Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

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jueves, 20 de agosto de 2009

Dark City - Sindrome de Peter Pan - Capítulo 8 (parte XIV)

Me han plagiado en un lugar llamado "EMOFLOG" no un emoflog, sino varios emoflog. Ya no por mis imágenes, sino por el contenido de mi novela. Por si la persona que copia no se ha dado cuenta está bajo derechos de autor. Más le vale que vaya borrando todo lo que tiene mío, pues no está sólo en una base de datos de un blog, también en una base de datos de varios foros, base de datos de un photobuchet etc... tengo medios suficientes, además puedo demostrar que soy el propietario de dicho material, para demandar en un juzgado a esa persona... no importa donde esté, es internacional ese derecho. Por lo tanto espero que vayan borrando sus copias ilegales de mi material, de vanagloriarse de algo mío que no es suyo... y por supuesto... Pidan disculpas.




No dijo nada, no tenía argumentos quizás para lo que había dicho. Sus ojos no estaban en silencio, se podía palpar la rabia en el ambiente. Cuando uno está rabioso lo mejor que puede hacer es quedarse en silencio. El orgullo hay que tragárselo, aunque sea amargo. Ser un egocéntrico sin base te juega malas pasadas, sobretodo cuando te dan lecciones. Es imposible aceptarlas, aceptar esas lecciones. Soy un hombre adulto, no tengo porqué seguir juegos infantiles de nadie me ama y estoy triste. Él se creía un escritor de mérito, por lo tanto como escritor debía escribir su propia historia y dejarse de juegos de poemas baratos de barra de bar.

-Atsushi.-susurró bajando la mirada, tomando la taza entre sus manos.

-No, déjalo.-dije mirándole fijamente.-No voy a explicarte nada más, cuando alguien desea hacerse el orgulloso, y cae en patética pataleta de un puberto, da pena.

-No doy pena. No entiende mis motivos.-recriminó.-Ningún hombre o mujer me parece especial como para dejar la vida que llevo.-sonreí ante su arrojo de intentar expresarse.-Algún día conseguiré a esa persona, tal vez cambie de idea, pero por ahora me conformo con soñar tener un aren de amantes.

-Un aren de amantes.-repetí entrecerrando los ojos.-Bueno no diré nada, eres un chiquillo a pesar de tus veintisiete años.-puse mi mano sobre su hombro.-Feliz cumpleaños, por si no lo sabías yo lo sé todo. Soy un adulto, no un mocoso.-palmeé su espalda y me giré para buscar la salida.

-¡Atsushi!-gritó y yo hice oídos sordos.

No iba a caer en sus estúpidas palabras. Quería vivir aventuras, yo también lo hice en su época. Creí que el mundo me pertenecía, que yo era el rey y podía aspirar al firmamento más preciado y cargado de estrellas. Era una ilusión. Creerse el mejor amante cuando aún queda tanto por aprender. Él ni había amado, no podía llamarse amante. Tal vez podía decirse que era bueno en la cama, aunque jamás lo comprobé ni lo he comprobado, pero no un amante. Para ser un amante hay que amar, hay que sentir nervios ante el tacto suave de la piel ajena y el deseo de continuar a su lado al amanecer.

Yo no me considero el mejor de los amantes, tampoco lo hacía en ese momento. Creo que para ser el mejor de todos hay que amar a una sola persona, tenerlo bien claro y ser fiel. Yo no tenía claro si era firme en mis ideas, en la idea de seguir con la boda, pero mantenía mi promesa. Quería estar con Phoenix y hacerle sentir que era el único. Si bien, no era el único y él lo había descubierto.

Mi hijo si había descubierto que era eso de ser el mejor, demostró que la juventud no es siempre alocada y estúpida. Había visto como invitaba a eventos especiales a su pareja. Su debut como actor en la obra teatral de su instituto, hacía unas horas frente a todos conversando como si nada con él de la mano y en proyectos futuros importantes el nombre de Olivier sonaba en sus labios. Se había convertido en alguien maduro sin que yo me percatara, su madre también estaría en shock observando como nuestro hijo se transformaba en un auténtico y sincero amante.

Hizaki era el típico chico que buscaba nuevas sensaciones, experiencias únicas, y al final estaba a punto de formar su propia familia. Es increíble ver que un hijo supera a un padre, sobretodo cuando el padre es uno mismo. Yo una vez fui como él, durante un corto espacio de tiempo. Si bien jamás vi tanto convencimiento en mis actos, tampoco en mi mirada, como en él. Eso me hacía sentir minúsculo y estúpido. No era tan diferente a Wilde, pero yo al menos lo tenía bien claro en mi mente. Él jugaba a ser el don Juan que todas y todos desean, pero que en realidad detestan.

Paseé durante unas dos horas y me di cuenta lo complejos que son los jóvenes. Digamos que creen saberlo todo, sin embargo no saben nada. Claro, que esta irrefutable verdad uno únicamente se da cuenta es cuando madura. Los engreídos, los egocéntricos y los sabios tienen un nexo en común su credulidad. Yo no me creía un sabio en la materia de la vida, pero sí había tenido cientos de errores y con ellos tenía un buen saco de experiencia a mis espaldas.

Me senté en un árbol caído en el lago, no había vuelto allí desde que estuve con Phoenix y Jasmine hacía algunos meses. Todo parecía muy lejano y cargado de recuerdos, sin embargo no podía caminar tranquilo por la ciudad. No era un desconocido, era el ojo del huracán aunque pasaran años de todo el problema en el que yo mismo me metí. Si bien, el problema no había terminado y continuaba sin saber como hacerlo terminar.

En las noches divagaba de todo lo que tenía que hacer, de las cosas que ni debí imaginar y del resultado de todo. Mi corazón necesitaba un respiro, una vida más espiritual y a la vez cargarlo de sensaciones agradables. Muchas de las cosas que tenía que hacer eran desagradables o tensas. Tenía que pedir disculpas a Clarissa por finalizar de ese modo nuestro matrimonio, no era la primera vez que lo pensaba o que lo decía, y el cumpleaños de Hero estaba próximo. En septiembre tendría que verla deslumbrar bajando las esclaras de la que fue nuestro hogar, sentir de nuevo próximo su perfume y sonreír. A finales de este mes de Julio sería mi boda y sentía que era un nuevo corte en su herida. Había hecho daño a la Reina de Hielo y tenía que subsanarlo. Primeramente porque me reconcomía en la cabeza y segundo era por el nieto que esperábamos. Había otro motivo desagradable aún más próximo y era decir adiós a Yutaka. Era mi deber explicarle porqué no podía seguir a mi lado y disculparme por todo el daño que había generado en su vida.

Comencé a tirar piedras en el agua. El chapoteo era lo único que se escuchaba, sin embargo empecé a cantar. Cuando el dolor o el miedo se apoderaban de mí era lo mejor, espantaba penas y tragedias. Recuerdo que los meses que siguieron a la muerte de mi madre estuve cantando. No dejé de cantar ni un día a pesar de lágrimas en mis ojos, no podía cesar. Clarissa no paraba de intentar ayudarme, creo que fueron los meses más felices de nuestro matrimonio a pesar de todo. Nació nuestro hijo y estuvimos cercanos uno del otro. Esos recuerdos revoloteaban en mi cráneo, eran como graznidos.

Saqué de mis bolsillos el folio con el nombre de aquel chico, sus palabras y las mías. Me pregunté cómo sería todo si volviera a nacer y arreglara cosas del pasado. Tal vez llevaría una vida sosegada junto a Yutaka o quizás sería un alocado rock star en su compañía. Pero sé que no me hubiera despegado de él, de esa forma jamás habría dañado a Clarissa o a Phoenix. Pero cuando me di cuenta que tendría que rechazar a Miho, Hizaki, Hero y Jun un escalofrío extraño recorrió mi cuerpo como si me alcanzara un rayo. Ellos tenían parte de mis virtudes y numerosos de mis peores defectos, sin embargo se contrarrestaban con los genes de sus respectivas madres. Jun era un hijo mío, tenía mi sangre a pesar de ser de mi hermano y para el caso era lo mismo.

La brisa cada vez se hizo más intensa, para después cesar, en ese instante noté como la lluvia iba cayendo lentamente sobre el agua. Sonreí de lado dejándome empapar, mi coche estaba en los aparcamientos. Había dado esquinazo a mis escoltas, tenía varios desde hacía unos días y todo por Kamijo. Odiaba sentirme tan aprisionado por todo y todos. Me tiré sobre la hierva y dejé que el agua siguiera empapándome. No hacía frío, más bien se sentía agradable la frescura de aquella llovizna en contraste con las temperaturas reinantes en la ciudad. Empecé a escuchar gritos, giré mi rostro y vi al chico de antes completamente empapado y su chica. Ambos estaban algo ebrios, o eso creo.

-¡¿Libertad, paz, amor y qué más?!-aullaba él antes de correr hacia dentro del lago.

-¡Esperanza!-gritó en respuesta siguiéndolo.

-¡No! ¡Sexo!-respondió y yo me eché a reír.

Me incorporé levemente y me di cuenta de lo pequeño que era el mundo, la casualidad volvía a ponernos en contacto o al menos cercanos uno a otro.

-¡Eres un maldito pervertido!-dijo salpicándole mientras la tomaba por la cintura.

-¿¡Yo!?-interrogó.- ¡El sexo es lo único bueno que tiene la vida!

-¿¡Y el amor!?-interrogó ella abrazándolo y observándolo.

-El amor… el amor sólo es completamente bueno cuando tienes junto a ti a la persona que amas, cuando tu corazón cree poder salir de tu boca y tú vas a ir tras él.-dijo aquello antes de besarla y yo me di cuenta que sobraba.

-Nos veremos en otra ocasión… Ángel-sama.-susurré sin que notaran que estaba allí, me giré y fui en dirección hacia mi vehículo.

Sentirme calado por la lluvia, estar refugiado y aún escuchar el viento azotar en las ramas junto a las gotas golpeándose contra el suelo, era algo inexplicable y demasiado atrayente. Deseaba conducir un par de horas más, pero sería demasiado tiempo lejos de Phoenix y no quería escuchar sus quejas.

Encendí el motor y empecé a conducir hasta casa. Cuando llegué aparqué y noté como mis escoltas estaban en sus respectivos vehículos. Sonreí de lado, ellos estaban helados por mi aparición repentina. Fui hasta la verja de la casa, abrí con mis propias llaves y la perra no saltó sobre mí. Bufé, ya sabía donde estaba y que me saltaría nada más abrir la puerta de la entrada. Como pensé nada más escuchar el sonido de mis llaves inició su ritual vicioso, ladridos y correteo por el delicado suelo de mi hogar. Tomé aire y me quité los zapatos entrando y sintiendo como se lanzaba sobre mí, pero me aparté y cayó fuera.

-Ya te conozco demasiado bien, perra idiota.-susurré y al entrar me encontré con Lionel.

-Hola Atsushi.-dijo con una sonrisa boba en sus labios de niño santo.

Pero ya no era cura, era un maldito idiota enganchado a un amor toxico como el de Taylor. Seguramente ni él mismo sabía todo lo que podía llegar a hacer ese desgraciado. Ya había llegado a la ciudad el nuevo cura, un tal Gabriel, y tan joven como él. Parecía que los hacían a medida para lanzarlos a una ciudad corrupta.

-Hola Lionel.-respondí y noté que también estaba en la sala Jasmine.

-Hola grandísimo hijo de perra.-comentó sin despeinarse, sin mirarme y con una taza de té entre sus dedos finos con uñas pintadas de forma elaborada.

-¡Jasmine!-reprendió únicamente de esa forma Kamijo.-Estaba preocupado por ti, todos lo estábamos.-dijo dejando la taza de café que tomaba para venir hacia mí.-Estás empapado.

-¡Deja de ser amable con él, me dan arcadas!-él me odiaba, no podía hacer nada por ello y creo que también debía disculparme de algún modo. Aún no sabía como, pero encontraría el remedio a todo ese odio.

-Es mi amigo, esta es su casa y deberías comportarte. Por favor Jasmine no hagas que Phoenix se sienta mal por ello.-me tomó por los hombros con una magnífica sonrisa.-Tengo algo que contarte, pero lo haré en privado y quiero que me ayudes.

-¿Secretitos de amantes?-interrogó Phoenix entrando en la sala con el bebé en brazos.

La perra seguía ladrando mientras todo aquello ocurría, el gato simplemente dormía en el principio de la escalera del piso de arriba. Ambos parecían no llevarse mal, tenían toda su vacunación en regla, así que no eran foco de infecciones para mi hijo. Si bien, no me agradaba que la perra estuviera suelta por la casa por miedo a mi hermoso y delicado suelo. No había remedio, no podía discutir con él sobre ello con todos delante y además no quería ir a dormir con otra pelea sobrevolando mi cabeza.

-Sí, algo parecido pero sin el amante.-me aparté de Kamijlo diciendo aquello.-Él y yo tenemos pequeñas sorpresas preparadas para todos.

-¿Dónde estuviste Atsushi? Nos tenías preocupados.-susurró dejando el niño en brazos de Jasmine que dejó de torcer el rostro y sonrió. Tenía instintos maternales a flor de piel aquel mocoso.-Dime, no te voy a regañar.

-Fui al lago a pensar, caminar y tomar un poco de aire fresco. Me siento demasiado presionado con todo lo que gira a mí alrededor y necesitaba momentos en soledad. Ya sabes que aquí no los tengo, ni en la oficina, ni en el estudio… sólo cuando me aíslo de todos soy capaz de tener ideas claras.-respondí tomándolo de la cintura para besar sus labios de forma que sólo fue un roce.

-Hola Atsushi.-dijo Paulo sentado al fondo de la sala, no lo había visto hasta entonces.

-Hola mocoso literato.-respondí con una sonrisa.

-Aún dolido por la conversación, ya veo.-tomaba té con parsimonia.-Pero no deberías molestarte tanto mi querido gato sonrisas.-Lionel rió bajo aquel apodo.

-Lo siento, pero es que yo tengo la culpa.-intentó disculparse Lionel.

-¿Me pusiste motes?-interrogué con las manos aún sobre la cintura de Phoenix.

-No cariño.-susurró intentando controlar la fiera que se estaba desatando en mí.-Mi amor, Lio sólo trajo un cd de Amaury.-colocó bien mis cabellos húmedos y me abrazó sin importarle empaparse también.

-Ese niño es molesto.-murmuré.

-Ese niño molesto tiene talento y su mejor canción es “El gato Sonrisas… mi amado Cheshire”-miré hacia la escalera. No sabía si mi hija le había dicho el nombre de mi gato o simplemente fue casualidad.-Atsushi, Mr Sakurai, no sé si conoce la historia del gato Cheshire y sus sonrisas malvadas cuando Alicia se perdía en el mundo de las maravillas, aunque supongo que a todos nos han contado el cuento o lo hemos hecho a pequeños infantes.-la voz de Wilde me ponía de los nervios, no tramaba nunca algo bueno.- ¿La pongo?

-¿Qué cosa?-respondí a todo aquello aún tomando entre mis brazos a Phoenix, Jasmine estaba distraído con el niño, Lionel algo sonrojado por haber traído el disco y Kamijo simplemente reía bajo intentando tapar sus pequeñas carcajadas.

-Tres, dos… uno…acción.-dijo conectando el estéreo.

El quejido de una guitarra rompió el aire y el pequeño puso atención, la perra solo aulló y yo estaba impaciente por ver que nueva maldad había hecho ese niñato. Sentí que debí haberlo dejado desangrado en el bar. Mencionaba mi pasado y hacía cábalas sobre mi sexualidad. La canción parecía vieja, como de haberse grabado hacía como un año. No paraba de compararme con el maldito gato y los ciudadanos eran Alicia en una ciudad de maravillas corruptas. Se quejaba de que hablaba sólo de la corrupción, la venta de drogas y de demoliciones de lugares sin permiso… pero que no demostraba la verdad de mis actos. Deseaba prohibir todo, según él, no sólo lo malo sino también lo bueno. Lanzaba preguntas al aire sobre mi forma homofobica de ver el mundo, de que sólo tenía ansias de poder y no sé que más palabras salían de su boca.

-El pasado golpeándote de nuevo.-sonrió Wilde.-Me conformo con que ya hayas cambiado, mi querido amigo.

-Quieres contraatacarme con algo de mi pasado, pero yo al menos he rectificado y ya no soy así.-dije de forma seca.

-Eso es lo bueno, por eso nos reímos.-intervino Lionel.

-No has cambiado del todo, sigues siendo un capullo arrogante.-reprochó Jasmine y Kamijo simplemente puso sus ojos azules en blanco. Ya no sabía como hacerlo callar, se veía a leguas.

-Atsushi, ese tema ya lo conocía y yo también pensaba que eras así. Ahora toda la ciudad sabe que eres un buen hombre, que has hecho cosas buenas antes de dejar de ser candidato y.-hizo un inciso besando mis labios.-muchos de los que te odiábamos hemos comenzado a amarte. Yo te amo, antes y ahora.

-Creo que sobramos.-dijo Wilde.-No lo tomes a mal, tan sólo nos hizo gracia de cómo cambian las cosas.-sonrió colocándose bien las gafas.-Si me permites, yo espero ser inmortalizado como el sombrerero loco. Ya que tú has tomado un gran personaje, así que espero que Lionel le de el recado de mi parte.

-Ya no le doy clases, es una lástima, pero a penas le veo.-su voz sonó realmente afligido por ello.-Pero puedo dárselo a Cat el mensaje.

-¿Cat?-interrogué alzando una ceja.-¿Qué tipo de nombre es Cat?

-El mismo tipo de nombre que se pondría un pretencioso, zalamero y ronroneante modelo.-Wilde parecía conocerlo bien.-Por favor Sakurai, toda la ciudad está engalanada con su cuerpo prácticamente desnudo junto al de tu hijo y el de Lionel.

-¿Mi hijo?-no me había comentado nada sobre ser modelo.

-Bueno, tu hijo va más recatado.-sonrió leve Lionel.

-El que no va nada recatado eres tú, por dios cuando te vi en boxer casi me da un colapso.-dijo Jasmine con una sonrisa de horrible pervertido en pleno orgasmo.

-No me lo recuerdes.-repitió Kamijo algo molesto.

-Pero si sabes que a quien me gusta ver desnudito es a ti, amor.-pestañeó intentando ser inocente y Phoenix rió bajo abrazándose más a mí.

-No se peleen.-intervino Lionel que ya estaba de pie tomando sus cosas.-Me gustó mucho el café y las pastas Phoenix.-dijo con una sonrisa.-También volver a verte, pocas veces te veo.

-Si no fueras el novio de un estúpido hijo de puta.-Phoenix en ese momento estuvo rápido y me pisó con fuerza. Yo simplemente abrí los ojos y apreté los labios.

-Uta.-murmuró mi hijo en brazos de Jasmine.

-Sí cariño, Uta también lo es.-dijo como respuesta su “madrina”.

-No digas eso delante del niño, lo aprende todo.-comentó mi pareja.-Y te recuerdo que Taylor es mi amigo.

-Y tu ex.-respondí.

-Y mi prometido, el cual me ama a mí y no tienes porqué preocuparte de que te usurpen el puesto de galán.-comentó aquel maldito párroco, porque por mucho que se desnudara seguía imaginándomelo con esa estúpida sonrisa y el atuendo de cura.

-Bueno, nos íbamos.-dijo Kamijo.- ¿Wilde tú como te irás hacia tu apartamento? Podemos llevarte.-comentó mientras se giraba para buscarlo, pero se había marchado.

Todos nos quedamos en silencio un segundo, ese hombre a veces era escurridizo y en ocasiones sentía como si únicamente fuera un fantasma.

-Kamijo acompañemos a Lio a la casa de Tay.-comentó Jasmine dejando al pequeño sobre los brazos de Phoenix.

-Pero.-susurró.- ¿Dónde fue? ¿Se esfumó?

-Anda, vamos fuera y dejemos a los tortolitos solos.-decía Lionel empujando a Kamijo y Jasmine tan sólo se contoneaba a su lado.- ¡Hasta pronto Phoenix!-dijo antes de cerrar la puerta.

-Atsushi no quiero que insultes así a Taylor y más con Lionel frente a tus narices.-ya empezaba el reclamo de siempre. Me molestaba ser el segundo. Seguramente si él me insultaba, como lo hacía Jasmine, no diría nada.

-Siempre soy el malo de la película ¿no es así?-declaré apartándome de él para ir hacia el baño, quería tomarme uno bien caliente a pesar del calor que hacía. Deseaba desentumecerme en mi bañera y seguir sintiendo en silencio el aguacero que comenzaba de nuevo.

-Atsushi yo…-no dijo nada más, sabía que discutirme algo que era cierto no conduciría a nada. Tal vez encarrilaría todo a una bronca monumental.

-Voy a darme un baño.-dije caminando hacia la escalera para subir hacia el piso superior.

Llené la bañera y eché aromas marinos, conecté también los masajes y fui desnudándome. Estaría como mínimo media hora ahí sumergido, me ayudaba a meditar y también a relajarme. Necesitaba hacerlo, por mi corazón y por Phoenix. No quería pagar con él el miedo que tenía y que me carcomía. Era incapaz de decir adiós a tantas cosas y pedir tanto perdón, mi orgullo prevalecía y tenía que buscar soluciones ya.

Nada más entrar sentí que mi cuerpo se iba relajando. Mi mente se quedó en blanco y todas esas pequeñas vocecillas cesaron. Estiré el brazo y conecté la radio dejándola en la emisora de música clásica.

lunes, 10 de agosto de 2009

jueves, 23 de abril de 2009

Dark City - Memento Carpe Diem - Capítulo 5 (parte XXV)


-Temo por su vida, eso es todo.-los ojos de Phoenix quedaron quietos clavados en mí.

-¿Qué quieres decir?-

-¿No es obvio? Temo que se intente suicidar y esta vez lo consiga.-declaré aquello con total frialdad, con una seriedad que hacía mucho que no usaba.

En ese instante llegó Jasmine e hizo que las palabras con las que me iba a responder, murieran, y el silencio se hiciera latente.

-Me quiero ir a casa, estoy agotado, tengo un terrible dolor de cabeza y Kamijo sabe hacerme masajes tentadores. Necesito una ducha, un masaje y unos bombones. Por favor.-aquello parecía el ruego de un niño pequeño.-Aunque me conformo con un bombón como tú.-susurró pestañeando y Phoenix le miró como si estuviera fusilándolo en cada milésima de segundo.-Chulazo.-dijo pasando delante de nosotros mientras la perra la seguía.

-¡Jasmine!-gritó molesto, si bien yo simplemente reía a carcajadas.

-Así me llaman.-murmuró girándose con una sonrisa encantadora y le tiró un beso.-Vamos chato, no te encabrites que arrugas la nariz y te pones feo. Seguro que eso debe ser mortal para el cutis.-golpeó levemente su mentón con dos de sus dedos y luego alzó el brazo con un saludo militar.-Aunque cumpliré sus órdenes de celoso en potencia, no diré que su prometido está demasiado apetitoso y hace pecar con el pensamiento.-bajo el brazo y me guiñó.-Otra cosa es que lo crea.-echó a correr y Phoenix fue detrás, cayendo ambos y rodando por el suelo.

Cuando pararon de pelearse como niños pequeños, de reír a carcajadas, Jasmine echó cuenta a su ropa, su peinado y sus deportes.

-¡Mi ropa! ¡Iba a salir con Kami!-comenzó a llorar.

-Es bueno para el cutis.-murmuró Phoenix tomando carrerilla para estamparle una bola de barro en la cara.

-¡Parad!-grité y me miraron, se miraron, miraron a la perra con la cabeza ladeada y la lengua fuera, para acabar riendo a carcajadas.

-Vayamos ya a casa, ahora sí que tengo que ir para maquillarme y poder estar presentable para mi amorcito.-era algo amanerado, creo que por ello me hacía reír. Su forma de ser era más libre, parecía poder hacer lo que deseara aún así fuera hacer girar al sol alrededor del planeta.

-Sí, yo me agoté.-murmuró colgándose de mi brazo mientras Jasmine dirigía a la perra hacia la parte trasera del vehículo, tras abrirlo con la llave a distancia.

Llegamos a casa de Jasmine tras pasada una hora, al llegar Kamijo lo observó desde lejos y echó a correr cuando este intentó abrazarlo cubierto de barro. Terminaron manchados y besándose de forma frenética en el portal de su bloque de pisos. Era una zona residencial del centro. Una casa victoriana de cinco plantas reformadas, ellos tenían el ático con unas vistas espléndidas. En otros tiempos fue una gran boutique, por allá en el siglo dieciocho. Una tienda donde había una pequeña franquicia de perfumes y una floristería, ambos negocios interconectados de manera muy estrecha ya que con los pétalos de las flores se generaba el perfume. Ahora es un hermoso edificio, un encantador lugar para encerrarse y olvidar. Poseer una casa como aquella, una con todas sus plantas, era caro y yo lo sabía bien.

-Jamás me llevaste a tu antiguo hogar.-así era, nunca lo llevé, pero no era lo que decía mi antigua esposa que incluso se aventuró a decir que habíamos dormido en la cama matrimonial.

-Tú lo has dicho, es pasado.-murmuré retomando la marcha hacia nuestro hogar, volveríamos a cruzar por parte de la ciudad donde ya habíamos pasado, pero no importaba. Teníamos que dejar a nuestro amigo en brazos de su amante, era nuestro deber.

-Me hubiera gustado conocerla, poder pasear por tu despacho y ser tuyo mucho antes.-su rostro se mostraba angustiado, quizás lleno de dudas.

-Se aproxima la boda, es normal que te pienses que todo debió de ser más sencillo.-sonreí de forma leve y él me miró.

-Si en aquel funeral de mi padre me hubiera aproximado, hubiéramos entablado conversación, quizás hoy ya estaríamos casados.-

-Pero ese no era nuestro destino.-interrumpí y seguí mirando la carretera, no quitaba ojo de ella.-María quizás está colapsada con los pequeños, me siento culpable por dejarla con ellos sola.-

-Es buena madre.-respondió.

-No sabía que lo fuera.-coloqué mejor el cinturón, comenzaba a estar molesto por llevar aquello bien apretado a mí.

-No quiso decirlo en la entrevista por miedo a no ser seleccionada, pero tomó confianza conmigo porque estoy todo el día en casa. Hablamos durante horas a veces, ayudo en ciertas tareas y terminamos contándonos nuestros problemas. Es buena mujer, sin duda hiciste una gran elección a escogerla a ella. Decías que su mirada era nítida, que se podía leer en ella, y tenías razón.-sonrió de forma leve.-Sabes juzgar a las personas.

-No es juzgar, simplemente pensé que no ocultaba nada pues hablaba de forma franca y tenía una mirada llena de un aura especial.-asintió y se recostó en el asiento.

No dije mucho más, pero cuando reanudé la conversación él estaba dormido. Sus labios estaba entrecerrados, sus cabellos sobre su frente de forma revuelta y sus brazos cruzados. Parecía un niño agotado tras un día de excursión, por ello no dejaba que saliera. Temía que se agotara y terminara herido.

Nada más entrar en el garaje lo llevé en brazos hacia la habitación, lo desnudé como pude y lo limpié con una toalla empapada en agua tibia junto a toallitas perfumadas. María se marchó rápido, su bebé también estaba agotado de jugar con el nuestro. Jun dormía tras tomar su biberón y yo terminé abrazado a mi futuro esposo. Lo había vestido, arropado y yo seguía con la misma ropa sobre la cama.

Al despertar no estaba, olía a tostadas y huevos revueltos. Me levanté del colchón y vi un plato con el desayuno junto a una nota. Sonreí y atrapé el papel.

“Te hice el desayuno hoy, recuerdas el trato…un día tú y otro día yo. Disfrútalo, dúchate bien y ven a mi despacho.”

El pequeño estaba en la cuna de nuestra habitación, reía agitando su sonajero y yo sonreí levantándome para observarlo.

-Me han dicho que te gustó estar con Alberto.-comenté alzándolo.-Ya te vistió y todo.-besé su frente y volví a dejarlo en la cuna para comenzar a comer el desayuno.-Cuando seas mayor espero que tengas suerte, como yo, y que puedas cuidar a tu pareja y a la vez que te cuiden a ti.-se sentó en la cuna mirándome con aquellos enormes ojos, dejó la sonaja y agarró el peluche de Uta.-Sí, tienes que tener mi suerte no la de otros.-cuando dije la de otros fue pensando en mi antiguo amante, aún seguía con los juegos de mandarme mensajes al móvil.

-Uta.-aquello me sorprendió y abrí los ojos palideciendo, si Phoenix lo escuchaba decir su nombre terminaría descuartizado.

-Repite.-quería saber si era una alucinación o no. Quizás tanto pensar en él mi mente se burlaba de mí descaradamente, eso y el cansancio de días agotadores en el ayuntamiento además de los pactos para poder seguir gobernando entre los tres partidos.

-Apa.-murmuró y echó a reír dando pequeños botes en la cuna.

-No, lo otro.-me aproximé a la cuna y me apoyé en el barandal.

-Iho.-aquello se parecía mucho a Miho, pero eran balbuceos y dejé de prestarle atención.-Uta.-rió a carcajadas y alzó sus manos mostrándome el peluche.

-Me cago en mi estampa mil veces.-dije echando mis cabellos hacia atrás.

-Pa.-ese iba a ser mi quebradero de cabeza, mucho antes de su salida de dientes o que comenzara a correr por el salón intentando agarrar al gato.

Al girarme algo preocupado por lo que diría mi pareja vi precisamente a la bola de pelo. Una bola de pelo encantadora, atigrada, pero que estaba inclinado sobre mi plato. No pude creer lo que veía.

-¡Chesire!-grité al verlo comerse mi desayuno, mío y no de él. El maldito no se tomaba las carísimas latas para cachorros, no, tenía que ser mis huevos revueltos.

Él únicamente me miró complacido, parecía sonreír, y moviendo su rabo dio unas cuantas topadas sobre mi pierna. Ronroneaba con la panza llena el muy desgraciado y mi hijo reía a carcajadas.

-Esto es peor que un manicomio.-murmuré intentando no llorar, me había dejado sin el desayuno que con tanto cariño me habían preparado.-No, deja de acariciarme. Eres un gato diabólico. Cruel, insensible y para colmo pareces gozarlo.-lo tomé entre mis manos y él movió sus patas con las uñas guardadas.-Tienes que comer tu comida.-maulló y bostezó con sus enormes ojos verdáceos entrecerrados.-Y yo que era feliz con un gato.-se chupó su pata y mientras lo hacía quedó dormido.-Pero comes lo que no debes, te duermes en posiciones raras y.-hice un inciso sin saber bien por qué, terminé sonriendo y besando su nariz sobre sus diminutos bigotes.-Y me robas el corazón como si nada.-lo acosté en mi cama y se hizo un ovillo.

Me desnudé atento a mi hijo, cuando fuera mayor no podría hacerlo porque comenzaría a preguntar porqué su madre y su padre desnudos tenían lo mismo. Seguramente porqué le hago daño a Phoenix cuando lo hacemos o porqué no podemos darle otro hermano, preguntas que hizo una vez en su día Hizaki, salvo lo de un matrimonio con el mismo sexo. Rememoré una pregunta de mi primogénito varón con cinco años. Pregunta que en su día me dejó en shock: “¿papá por qué no hay niños con dos mamás o dos papás? ¿Para qué sirve tener un papá y una mamá? Vi a un niño con dos papás y era feliz”

En esos años no di importancia a la coletilla de esa batería de preguntas, pero ahora sí. Él nunca fue feliz cuando yo estaba con su madre, quizás porque él supo desde niño que le atraían también los hombres tanto como las mujeres. Me sentí culpable, además de no saber escucharlo a pesar de siempre decir que lo hacía. Le mandé un sms diciéndole que debía de contarle algo importante, que debíamos de quedar para explicarle la situación en la que vivía. Muy a mi pesar ya conocía algo por su madre, ella no se quedaba quieta y era un quebradero de cabeza para mí como para la prensa. Una arpía con la lengua afilada, pero debía de entenderla pues era una mujer despechada y engañada durante años.

-Apa.-murmuró mi hijo recostándose en la cuna, para ponerse su pipo mientras jugueteaba con sus cabellos azabaches.

-Papá va a ducharse.-susurré colocándome una yukata que usaba como bata.-Vengo ahora.-murmuré aproximándome a él de nuevo, acariciando su rostro, para luego girarme e ir a la ducha.

Dark City - Memento Carpe Diem - Capítulo 5 (parte XXIV)


-Hola bombón.-gritó Jasmine y eso me hizo reír a carcajadas. Ese hombre siempre parecía estar con subidas de cafeína de forma continua. Jun no se inmutó, parecía que todo el estrés de conocer a su hermana nueva le había agotado.

-Dile a Jasmine hola de mi parte.-murmuré con una sonrisa en mis labios.

-Lo tenemos puesto en altavoz.-respondió Jasmine.

-Eso es violación de la vida privada.-dije dejando encajada la puerta de la habitación del pequeño.

-Bueno, pero él quería saludarte.-murmuró Phoenix esperando quizás una reprimenda, pero no fue así. No iba a molestarme por eso.

-No importa.-comenté encaminándome hacia las escaleras para bajarlas y volver al garaje.

-En el lago.-me dijo mi pareja.

-Sí, estamos con la perra.-de fondo había escuchado algunos ladridos, pero supuse que sería de otro.

-¿En qué zona?-pregunté para poder ir junto a ellos.

-Zona norte, donde el puesto para avistar pájaros.-había llegado al garaje y creo que se escuchó el sonido de la alarma desactivándose.

-Voy hacia allí.-dije y ellos gritaron que me esperarían.

Me senté en el volante y noté un dolor extraño en el pecho, pero se pasó y pensé que simplemente eran nervios.

-Debo de ir al masajista, a tomar un baño relajante y después un par de días alejado de la campaña. Demasiado estrés, es demasiado.-me dije mientras guardaba el móvil e izaba la puerta del garaje para poder salir en su búsqueda.

El trafico era denso, a esas horas de la tarde, prácticamente las siete, y con las nubes grisáceas que encapotaban todo hacían casi imposible salir sin el coche. Todos lo hacíamos. Se sabe que daña el medio ambiente, aunque muchos de mis coches son de escasa contaminación e incluso poseo uno eléctrico, pero no hay nadie que un día de lluvia no use el coche se tiene.

Cuando llegué al lago estaba allí ambos sentados sobre un tronco y la perra corría por aquel espacio tan especial. Al dar el portazo y conectar la alarma escuché un ladrido y acto seguido tenía babas por toda la cara, patas de barro por todo el cuerpo y mi malhumor aumentaba por segundos.

-¡Phoenix!-grité y este se giró.

-¡Ven chica, ven!-decía y la perra hacía lo que quería.

-¡O me la quitas de encima o te juro que volvemos sin ella!-en realidad yo era incapaz de cumplir tales amenazas, pero mi tono era de molestia y él conociéndome podía creer que era cierto.

-¡Ven aquí bonita!-gritó Jasmine dando palmadas y ese maldito monstruo babeante no se apartaba.

-¡Ven! ¡Ven aquí!-Phoenix hizo sonar un hueso de peluche, de esos que tienen sonido por culpa de un pequeño pito.

Al levantarme vi mi ropa arruinada, Jasmine reía como un loco y casi se caía del tronco. Phoenix, él simplemente intentaba controlar la perra, pero esta controlaba su estilizada figura. Tenía fruncido el ceño y mi rostro era de desgana.

-No veo ningún coche.-dije guitándome el abrigo e intentando sentirme menos enguarrado.

-Vinimos andando.-la casa de Jasmine estaba lejos, también la nuestra.-Pero es que vinimos en bus hasta la zona rural, luego decidimos dar un paseo y…-

-¿Y qué? ¿Y si llegas a desfallecer?-odiaba sentirse débil, yo se lo recordaba en cada oportunidad posible.

-¡Me tratas como un niño! ¡Viene con Jasmine! ¡No salí solo!-sus puños estaban cerrados y apretaban la correa con la que había atado a la perra.

-Trae al perro, la voy a llevar a pasear.-dijo nuestro amigo, quizás intentando escabullirse para no estar presente en una discusión de pareja. Se marchó con rapidez nada más Phoenix soltó la correa.

-Por favor, no te enfades. No quiero que te alteres.-su mirada me fulminó.

-Estoy harto que me veas frágil, no quiero estar enfermo. Ahora con la nueva terapia que he comenzado no cae el cabello, parece remitir, pero aún así.-se abrazó a mí llorando.-Temo que me dejes por alguien que esté sano.

-Tus cabellos son mi delirio, tu aroma alojado en mi cuello y arrojado en la cama. Quiero poseerte junto a mí y que seas un sueño vívido. Tu presencia de ángel bello, y empujado a salvar mi alma, me encumbra en un éxtasis extraño que inunda mis sentidos.-susurré inclinándome para estrecharlo bien entre mis brazos, alzándolo para que quedara encaramado a mi cuerpo. Parecía un niño pequeño, en realidad en parte eso era para mí. Me senté en el tronco donde él había estado antes con Jasmine, acaricié su rostro y sonreí.-Tus ojos son dos balcones de sospechosas figuras que me siguen, ojos que encumbran la belleza de tus rasgos y que deseo que me aniquilen.-era una poesía que comenzaba a crear o versos sueltos quizás, no lo sabía. Simplemente quería que supiera cuánto le amaba.

Puso uno de sus dedos sobre mis labios mientras me escrutaba, sonrió con dulzura y se recostó sobre mi pecho. Sus manos acariciaban mi camisa, lo único que no había estropeado la perra.

-¿De quién es?-interrumpió el silencio para saber de dónde había sacado esas palabras que le dediqué.

-De aquí.-dije golpeando levemente mi corazón con dos de mis dedos, para luego llevar mis dedos a la sien.

-Son tuyos.-sonrió de forma escueta y me rozó suave los labios.

-Es lo que siento y lo que sé.-comenzó a llorar y se encogió entre mis brazos.-Sé que no sería capaz de vivir sin ti.-me apresuré a limpiar sus mejillas mientras seguía hablándole.-Por ello siempre te quiero tener en mi pequeña vitrina de cristal.

-Pero así me ahogas, necesito salir.-reprochó suspirando.

-Lo sé, hoy iremos a pasear.-susurré besando sus labios mientras lo estrechaba más contra mí.

-¿Me lo juras?-interrogó inquieto.

-Te lo juro, pero creo que mejor sería mañana.-murmuré.-Verás, ya es tarde y podríamos ir mañana a caminar por los senderos cercanos a nuestro hogar.-asintió y besó mis labios.

-Entonces, te tomo la palabra.-

Ambos quedamos observando el lago. Sus aguas no estaban turbias en otros lugares, sino claras y muy atrayentes. Se vislumbraban una gran cantidad de peces, es más se notaban pequeños movimientos por los habitantes acuáticos de aquel fastuoso regalo de la naturaleza. Tiré un par de guijarros que se acumulaban junto a mis pies, él sonreía tras ver el recorrido y las pequeñas ondas que surgían del rebotar de las piedras.

-Pronto pasará un año, otro y otro...-susurré aletargado y en paz por culpa de la terrible quietud que se podía incluso palpar.-todo ha cambiado, todo, y sin embargo las medidas del tiempo son las mismas secuestrándonos instantes únicos. El mundo nos hace elegir, no podemos volver la vista atrás y cambiar elecciones. O marcas una casilla o marcas la otra.-meditaba sobre él y yo, si bien Phoenix estaba recostado sobre mi pecho aspirando mi aroma. Colaba su nariz entre los huecos que había libre de botón a botón, siempre me dijo que amaba como olía la colonia que usaba en mi piel.

-¿Piensas que te confundiste al retarme aquella noche?-negué con la cabeza y besé su frente.

-Es de lo poco insensato que terminó como a cientos de jovencitas desean que ocurran las cosas en un cuento, o en una novela.-por ello tenían tanto éxito las novelas de Corín Tellado, porque era como muchas mujeres deseaban la vida al lado de un hombre.-Me arrepiento de no haber tenido contacto con Megumi, de no haber indagado si aquella noche loca sin protección tuvo consecuencias.-cerré los ojos y noté la brisa del lago calar hasta mis pulmones.

-¿Cómo fue tu encuentro con Miho?-sonreí de lado y lentamente entreabrí los ojos.

-Todo lo bien que puede ir una conversación con mi espejo, con un espejo donde me reflejo más joven y con aspecto de mujer. Chocamos demasiado, porque somos prácticamente idénticos.-murmuré echando de menos el tabaco e hice un amago de encontrar el encendedor.

-Ni se te ocurra buscar tabaco, además ya dejé limpia toda tu ropa. No queda ni un encendedor, ni un cigarrillo y he prohibido a los estanqueros del barrio que te vendan tabaco.-comentó dejándome en shok, se estaba tomando en serio aquel reto de hacerme más saludable.-Deja de pensar en nicotina y cuéntame qué te dijo.

-Me dio un regalo para Jun, dijo que era adorable y que deseaba cuidarlo algún día.-no sabía si obviar nuestra pequeña discusión.

-Me alegro que haya ido bien tu reunión padre e hija.-acarició mi rostro y besó mi mejilla.

-No fue del todo bien, no paró de llamarme de usted salvo en pocas ocasiones. No me odia, pero no soy de su agrado.-mi rostro se enrareció y él se notó preocupado.

-Te querrá, te conocerá mejor y te querrá.-lo dijo convencido, si bien yo no lo estaba tanto. En ese aspecto era negativo, sobretodo si tenía en cuenta todo lo que podían haber dicho de mí frente a ella.

-No estoy seguro de que eso sea así, pero puedo pedirle a Uta que medie. Sé que él ha hecho posible que Miho cambiara de opinión.-de inmediato quedó frío, algo molesto.

-Uta, siempre Uta.-se levantó del tronco caído y quedó al borde del lago.

-Él la ha cuidado como suya.-mi tono de voz era neutro, no quería demostrarle que me dolía que no pudiera comprender por lo que pasaba él.

-Te quiere a ti, te necesita a ti y va a hacer que no nos casemos.-se giró.-Siento que esta boda va a acabar mal, que él va a venir y va a gritar a pleno pulmón que aún son amantes. Atsushi prométeme que jamás lo verás a solas, que no serás capaz de ser infiel.-temía, yo también hubiera temido en su lugar.

-Nada de lo que dices sucederás, son paranoias que se despiertan siempre cuando uno se aproxima al altar. Phoenix, si me caso contigo es porque te amo y no deberías de tener dudas. Si no te amara no hubiera pedido la nulidad, tampoco haber influido en las altas esferas eclesiásticas y haber movido a amigos para ello. Me ha costado bastantes favores por conseguir algo así. Además, he cambiado mi labor hacia los conciudadanos y he aceptado públicamente mi homosexualidad. ¿Qué puedo hacer para que me creas?-

-Dejar de protegerlo.-no me dio tiempo ni a respirar tras aquella diatriba que ya me lanzaba la acusación.

sábado, 28 de marzo de 2009

Dark City - Revoluciones Internas (Capítulo 4 parte Ia XXIX)


Quienes no conocen el visual creerán que Jasmine You es mujer, además del nombre dichoso con el que se hace llamar... su voz aterciopelada y su feminidad implícita, pero no, es hombre.




-Sí, pero.-pestañeó y se sorprendió.-¿Este es el viejo que te tenía loco? ¿Dónde quedó el papagayo de su esposa?-al calificar de ese modo a Clarissa Uta no dudó en reír de forma descarada abrazándose a su hermano para no caer del borde del sofá en el que estaban.

-El papagayo no sé dónde estará pero yo quiero copia de esas fotos.-automáticamente todos levantamos las manos.

-¡Y nosotros!-Kamijo los ojeó a todos al igual que Jasmine y este último nos guiñó

-Caballeros eso cuesta un dinero.-murmuró con una sonrisa encantadora. Me quedé mirándolo y Phoenix me dio un codazo.

-Haré lo que quieras, sin embargo a estos viejos verdes no les pases nada de la sesión. Pero ahora terminábamos de comer.-comentó indeciso sin saber si yo lo regañaría.

-No importa, tenemos que ir a comer nosotros dos.-se agarró a Kamijo y lo besó en la mejilla.

-Antes de que se vayan debo de admitir que admiro su trabajo Kamijo, me es una persona culta, sensible y he de decir que la primera vez que vi la portada de su discografía pensé que era una mujer. Quiero disculparme en público, pero su androginia en esa época era más notable.-se sonrojó al escuchar aquello, quizás por vergüenza ante su ¿amante?

-Merci beacoup, dicen que me parezco a mi parte francesa en mis cabellos y en el resto a mi madre.-sonrió cortés y Jasmine pareció sorprendido.

-Digamos que si llego a saber eso te visto a ti querido.-besó su mejilla y la pellizcó ruborizándolo aún más. Seguramente estaría incómodo y desearía un hoyo para hundir su cabeza como avestruz.

-La portada de ese cd aun la conservo, también el cd.-entonces los ojos de Jasmine se iluminaron y puso sus manos como si estuviera en oración.

-Por favor, por favor, muéstramela.-Kamijo al escuchar aquello de los labios de su pareja abrió los ojos y tragó saliva.

-Por supuesto.-me gustaba hundir en ese estado de nervios a cualquiera, sobretodo a extraños y a Phoenix. En menos de cinco minutos me tenía en el salón con el cd y Kamijo se ruborizó hasta límites extremos.

-Vaya, si que tengo modelo para los próximos trapitos.-rió leve en dirección a su pareja y este me fulminó con la mirada.

-Lo siento Kamijo, pero yo fui quien le habló de ti.-murmuró Uta con una de sus tímidas sonrisas.-Me pareces excelente, tanto como Mana.-se sonrojó.-A quien conozco y admiro profundamente.-nada más decir eso tenía a dos locas, que no locos, arrojándose sobre él para que contara cómo era en la intimidad.

Phoenix y Jasmine se comportaban como muchachas adolescentes al borde de un ataque de nervios y de lujuria al conocer un poco más del afamado guitarrista, además de modelo y modista. Pensé que lo rompían cuando Toll los empujó y lo abrazó posesivamente.

-¡Ya basta! No sólo lo conoce él, tenemos ciertos contactos y vosotros le vais a dañar.-a veces más que hermano parecía su padre, le intentaba apartar de cualquier mal aunque fuera inexistente.

-¡A penas nos ha dicho nada!-dijo Phoenix frustrado mientras lo agarraba por la cintura.

-¿Tú no estabas enfermo?-susurré en su nuca y se sonrojó ante su arranque de vitalidad, pero también por comportarse de esa forma.

-Creo que deberíamos marcharnos Jasmine.-noté como lo trataba, parecía tener miedo de romperlo por como lo agarraba por la cintura y dirigía su atención hacia él palpando su rostro con delicadeza extrema.

-Podríais quedaros a tomar café.-comenté con una sonrisa amable, pues ya que había de sobra ¿por qué no?

-Vendremos más tarde, antes tenemos que comer.-sonrió observando a Kamijo y no comprendí, era demasiado tarde para un almuerzo.

Pero tras insistir unos minutos Phoenix me aclaró, Jasmine era una especie de ninfómano posesivo que deseaba hacer adelgazar aún más a su amante. Me hizo reír con aquellas palabras y al volver a la sala seguimos tomando el café. Conversábamos sobre todo y nada, pero pronto volvió Jasmine para encerrarse con Phoenix en la habitación. Sin embargo vino a hacerme una oferta que no podía rechazar. Estaba fumando en el salón con mis compañeros y él apareció radiante vestido como una hermosa nipona.

-¿Qué tal?-preguntó sonriendo para dejar embobado a Imai.

-Bastante bien.-emitió mi amigo Imai, mirándolo desde el tocado a los pies descubiertos que se dejaban ver por el borde de la tela. No era el único, todos lo hacíamos.

-Eso es bueno muchachos.-dijo sacando del obi un pendrive.-Atsushi.-canturreó caminando coqueto hasta donde estaba y pestañeó.-¿Cuánto me das por quinientas imágenes de tu querido prometido en ropa femenina?-eran fotografías que había usado en sus catálogos de la tienda y también por puro placer.

-Dos mil euros.-respondí sabiendo que era una locura, pero quería verlas.

-Son de altísima calidad, no te vas a arrepentir.-me moví por la habitación hacia uno de los cajones del mueble que estaba decorado con motivos de nuestro país. Saqué un talonario de cheques e imprimí la cifra.

-Te iba a pedir más, pero es una buena oferta.-murmuró atrapando el papel del cheque riendo, dándome el pendrive y marchándose corriendo hacia la segunda planta.

-Quiero ver esas fotos.-sentenció Hidehiko y los demás asintieron.

-Acompañadme a mi despacho, las veremos en mi portátil.-me giré y eché a correr al igual que Jasmine, los demás me secundaron comportándose también de forma inmadura.

No me importaba que vieran esas fotos, iba a restregarles a todos mi amante. Así que me senté en el cómodo sillón y los demás a mí alrededor. Parecíamos puros adolescentes que ojeábamos por una mirilla en el vestuario de las chicas. Es más, lo había hecho con Hidehiko e Imai cuando tenía a penas diecisiete.

-Dios.-jadeó Toll.-¿Ese es tu chico?-afiló la mirada.

-Sí, son sus piernas con esa falda de uniforme de instituto.-babeaba y no era único.

-¡Agranda esa!-insistió Imai señalando la del vestido de lolita.

-Me está entrando calor y es un hombre.-atestiguó Hidehiko.

-Yo sé elegir, Hidehiko.-comenté agarrándolo por el cuello de su camisa.-Si te veo mirándole así el trasero en vivo, a Phoenix, te arranco los testículos y con la piel del escroto me hago una cartera.-al decir aquello todos reímos y seguimos mirando las fotografías. En realidad, no todos estábamos de buen humor, Uta sabía mi comportamiento y mi excitación, se había dado cuenta del leve bulto de mi entrepierna.

-Me tengo que marchar.-dijo a punto de romper a llorar.

-Pues vete.-respondió Toll entretenido como todos con las imágenes.

Ahí se rompió el encanto de las fotos al irse llorando y corriendo de forma torpe.

-Voy a hablar con él.-comentó su hermano y yo lo agarré del brazo.

-Iré yo.-saqué el pendrive del ordenador y lo guardé en uno de mis cajones bajo llave.

-No tienes porqué ir.-me dijo antes de ponerme en su búsqueda.

-Creo que es mi culpa, déjame hablar con él.-salí de la habitación y ellos junto a mí, salvo que nos dividimos en las escaleras.

A mi habitación no había ido, Phoenix lo usaba como zona de guerra y cambio de Kimonos para ir al jardín y permitir que el objetivo del fotógrafo lo capturara. En la habitación de Jun no iba a ponerse a llorar para despertar al pequeño. La biblioteca estaba cerrada con llave porque andaba en la casa nuestro perro, para que no molestara al hacer fotografías. Por ello fui a la habitación que le había otorgado y allí estaba sobre la cama llorando. Cerré la puerta tras entrar y apoyé mi espalda en ella.

-Uta.-susurré.-¿Qué sucede?-me hice el inocente para no tacharlo de celoso sin motivos.

-Él lo ves con ojos distintos como me mirabas a mí, lo miras como un muñeco perfecto que deseas tener sólo tú y entregarte a él por siempre. Duele.-su voz estaba agitada por culpa del llanto y algo entrecortada.

-Es mi pareja, es normal que lo mire de esa forma.-se levantó de la cama al escuchar eso y se colgó de mi cuello para besarme.

Sus labios volvieron a estar pegados a los míos y por un leve segundo lo agarré de las nalgas, pero terminé apartándolo y mirándolo con cierta furia.

-Te amo, te quiero, te necesito y sigo con mi promesa en pie.-sus ojos estaban desesperados porque le otorgara un poco de paz con una falsa ilusión.

-Te quiero, yo también te quiero, y sabes que te querré siempre pero no es de la misma forma e intensidad como tú lo haces conmigo.-sus ojos brillaron ilusos hasta que el resto de la frase lo golpeó con rabia.

-Soy un idiota.-murmuró.-No puedo verte feliz con él, prefería oírte amargado con aquella víbora.-las lágrimas le daban un toque de niño perdido, esos rasgos y esa voz leve que ocultaba dolor además de desasosiego.

-Uta.-susurré y se apartó ocultándose tras las mantas de la cama.

A la salida de la habitación me topé con su hermano y con toda la tropa. Los dejé pasar para ver si conseguían hacerle entender y seguir con la celebración. Bajé por las escalera y vi como Phoenix parecía más pálido de lo habitual, estaba a punto de desplomarse y antes de que lo hiciera lo agarré yo por la cintura.

-Gatito.-susurré cargándolo en brazos y nos tomaron una fotografía extra.

No dije nada más, tan sólo me lo llevé al salón para recostarlo en el sofá. Jasmine nos siguió sin entender nada y mi pareja simplemente estaba helado tiritando. Imai era el único que no estaba con el resto, me ayudó a colocar un cojín bajo su cabeza y se marchó al jardín para jugar con el perro una vez más.

-¿Qué sucede?-preguntó intranquilo.-¿Qué tiene Phoenix?-susurró y entendí que él desconocía la verdad.

-Díselo mientras busco tus medicamentos.-dije molesto porque era un inconsciente ya que debían de saberlo todos los que trataban con él, simplemente por una emergencia.

Su testarudez le hacía no desear quedar como un débil, como un enfermo que no vale para nada y que debe desecharse. No quería lágrimas y que se compadecieran, deseaba que le vieran con la misma vitalidad. Fui a nuestra habitación y tomé el frasco de pastillas que me recetaron para recaídas fuertes, además de un protector de estómago, cuando bajé estaban conversando y Jasmine lloraba. Entré en la cocina y tomé un brick de zumo de esos de paquete individual. Regresé al salón y me senté a su lado acariciando su rostro mientras tomaba las medicinas.

-¿Desde cuando lo sabes?-preguntó mirándome alarmado.

Dark City - Revoluciones Internas (Capítulo 4 parte XXVIII)

Como no. Para nombres siempre suelo basarme en personas que conozco y asiáticos conozco pocos personalmente. He tomado el aspecto físico de Kamijo y su nombre, además de uno de los componentes de su agrupación (Versailles)... el dichoso Jasmine You, para aquellos que no lo conozcan veran una foto suya en la siguiente publicación





-Empecemos con el sushi.-dije y ellos asintieron.-Entre todos es más fácil.-argumenté sacando los ingredientes.

-Yo voy a buscar a Jun.-comentó mientras me guiñaba un ojo de forma coqueta saliendo de la cocina. Su hermano lo siguió conversando con él en un tono bajo, pero supuse que este se iba las horas en las que tendría reunión.

-Esa cosa que visteis pegado a mi pareja es mi cuñado.-comenté y Tol se recargó en la encimera.

-Sí, algo recuerdo de que tuvieron un segundo chico.-se rascó un instante la cabeza.-Sí que pasa el tiempo.-mustió y Uta jugueteaba con dos gambas.

-Para algunos, sólo para algunos.-susurró Hidehiko señalando a Uta.

En ese instante me sentía como en aquellos años. Seguimos con nuestras vidas pero cuando nos uníamos era como regresar a la época juvenil. Conversamos durante algunos minutos sobre la vida que habíamos llevado. Hidehiko tenía una tienda de muebles y objetos antiguos junto a otras librerías especializadas en literatura japonesa. Siempre le vi callado, sumido en sus asuntos y amaba el pasado glorioso de nuestra nación. Supuse que terminaría con algún negocio relacionado con la historia y el arte. Toll tenía una galería de arte y también colaboraba en una emisora de radio para grupos nóveles. Uta poseía un restaurante y parte del negocio de su hermano, además daba clases de guitarra en un conservatorio. Imai se dedicó a la bolsa como broker y se hizo con una tienda de ropa masculina, de ahí que no gastara un yen en su ropa. Yo era el más despegado a los sueños que pude tener, no seguí mis instintos creativos, culinarios y mucho menos seguí próximo a la música. Porque aunque ya eran adultos se seguían reuniendo para tocar, simplemente tocar y tomar unas cervezas en memoria de lo que fuimos.

-Aquí viene la cosa mas linda de esta casa seguida de mi Astaroth-entró en la cocina con el bebé vestido con el pijama que le había comprado. Parecía un pequeño gatito con aquella cola y orejas adheridas a la tela que era como si fuera pelo de verdad. Estaba algo adormilado y todos acudimos como hipnotizados hacia el pequeño. Imai incluso siguió a Phoenix. En unos segundos lo habíamos rodeado y apartado el aire a mi pareja, el bebé lo queríamos cargar todos y sobretodo Uta.

-Yo le compré un conejo rosa.-dijo Uta intentando apartarlos.

-Como no, conejo rosa.-bufó Toll.-En la bolsa que traje hay un regalo de mi parte.-era un sonajero en forma de gato.

-Yo traje algo más interesante.-dijo Imai acariciando las mejillas de Jun.-Un libro de cuentos de esos que se pulsa y hace ruido.-me miró y sonrió.-Se ve que sale a tu hermano, tú eras muy feo.

-Desgraciado.-gruñí y él se carcajeó de aquello. Amaba verme saltar ante sus comentarios.

-Te conozco desde niño, puedo acusarte de niño troll... porque lo eras.-mis ojos tuvieron un destello de crueldad y empezó a reír aún más.

-Yo...-Hidehiko sacó un conjunto de ropa de una bolsa.-Esto.-era un peto de color negro con una camisa azul. En el peto había un pato amarillo en la pechera y unas alitas en el trasero.

-Está bien, lo vais a asfixiar.-comentó con una sonrisa intentando alejarse levemente de los chicos. A pesar de ser personas agradables tenían ese aire de matón que no se podía quitar, incluso Uta podía tener ese aroma desafiante si se quedaba en silencio varios minutos.-Ten.-dejó al pequeño en brazos de Toll y lo miré un instante, estaba pálido y fui hacia él abrazándolo por la espalda.

-¿Estás bien?-pregunté oliendo sus cabellos, amaba su aroma, para luego besar su cuello y esperar que fuera solo imaginaciones mías.

-Sí.-dijo con una sonrisa doliente.

No podía mentirme, se encontraba mal. Los chicos no notaron nada extraño, no lo conocían. Imai salió fuera de la cocina y se sentó en el gran salón apoyándose bien en el sofá. Phoenix se marchó también, me susurró que quería dormir unas horas porque se encontraba cansado. Sin embargo no dio dos pasos en el salón que cayó prácticamente en los brazos del diestro Imai. Lo vio desvanecerse y se movió con rapidez para tomarlo entre sus brazos.

-Te tengo.-susurró cuando vi como lo agarraba.-Atsushi llévalo arriba, parece agotado.-la quimioterapia lo ahogaba en un vaso de ácido, un vaso que hacía que cada trago muriera un poco para sobrevivir a algo que quizás no tenía fin.

Cargué con él por las escaleras para recostarlo en la cama. Me pedía, más bien me suplicaba, que me fuera con los chicos. En ese momento vino Uta con el sentimiento de que algo no iba bien, como así era. Decidió quedarse junto a Phoenix mientras yo seguía cocinando con el resto. Los dejé a solas y lo que pude saber ha sido poco. Hablaron sobre mí, sobre el pasado, sobre que mi antiguo amante aún me amaba pero que era feliz al verme sonreír junto a mi pareja. Eso me reconfortó unos segundos, no tanto como a Imai que tuvo que salir a corretear con el perro para olvidar un poco. Necesitaba poner la mente en blanco y quizás el perro le haría meditar lejos del fantasma de su mujer.

Cuando bajaron ya todo estaba preparado. Comenzamos a comer y mi pareja ya se había incorporado al grupo, salvo que seguía algo pálido. Devorábamos la comida con ansias, pero aún así la degustábamos y comentábamos partes de nuestras vidas. Al contar lo que pasó a Toll y a Hidehiko nadie lo creyó. Era un político de derecha y con unos ideales que no me pertenecían, al final con un amante masculino y el hijo de mi hermano fallecido. Podía ser la típica historia para una novela, pero era real y no mera ficción. Si fuera ficción hubiera cambiado el rumbo de mi vida tras el primer borrador. Imai me miró con los nervios crispados al escuchar de mis labios las veces que me negué a mi mismo y Uta únicamente murmuraba por lo bajo que Clarissa era una zorra. La reunión parecía un aquelarre a lo que una vez fui por desgracia.

Surgió por casualidad el deseo de todos de poder cantar de nuevo, hacer que alguna canción nuestra llegara a la radio solo por pura locura o cabezonería. No habíamos tenido mucha suerte cuando jóvenes, pero quizás ahora sí lo tendríamos y todo tendría que verse. Podíamos usar mejores medios, experiencia vital y sobretodo un sueño por cumplir. Imai era el más decidido de todos y yo me dejé llevar por unos minutos, pero no sabía si podríamos hacerlo o simplemente dejar que la poma de jabón nos estallara en la cara.

En ese instante de diversión tras la comida, de reencuentro, y de café apareció en la puerta un joven con su acompañante. El muchacho era atractivo, aparentemente muy afeminado y sin ser tan aparentemente. Lo conocía porque tenía una boutique en el barrio obrero donde las mujeres más estiradas de la sociedad compraba junto a jovenzuelos que no tenían donde caerse muertos. Precios para todos los estratos sociales, todo tipo de vestuario, perfumes y complementos. Mi exmujer casi termina agarrándolo del cabello y montando una escena al llamarla vieja estirada, lo que es realmente. Su acompañante era un joven rubio de un metro setenta y siete aproximadamente, pues era escasamente más bajo que yo y su aspecto era afrancesado a pesar de sus ojos rasgados. Uno se hacía llamar Jasmine, el otro era Kamijo y lo conocí casi a primera vista. Ese joven era un gran pianista y tenía una voz con bastante personalidad, pero se retiró del espectáculo hacía ya unos años. Ambos hacían una pareja dispar y jovial.

-Vengo a secuestrarte.-le dijo a Phoenix que ya había recobrado un poco el color.

-¿Qué?-dijo sorprendido observando las bolsas que llevaba Kamijo y que dejó a un lado en el salón.

-Sí, sesión de fotos cherie. Verás es que han venido unos hermosos kimonos y las modelos que tengo en mi tienda son muy exuberantes y he pensado que tú, mi hermoso y armonioso, amigo me ayudarías.-le guiñó y miró al resto de mis invitados.-Buenas caballeros, un gusto…me llamo Jasmine y este caballero es Kamijo. Hemos venido a pedir un favor.-pellizcó la mejilla de Phoenix y yo lo tomé por la cintura.

-¿Osas ponerle kimonos femeninos a mi pareja?-cuestioné y todos pusieron atención a mis palabras.

Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt