Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

jueves, 15 de septiembre de 2011

Tears for you - Capítulo 3 - Lágrimas, pólvora y sangre (Parte II)


¿Qué puedo decir de esta canción? Es la que deseo en mi funeral.


Un chasqueo de mis dedos significaba que le hiciera un nuevo rostro, y Kurou era obediente. Se abalanzó entonces sobre él tomándolo de su patética camiseta y lo alzó del suelo empujándolo contra la pared de la entrada a la vivienda. Pude escuchar como el golpe le fracturaba algún hueso, cosa que hizo reír como hiena a mi esposo. Yo simplemente me senté a contemplar el maravilloso espectáculo de lágrimas y sangre que me iban a regalar.

-Por favor, por favor.-jadeó intentando incorporarse, pero el puño de Kurou golpeó duramente su rostro rompiéndole la nariz.-¡Ah!-su grito fue terrorífico y yo simplemente sonreí con una dulzura casi angelical.

-¿Nos vas a pagar?-pregunté de forma cantarina.

No me importaba si lo mataba a golpes o se moría de un paro cardíaco ante semejante violencia. Los puñetazos de Kurou cada vez eran más rápidos y dolorosos. Pronto Héctor se vio convertido en un saco de boxeo y mi esposo en un boxeador experto. Reía divertido ante el espectáculo que ambos me regalaban, me sentía como en el circo romano donde debería decidir si perdonaba la vida o no.

-¿Nos vas a pagar?-susurré nuevamente cuando Kurou se apartó para mostrarme su trabajo.

El aroma a sangre se mezcló con lágrimas y demás fluidos corporales, aquello pronto olía a vertedero y era nauseabundo. Kurou jadeaba excitado por la sangre y se miraba las manos manchadas por esta, no sólo estaba la de Héctor sino también la suya. Los ojos de mi amante eran dos bolas negras, no había luz alguna, y su sonrisa era de perro salvaje.

-No tengo dinero.-logró decir antes de escupir un par de muelas.

-Es una lástima entonces.-respondí.-Procede

-¿A qué?-dijo aterrado intentando ocultarse tras sus patéticos brazos.

-Cariño, hazlo con saña.-susurré en su oído dejando que mi aliento acariciara su cuello con sutileza.

-Sí.-jadeó mostrando dos enormes navajas en sus manos, las tenía oculta en los puños de su gabardina.

Mi hermoso gigante tenía una forma artesanal de hacer las cosas. Aquellos filosos cuchillos siempre iban con él, su marca. Tenía un ritmo atroz cuando los movía y se dejaba llevar por los impulsos animales que tanto me atraían. Me senté nuevamente a contemplar como moría aquel indeseable. Pronto dos enormes tajos emanaban de su cuello como si fueran dos enormes cascadas. Los labios de Héctor se mancharon aún más, escupió sangre tras su último aliento. Si bien, no fueron los únicos cortes que podían hallarse en su maltrecho cuerpo.

-Llévalo a la bañera y échale lejía tras limpiar todo esto.

Mis órdenes eran claras, no tenía que repetirlas ni una sola vez. Desde que nos conocimos conectamos de una forma intensa en todos los sentidos, cosa que me motivó e hizo feliz sintiendo que alguien al fin me comprendía.

Esperé pacientemente sentado en aquel sofá, contemplando los pocos recuerdos de valor que poseía aquel imbécil. Toda una vida dedicada a las apariencias, a mentiras infumables y a descorteses reproches hacia la sociedad. Un zoquete que ni el título de bachiller tenía, sólo un nombre que fue propiedad de una de las casas nobles de este país de idiotas como él. Siempre un borrego social, para nada un líder.

Su portátil estaba encendido y yo me coloqué mis guantes de cuero para poder manipular el ratón. Leí su perfil en una de las redes sociales y no pude evitar que una honda carcajada se liberara. Realmente era estúpido si pensaba que alguien creía sus palabras.

“Soy una persona sincera, agradable y con gran humor. Genio empresarial.”

¿Se podía llamar sinceridad a una vida basada en mentiras? Un hombre que no tenía nada, ni siquiera estudios, y que decía trabajar en una multinacional. Alguien que subía fotografías de playas paradisíacas que jamás visitó a no ser en sueños. Un iluso que hablaba de problemas de pobres sintiéndose rico hipotecado con la mafia.

Jamás había conocido a un estafador mayor que él en los últimos meses, un hombre sin encanto alguno que quería ser rey de masas y no lo era siquiera de un par de cucarachas. Infeliz, insufriblemente infeliz. Se dedicaba a molestar a los que destacaban por sus propios medios y a creerse conciliador con ironías absurdas como él. Un payaso triste que sólo sacó carcajadas después de muerto y ante su patética muerte. Desafortunado en todos los sentidos, sobretodo en el intelectual.

Su aspecto era simple, sus ojos pequeños y juntos, sus labios feos y sus dientes torcidos. Cada vez que recordaba aquel engendro más y más reía. Parecía que la locura se había apoderado de mí, pero todo era tan gracioso y sobretodo por los aires que se daba sin merecerse ni uno solo.

Nadie le iba a echar de menos, nadie. Él lo sabía y sin embargo se aferró a su vida suplicando. No debió jugar con nuestro dinero y paciencia. Le teníamos bien atados, podíamos conseguir el saldar la deuda con y sin su patética existencia prolongándose hasta su asquerosa y deprimente vejez.

-¿Qué te hizo reír ahora?-preguntó mi esposo cargando varios litros de lejía en cada mano.

-Pues, lo estúpido que es el ser humano.-susurré con dulzura.-Termina con eso de una vez, por favor.

No tardó demasiado. Kurou era alguien meticuloso pero rápido, también muy práctico en su trabajo. No dejó huella alguna de nuestra presencia en la casa, y si la había me encargaría de manipular cualquier prueba gracias a mis amigos infiltrados en la policía.

Se quedó frente a mí con aspecto sosegado, si bien cuando me levanté palpé su entrepierna y sonreí aproximándome a su cuello. Quedé de puntillas colgado de él, sintiendo aquel miembro palpitando dentro de sus pantalones, mientras sentía que su respiración comenzaba a escucharse más agitada.

Mi hermoso gigante tenía una parafilia excesivamente rara, pero tan atractiva y salvaje como era él en realidad. Se excitaba de forma absolutamente increíble con la sangre, el poder que le daba sus puños y su navaja. Siempre que había violencia a su alrededor terminaba rogando mis caricias, como si fuera un gato buscando un poco de atención. Yo simplemente regalaba caricias sobre su torso y su entrepierna, también sobre sus labios rozando los míos con sutileza.

-Vamos al coche.-susurré cada palabra con cierto erotismo.

-Sí, Yosh.-dijo sonrojado y nervioso de nuevo como colegial.-Yo voy donde tú quieras.

2 comentarios:

Kiseki dijo...

Leer como le apaliza mientras disfruto de un rico té no tiene precio <3 XDD
Lástima que en la vida existan personas exactamente iguales a ese ¬¬;. Me gusta ese lado sádico de ellos, sí~
Y ya que Kurou a hecho bien su trabajo, ahora le toca su premio >w< Pero me tocará imaginarlo de momento XD

Besos! :3

Athenea dijo...

Sí, definitivamente son crueles y sádicos. Me gusta la actitud de Kurou con respecto a Yosh, en plan te amo y haré cualquier cosa que me pidas, aunque eso de que le excite la sangre me parece un poco sádico. Aunque claro, ahora que lo pienso, la misma dinámica se emplea con los vampiros, y no lo vemos como algo macabro, sino como algo sensual... Es sin duda una interesante reflexión.

La historia se va poniendo interesante. En este capítulo has mostrado una faceta diferente de estos dos, no tan adorable, pero si más oscura y realista. Espero pronto la próxima parte. ¡Un saludo!

Gracias por su lectura

Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt