Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Tears for you - Capítulo 3 - Lágrimas, pólvora y sangre






Muchos estúpidos piensan que él hizo cover de una canción de Nirvana. Aunque Nirvana fuera un gran grupo... David Bowie era y es más grande que Nirvana. La canción la compuso él.


Capítulo 3

Lágrimas, pólvora y sangre.



Durante dos largos y extenuantes días estuve recuperando mi forma física. Me encontraba aún algo aturdido, sin embargo había retrasado trabajo y eso era imperdonable. Por ello tuve que entrenarme como si no existiera un mañana y ni mucho menos un hoy. Era como si no existiera nada, sólo vacío y los informes llenos de letras inútiles.

Cuando el amanecer anunció que el día había llegado sentí deseos de permanecer en la cama aferrado a Kurou. Él descansaba rodeándome con uno de sus enormes brazos, atrayéndome hacia él. El despertador comenzó a sonar y su cuerpo se estremeció provocando que el mío también lo hiciera. Me aferré a él haciéndome hueco entre su pecho y sus brazos, notando entonces sus labios sobre mi frente y sus manos sobre mis mejillas.

-Good moring darling.-susurró con cierta dulzura y adormecimiento.

-Ohayou gozaimasu.-respondí entre murmullos.-Cinco minutos más.

-No, tenemos muchas cosas que hacer Yosh.-respondió levantándose.-Si quieres quédate aquí mientras me aseo.

-Mejor me aseo contigo y así puedo ver lo bien que lo haces.-dije sonriendo de forma un tanto erótica, cosa que provocó en Kurou un enorme sonrojo.

-Nunca vas a cambiar, nunca.

En menos de una hora estábamos repasando en la biblioteca los últimos pasos a dar. Teníamos que ser precavidos en nuestros movimientos, sobretodo en las reuniones de media mañana. No debíamos levantar sospechas ni darles oportunidad a nuestros contrarios. Sería un trabajo rápido y efectivo, como todos los que hacíamos en pareja.

-¿Estás feliz?-pregunté a mi esposo al verlo cantar bajo una canción infantil.

“Juguemos a las mentiras,
juguemos a que el cielo es verde y los pastos azules.
Juguemos a ver ríos rojos sobre desiertos blancos.
Juguemos, juguemos hasta que los pájaros dejen de cantar.”

-Sí.-respondió tomándome de la mano.-Vamos, ya vamos tarde.

Salimos de nuestro refugio para saludar a un cielo que aún se veía provocadoramente anaranjado. Mi gabán rojo cubría mi camisa negra y mis pantalones de cuero negro. Coloqué mis gafas de sol mientras sonreía fascinado por la agradable brisa fresca que mecía los árboles del jardín. Kurou vestía de negro impoluto, un traje hecho a medida por uno de mis sastres, al igual la gabardina negra que llegaba hasta sus impecables mocasines italianos.

-Iremos a ver a Héctor Fraile.-respondí con una sonrisa algo tétrica.-Un estúpido que nos debe la friolera de 6.000 euros para seguir viviendo un tren de vida que no le pertenece, sólo quiere ese dinero para aparentar. Si bien, el préstamo está sobre la finca de su difunto padre. No creas que es algo interesante, un maldito melonar que nos tendrá que ceder, por las buenas o por las malas.

-Espero que sea por las malas.-dijo abriendo la puerta del vehículo, un Mercedes de alta gama negro y con los cristales tintados.-Me gustan los retos.

-Por eso te enamoraste de mí.-murmuré tomando mi lugar en el asiento de copiloto, dejando que él cerrara la puerta completamente ruborizado, incluso sus orejas estaban rojas.-Gigante adorable.-dije riendo bajo mientras leía por última vez los informes.

Nos pusimos en marcha hacia el hogar de aquel gusano. Parecía un pobre diablo con esa cara extraña, los ojos muy juntos y la fila de dientes superiores eran como los de una piraña. Me dediqué a dibujar sobre sus fotos moscas, barbas de diablo, pecas y verrugas. Kurou conducía con precaución mientras David Bowie creaba un ambiente mágico y provocador.

-The man who sold the world.-dije alzando la vista comenzando a cantar, mientras veía como entraba en el barrio residencial donde ese insecto tenía la suerte de habitar.

Finalizaba la canción mientras Kurou aparcaba. Era como una premonición. Aquel idiota había vendido su mundo a cambio de un par de baratijas. Debía a muchos acreedores, pero a nosotros nos daba demasiadas largas y mentiras que se desmoronaban rápidamente, como naipes por la brisa de un ventilador.

Acomodé mis cabellos y mi gabán, Kurou simplemente se mantenía sereno y caminaba como una sombra hacia la puerta del edificio. Era una enorme torre de hormigón donde ratas como aquellas solía vivir soñando que tenía chalet y propiedades en la riviera italiana.

Entramos sin llamar al telefonillo, simplemente esperamos que alguien saliera del bloque de apartamentos para que nos dejara paso. Subimos con sigilo por la escalera, pues el mecanismo del ascensor podría alertarlo. Conocíamos todos los trucos, eran demasiados años y muchos idiotas en nuestra lista.

Como si fuéramos jovencitas vendiendo galletas pulsamos el timbre de su piso esperando que contestara. Sin embargo, lo único que tuvimos como respuesta es que apagó su televisor. Juraría que rezaba que no le hubiéramos escuchado arrastrarse por el piso y preguntarse cuánto tiempo insistiríamos haciéndole sonar ese “ding dong” cutre que tenía por hilo musical.

-Héctor, abra.-dijo Kurou con su tono de voz más varonil y seco.

-Es por su bien, querido.-susurré agarrándome al brazo de Kurou.-No haga que nos molestemos.

-Aquí no vive ningún Héctor.-sus palabras parecían bailotear por su garganta, o más bien que eran escupidas con un miedo atroz contra la fina puerta de madera.

-Reconocería los murmullos de un insecto tan indeseable como usted entre millones.-respondió mi esposo.-No haga que eche la puerta abajo.

-¡Inténtenlo!-gritó desafiándonos.-¡Llamaré a la policía!

-No le conviene con tantos asuntos turbios que tiene entre sus manos.-dije antes de chasquear mis dedos.-Hazlo Kurou, soy tu superior.

2 comentarios:

Kiseki dijo...

owo La que le va a caer... ¬3¬
Soy yo, o ese Héctor me recuerda a cierta "personita"? XDDD
Ahora a esperar la siguiente parte!
Un abrazo!

Athenea dijo...

Vale, ahora empiezo a entender lo que dijiste de que esta pareja puede llegar a ser cruel con otras personas. Aunque yo no los calificaría de "crueles" en este caso, sino que simplemente tratan de no perder pasta y que sus deudores no se vayan de rositas.

En cuando a "The man who sold the world", me temo que yo formaba parte del grupo de estúpidos que piensan que la canción es de Nirvana XDD. Gracias por sacarme de mi error :)

Gracias por su lectura

Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt