Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

viernes, 16 de julio de 2010

Dark City - Capitulo 17 - Ironías del destino LIX

-Ahora que lo mencionas hay un viejo conocido que vende la casa de su familia, no sé si será de tu gusto pero está cerca de esa zona.-tomé mi bolígrafo y saqué mi tarjeta, detrás puse la dirección y el nombre por el cual tenía que preguntar.-No sé si aún la vende.-le di la tarjeta e hice un gesto al camarero para que viniera.-Por favor, la cuenta.

-Deja que te invite.-dijo de inmediato Kamijo esbozando una encantadora sonrisa, una de esas que le hacía parecer un ángel y no un demonio.-Por favor, estamos de celebración. Pronto seré padre y quiero que tú seas el padrino de su bautizo.

-Kamijo.-musité sin saber si regañarlo por la invitación o agradecerle que hubiera pensado en mí.

Finalmente pagó él, le dejé hacerlo y sin más salimos fuera del local. Sentimos como una bocanada de aire caliente nos hizo buscar la sombra de inmediato. Mientras caminábamos en silencio me pregunté si todo saldría bien como él lo decía, le veía seguro de sus posibilidades y contactos. No quería imaginar qué sucedería con Emma si seguía jugando con la paciencia, no tan infinita, de mi amigo como él solía aparentar.

-¿Sabes? A veces me pregunto como comencé a tener tanta confianza ciega en ti.-dijo colocándose las gafas de sol que tapaban bastante su rostro, sonrió como si fuera un niño y metió sus manos en los bolsillos.-Pero sea como sea, me quedo liberado cada vez que te cuento algo.

-Me usas como si fuera un cura.-reí bajo al imaginarme con sotana y él como monaguillo, fue una leve ocurrencia que vino a mi mente y que me hizo reír sin poder contener la risotada.

-Sí, pero no creo que fueras buen sacerdote.-dijo colocando su mano sobre mi hombro.-Atsushi deberías dejar de preocuparte por mí, preocúpate más por Paulo y también por Miho.-detuvo sus pasos, a la vez los míos, quedándose frente a mí.-Me dije que haría oídos sordos a todo, que no te haría preocuparte y que seguiría la corriente a Josep.

-¿Qué pasa?-pregunté preocupado.-¿Mis nietos están bien? ¿Está bien Miho? ¿Le pasó algo a ese inútil?-no sabía de qué hablaba, y no tener controlada la vida de Miho me asfixiaba.

-Tienen problemas en su relación, él te defiende porque sabe lo que puede vivir un padre sin uno de sus hijos y ella sigue pensando que te mereces todo lo malo que se cruce en tu vida.-se apartó de mí tras decir aquello, como si fuera un mensaje del mismísimo infierno.

Odiaba saber que ella sufría, que todo lo que tenía en su vida y le daba fuerzas se derrumbaba. Su grupo quedó parado, todo su proyecto quedó en el aire, después que hiciera lo que hizo negándose a mi ayuda y negando también la de Hizaki. No quería nada que pudiera venir de mi dinero, nada que pudiera tener mi apellido. No tenía la música, pero sí su familia o eso creía. Al parecer eso también se derrumbaba.

-¿Lo sabe Mario?-dije cuando salí del impacto.-Si lo sabe, por favor, no quiero que lo sepa Megumi. Su embarazo es de riesgo, no quiero que pierda al bebé.

-Lo sabe y se lo oculta.-respondió.-Sobre Yutaka no sé si él lo sabe, o no, pero creo que tiene suficientes problemas en su cabeza.-dijo aquello con cierto tono de pesadumbre.-Le tomé cariño, hace unos días cuando me ofreciste ser el canguro de Jun lo llevé al zoo durante un par de horas acompañado de Yutaka y su pequeña familia, además de Teru y otro amigo de Max e Hiza. Pasé una jornada divertida, bastante agradable, aunque me llevé un par de sorpresas desagradables que me tenía preparadas Teru. Pero tranquilo, no es nada que repercuta a otros que no sea a él y a mí como amigo suyo.

-Sí, Phoenix me comentó algo sobre la salida.-dije recordando que ese día lo dediqué a estar encerrado yo solo en el estudio.-Jun venía frenético porque tenía un peluche enorme que tú le compraste.

-Pues conocí un lado de Yutaka que me agrado.-dijo comenzando a caminar.-Por favor, movámonos aquí hace demasiado calor y creo que terminaré perdiendo el conocimiento.

Caminamos hacia una esquina de un comercio, tenía unos enormes toldos que daban bastante sombra en la acera y corría una brisa agradable de lado a lado de la calle. Allí era buen lugar para continuar nuestra conversación, cerca de su teatro y también del estacionamiento de mi vehículo.

-Entonces no lo sabe, ni ella ni él.-él asintió afirmativamente a mis palabras.-¿Sabes algo más?

-Los bebés están sanos, como te dice Josep, en eso no miente. Cuando habla de ellos su cara cambia, parece el hombre que comencé a conocer cuando Miho entró en su vida. Pero cuando se detiene es el hombre gris y prácticamente opaco de hace unos años.-puso sus manos sobre mis hombros y me miró tras aquellas lentes.-Si sé algo más te lo haré saber, lo que sea.

-Gracias.-respondí agradeciendo enormemente ese gesto.

-Ya debo volver al trabajo, tengo mucho que organizar para el otoño.-dijo con una sonrisa más amable, lejos de la pesadumbre de todo lo que habíamos hablado.-Atsushi espero que no te tomes las cosas de esa forma tan peculiar tuya, relaja un poco más, e intenta confiar más en Miho. Ella es adulta, sabe lo que se hace.

Se marchó hacia un puesto de helados y como un niño comenzó a pedir varios, a cual más grande y con más colorido sobre ese dulce tan típico de esas fechas. Yo simplemente retrocedí unos pasos y fui hacia mi coche. Me subí en el vehículo y me puse rumbo a casa.

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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt