Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

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martes, 20 de julio de 2010

Dark City - Capitulo 17 - Ironías del destino (ultima parte del capítulo)


-¿Y qué fue? ¿Cuál ha sido la discusión? Y sobretodo ¿por qué no me dijiste que todo estaba desmoronándose?-le miré clavando mis ojos en él y él tan sólo suspiró.-Lo sé todo, todo es poco para lo que sé.

-Para que no te preocuparas.-respondió levantándose de la cama para abrir la cómoda de la habitación. Era una de esas antiguas restauradas, era una habitación digna de una princesa pero con toques modernos. Cat había diseñado todo y pedido los muebles junto a Megumi.-Aquí tengo la nota.-dijo cerrando el mueble para girarse y entregármela.

-Lo intuía.-dije dejando la nota a un lado.-Intuía que tu lado de padre saldría y lo estropearías. No hace falta que me ayudes o intentes meterte por medio, yo sé bien como es mi hija a pesar de a penas poder haber tenido tiempo a su lado.-me levanté para dejar al pequeño en la cuna y me quedé frente a él, encarándolo.-No te estoy machacando, toma esto como un consejo necesario. La próxima vez deja que se de cuenta ella sola, se dará cuenta créeme. Si somos tan parecidos como dice Megumi lo ha hecho porque se agobia, porque ya no puede más, y porque tú estarías detrás de ella. Lo sé, sé como te sientes siendo padre y puedes imaginarte la sensación por todo lo que sucedió con Romeo.-suspiré dejando mis manos en sus hombros y lo agité leve.-Despierta, Miho es adulta y es más testaruda que yo, mucho más. Inevitablemente se cabrea a diario consigo misma y con todo, porque hay cosas que no son como uno quiere, y si metes presión, en vez de escucharla, lo que tienes es una huída.

-Gracias, pero no necesito ese consejo. Sabía a lo que me exponía al decirle todo aquello.-respondió apartándose de mí para guardar la nota, pero finalmente la hizo añicos.-No creo que vaya a volver, no tan fácil.

-Volverá, créeme que lo hará.-respondí antes de ir a la ventana de la habitación, daba al jardín y mostraba como Cat llegaba para sentarse junto a Eduart.-Puedes preguntárselo a él, la conoce más que su madre. Creo que tiene un sexto sentido en todo, al menos sabe leer la expresión de las personas y con ello su alma.-me giré hacia él.-Hablo de ese niño.

-Lo sé, lo he notado.-suspiró cansado apoyándose en el mueble.-¿Hizaki ya lo sabe?

-No se lo he dicho, pero si no lo llama ella lo hará Cat.-dije regresando la mirada hacia el jardín.

-Y si no es él es Amaury, ese mocoso siempre anda metido en todo.-apretó los puños y golpeó el mueble.-A veces pienso que hubiera sido mejor que ellos dos estuvieran juntos, yo soy un lastre.

-Si sigues hablando tanta tontería junta tendré que golpearte, y la verdad me estoy reservando las ganas. No creo que fuera feliz al lado de alguien tan irresponsable como ese muchacho, diga lo que diga no aprende y terminará muy mal. Si no termina en una zanja muerto por sobredosis lo hará arruinado, perdido por completo de la faz de la tierra. Ese chico necesita un correctivo. Además, ella te eligió a ti como padre de sus hijos y también como hombre. No sólo por tus genes, no olvides que Miho es un alma libre y no quiere responsabilidades más allá de cuidarse a sí misma. Pero sé bien cómo es como madre, no gracias a ti precisamente porque no sé cuando me mientes y cuando dices la verdad, sino por Hizaki y por Kamijo. Así que guárdate esos derrotismos. Volverá, lo hará para estar a tu lado; y por favor la próxima vez que vayas a hacer algo tan idiota como meterte en sus decisiones mira bien donde pisas.-me fui hacia la puerta y eché un vistazo.-Mañana volveré para ver cómo os encontráis.

-De acuerdo.-no dijo nada, sabía que todo lo que había dicho no lo podría rebatir. Yo era como ella, decía la verdad y a quien no le gustara que no la escuchara. Era el peligro de alguien como yo, de alguien como ella.

Me fui hacia el jardín y los muchachos no se movieron, simplemente me miraron de forma muy distinta cada uno. Cat lo hizo con cierta lejanía ya que yo provocaba en algunos esa distancia, además de tristeza, pero Eduart simplemente estaba inmerso en dolor.

Regresé a casa y llamé a Hizaki. Quería saber si sabía algo o simplemente nada. Él no contestaba, miré el reloj y supuse que o estaba en el estudio o todavía en la cama. Si era una de esas dos posibilidades no hallaría con él hasta la hora de la cena. Phoenix vino a mí aferrándose esperando que contara algo sobre lo que sucedía, pero no dije ni hice nada. Él me abrazaba y yo tenía la mente puesta en el único lugar donde podía estar Miho y era Londres.

lunes, 19 de julio de 2010

Dark City - Capitulo 17 - Ironías del destino - CMII


¿Qué pensar? ¿Qué decir? Me lo temía. Ya había huído una vez hacia esta cuidad, se había refugiado pensando que el pasado no la aterrorizaría y terminó siendo un fruto de una casualidad el encontrarnos. Fue un maravilloso regalo del destino, pero tenía que ser sincero conmigo mismo y sabía bien que su casa estaba en Gran Bretaña, que ese país la absorbía y se sentía más inglesa que japonesa. Ni siquiera pensaba en las raíces que había echado aquí, mucho más profundas que cualquier otras que hubiera tenido allí. Su alma, su pasión, parte de ella misma o más bien por completo, estaba allí.

-¿Cómo está Josep?-pregunté incorporándome de la cama, puesto que aún estaba metido en ella.

-Preocupado, hundido, molesto, frustrado y creo que no se podrá recuperar de esto si no vuelve. Ella ha dicho que lo hará, pero lo mismo dijo su ex y mira lo que sucedió. Atsushi creo que deberías hablar con él, aunque ella lo niegue tenéis un carácter parecido y tal vez la comprendes mejor de lo que crees. ¿Por qué no vas a verlo? Verás así a tus nietos, es lo que tanto querías.-dijo con tono de preocupación, realmente estaba lamentando todo aquello. No podía dejar de pensar que Josep también era amigo suyo, así que tendría que aceptar que él se viera doblemente afectado por la situación, aunque no fuera directamente.

-Iré a verlo hoy.-dije como respuesta.

-No creo que sea conveniente, pero si piensas que será bueno para él hazlo. Yo esperaría unos días.-comentó antes de suspirar.-Atsushi ya debo colgar.

-Cuídate.-contesté colgando.

Debía ir inmediatamente y rogarle que no dijera nada a Megumi, mucho menos a Yutaka. No quería que ambos sufrieran por la inconsciencia de mi hija, yo seguía sintiéndola así a pesar que ya no llevara mi apellido y su odio hacia mí creciera cada día.

Fui a la ducha para despejarme y a mi salida Phoenix estaba allí de pie mirándome. Lo tomé del rostro y besé sus labios de forma dulce, aunque intenté que no notara que había algún rasgo de preocupación en mí.

-¿Qué pasa?-preguntó tomándome de mis manos.

-Debo hablar con Josep, es urgente.-dije antes de salir del aseo para vestirme.

No tardé ni diez minutos cuando cruzaba la verja del jardín. No estaba lejos la casa que había conseguido para ambos, aún así no la pisaba desde el día que dejamos todo listo para que pudieran vivir en ella. Al llegar un sinfín de sentimientos me envolvieron aferrándose a mi corazón, o más bien a mi dolor.

Pude observar desde la reja que el hijo de Josep estaba allí, Eduart, columpiándose a solas en aquel columpio que pedí expresamente para mis nietos. Quería que tuvieran un pequeño jardín de juegos como Jun. Su aspecto delicado me recordó a varias personas cercanas a mí y una de ellas era Hero. Supuse entonces que por ello él vestía de esa forma, que pasaban mucho tiempo juntos y terminaron adoptando una pose similar.

Finalmente alzó la vista y nuestras miradas se cruzaron inevitablemente. Él se apartó del columpio para venir hacia mí. Tenía el rostro lleno de lágrimas, pero se las secó para abrir la cancela. No dijo nada, el silencio parecía taponar sus labios o todos los reproches que podían salir hacia mí.

-Eduart.-dije colocando una de mis manos sobre su cabeza.-¿Y tu padre?

-En su habitación.-masculló con la voz tomada y no sé porqué lo hice, pero le abracé.-No hace falta.-dijo apartándome.

Permití que se marchara de nuevo al columpio y yo entré en la casa. Fui directo a la habitación de matrimonio, me conocía la distribución de la casa. Lo encontré allí con los dos niños en cunas para viaje, cada uno en un lado de la cama, y él estaba tumbado descansando.

Lo primero que noté fue que se había afeitado, durante el embarazo y varios meses más lució barba porque a mi hija parecía gustarle, pero tenía un afeitado reciente. Sus cabellos seguían largos y revueltos ocultando sus ojos. Se había tumbado con la camisa y pantalones de un juego de traje que parecía caro, no era para estar revolcándose en la cama sin más.

Me giré hacia una de las cunas y observé que era la de Momo. Ella se movía sonriente observando un pequeño y colorido móvil musical. La tomé entre mis brazos, habría deseado que su madre me la ofreciera pero fue de forma muy distinta. Se quedó quieta mientras yo acariciaba sus redondas mejillas.

Josep no dijo ni hizo nada, simplemente estaba conteniéndose. Sabía que había estado llorando, pero no quería hacerlo frente a mí porque sería síntoma de debilidad. Me senté en la cama, más bien a los pies de esta, con la pequeña en mis brazos. Ella parecía cómoda y tranquila.

-¿Cuándo se fue?-pregunté sin apartar la mirada de Momo.

-Hace unas horas, Kamijo no pudo guardar el secreto.-masculló molesto.-No pensaba decirte nada, tampoco a Megumi o Yutaka.

-No se lo digas, será así lo mejor.-dije antes de notar como lloraba el pequeño, así que la dejé en la cuna.-Voy Uta.-susurré antes de tomarlo entre mis brazos y observar al fin aquellos enormes ojos.

-No para de llorar, ella llora a veces pero él no deja de hacerlo. No sé si llevarlo al pediatra, pero sé que es lo que sucede. Jamás pude calmarlo yo, sólo Miho. Come bien, eso sí pero no consigue descansar si no es en brazos de su madre. Se hará horrible hasta que se acostumbre.-se incorporó al fin observándome fijamente.

El niño paró. Había dejado de llorar tan sólo al sonreír. Alzó sus pequeños brazos y luego los bajó llevándose una mano a su diminuta boca. Noté que estaba demasiado abrigado para las temperaturas que había, así que le quité todo dejándolo en camiseta y pañal.

-Mejor así ¿verdad? Sin chaleco, el chaleco es demasiado.-murmuré alzándolo y él rió.

-¿Cómo lo haces? Es imposible conmigo.-dijo revolviéndose los cabellos.

-Dicen que Miho y yo tenemos el mismo espíritu, la misma pasión y el mismo orgullo. Que va más allá del tiempo compartido y se acerca más a los genes. Tal vez él nota algo así, nota que no estoy aterrado por saber cómo cuidarlo y sobretodo no soy tan feo como tú.-eso le hizo esbozar una sonrisa, Josep sabía que le tenía aprecio a pesar que para mí jamás sería lo mejor para Miho. Nada ni nadie sería lo mejor para Miho.-¿Han comido?

-Sí, su toma es dentro de dos horas.-respondió.

-Échate a un lado, quiero probar la cama.-dije acomodándome mientras me sacaba los zapatos.-Es extraño verte de traje después de meses vistiendo como un zarrapastroso.

-Yo aún no me acostumbro a ver a Atsushi Sakurai con camiseta y jeans como un adolescente.-murmuró sentándose bien en la cama.

-¿Y qué fue? ¿Cuál ha sido la discusión? Y sobretodo ¿por qué no me dijiste que todo estaba desmoronándose?-le miré clavando mis ojos en él y él tan sólo suspiró.-Lo sé todo, todo es poco para lo que sé.

domingo, 18 de julio de 2010

Dark City - Capitulo 17 - Ironías del destino - CMI


Cuando desperté lo hice agitado y tirado en el césped, me había caído de la amaca donde me tumbé. Noté como el sol aún estaba fuera caldeando la ciudad y como Phoenix salía al jardín para correr hacia mí.

-¿Qué pasa? ¿Por qué gritas? ¿Atsushi?-me ayudó a levantarme sentándome en la amaca para él hacerlo junto a mí.

-Una pesadilla.-murmuré abrazándome a él, necesitando más que nunca el confort de su cuerpo.

-Pues me asustaste.-fue lo único que dijo antes de besar mi mejilla.

Y allí me quedé intentando recordar por completo aquel sueño. Era como una montaña rusa de sentimientos. Todo lo que parecía una cosa, tener solución, no lo tenía y acababa sintiendo como me aplastaba el peso de unos actos que desconocía. El karma parecía haberse vuelto loco. Pero no logré recordarlo por completo, era demasiado psicodélico para saber qué parte encajaba y cual no. No sé si era afortunado, o no, de no recordarlo.

No podía sacar conclusiones sobre mi vida, más allá de las referencias a mi paternidad y a los problemas que asechaban a mis amigos. Pero no a otros motivos, a algo más. Así que terminé levantándome para ir hacia la casa. Phoenix me siguió en silencio tomándome de la mano, eso me hizo sentir que estaba vivo y despierto. Dejé de pensar en ese maldito sueño, al menos hasta que llegó la noche y regresó más nítido y a la vez confuso.

Eran como oleadas de desesperación. Quería huir de ese mar, de sus aguas frías y profundas, pero me tragaba más hacia su epicentro. Terminé viéndome juzgado por todos, por aquellos que amé y odié. Incluso por rostros que prácticamente había olvidado, esos eran los más confusos. Mi subconsciente me hacía recordarlos de forma tan nítida como si pudiera volver a encontrarme con ellos. Si bien, entre esa desesperación y confusión encontré un punto de cordura o placer.

Me vi sentado en un parque observando al que parecía ser Jun jugar, era muy parecido a Hizaki a su edad pero algo más parecido a mí. Corría de un lugar a otro y otro pequeño de cabellos dorados iba tras él riendo. Se veían felices. Era como un pequeño paraíso de inocencia. Kamijo estaba a mi lado sonriendo satisfecho, por ello saqué la conclusión que era su hijo. Había otros pequeños, uno de piel más oscura y ojos menos rasgados los observaba antes de caminar hacia otro banco, en ese otro banco estaba Megumi. Y entre todos esos niños dos que me parecieron ser las copias idénticas de Miho, aunque el niño tenía algunos rasgos de Josep. Ambos corrieron hacia mi pidiéndome golosinas y que les contara otra vez esa historia que les gustaba.

Cuando todo el sueño parecía ser un caos esas imágenes me dieron calma y fuerza. Tenía que creer que así sucedería, que algún día estaría con mis nietos en un parque junto a mis hijos y a los hijos de mis amigos. Vería crecer a mis nietos sanos y fuertes. Que no debía de preocuparme por lo que hiciera Miho y tampoco por lo que hiciera Kamijo. Todo tendría su final feliz, aunque en la vida el único final es aquel que te concede la muerte.

Al despertar lo tuve claro. Tenía que confiar más en ellos, en sus posibilidades y que eran sus decisiones y no las mías. Podía dar mis consejos, pero no debía intervenir. Esta vez me quedaría como mero observador y nada más. Seguiría preguntando por ella y deseando que todo fuera bien con Emma, si bien el sueño me había mostrado algo más que imágenes, que por el momento eran sólo imágenes, no tenían sentido o no lo hallaba en ese momento.

Las semanas siguientes fueron complicadas. Yutaka empezó a tener sesiones con una psicóloga, Hidehiko era quien me comentaba cómo iba todo y que en realidad parecía afrontarlo todo con entereza. Paulo seguía sumido en melancolía, decía que escribir le ayudaba a soportar la nueva situación y el vacío que había dejado Claudia en su vida. Ella se marchó finalmente dejándolo ahogado en un océano parecido al de mi sueño. Kamijo seguía en su silencio habitual sobre el embarazo y poco más sabía de Miho. Sin embargo, un viernes cualquiera, justo antes de empezar las nuevas grabaciones, tuve una llamada de Kamijo.

-Atsushi por favor, espero que tomes esto como una información privilegiada y de total confianza hacia tu persona.-fue lo primero que dijo, quitándose de rodeos habituales de buenos días y preguntas comunes cuando llamas a un amigo.-Miho se ha marchado de casa, se ha llevado poca ropa pero sí sus tarjetas y pasaporte. Josep piensa que está en Londres, que ha vuelto a Londres, y todo ha sido fruto de una pequeña discusión que se agrandó.

¿Qué pensar? ¿Qué decir? Me lo temía. Ya había huído una vez hacia esta cuidad, se había refugiado pensando que el pasado no la aterrorizaría y terminó siendo un fruto de una casualidad el encontrarnos. Fue un maravilloso regalo del destino, pero tenía que ser sincero conmigo mismo y sabía bien que su casa estaba en Gran Bretaña, que ese país la absorbía y se sentía más inglesa que japonesa. Ni siquiera pensaba en las raíces que había echado aquí, mucho más profundas que cualquier otras que hubiera tenido allí. Su alma, su pasión, parte de ella misma o más bien por completo, estaba allí.

-¿Cómo está Josep?-pregunté incorporándome de la cama, puesto que aún estaba metido en ella.

-Preocupado, hundido, molesto, frustrado y creo que no se podrá recuperar de esto si no vuelve. Ella ha dicho que lo hará, pero lo mismo dijo su ex y mira lo que sucedió. Atsushi creo que deberías hablar con él, aunque ella lo niegue tenéis un carácter parecido y tal vez la comprendes mejor de lo que crees. ¿Por qué no vas a verlo? Verás así a tus nietos, es lo que tanto querías.-dijo con tono de preocupación, realmente estaba lamentando todo aquello. No podía dejar de pensar que Josep también era amigo suyo, así que tendría que aceptar que él se viera doblemente afectado por la situación, aunque no fuera directamente.

viernes, 16 de julio de 2010

Dark City - Capitulo 17 - Ironías del destino LIX

-Ahora que lo mencionas hay un viejo conocido que vende la casa de su familia, no sé si será de tu gusto pero está cerca de esa zona.-tomé mi bolígrafo y saqué mi tarjeta, detrás puse la dirección y el nombre por el cual tenía que preguntar.-No sé si aún la vende.-le di la tarjeta e hice un gesto al camarero para que viniera.-Por favor, la cuenta.

-Deja que te invite.-dijo de inmediato Kamijo esbozando una encantadora sonrisa, una de esas que le hacía parecer un ángel y no un demonio.-Por favor, estamos de celebración. Pronto seré padre y quiero que tú seas el padrino de su bautizo.

-Kamijo.-musité sin saber si regañarlo por la invitación o agradecerle que hubiera pensado en mí.

Finalmente pagó él, le dejé hacerlo y sin más salimos fuera del local. Sentimos como una bocanada de aire caliente nos hizo buscar la sombra de inmediato. Mientras caminábamos en silencio me pregunté si todo saldría bien como él lo decía, le veía seguro de sus posibilidades y contactos. No quería imaginar qué sucedería con Emma si seguía jugando con la paciencia, no tan infinita, de mi amigo como él solía aparentar.

-¿Sabes? A veces me pregunto como comencé a tener tanta confianza ciega en ti.-dijo colocándose las gafas de sol que tapaban bastante su rostro, sonrió como si fuera un niño y metió sus manos en los bolsillos.-Pero sea como sea, me quedo liberado cada vez que te cuento algo.

-Me usas como si fuera un cura.-reí bajo al imaginarme con sotana y él como monaguillo, fue una leve ocurrencia que vino a mi mente y que me hizo reír sin poder contener la risotada.

-Sí, pero no creo que fueras buen sacerdote.-dijo colocando su mano sobre mi hombro.-Atsushi deberías dejar de preocuparte por mí, preocúpate más por Paulo y también por Miho.-detuvo sus pasos, a la vez los míos, quedándose frente a mí.-Me dije que haría oídos sordos a todo, que no te haría preocuparte y que seguiría la corriente a Josep.

-¿Qué pasa?-pregunté preocupado.-¿Mis nietos están bien? ¿Está bien Miho? ¿Le pasó algo a ese inútil?-no sabía de qué hablaba, y no tener controlada la vida de Miho me asfixiaba.

-Tienen problemas en su relación, él te defiende porque sabe lo que puede vivir un padre sin uno de sus hijos y ella sigue pensando que te mereces todo lo malo que se cruce en tu vida.-se apartó de mí tras decir aquello, como si fuera un mensaje del mismísimo infierno.

Odiaba saber que ella sufría, que todo lo que tenía en su vida y le daba fuerzas se derrumbaba. Su grupo quedó parado, todo su proyecto quedó en el aire, después que hiciera lo que hizo negándose a mi ayuda y negando también la de Hizaki. No quería nada que pudiera venir de mi dinero, nada que pudiera tener mi apellido. No tenía la música, pero sí su familia o eso creía. Al parecer eso también se derrumbaba.

-¿Lo sabe Mario?-dije cuando salí del impacto.-Si lo sabe, por favor, no quiero que lo sepa Megumi. Su embarazo es de riesgo, no quiero que pierda al bebé.

-Lo sabe y se lo oculta.-respondió.-Sobre Yutaka no sé si él lo sabe, o no, pero creo que tiene suficientes problemas en su cabeza.-dijo aquello con cierto tono de pesadumbre.-Le tomé cariño, hace unos días cuando me ofreciste ser el canguro de Jun lo llevé al zoo durante un par de horas acompañado de Yutaka y su pequeña familia, además de Teru y otro amigo de Max e Hiza. Pasé una jornada divertida, bastante agradable, aunque me llevé un par de sorpresas desagradables que me tenía preparadas Teru. Pero tranquilo, no es nada que repercuta a otros que no sea a él y a mí como amigo suyo.

-Sí, Phoenix me comentó algo sobre la salida.-dije recordando que ese día lo dediqué a estar encerrado yo solo en el estudio.-Jun venía frenético porque tenía un peluche enorme que tú le compraste.

-Pues conocí un lado de Yutaka que me agrado.-dijo comenzando a caminar.-Por favor, movámonos aquí hace demasiado calor y creo que terminaré perdiendo el conocimiento.

Caminamos hacia una esquina de un comercio, tenía unos enormes toldos que daban bastante sombra en la acera y corría una brisa agradable de lado a lado de la calle. Allí era buen lugar para continuar nuestra conversación, cerca de su teatro y también del estacionamiento de mi vehículo.

-Entonces no lo sabe, ni ella ni él.-él asintió afirmativamente a mis palabras.-¿Sabes algo más?

-Los bebés están sanos, como te dice Josep, en eso no miente. Cuando habla de ellos su cara cambia, parece el hombre que comencé a conocer cuando Miho entró en su vida. Pero cuando se detiene es el hombre gris y prácticamente opaco de hace unos años.-puso sus manos sobre mis hombros y me miró tras aquellas lentes.-Si sé algo más te lo haré saber, lo que sea.

-Gracias.-respondí agradeciendo enormemente ese gesto.

-Ya debo volver al trabajo, tengo mucho que organizar para el otoño.-dijo con una sonrisa más amable, lejos de la pesadumbre de todo lo que habíamos hablado.-Atsushi espero que no te tomes las cosas de esa forma tan peculiar tuya, relaja un poco más, e intenta confiar más en Miho. Ella es adulta, sabe lo que se hace.

Se marchó hacia un puesto de helados y como un niño comenzó a pedir varios, a cual más grande y con más colorido sobre ese dulce tan típico de esas fechas. Yo simplemente retrocedí unos pasos y fui hacia mi coche. Me subí en el vehículo y me puse rumbo a casa.

viernes, 21 de mayo de 2010

Dark City - Capítulo 17 - Ironías del destino XII

Hace unos días fue el día de las madres... como hoy toca algo sobre maternidad... os dejo este video.



Atsushi Sakurai canta a su madre, mujer que lo dio todo por él y que murió de cáncer hace más de dos décadas. Casi todas las madres dan todo por sus hijos, son pocas las que son capaz de dañarlos o no amarlos. Se lo dedico a todas :3


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Phoenix entró nuevamente en la habitación y se lo pasé. Él se aferró a su cuello pero luego estiró su mano hacia mí. Creo que él se creía dueño de ambos, que sólo él tenía derecho a darnos un abrazo o que jugáramos con él. Supongo que aquel beso lo veía como un juego y eso le irritaba.

Almorzamos algo temprano, pero él debía irse. La nana de la siesta se hizo un enfrentamiento bélico entre bufidos bajos de Phoenix al no conseguir que durmiera, y llantos de él porque no quería dormir. Finalmente se quedó dormido en mis brazos aferrado a uno de mis colgantes. Yo también me quedé en cierta duermevela, puesto que últimamente no descansaba demasiado con todo el asunto de la corrupción.

Estábamos en el salón notando la brisa agradable del jardín. Ya empezaban las temperaturas altas, casi asfixiantes, y aquello se hacía agradable. Permitía que mi sueño se desarrollara con facilidad. Aunque sabía que ese sofá era bueno para estar un rato, pero los riñones te los machacaba. No recuerdo bien que empecé a soñar porque el timbre sonó y gruñí pensando que Phoenix no se había llevado las malditas llaves.

Jun se despertó llorando y mientras iba hacia la puerta lo calmaba. Al abrir vi a Megumi con el melenudo de Mario, aunque él parecía haber dejado sus pintas de rockero atrás por un traje de chaqueta. El niño se frotaba los ojos de haber llorado, pero ya estaba apaciguado. Era fácil hacerlo callar si le prometías dulces.

-¿Ya te cambiaron la ropa?-interrogué alzando una ceja antes de abrir la verja.

-Oye, que yo también puedo vestir bien.-me reprochó que me divirtiera de su cambio de imagen.

-Sí, pero admite que es extraño.-respondí clavando mis ojos en Megumi, parecía mucho más joven que hacía meses. Las mujeres únicamente se ven así por dos motivos, el primero es obvio que son los tratamientos de belleza y el segundo según mi difunta madre es cuando gestan una nueva vida.-Muy extraño.-añadí sin apartar la mirada de ella.

Jun se puso inquieto estirando sus brazos hacia Mario, ya ninguna frontera lo separaba de nosotros y él parecía haber encontrado su fuente de diversión. Estiraba sus brazos y balbuceaba riendo.

-¿Quiere que lo cargue?-preguntó Mario todo orgulloso.

-No, quiere tu pelo.-y era cierto, quería tirarle del pelo. Era una manía que compartía con mi nieto Takumi, ambos parecían amar los cabellos largos para llevárselos a la boca.

-¡Qué cosas dices Cheshire!-respondió Megumi sonriéndome para después comenzar a dejar suaves caricias en las mejillas de Jun.-Hola Jun.-el niño de inmediato rió agarrándola de las manos.-Que guapo estás ¿Papi Cheshire te sigue poniendo la ropa que te he regalado?-sonreía mientras le hablaba y él simplemente balbuceaba como si pudiera hablar de forma coordinada y no a puro balbuceo y alguna palabra suelta.-Por cierto, tengo que darte y decirte algo, sólo espero que Kamijo no se haya adelantado.

-¿Qué pasó?-pregunté relacionando por inercia el tiroteo.-¿Lo dices por la detención de Imai?

-No es eso, es que está embarazada.-eso me hizo agarrarlo por la corbata pegándolo bien a mí, le encaré de tal forma que estaba a milésimas de su rostro con el mío. Mis ojos llameaban prácticamente y él tragó saliva.

-Más te vale que la cuides Mario, más te vale que cuides el niño que trae, o te juro como me llamo Atsushi Sakurai que te arranco el corazón y te lo muestro antes de acabar contigo.-después lo aparté acomodando bien su corbata.-Felicidades.-dije con una sonrisa como si nada.

Megumi se reía a carcajadas. Creo que recordó aquellos años, los buenos tiempos, donde apartaba a todo idiota que se acercaba a ella. Quería protegerla. Ella me inspiraba la misma necesidad que Yutaka y por ende actuaba prácticamente igual que con él.

-Y te quejabas de la reacción de Miho.-murmuró intentando calmar su risa.-Eso era lo que tenía que decirte, lo que tengo que darte uno me lo ha dado Josep y esto otro lo encontré hoy precisamente.-sacó de su bolso un video de VHS y junto a él un sobre fotográfico. Parecía que hoy era el día de traerme recuerdos a la mente.-Espero que te guste. La cinta es de cuando estaba en secundaria.

-Ya no tengo aparato VHS... pero creo que podrán pasármelo a DVD ¿deseas que te lo pase en el nuevo formato?-pregunté notando como Jun empezaba a intentar mirar el sobre.-¿Queréis pasar a tomar té?

-¿Estás cansada Megumi? ¿O quieres que nos marchemos a casa?-dijo Mario algo preocupado mientras la tomaba por la cintura, antes de besar su frente. Parecía que realmente iba a tomar responsabilidad con el niño, más le valía o lo destrozaba.

domingo, 6 de diciembre de 2009

Dark City - capitulo 12 - El ojo del huracán (VIII)




-Hacía años que no comía tanto y tan bien.-murmuré con los ojos entrecerrados.

-Yo no tanto, creo que hace unos meses viendo un partido de fútbol con Max.-ese nombre me martilleó las sienes.

-¿Qué hace Max con Yutaka?-pregunté levemente molesto.-¿Se cree que puede hacerlo feliz?

-Es mejor que tú sin duda, porque te recuerdo que tienes a Phoenix y me desagradaría pensar que mi padre sigue de colegial de culo inquieto.-me desaprobaba esa actitud de “todos son míos y yo de nadie”.

-Simplemente no lo veo apropiado para Yutaka.-respondí intentando no parecer celoso, pero mis celos me podían.

-Papá debes dejarlo ser feliz, que elija a la persona que crea correcta porque tú ya no vas a volver a su vida.-era cierto, aunque me dolía aceptarlo.

-Por favor dejemos el tema Max.-lo decía por mi propia salud mental, me sentía idiota al no poder refrenar los celos que me ahogaban y tensaban.

-Papá ¿piensas que soy un buen padre?-preguntó en un tono leve, como si tuviera miedo ante mi respuesta.

-Digamos que eres primerizo, por lo tanto no puedes ser el mejor padre del mundo. Tendrás tus fallos, como todos los padres lo tenemos seamos veteranos o no, pero eso sí hay algo que tú demuestras cuando tomas al niño en brazos.-quería explicarle que el instinto lo tenía.

-¿Qué?-dijo mirándome fijamente.-¿Qué tengo? Me dejo hundir porque he dejado escapar a una persona que me daba ánimos, cuando debería de acostumbrarme a que lo único que tengo asegurado es mi hijo.

-Y eso será hasta que cumpla la edad de las salidas, la rebeldía, las ganas de libertad y de confiar en alguien más que tu palabra.-era lo que más temía siempre un padre, el momento en que la mano de su hijo se apartaba de la suya.

-Lo sé, pero continua con lo que dices que yo poseo.-se había encogido en el sofá mirando a la nada, como si la televisión estuviera encendida y en ella dieran algo entretenido.

-Amor de padre.-dije con simpleza.-Amas a tu hijo, darías todo por él, se nota. Quieres que sea feliz, te preocupas por cada cosa que pasa en su pequeño mundo y te sientes orgulloso cuando sonríe por impulso.-acaricié su cabeza y revolví sus cabellos.

Él quedó en silencio y yo también. No sé sus pensamientos, pero yo recordé algo que aún me dolía. No había podido estar en el parto de Miho, en su nacimiento, y tampoco había podido demostrar mi amor por ella. Era instintivo. A penas la conocía y ya sentía que mi vida no tenía sentido sin ella. Era mi hija, mi única hija, y mi primogénita. Verla sonreír, saber que su embarazo iba bien y que me haría abuelo pudiendo disfrutar de ella como mujer me hacía sentir extraño y a la vez emocionado.

-Ahora te entiendo.-dijo tras un prolongado silencio.-Sé lo que sientes por mí, por Hero, por Jun y por Miho.-susurró.-Jun es mi primo, pero lo veo como hermano ya que tú lo ves como hijo. Un hijo se ama a pesar de que haya venido al mundo gracias a otro, que haya estado lejos de ti, o que simplemente no haya nacido perfectamente sano.-sonrió de lado y me miró.-Amo a Takumi y lo habría amado si hubiera venido con algún problema.

-Lo sé, lo sé bien.-respondí acariciando sus cabellos como cuando era un niño, un gesto cómplice en el que las palabras perdían cualquier valor y los gestos se hacían necesarios.

-Miho está bien.-comentó como si nada, aunque pienso que él me conocía mejor que nadie en esta vida y podía conocer lo que pasaba por mi mente.

-¿Por qué has dicho eso?-pregunté.

-Porque sé que te preocupas más por ella que por nosotros.-dijo con una sonrisa.-Estoy seguro que todo es por su parecido a la abuela, su carácter casi calcado a ti, que está embarazada y que toda su vida ha estado lejos de tu alcance.-murmuró abrazándome.-No pasa nada, todo irá bien y serás un buen abuelo para esos niños como lo eres con Takumi. ¿Por qué no vas y decoras la habitación de sus bebés?

-Piensan mudarse, en sí estoy decorando con Josep una casa mayor de una sola planta. Son las nuevas unifamiliares que están cerca del lago, en plena naturaleza, pero con una carretera que comunica con la ciudad con rapidez.-era un buen lugar, el mejor lugar.-Tendrán un jardín enorme, una zona para que puedan jugar los niños y otra para que puedan disfrutar de pequeñas reuniones.

-¿La compraste tú?-preguntó interesado.

-Josep, la ha comprado Josep. En una de las ocasiones que me llamó lo comentó, aunque yo pienso ayudarle con todo lo demás.-cuando hablaba de lo demás era muebles.

-Algo escuché de todo aquello, pero no demasiado bien, no quieren que Miho se entere y todo parece un plan hecho a conciencia por el FBI.-me eché a reír a carcajadas.-Bueno, sois una pandilla de mafiosos así que supongo que sois mejores que un par de policías.

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Lestat de Lioncourt