Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

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martes, 2 de febrero de 2016

No muerdas la mano que te da de comer

Imagen encontrada en google y editada por mí para la ocasión. 
Nuevamente viene a mí, en mitad de la madrugada, la inspiración. He decidido acompañar el escrito con una canción que siempre me ha acompañado... me parece erótica y explícita... toda una carta de intenciones.



El azotó el látigo contra el suelo, provocando que la madera crujiera bajo la presión. El siseo rompió el aire con gran impacto e hizo que el muchacho abriera sus adormilados ojos. Tenía el cuerpo marcado por caricias frívolas, pero tortuosas. Cada marca era una medalla, o al menos así debía lucirlas, por su gran actuación. Su alma tembló cuando un nuevo latigazo sonó cerca de su cuerpo, rozando una de sus larguiruchas piernas. Era nieve cubierta de surcos rojizos, como si hermosas flores carmesí brotaran buscando la libertad de llorar sus miserias.

Deseó gritar, pero el miedo le paralizaba. Sintió la garganta seca, adolorida por los anteriores gritos y gemidos, mientras comprobaba que aquel hombre perfectamente vestido, con uno de esos trajes elegantes a medida, se aproximaba. Tragó saliva y apretó los dientes cuando estiró su mano izquierda, para levantar su rostro apretando con sus dedos, gruesos aunque suaves, su mentón. Aquel monstruo era hermoso y él se había convertido en su juguete favorito.

El dedo pulgar de aquel perverso amante acarició la comisura de sus labios, los deslizó por estos y lo introdujo en su boca abriendo la mandíbula. Palmó sus dientes, algo pequeños y blancos, y lo coló hasta su lengua para acariciarla sutilmente. Él lo miró con curiosidad y miedo, y la respuesta de su dueño fue escupir en su rostro, delgado y marcado por la sospecha del inicio de un nuevo juego aún más perverso, y arrojarlo de un sólo golpe al suelo.

El sonido de la cremallera hizo que intentase incorporarse para huir a un rincón, como si eso pudiese liberarlo de aquel agujero oscuro, con hedor a sudor y sangre, cuya única luz era una bombilla que tintineaba y se movía como el camarote de un barco. Estaba asustado, como un animal herido y perdido lejos de su hábitat.

Una honda carcajada surgió de los finos, aunque atractivos, labios de su torturador. El miembro surgió de entre su ropa interior y pantalones. Apareció con su glande grueso y rosáceo, con su cuerpo hinchado y marcado por sus numerosas venas. Recordó el sabor de su semen, espeso y cálido, recorriendo su garganta. Igual que pudo rememorar el momento en el que otros hombres, que lo acompañó la noche anterior, eyacularon sobre él y en su temblorosa boca.

Se acercó a él con rapidez, sin darle tiempo a nada, para acabar de rodillas con el cabello entre los dedos de la mano izquierda de esa mala bestia. El látigo se alzó y comenzó a sentirlo por sus glúteos, hombros, espalda, torso y piernas. Después notó el mango acariciando los pómulos, deslizándose con cuidado como si fuese una sutil caricia, para luego introducirlo entre sus labios. Hizo que lo succionara como si fuese su propio miembro, que deslizara su lengua y se imaginase aquella piel húmeda, caliente y sabor salado.

Comprendió entonces que era adicto y quería ser su mascota, su juguete, su puta y, por supuesto, el elegido para sus sueños de dominio y castigo. Lo hizo mientras apartaba el mango del látigo e introducía su miembro. El muchacho de inmediato se aferró a los pantalones, pero el látigo golpeó sus dedos. Sus ojos se llenaron de lágrimas, sintió que se asfixiaba y que sus labios rozaban prácticamente su vientre. El sonido de los testículos golpeando su mandíbula era placentero y sintió como su miembro se erguía.

En mitad de aquel éxtasis, casi religioso, sintió la explosión de aquella esencia masculina que tanto le satisfacía. Bebió sediento tragando hasta la última gota, lamió el glande y apartó los restos de aquella tortuosa arma de placer. Su amo no esperó a que él acabase, ni siquiera lo tocó, sino que lo tiró al suelo y se apartó.


Las suelas de los mocasines oscuros, pulcros y cuidados, sonaron por las quejumbrosas maderas, la luz se apagó y el se tocó pensando a un nuevo juego. Un juego que alimentara más sus más bajos instintos. Se había convertido en un adicto de aquel sexo bárbaro y ni siquiera conocía el nombre del hombre que podía calificar como su amo, su Alfa y Omega.  

lunes, 19 de septiembre de 2011

Tears for you - Capítulo 4 - Un día cualquiera (Parte IV)



Esta canción tiene un hermoso significado y creo que era idónea para esta ocasión.
Amo la voz de Atsushi Sakurai, es una de esas voces enigmáticas que te atrapan y no te sueltan jamás. Estoy enamorado de él, como artista. Tiene un talento inmenso, así como toda la banda. Son seres dotados de una magia que creí muerta en estos días, que sólo era parte de los viejos 80. Ellos vienen de esa época, pero lejos de lo ocurrido a muchas bandas de su época... siguen fieles a su estilo que es reinventarse constantemente con una hermosa visión, como si fueran sueños o milagros de ángeles poderosos y demonios seducidos por estos.
Les recomiendo la banda una vez más y sobretodo... atentos a la letra.


Recordé gracias a sus palabras un viejo refrán sobre la esperanza y que jamás se perdía. Suspiré pesado intentando encontrar la frase adecuada, pero no encontraba nada. Me quedé mirando la vidriera de aquella habitación. Mis ojos se quedaron fijos en sus colores, en la forma de cada cristal y en la hermosa bailarina de ballet sobre nubes, las cuales parecían de algodón, que formaban como un hermoso puzzle.

-Nunca se pierde la esperanza.-susurré antes de mirarle y sonreír leve.-Espero que así sea.

-No lo esperas, sólo intentas ser amable y yo no te he pedido eso.-respondió confuso, no sabía si molestarse o agradecer que tuviera cierto tacto con él.

-¿Cómo es ella?-pregunté.-No sigo mucho las noticias de la prensa rosa, no me gusta ese tipo de revistas. Sé que suelen salir incluso políticos con sus amantes, aún más artistas de tu nivel y carisma.-dije intentando indagar algún recuerdo feliz, tal vez porque mi mente también quería dejar a un lado las esperanzas y centrarse en recuerdos.

-Fuimos perseguidos en más de una ocasión, pero pude mantenerla oculta de todos. No quería escándalos ni que ella se sintiera asfixiada.-buscaba de nuevo por su chaqueta como hacía días atrás, sacó una foto de ella y me la tendió.

Era una fotografía pequeña, pero el rostro de la mujer que allí aparecía era de porcelana. Sus labios estaban delineados con una sonrisa pretenciosa, tal vez muchos la verían de vulgar deseo de poder frustrado, sus ojos eran dos enormes orbes azules con pobladas y largas pestañas. Los cabellos ondulados, casi de tirabuzón, caían de forma elegante sobre sus hombros, rozando su cuello y sus mejillas con sutileza. Los pómulos estaban algo marcados, su mentón levemente angular y parecía llevar poco maquillaje. La única joya que se veía era un pendiente y el pequeño collar de perlas blancas que adornaban su largo cuello.

-Sin duda es hermosa.-dije a pesar que no era mi tipo, las mujeres que habían frecuentado mi cama eran de belleza más cercana a lo salvaje y natural.

Mis viejas amantes habían sido cultas y refinadas, pero sin olvidar su espíritu de amazona. Los largos y sedosos cabellos negros o rojos me seducían, aún hoy cuando recuerdo las largas cabelleras onduladas o lisas de mis mujeres. Ellas siguen siendo mías porque yo sigo siendo en parte suyo, de sus recuerdos. Sus curvas tentadoras, así como sus miradas de diosas salvajes, me producían confusión y deseo de domarlas con besos ahogados. Sonreí recordando a más de una, pero ninguna rubia y mucho menos con esa sonrisa tan pérfida.

Él se había enamorado de una gorgona con hermosos ojos y piel de apariencia suave. Una loca que cayó en sus locuras. Yo me enamoraba de mujeres con carácter, pero con pura inocencia en sus palabras y poses. Preciosas guerreras buscando la calidez de la paz de una caricia.

-¿Has estado con mujeres?-preguntó sacándome de mis pensamientos y una buena carcajada.

-¿Cuál crees que es mi sexualidad?-dije pestañeando con cierta coquetería.-Adivínala.

-Creo que sólo te gustan los hombres.-eso hizo que riera aún más alto y fuerte.

-¡Por favor! Las mujeres son muy atractivas como para tenerlas sólo de amigas o enemigas. Ellas son el fruto de este mundo, la flor en el estercolero. Hay algunas que jamás debieron existir, pero otras hacen que la existencia en este lugar sea deseable.-su rostro se quedó serio.-He tenido como a unas veinte mujeres en mis brazos, pero ninguna rubia. No suelen atraerme las chicas rubias, a pesar que me encanta ese color en mis cabellos.

-¿Y cómo te atraen?-preguntó con cierta curiosidad.

-Hermosas mujeres de cabello oscuro o pelirrojo, con pasión en su alma pero pura inocencia en el amor. Me gustan que sean como la poesía, libres y atractivas. Sin embargo, adoro que se dejen enamorar con caricias, besos a escondidas y palabra sutiles.-dije apagando la colilla de mi cigarrillo, estaba a punto de apagarse y prácticamente ni había dado más de tres caladas.

-¿Y tú? ¿Las amaste?-fue una excelente pregunta que me dejó pensando.

-Me temo que no, a pesar que intenté amarlas yo había dado mi corazón a otra persona. Primero fue Kamijo, después ha sido Kurou. Quería amar a una mujer, tener hijos y ser un hombre común. Si bien, soy un yakuza con un esposo de casi dos metros y pasivo en la cama.-hizo una leve muestra de asombro.-¿Creías que era pasivo?

-Tu apariencia es delicada.-susurró.-Y yo me llamo escritor, no soy capaz de encontrar la verdad que ocultas.

-Ah, es eso.-canturreé.-No soy fácil de descifrar, soy un ser perverso con un encantador aspecto. Te diré que soy muy parecido a mi hermano, tenemos un lado oculto que no se puede contemplar.

-Todos tenemos cosas ocultas, todos tenemos esos pasadizos hacia realidades que alterarían la apariencia que queremos dar. Sin embargo, eres dulce y no es porque lo pretendas mostrar, sino porque lo eres. Pensé que esa dulzura te haría ser más cohibido en la cama.-sacó otro cigarrillo y yo hice lo mismo.

-Soy rudo y violento, pero no puedo dejar de tener sentimientos agradables hacia la persona que amo o hacia mi familia.

Noté entonces que se giraba el pomo y la puerta cedía. Iba a protestar pidiendo explicaciones por interrumpirnos, pero me quedé callado al ver su impecable figura. Mis ojos se clavaron en los suyos, creo que Wilde también estaba sorprendido como yo de su inesperada visita. Él no sabía que nos habíamos reunido, y por supuesto nada más escuchar la segunda voz me di cuenta que no venía solo.

-¿Qué hacéis aquí?-preguntó imperturbable, como si aquello fuera de lo más normal.

-Queríamos hablar, ya sabes que nos reunimos últimamente, y en casa con Kurou es imposible.-respondí notando la mano del joven tomándolo por la cadera, pegándolo a él.-Veo que no me equivoqué de pensar que esto era tu picadero.

-¡Oh!-soltó en un bufido aunque sus mejillas estaban algo sonrojadas.-Yoshiki, no deberías pensar en mi vida sexual.

-¿Quién es?-escuché al muchacho susurrar con cierta timidez.

-Veo que estás llevando bien la muerte de Rose.-dije cruzando mis piernas mirándole cual demonio soberbio en su trono, si bien era sólo una pose para intimidarlo y ponerlo nervioso cual jovencito regañado.

-No pretendo seguir anclado en el dolor de un amor perdido de forma trágica, los recuerdo no harán que me sienta menos solo en la cama y que el frío de este otoño no cale mis huesos. Los recuerdos se queman y quedan fantasmas de ellos, nada más.-susurró sereno, muy a mi pesar, y con una actitud estoica. Su amante estaba allí, debí pensar que mis juegos no surtirían efecto.

-Ojala yo tuviera tu entereza.-dijo Wilde.-Pero la perdí hace tiempo, creo que tal vez no la vuelva a encontrar y me tenga que resignar a intentar cicatrizar viejas heridas.

-Lamiéndote como un gato herido sobre el tejado, como si sólo vinieras al mundo para eso. Por favor, por favor...-siseé molesto.-Se nota que desconoces el termino de “pasar página” más allá de los libros.

-Como sea.-intervino mi hermano.-¿Vais a estar mucho tiempo aquí?

-No, ya nos marchamos.-me levanté acomodando mi gabán y miré a Wilde.-Ha sido un placer conocer un poco de ti, suerte y nos vemos cuando podamos ambos.-di unos cuantos pasos hasta la puerta, tanto mi hermano como su amante se echaron a un lado.-Suerte para ti también.-susurré antes de plantar un leve beso sobre sus labios.-Demuéstrale quien manda tigretón.-le guiñé y eché a caminar sin esperar reacción de Wilde o de mi hermano, sólo quería salir de allí para poder carcajearme libremente.

jueves, 1 de septiembre de 2011

Comentario del autor


Hoy llueve. Llueve como hacía meses que no lo hacía. Parece que el mundo ha conocido mi felicidad, que me ha querido regalar un momento feliz. Amo la lluvia, la amo de forma intensa. Después de un pequeño encuentro en una coqueta cafetería, de unas sonrisas seductoras, y de palabras que no tengo porque repetir aquí... he caminado bajo la lluvia, he corrido bajo esta, y finalmente he conducido mi coche escuchando una de mis canciones favoritas. He disfrutado esta mañana como si fuera la última con un delicioso sabor a besos y café.

Muchos de mis lectores no lo saben, otros lo intuen y muy pocos asentiran a mis palabras: La lluvia me inspira. Quienes han conversado cinco minutos conmigo seguro que se ha percatado de mi sonrisa cuando hablo de la lluvia, de lo inspirado que me siento y lo deseoso que estoy de sentir el frío y crudo invierno.

He tenido nuevas ideas para historias, también para textos, que no veran aquí sino en mis otros blog's. Sacaré de mí lo mejor y lo peor, algunos creen que sólo saco lo peor y que debería callarme... señores... que os jodan.

Yo escribo para mí, por mis propios intereses de libertad. Si me quieres leer bien, si me quieres leer pues bien también. Somos libres de leer y pensar, de soñar y vivir. Así que sean felices, sean libres... actuen bajo sus principios.

La fotografía de hoy es una mezcla de dos distintas. Una es mía, otra es de Atsushi. Meses antes que se publicara la fotografía que ven de Atsushi Sakurai me saqué esa, las mezclé y me gustó el resultado. Lo mío no es maquillaje, es un juego de luces que hice con el lugar donde me tomé la instantánea.

Ha terminado el verano, volverán las prisas, los paraguas, los niños llorando frente a las guarderías, los empujones para salir al recreo, las madres ocupando las aceras sin dejar pasar al resto, la vida de cafelito caliente y churros en los bares, los chismorreos en la cola del pan, las palabras de "hace un frío de cojones" y la ropa de abrigo. Vuelve el otoño, vuelve a nosotros, poco a poco y ya se nota. ¡VUELVE LA LLUVIA!

Feliz Septiembre a todos, incluso a los que tienen recuperaciones pendientes. Espero que los exámenes les vaya bien, así como aquellos que empiezan el trabajo. A pesar del mal tiempo por regresar a la rutina, que a veces no lo es tanto, debemos poner buena cara.




Esta es mi canción señores... dancen en lo indecente y en la libertad que la indecencia provoca.

¡SOY FELIZ!

Pd: un saludo especial para Kiseki, Athenea, Rokio y ma Louise

martes, 28 de junio de 2011

Dark City - Capitulo 20 - Lluvia de Sangre ( IV )




Se quedó dormida y yo me quedé allí, casi a oscuras. No quería moverme por no despertarla, temía que volviera a llorar. Y cuando sentí su sueño profundo entonces me derrumbé. Lloré molesto y aterrado. Molesto conmigo y aterrado por todo lo que habíamos vivido. Mis miedos aumentaron desde aquel día.

Los siguientes días fueron tensos. Yo no sabía como comportarme. Al contemplarla veía a ese imbécil acariciándola, abrazándola y besándola mientras ella lloraba. No hice nada, tan sólo esperar como me pidieron y aún así aunque hubiera hecho algo no habría servido. Era un inútil. Me prometí cuidarla y sólo permití que se vengaran de mí, aunque no sabía porqué debía entrar yo en los juegos de Sakine.

Pensé en las posibilidades, en todas. Y la única factible y posible me hirvió la sangre. Sentía como todas mis venas eran una cocina calentada por el fuego de la ira. Imai Hisashi lo había vuelto hacer, había entrado en mi vida para destrozarla por puro capricho. Me pidieron dejarlo por la paz, pero luego había ayudado a su amigo Dorian a destrozar a la única persona que había logrado descongelar mi corazón.

Habían pasado tres días, tomábamos un café a media mañana y Jun estaba en la guardería. Yo simplemente estaba con la mirada perdida en el portátil que acababa de comprar hacía semanas, era uno de esos que traen de todo y que alguien practicamente inexperto en sistemas operativos lo ve como un reto.

-¿Qué haces?-preguntó ella levantándose para abrazarme por detrás y poder curiosear.

-Miro los comentarios de mis fans, pronto es mi cumpleaños y parece que quieren festejarlo en mi nombre.-sonreí leve aunque deseaba destrozar a Hisashi, lo tenía metido en la mente y no se iba.

-¿Cuántos?-dijo con los ojos fijos en la pantalla.

-¿Fans? ¿Años?-murmuré jugueteando con el dedo sobre la placa táctil del ratón.

-Años.

-Déjame pensar.-dije girándome para sentarla en mis piernas.-¿Cuántos crees?-pregunté antes de besar su mejilla.-Déjalo, no adivines que tal vez me hieres el ego.-comenté acariciando su rostro con mis manos.-Cuarenta y cinco años.

Ella empezó a reír y me abrazó, para luego besar mi mejilla. No sé, yo terminé riendo con ella cuando podría haberme molestado. Sin embargo, su risa siempre fue contagiosa y no dudé en acompañarla.

-No parece.-dijo frunciendo el ceño.-No lo pareces.

-¿Unos años menos?-pregunté y ella asintió.-Así no me sentiré tan mal por tener a una chica de poco más de veinte años abrazándome.

-Mujer.-respondió señalándose.

-No, niña. Aún eres una niña, eres preciosa como mujer pero tu dulzura te convierte en una niña. Déjame que te cuide Beauty, déjame que haga que los demonios desaparezcan.-la tomé del rostro colocándola sobre mis piernas.-Por favor, por favor quédate a mi lado y permite que te ame. Permite que mi amor te abrace y te cuide, aunque tú no me correspondas. Sé que es casi imposible que me permitas adorarte, que puede resultar extraño... pero no tienes a nadie aquí y mi familia más cercana es mi hijo pequeño. Estoy tan sólo y perdido como tú, creo que el destino nos puso en el mismo cruce del camino es por algo. Beauty, tú para mí eres importante. Sé que tal vez no creas lo que digo, lo sé.-rocé sus labios con los míos, tan sólo un roce por miedo a su rechazo.

Mis brazos rodearon su cuerpo y ella empezó a llorar, al igual que yo. Yo lloraba porque los sentimientos me ahogaban, me hacían sentir estúpido. Parecía rogarle a Dios un milagro cuando él ya no escucha plegarias, y mucho menos de demonios enjaulados en cuerpos de hombre. Ella tal vez lloraba porque deseaba creer y no podía. Su pasado le impedía creerme, porque tal vez habría escuchado palabras parecidas una y otra vez... para luego ser tan falsas como las lágrimas de un actor en escena.

-Yo.-susurró.-intentaré quedarme.

-Y yo te lo agradezco.-murmuré mirándola con lágrimas en los ojos, observando en los suyos otras tantas.

Sequé su rostro con mis manos, las dejé en sus mejillas y sonreí agradecido. Era tan frágil en ese momento, delicada y hermosa a la vez. Tal vez su delicadeza la hacía hermosa o quizás su belleza hacía que se viera delicada. Sea como fuese... su nombre describía perfectamente qué era... una belleza, una belleza rusa.

martes, 3 de mayo de 2011

Reporte del autor.

Sólo deseaba mostrar algo que tengo en mi poder, no es la revista completa pero sí unas imágenes por las cuales vale los 16 €. Posee imágenes de conciertos y reportes de grupos como D, Sug, Plastic Tree... etc... Pero sobretodo las siguientes :




Sólo muestro la de Atsushi, porque la de Imai al subirla sale extraña y no sé porqué...

jueves, 12 de agosto de 2010

Dark City - Capitulo 18 - Camino vital XXI

Señores se nos están derritiendo las neuronas a un paso acelerado. Aquí no hay quien respire, por lo tanto no estoy muy atento a todo lo que es subir a diario... pero ya para cuando termine la ola de calor seguiré como siempre. Hoy no actualizo con una edición prefiero hacerlo con el siguiente video para su disfrute personal, y mío también... es el nuevo pv de B-T

Y esto es para la novia de Alucard :3... Lo siento u.u no me agrada la idea u.u que te diga tu novio lo neurótico que soy XD. También que estoy encantado de saber de ti, que espero que lo estés llevando todo bien (estudios o trabajo, porque ya no sé si estás trabajando o aún estudias... ya que eso no lo he preguntado a tu novio XD) y que también disfrutes de días menos calurosos que nosotros (45 grados... confirmado por varios termómetros de la ciudad)





La ropa que usamos eran camisas simples, salvo la mía que sería con chorreras, y corbatas mal anudadas para ellos. Los pantalones eran de cuero, las botas eran algo altas y muy pesadas para Imai, porque le gustaba mostrar su rabia en escena y qué mejor que una fuerte pisada. Las chaquetas eran de corte moderno, tenían algo de visual kei pero sin propasarse. Me gustó el detalle de mi broche en la solapa, era plateado con formas extrañas creando una calavera.

-¿Y bien?-pregunté cuando estábamos todos para entrar en la zona del estudio donde nos tomarían las fotografías de estudio, luego tendría que ser algo más urbano.-¿Tengo mal gusto?

-Me gusta, me gusta para llevarlo todo a casa.-comentó Imai mirando como lucían sus botas, parecía encantado con lo que había encontrado para él.

-A Max le dará un infarto.-murmuró Yutaka al ver su maquillaje, profundizaba su mirada y su dulzura se evaporaba para mostrar algo de agresividad en sus facciones.

-No es para tanto.-dije dirigiéndome, y dirigiéndolos, hacia donde teníamos que colocarnos.

La sesión de fotos fue intensa. Creo que jamás me hicieron tantas fotografías, ni para el otro álbum ni para el día de mi boda con Clarissa. Recuerdo que eran unas doscientas fotografías que sacaron del enlace de nosotros con los invitados, cortando la tarta y brindando. Si bien, esa sesión era flash tras flash y perdí la cuenta de cuantas veces sentí que mis ojos ardían después de la ráfaga.

Yutaka parecía encantado, se notaba que su pareja era fotógrafo y estaba más que acostumbrado a que le tomaran foto tras foto. Posaba mejor que todos nosotros, la fotógrafa decía que tenía una mirada entre tierna y dura, perfecta para que la cámara le diera su cariño.

El hermano era más rudo, se mostraba en silencio como si estuviera tramando una de las suyas o simplemente empezara con sus amenazas convencionales. El maldito también tenía ese toque de experiencia, Imai parecía orgulloso de él y sin embargo él era un pato cuando le dijeron que tenía que posar normal.

-Yo no sé posar normal, yo tengo mis poses.-respondió y la chica rió bajo.

-¿Cuales? ¿Creés que sabes más que yo?-él simplemente empezó a mirar con furia la cámara y a jugar con el decorado como si fuera un gamberro más, uno de tantos que se pasan la vida en la calle.-Perfecto, tú pon las poses que quieras y yo tomo las fotos.

-Egocéntrico.-murmuró Hidehiko calando su cigarrillo.

-Como todos nosotros.-dije apoyándome en él.-¿Y bien? ¿Has descubierto ya qué hacer para cambiar? ¿O se te pasó esa crisis?

-Se pasó, ahora tengo la crisis de mi mujer. Mi mujer quiere ser madre, lo lleva intentando en secreto años y me lo confesó ayer. Fue al ginecólogo hace unas semanas y al parecer no puede ser madre.-lo dijo serio observando como seguía posando nuestro compañero.-Tal vez adoptemos en unos años, ahora se siente frustrada.

-Comprendo.-susurré aquello sin comprenderlo realmente, pero podía imaginar cómo se debía sentir alguien que deseaba algo con tanto esfuerzo y que no valiera para nada.

La sesión duró casi tres horas, entre cambios de escena, maquillaje nuevamente después que los focos nos hicieran sudar un poco. Salimos a la calle en la furgoneta habilitada para seguir con las imágenes promocionales. Fuimos directamente a un bosque, colocaron todo y empezaron a tomarnos fotografías dejándonos posar como nosotros creyéramos y ellos elegirían las perfectas para el álbum.

Terminamos agotados, con ganas de tomar un refresco y un almuerzo rápido. Después de quitarnos el maquillaje y volver a la ropa normal decidimos comer con los fotógrafos y maquilladores. El almuerzo fue rápido, comida precocinada de un restaurante de comida rápida, o más bien basura.

Cuando llegué a casa quería darme un buen baño y no escuchar a nadie, y al llegar no había nadie. María había limpiado, se notaba el aroma a los productos desinfectantes que ella usaba y había una nota preguntándome si deseaba que llevara un traje al tinte. En la nevera había dos notas pegadas, una era de Seth que decía que no volvería hasta después de la hora de la cena y la otra era de Phoenix. La nota de mi pareja era nada más recordándome que tenía que llevar al pediatra a Jun, que luego irían al parque y por último darse un capricho. El capricho lo sabía bien, seguro que era ir a tomar dulces o helado en una d ellas pastelerías que tenían como favorita tanto Jasmine como él.

Así que lo tuve todo bastante fácil. Llené la bañera, puse esencias, me metí y encendí la radio que teníamos para el baño. Fue relajante escuchar clásicos de los ochenta y setenta, regresar mentalmente a una época que ya no volverá y que me traía recuerdos de todo tipo.

Cuando salí había pasado casi una hora, Phoenix no regresaba y yo terminé por ponerme a jugar con los videojuegos de Seth y Hero. Parecían sencillos, pero no lo eran. Para mí el tetris era un vicio, un gran juego, no comprendía eso de ser espadachín de reinos lejanos con elfos y enanos ayudándome. Creo que me quedé dormido después de intentar jugar a ese nuevo entretenimiento, cuando abrí los ojos todo estaba recogido.


Gracias por su lectura

Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt