Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

sábado, 28 de marzo de 2009

Dark City - Revoluciones Internas (Capítulo 4 parte Ia XXIX)


Quienes no conocen el visual creerán que Jasmine You es mujer, además del nombre dichoso con el que se hace llamar... su voz aterciopelada y su feminidad implícita, pero no, es hombre.




-Sí, pero.-pestañeó y se sorprendió.-¿Este es el viejo que te tenía loco? ¿Dónde quedó el papagayo de su esposa?-al calificar de ese modo a Clarissa Uta no dudó en reír de forma descarada abrazándose a su hermano para no caer del borde del sofá en el que estaban.

-El papagayo no sé dónde estará pero yo quiero copia de esas fotos.-automáticamente todos levantamos las manos.

-¡Y nosotros!-Kamijo los ojeó a todos al igual que Jasmine y este último nos guiñó

-Caballeros eso cuesta un dinero.-murmuró con una sonrisa encantadora. Me quedé mirándolo y Phoenix me dio un codazo.

-Haré lo que quieras, sin embargo a estos viejos verdes no les pases nada de la sesión. Pero ahora terminábamos de comer.-comentó indeciso sin saber si yo lo regañaría.

-No importa, tenemos que ir a comer nosotros dos.-se agarró a Kamijo y lo besó en la mejilla.

-Antes de que se vayan debo de admitir que admiro su trabajo Kamijo, me es una persona culta, sensible y he de decir que la primera vez que vi la portada de su discografía pensé que era una mujer. Quiero disculparme en público, pero su androginia en esa época era más notable.-se sonrojó al escuchar aquello, quizás por vergüenza ante su ¿amante?

-Merci beacoup, dicen que me parezco a mi parte francesa en mis cabellos y en el resto a mi madre.-sonrió cortés y Jasmine pareció sorprendido.

-Digamos que si llego a saber eso te visto a ti querido.-besó su mejilla y la pellizcó ruborizándolo aún más. Seguramente estaría incómodo y desearía un hoyo para hundir su cabeza como avestruz.

-La portada de ese cd aun la conservo, también el cd.-entonces los ojos de Jasmine se iluminaron y puso sus manos como si estuviera en oración.

-Por favor, por favor, muéstramela.-Kamijo al escuchar aquello de los labios de su pareja abrió los ojos y tragó saliva.

-Por supuesto.-me gustaba hundir en ese estado de nervios a cualquiera, sobretodo a extraños y a Phoenix. En menos de cinco minutos me tenía en el salón con el cd y Kamijo se ruborizó hasta límites extremos.

-Vaya, si que tengo modelo para los próximos trapitos.-rió leve en dirección a su pareja y este me fulminó con la mirada.

-Lo siento Kamijo, pero yo fui quien le habló de ti.-murmuró Uta con una de sus tímidas sonrisas.-Me pareces excelente, tanto como Mana.-se sonrojó.-A quien conozco y admiro profundamente.-nada más decir eso tenía a dos locas, que no locos, arrojándose sobre él para que contara cómo era en la intimidad.

Phoenix y Jasmine se comportaban como muchachas adolescentes al borde de un ataque de nervios y de lujuria al conocer un poco más del afamado guitarrista, además de modelo y modista. Pensé que lo rompían cuando Toll los empujó y lo abrazó posesivamente.

-¡Ya basta! No sólo lo conoce él, tenemos ciertos contactos y vosotros le vais a dañar.-a veces más que hermano parecía su padre, le intentaba apartar de cualquier mal aunque fuera inexistente.

-¡A penas nos ha dicho nada!-dijo Phoenix frustrado mientras lo agarraba por la cintura.

-¿Tú no estabas enfermo?-susurré en su nuca y se sonrojó ante su arranque de vitalidad, pero también por comportarse de esa forma.

-Creo que deberíamos marcharnos Jasmine.-noté como lo trataba, parecía tener miedo de romperlo por como lo agarraba por la cintura y dirigía su atención hacia él palpando su rostro con delicadeza extrema.

-Podríais quedaros a tomar café.-comenté con una sonrisa amable, pues ya que había de sobra ¿por qué no?

-Vendremos más tarde, antes tenemos que comer.-sonrió observando a Kamijo y no comprendí, era demasiado tarde para un almuerzo.

Pero tras insistir unos minutos Phoenix me aclaró, Jasmine era una especie de ninfómano posesivo que deseaba hacer adelgazar aún más a su amante. Me hizo reír con aquellas palabras y al volver a la sala seguimos tomando el café. Conversábamos sobre todo y nada, pero pronto volvió Jasmine para encerrarse con Phoenix en la habitación. Sin embargo vino a hacerme una oferta que no podía rechazar. Estaba fumando en el salón con mis compañeros y él apareció radiante vestido como una hermosa nipona.

-¿Qué tal?-preguntó sonriendo para dejar embobado a Imai.

-Bastante bien.-emitió mi amigo Imai, mirándolo desde el tocado a los pies descubiertos que se dejaban ver por el borde de la tela. No era el único, todos lo hacíamos.

-Eso es bueno muchachos.-dijo sacando del obi un pendrive.-Atsushi.-canturreó caminando coqueto hasta donde estaba y pestañeó.-¿Cuánto me das por quinientas imágenes de tu querido prometido en ropa femenina?-eran fotografías que había usado en sus catálogos de la tienda y también por puro placer.

-Dos mil euros.-respondí sabiendo que era una locura, pero quería verlas.

-Son de altísima calidad, no te vas a arrepentir.-me moví por la habitación hacia uno de los cajones del mueble que estaba decorado con motivos de nuestro país. Saqué un talonario de cheques e imprimí la cifra.

-Te iba a pedir más, pero es una buena oferta.-murmuró atrapando el papel del cheque riendo, dándome el pendrive y marchándose corriendo hacia la segunda planta.

-Quiero ver esas fotos.-sentenció Hidehiko y los demás asintieron.

-Acompañadme a mi despacho, las veremos en mi portátil.-me giré y eché a correr al igual que Jasmine, los demás me secundaron comportándose también de forma inmadura.

No me importaba que vieran esas fotos, iba a restregarles a todos mi amante. Así que me senté en el cómodo sillón y los demás a mí alrededor. Parecíamos puros adolescentes que ojeábamos por una mirilla en el vestuario de las chicas. Es más, lo había hecho con Hidehiko e Imai cuando tenía a penas diecisiete.

-Dios.-jadeó Toll.-¿Ese es tu chico?-afiló la mirada.

-Sí, son sus piernas con esa falda de uniforme de instituto.-babeaba y no era único.

-¡Agranda esa!-insistió Imai señalando la del vestido de lolita.

-Me está entrando calor y es un hombre.-atestiguó Hidehiko.

-Yo sé elegir, Hidehiko.-comenté agarrándolo por el cuello de su camisa.-Si te veo mirándole así el trasero en vivo, a Phoenix, te arranco los testículos y con la piel del escroto me hago una cartera.-al decir aquello todos reímos y seguimos mirando las fotografías. En realidad, no todos estábamos de buen humor, Uta sabía mi comportamiento y mi excitación, se había dado cuenta del leve bulto de mi entrepierna.

-Me tengo que marchar.-dijo a punto de romper a llorar.

-Pues vete.-respondió Toll entretenido como todos con las imágenes.

Ahí se rompió el encanto de las fotos al irse llorando y corriendo de forma torpe.

-Voy a hablar con él.-comentó su hermano y yo lo agarré del brazo.

-Iré yo.-saqué el pendrive del ordenador y lo guardé en uno de mis cajones bajo llave.

-No tienes porqué ir.-me dijo antes de ponerme en su búsqueda.

-Creo que es mi culpa, déjame hablar con él.-salí de la habitación y ellos junto a mí, salvo que nos dividimos en las escaleras.

A mi habitación no había ido, Phoenix lo usaba como zona de guerra y cambio de Kimonos para ir al jardín y permitir que el objetivo del fotógrafo lo capturara. En la habitación de Jun no iba a ponerse a llorar para despertar al pequeño. La biblioteca estaba cerrada con llave porque andaba en la casa nuestro perro, para que no molestara al hacer fotografías. Por ello fui a la habitación que le había otorgado y allí estaba sobre la cama llorando. Cerré la puerta tras entrar y apoyé mi espalda en ella.

-Uta.-susurré.-¿Qué sucede?-me hice el inocente para no tacharlo de celoso sin motivos.

-Él lo ves con ojos distintos como me mirabas a mí, lo miras como un muñeco perfecto que deseas tener sólo tú y entregarte a él por siempre. Duele.-su voz estaba agitada por culpa del llanto y algo entrecortada.

-Es mi pareja, es normal que lo mire de esa forma.-se levantó de la cama al escuchar eso y se colgó de mi cuello para besarme.

Sus labios volvieron a estar pegados a los míos y por un leve segundo lo agarré de las nalgas, pero terminé apartándolo y mirándolo con cierta furia.

-Te amo, te quiero, te necesito y sigo con mi promesa en pie.-sus ojos estaban desesperados porque le otorgara un poco de paz con una falsa ilusión.

-Te quiero, yo también te quiero, y sabes que te querré siempre pero no es de la misma forma e intensidad como tú lo haces conmigo.-sus ojos brillaron ilusos hasta que el resto de la frase lo golpeó con rabia.

-Soy un idiota.-murmuró.-No puedo verte feliz con él, prefería oírte amargado con aquella víbora.-las lágrimas le daban un toque de niño perdido, esos rasgos y esa voz leve que ocultaba dolor además de desasosiego.

-Uta.-susurré y se apartó ocultándose tras las mantas de la cama.

A la salida de la habitación me topé con su hermano y con toda la tropa. Los dejé pasar para ver si conseguían hacerle entender y seguir con la celebración. Bajé por las escalera y vi como Phoenix parecía más pálido de lo habitual, estaba a punto de desplomarse y antes de que lo hiciera lo agarré yo por la cintura.

-Gatito.-susurré cargándolo en brazos y nos tomaron una fotografía extra.

No dije nada más, tan sólo me lo llevé al salón para recostarlo en el sofá. Jasmine nos siguió sin entender nada y mi pareja simplemente estaba helado tiritando. Imai era el único que no estaba con el resto, me ayudó a colocar un cojín bajo su cabeza y se marchó al jardín para jugar con el perro una vez más.

-¿Qué sucede?-preguntó intranquilo.-¿Qué tiene Phoenix?-susurró y entendí que él desconocía la verdad.

-Díselo mientras busco tus medicamentos.-dije molesto porque era un inconsciente ya que debían de saberlo todos los que trataban con él, simplemente por una emergencia.

Su testarudez le hacía no desear quedar como un débil, como un enfermo que no vale para nada y que debe desecharse. No quería lágrimas y que se compadecieran, deseaba que le vieran con la misma vitalidad. Fui a nuestra habitación y tomé el frasco de pastillas que me recetaron para recaídas fuertes, además de un protector de estómago, cuando bajé estaban conversando y Jasmine lloraba. Entré en la cocina y tomé un brick de zumo de esos de paquete individual. Regresé al salón y me senté a su lado acariciando su rostro mientras tomaba las medicinas.

-¿Desde cuando lo sabes?-preguntó mirándome alarmado.

No hay comentarios:

Gracias por su lectura

Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt