Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

Mostrando entradas con la etiqueta emma. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta emma. Mostrar todas las entradas

domingo, 18 de julio de 2010

Dark City - Capitulo 17 - Ironías del destino - CMI


Cuando desperté lo hice agitado y tirado en el césped, me había caído de la amaca donde me tumbé. Noté como el sol aún estaba fuera caldeando la ciudad y como Phoenix salía al jardín para correr hacia mí.

-¿Qué pasa? ¿Por qué gritas? ¿Atsushi?-me ayudó a levantarme sentándome en la amaca para él hacerlo junto a mí.

-Una pesadilla.-murmuré abrazándome a él, necesitando más que nunca el confort de su cuerpo.

-Pues me asustaste.-fue lo único que dijo antes de besar mi mejilla.

Y allí me quedé intentando recordar por completo aquel sueño. Era como una montaña rusa de sentimientos. Todo lo que parecía una cosa, tener solución, no lo tenía y acababa sintiendo como me aplastaba el peso de unos actos que desconocía. El karma parecía haberse vuelto loco. Pero no logré recordarlo por completo, era demasiado psicodélico para saber qué parte encajaba y cual no. No sé si era afortunado, o no, de no recordarlo.

No podía sacar conclusiones sobre mi vida, más allá de las referencias a mi paternidad y a los problemas que asechaban a mis amigos. Pero no a otros motivos, a algo más. Así que terminé levantándome para ir hacia la casa. Phoenix me siguió en silencio tomándome de la mano, eso me hizo sentir que estaba vivo y despierto. Dejé de pensar en ese maldito sueño, al menos hasta que llegó la noche y regresó más nítido y a la vez confuso.

Eran como oleadas de desesperación. Quería huir de ese mar, de sus aguas frías y profundas, pero me tragaba más hacia su epicentro. Terminé viéndome juzgado por todos, por aquellos que amé y odié. Incluso por rostros que prácticamente había olvidado, esos eran los más confusos. Mi subconsciente me hacía recordarlos de forma tan nítida como si pudiera volver a encontrarme con ellos. Si bien, entre esa desesperación y confusión encontré un punto de cordura o placer.

Me vi sentado en un parque observando al que parecía ser Jun jugar, era muy parecido a Hizaki a su edad pero algo más parecido a mí. Corría de un lugar a otro y otro pequeño de cabellos dorados iba tras él riendo. Se veían felices. Era como un pequeño paraíso de inocencia. Kamijo estaba a mi lado sonriendo satisfecho, por ello saqué la conclusión que era su hijo. Había otros pequeños, uno de piel más oscura y ojos menos rasgados los observaba antes de caminar hacia otro banco, en ese otro banco estaba Megumi. Y entre todos esos niños dos que me parecieron ser las copias idénticas de Miho, aunque el niño tenía algunos rasgos de Josep. Ambos corrieron hacia mi pidiéndome golosinas y que les contara otra vez esa historia que les gustaba.

Cuando todo el sueño parecía ser un caos esas imágenes me dieron calma y fuerza. Tenía que creer que así sucedería, que algún día estaría con mis nietos en un parque junto a mis hijos y a los hijos de mis amigos. Vería crecer a mis nietos sanos y fuertes. Que no debía de preocuparme por lo que hiciera Miho y tampoco por lo que hiciera Kamijo. Todo tendría su final feliz, aunque en la vida el único final es aquel que te concede la muerte.

Al despertar lo tuve claro. Tenía que confiar más en ellos, en sus posibilidades y que eran sus decisiones y no las mías. Podía dar mis consejos, pero no debía intervenir. Esta vez me quedaría como mero observador y nada más. Seguiría preguntando por ella y deseando que todo fuera bien con Emma, si bien el sueño me había mostrado algo más que imágenes, que por el momento eran sólo imágenes, no tenían sentido o no lo hallaba en ese momento.

Las semanas siguientes fueron complicadas. Yutaka empezó a tener sesiones con una psicóloga, Hidehiko era quien me comentaba cómo iba todo y que en realidad parecía afrontarlo todo con entereza. Paulo seguía sumido en melancolía, decía que escribir le ayudaba a soportar la nueva situación y el vacío que había dejado Claudia en su vida. Ella se marchó finalmente dejándolo ahogado en un océano parecido al de mi sueño. Kamijo seguía en su silencio habitual sobre el embarazo y poco más sabía de Miho. Sin embargo, un viernes cualquiera, justo antes de empezar las nuevas grabaciones, tuve una llamada de Kamijo.

-Atsushi por favor, espero que tomes esto como una información privilegiada y de total confianza hacia tu persona.-fue lo primero que dijo, quitándose de rodeos habituales de buenos días y preguntas comunes cuando llamas a un amigo.-Miho se ha marchado de casa, se ha llevado poca ropa pero sí sus tarjetas y pasaporte. Josep piensa que está en Londres, que ha vuelto a Londres, y todo ha sido fruto de una pequeña discusión que se agrandó.

¿Qué pensar? ¿Qué decir? Me lo temía. Ya había huído una vez hacia esta cuidad, se había refugiado pensando que el pasado no la aterrorizaría y terminó siendo un fruto de una casualidad el encontrarnos. Fue un maravilloso regalo del destino, pero tenía que ser sincero conmigo mismo y sabía bien que su casa estaba en Gran Bretaña, que ese país la absorbía y se sentía más inglesa que japonesa. Ni siquiera pensaba en las raíces que había echado aquí, mucho más profundas que cualquier otras que hubiera tenido allí. Su alma, su pasión, parte de ella misma o más bien por completo, estaba allí.

-¿Cómo está Josep?-pregunté incorporándome de la cama, puesto que aún estaba metido en ella.

-Preocupado, hundido, molesto, frustrado y creo que no se podrá recuperar de esto si no vuelve. Ella ha dicho que lo hará, pero lo mismo dijo su ex y mira lo que sucedió. Atsushi creo que deberías hablar con él, aunque ella lo niegue tenéis un carácter parecido y tal vez la comprendes mejor de lo que crees. ¿Por qué no vas a verlo? Verás así a tus nietos, es lo que tanto querías.-dijo con tono de preocupación, realmente estaba lamentando todo aquello. No podía dejar de pensar que Josep también era amigo suyo, así que tendría que aceptar que él se viera doblemente afectado por la situación, aunque no fuera directamente.

miércoles, 14 de julio de 2010

Dark City - Capitulo 17 - Ironías del destino LVIII


Al girarme, para observar al hombre que se aproximaba hacia nosotros, quedé impactado. Era como ver a un segundo Paulo Wilde pero con el cabello prácticamente blanco y algunas arrugas en el borde de sus ojos. Sonrió y se paró frente a nosotros apoyándose en el bastón que llevaba en su mano derecha.

-Buenos días padre.-dijo Paulo.-Padre él es Atsushi Sakurai.

-Oh.-sus labios y su expresión eran entre asombro y curiosidad.-Conozco levemente su idioma. Pero lo básico me dará la posibilidad de decirle que le admiro, usted tiene más energías que los jóvenes de hoy en día.

-No soy viejo.-respondí algo molesto.-Tengo sólo cuarenta y pocos años.

-Sí, pero no tiene veinte.-comentó antes de girarse para ir hacia la habitación.-Ha sido un placer, un grato placer.-dijo agitando su mano izquierda para despedirse.

-Te dije que era un incordio.-dijo Paulo.

-Lo he notado.-le entregué mi ramo y también la almohada.-Es especial para estos casos y para aviones. Espero que te sea de ayuda.

-Gracias, estás en todo.-me miró fijamente unos segundos y sonrió.-¿Entras a verla?

-No, tu padre me ha dado escalofríos y prefiero caminar.

-Oh, bueno entonces nos vemos en otro momento.-se giró hacia la habitación y antes de entrar volvió su rostro hacia mí.-Gracias.

Yo desaparecí de aquel lugar. No podía soportar estar encerrado en ese antro de pastillas, batas blancas, informes y aroma a desinfectante. Al quedar libre en la calle decidí dar una vuelta con el coche. Era demasiado temprano para regresar a casa, quería despejarme un poco más antes de meter las narices entre informes de mis empresas y nuevas canciones.

Terminé marchándome a uno de los restaurantes de moda, pedí que abrieran para mí una de las botellas de vino más caras que tenían y también un pequeño aperitivo. Mientras que me relajaba veía pasar a unos y a otros, todos entretenidos con sus problemas y metas. Tan sólo tomaría una copa, no más, puesto que debía conducir.

Sin embargo, mientras tomaba la copa recordé las palabras de Kamijo. Dudé en llamarlo o no, pero finalmente lo hice. No estaba demasiado lejos, ya que el restaurante estaba a unas escasas calles del teatro y allí estaba como siempre. Le esperé sin dejar de observar todo, de deleitarme con cada gesto cotidiano. La vida a veces parecía aburrida, pero si uno se detiene a contemplarla encuentra momentos únicos y memorables.

Al fin apareció Kamijo caminando por la calle entre las personas que iban de un lugar a otro. El tenía ese toque especial que le hacía destacar con facilidad. No tardó más de cinco minutos en sentarse frente a mí y servirse una copa de mi botella.

-¿Qué te ha hecho llamarme?-fue lo primero que dijo esbozando una sonrisa.-Un sitio muy agradable, aún no había venido por aquí.

-Pues tus palabras, nuestra última conversación.-respondí y él se quedó pensativo.

-¿Sobre Yutaka?-interrogó alzando una de sus finas cejas y luego ambas, para luego fruncir el ceño.-No, deja que adivine.-susurró antes de relajar su rostro y dar un trago del vino.-Emma.-masculló mirándome fijamente.

-Sí, Emma.-dije siendo completamente sincero, de nada me servía ocultar lo que quería averiguar.

-Emma es un tema que no quiero tratar.-respondió.

-No te voy a juzgar.-tomé un trago de mi copa y él suspiró.

-¿Qué deseas que confiese? Últimamente me siento confuso, no con Jasmine sino con ella. Ya no la veo como antes, sobretodo cuando intenta encontrar el momento oportuno para quedar a solas y poder abrazarme. Que me trate como si fuera su esposo me hace sentir incómodo, ya que no lo soy ni lo seré.-sonrió amargamente antes de dar otro sorbo a su copa y me miró a los ojos con una especie de súplica.-Por favor, no me reproches. No estoy para reproches.

-¿Qué harás? No creo que quiera darte el bebé.-dije siendo tan sincero como en el principio de la conversación.

-Arrebatárselo.-fue rápido al decir aquello.-Está dañando a Jasmine todo esto, ella lo está haciendo, y yo no voy a permitir que mi hijo no viva conmigo sino con alguien desequilibrado.-rió bajo cuando dijo la palabra estrella, él también tenía tratamiento psicológico para sus cambios de humor.-Aunque intentaré no hacerle daño, hacerlo todo de forma rápida e indolora para ambos.

-Kamijo es una mujer, no sabes como son con sus crías.-comenté intentando que razonara.-Cúbrete bien las espaldas con buenos abogados.

-Yo tengo mis propios abogados.-su mirada brilló y temí por mí, por todo el mundo que allí estaba, esa mirada no era la suya y cuando aparecía realmente me atemorizaba.-Por cierto quiero que me ayudes a encontrar una mansión clásica, con estilo, y que esté ya restaurada. No sé si sabes alguna aquí en la zona. Quiero una que tenga escaleras pero que la parte superior no sean dormitorios sino un salón espacioso para fiestas, biblioteca y despacho. Que sea bien luminoso. Necesito algo así para Jasmine, el pequeño y para mí. Verás el piso quedó pequeño.-cambió de tema de forma rápida mostrando su lado de padre y esposo modelo.

-Frente al Ayuntamiento hay una en venta desde hace unas semanas.-fue lo único que logré decir, todo aquel cambio de actitud aún me dejaba en shock.

-Ya lo vi con Paulo en su día, me gusta pero el parquet está horrible y en la parte superior no hay mucha luz.-sacó entonces su cartera y me mostró un par de fotografías.-Quiero algo como esta casa, es una que conseguí para Teru. Es una casa increíble, pero ya había dicho que sería para él. Además lo quiero cerca de los accesos rápidos al metro y también carretera.

-Ahora que lo mencionas hay un viejo conocido que vende la casa de su familia, no sé si será de tu gusto pero está cerca de esa zona.-tomé mi bolígrafo y saqué mi tarjeta, detrás puse la dirección y el nombre por el cual tenía que preguntar.-No sé si aún la vende.-le di la tarjeta e hice un gesto al camarero para que viniera.-Por favor, la cuenta.

-Deja que te invite.-dijo de inmediato Kamijo esbozando una encantadora sonrisa, una de esas que le hacía parecer un ángel y no un demonio.-Por favor, estamos de celebración. Pronto seré padre y quiero que tú seas el padrino de su bautizo.

-Kamijo.-musité sin saber si regañarlo por la invitación o agradecerle que hubiera pensado en mí.

jueves, 8 de julio de 2010

Dark City - Capitulo 17 - Ironías del destino LIII


-Sí, por Emma. Me veo sin Jasmine. Un día llegaré a casa y no estará, creo que por eso estoy siempre en el teatro. Temo ir a casa y que haya desaparecido, que se haya esfumado de mi vida, y que no vuelva.-suspiró cansado.-Pero eso son cuestiones causadas por mi estupidez, por no escucharte y por no escucharlo, ahora no tienen remedio.

No dije nada. No tenía mucho que decir, tan sólo aceptar que él deseara tomar las consecuencias. Me quedé unos minutos junto a él, después me levanté y me marché sin despedirme.

Hacia la salida del lugar iba meditando qué hacer y qué decir. No quedaba demasiado lejos la casa de Yutaka y Max, tan sólo a unos diez o quince minutos en moto. Pero antes de ir tenía que conseguir averiguar qué podía decir ante la noticia y ante ellos. Decidí sentarme en el jardín cercano dejando que la fuente fuera el único murmullo junto a mis pensamientos.

Ir allí sin más presentándome con las entradas y algún obsequio era una locura. Sin embargo, sabía que desearían despejarse y no pensar en lo sucedido. Yutaka era alguien especial para mí, por mucho que Max pensara que sólo me importaba para dañarlo. No debía intervenir demasiado y no sabía como aguantar mis ganas.

Cuando tuve las palabras que creí correctas me marché en dirección a su apartamento. No podía creer aún que el tiempo nos pusiera en una situación parecida. Era un adolescente cuando creía que pasara lo que pasara terminaría a su lado, en cierta forma tenía razón. Sigo a su lado, es mi amigo y no puedo evitar quererlo.

Al llegar a su telefonillo me temblaron las manos. No había comprado nada tan sólo las entradas. Un sudor frío recorría mi frente y la boca se había resecado tanto que casi no podía tragar saliva. Llamé finalmente y quien contestó fue Max.

-¿Sí? ¿Quién es?-preguntó mientras se escuchaba de fondo la televisión.-¿Hay alguien?

-Por favor ábreme.-dije echando hacia atrás mis cabellos, dejando las manos tras mi nuca, estaba demasiado nervioso.-Max sé lo que ha sucedido, necesito verlo.

-Está descansando.-respondió.-No molestes.

-No creo que le haga feliz que seas así de grosero conmigo, te recuerdo que él y yo seguimos siendo amigos.-entonces escuché un pequeño calambrazo como un zumbido y la puerta se abrió.-Gracias.

Subí hacia su apartamento por las escaleras, quería meditar un poco más lo que diría. Cuando llegué a la planta correspondiente la puerta ya estaba abierta y Max me esperaba recargado en el marco de esta.

-Yutaka realmente está descansando.-dijo mirándome con los ojos fríos, como si intentara ocultar su rabia.-¿Qué quieres?

-He sabido lo que ha sucedido, me han puesto en conocimiento de los detalles.-su rostro no mostró asombro, suponía que me enteraría de cualquier forma.-Es extraño porque por un lado quiero darte las gracias por protegerlo, aunque es tu cometido como su pareja, y por otro hubiera deseado tener la oportunidad que tú tuviste.-saqué las entradas y se las ofrecí.-Deseo que lo saques de casa, que se despeje unas horas, y si puede ser con algo cultural y que le evite pensar en todo lo que ha pasado. Seguramente le habrán puesto ayuda psicológica y también tiene la tuya. Pero yo soy su amigo, antes no lo cuidé como debía lo sé. Ahora quiero hacerlo como lo hacen los amigos, preocupándose e intentando dar su apoyo.

-Para mi fue un placer dejar medio muerto a uno de ellos.-dijo mirándome con cierto brillo en los ojos.-Debí haberlo matado.-añadió y luego miró las entradas.-Le diré que nos invitas, pero no esperes que te lo agradezca. Este gesto no quita lo que has hecho en el pasado, no voy a ponerme a decir que eres buena persona por algo como esto.

-Lo sé.-respondí.

-¿Algo más?-preguntó alzando una ceja.

-Si necesita algo, lo que sea, avísame. No me importa ayudar, es más deseo hacerlo. Tanto yo como Hidehiko, Imai o su propio hermano. Todos estamos dispuestos a cuidarlo y ayudarlos.-lo decía con total sinceridad, tal vez por eso no tuve más que silencio. Si no hubiera sido así, si hubiera dudado un segundo, hubiera tenido otra reacción.

-Vale.-dijo metiéndose más hacia su hogar.-Adiós.

-Adiós.

Era la conversación más cordial que habíamos tenido hasta ese momento. Jamás pensé que llegáramos a estar de acuerdo en algo, o al menos tener claro que teníamos que estar apoyándonos por el bien de Yutaka. Creo que ese era el motivo, el único motivo que teníamos ambos para ser cordiales y soportarnos.

jueves, 24 de junio de 2010

Dark City - Capítulo 17 - Ironías del destino XLV


-Es un placer conocerlo después que me hablaran brevemente de usted, espero que pase una buena velada en un día tan importante como lo es para mi hijo.-noté como se tensaba intentando controlar la situación, los celos le podían y se notaba que me detestaba sin tan siquiera conocerme.

-Lo es también para mí.-dijo en un tono de voz sosegado, como si estuviera completamente relajado pero su mirada no lo era.

-¿Has hablado con el tutor de Hero?-interrogó mi ex con una sonrisa de satisfacción y orgullo.

-Sí, Hizaki hizo bien en traer a Hero a la academia como regalo de cumpleaños anticipado.-dije notando como él se escabullía para mirar las demás obras.-Verlo a él es como ver a mi madre, aunque también tiene mucho de ti se nota tu carácter en cada pincelada y eso es bueno.-sonreí cuando dije aquello.-Espero que disfrutes de la fiesta y si me lo permites, te sienta muy bien ese vestido.

Ella sólo sonrió por el halago, también por el orgullo de tener un hijo con tanto talento. Fui hacia donde estaba Phoenix y besé su mejilla observando las obras de Seth. Quedaba pulirse bastante, pero se notaba que era extraordinario. Su obra se basó en iconos del rock, en la música y sobretodo en la filosofía de vida que era todo aquello.

-Me gusta.-dije observando uno de los cuadros.-Podrías ponerlo en tu habitación después que termine la exposición.

-Sí, a mí también me gustó mucho ese.-dijo Hero que había regresado a mi lado.

-Es muy bueno.-comentó Phoenix estrujando a su hermano.

-Gracias.-susurró algo sonrojado puesto que todo el mundo nos miraba.

-Atsushi.-murmuró Phoenix al percatarse de la presencia de Clarissa.-No me encuentro bien ¿por qué no dejamos que los chicos disfruten de su fiesta y regresen a casa en taxi?-se aferró a mi brazo girándose hacia una pintura como si la observara.-Atsushi no me siento bien.

-De acuerdo.-sabía que era por ella, porque ya se habían enfrentado en el pasado y nuevamente tenían que verse las caras. No quería un enfrentamiento y mucho menos que terminaran todos observándolos esperando uno.

Nos despedimos de Hero y Seth para marcharnos hacia la salida. Él estaba tenso y preocupado, sin embargo yo sabía que Clarissa ya era feliz lejos de mí y no vertería resentimiento sobre él. Sin embargo, no deseaba que los nervios le jugaran una mala pasada. Él había perdido su empleo por culpa de ella y ella perdió su matrimonio por culpa mía, pero el blanco de su ira fue siempre él.

Al regresar a casa Kamijo dormía en el sofá con Jun descansando. Phoenix se marchó a la habitación, estaba como en otro mundo y tal vez se reprochaba muchas cosas de las cuales no tenía culpa. Yo desperté a Kamijo tomando al pequeño entre mis brazos.

-¿Ya regresasteis?-preguntó somnoliento.

-Ha sido rápido.-comenté mientras él miraba el reloj.-No descansas ¿cierto?

-El proyecto, Emma, Jasmine y mis asuntos.-murmuró levantándose del sofá.-Nos vemos mañana.-susurró antes de marcharse hacia la puerta.

-Descansa de una buena vez, lo necesitas.-él rió al escuchar mis palabras, bien sabía que tenía razón.

Llevé a Jun a su cuna dejándolo recostado junto a su conejo, después me fui a buscar a Phoenix. Estaba en la ducha intentando relajarse. Yo me saqué la ropa y me metí junto a él.

Estreché su cuerpo besando su mejilla. El silencio era roto por el tintineo del agua contra el plato de ducha, contra nuestro cuerpo y contra los azulejos, pero nosotros no decíamos nada. Ambos queríamos despejarnos e intentar olvidar la tensión de minutos atrás.

-Creí que podría.-murmuró cuando salimos de la ducha mientras secaba su cuerpo.-Pero fue verla y sentir que todo era culpa mía.

-Es el destino y también mi elección, no es culpa tuya.-susurré antes de besar su frente para marcharme hasta el dormitorio.

martes, 22 de junio de 2010

Dark City - Capítulo 17 - Ironías del destino XLIII


Recordé sus palabras y tan sólo salí fuera al pasillo. Escuché el timbre y luego a Jun gritar a todo pulmón en los brazos de Hero. Bajé por la escalera notando como el rostro de mi amigo cambiaba cuando tenía al bebé en brazos. Su pose de ángel místico se volvía prácticamente la de un adolescente.

-¿Vamos a jugar verdad Jun?-dijo alzándolo para luego cargarlo bien en sus brazos. Jun la respondía riendo y hablando demasiado rápido para vocalizar bien.-Hola Atsushi.

-Papá deberíamos irnos ya.-comentó Hero quedándose a mi lado.

-Sí, es cierto.-dije acariciando sus largos cabellos.-Así que vienes de canguro.

-Sí, pero antes debemos hablar de algo importante.-se puso a mi altura y me tomó del brazo.-Es importante.-murmuró cerca de mi oído.

-Esperad aquí.-comenté caminando con él hacia mi despacho.

Subimos en silencio y nada más entrar él se sentó en una de las sillas. El pequeño seguía observándolo como si estuviera maravillado con lo que veía. Tiraba leve de su camisa y de su colgante, parecía feliz de ver a su tío Kamijo. Yo simplemente sabía que algo más que el proyecto le preocupaba.

-El profesor de dibujo de tu hijo y sobrino es amigo de uno de mis antiguos enemigos, ahora su clan y el mío son aliados y tienen tratos de amistad más allá de lo superficial. Yoshiki y él han terminado realizando pactos que nos han hecho crecer en toda Europa.-comentó antes de sonreír a Jun alzándolo para luego recostarlo sobre su pecho.-No estoy seguro si es hombre de confianza de Juka, pero sí que están relacionados.

-¿Crees que está vigilando mis movimientos?-interrogué preocupado.-¿A mi hijo?

-No y no. Tan sólo te lo comento por si termina siendo parte de tu familia.-aquello me hizo pensar en los comentarios de Hero sobre su profesor.-Aniss, como así se llama, está teniendo una estrecha relación con tu cuñado. Cuando hablo de estrecha va más allá de la amistad camino a la atracción.

-Santo Dios.-murmuré sentándome algo aturdido.-¿Crees que tendremos complicaciones por ello?

-No, tranquilo.-dijo sonriendo encantado con la conversación que Jun mantenía con su colgante.-¿Te gusta el colgante? Cuando seas mayor te regalaré uno igual.

-¿Y Emma?-se tensó al escuchar el nombre de aquella mujer.-¿Sigue intentándolo?

-Tengo miedo que rechace entregarme el bebé, puesto que creo que intentará usarlo como moneda de cambio.-una lágrima se escapó, pero no duró demasiado en su mejilla porque Jun palmó su rostro y comenzó a llorar.-No, Jun.-susurró sonriendo para él.-No llores pequeño.-besó su frente y se levantó de la silla.-Atsushi es algo que hablaremos más adelante, cuando llegue la hora.

Sabía que yo le apoyaría llegado el momento de actuar. No permitiría que alguien le destrozara su sueño, su único sueño. Quería ser padre y se exponía demasiado para lograrlo. Mi hijo lo adoraba, creo que no era el único. Hizaki lo idolatraba por su elegancia y Hero no paraba de hablar de las obras que lograba representar.

Me acompañó hacia el salón y allí se quedó cuidando al pequeño. Nosotros nos marchamos después que Phoenix llenara la mesa del teléfono con pequeños trozos de papel, donde tenía anotado incluso el pediatra.

Durante el camino hacia la exposición Seth parecía nervioso. Hero no paraba de observarlo fijamente en silencio. Cuando sus miradas se cruzaban sonreían. Ahí supe que ocultaban un pequeño secreto, pero era secreto y mi hijo pequeño no lo diría tan rápido como podía ser Hizaki después de amedrentarlo.

Tenía curiosidad y miedo de encontrarme con el nuevo acompañante de Clarissa. Curiosidad porque sería la primera vez donde nos veríamos las caras, miedo de saber que era un estúpido y ella pudiera peligrar. Sin embargo, yo ya no tenía que rescatarla de la torre, yo ya no era su príncipe azul y creo que por su bien jamás debí serlo.

Dejé el coche no muy lejos y lo hice en silencio. Phoenix se aferró a mi brazo y yo simplemente dejé la invitación del evento al portero. Al entrar vi a los orgullosos padres de otros alumnos y a estos mostrando sus obras. Sin embargo, había una enorme expectación en uno de los salones. Allí estaban los dibujos de mi hijo, colgaban de la pared expuestos ante todos. Los bocetos ya eran demasiado reales, los lienzos casi se podían tocar. Eran todos eróticos y desnudos sin piedad alguna, cicatrices de todo tipo se relejaban en uno de los modelos.

-La espalda de ese modelo es un amigo de Miho.-dijo Hero quedándose a mi lado.-Lo pinté antes que entraras al hospital. Un día me llevó Miho al local donde tocan, Hizaki también iba, y el chico se quitó la camiseta y ahí estaban las marcas.

-Amaury.-susurré quedándome sin aliento, mi hijo pequeño se estaba relacionando como si nada con ese psicópata. Sin embargo, no parecía ser demasiado peligroso si no le importunabas.

-Sí, ese mismo. Tiene una voz profunda y muy buena para el metal como para el rock, es bueno.-luego señaló el busto de una mujer, tan sólo la silueta.-Es mamá.

-Lo sé.-susurré colocando mis manos sobre sus hombros.

-Hice algunas siluetas de personas de distintas edades y luego las siluetas de cama, sexo sin compromiso de lo más pasional.-dijo antes de salir corriendo hacia un joven escuálido al que trajo hasta nosotros.-Él es mi profesor.

-Un placer conocerle, a su esposo ya lo conocía cuando trajo a ambos a clase.-lo decía por Seth que parecía tensarse aún más ese momento.

sábado, 15 de mayo de 2010

Dark City - Capítulo 17 - Ironías del destino VII


Me quedé junto a él en riguroso silencio. Sabía que cualquier cosa que dijera era en vano. Conocía bien sus deseos de aparentar ser un hombre común, pero sus manos estaban manchadas de sangre. Eran las manos que acunarían a su hijo, eran las manos de un futuro padre. Él quería creer en la redención porque él deseaba su propia salvación.

-Atsushi ¿seré un buen padre?-preguntó con las manos entrelazadas frente a su rostro, como si estuviera en oración.-¿Seré un buen hombre algún día?

-Kamijo eres un buen hombre, a pesar de tus debilidades y tu otro lado.-susurré.

-Atsushi he matado a padres de familia.-respondió aún intentando serenarse.

-Y casi todos en tu propia defensa, ¿no es así? Al menos déjame creer que es así Kamijo.-eso era un ruego, un deseo, que me rompía el cráneo. No quería creer que él era como la escoria que tanto odiaba y maldecía.

La charla no prosiguió demasiado. Alguien entró en la habitación, alguien que yo deseaba conocer hacía mucho tiempo. Deseaba verla cara a cara, frente a mí, y la tuve a menos de dos metros. Esa mujer perfecta con una sonrisa dulce.

-Kamijo.-dijo colocándose bien el cabello.-Siento entrar sin llamar, creí que estarías solo aquí.

-Emma.-susurró intentando secarse rápidamente las lágrimas que aún se deslizaban lentamente por sus mejillas.

-Kamijo.-murmuró preocupada tomándolo entre sus brazos para luego fijar sus ojos en mí.-¿Qué demonios sucede?

-Yo sólo intentaba consolarlo.-respondí.

-¿Qué sucede Kamijo?-interrogó acariciando sus cabellos, tratándolo de forma amorosa como lo haría una madre o una mujer. Una mujer que te espera en casa embarazada y con una sonrisa mientras teje la ropa de tu hijo, la misma expresión que tenía Clarissa cuando estaba embarazada y me observaba.-Mi príncipe ¿por qué lloras?

-Es un sensible, habla de ciertos temas y termina como magdalena.-me encogí de hombros y sonreí de lado.-Anda dile que llorabas porque vas a ser padre, seguro que está nervioso y eso es todo.

-Sí, eso es todo.-susurró abrazándola, rodeándola firmemente con sus brazos, para luego besar su frente con dulzura.-¿Qué haces aquí?

-Vine a ver el coloquio, no podía perderme algo así. Además no es bueno que esté todo el día encerrada.-dijo recargándose sobre su pecho, acariciándolo con una de sus manos, mientras le miraba a los ojos y sonreía.-Me pasé por aquí para recordarte la cita que tenemos mañana. Tengo que ir al ginecólogo y tengo que ir contigo. Kamijo no quiero ir sola.

-Sí, claro.-susurró acariciando su rostro, tomándola de sus perfectas facciones para besar nuevamente su frente.-No me lo perderé, estaré en tu casa a las nueve en punto.

-¿Nos presentas?-dijo ella girando su rostro hacia mí.-No conozco a este amigo tuyo.

-Tuvimos un cruce de palabras una vez, pro teléfono.-respondí.

-¡Cierto! ¡Es Atsushi! Al fin conozco al antiguo político y descarado músico.-comentó con una sonrisa.

-Tú eres Emmanuelle.-respondí y ella asintió leve con la cabeza.-Es un placer conocerla.-dije tomando su mano para besarla y ella rió bajo.-Es una lástima que tenga que marcharme con Phoenix, pero ya le diré a Jasmine que vas para casa Kamijo. Ya sabes como se pone tu esposo cuando llegas tarde y no avisas.-lo hice como favor a Jasmine, supe porqué sus celos y comprendí que yo en su lugar la hubiera golpeado hace tiempo. Lo trataba como a un esposo, no como a un amigo.

-Sí, claro.-respondió él apartándola un poco, pero ella volvió a pegarse agarrándose a su brazo.

-Hasta la próxima Atsushi.-dijo ella antes que yo abriera la puerta y me marchara.


Iba en busca de Phoenix, necesitaba contarle mi impresión de Emma y era urgente. Estaba dándome mala espina todo aquello, además de escalofríos que erizaban el vello de mi nuca. Me sentía en una novela rosa barata, de esas que leen las mujeres que son la otra y las leen para aprender a seducir al hombre que aman y no tienen. Estaba por darme cabezazos contra la pared. Esa mujer iba a dañar a Jasmine, tarde o temprano, y el muy idiota de Kamijo se dejaba coquetear por ella, aunque yo en su situación hubiera caído ya entre sus piernas.

Encontré a mi pareja rodeado de sus amigos, siendo adulado hasta el extremo. Yo simplemente lo agarré del brazo y tiré de él para meternos en una de las habitaciones libres. Era uno de esos armarios inmensos de vestuario. Él se quedó confuso al ver esa reacción tan extraña.

-Emma va detrás de él, él se queda como idiota frente a ella. No se la está tirando, pero poco falta. Te juro que me han dado ganas de patearlo por ser tan ciego.-Phoenix no entendía demasiado, tan sólo me tomó del rostro intentando aclararse con lo que había dicho.-Emma, la amiga de Kamijo, lo trata como si fuera su esposo. Tiene las mismas miradas y sonrisas que tenía Clarissa estando embarazada, las mismas que tenía hacia mí.

-Eso no es nuevo amor.-susurró acariciando mi rostro, acomodando mis cabellos, y luego mi corbata.

-Kamijo está como ido cuando se presenta, débil. Parece hechizado por ella hasta el extremo de asentir a todo lo que le dice. Por dios, parece un perro faldero.-se apartó de mí cuando dije aquello y fue hacia la puerta. Yo de inmediato le tomé del brazo y le hice girarse.-Escucha si vas a montarle el número él se sentirá mal, te juro que por ahora no está sucumbiendo. Lo sé, porque su mirada es dulce y no de ganas de abrirla de piernas en cualquier habitación del edificio.-se apartó y me miró furioso.

-¡¿Hay que esperar a que lo haga?! Te recuerdo que Jasmine es nuestro amigo.-me estaba reprochando como si fuera yo el culpable.

-Sólo lo pondrás a Kamijo molesto y no tenemos pruebas de nada, además él no es de ese tipo de hombres.

jueves, 13 de mayo de 2010

Dark City - Capítulo 17 - Ironías del destino V






El ambiente quedó enrarecido tras el suceso. Pocos minutos después dimos por concluso la rueda de preguntas y terminamos con conclusiones leyendo los documentos que habíamos firmado entre todos. Eran varios documentos donde dejaban por escrito el nuevo procedimiento de todos los partidos a la hora de aceptar personas en sus filas, también en los castigos que supondrían realizar actividades ilícitas mientras se representa al partido.

Minutos después del cierre del coloquio aceptamos que otros medios gráficos tomaran fotografías, hicieran pequeñas preguntas sobre temas relacionados con las condenas que se les aplicaría, para que pudieran emitirlo en sus resúmenes personales en sus emisoras nacionales e internacionales.

La pregunta mayoritaria fue el porqué elegir el teatro y no la televisión local. La respuesta fue obvia. Era un proyecto alejado de la televisión local, un proyecto para Internet, y nos habían cedido gratuitamente una de las salas del gran teatro. Para mí era como una representación sobre las artimañas que algunos gastan, una metáfora a la pantomima de unos pocos.

Terminamos media hora antes de lo previsto. Paulo y Yo nos quedamos sentados en uno de los camerinos. Él prendía un cigarrillo mientras comentaba que era lo único que le calmaba, había vuelto al tabaco después de varios meses sin tocar una cajetilla. Era el mismo discurso que me había soltado Kamijo. Aunque Kamijo empezaba a dejarlo gracias a un invento de un cigarrillo especial donde fumaba vapor de agua, pero le hacía el efecto como si fumara uno real.

-¿Estáis bien?-escuché decir a Kamijo abriendo la puerta tras un leve golpe en la madera.

-Sí, pero ese tipo me alteró.-respondí.-¿Qué no entienden? Ese tema no me incumbe.

-No lo entienden, seguro que ni conocía a Lexter pero ya sabes como son algunos programas de televisión.-comentó Paulo encogiéndose de hombros.

-Sea como sea hemos acordonado la zona por si ese loco intenta algo, salió corriendo cuando mis escoltas le echaron fuera.-murmuró Kamijo sentándose a mi lado.-El ambiente estará caldeado algunos días, es conveniente que seáis cautelosos.

El silencio se hizo nuevamente presente. Los tres nos mirábamos sin decir una sola palabra. Parecía que deseábamos escrutar el cerebro de uno y de otro, entre todos, y luego decir algo que estuviera acorde en ese momento tan incómodo. No habíamos fracasado, pero no había salido todo como esperábamos. Se había convertido en los minutos finales en algo dantesco, propio del absurdo televisivo que vomitan todos los canales a eso del medio día.

-¿Cómo va el embarazo?-pregunté para cambiar de tema.

-Muy bien, demasiado bien.-dijo con una leve sonrisa.-Atsushi es increíble sentir que la vida va creciendo. Es hermoso poder escuchar sus latidos en el aparato y poder ver sus movimientos.-sus ojos brillaban como los de un niño, realmente parecía feliz cuando hablaba de su hijo.-Aún no sabemos su sexo, pero en pocas semanas podré saber si es un pequeño príncipe o una hermosa princesa.

-Ya sólo quedas tú Paulo.-dije alzando y bajando las cejas.

-¡No!-exclamó.-Por favor no bromees Atsushi.

En ese preciso instante llamaron a la puerta y todos volvimos a quedar serios. La voz que se escuchó tras la puerta era la del agente que había estado presente en el coloquio. Kamijo fue hacia el pomo y lo giró permitiéndole entrar.

-Han detenido a Imai Hisashi.-dijo con una leve sonrisa.-Me han informado que él mismo se ha personado en el aeropuerto de la capital del país acreditando su nombre real, junto a su cómplice Kiyoshi.

No sabía cómo tomarme la noticia. Era una buena noticia porque ese maldito daría con sus huesos en la cárcel. Pero sólo le pondrían tentativa de asesinato y secuestro. Aunque por buen comportamiento y por haberse entregado le reduciría todo demasiado. Además, sabía que su organización podía comprar a cualquier juez. Ese maldito imbécil no estaría mucho tiempo entre las rejas.

-Estará en unos seis meses fuera.-sentenció Kamijo.

-¿Qué sucede? Pensé que se alegrarían.-comentó el agente quedando asombrado porque nuestros rostro permanecieron sombríos.

-Lo que ha dicho mi amigo es cierto, saldrá en unos seis meses.-suspiré y me encogí de hombros.-Supongo que los malos no son como en las pelis, en la vida real no terminan demasiado mal.

-No perdáis la esperanza.-comentó Paulo con una leve sonrisa.-Tal vez esos meses le hace recapacitar.

-Por favor no me hagas reír.-respondí con un tono de voz que sólo usaba para mis momentos de cínico sin remedio.-Ese hijo de puta tiene cuarenta y tantos años ¿crees que alguien tan mayorcito cambia? No estamos hablando de un niño que se mete en un reformatorio, estamos hablando de un adulto con un historial delictivo impresionante.

-Supongo que eso es un no.-murmuró reclinándose en el asiento, colocando sus codos sobre sus rodillas.-Imai volverá a las andadas muy pronto según tú.

-En cuanto cruce la puerta de la cárcel.-dije muy seguro de aquello.

-Pues se volverá a detener y volverá a prisión. Así hasta que se pudra.-dijo acomodando sus gafas.-Aunque yo siempre pienso que se puede reinsertar en la sociedad a cualquier persona, sea de la edad que sea. Si se comporta de esa forma, si está metido en una organización criminal, seguro que es porque ni su infancia ni su juventud fueron fáciles. Las personas que terminan como él son porque han empezado mal desde el principio, desde la cuna. Debería darte lástima Atsushi, no todos tienen oportunidades de salir de la miseria o de una vida dura.

-Ciertamente.-murmuró Kamijo.-No todos poseemos las oportunidades de enmendar nuestra vida, de empezar de cero. Además, lo hizo cegado por los celos. Supongo que ya no tienes porqué preocuparte, o tal vez sí.-susurró.-Quien debería de estar alertado es Mario.

-Bueno señores.-intervino el agente sintiéndose tal vez incómodo por nuestra conversación.-Debo marcharme hacia la oficina, me esperan.

-Le deseo un buen día.-dijo mi buen amigo tomándolo de las manos formando en su rostro una sonrisa gentil. Kamijo siempre era así, mostraba su mejor cara a pesar de estar terriblemente preocupado.-Suerte en sus investigaciones.

-Gracias, supongo.-murmuró apartándose para marcharse cerrando la puerta.

Gracias por su lectura

Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt