestro orgullo. Incluso había apuestas en webs donde señalaban que quizás nos separábamos antes de la función. Si bien, siempre había camino a la esperanza y algunos críticos afirmaban que iba a ser todo un éxito.

Tomamos nuestras posiciones y los observé a todos antes de comenzar. Yutaka estaba serio, pero nada más tomar entonar las primeras notas su rostro se iluminó. Imai seguía algo tenso, pero los nervios no le hicieron fallar. Anii simplemente se desahogaba contra la batería mientras Hide simplemente mostraba su faceta más calmada. Mi voz irrumpió junto a los intrumentos justo en el tiempo adecuado. Estábamos tras la escena, pero se dejaba vislumbrar nuestras siluetas tras la trama del escenario.

¿Saben esa sensación de liberación? Esa donde la historia está ligada a la pasión más prohibida, pero cuando se desenvuelve tiene una fragancia y una presencia extraordinaria incapaz de encubrirse o negarse. Porque aunque no está permitido es parte de la vida, de nosotros mismos, y terminamos aceptándolo. Esa es la sensación que yo notaba en el escenario. Era yo. No importaba nada ni nadie, no importaba nada. Yo y nada más. Me liberaba, podía sentir unas alas imaginarias trasportándome a un mundo donde lo demás no tenía sentido.

Tras nuestra actuación vino la de Hizaki, lo hizo con temple y con una magistral muestra de profesionalidad y orgullo. Más tarde nos tocó nuevamente. Pero algo nos sorprendió y fue el piano que se escuchaba, más bien era un duelo de pianos. Dos melodías que se compaginaban como dos amantes. Al mirar hacia el foso vi a Kamijo junto a su amigo Yoshiki. Ambos tocaban de forma apasionada en una escena de la obra. Aquello nos sorprendió, pero el rostro de Paulo era sereno. Él sí sabía bien de aquella sorpresa que hizo ponerse en pie a todo el teatro.

Nuestros miedos se disiparon, las críticas más duras se volvieron halagos y los buenos deseos se hicieron realidad. Fue una gran promoción para el teatro, ya que Kamijo se había esforzado por restaurar algunas salas que estaban destrozadas, ya fuera por accidentes y por la carcoma. Había invertido una gran suma de dinero para traer lo mejor a su segundo hogar. Aquello fue un premio a sus esfuerzos, también al nuestro. Semanas anteriores a las del estreno fueron intensas, pero después nos relajamos y tomamos el espectáculo como lo que era, una liberación.

Esa noche después de la actuación celebramos una pequeña fiesta. Kamijo fue el maestro de ceremonias y mostró su lado más relajado. Cenamos en la sala privada del restaurante del Hotel Duque. Una celebración que se extendió durante varias horas hasta llegadas altas horas de la noche, concretamente las tres de la mañana. Estábamos todos los del grupo, Kamijo acompañado de Jasmine, Paulo y Yoshiki con su pareja además de Maxwell.

-Quiero proponer un brindis.-dijo Paulo levantándose de la mesa en medio de la cena.-Quiero brindar por el éxito de hoy, por la paz que reina entre nosotros y sobretodo por las maravillosas manos de Kamijo y su buen amigo.-ambos sonrieron, aunque el esposo de Yoshiki refunfuñó bajo.

Fue un brindis que recuerdo porque era el primero en el cual todos aquellos a los que apreciaba, de un modo u otro, estaban allí, incluso personas a las que no conocía demasiado y me parecían interesantes, y eso era lo especial y por lo que realmente yo hubiera brindado.

Max estaba aferrado a Yutaka, aunque su mirada no era de agresividad sino más bien como la de un perro abandonado en busca de unas palabras amables. Phoenix se sentía algo incómodo, aunque sabía bien que en el fondo perdonaba a Yutaka porque él no había tenido la culpa sino yo. Así que no fue una cena tensa, sino una cena amena.

Hizaki no pudo estar presente porque se marchó con Clarissa y Olivier, lo comprendí. Él quería darle también su lugar a mi ex y a su pareja, era un deber y un derecho. Hero también se marchó con él, pero Seth se marchó directo a casa porque según él estaba demasiado cansado.

domingo, 6 de junio de 2010

Dark City - Capítulo 17 - Ironías del destino XXVII

Tadá! La nueva imagen de los BT

Con ellos he sido feliz desde que los conocí hace tiempo, al igual que con Kamijo & Cia, pero últimamente me están reportando más felicidad que años atrás. Sin embargo, odio que sean tan cabrones xD... sacan nuevo single y yo no tengo un duro u.u




-Atsushi aquí tienes tu soda.-dijo Hidehiko entrando en aquel ambiente extraño.-¿Qué sucede?

-Atsushi hizo su nueva canción.-comentó Imai quitándole la nota a Anii para observarla tarareando bajo frase por frase.-Creo que tengo el ritmo.-miró a Yutaka.-¿Me ayudas tú o tu hermano?

-Necesito aire.-murmuró Yutaka alejándose de Max para salir del estudio.

-Muy bonito tu numerito.-gruñó su pareja para ir detrás de él. Hide lo agarró y lo dejó quieto a su lado.-¿Qué haces?

-Necesita estar solo.-murmuró.-Dame la hoja Imai.-dijo extendiendo su brazo mientras se la ofrecía y le echó una ojeada rápida.-Sí, definitivamente necesita estar solo, tranquilo que sabe cuidarse y sobretodo sabe volver aquí. Tú es mejor que te relajes y te sientes.

-Le hizo recordar tu mierda de carta.-gruñó Anii encarándome.

-¡Está en el puto libro!-exclamé.-¡Joder que no lo hice a posta!

-Te creo.-susurró Hidehiko.-No harías que se sintiera mal, no ahora.

Estuvimos como una hora en silencio, al menos los únicos comentarios que se escuchaban eran en susurros y todo para los arreglos de la canción. Cuando llegó lo hizo despejado, tomó el bajo y empezó a practicar como si nada hubiera sucedido. Estaba serio y concentrado en lo que hacía, en el trabajo.

-¿Cuándo empezamos?-preguntó tras unos minutos.

-Cuando quieras.-respondí acomodándome en mi posición.-Al menos para mí.

-Yo estoy.-dijo Anii sentándose en la batería que teníamos en el estudio.

-Idem.-respondió Imai tomando una de sus guitarras.

-Pues en ese caso empecemos ¿no?-Hide sonrió al tomar su guitarra, fue como un contacto necesario.

Iniciamos el ensayo para la grabación, cada uno por su lado lo había hecho estos meses. Yo tenía que usar mi memoria para recordar la canción, la maldita canción. Era la primera que hice y la única que no habían modificado en absoluto. Cantaba dejando mi alma, todos lo hicieron con sus instrumentos, y la magia apareció de la nada. Maxwell parecía asombrado por el resultado, era la primera vez que tocábamos todos juntos desde hacía meses y aún así nos coordinábamos. Además, era una canción nueva.

Estuvimos como dos horas ensayando hasta que quedó correcta, que hicimos unos leves cambios en el ritmo y quedó como queríamos. Me giré hacia Yutaka y él me miró clavando sus ojos. Se notaba aún su mirada con cierto rechazo a todo lo que hacíamos, que le costaba volver al ritmo habitual.

-Mañana podríamos empezar a grabar por partes.-dijo su hermano quedando detrás mía.-Nosotros primero y luego vosotros, así podéis tomaros un descanso tras el ensayo de primera hora y nosotros almorzar tranquilos sin presión.

-Sí, es lo mejor.-respondió a Anii para luego ir hacia él y abrazarle. Su hermano simplemente lo rodeó y besó su frente.-¿Ya te vas con tu borracho?-preguntó y él sólo frunció el ceño.

-Hoy me temo que dormirá en el suelo del salón, ya no en el sofá.-dijo antes de separarse para esperar que su pareja guardara todo.

-No tengo culpa que el alcohol de esta ciudad esté más barato que en donde vivíamos, es casi la mitad más barato. La importación de barolo no es tan cara, ni la de cerveza, y eso hace que me interese incluso montar un bar.-cuando dijo eso tanto Hide como yo comenzamos a reír a carcajadas.-¿Qué dije?

-Tú te beberías toda la mercancía y te arruinarías, eso pasa.-respondió Yutaka bastante serio.-Deberías cuidarte.

-Sí, anda cuídate o te verás como el idiota de Atsushi.-comentó Hidehiko golpeando leve mi espalda.-Anda vamos a irnos ya todos, hemos estado casi seis horas juntos y eso es mucho tiempo. Necesitamos relacionarnos con el resto del mundo.

-Dirás que necesitas ir con tu barbie.-dije antes de guardar las notas que habíamos usado en mi chaqueta.

-No, espera esto lo guardo yo. Tengo mayor intelecto aunque creas que mi mujer es una barbie de plástico sin cerebro.-comentó tomando todo observándolo.-Dios Imai cada vez tu letra es menos legible.

Al termino de recoger todo nos marchamos cada uno en su coche o taxi. Yo al llegar a casa me di una buena ducha para sacarme el sudor y la peste a bar. Jun andaba de un lado a otro con una guitarra de juguete que le habíamos comprado. Phoenix decía que quería ser como yo, que por eso se pasaba el día ensayando a su modo. Pero yo sabía que en realidad veía videos de la MTV, ya que Phoenix era adicto a ese dichoso canal.

viernes, 4 de junio de 2010

Dark City - Capítulo 17 - Ironías del destino XXV


El resto del día lo dediqué a estar con Jun. Él no se despegaba demasiado de mí. Phoenix siempre dijo que terminaría siendo una replica mía aún más perfecta que Hizaki. Yo simplemente rogaba paciencia para cuando fuera un adolescente, puesto que si salía tan parecido a mí tendríamos problemas ambos. Pero en esos momentos no parecía un pandillero sin corazón, sino dulce y frágil. Intentó durante todo el día llamar mi atención, cuando no le hacía caso terminaba molestando al gato y este parecía perder la paciencia por momentos.

No pude dormir mucho en la noche puesto que el calor me lo impedía, también el nerviosismo que tenía porque podía ser un encuentro tenso. No nos habíamos reunido los cinco a la vez desde hacía mucho, por ello estaba más nervioso que de costumbre. Pero terminé durmiéndome con Phoenix acomodado sobre mi pecho.

En la mañana siguiente me levanté temprano, me di un buen baño relajante para soportar todo lo que vendría durante el día, y me marché rumbo al bar donde habíamos quedado. Me puse ropa cómoda que no desentonara con el resto. Cada vez vestía más como un veinteañero, era curioso porque mi hijo cada vez vestía más como un cuarentón. Así que tomé uno de mis trajes de verano y creo que acerté porque nada más llegar vi a Imai con un traje similar.

-¡Atsushi aquí!-exclamó señalando un taburete próximo a la barra.-¿Quieres una? Está bien fría y las hay alemanas, japonesas, españolas y americanas.-él estaba en su paraíso.-También tiene sidra.

-No bebo tan temprano, son sólo las once de la mañana.-comenté sentándome a su lado.

-Yo ya llevo dos, con el calor que hace ahí fuera dan ganas de enchufarse al grifo de la cerveza.-dio un trago a su jarra y me dio un buen golpe en la espalda.-¿Y cómo estás enfermito?

-Pues hasta ahora pensaba que perfecto, pero creo que me duele la espalda.-dije mirándolo de reojo.-Estás de buen humor.

-Te corrijo, estoy de muy buen humor.-comentó girándose hacia mí.-Me sienta bien volver con vosotros, no sé porqué. Creo que esto irá bien esta vez.

-Dicen que a la tercera va al vencida.-escuché la voz de Hide tras mi espalda, al girarme lo vi.

-¿Desde cuándo estás aquí?-interrogué.

-Ah, él llegó antes pero estaba en el baño.-comentó Imai.-¿Te pido otra copa?

-No, ya con una voy bien.-puso mis manos sobre mis hombros y sonrió.-¿Qué tal estás Atsushi?

-Mejor que hace unos días.-respondí.-¿Y los hermanos?

-Supongo que Yutaka estará al caer.-dijo Hide.-Pero Anii tenía que ir al médico y tal vez se retrase.

-¿Qué le pasa?-pregunté mirando a Imai y él tan sólo sorbía su cerveza.

-Ah, eso.-dijo alzando una ceja.-Se resfrió porque el muy idiota se la pasó el otro día tirado en el suelo por culpa del calor. Más que por el resfriado creo que es alergia.

Después de ponernos al día y mientras esperábamos a Yutaka y Anii nos entretuvimos conversando sobre los temas y el libro. Hidehiko decía que a pesar de ser un libro homosexual y algo extraño, prácticamente una biografía, le impactó lo realista que era y que le llegaba más que cualquier otra obra. Él solía leer cualquier libro, tenía la mente abierta y era un pequeño ratón de biblioteca. Imai dijo que fue genial leerlo, que no sabía que Paulo Wilde escribiera de ese modo y se convirtió en un fanático hasta tal punto que ya tenía todas las obras que había escrito hasta el momento.

En el hospital tan sólo nos dedicamos a pasarnos los trozos de las canciones, los arreglos que le haría cada cual, pero no a dialogar sobre la obra en sí. Realmente era un buen proyecto y parecía tener algo más que una buena puesta en escena. Era una novedad que cantaran varios grupos en directo, canciones como si fuera una banda sonora, aunque fuera tras los actores y prácticamente escondidos. No querían usar un cd, porque deseaba que sonara en directo y el directo siempre era más espectacular que algo grabado.

Yutaka llegó finalmente con su pareja, más bien con su perro guardián, que cargaba todo su equipo de fotografía. Anii llegó veinte minutos después que su hermano. Finalmente todos pedimos algo de alcohol para brindar, Imai llevaba su quinta o sexta cerveza y seguía como si no hubiera bebido ni gota de alcohol.

lunes, 26 de abril de 2010

Dark City - Capitulo 16 - Aroma de oscuridad XXIV


Max se marchó casi sin despedirse. Creo que iba un tanto malhumorado y metido en sus pensamientos. Yo fui junto a Hidehiko hacia el lugar donde ensayaba. No dijimos nada durante el camino.

No podía dejar de pensar en las palabras de Max y en las de su amigo. Me pregunté de qué se podían conocer. Si bien, preguntar ese tipo de cuestiones no era lógico en alguien de mi edad. No se debía uno inmiscuir en las vidas ajenas. Además de el cómo o dónde se pudieron conocer, me asaltó otra duda más importante. Ángel no se había puesto en contacto conmigo sobre lo que habíamos hablado, parecía que le habían tragado la tierra. Su blog seguía actualizándose pero sin comentario alguno sobre cómo se encontraba. Era como si se hubiera impersonalizado.

Nada más bajar del vehículo miré el teléfono móvil. Había conseguido su número, podía llamarlo y preguntar. Sabía que era su lucha, no la mía, pero siempre se agradecían unas palabras de ánimo, incluso cuando eran falsas o simplemente por quedar bien cara a la galería. Mis palabras no eran por decir, mis palabras eran porque realmente nacían y tenían que ser expresadas.

Llamé quedándome fuera del estudio, en un pequeño jardín donde solía descansar al fresco. Me senté bajo un árbol y esperé que sonaran los primeros tonos. Después escuché su voz.

-¿Sí?-preguntó aturdido.-¿Quién demonios es?

-Atsushi Sakurai.-respondí.-¿Te encuentras bien?

-Me encontraba durmiendo.-murmuró riendo bajo.-Sí, me encuentro bien. No sé porqué esa pregunta.

-¿Y tu madre?-fui directo a lo que me interesaba, era algo que no podía reprimir.

-Bien, hace unos días que la intervinieron y está en casa descansando.-noté como se estiraba y bostezaba.-Lo siento, pero suelo dormir de día.

-Tan sólo llamaba para saber si necesitabas algo y si tu madre estaba bien.-me preocupaba, aunque dijera que todo estaba en orden.

-Todo está bien, lo que sacaron deben analizarlo y no hay nada más. La intervención en sí fue un éxito.-susurró ya más despejado.

-Está bien, entonces te llamaré otro día.

-Hasta la próxima Cheshire.-dijo antes de colgar.

Pude haber preguntado sobre Max, pero preferí mantener las distancias. Me animaba saber que la intervención fue un éxito aunque él no me hubiera informado por su propia necesidad, sino que yo lo hubiera hecho. Por lo que había leído de él ese tipo de comportamientos era lógico, lo contrario hubiera sido bastante fuera de lo común.

Me quedé allí sentado observando el jardín. Los músicos salían y entraban del estudio, también se rodaban videoclips en la parte superior. Había bailarinas exuberantes disfrutando de unos minutos de descanso fumándose un cigarro, también técnicos de sonido y agentes parloteando por sus teléfonos móviles de última generación.

Creo que jamás presté tanta atención a todo aquello como aquel día. Realmente no quería trabajar, no tenía ganas de estar con una bola de tarados que creían saber más de música que yo por ir a un conservatorio. La música nacía del ingenio, no de las clases que habían dado profesores caros. Me encogí apoyando mi mentón sobre mis rodillas y observé.

Los rasgos de las personas variaban según su estado de ánimo, al igual que sus almas. Éramos seres volubles. Creo que a leguas se leía en el mío que tras una discusión, y la calma que esta dejaba, no me apetecía nada en absoluto.

Pasado un rato percibí que alguien me observaba. Al girarme lo vi allí parado con su traje impecable. Parecía salido de una de esas novelas románticas donde el chico que viste a la moda de forma seria, pero con rasgos informales, aparecía para cautivar al lector. Allí parado ajustándose las lentes con una sonrisa idiota parecía aún más joven.

-¿Qué quieres ahora?-pregunté mirándolo desde mi perspectiva inferior, él se agazapó a mi lado alzando su mirada al cielo despejado.

-¿No es bonita la primavera? Hoy hace un día agradable.-murmuró.-Dan ganas de pasear.

-A ti te pasa algo.-murmuré extrañado por su respuesta.

-Anoche compartí una película, palomitas y mantas con Claudia.-susurró.

-Y después la llevaste de la manita hacia su cama.-comenté con cierta sorna.

-No.-murmuré.-Más bien la metí en mi cama.

Esas palabras significaban que el imposible se había hecho realidad. Aquella chica había aceptado estar con él, al menos de momento. Parecía totalmente ido. Su expresión era de satisfacción.

-Debe ser buena en la cama.-dije antes de explotar en carcajadas.

-No tuve sexo con ella, pero al menos dormí a su lado. Y por si te burlas diciendo que al final no lo logré, lo logré. Ahora ella es mi pareja, al menos de momento.

-Hasta que la cagues.-comenté sonriendo y él soló hizo rechinar sus dientes. Le molestaba que tuviera razón, pero en realidad me alegraba que su amor platónico le hiciera caso de una buena vez.

domingo, 25 de abril de 2010

Dark City - Capitulo 16 - Aroma de oscuridad XXIII


-Por favor no llore.-susurró de forma sosegada.-No es agradable ver a una persona llorar, por muy imbécil que sea.-añadió sentándose bien en el taburete y me miró desafiante.-He estado en mil encrucijadas, he tenido que luchar por lo que tengo y por lo que soy. Desde niño he aprendido lo que son los golpes bajos. He conocido personas que iban de decentes, como iba usted, y luego al pasar por mi lado intentaban dañarme donde más dolía.-tomó su refresco y dio un sorbo intentando reprimir el dolor que le causaban sus recuerdos.-¿Sabe qué se siente cuando no te aceptan? Creo que últimamente lo ha experimentado. Yo lo llevo experimentado prácticamente desde que tenía cinco años e intentaron hacerme comprender que era mujer y no hombre. Si bien, cuando me miraba al espejo veía un chico en mis ojos y sabía que se confundían.-tomó aire y soltó un discurso que me dejó atónito.-Vaya donde vaya ven a un hombre, siempre lo han visto, pero al desnudarme no es así. Hace algún tiempo que he logrado el físico apropiado, que estoy completo y puedo ser libre, pero aún hay cicatrices que no se borran de mi piel y mucho menos de mi alma. Para colmo los homosexuales no comprenden como existimos, como podemos existir, muchos dicen que sólo lo hacemos para tener posibilidades con los heterosexuales. Algunos cuando saben de nuestra bisexualidad nos llaman caprichosos, ya no sólo los heterosexuales sino como he dicho los homosexuales. Nadie se pone en nuestra piel. Nadie tiene los santos cojones de ponerse en el drama de no saber cómo pasó algo así, cómo superarlo, y cómo sentirse orgulloso de ser quién eres. Me llaman egocéntrico muchas veces porque soy irónico, a veces un cínico, pero porque así camuflo el dolor que siento. No sabe nada del dolor que puedo sentir.-estrujó la lata de refresco hiriéndose la mano y también manchándose con el líquido.-Yutaka me ama, he logrado que me ame, y sobretodo que me de paz. Junto a él soy feliz. Es lo único que puedo decir. Es mi bien más preciado. Él y la niña son mi familia, son las personas que amo. Le juro que si vuelvo a ver que Yutaka llora por su culpa, que se siente hundido, no descansaré hasta que le haya machacado con mis propios puños.


Recordé por unos instantes a ese muchacho, Ángel, y de inmediato sonreí. No sé porqué lo hice, pero fue una sensación extraña. Parecían cortados por el mismo patrón, tal vez el mismo dolor los había hecho fuertes. Me pregunté cómo estaría su madre, él no quería ponerse en contacto conmigo y supongo que pensaba que era su propia guerra, no la mía ni la de nadie más.

-Hace unos meses conocí a un joven como tú.-dije en un susurro.-Me demostró lo cruel que puede ser la sociedad y lo fuerte que uno puede ser si toma la decisión de luchar.-sonreí aún más observándole.-Sé por lo que has pasado, aunque no lo haya sentido.

-No todos somos así.-respondió.

-Ángel es alguien inteligente, tú también. Doy por hecho que las personas luchadoras y con cierta inteligencia termina saliendo, luchando, y de esta forma alcanzando sus metas.-al decir su nombre se quedó clavado.

-¿Ángel qué más?-preguntó.

-Ángel González.-respondí con total tranquilidad.

-Ya sé quien es, es mi mayor quebradero de cabeza y un buen amigo.-murmuró.-No me dijo que habló con usted.

-Han sido en varias ocasiones y puedo afirmar que fue un placer.-le miré fijamente a los ojos.-Para mí eres un hombre, no tienes porqué mostrarme lo que te ha costado o lo que has sufrido. Desde que naciste ya lo eras. Sé que eres el tipo de hombre luchador y testarudo que le gusta a Yutaka, necesita alguien que lo cuide y que le haga sentir protegido.-suspiré deteniéndome un segundo en lo que iba a decir.-Cuando dejé a Yutaka lo hice de forma cruel para romperle cualquier esperanza, para que pudiera encontrar alguien que realmente le amara. Yo le quiero, le necesito, pero no podía hacerle depender de mí cuando no era correcto. No sabía como hacerlo. Soy alguien impulsivo y la primera solución es la que pensé lógica. No sé si hice bien o hice mal, tan sólo lo hice y realmente, en lo más profundo de mí, no me arrepiento en absoluto. Sí sufrió, en eso estamos de acuerdo, pero hice lo que le pedí. Le rogaba en esa nota que encontrara alguien que le amara sin importar nada.-sonreí de lado notando su incredulidad.-Soy algo retorcido, si bien lo que digo es cierto. Yo sólo lo quiero como amigo, quiero empezar prácticamente de cero con él y poder disfrutar de su compañía. No quiero quitártelo porque no me hace falta como pareja, sino como amigo.

-¿Sigues con miedos Max?-intervino al fin mi amigo.-Como te comenté Atsushi tenía sus porqué al respecto de todo lo que hizo, no quiere separarlo de ti pero sí acercarlo a él como amigo.

-No tengo dudas, no tengo porque tener miedos. Pero no quiero que hagan daño a Yutaka.-comentó.

-No le haré daño, quiero protegerlo como tú.-dije de forma serena.-Es algo que necesito hacer.

-Es algo involuntario en él, con las personas que ama.-murmuró Hidehiko.-Se cree el padre de todos, cuando quién debería cuidarse es él.

-No empieces tú también como Kamijo.-repliqué.

-No te pongas como gato panza arriba, es la pura realidad. O como suele decir Imai, es tu puta realidad Atsu.-se encendió un cigarrillo de forma pausada y nos miró a ambos.-¿Entonces? ¿Hay trato?

-Por mí de acuerdo, puede venir cuanto quiera a los ensayos mientras no moleste.-respondí.

-Por mí también de acuerdo mientras no lo manosee.

-Vaya al fin abandonasteis el jardín de infancia y ahora camináis hacia la madurez, que extraño se hace todo.-murmuró con cierta ironía.-Los niños van creciendo.

-¡Vete al infierno Hidehiko!-gruñí y él simplemente sonrió.

-Yo jamás estuve en el jardín de infancia.-replicó Max algo molesto.

-Ambos os comportabais como críos, como si Yutaka fuera un peluche y quisierais jugar ambos con él. Estabais peor que mis sobrinas.-dijo sirviéndose un whisky.-Ahora os acerco con el coche a vuestros trabajos.

-No hace falta, el mío está a pocas manzanas de aquí.-dijo Max terminándose su refresco.-Ahora sólo le queda la parte difícil y es que mi cuñado le perdone.-lo dijo de forma tan simple.-Ah, por cierto es curioso yo jamás le he molestado ni ha tenido que amenazarme.

-Será porque anda amenazando a otro.-cuando dijo aquello mi amigo nos miramos y comenzamos a reírnos.

-Pobre tiene un uke neurótico.-dije entre carcajadas.

-¡No quisiera ser él!-exclamó prácticamente atragantado con el trago de su bebida.

-¡Pobres baquetas!-grité.

-¿Qué ocurre?-murmuró sin entender de qué hablábamos.

-Son cosas nuestras, tal vez cuando lo veas en acción comprenderás.-repuso Hidehiko.-¿A ti sí te llevo?-preguntó ya algo calmado pero con aquella sonrisa sádica en sus labios.

-Sí, a mí sí.

sábado, 24 de abril de 2010

Dark City - Capitulo 16 - Aroma de oscuridad XXII


-Es algo noble por tu parte.-comenté.-Pero creo que son tus miedos a ser inferior a mí, a que vuelva conmigo y te deje solo.-aquello lo dije como si radiografiara su alma. Se quedó callado y demasiado aturdido.-Has logrado sobrevivir haciéndote el duro muchos años, ahora que has sacado a la luz tus sentimientos piensas que eres vulnerable.

-Métase en sus propios asuntos, no en los míos.-gruñó dando un buen trago al refresco.-Esto es una perdida de tiempo, me marcho.

-Te creía menos cobarde que yo.-murmuré.-¿No quieres saber porqué hice daño todo este tiempo a Yutaka?

-Porque es un maldito egocéntrico con la cremallera demasiado fácil de bajar.-respondió con odio.

-No, porque jamás pude irme de su lado. No he logrado olvidar lo que significó para mí. Fue cruel tener que abandonarlo para su propia seguridad, aún más cruel seguir en la distancia intentando ocultar todo. Pero terminé enamorado de Clarissa y no tuve valor para confesarle la realidad. Después volvió a mí, volvió haciéndome dudar una vez más.-susurré golpeando la madera de la barra y le miré.-Tú que has caído en sus encantos dime si es posible resistirse a un abrazo suyo, un beso, o cualquier contacto que te ofrezca desde su sincero corazón.

-La diferencia entre usted y yo es que soy fiel a mi pareja. Aunque me hubiera sentido tentado no lo hubiera hecho. No lo hubiera hecho, porque si amo profundamente, hasta el punto de querer casarme, significa que mi amor es superior al de un romance.-aquello me rompió los esquemas, pensé que vería las cosas desde mi prisma y lo único que hizo fue echar más tierra sobre mí.

-Atsushi.-susurró Hidehiko.-Max es alguien impulsivo, pero no en ese sentido. Si bien, Max debería comprender que jamás dijiste del todo adiós a Yutaka y que este te buscó esperando una oportunidad.-suspiró apoyándose en la barra y nos miró.-Fui testigo de como vivió la noticia de tu bisexualidad, de como lo encajabas todo, y él pensó que podía luchar contra Phoenix. Si bien, estuvo a punto de lograrlo pero esta vez no fue por miedos por los cuales Atsushi lo dejó.-dijo mirándolo fijamente.-Fue porque se dio cuenta a quién amaba realmente.

-Estuve confuso durante meses. Necesitaba tenerlo a mi lado, sentir su cuerpo pegado al mío y ver que era real. He estado muchos años necesitando que él viniera y me abrazara. Temía perderlo todo. No quería dejar de ir con él a conversar, tomar café, pasear o simplemente quedarnos a solas observándonos.-mis ojos se llenaron de lágrimas incapaz de reprimirlas.-Cuando estaba con él era como si nadie más existiera, como si volviera a tener los diecisiete años. Me sentía vivo y joven, podía hacer mil cosas y sin responsabilidades o enfermedades.-mi voz se volvió agrietada, parecía asfixiarme en ese dolor que tanto tenía en mi pecho y que lo oprimía con fuerza.-Yutaka fue mi primer amor.

-Por favor no llore.-susurró de forma sosegada.-No es agradable ver a una persona llorar, por muy imbécil que sea.-añadió sentándose bien en el taburete y me miró desafiante.-He estado en mil encrucijadas, he tenido que luchar por lo que tengo y por lo que soy. Desde niño he aprendido lo que son los golpes bajos. He conocido personas que iban de decentes, como iba usted, y luego al pasar por mi lado intentaban dañarme donde más dolía.-tomó su refresco y dio un sorbo intentando reprimir el dolor que le causaban sus recuerdos.-¿Sabe qué se siente cuando no te aceptan? Creo que últimamente lo ha experimentado. Yo lo llevo experimentado prácticamente desde que tenía cinco años e intentaron hacerme comprender que era mujer y no hombre. Si bien, cuando me miraba al espejo veía un chico en mis ojos y sabía que se confundían.-tomó aire y soltó un discurso que me dejó atónito.-Vaya donde vaya ven a un hombre, siempre lo han visto, pero al desnudarme no es así. Hace algún tiempo que he logrado el físico apropiado, que estoy completo y puedo ser libre, pero aún hay cicatrices que no se borran de mi piel y mucho menos de mi alma. Para colmo los homosexuales no comprenden como existimos, como podemos existir, muchos dicen que sólo lo hacemos para tener posibilidades con los heterosexuales. Algunos cuando saben de nuestra bisexualidad nos llaman caprichosos, ya no sólo los heterosexuales sino como he dicho los homosexuales. Nadie se pone en nuestra piel. Nadie tiene los santos cojones de ponerse en el drama de no saber cómo pasó algo así, cómo superarlo, y cómo sentirse orgulloso de ser quién eres. Me llaman egocéntrico muchas veces porque soy irónico, a veces un cínico, pero porque así camuflo el dolor que siento. No sabe nada del dolor que puedo sentir.-estrujó la lata de refresco hiriéndose la mano y también manchándose con el líquido.-Yutaka me ama, he logrado que me ame, y sobretodo que me de paz. Junto a él soy feliz. Es lo único que puedo decir. Es mi bien más preciado. Él y la niña son mi familia, son las personas que amo. Le juro que si vuelvo a ver que Yutaka llora por su culpa, que se siente hundido, no descansaré hasta que le haya machacado con mis propios puños.

viernes, 23 de abril de 2010

Dark City - Capitulo 16 - Aroma de oscuridad XXI






Llegamos finalmente a la casa de Hide. Tardamos una media hora en el trayecto. Un trayecto en silencio como si estuviéramos en un funeral. La música parecía no calmarnos, sino más bien volvernos más tensos. Queríamos llegar y soltar todo lo que queríamos decir. Era necesario para ambos, nos urgía.

-Quiero terminar pronto con esto.-dije bajándome del coche.

-Lo mismo digo.-murmuró apoyado aún en la puerta del vehículo para cerrarla con cierta rabia.

-Tranquilo.-susurró Hide agarrándolo del hombro.-Recuerda lo que hablamos muchacho.

Era un enorme bloque de apartamentos con piscina privada, también gimnasio y pequeñas tiendas de alimentación. Todo parecía una pequeña ciudad bien vigilada por un millar de cámaras de seguridad. Me sentía observado por multitud de ojos, muy incómodo, pero así eran las urbanizaciones de lujo y sobretodo los apartamentos de nueva construcción.

Él vivía en el ático. Siempre le gustaron ese tipo de apartamentos casi rozando el cielo. Había comprado la planta superior, cuatro áticos contiguos, y creado un loft bastante apetecible. Todo era minimalista y con ciertas influencias de arte pop. Todo estaba recogido y ordenado de una forma minuciosa.

-Sentaos en la barra, os serviré algo para tomar mientras hablamos.-dijo dejando las llaves en el colgador y parte de su ropa en un perchero.-¿Qué es lo que vais a tomar?

-Un refresco de limón.-murmuró Max observando todo como si estuviera impresionado, pero después noté que no era por la decoración sino por las vistas.-Puedes ver una enorme panorámica de toda la ciudad.

-Sí.-sonrió.-Además estamos en el piso número treinta, nadie nos puede ver y por ello pusimos cristales como paredes hacia el exterior, salvo por algunas zonas necesarias para colocar nuestros cuadros.-dijo con cierto orgullo.-En realidad cada pared está estratégicamente diseñada y colocada para las obras que tenemos.

-No hemos venido a decir lo bien que decora tu mujer o lo magnífica que es tu mansión en el cielo.-dije con un tono apático.

-Es cierto.-murmuró clavando sus ojos en los míos, unos ojos completamente calmados esperando que yo también me tranquilizara.-¿Qué tomarás?

-Agua.-respondí sentándome en la barra frente a Max.

-Max está dispuesto a dejar que el grupo vuelva, pero a cambio de ser el fotógrafo de las sesiones fotos y poder estar presente en los ensayos.-aquello sería peor que unas hemorroides. Notar sus ojos de perro salvaje clavarse en mi nuca no era una sensación agradable.-Si observa el mínimo acercamiento tuyo a Yutaka tiene vía libre a golpearte. Además podéis ser amigos, pero no quedar a solas.

-¿Qué?-dije incrédulo observando como ese mocoso aceptaba la lata de refresco que mi amigo le ofrecía de su pequeño minibar.

-No estás en condiciones para poder quejarte.-murmuró Hide.-Recuerda porqué hemos llegado a estos extremos.

-Yo no pienso acostarme ni acosar a Uta.-respondí indignado.-¿A caso sólo piensan mal de mi ambos?

-No somos los únicos señor Sakurai.-intervino al fin él mirándome fijamente a los ojos, sin pudor alguno.-Usted no controla su bragueta, eso es de sobra conocido. A tenido suerte que las prostitutas con las que se acostaba no dijeran nada, también las mujeres casadas con las que estuvo.-sonrió de lado antes de dar un sorbo a su refresco. Yo me contenía el no golpearlo.-Es curioso, reprendía a Hizaki por ser un golfo y usted era peor que él.

-¡No me tires de la lengua mocoso!-grité dando un golpe en la barra, para notar como la mano de Hide me sujetaba el hombro.

-Max te ruego que seas educado, él no te está atacando. Se maduro y responsable, no hagas que Yutaka deje de confiar en ti. Diste tu palabra, recuérdalo.-dijo en un tono sereno que no me sorprendió, siempre actuaba igual.

-Yo sólo quiero dejarle claro porqué pienso mal de él.-respondió molesto.-No quiero ver llorar a Yutaka.

-Es algo noble por tu parte.-comenté.-Pero creo que son tus miedos a ser inferior a mí, a que vuelva conmigo y te deje solo.-aquello lo dije como si radiografiara su alma. Se quedó callado y demasiado aturdido.-Has logrado sobrevivir haciéndote el duro muchos años, ahora que has sacado a la luz tus sentimientos piensas que eres vulnerable.

-Métase en sus propios asuntos, no en los míos.-gruñó dando un buen trago al refresco.-Esto es una perdida de tiempo, me marcho.

-Te creía menos cobarde que yo.-murmuré.-¿No quieres saber porqué hice daño todo este tiempo a Yutaka?

-Porque es un maldito egocéntrico con la cremallera demasiado fácil de bajar.-respondió con odio.

-No, porque jamás pude irme de su lado. No he logrado olvidar lo que significó para mí. Fue cruel tener que abandonarlo para su propia seguridad, aún más cruel seguir en la distancia intentando ocultar todo. Pero terminé enamorado de Clarissa y no tuve valor para confesarle la realidad. Después volvió a mí, volvió haciéndome dudar una vez más.-susurré golpeando la madera de la barra y le miré.-Tú que has caído en sus encantos dime si es posible resistirse a un abrazo suyo, un beso, o cualquier contacto que te ofrezca desde su sincero corazón.

jueves, 22 de abril de 2010

Dark City - Capitulo 16 - Aroma de oscuridad XX


He modificado y añadido un trozo en memoria de un músico, de la voz de Type O Negative. Tenía que meter esta noticia y este video. Así que busqué un fragmento de la novela donde quedara bien. No sé si se nota el corte o simplemente ni os percateis.




Salí fuera dejando a mis músicos con sus ensayos, salí y los vi a ambos frente a frente sin decirse nada en absoluto. Aquel chico de no más de metro sesenta y cinco parecía mayor en estatura, como si su valor de estar allí y escuchar todo le hiciera parecer un gigante. Hidehiko seguía fumando, dando caladas lentas para saborear bien el cigarrillo.

-Vayamos a la cafetería.-comenté y mi amigo negó.

-Mejor un lugar más privado.-murmuró.-¿Qué tal mi casa? Es territorio neutro. Hoy mi mujer ha tenido que salir para una reunión importante, no podía quedarse a mi lado y yo la verdad es que llevo el negocio en la distancia.-sonrió de lado.-Así conoces de una vez donde vivo Atsu.

-Por mí está bien, yo sólo quiero escuchar lo que tiene que decir este y largarme a realizar mis fotografías para la revista.-comentó Max sin mirarme, evitando encontrar su mirada con la mía.

-Por mí también está bien.-dije metiendo mis manos en los bolsillos, me sentía incómodo.

-Vayamos en mi coche.-dijo Hidehiko caminando hacia los aparcamientos, arrojando la colilla al suelo para luego machacarla con sus zapatos italianos.

Nosotros simplemente le seguimos. Me preguntaba, y aún lo hago, qué es lo que pasaba por la mente de Max. Él parecía concentrado, tal vez en las palabras que había usado Hidehiko para convencerlo. Me resultaba extraño que alguien como él se prestara a lo que íbamos a hacer, parecía hombre de acción y no de meditar demasiado sus acciones. Sin duda era la clase de hombre que atraía a Yutaka.

Nos sentamos detrás en silencio, como habíamos llegado hasta el coche. Creo que ambos meditábamos sobre los lazos que nos unían. No sólo estaba Yutaka, también Hizaki y Miho. Él era amigo de ambos, por supuesto también de Olivier y había cuidado en más de una ocasión a mi nieto. Incluso Hero le conocía y solía parlotear horas sobre las llaves que le enseñaba. Sin duda teníamos que cruzarnos por una cuestión o por otra, no podíamos dejar que las diferencias amargaran a las personas que queríamos. Él era parte de mi familia, quisiera o no.

-Hago esto por Yutaka y por tus hijos.-dijo de forma serena.-No lo hago por ti.

Aclaró perfectamente lo que yo pensaba, simplemente parecía poder leerle la mente. Yo en su lugar hubiera hecho lo mismo, aunque hubiera tardado mucho más tiempo que él en aceptarlo. La tensión se acumulaba en aquellos asientos traseros que ocupábamos. Hidehiko intentó relajar el ambiente con un poco de música en la radio.

“El legendario Peter Steele ha muerto de un paro cardíaco. A sus cuarenta y ocho años nos ha dejado huérfanos. Es la última noticia del día, la última hora sobre esta leyenda que pasa a ser mito en el firmamento musical. Como ya lo hicieron otros él nos deja un hueco en la historia de la música. Os dejamos con uno de los temas de su banda Type o Negative como recuerdo a un monstruo del metal. September Sun para todos nuestros oyentes y para él. Es nuestro homenaje Peter.”

Mientras el sonido de las guitarras envolvían el vehículo y se incrustaba en mis neuronas, mientras nos deslizábamos por la ciudad, me quedé pensativo su muerte. La muerte siempre hacía recapacitar a las personas, aunque sólo fuera un instante, y nos llenaba de temores o de preguntas que no podíamos responder todavía. Era conocido y su voz totalmente reconocible, una voz potente cargada de experiencia vital, yo mismo tenía algún que otro cd de ellos. Cerré los ojos y medité como sería morir en activo, como sería morir en un escenario. Sabía que padecíamos lo mismo, un corazón enfermo, y a veces jugaba a imaginar como sería un mundo sin mí, un mundo en el que yo muriera de un paro y ahí no hubiera más amaneceres para mí.

Si bien, aunque sabía que muchos llorarían mi muerte otros quedarían como si nada e imitarían sus lágrimas, sólo para quedar bien, mientras otros sacaban el cava para brindar porque ya no estaba. No creo que todos mis enemigos brindaran, más bien alguno lloraría porque su vida se quedaría sin justificación para su rabia y deberían buscar otro símbolo al cual ver caerse de su pedestal. Creo que incluso yo había tomado cierto cariño a los enemigos que había tenido en mi vida, porque los enemigos nos hacen más fuertes y nos muestran nuestros errores. Un amigo jamás te dirá la cruda realidad, intentará adornarla, un enemigo te la muestra impactándola en la cara.

Cuando un músico muere algo queda en el mundo, no es un vacío. Las huellas que dejamos en buenos y malos momentos de nuestros oyentes. Las radios nos recuerdan con más cariño, menos críticas y mayor presencia. Cuando un músico muere deja silencio para el futuro, pero en un pasado lleno de letras que conmueven o incitan a la furia de la lucha. La música no muere, morimos nosotros. La música siempre renace, siempre es recordada y siempre escuchada. Se puede decir que los músicos somos como el Cóndor y los escritores como el Ave Fenix. Ellos también renacen, aunque sus libros sean quemados porque sus letras no son olvidadas y se transcriben continuamente.

Llegamos finalmente a la casa de Hide. Tardamos una media hora en el trayecto. Un trayecto en silencio como si estuviéramos en un funeral. La música parecía no calmarnos, sino más bien volvernos más tensos. Queríamos llegar y soltar todo lo que queríamos decir. Era necesario para ambos, nos urgía.

-Quiero terminar pronto con esto.-dije bajándome del coche.

-Lo mismo digo.-murmuró apoyado aún en la puerta del vehículo para cerrarla con cierta rabia.

-Tranquilo.-susurró Hide agarrándolo del hombro.-Recuerda lo que hablamos muchacho.

miércoles, 21 de abril de 2010

Dark City - Capitulo 16 - Aroma de oscuridad XIX

Otro scan que ya usé, pero bueno venía bien para hoy... Nuevamente mis dos alter en mi novela vuelven a verse las caras. Otra vez tenemos enfrentamiento Max-Atsushi o Atsushi-Max




Sabía que había defraudado a Yutaka, Phoenix y a mi amigo Toll. Sabía que había defraudado a mis hijos. Sabía que me defraudaba a mí mismo. Pero jamás supuse que podía hacerlo con él.

-Vayamos a un lugar privado.-comenté mirándolo fijamente a los ojos, aún estaba incrédulo.

-Un momento, hay alguien que quiere estar presente y me ha jurado que no te golpeará de nuevo.-cuando dijo lo del golpe supe exactamente a quién se refería.-¡Max!-alzó la voz y él apareció entrando en el estudio.

-Joder.-murmuré apretando los puños.

Aquel niñato apareció como de la nada. Sus cabellos revueltos caían sobre su frente, pero sus ojos se podían ver brillar con cierto coraje y antipatía. Vestía con pantalón ancho, camiseta amplia y chupa de cuero.

-Juro no dejarte otra marca.-dijo con seriedad.-Si no me das motivos.-añadió clavando sus ojos claros en los míos.-Aunque hoy no tienes al crío para hacerte la victima y no devolverla, tampoco está mi hija.

-¿Quieres saber lo que es tener una costilla rota?-pregunté echándome hacia delante.

Hidehiko sólo suspiró y me agarró de la camiseta echándome hacia atrás. Encendió con una mano su cigarrillo en una pose de matón sin contemplaciones. Dio una calada al cigarro y nos miró a ambos.

-Dejad de haceros el machito, no me gusta sentirme como en un corral lleno de gallos.-me soltó y echó a caminar.-Si os vais a matar entre vosotros no contéis conmigo como testigo.

-Yo no haré nada, me sabe mal pegar a la tercera edad.-sonrió de lado y se giró para ir hacia la puerta.-Os espero fuera, claro si no se raja el abuelo.

-¡Lo mato!-grité deseando echarle el guante y patearlo allí frente a todos.

-Si le pones un sólo dedo encima Yutaka no te perdonará jamás y Anii te descuartizará.-murmuró mi amigo conteniéndome.-Dame tu palabra de caballero, si aún te queda, de que no vas a golpearle ni harás nada que yo no acepte.

-La de caballero la perdí hace mucho, creo que jamás la tuve teniendo en cuenta todo lo que he hecho.-murmuré echando a caminar.-Te doy mi palabra de amigo.

-Confío en ti, eres mucho más que puños. Hace mucho que dejaste esa pasión por las peleas callejeras y por golpearte con cualquiera que te mirara mal. Si ese muchacho quiere guerra que la tenga con él, no contigo.-sus palabras como siempre eran acertadas. Un hombre templado que sabía calibrar el cómo y el cuándo. Dio una calada a su cigarro y me rebasó para ir tras Maxwell.

Interiormente sabía que Max era un hombre hecho a si mismo. Había logrado sobrevivir a un cuerpo equivocado, a burlas desde la infancia, mofas en la juventud, decepciones y mil guerras con todo aquel que osara llamarlo mujer. Era un hombre, un verdadero guerrero. Sabía bien que su actitud agresiva conmigo era porque temía que me llevara a Yutaka de su lado, a la persona que había encontrado como refugio. Por unos instantes me vi a mí mismo abrazado a Yutaka, en plena pubertad, jurándome que haría lo mejor para él antes que lo mejor para mí. Lo mejor para Yutaka era Max, pero no podía tragarlo. Era algo irracional, una bomba de relojería que podía estallar en cualquier momento. El único que estaría ahí para que la bomba no explotara era como siempre Hidehiko.

Salí fuera dejando a mis músicos con sus ensayos, salí y los vi a ambos frente a frente sin decirse nada en absoluto. Aquel chico de no más de metro sesenta y cinco parecía mayor en estatura, como si su valor de estar allí y escuchar todo le hiciera parecer un gigante. Hidehiko seguía fumando, dando caladas lentas para saborear bien el cigarrillo.

-Vayamos a la cafetería.-comenté y mi amigo negó.

-Mejor un lugar más privado.-murmuró.-¿Qué tal mi casa? Es territorio neutro. Hoy mi mujer ha tenido que salir para una reunión importante, no podía quedarse a mi lado y yo la verdad es que llevo el negocio en la distancia.-sonrió de lado.-Así conoces de una vez donde vivo Atsu.

-Por mí está bien, yo sólo quiero escuchar lo que tiene que decir este y largarme a realizar mis fotografías para la revista.-comentó Max sin mirarme, evitando encontrar su mirada con la mía.

-Por mí también está bien.-dije metiendo mis manos en los bolsillos, me sentía incómodo.

-Vayamos en mi coche.-dijo Hidehiko caminando hacia los aparcamientos, arrojando la colilla al suelo para luego machacarla con sus zapatos italianos.

miércoles, 7 de abril de 2010

Dark City - capitulo 16 - Aroma de oscuridad V


-No hice nada.-dije algo molesto porque no me creyera.

-Tú nunca haces nada y sin embargo terminas destrozando las esperanzas de Yutaka.-dijo con calma.-Tranquilo no voy a ser yo quien te juzgue.-comentó.-No soy un santo, bien lo sabes, pero sabes que cualquier cosa que haces hacia él termina mal.-encendió un cigarrillo con total y dio una calada. Su aspecto de gangster le daba un aire místico y criminal. Era como ver a Buda convertirse en Scarface.-¿Por qué tienes el golpe? ¿Quién te lo hizo? ¿Y qué pretendías? Son tres de mis preguntas esta vez.-dijo contándolas con sus dedos frente a mi rostro, puesto que me había desplazado hasta estar a su lado.

-Max, la pareja de Yutaka, me dio el golpe. Abrazaba a Yutaka pidiéndole perdón, sólo eso.-era mi respuesta y era la verdad, simplemente esperaba que me creyera.

-Lo que hiciste no tiene perdón alguno.-me reprochó.-Hiciste que creyera que era el elegido, el hombre que pasaría el resto de tus días a tu lado.-comentó mirándome a los ojos con serenidad.-Es cierto que de otra forma no hubiera comprendido, hubiera seguido intentándolo porque le conozco tan bien como tú, pero aún así no deja de ser cruel.-caló su cigarrillo y sonrió.-Yo hubiera sido más delicado, es más no me hubiera metido de nuevo con él en la cama.

-Tú y tú.-dije molesto.

-Atsushi tengo que decirte las verdades que me guardo, me has pedido ayuda y voy a dártela. Si bien, no eres un santo y tampoco puedo hacerte creer que lo eres.-comentó.-Bien sabes que también Yutaka debería oír sus verdades, pero él no me pide consejos.

-No te los pide porque tú eres cruel hasta la médula.-comenté dirigiéndome al frigorífico.-¿Quieres algo de tomar?

-Una cerveza estaría bien.-contestó.

-Pues no hay.-dije mirando la nevera con incredulidad, a penas había carne o algo que fuera graso. Mi hijo se estaba volviendo un vegetal.-Hay refrescos.-le mostré latas de cola.

-Eso mismo.-respondió alargando la mano para atrapar una.-Sobre si soy cruel.-dijo quedándose algo pensativo mientras observaba el humo de su cigarrillo.-No lo soy.

-Sí lo eres.-dije abriendo el refresco para sentarme de nuevo a su lado.

-Pienso que él jamás debió de esperarte, que hizo mal al no comprender que te casabas y que querías una familia. Hizo muy mal en buscarte de forma sexual y amorosa cuando ya estabas prácticamente comprometido con Phoenix.-dio una calada al cigarrillo.-Sus meteduras de pata aumentan con su edad.-dijo dejando salir la nicotina por la nariz para apagar el cigarrillo en un cenicero cercano.-Pero si él hizo todo eso fue porque tú siempre le has mirado distinto, aunque no sea sexualmente.

-Le miro distinto porque para mí él es distinto.-susurré.-Es especial.

-Se puede decir que le amas como un igual, como alguien que se compenetra contigo al cien por cien, y eso en la cama debe ser increíble. Pero no le amas para pareja, no le amas para darle tu alma, no le amas para nada más. Si bien, él siempre ha sentido que así le mirabas. Esa es tu culpa.-dijo señalándome.-Debiste decirle que te atraía y te sentías completo, pero que no le amabas.

-¿Cómo decírselo? ¿Has visto sus ojos cuando te mira suplicando por algo? Esos ojos me los hacía continuamente.-repliqué intentando defenderme.

-Atsushi yo estoy casado.-dijo mirándome fijamente a los ojos.-Pude tener una amante de veinte años hace unos meses.-comentó como si nada.-Una chica atractiva, una mujer explosiva, pero yo amo a mi mujer que tiene menos curvas y que me hace feliz con una caricia. Aunque me atraiga esa chica, aunque me entienda al cien por cien, yo no la amo. Por ello la dejé en la estacada el día que quedamos únicamente para follar.

-Pero ella la conoces de hace días, como mucho meses, pero yo a Yutaka lo conozco desde que éramos prácticamente niños.-veía mucho más difícil mi situación que la suya.

-Es la misma tentación, sólo que en tu caso hay más confianza.-comentó dando un trago del refresco.

-Lo que digas.-no quería hablar más del tema.-Quería hablarte de algo que es imposible.

-¿Qué es?-preguntó alzando su ceja izquierda.

-Un amigo dirige un teatro y quiere estrenar una obra literaria de otro amigo mío.-dije intentando entrar en el tema que me importaba en ese instante.-Me pidieron que volviéramos los cinco, que volviéramos a ser lo que fuimos, y que actuáramos tras la tramoya en las distintas escenas de la función.

-¿Te das cuenta de cómo está la situación? Yutaka te echará su perro guardián si te acercas, su hermano te quiere meter las baquetas por el orto y no olvidemos a nuestro malcriado Imai... que desea despellejarte.

martes, 6 de abril de 2010

Dark City - capitulo 16 - Aroma de oscuridad IV


Algo en mí no funcionaba. Debía estar feliz porque Yutaka había encontrado el amor verdadero. Un amor real. Un hombre que daba todo por restablecer el honor de su pareja. Era un joven que parecía olvidar sus modales en cuanto veía llorar a su pareja. Alguien que realmente se merecía el corazón de Uta. Si bien, yo sólo deseaba correr lejos de esa realidad que me mostraban.

No era partícipe ya de su vida, ni era quien hacía que sonriera con sólo una palabra. No era nadie ya. O quizás era el hombre que le dañaba, aquel que no supo amarlo ni darle un abrazo cargado de sentimientos. Era un verdugo, no el príncipe encantador que siempre le hice creer. Él ya lo sabía y me odiaba.

Mientras me dirigía donde mi hijo tan sólo meditaba lo ocurrido. Llegué cansado de tanto pensar. Llamé al timbre y me abrió Olivier. El aspecto de ese muchacho me recordaba a Clarissa, pero no se lo dije a mi hijo ni antes ni ahora. Siempre parecía perfecto aunque tan sólo llevara una camisa blanca. Llevaba sus cabellos recogidos, tal vez para que el pequeño no tirara de ellos.

-Gracias por venir.-dijo con una sonrisa leve.

-¿Y mi hijo?-pregunté entrando en el apartamento.

-Papá ya dentro de nada nos vamos.-comentó mientras salía a medio afeitar y con la camisa abierta. Noté los arañazos de su pecho y vientre, por ello de inmediato miré a Olivier. Sonreí de forma canalla al percatarme que su fragilidad no era tanta en la cama.

-Kumi está en la cuna.-así le decía de forma dulce.-Acaba de comer y está limpito. No creo que de muchos problemas.-se acercó a mí para acariciar a Jun que dormía en mis brazos.-Y yo que quería verte despierto para darte un regalo.

-Consentís todos demasiado al niño, después os quejáis que sea tan posesivo y maniático.-comenté y él simplemente rió.

-Son sólo regalos, su comportamiento me recuerda a Hizaki así que supongo que son los genes.-se giró hacia el pasillo al escuchar los pasos de mi hijo.

-Bien, nos vamos.-dijo colocándose un sombrero y la chaqueta.-Vendremos en unas horas, queremos pasear y tomar un café sin que Takumi demuestre sus buenos pulmones.-entonces se percató de mi labio.-¿Qué te pasó?

-Es cierto.-comentó Olivier.-¿Qué le ocurrió en el labio?

-He descubierto lo bien que pega tu amigo Max.-respondí.-Pero bueno, algún día tenía que comprobar de qué pasta estaba hecho.-ellos tan sólo fruncieron el ceño prácticamente a la vez.-No he hecho nada esta vez, tan sólo pedía disculpas y me golpearon duro.

-Te lo mereces papá.-dijo tomando la mano de Olivier, entrelazando sus dedos con los de él.-Y lo sabes.

-Sí, sí.-dije tras un suspiro.-Me merezco los peores castigos del mundo.-me encogí de hombros y les acompañé a la puerta.

Me quedé a solas con dos pequeños y mis pensamientos. No paré de darle vueltas a todo. Así que terminé llamando a la única persona que conocía tan bien a Yutaka como a mí. Esa persona que siempre se presentaba como reflexiva y en medio de todo, y de todos. Llamé a Hidehiko para que se personara en el apartamento de mi hijo. No tardó demasiado porque se encontraba con su mujer tomando un café a pocas calles. Si bien, vino solo. Bien sabía que lo que teníamos que hablar era algo privado.

Dejé a Jun en la cama de Hizaki y Olivier. Se aferró rápido a la manta que eché sobre él, al igual que a su conejo. Vigilé unos minutos a mi nieto, como habían dicho dormía plácidamente. Quería tener bajo control todo, sobretodo porque quería estar tranquilo conversando con mi viejo amigo.

Sonó el timbre y fui hacia la puerta. Me lo encontré apoyado en el marco de esta con el mismo aspecto de siempre, un aspecto serio y de asesino profesional. Entró dentro del apartamento sin decir una sola palabra. Me miró ya en el centro del salón y yo cerré la puerta. Él siempre me observaba con calma, como si no tuviera sangre en las venas.

-¿Qué le hiciste ahora?-interrogó.

-¿Por qué dices eso?-pregunté mirándolo fijamente.

-Por el golpe que tienes y la sangre reseca.-dijo señalando el lado de mi labio donde me habían dado el golpe.

-Nada.-respondí.

-¿Por qué será que no te creo?-suspiró tomando asiento en un taburete de la barra americana que daba a la cocina.

-No hice nada.-dije algo molesto porque no me creyera.

-Tú nunca haces nada y sin embargo terminas destrozando las esperanzas de Yutaka.-dijo con calma.-Tranquilo no voy a ser yo quien te juzgue.-comentó.-No soy un santo, bien lo sabes, pero sabes que cualquier cosa que haces hacia él termina mal.-encendió un cigarrillo con total y dio una calada. Su aspecto de gangster le daba un aire místico y criminal. Era como ver a Buda convertirse en Scarface.-¿Por qué tienes el golpe? ¿Quién te lo hizo? ¿Y qué pretendías? Son tres de mis preguntas esta vez.-dijo contándolas con sus dedos frente a mi rostro, puesto que me había desplazado hasta estar a su lado.

-Max, la pareja de Yutaka, me dio el golpe. Abrazaba a Yutaka pidiéndole perdón, sólo eso.-era mi respuesta y era la verdad, simplemente esperaba que me creyera.

domingo, 4 de abril de 2010

Dark City - capitulo 16 - Aroma de oscuridad III


No pude más, sabía que me rechazaría pero realmente no pude. Terminé abrazándolo y pegándolo a mí. Llevaba meses queriendo hacerlo, meses que necesitaba sentir su cuerpo cálido junto al mío. No quería nada sexual, no deseaba nada más que su amistad y su compañía. Quería tenerlo como un amigo, quería conservarlo con una visión distinta a la de aquella noche. Algo en él hacía que deseara protegerlo, cuidarlo de alguna forma, y sin embargo era la persona que más daño le había hecho. Jun batallaba por no quedar aplastado, si bien terminó cómodo aferrado a ambos.

-No, Atsushi suéltame.-dijo cuando reaccionó ante mi imprevisible abrazo, comenzó a moverse y al no poder empezó a gritar.-¡Suéltame!.-exclamó, pero creo que me escuchó sollozar como él hacía. Ambos estábamos llorando. Besé su frente deseando que ese momento durara horas. Sentilo tan cerca me había hecho bien. Por unos segundos pensé que podría volver a tenerlo a mi lado aunque de forma distinta.

-Yutaka.-murmuré.-Aunque no me creas yo te quiero, te aprecio más de lo que crees.-susurré apartándome para secar sus lágrimas. Mis dedos fueron a su mejilla intentando dejar su rostro libre de llanto. Si bien, entonces noté un buen golpe en la cara que hizo que mis gafas cayeran al suelo y yo también estuviera a punto de caer junto a ellas.

-¡Me cago en tu puto padre desgraciado de mierda!-fue lo siguiente que escuché y vi aquel castaño claro mirándome como si quisiera usarme como saco de boxeo.-¡No vuelvas a abrazar a mí pareja! ¡Y te recalco el mí!-vociferó.-Y no te mato a golpes por el niño que llevas en brazos y porque Midori está presente.-gruñó escupiendo a un lado y prácticamente poniéndose en guardia para darme otro más si hacía o decía algo que no le agradara.

-Niñato.-dije tocándome el labio roto y le miré.-Yo tengo mucha más educación para no devolverte el golpe.-sabía que si le tocaba un solo pelo Yutaka jamás me lo perdonaría, tampoco lo haría Hizaki y mucho menos yo. No era el momento para ponernos a pelear, aunque ganas no me faltaban.

Yutaka se quedó sin saber cómo reaccionar, pero poco después empezó a poner orden. Se centró por alguna extraña razón e indicó a la pequeña que no se moviera del lugar donde estaba. Parecía seguro de si mismo, aunque podía jurar que por dentro estaba desquiciado.

-Max..-susurró.-Max tranquilo.-dijo quedándose entre ambos, pero a él alejándolo como si fuera un perro rabioso.-Por favor, Max tranquilo.-colocó sus manos sobre su torso y él simplemente me miraba de forma desafiante.-Atsushi no estaba haciéndome nada malo.-le tomó del rostro para que le mirara, si bien él seguía gruñendo.-Atsushi ¿estás bien?-interrogó girándose hacia mí, tan sólo la cabeza.

-Dile a tu perro guardián que no me gusta que me rompan el labio tan de mañana.-dije notando como mi hijo me palpaba la cara.

-Papi.-murmuró viendo la sangre y se puso a llorar. Creo que le descontroló aquello tan viscoso y caliente en sus pequeños dedos. De inmediato los limpié intentando calmarlo.

-Gracias Maxwell por hacer llorar a mi hijo.-gruñí molesto.

-¡Encima con cachondeo!-escuché que decía aquel medio metro, porque era prácticamente tan bajito como Yutaka. Jamás lo había tenido tan cerca, tan cara a cara.-¡Te voy a romper la columna vertebral por diez partes cabrón! ¡No te acerques más a mi familia!

Eso me dejó en shock. La niña ya de por si llamaba papá a Yutaka. Sin embargo yo ya no buscaba a Yutaka como pareja, sino como amigo. Pero descubrir cosas así de improvisto no se me da bien encajarlas, es como tener que soportar que alguien que ha sido vital para ti te cambie la realidad.

Su pequeña comenzó a llorar a pleno pulmón en el banco, al igual que hacía Jun en mis brazos. El resto de padres e hijos se habían alejado de nosotros como si fuéramos una bomba nuclear a punto de explotar. Realmente nos estábamos comportando como dos gallitos de pelea en un pequeño corral.

-¡Perrito Max!.-oí a esa niña llamar así a ese estúpido y casi me echo a reír, lo hubiera hecho si no me hubiera dolido tanto el labio.-¡Perrito Max no te pongas así! ¡Por favor! Por favor...-pidió mientras lloraba desconsolada aferrándose a la pierna de ese muchacho.

-Max, tranquilo, por favor.-dijo Yutaka tomándolo de la camisa.-¡Escúchame!-lo tomó del rostro para que le mirara sólo y exclusivamente a él.-No hacía nada malo, de verdad. Tan sólo estaba disculpándose por lo que pasó.-verlo así con otro que no era yo me quebraba por dentro, me quemaba.-Por favor Max.-susurró.-Tienes que creerme.

Nada más terminar de hablarle Yutaka me miró. Él me miró fijamente con aquellos ojos azules que parecían llamas, de esas de gas, su rostro estaba hecho casi de piedra. Si bien se relajó nada más ver a la niña y después por las caricias de Uta.

-Ven pequeña.-la levantó del suelo.-No llores, te pondrás fea como este idiota.-comentó besando después su sien.

-Pero.-balbuceó tomando al conejo por las orejas.-¡Pero!-empezó a buscar un perro, estaba seguro. No era un pero, sino perro. Él aún no sabía hablar bien, mucho era que dijera alguna palabra o repitiera lo mínimo como si fuera un loro.

-Jun no hay perro.-susurré antes de besar su mejilla. Él se calmó y se aferró a mí.-Ha sido todo fortuito, no quería lastimar a Yutaka otra vez... sólo quería recuperar al menos su amistad.

-Pues no lo harás.-comentó Max.-¿Amigos?-puso las manos de la niña sobre sus oídos.-Claro... te lo follas y lo dejas tirado en un hotel ¿amigos eh? Hijo de puta.-dijo en un gruñido después para escupir a un lado. Después dejó que la pequeña dejara de taparse los oídos.

-Ambos complican las cosas.-murmuró bajo.-¡Todo lo complican!-estalló.-¡Escúchenme bien! ¡Este no es lugar para venir a discutir algo que ya pasó!-gritó cerrando los puños para mirarnos a ambos como si nos apuntara con un revolver.-Y que quizá hubiera sido mejor que no pasará, sin embargo por algo tuvo que ocurrir.-dijo algo más calmado.-Atsushi.-me llamó la atención con el mismo tono de voz que había hecho años atrás, cuando éramos sólo unos críos y discutía con alguno de nuestros amigos.-La verdad es que lo pasado está en el pasado y yo te perdoné cuando puse bien los pies sobre la tierra. Me hiciste salir de una forma brusca de esa burbuja donde me tenías.-sus ojos bajaron y se enfocaron en Jun, sabía que él lo quería y que había estado dispuesto a cuidarlo junto a mí para ser una familia.-Más no sé si pueda ser tu amigo de nuevo, porque ya no quiero causar problemas. No quiero problemas para ti ni para mí.-dijo apoyando su mano en uno de los hombros de su pareja, para luego tomarlo de la mano.-En tu nota decía que encontrara alguien y que fuera feliz con esa persona. Ahora lo soy, así que por favor no sigas buscando o pidiendo algo que no creo posible.

-No quiero tenerte como pareja Yutaka.-lo dije bien claro.-Te quiero como amigo.-le miré a los ojos y luego miré su mano aferrada a la de él.-Me duele que pienses que sólo te quiero para hacerte daño. Si no fui lo suficientemente hombre para decirte la verdad es porque no podía... no podía dejar de necesitarte y no sabía como frenar. No es que no quisiera, es que no sabía cómo hacerlo. Pensé que siendo radical sería lo mejor para ambos, pero me equivoqué.-el chico tan sólo acariciaba su mano intentando tranquilizarse.

-Pupa.-murmuró mi hijo tocándome el labio con un dedo.-Papi pupa.

-Me da igual lo que quieras o que seas el padre de mi mejor amigo.-dijo tomando a Yutaka por la cintura.-Me la suda.-su tono de voz era agresivo, pero al menos no alzó la voz como antes.-No te quiero cerca de Yutaka, ni cerca de Midori y tampoco te quiero cerca de nuestra vivienda.

-Eso lo dejaste sumamente claro al día siguiente que desperté solo en el hotel.-intervino frío.-Si te duele que sólo piense en eso, que sólo me quieres para hacerme daño ha de ser por algo. -me lo estaba echando en cara. Jamás me había echado en cara nada.-No Atsushi, no te quiero cerca de mi.-dijo mirándome con ese hielo en la mirada que me causaba dolor.-Ya oíste a Max, por favor.-susurró.-Deja de buscarme porque realmente esta vez lo detuve, aunque no sé bien como, pero la próxima no sé si lo haré.-tomó sus cosas para irse con ellos dos.

-Nunca te he buscado aunque lo he deseado.-dije con el tono de voz calmado y de forma clara.-No lo hice porque sabía cual sería la reacción que tendrías.-me agaché para tomar las gafas del suelo.

Mi móvil sonó en el momento más inapropiado. Yo tan sólo acepté la llamada al ver marcado el número de teléfono de mi hijo. Quería que fuera a cuidar a Takumi unas horas. Seguía pidiéndome esos favores a pesar que Clarissa adoraba al niño y a veces le rogaba que lo llevara. Pero él quería dejármelo porque sabía que era importante.

-Claro, no me importa.-dije apartándome de ellos unos metros. Acordé recogerle en menos de una hora. Él dijo que no tenían prisa, que sólo querían pasear sin más aunque con algo de libertad.

Terminé de hablar con mi hijo y me giré hacia ellos. Verlo en ese estado me hacía daño. La última vez que lo vi sonreía, así lo quería recordar y ya no podía ser. Sonreía al lado de ese mismo hombre que lo protegía, pero fue en la lejanía, y la noche del hotel era la más nítida.

-Perrito ¿ya nos vamos?-escuché decir a la niña que jugueteaba con los colgantes que llevaba ese individuo. Realmente parecía un perro que guardaba bien a su presa.

-Debo irme.-dije notando como el pequeño se aferraba bien a mí.-Aunque no me creas... me hubiera gustado hacerte mínimamente feliz como ahora eres.-observé como Max lo tomaba mejor por su cintura. Esa maldita cintura que siempre me había vuelto loco.

-Largo.-escuché en un gruñido. La voz de ese chico realmente cambiaba cuando estaba molesto, era algo gutural.

-Vete Atsushi.-susurró Uta.-Por favor ya no vuelvas a buscarme.-se giró para no verme.

-No te he buscado.-respondí.-Esto fue fortuito.-dije antes de comenzar a caminar con el pequeño en brazos. Él se estaba quedando dormido. Al fin el nerviosismo se había pasado. Tal vez el niño sentía lo que yo sentía, era algo psicológico que he leído en varios libros.

Gracias por su lectura

Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt