Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

viernes, 28 de octubre de 2011

Tears for you - Capítulo 12+1 - El baile de los malditos (parte II)



Para que imaginen a Daichi... junto a su voz y su aspecto... Selia sería lo mejor para sus ojos.


En él salón se encontraba un hermoso ángel vestido con una toga y unas alas plegadas muy reales, su aspecto dulce y calmado parecía una visión del paraíso. Allí parado junto al piano de Kamijo acariciando el instrumento algo sonrojado, y con los ojos muy atento a las teclas, me hizo sonreír. Lionel Landon estaba entre nosotros. Junto a él había uno de los nuevos hombres de Kamijo. Bebía atento observando a la rubia aparición, lo hacía vestido de samurai lleno de heridas falsas y katana enfundada.

Frente a todos, justo delante de la chimenea, se encontraba el señor Sakurai junto al padre de Yuki. Sakurai vestía como Gomez de los Adams, el bigote francamente no le sentaba bien. El padre de Yuki tenía la ropa de un célebre sombrerero, el de Alicia en el País de las Maravillas, y entre ambos creaban juegos de cartas y pañuelos que hacía reír a los pequeños.

“¿Crees en el amor?
Entonces crees en la magia.
¿Crees en la ternura?
Entonces creerás mis trucos.
Ven, deja que te muestre este mundo.
La magia está en todas partes,
sólo tienes que saber mirar.
¿Crees en el amor?
Entonces crees en mí.
¿Crees e la ternura?
Entonces te besaré en la frente.”

Soma Uchida estaba allí, vestido como en los setenta estilo Dios del Glam. Su hijo estaba sentado sobre sus piernas, observando atentamente a los magos de la noche. El resto de críos se encontraban en la alfombra comiendo patatas. Mi pequeña Anne se sentía bien entre ellos, como si siempre hubiera conocido a todos y sin importarle que fueran realmente desconocidos.

Spider y Sho, mis queridos sobrinos, contaban los caramelos que seguro que Spider había conseguido de camino a la fiesta. Spider vestía con traje de época, muy pálido, y asemejaba así a un fantasma. Sho sin embargo vestía de rojo radiante, con las gafas que pocas veces usaba y supuse que hacía cosplay. Estaba sentado a espaldas de un joven que no podía ver su rostro, sus cabellos eran demasiado largos, así como las mangas de su ropa. Reía con los comentarios de mis sobrinos. El pequeño Bou con su disfraz de conejo miraba a todos lamiendo una piruleta, mientras Yuki acariciaba una de sus mejillas con una sonrisa de tonto enamorado.

“Dulce inocencia la de los niños,
tan dulce como las golosinas que no comimos.
Dulce inocencia, dulce infancia,
a pesar de cualquier tragedia.
Me llamaste en plena madrugada,
terminamos hablando hasta el alba...
ese que hizo florecer la amarilla flor de la luz solar.
Mariposas alzaron el vuelo hacia Nunca Jamás,
y nosotros creímos que eran azucenas.
Las orugas creaban sueños,
mientras nos producían cosquillas.
Dulce inocencia, dulce como la miel.
Dulce inconsciencia, dulce ayer.”

Al piano estaba Kamijo, Arthur estaba sentado a su lado apoyado en su hombro. Contemplaba como mi hermano movía sus dedos explicándole alguna pieza que tocaría. Ambos sonreían de forma que me resultaba fascinante, se hablaban más con la mirada que con las palabras y esas sonrisas eran la guinda.

-Lamento haber tardado de regresar del aseo.-comentó una voz que no reconocí en un primer instante, pero al girarme mis ojos se abrieron enormemente.

Dorian Lambert destrozó la vida de muchas personas, entre ellos la del esposo del líder de uno de los clanes más extendidos en Japón y China. Había oído de la muerte de este junto al ex-amante de Sho, y el cuñado de Dorian. Aquel hombre era capaz de cualquier cosa por ambición.

La persona que estaba tras mis espaldas era Hisashi Daichi, hijo sanguíneo de Hisashi Kiyoharu, y casado con Hisashi Imai, hijo adoptivo de su padre. Todos conocíamos a Daichi con su nombre en clave, D. Era un hombre cuyo sexo siempre estaba en duda. Los tres hijos que había logrado adoptar y tener de Imai estaban allí. El más pequeño, Daisuke, descansaba en sus brazos aferrado al escote del vestido de su padre. Ryutaro, el mayor de los tres, estaba aferrado al vestido del disfraz, su hermana Sakura, hija de Imai y una prostituta, me miraba sin perder ni un sólo detalle. Iban vestido de Morticia, Miércoles y Pugsley. Parecían ir a juego con el señor Sakurai.

“Sensualidad, pura explosión de erotismo.
Ojos grandes y rasgados, de almendra afrodisíaca.
Labios que enmarcan sonrisas que ocultan lágrimas.
Me llamas con un parpadeo, me alejas con una risotada.
¿Qué eres? ¿Ángel o Demonio? ¿De dónde provienes?
Dame un poco de tu amor, será la poción perfecta.
Quiero amarte un poco, sólo un poco... hasta los huesos.”

-Id con el resto.-escuché su voz cálida y sensual, como la de un ángel de un paraíso extraño.

Poseía pechos, pero sabía bien que era hombre. Uno de esos seres nacidos con el bautismo de lo androgino y la sensualidad. Explotaba esas dos caras, a pesar que parecía odiarlas en ocasiones. Su espíritu salvaje siempre fue conocido, sobretodo por su gran apego a las grandes fieras y animales en libertad. Poseía una clínica veterinaria, por puro amor, de la cual tenía pocos ingresos porque atendía gratuitamente a todo animal que caía en sus manos.

-No sabía que estabas aquí.-dije serio contemplándolo.-¿Has hecho planes con mi hermano?

-Ahora somos amigos.-respondió.-He dado todos los territorios que aún poseía para tu hermano, sólo quiero que haga pagar por la muerte de mi esposo.-comentó sonriendo leve al notar que sus hijos estaban fuera del alcance de esas palabras.-Vengo de una fiesta infantil con Atsushi, hemos estado en el centro donde estuvo Nicolas.-hizo un inciso y sonrió de forma más calmada.-Ya sabe, el hijo de Lionel.

-Espero que no trame nada.-comentó mi esposo tomándome por los hombros.-Vamos dentro.

Aún poseía a la pequeña en mis brazos, calmada y dulce. Él tenía a su hijo dormido con un pequeño disfraz diseñado para la ocasión. La mantilla estaba hecha jirones a propósito y era negra. Comparando ambos niños eran la luz y la noche, o tal vez ella era la luna y él el cielo nocturno.

-Yoshiki.-dijo justo cuando me giraba.-Siempre te he admirado, así como admiro a tu sobrino.-se aproximó a mí para besar mi mejilla.-Buenas noches gigante, espero que te portes bien y no provoques que te eche a los leones.-canturreó antes de sentarse en el sofá junto a Soma.

-¿Por qué nunca tenemos una reunión normal?-preguntó mi esposo siseando mientras me abrazaba.-Quimeras, locos, borrachos y niños llenos de azúcar.

-Pero nuestra hija es feliz.-respondí escuchando su risa, viéndola abrazada a Nicolas y después a Jun.

Los niños debían ser niños, lejos de las historias tétricas de los adultos. Muchos de aquellos pequeños habían tenido vidas duras desde antes de nacer. La pequeña Sakura tenía una sonrisa de muñeca de porcelana, jugaba apartada con una golosina. Sho de inmediato la tomó entre sus brazos, para que de esa forma no se viera apartada.

Tenía informes extensos de esa familia. Era como si los conociera de toda la vida, como si hubiera estado presente en cada reunión familiar o cena. Podía decir que Daichi sonreía para olvidar las lágrimas que deseaba dejar correr. Había tenido que sufrir el desprecio de su padre, las burlas de todo aquel que se paraba frente a él, y por último un amor imposible que cuando fue recompensado se evaporó.

-¿Qué ocurre?-murmuró Kurou mientras me acariciaba el cabello.-Algo ocurre.

-Yo no habría sobrevivido treinta años de ese modo.-balbuceé antes de girarme para acariciar su rostro con una de mis manos, mientras aún sujetaba a la pequeña.-Me hubiera vuelto loco amarte en silencio treinta años.-él se sonrojó inclinándose para besar mis labios de forma suave.

-Te amo.-dijo de forma dulce y sincera.

“No te apartes de mí,
tengo miedo.
No me alejes de mí,
quiero besarte.
Dame uno de esos besos,
de los que te dejan sin aire.
Abrázame todo el tiempo,
como si nos despidiéramos.
No te apartes, no te alejes.”

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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt