Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

martes, 27 de septiembre de 2011

Tears for you - Capítulo 5 - Reuniones de negocios (Parte VII)



Habíamos consumido casi dos horas y estuvimos otra más debatiendo el último punto, era el encontrar a Dorian Lambert. Poco o nada habíamos llegado a tener en los últimos meses. A pesar de sus rasgos marcados, por la carencia de un ojo y su leve cojera, era capaz de esquivar nuestros controles con sus malditos disfraces. Un hombre que había traicionado a su jefe, mordido la mano que le da de comer, y sin importarle asesinado a dos de los mejores hombres de aquel clan, uno de ellos en hermano de la única persona que le importó en el mundo, era algo impresionante. Dorian Lambert había perdido toda su humanidad el mismo día que enterró a Elizabeth, después que esta se suicidara tras la desaparición de su hermano.

-Mario.-dije en un murmullo ya que estuvo en silencio todo aquel tiempo, leyendo e informándose sin mostrar ni un atisbo de dolor.-¿Estás bien?

-Mi padre ha muerto a manos de un desgraciado, mi pareja me ha abandonado llevándose a mi hijo y ocupo un cargo que no quería.-soltó aire intentando contenerse.-No, no estoy bien.

-Ya me parecía.-susurré acariciando sus cabellos con una leve sonrisa.-Sabes que yo puedo hacer el idiota para provocarte una carcajada.

-Yosh.-gruñó Kurou, que hasta ese momento también estuvo en silencio.-No me invites a perder la paciencia.

-Celos.-susurré antes de besar su mejilla.-Celos estúpidos hacia un hombre heterosexual, muy bonito.

-No, lo hermoso aquí eres tú. No te das cuenta que incluso seducirías a los ángeles.-le salió aquello tan romántico de la nada y me hizo sonreír de forma tierna. Mi gigante era dulce incluso molesto.

Christian y Brandon murmuraban bajo, intentaban comprender cómo podían ayudar ellos. A pesar de sus diferencias ambos habían tomado de buena forma el estar juntos en misiones, éramos dos clanes fundidos en uno y con dos líderes que a veces pensaban de forma muy disciplinada. Mario estaba allí leyendo los dossier que habíamos ido entregando, buscaba atentamente algún dato que le sirviera a los que ya poseía.

Todos inspeccionábamos aquellos documentos con cautela e ingeniábamos las nuevas argucias para tener más información, mucho más, y una vez en nuestras manos aplastarlos a todos como cucarachas. Kurou pasaba su lengua por sus labios, podía sentir su sed de sangre y sus ganas de tener entre sus dedos el corazón, aún palpitante, de alguno de aquellos hombres.

Eran casi las diez cuando Kamijo dio por finalizada aquella reunión. Entregó a Hiroshi parte del nuevo recorrido que debería hacer en unos días, para luego venir hacia nosotros y tomar del hombro a Kurou. Se quedó mirándolo fijamente antes de sonreír de forma dulce, como pocas veces podía verse en aquel mundo donde nos movíamos.

-Me caes bien, aunque me odies.

-¿Puedo ver a Camil y a Celeste?-pregunté antes que se apartara.

-Ya deben estar descansando, id con cuidado.-comentó caminando delante de nosotros, abriendo las puertas de la biblioteca y dejándonos pasar.

Algunos ya se habían ido, como era el caso de mis sobrinos, otros se quedaron en el salón tomando una copa antes de marcharse. Nosotros nos movimos hasta la enorme habitación donde se encontraban sus cunas.

Mi amor por los niños, por su bendita inocencia que parece ser eterna en sus primeros años, me hacían desear ser padre. Mi esposo lo sabía y el peor de sus miedos iba en ese sentido. No quería hijos porque no me quería compartir. Sin embargo, yo soñaba con poseer una familia completa algún día.

Al entrar en su habitación pude sentir el aroma a colonia infantil, polvos de talco y un dulce perfume a lavanda. En una cuna que asemejaba un carruaje estaba él, dormido y aferrado al viejo oso de peluche que una vez fue mío. Se lo ofrecí a Kamijo cuando supe que sería padre por primera vez, era uno de los pocos recuerdos dulces de mi infancia y quería compartirlo con Camil. Ella dormía en una cuna que se asemejaba a una enorme flor de cerezo, era aún demasiado pequeña para comprender lo afortunada y desgraciada que era a la vez. Por mucho que detestara a su madre ella necesitaba su calor.

-Mira Kurou.-dije aproximándome a Camil.-¿No es idéntico?

-Sí, muy bonito.-murmuró seco, como si mis palabras hubieran llegado como una daga al centro de su corazón.-¿Podemos irnos ya?

Los rizos dorados de Camil y sus escasos rasgos asiáticos me cautivaban. Movía lentamente su chupete azul, tan calmado y lleno de vida a la vez que me sobrecogía. Estaba por despertarlo y obligarlo a dormirse en mis brazos. Me apoyé en la cuna acariciando sus mejillas con la punta de mis dedos, mientras podía sentir su calor él podía notar mis caricias.

Kurou se fue hacia donde estaba la niña y bufó. Ni siquiera se sentía cómodo frente a un bebé de escasos meses. Si bien, por unos instantes sus ojos brillaron al ver los lacios cabellos rubios de la pequeña. Era hermosa, un ángel, al igual que su hermano. Ignoro porque mi esposo se hacía el duro, sabía que parte de esa incomodidad era que no comprendía el sentimiento agradable que se formaba en su pecho. Siempre tan frío en apariencia y por dentro tan cálido, tan dulce.

-¿Por qué eres así?-pregunté mirándole como lo haría un gato, clavando mis ojos en su nuca y haciéndole sentir aún más incómodo.

-¿Cómo?-respondió con sus ojos clavados en la niña.

-Sientes ternura hacia los niños, deseas tener uno conmigo y a la vez apartas ese deseo por puro egoísmo. No sé si tengo un esposo o un hijo de treinta años.-comenté antes de sonreír de forma peligrosa.-No te quiero retar en que tengamos uno, en buscar un vientre de alquiler como hizo Kamijo en su día.

-Emma lo pagó caro.-susurró.

-Lo sé.

Emma era una íntima amiga de mi hermano. Ella siempre estuvo enamorada de él, o más bien obsesionada. Recuerdo su sonrisa al sentir la presencia de Kamijo, así como yo sonreía. Ambos estábamos enamorados en silencio y nos moríamos por sentir sus besos. Lo amaba tanto que se ofreció en ser el árbol que diera aquel hermoso ángel que dormía ajeno a todo y todos.

Vino a mi mente el momento en el cual ella hizo una fotografía impresionante de mi hermano, él estaba fumando de forma bucólica frente a su piano. De fondo tenía París, un París con movimiento incesante incluso en las noches de aquel tórrido verano. Hacía un par de meses que Rose se había marchitado y era uno de los primeros días en los cuales él encontró el coraje de levantarse, asearse y sentarse frente a esa inmensa ventana.

“Princesa de porcelana
venida del país de la caja musical.
Princesa con labios de cereza,
piel de arándanos y zapatos de cristal.
Danzaste para mí antes de esfumarte.
Te convertiste en un ángel.
Princesa de porcelana y papel maché,
aquella tormenta te deshizo en mis manos.
Te sigo esperando en mi jardín de rosas,
en el paraíso, en nuestro edén.”

Sentí celos porque creí que ella disfrutaría de una fantasía hecha real, que sería la próxima princesa de aquel melancólico príncipe. Sin embargo, él se alejó de ella y de mí. Se volvió algo más frío que de costumbre y se ancló en buscar remedios a su soledad. ¡Y qué remedios! Fulanas de cualquier cabaret parisino dispuestas a recibirle sin tener que pagar, más bien ellas se mataban por sentirlo, así como cualquier bohemio sentía la necesidad de ayudarle a ahogarse en whisky, vino y salmos a musas que nunca existieron.

Emma era delgada, de cara de muñeca y tenía unos labios apetitosos como ciruelas. Sus ojos eran enormes y azules, aún más intensos que los de Kamijo. Una dulce princesa francesa que vivió para el arte, que respiró arte, y que aún lo vive encerrada como cualquier demente. Terminó loca al ver que su príncipe la obviaba, que sólo deseaba el fruto de su vientre y que no era capaz de alejarlo del imbécil de Jasmine. Realmente la compadezco, aunque una vez los celos me hicieron odiarla.

-Deberíamos irnos a casa.

Se acercó a mí rodeándome por la espalda, besando mi cuello con cierta necesidad, para después deslizar sus manos por mis caderas. Pocas veces se veía tan tentador, sólo cuando se sonrojaba. Sabía que aquella reunión le había alterado y necesitaba que le atendiera. Yo simplemente eché mi cabeza hacia atrás moviéndome lentamente, como si bailáramos, y él me siguió el ritmo tarareando bajo una canción que realmente me gustaba.

“Me sedujiste, no sé como lo has hecho y no importa.
Sedujiste a este demonio como si fuera un idiota. Ahora soy tu idiota.
Te amo, te amo sin importar dónde estemos y cuántos kilómetros nos separen.
Sabré esperarte cuando no pueda abrazarte y necesitarte aunque te tenga entre mis brazos.
Me sedujiste, no sé como lo has hecho y no importa.
Me sedujiste, maldito seas ángel de labios dulces.”

1 comentario:

Kiseki dijo...

Al fin pude leerme las tres partes! :3 Genial como siempre >w< Ahora ando con ganas de que empiece la acción, en todos los sentidos, jajaja!
Kurou es que es como un niño grande XDD tan encantador <3
Esperaré con ganas más dosis~! XD
Besos! ♥

Gracias por su lectura

Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt