Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

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viernes, 30 de julio de 2010

Dark City - Capitulo 18 - Camino vital VI


Al regresar a la cafetería fueron llegando uno tras otro los conocidos de mis hijos y mis hijos. La única persona que faltaba era Miho. Hizaki parecía como ido, Hero simplemente conversaba con el chico con nombre de gato y el hijo de Josep. Los tres parecían llevarse bien. Todo estaba tranquilo hasta que Hizaki me pidió conversar en una zona apartada al resto.

-Aquí estará bien.-dijo tomando asiento para mirarme fijamente.

-¿Qué sucede? ¿Tienes problemas?-me parecía extraño ese comportamiento en él. Jamás había pedido algo así. Cuando tenía que decirme algo lo hacía sin más, era curioso que quisiera apartarme y tuviera esa mirada.

-En mi vida no, pero en la vida de otros sí y es culpa mía.-respondió antes de clavar sus ojos en mí como si fueran dos puñaladas certeras.-Yo le conté todo a Miho, ella se molestó contigo porque yo le dije todo lo que sabía sobre tus juegos con Yutaka.

Nunca se pasó por mi cabeza que él pudiera ser tan imprudente, tan estúpido como lo estaba siendo. Me había vendido frente a Miho, nada más y nada menos ante mi propia hija. Él tenía la culpa de todo lo que había ocurrido. Él y nadie más. Comencé a comprender su preocupación, sus lágrimas y sus preocupaciones.

La rabia colapsó mi cabeza. Creo que la vena de mi frente se notó más que nunca. El tic de mi ojo apareció como de la nada. Mis manos se agarrotaron en forma de puño, porque las ganas de golpearlo no se iban. Había jodido todo. Yo quería contarle a Miho, pero hacerlo de forma serena y explicándole el porqué. Sabía bien lo bruto que podía ser Hizaki, el poco tacto que tenía con su madre lo demostraba todo.

-¡Qué!-exclamé golpeando la tabla de la mesa.

-¡Perdóname!-gritó antes que lo tomara por la solapa del traje y lo zarandeara.-¡Eres un estúpido! ¡Eres idiota! ¡No sé como puedes ser hijo mío! ¡Eres un cobarde! ¡Te metes en las vidas ajenas y así eres feliz!-me apartó las manos y salió corriendo de la cafetería, ni quería enfrentarme ni quería escándalos, pero yo no estaba por permitirle que se fuera sin ser regañado como debía ser.-¡Hizaki Sakurai de la Rosa!-espeté corriendo detrás de él dispuesto a todo.

-¡Déjame!-exclamó al salir del local.

No me percaté que no fuimos los únicos en salir, el resto de mocosos me agarraron junto a Hero. Todos empezaron a gritar que lo dejara, que no le hiciera daño.

-¡Eres un idiota! ¡Por tu culpa Miho se fue a Londres! ¡Tienes la culpa de todo! ¡Incluso de mis infartos! ¡Maldito idiota! ¡Tienes la cabeza llena de serrín!-era poco lo que le gritaba, intentaba controlarme pero no podía.

-¡Atsushi su corazón!-escuché gritar a Eduart aferrado a mi brazo.-¡Su corazón!

-¡Mierda tio cálmate!-decía aquel melenudo de Amaury prácticamente subido en mi espalda.-¡Si te infartas no arreglarás nada! ¡Sólo te vas a joder tú!

-¡Papá déjalo!-decía Hero llorando agarrado a mi otro brazo.

-¡No lo hice con mala intención! ¡Yo estaba preocupado y molesto! ¡Phoenix me agrada! ¡También Yutaka! ¡No se merecían eso! ¡Aquí quien tiene la culpa eres tú! ¡No apruebo lo que hizo Miho porque se pasó! ¡Pero yo también estoy molesto contigo! ¡¿Cuándo aprenderás a amar sin dañar a nadie?!-esas palabras me dejaron quieto y todos se apartaron de mí.

Entré en la cafetería de nuevo y me senté en un lugar apartado, yo solo, quería meditar lo que me había dicho. Siempre salía alguien dañado. Sin embargo, creía que ya estaba empezando a hacerlo bien de una buena vez.

Mientras meditaba Amaury entró sentándose frente a mí. Colocó la silla del contrario y apoyó sus brazos sobre el respaldo. Sus ojos eran puro fuego, podía decirse que su mente estaba bien revuelta entre varios sentimientos a la vez.

-No me caes bien del todo, pero al menos reconociste sus errores como político.-dijo antes de rascarse la cabeza, tal vez era su forma de buscar las palabras mágicas.-Pero no pareces mal tipo con tus hijos, eso le hace bueno. Verás no te estoy haciendo la pelota, pero mi padre fue una mierda y bueno Miho no sabe la suerte que ha tenido con sus viejos. Tiene a Yutaka y a ti para cuidarla, además de Megumi que se ve bien buena.-tomó aire y lo dejó ir para deslizar sus ojos por la mesa.-No sé como decir esto.-declaró con sinceridad observándome de nuevo.-Miho se dará cuenta que todos la cagamos. Ella también la caga, yo la cago. No es algo que sólo está en ti, está implícito en toda esta pocilga que llamamos planeta Tierra, mundo o cagarruta univeral.-tomó una servilleta.-Quiero que me diga lo que puede conseguir de ella, sé que la investigará y no sé que mierdas más, y a mí Josep no me dirá nada. Tampoco le va a decir nada a Eduart. Sé como es con sus crías y por protegerlo hará lo imposible. Así que por favor.-empezó a anotar su número y dirección.

-No voy a investigarla.-dije con seriedad.-Se agradecen tus palabras hacia mi persona.-comenté observándolo.-Sé que tú mataste a tu padre y a tu madre, son cargos que cayeron sobre ti pero terminaron quitándote como sospechoso. No voy a decírselo a nadie.-su rostro era de asombro, como si le hubiera caído un jarro de agua fría.-Fue por supervivencia. Yo hubiera hecho lo mismo con mi padre, pero me faltó valor. No digo que esté bien, la vida humana es algo que no se puede restaurar, pero sé lo que sentiste y sé que te liberaste. Nada más.

-¿Qué quieres a cambio?-quería comprar mi silencio y yo simplemente me eché a reír, eso fue divertido.

-Lo sé desde que te investigué.-revolví su melena.-Al igual que sé que te gusta el cacao, por tus palabras y porque has hecho que termine tragándote... tómate un cacao frío a mi salud.-me levanté.-No se lo diré a nadie.

martes, 20 de julio de 2010

Dark City - Capitulo 17 - Ironías del destino (ultima parte del capítulo)


-¿Y qué fue? ¿Cuál ha sido la discusión? Y sobretodo ¿por qué no me dijiste que todo estaba desmoronándose?-le miré clavando mis ojos en él y él tan sólo suspiró.-Lo sé todo, todo es poco para lo que sé.

-Para que no te preocuparas.-respondió levantándose de la cama para abrir la cómoda de la habitación. Era una de esas antiguas restauradas, era una habitación digna de una princesa pero con toques modernos. Cat había diseñado todo y pedido los muebles junto a Megumi.-Aquí tengo la nota.-dijo cerrando el mueble para girarse y entregármela.

-Lo intuía.-dije dejando la nota a un lado.-Intuía que tu lado de padre saldría y lo estropearías. No hace falta que me ayudes o intentes meterte por medio, yo sé bien como es mi hija a pesar de a penas poder haber tenido tiempo a su lado.-me levanté para dejar al pequeño en la cuna y me quedé frente a él, encarándolo.-No te estoy machacando, toma esto como un consejo necesario. La próxima vez deja que se de cuenta ella sola, se dará cuenta créeme. Si somos tan parecidos como dice Megumi lo ha hecho porque se agobia, porque ya no puede más, y porque tú estarías detrás de ella. Lo sé, sé como te sientes siendo padre y puedes imaginarte la sensación por todo lo que sucedió con Romeo.-suspiré dejando mis manos en sus hombros y lo agité leve.-Despierta, Miho es adulta y es más testaruda que yo, mucho más. Inevitablemente se cabrea a diario consigo misma y con todo, porque hay cosas que no son como uno quiere, y si metes presión, en vez de escucharla, lo que tienes es una huída.

-Gracias, pero no necesito ese consejo. Sabía a lo que me exponía al decirle todo aquello.-respondió apartándose de mí para guardar la nota, pero finalmente la hizo añicos.-No creo que vaya a volver, no tan fácil.

-Volverá, créeme que lo hará.-respondí antes de ir a la ventana de la habitación, daba al jardín y mostraba como Cat llegaba para sentarse junto a Eduart.-Puedes preguntárselo a él, la conoce más que su madre. Creo que tiene un sexto sentido en todo, al menos sabe leer la expresión de las personas y con ello su alma.-me giré hacia él.-Hablo de ese niño.

-Lo sé, lo he notado.-suspiró cansado apoyándose en el mueble.-¿Hizaki ya lo sabe?

-No se lo he dicho, pero si no lo llama ella lo hará Cat.-dije regresando la mirada hacia el jardín.

-Y si no es él es Amaury, ese mocoso siempre anda metido en todo.-apretó los puños y golpeó el mueble.-A veces pienso que hubiera sido mejor que ellos dos estuvieran juntos, yo soy un lastre.

-Si sigues hablando tanta tontería junta tendré que golpearte, y la verdad me estoy reservando las ganas. No creo que fuera feliz al lado de alguien tan irresponsable como ese muchacho, diga lo que diga no aprende y terminará muy mal. Si no termina en una zanja muerto por sobredosis lo hará arruinado, perdido por completo de la faz de la tierra. Ese chico necesita un correctivo. Además, ella te eligió a ti como padre de sus hijos y también como hombre. No sólo por tus genes, no olvides que Miho es un alma libre y no quiere responsabilidades más allá de cuidarse a sí misma. Pero sé bien cómo es como madre, no gracias a ti precisamente porque no sé cuando me mientes y cuando dices la verdad, sino por Hizaki y por Kamijo. Así que guárdate esos derrotismos. Volverá, lo hará para estar a tu lado; y por favor la próxima vez que vayas a hacer algo tan idiota como meterte en sus decisiones mira bien donde pisas.-me fui hacia la puerta y eché un vistazo.-Mañana volveré para ver cómo os encontráis.

-De acuerdo.-no dijo nada, sabía que todo lo que había dicho no lo podría rebatir. Yo era como ella, decía la verdad y a quien no le gustara que no la escuchara. Era el peligro de alguien como yo, de alguien como ella.

Me fui hacia el jardín y los muchachos no se movieron, simplemente me miraron de forma muy distinta cada uno. Cat lo hizo con cierta lejanía ya que yo provocaba en algunos esa distancia, además de tristeza, pero Eduart simplemente estaba inmerso en dolor.

Regresé a casa y llamé a Hizaki. Quería saber si sabía algo o simplemente nada. Él no contestaba, miré el reloj y supuse que o estaba en el estudio o todavía en la cama. Si era una de esas dos posibilidades no hallaría con él hasta la hora de la cena. Phoenix vino a mí aferrándose esperando que contara algo sobre lo que sucedía, pero no dije ni hice nada. Él me abrazaba y yo tenía la mente puesta en el único lugar donde podía estar Miho y era Londres.

martes, 8 de septiembre de 2009

Dark City - capitulo 9 -Días precipitados, demasiado precipitados VIII




Un añito de comunidad B-T


Imai, el asesino, hizo su aparición. Llevaba a Megumi en sus brazos, la tenía agarrada como si fuera una tenaza. Ella lloraba, el maquillaje se había corrido por sus mejillas. Notaba como mi hija se tensaba y comenzaba a llorar. Únicamente pensé en mis nietos, Hizaki me había mandado el parte de su hijo y el de ella. Estaban unidos, eran hermanos al fin y me alegré por ello. En ese momento únicamente pensé en ella, sin importarme morir o no. También en Phoenix y en mi pequeño Jun.


-Yo me opongo.-empezó a decir mientras Megumi seguía intentando zafarse de ella. El muy idiota vestía de rojo con unos zapatos extraños. Se creía don interesante, pero en realidad era don idiota. La seguridad podía haberla mermado, pero en cuanto los compañeros caídos por sus manos no dieran cuenta a los otros lo descubrirían.-Que mal educado eres Sakurai... Te casas... ¿Y no me invitas? ¡Que malo eres! Y yo que te estimo tanto.

-Déjala, la cosa es entre tú y yo.-intenté calmarme, parecía una balsa de aceite pero por dentro me revolvía. Amaury tuvo un alarde de valor, salió de su asiento y agarró a Miho metiéndola donde las bancas.

Jun lloraba, lloraba llamándome y estirando sus brazos. Lionel intentaba hacerlo callar como podía, había dejado la videocámara en el suelo. Amaury estaba preguntándose si moverse hacia Miho o qué. Cat le agarró fuerte del brazo para que no hiciera ninguna locura. Ese joven parecía conocer al tipo aquel, lo miraba con odio y cierto recelo. Eduart lloraba al igual que Jun, era como un niño pequeño a pesar de sus dieciocho años. Era un niño dulce, como mi hijo mediano. Hizaki no estaba, di gracias de no encontrarlo con un rápido vistazo. Wilde estaba sereno, como si nada pasara. El resto estaba en silencio, temblaban. Jasmine tiró de Phoenix y Kamijo los abrazaba a ambos.

-Deja que se vayan todos, la cosa es entre tú y yo. Mátame, es lo que deseas. Pero supongo que eso no te hará tener a Megumi, tampoco que tu estupidez desaparezca y mucho menos te durará la felicidad... ¿Te puedo preguntar algo?-todos me miraban fijamente.- ¿Dónde estabas tú cuando el marido de Megumi la golpeaba? ¿Dónde cuando mi hija probó los golpes de ese desgraciado? Yo desconocía todo, pero ¿y tú? ¿Y yo soy aquí el hijo de puta?-si me iba a matar, que lo hiciera con ese pensamiento en su cabeza. Di gracias que Uta no estuviera. No me movía, ni me acercaría a mi hija. Más bien me alejaba de ella por si me disparaba y fallaba.

-Kamijo suéltame.-escuché gritar a pleno pulmón a Phoenix. Jun no paraba de llorar desesperado en brazos de Lionel. Intentaba calmarlo, al igual que Kamijo intentaba calmar a mi pareja. Cuando me di cuenta estaba siendo abrazado por Phoenix, lloraba nervioso en mis brazos.-No digas estupideces Atsushi.-me recriminó con la voz baja y cargada de angustia.

-¿Qué? ¿Cómo pretendes que deje a mi acompañante sola? Sakurai, eso no es de caballeros, me sorprende que me digas eso.-dijo aferrándola más hacia él, bien pegada.- ¿Dejar que todos se vayan? Eso seria descortés, ¿qué acaso no quieres que sean testigos de tan grandiosa celebración? Eres muy egoísta y matarte...-murmuró lo último con una enorme sonrisa cínica.-Matarte seria muy sencillo.-la tomó por la cintura y ella se movía.

-¡Vete de aquí idiota!-grité lamentando de ser tan brusco, pero temía que lo mataran por una venganza absurda.-¡Kamijo!-dije y él lo tomó entre sus brazos.-¡Ni te muevas de ahí!- En ese momento disparó y falló, supe que el tiro iba hacia Phoenix. Después de eso observé a Megumi a los ojos, rogaba que no le pasara nada.

No entendía como alguien podía hacer daño de esa forma, no a mí, sino a quien amaba o decía amar. Esa no era una forma de amor, amedrentarla con un arma como si nada. Comprendí que yo había hecho daño a Yutaka, pero que jamás le apuntaría con un arma como un cobarde.

-Rayos... fallé.-creo que dijo mirando a su compañero, él se movió de su posición para agarrar bien a Megumi.-¿Dónde estaba? Ella se fue de Japón sin decirme nada, tarde más de 20 años en encontrarla y cuando la encontré, me dijo que buscará a tu princesa, cosa que hice como me lo pidió.-sabía esa historia, no tenía porqué hacerla pública.-y si no fuera por mí tú jamás, jamás sabrías que tenias una hija. Creo que me debes eso.-dijo haciendo énfasis en eso mirando las balas que aún le quedaban.

-¡Mamá!-gritó mi hija llorando, se zafó del agarre de sus amigos de Londres y de los propios brazos de Amaury.

-Mierda.-se escuchó bien alto la voz de aquel melenudo, después me miró fijamente a los ojos y algo me dijo que sentía remordimientos. Tal vez tenía algo que ver o quizás fue por no proteger a Miho.

-¡Quieta ahí princesa!-dijo Kiyoshi, o al menos creo que ese era su nombre, apuntándole con el arma y ella simplemente se detuvo, temblando, llorando y respirando un tanto más rápido.

-No te acerques Miho.-empezó a decir Megumi, tratando de tranquilizarla. Sin embargo, mi hija no parecía tranquilizarse y temía por su salud. Supe de sus ataques de pánico, de cómo dejaba de respirar y me sentía impotente. Estaba por correr hacia ella, pero únicamente la pondría en peligro.-Todo saldrá bien, tú sólo empieza a tranquilizar tu respiración...-murmuró con los ojos cubiertos de lágrimas y una sonrisa amarga en sus labios, quería que ella fuera fuerte. Yo rogaba internamente porque nada le pasara, me odiaría por lo de Yutaka pero era mi hija. Aunque me detestara y abofeteara tras enterarse de lo que pasó en aquel hotel, aunque así fuera, yo la amaba.-Por favor... Trata de tranquilizar tu respiración.

-Ahí tu respuesta.-clavó sus ojos en los míos, tan negros y llenos de odio como siempre.-Pero de haber sabido que ese carbón la maltrataba, yo mismo lo hubiera matado.-sabía que eso que decía era cierto, pero yo tuve ese maravilloso honor.-Desde el primer golpe que le diera lo hubiera hecho, así que no trates de compararte conmigo porque simplemente no puedes.-me apuntó de nuevo y yo me quedé de pie con una sonrisa ladina. Si me mataba no me importaba, mientras que mis hijos estuvieran a salvo.

Noté como Kamijo y Lionel hacían planes desde el suelo. Donde estaban no podían ser vistos y yo me eché a reír a carcajadas. Un plan era un plan, yo ayudaría que consiguieran poner a Jun a salvo.

-No, no me comparo contigo ¿cómo iba a compararme? alguien tan despreciable como tú no merece comparación alguna conmigo.-mire a mi hija y luego lo miré a él.-Si pierde a mis nietos, aunque me mates, juro volver de mi tumba para destrozarte.

Kamijo salió de donde estaba y se puso a mi lado mirándose los gemelos.

-Atsushi ¿me dejas?-preguntó.

-No, si haces algo para que este miserable muera y no en mis manos... lo pagarás.-suspiró al escuchar eso. El teatro era su mundo, el mío también cuando me emocionaba con una obra y luego en soledad repetía los diálogos.

-Pero...-chistó bajando la mirada.

-¡Pero nada demonios! ¡Llévate como sea a Phoenix!-todo eso había sido mero entretenimiento. Nuestro maravilloso teatrillo había dado frutos. El niño estaba protegido.

Cat y Eduart fueron listos, junto a Amaury, estaban en el centro de las sillas agazapados y con el bebé en sus brazos. Eduart sería un buen hermano mayor de mis nietos, sería protector y cariñoso. Ver como tranquilizó a Jun con una sola mirada me hizo sonreír a mí mientras me quedaba al frente observando todo.

-Basta Phoenix.-pude escuchar la voz suave de Jasmine susurrar aquello.

-Claro, como tú tampoco eres quien para compararte conmigo.-dijo con una sonrisa triunfante.-Gracias por llevarte al crío, ahora puedo concentrarme mejor.-me apuntó mejor sin que su mano temblara ni un ápice.-Ha sido un verdadero placer el haberte conocido. Lástima que a partir de ahora ya no tendré con quien jugar.

Fue a dispararme, apretó el gatillo y noté como daba a Megumi. Ella se había interpuesto, había logrado zafarse de él y correr por el otro lado de la sala hasta mí. Había llegado hasta donde estaba, hasta el altar, y me abrazó quedando en mis brazos. Ambos nos quedamos en shock, él y yo. Estaba dispuesto a morir, estaba convencido de ello, y ella me protegió.

-¡Vámonos Imai! ¡Estos cabrones han llamado a la policía! ¡Vámonos!-gritó su compañero tirándole del brazo, para luego huir como cobardes.

Todo fue demasiado rápido y se llevó el disparo quien menos se lo merecía. Cayó en mis brazos y yo la tomé entre ellos impotente. Manchó mi traje con su sangre mientras la recostaba en el suelo. Noté que era un disparo en el hombro, busqué su pulso y después besé su frente.

-¡Llamad a una ambulancia! ¡Rápido!-grité y el amigo de mi hija, Amaury mostró su móvil... era señal que ya lo había hecho. Seguramente él dio la alarma a la policía, ese chico tenía agallas y los nervios de acero. Después corrió hacia Miho y se abrazó a ella. Todos los chicos hicieron lo mismo. Pero yo me fijaba en ella, sino en su madre.-Megumi.-susurré.

Escuché gritos y chillidos, las damas se quitaban los zapatos de tacón para poder correr mejor y otras se caían por culpa de las alzas que llevaban. Los bolsos, carteras y también algunas joyas quedaban regadas por la alfombra que colocamos en el césped. Mi amigo, el que nos casaba, salió de detrás del altar llorando y llamando a su mujer. Todo el mundo estaba nervioso, todo el mundo estaba entrando en pánico y mi corazón comenzó a bombear demasiado rápido. Phoenix decía que todo iría bien, Jasmine le pasaba pañuelos de papel para taponar la herida y mi hija corría hacia nosotros.

-Megumi.-recordé en ese instante cuando nos conocimos, casi terminé por gritar... pero era demasiado dulce su sonrisa, su voz pidiendo disculpas por la confusión.

Mi pecho dolía, me dolía y verla de esa forma aún más. Me llevé la mano al pecho, un dolor agudo de se intensificó y caí sobre ella. Yo merecía esa bala, pero no por dejar Japón sino por el daño que había hecho a Yutaka y a todos los que me amaban. Era mi karma, no el suyo.

Amaury intentaba llevarla hacia notros, pero luego se despistó intentando calmar a Jun con Cat y Eduart. Los tres estaban con él, mi mirada iba hacia Megumi y sus ojos vidriosos. Mis lágrimas no me dejaban ver bien, el ruido de las sirenas y todos los gritos que aún retumbaban en el ambiente junto a los ladridos del perro. Terminé cayendo de rodillas junto a ella.

-Mira como son las cosas Atsushi…-susurró alzando el brazo que no estaba herido.-Ahora soy yo la que necesita que la curen...-me sonrió, mientras intentaba mantenerme tranquilo. Aunque eso era imposible, todo era imposible en ese caos. Su mano acarició mi rostro.-Quita esa cara... te saldrán unas feas arrugas.

Tras sus palabras no supe que pasó, simplemente desplomé. Ya no recuerdo nada más. No hubo luz, ni túnel, ni llamas y tampoco ángeles con hermosas túnicas. Tan sólo notaba que todo se movía, que me movían.

sábado, 5 de septiembre de 2009

Dark City - capitulo 9 -Días precipitados, demasiado precipitados VI







Llegué justo a tiempo. Mis amigos acababan de llegar. Kamijo y el resto del grupo, menos Yutaka, estaban esperándome para templar mis nervios mientras me vestía. Los amigos de mi hijo y los de mi hija ayudaban a Lionel a decorar con los últimos detalles. Colocaban los centros de flores que iban llegando, daban indicaciones al catering y ayudaban a llenar mi casa de ajetreo. Jasmine ayudaba a peinarse y maquillarse un poco a Phoenix. El hijo de Eduart, Junior, pareja de mi hija intentaba con Lionel entretener al pequeño Jun mientras Eric, también conocido como Cat, les hacía fotografías una y otra vez. Esos dos chicos los vi en el concierto, no di demasiada importancia a ambos y luego tuve la sorpresa de que eran cercanos a mi pequeña princesa. También había llegado Amaury, he de decir que cuando lo vi en elegante traje chaqueta no lo reconocí. Claro que un chico como él siempre deja a la luz su lenguaje. La ceremonia se iba a dar.

Cuando ya estaba por empezar llego Hizaki con su novio armando un alboroto allí abajo. Podía escuchar a todos gritar, reír y conversar sin más. Llamó antes de entrar en la habitación donde me arreglaba.

-¡Un momento!-gritó Kamijo terminando de ayudarme con la chaqueta.

-¿Sí?-preguntó mi amigo Imai abriendo la puerta y observando fijamente a mi hijo, yo contemplaba la escena por el espejo de cuerpo entero.-Oye viejo verde aquí está tu niñito... el cual te hará un abuelo respetable.-canturreó y Toll lo metió para dentro agarrándolo del cuello.-¡Animal!

Todos vestían de negro, como si fuera un funeral. Yo siempre vestía de ese color, así que me permití el lujo de ir de blanco.

-Dios pareces...-balbuceó mi hijo mientras yo aún estaba girado de espalda.

-Di algo Hizaki y te juro que te tiro por las escaleras.-dije acomodando mi reloj de bolsillo en el chaleco.

-Creo que se ve muy bien señor Sakurai.-comentó su novio con una sonrisa. La ropa era la perdición de ese hombre, ya que era diseñador y su mayor pasión parecía su trabajo.- tiene un buen corte, se nota una buena manufactura... trabajo de couture ¿verdad?-interrogó halagándome aún más, inflando mi ego.-Aparte es adecuado para una boda en esta temporada

-Merci.-susurró en francés como respuesta, mientras me giraba hacia ellos.-Estuve mirando varias web de moda, diseños, y mandé a realizar uno según como yo lo quería.-respondí con media sonrisa.-Está hecho a mi gusto.

-Sí, Jasmine no quiso ayudar.-comentó Kamijo levantándose, ya que se había acomodado en un sillón, y quedó de nuevo a mi lado colocando bien mis solapas. Era otro amante de la ropa, al igual que su pareja. Ambos no podían vivir sin comprar trapos por Internet o en tiendas exclusivas.

-Te quedó bastante bien, tan sólo iba a decirte un halago, pero si quieres tirarme por las escaleras.-sus sarcasmos e ironía le hacían más cercano a mí que a su madre, yo tan sólo sonreí de lado y no dije nada.

Entonces entró su ex, era hijo de un antiguo amigo y no lo reconocí aquel día en las pistas aunque por un instante se me hizo conocido. Siempre medité si era algo más que su parecido a Yutaka.

-Señores ¿desean limonada?-preguntó con una leve sonrisa.-Abajo también estamos tomando.

-Arigato.-dije tomando mi vaso de la bandeja que llevaba aquel joven. Había subido todos esos vasos sin hacer que cayera ni una sola gota.

-Me estoy preocupando... Uta no contesta.-murmuró Toll mirando la pantalla del móvil.

-Seguro que la mosca muerta de tu hermano revolotea por las tiendas comprando para quitarse la depresión.-no eran tiendas de ropa de las que hablaba, sino de peluches y dulces. Yutaka jamás cambiaría, seguiría siendo un niño eterno. Aquello que dijo Imai era muy cierto. Ambos eran pareja, pero ante el resto se comportaban como simples amigos.

-Gracias.-los labios de Hide se abrieron tomando el vaso. No había dicho nada desde su llegada, parecía parte del decorado.

-¿Quieres Hiza? La hice como a ti te gusta.-miré de reojo la escena. Era guapo, su cuerpo perfecto y la ropa provocadora. Sabía todos los gustos de mi hijo y se pasaba la vida hablando de él. Desde que llegó estaba nervioso y hablando con su hermano. Le preguntaba una y otra vez si estaba atractivo. Sin embargo mi hijo ni lo miraba, pasaba automáticamente de él e incluso rechazaba la limonada.-¿Seguro?-interrogó con los ojos brillosos, estaba rogando un poco de atención hacia él.

-No tengo ganas de Limonada.-respondió frío y tajante.

-¿Quieres que te haga algo de aperitivo? sueles comer algo a esta hora...-Toll lo miró confuso, era como ver a su hermano y lo había notado desde su llegada.

-No, gracias.-repitió un no mientras no bebía aquel jugo, estaba frío y con el toque perfecto de azúcar.

Kamijo tomó su vaso y le ofreció uno a Olivier. Intentaba ser conciliador y dar ánimos a la pareja de mi hijo. Seguro que no era un buen trago para los tres.

-¿Podríamos hablar luego?-sonrió leve esperanzado de tener cinco minutos en su compañía.

-No.-y así seguiría una y otra vez, era una negativa completa y sus intentos no darían frutos.

-Míralo igualito a ti Acchan.-dijo Imai alargando la n como lo hacía Yutaka.

-Al menos este tiene algo de cerebro.-escuché por lo bajo a Toll.

-Callate.-gruñí para mis dos amigos.

jueves, 20 de agosto de 2009

Dark City - Sindrome de Peter Pan - Capítulo 8 (parte XIV)

Me han plagiado en un lugar llamado "EMOFLOG" no un emoflog, sino varios emoflog. Ya no por mis imágenes, sino por el contenido de mi novela. Por si la persona que copia no se ha dado cuenta está bajo derechos de autor. Más le vale que vaya borrando todo lo que tiene mío, pues no está sólo en una base de datos de un blog, también en una base de datos de varios foros, base de datos de un photobuchet etc... tengo medios suficientes, además puedo demostrar que soy el propietario de dicho material, para demandar en un juzgado a esa persona... no importa donde esté, es internacional ese derecho. Por lo tanto espero que vayan borrando sus copias ilegales de mi material, de vanagloriarse de algo mío que no es suyo... y por supuesto... Pidan disculpas.




No dijo nada, no tenía argumentos quizás para lo que había dicho. Sus ojos no estaban en silencio, se podía palpar la rabia en el ambiente. Cuando uno está rabioso lo mejor que puede hacer es quedarse en silencio. El orgullo hay que tragárselo, aunque sea amargo. Ser un egocéntrico sin base te juega malas pasadas, sobretodo cuando te dan lecciones. Es imposible aceptarlas, aceptar esas lecciones. Soy un hombre adulto, no tengo porqué seguir juegos infantiles de nadie me ama y estoy triste. Él se creía un escritor de mérito, por lo tanto como escritor debía escribir su propia historia y dejarse de juegos de poemas baratos de barra de bar.

-Atsushi.-susurró bajando la mirada, tomando la taza entre sus manos.

-No, déjalo.-dije mirándole fijamente.-No voy a explicarte nada más, cuando alguien desea hacerse el orgulloso, y cae en patética pataleta de un puberto, da pena.

-No doy pena. No entiende mis motivos.-recriminó.-Ningún hombre o mujer me parece especial como para dejar la vida que llevo.-sonreí ante su arrojo de intentar expresarse.-Algún día conseguiré a esa persona, tal vez cambie de idea, pero por ahora me conformo con soñar tener un aren de amantes.

-Un aren de amantes.-repetí entrecerrando los ojos.-Bueno no diré nada, eres un chiquillo a pesar de tus veintisiete años.-puse mi mano sobre su hombro.-Feliz cumpleaños, por si no lo sabías yo lo sé todo. Soy un adulto, no un mocoso.-palmeé su espalda y me giré para buscar la salida.

-¡Atsushi!-gritó y yo hice oídos sordos.

No iba a caer en sus estúpidas palabras. Quería vivir aventuras, yo también lo hice en su época. Creí que el mundo me pertenecía, que yo era el rey y podía aspirar al firmamento más preciado y cargado de estrellas. Era una ilusión. Creerse el mejor amante cuando aún queda tanto por aprender. Él ni había amado, no podía llamarse amante. Tal vez podía decirse que era bueno en la cama, aunque jamás lo comprobé ni lo he comprobado, pero no un amante. Para ser un amante hay que amar, hay que sentir nervios ante el tacto suave de la piel ajena y el deseo de continuar a su lado al amanecer.

Yo no me considero el mejor de los amantes, tampoco lo hacía en ese momento. Creo que para ser el mejor de todos hay que amar a una sola persona, tenerlo bien claro y ser fiel. Yo no tenía claro si era firme en mis ideas, en la idea de seguir con la boda, pero mantenía mi promesa. Quería estar con Phoenix y hacerle sentir que era el único. Si bien, no era el único y él lo había descubierto.

Mi hijo si había descubierto que era eso de ser el mejor, demostró que la juventud no es siempre alocada y estúpida. Había visto como invitaba a eventos especiales a su pareja. Su debut como actor en la obra teatral de su instituto, hacía unas horas frente a todos conversando como si nada con él de la mano y en proyectos futuros importantes el nombre de Olivier sonaba en sus labios. Se había convertido en alguien maduro sin que yo me percatara, su madre también estaría en shock observando como nuestro hijo se transformaba en un auténtico y sincero amante.

Hizaki era el típico chico que buscaba nuevas sensaciones, experiencias únicas, y al final estaba a punto de formar su propia familia. Es increíble ver que un hijo supera a un padre, sobretodo cuando el padre es uno mismo. Yo una vez fui como él, durante un corto espacio de tiempo. Si bien jamás vi tanto convencimiento en mis actos, tampoco en mi mirada, como en él. Eso me hacía sentir minúsculo y estúpido. No era tan diferente a Wilde, pero yo al menos lo tenía bien claro en mi mente. Él jugaba a ser el don Juan que todas y todos desean, pero que en realidad detestan.

Paseé durante unas dos horas y me di cuenta lo complejos que son los jóvenes. Digamos que creen saberlo todo, sin embargo no saben nada. Claro, que esta irrefutable verdad uno únicamente se da cuenta es cuando madura. Los engreídos, los egocéntricos y los sabios tienen un nexo en común su credulidad. Yo no me creía un sabio en la materia de la vida, pero sí había tenido cientos de errores y con ellos tenía un buen saco de experiencia a mis espaldas.

Me senté en un árbol caído en el lago, no había vuelto allí desde que estuve con Phoenix y Jasmine hacía algunos meses. Todo parecía muy lejano y cargado de recuerdos, sin embargo no podía caminar tranquilo por la ciudad. No era un desconocido, era el ojo del huracán aunque pasaran años de todo el problema en el que yo mismo me metí. Si bien, el problema no había terminado y continuaba sin saber como hacerlo terminar.

En las noches divagaba de todo lo que tenía que hacer, de las cosas que ni debí imaginar y del resultado de todo. Mi corazón necesitaba un respiro, una vida más espiritual y a la vez cargarlo de sensaciones agradables. Muchas de las cosas que tenía que hacer eran desagradables o tensas. Tenía que pedir disculpas a Clarissa por finalizar de ese modo nuestro matrimonio, no era la primera vez que lo pensaba o que lo decía, y el cumpleaños de Hero estaba próximo. En septiembre tendría que verla deslumbrar bajando las esclaras de la que fue nuestro hogar, sentir de nuevo próximo su perfume y sonreír. A finales de este mes de Julio sería mi boda y sentía que era un nuevo corte en su herida. Había hecho daño a la Reina de Hielo y tenía que subsanarlo. Primeramente porque me reconcomía en la cabeza y segundo era por el nieto que esperábamos. Había otro motivo desagradable aún más próximo y era decir adiós a Yutaka. Era mi deber explicarle porqué no podía seguir a mi lado y disculparme por todo el daño que había generado en su vida.

Comencé a tirar piedras en el agua. El chapoteo era lo único que se escuchaba, sin embargo empecé a cantar. Cuando el dolor o el miedo se apoderaban de mí era lo mejor, espantaba penas y tragedias. Recuerdo que los meses que siguieron a la muerte de mi madre estuve cantando. No dejé de cantar ni un día a pesar de lágrimas en mis ojos, no podía cesar. Clarissa no paraba de intentar ayudarme, creo que fueron los meses más felices de nuestro matrimonio a pesar de todo. Nació nuestro hijo y estuvimos cercanos uno del otro. Esos recuerdos revoloteaban en mi cráneo, eran como graznidos.

Saqué de mis bolsillos el folio con el nombre de aquel chico, sus palabras y las mías. Me pregunté cómo sería todo si volviera a nacer y arreglara cosas del pasado. Tal vez llevaría una vida sosegada junto a Yutaka o quizás sería un alocado rock star en su compañía. Pero sé que no me hubiera despegado de él, de esa forma jamás habría dañado a Clarissa o a Phoenix. Pero cuando me di cuenta que tendría que rechazar a Miho, Hizaki, Hero y Jun un escalofrío extraño recorrió mi cuerpo como si me alcanzara un rayo. Ellos tenían parte de mis virtudes y numerosos de mis peores defectos, sin embargo se contrarrestaban con los genes de sus respectivas madres. Jun era un hijo mío, tenía mi sangre a pesar de ser de mi hermano y para el caso era lo mismo.

La brisa cada vez se hizo más intensa, para después cesar, en ese instante noté como la lluvia iba cayendo lentamente sobre el agua. Sonreí de lado dejándome empapar, mi coche estaba en los aparcamientos. Había dado esquinazo a mis escoltas, tenía varios desde hacía unos días y todo por Kamijo. Odiaba sentirme tan aprisionado por todo y todos. Me tiré sobre la hierva y dejé que el agua siguiera empapándome. No hacía frío, más bien se sentía agradable la frescura de aquella llovizna en contraste con las temperaturas reinantes en la ciudad. Empecé a escuchar gritos, giré mi rostro y vi al chico de antes completamente empapado y su chica. Ambos estaban algo ebrios, o eso creo.

-¡¿Libertad, paz, amor y qué más?!-aullaba él antes de correr hacia dentro del lago.

-¡Esperanza!-gritó en respuesta siguiéndolo.

-¡No! ¡Sexo!-respondió y yo me eché a reír.

Me incorporé levemente y me di cuenta de lo pequeño que era el mundo, la casualidad volvía a ponernos en contacto o al menos cercanos uno a otro.

-¡Eres un maldito pervertido!-dijo salpicándole mientras la tomaba por la cintura.

-¿¡Yo!?-interrogó.- ¡El sexo es lo único bueno que tiene la vida!

-¿¡Y el amor!?-interrogó ella abrazándolo y observándolo.

-El amor… el amor sólo es completamente bueno cuando tienes junto a ti a la persona que amas, cuando tu corazón cree poder salir de tu boca y tú vas a ir tras él.-dijo aquello antes de besarla y yo me di cuenta que sobraba.

-Nos veremos en otra ocasión… Ángel-sama.-susurré sin que notaran que estaba allí, me giré y fui en dirección hacia mi vehículo.

Sentirme calado por la lluvia, estar refugiado y aún escuchar el viento azotar en las ramas junto a las gotas golpeándose contra el suelo, era algo inexplicable y demasiado atrayente. Deseaba conducir un par de horas más, pero sería demasiado tiempo lejos de Phoenix y no quería escuchar sus quejas.

Encendí el motor y empecé a conducir hasta casa. Cuando llegué aparqué y noté como mis escoltas estaban en sus respectivos vehículos. Sonreí de lado, ellos estaban helados por mi aparición repentina. Fui hasta la verja de la casa, abrí con mis propias llaves y la perra no saltó sobre mí. Bufé, ya sabía donde estaba y que me saltaría nada más abrir la puerta de la entrada. Como pensé nada más escuchar el sonido de mis llaves inició su ritual vicioso, ladridos y correteo por el delicado suelo de mi hogar. Tomé aire y me quité los zapatos entrando y sintiendo como se lanzaba sobre mí, pero me aparté y cayó fuera.

-Ya te conozco demasiado bien, perra idiota.-susurré y al entrar me encontré con Lionel.

-Hola Atsushi.-dijo con una sonrisa boba en sus labios de niño santo.

Pero ya no era cura, era un maldito idiota enganchado a un amor toxico como el de Taylor. Seguramente ni él mismo sabía todo lo que podía llegar a hacer ese desgraciado. Ya había llegado a la ciudad el nuevo cura, un tal Gabriel, y tan joven como él. Parecía que los hacían a medida para lanzarlos a una ciudad corrupta.

-Hola Lionel.-respondí y noté que también estaba en la sala Jasmine.

-Hola grandísimo hijo de perra.-comentó sin despeinarse, sin mirarme y con una taza de té entre sus dedos finos con uñas pintadas de forma elaborada.

-¡Jasmine!-reprendió únicamente de esa forma Kamijo.-Estaba preocupado por ti, todos lo estábamos.-dijo dejando la taza de café que tomaba para venir hacia mí.-Estás empapado.

-¡Deja de ser amable con él, me dan arcadas!-él me odiaba, no podía hacer nada por ello y creo que también debía disculparme de algún modo. Aún no sabía como, pero encontraría el remedio a todo ese odio.

-Es mi amigo, esta es su casa y deberías comportarte. Por favor Jasmine no hagas que Phoenix se sienta mal por ello.-me tomó por los hombros con una magnífica sonrisa.-Tengo algo que contarte, pero lo haré en privado y quiero que me ayudes.

-¿Secretitos de amantes?-interrogó Phoenix entrando en la sala con el bebé en brazos.

La perra seguía ladrando mientras todo aquello ocurría, el gato simplemente dormía en el principio de la escalera del piso de arriba. Ambos parecían no llevarse mal, tenían toda su vacunación en regla, así que no eran foco de infecciones para mi hijo. Si bien, no me agradaba que la perra estuviera suelta por la casa por miedo a mi hermoso y delicado suelo. No había remedio, no podía discutir con él sobre ello con todos delante y además no quería ir a dormir con otra pelea sobrevolando mi cabeza.

-Sí, algo parecido pero sin el amante.-me aparté de Kamijlo diciendo aquello.-Él y yo tenemos pequeñas sorpresas preparadas para todos.

-¿Dónde estuviste Atsushi? Nos tenías preocupados.-susurró dejando el niño en brazos de Jasmine que dejó de torcer el rostro y sonrió. Tenía instintos maternales a flor de piel aquel mocoso.-Dime, no te voy a regañar.

-Fui al lago a pensar, caminar y tomar un poco de aire fresco. Me siento demasiado presionado con todo lo que gira a mí alrededor y necesitaba momentos en soledad. Ya sabes que aquí no los tengo, ni en la oficina, ni en el estudio… sólo cuando me aíslo de todos soy capaz de tener ideas claras.-respondí tomándolo de la cintura para besar sus labios de forma que sólo fue un roce.

-Hola Atsushi.-dijo Paulo sentado al fondo de la sala, no lo había visto hasta entonces.

-Hola mocoso literato.-respondí con una sonrisa.

-Aún dolido por la conversación, ya veo.-tomaba té con parsimonia.-Pero no deberías molestarte tanto mi querido gato sonrisas.-Lionel rió bajo aquel apodo.

-Lo siento, pero es que yo tengo la culpa.-intentó disculparse Lionel.

-¿Me pusiste motes?-interrogué con las manos aún sobre la cintura de Phoenix.

-No cariño.-susurró intentando controlar la fiera que se estaba desatando en mí.-Mi amor, Lio sólo trajo un cd de Amaury.-colocó bien mis cabellos húmedos y me abrazó sin importarle empaparse también.

-Ese niño es molesto.-murmuré.

-Ese niño molesto tiene talento y su mejor canción es “El gato Sonrisas… mi amado Cheshire”-miré hacia la escalera. No sabía si mi hija le había dicho el nombre de mi gato o simplemente fue casualidad.-Atsushi, Mr Sakurai, no sé si conoce la historia del gato Cheshire y sus sonrisas malvadas cuando Alicia se perdía en el mundo de las maravillas, aunque supongo que a todos nos han contado el cuento o lo hemos hecho a pequeños infantes.-la voz de Wilde me ponía de los nervios, no tramaba nunca algo bueno.- ¿La pongo?

-¿Qué cosa?-respondí a todo aquello aún tomando entre mis brazos a Phoenix, Jasmine estaba distraído con el niño, Lionel algo sonrojado por haber traído el disco y Kamijo simplemente reía bajo intentando tapar sus pequeñas carcajadas.

-Tres, dos… uno…acción.-dijo conectando el estéreo.

El quejido de una guitarra rompió el aire y el pequeño puso atención, la perra solo aulló y yo estaba impaciente por ver que nueva maldad había hecho ese niñato. Sentí que debí haberlo dejado desangrado en el bar. Mencionaba mi pasado y hacía cábalas sobre mi sexualidad. La canción parecía vieja, como de haberse grabado hacía como un año. No paraba de compararme con el maldito gato y los ciudadanos eran Alicia en una ciudad de maravillas corruptas. Se quejaba de que hablaba sólo de la corrupción, la venta de drogas y de demoliciones de lugares sin permiso… pero que no demostraba la verdad de mis actos. Deseaba prohibir todo, según él, no sólo lo malo sino también lo bueno. Lanzaba preguntas al aire sobre mi forma homofobica de ver el mundo, de que sólo tenía ansias de poder y no sé que más palabras salían de su boca.

-El pasado golpeándote de nuevo.-sonrió Wilde.-Me conformo con que ya hayas cambiado, mi querido amigo.

-Quieres contraatacarme con algo de mi pasado, pero yo al menos he rectificado y ya no soy así.-dije de forma seca.

-Eso es lo bueno, por eso nos reímos.-intervino Lionel.

-No has cambiado del todo, sigues siendo un capullo arrogante.-reprochó Jasmine y Kamijo simplemente puso sus ojos azules en blanco. Ya no sabía como hacerlo callar, se veía a leguas.

-Atsushi, ese tema ya lo conocía y yo también pensaba que eras así. Ahora toda la ciudad sabe que eres un buen hombre, que has hecho cosas buenas antes de dejar de ser candidato y.-hizo un inciso besando mis labios.-muchos de los que te odiábamos hemos comenzado a amarte. Yo te amo, antes y ahora.

-Creo que sobramos.-dijo Wilde.-No lo tomes a mal, tan sólo nos hizo gracia de cómo cambian las cosas.-sonrió colocándose bien las gafas.-Si me permites, yo espero ser inmortalizado como el sombrerero loco. Ya que tú has tomado un gran personaje, así que espero que Lionel le de el recado de mi parte.

-Ya no le doy clases, es una lástima, pero a penas le veo.-su voz sonó realmente afligido por ello.-Pero puedo dárselo a Cat el mensaje.

-¿Cat?-interrogué alzando una ceja.-¿Qué tipo de nombre es Cat?

-El mismo tipo de nombre que se pondría un pretencioso, zalamero y ronroneante modelo.-Wilde parecía conocerlo bien.-Por favor Sakurai, toda la ciudad está engalanada con su cuerpo prácticamente desnudo junto al de tu hijo y el de Lionel.

-¿Mi hijo?-no me había comentado nada sobre ser modelo.

-Bueno, tu hijo va más recatado.-sonrió leve Lionel.

-El que no va nada recatado eres tú, por dios cuando te vi en boxer casi me da un colapso.-dijo Jasmine con una sonrisa de horrible pervertido en pleno orgasmo.

-No me lo recuerdes.-repitió Kamijo algo molesto.

-Pero si sabes que a quien me gusta ver desnudito es a ti, amor.-pestañeó intentando ser inocente y Phoenix rió bajo abrazándose más a mí.

-No se peleen.-intervino Lionel que ya estaba de pie tomando sus cosas.-Me gustó mucho el café y las pastas Phoenix.-dijo con una sonrisa.-También volver a verte, pocas veces te veo.

-Si no fueras el novio de un estúpido hijo de puta.-Phoenix en ese momento estuvo rápido y me pisó con fuerza. Yo simplemente abrí los ojos y apreté los labios.

-Uta.-murmuró mi hijo en brazos de Jasmine.

-Sí cariño, Uta también lo es.-dijo como respuesta su “madrina”.

-No digas eso delante del niño, lo aprende todo.-comentó mi pareja.-Y te recuerdo que Taylor es mi amigo.

-Y tu ex.-respondí.

-Y mi prometido, el cual me ama a mí y no tienes porqué preocuparte de que te usurpen el puesto de galán.-comentó aquel maldito párroco, porque por mucho que se desnudara seguía imaginándomelo con esa estúpida sonrisa y el atuendo de cura.

-Bueno, nos íbamos.-dijo Kamijo.- ¿Wilde tú como te irás hacia tu apartamento? Podemos llevarte.-comentó mientras se giraba para buscarlo, pero se había marchado.

Todos nos quedamos en silencio un segundo, ese hombre a veces era escurridizo y en ocasiones sentía como si únicamente fuera un fantasma.

-Kamijo acompañemos a Lio a la casa de Tay.-comentó Jasmine dejando al pequeño sobre los brazos de Phoenix.

-Pero.-susurró.- ¿Dónde fue? ¿Se esfumó?

-Anda, vamos fuera y dejemos a los tortolitos solos.-decía Lionel empujando a Kamijo y Jasmine tan sólo se contoneaba a su lado.- ¡Hasta pronto Phoenix!-dijo antes de cerrar la puerta.

-Atsushi no quiero que insultes así a Taylor y más con Lionel frente a tus narices.-ya empezaba el reclamo de siempre. Me molestaba ser el segundo. Seguramente si él me insultaba, como lo hacía Jasmine, no diría nada.

-Siempre soy el malo de la película ¿no es así?-declaré apartándome de él para ir hacia el baño, quería tomarme uno bien caliente a pesar del calor que hacía. Deseaba desentumecerme en mi bañera y seguir sintiendo en silencio el aguacero que comenzaba de nuevo.

-Atsushi yo…-no dijo nada más, sabía que discutirme algo que era cierto no conduciría a nada. Tal vez encarrilaría todo a una bronca monumental.

-Voy a darme un baño.-dije caminando hacia la escalera para subir hacia el piso superior.

Llené la bañera y eché aromas marinos, conecté también los masajes y fui desnudándome. Estaría como mínimo media hora ahí sumergido, me ayudaba a meditar y también a relajarme. Necesitaba hacerlo, por mi corazón y por Phoenix. No quería pagar con él el miedo que tenía y que me carcomía. Era incapaz de decir adiós a tantas cosas y pedir tanto perdón, mi orgullo prevalecía y tenía que buscar soluciones ya.

Nada más entrar sentí que mi cuerpo se iba relajando. Mi mente se quedó en blanco y todas esas pequeñas vocecillas cesaron. Estiré el brazo y conecté la radio dejándola en la emisora de música clásica.

martes, 19 de mayo de 2009

Dark City - Swimming in Blood - Capítulo 6 (parte II)


Entre capítulos he dejado poemas, espero que no les haya molestado... pero no puedo guardar mis sentimientos.




Amaury William Rose era un músico extraordinario, una persona que lo daba todo por los suyos al parecer y huérfano en fatales circunstancias. Era el vocalista de la banda de rock-metal local con mayor trayectoria y éxito entre los jóvenes. Su voz la definían como la de una bestia salvaje mezclada en un cóctel explosivo con la de un ángel. Había abierto un local para la difusión de su música y de bandas locales. El estreno de su bar fue accidentado, su pareja se había amputado un brazo con la picadora de carne que tenían en el local para pequeños aperitivos. Le conocían por ser un deslenguado, un chico que siempre andaba en peleas si veía que algo no iba bien y sus ideales políticos eran muy apegados al anarquismo. Un revolucionario con talento que cada vez me recordaba más a mí.

Decidí que era hora de que volviéramos a casa, no iban a dejarla ver cómo terminaba todo. Los demás amigos del chico fueron apareciendo como de la nada. Un chico rubio de aires de cantante de metro, un joven de extraño y agresivo look, un joven delgaducho algo afeminado que tan sólo tiritaba jugueteando con el aro de su labio y varios más que se lamentaban de que un tal Axel estuviera fuera de la ciudad. Hablaban de venganza, pero en mi opinión era absurdo. Su pareja lo había dejado y él decidió suicidarse, el otro chico no tenía culpa de que Amaury tomara esa decisión. Era entendible, sin embargo absurdo.

-Debemos marcharnos, ellos te llamarán si sucede algo nuevo.-aún la aferraba y ella tan sólo lloraba.-Miho.-todos me miraban con ojos acusadores.-Pequeña.-murmuré tomándola del mentón.-Escucha tengo que volver, no puedo dejar a Phoenix solo ¿comprendes?-ella asintió.

-Vete, yo no me voy.-balbuceó con la voz tomada.

-Sí, supuse que no querrías volver a casa hoy.-acaricié sus cabellos.-Llamaré a Uta, no quiero que te quedes aquí sola.-me levanté y observé a todos cuando caminaba de forma sigilosa hasta el teléfono publico que había en el pasillo. No quería abrir el teléfono móvil porque estaba prohibido en todo el recinto, hacían interferencia con el material médico.

Ellos murmuraban sobre mi persona, en ese momento me di cuenta porqué ella me tenía en tan alta estima gracias a sus extrañas compañías.

-Anda Miho seguro que no le pasa nada.-murmuró aquel chico delgaducho y noté su acento, era extranjero y podría decirse que de países del norte de Europa.-Anda.-él también lloraba.-Edu seguro que se pondría mal al verte así.-alcé una ceja, ese chico sabía de su pareja ¿o hablaba del hijo de este?

-Cat, no tengo ánimos.-él tampoco los tenía y ella menos, muchos menos.

-Mi novio no debió de marcharse, ese maldito cromañón no lo hubiera dejado solo.-se abrazó a ella sollozando.

-¿Sí?-escuché el sonido de la voz de Uta tras el aparato.-¿Quién es?-interrogó.

-Ven al hospital, Uta. Amaury, el chico que le gustaba a Miho está en el hospital y ella no desea dejarlo solo.-sólo tuve un corte de comunicación y dudé si lo había escuchado o no, no me quedaban más crédito en monedas y volví donde estaba ella.

-Sakurai, vete. No tienes porqué estar aquí.-comentó ella mirando al suelo bastante desanimada.

-Eres mi hija, no voy a dejarte sola.-dije aquello tomándola por el mentón.-Te guste o no.-murmuré quedando de cuclillas.-Tu tío viene para acá, creo.-sonreí levemente y ella me devolvió la sonrisa.-Es en parte más tu padre que yo.-el chico que nos observaba no daba crédito.-Y tú déjate el aro de una vez, me pones nervioso.-saqué una pequeña risa a mi hija y él simplemente paró avergonzado.

Media hora después estaba aquí mi antigua pareja. Vestía unos pantalones ajustados y una camiseta aún más ajustada, parecía un niño más que un adulto.

-¡Miho!-se olvidó que estaba en un hospital y una enfermera lo mandó callar. Los amigos de aquel chico, y también de ella supuse, lo observaron de arriba hacia abajo.-Cariño, tito Uta está aquí.-se abrazaron y ella se derrumbó de nuevo.

Todos miraban a Yutaka, unos con asombro y otros comiéndoselo con los ojos. No sé porqué sentí ganas de matar a alguien, me giré resoplando y allí estaban aquellos ojos azules inquisidores. El chico flacucho me observaba fijamente.

-¿Qué?-pregunté y él sacó una piruleta.

-Nada.-respondió con total naturalidad y rió bajo.

-Atsu, ¿estás bien?-escuché a mi antigua pareja para tomarme de las ropas y abrazarme.-Dime que no te estresaste ni tensaste, por favor.-le miré como si fuera a matarle y al ver aquellos ojos tan sólo agachó la cabeza abrazándome.

-Mi yakuza, jamás vas a cambiar.-rió bajo.-Tranquilo, no lo diré más.-dijo observándome con una sonrisa encantadora.-Yo me quedo con Miho ¿de acuerdo? Ve y descansa.-puso sus manos sobre mi rostro y asentí.

-Ten cuidado con estos.-él también respondió con un leve movimiento de su cabeza.

Se apartó sentándome con mi hija, más bien la hija de él porque fue quien la educó. Atrapó sus manos y las besó. Miho simplemente se sentía más reconfortada.

-Si les ocurre algo a esos dos, pandilla de melenudos, os juro que no me haré responsable de mis actos.-caminé hacia la puerta dejando resonar mis pasos.

Ellos murmuraron algo, pero no les hice caso. Si les ocurría algo, por mínimo que fuera, ellos, y sus cuerpos, aplacarían mi furia. Cuando me monté en mi coche conduje directo a casa, si bien durante el trayecto no podía dejar de pensar en el rostro compungido de mi hija. Comenzaba a detestar al chico por hacerla llorar, pero en realidad me detestaba a mi mismo por haber hecho llorar en el pasado a Uta y a su madre.

Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt