Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Tears for you - Capítulo 5 - Reuniones de negocios (Parte VIII)





-Vamos, te daré algo especial hoy.-me estrechó con un egoísmo tan infantil como sus celos.

-¿Qué me darás?-murmuró cerca de mi oído.-Dime, me he portado bien ¿qué me darás?

-Te daré un juguete para que te diviertas.-dije llevando una de mis manos a su rostro, acariciándolo, sin dejar la otra mano de estar aferrada a la cuna.

Nos marchamos sin despedirnos, pero al pasar por la entrada y girar mi rostro hacia el fondo del gran salón sentí nostalgia. La sensual y extraña figura de Christian entonaba una melodramática canción mientras un puro se acababa en sus labios. Un hombre de su edad no debería estar solo, sobretodo uno que había visto los infiernos tan de cerca.

Christian se enamoró de una insolente, aunque durante años la aprecié. Ella era como una hija para Kamijo, a pesar que sólo se diferenciaban algo más de una década. Caprichosa, egocéntrica y tan estúpida que no supe jamás porque decía que quería emular a Rose. Rose era divertida y jamás pidió a su esposo algo más allá de unas rosas frescas siempre cerca de su cama, allí donde jamás quiso compadecerse de sí misma y de ese cáncer que acabó destruyéndola.

Él fue un capricho, pero su corazón seguía latiendo por ella. Y lo único que le quedó de todo aquello fue una carrera de detective malograda y un niño pequeño que gritaba cada noche en su cuna. Ni siquiera había sido capaz de cuidar a su amante, menos a su hijo. Un hombre de cuarenta y pocos años, de un aspecto algo juvenil y de mirada seductora, no estaría solo mucho tiempo, o eso es lo que deseaba pensar en ese momento y aún hoy lo creo a pies puntillas. Gente como él, tan valiosa y noble, no suele estar lejos de encontrar el camino a la auténtica felicidad.

-Vamos Yosh.-dijo Kuroy tomándome de la cintura, pegándome a él para llevarme a la puerta y marcharnos ya a casa.-¿A qué esperas?

-Los ángeles a veces tienen formas curiosas ¿no crees?-susurré antes de girarme hacia él para besar su mejilla.-Un día tendré la paciencia necesaria para enseñarte a tocar el piano.

Caminamos hacia el coche en silencio. Su mano no se apartaba de mi cadera, me pegaba con complicidad mientras yo movía el maletín como un colegial. Me sentía orgulloso de tener a una persona como Kurou a mi lado, alguien que realmente me amara y me lo demostrara.

Odiaba las muestras de cariño en público, pero se sentía tan conmocionado por los celos que había vivido que me sujetaba sin miedo alguno. Ni siquiera él se había percatado de ello, su rostro serio me demostraba que sus impulsos a veces eran más intensos que su pudor. Reí sin poder evitarlo y él sólo me miró de reojo intentando descifrar mis carcajadas.

-¿Por qué te ries?-preguntó casi a punto de llegar al vehículo.

-Porque me tienes agarrado por la cintura, acariciando un poco mi cadera y provocando que el otro lado de mi cuerpo choque con el tuyo. Estás agarrándome de una forma muy erótica y varonil, ni siquiera te has dado cuenta de ello. Además, lo estás haciendo en plena calle y muchos se han quedado mirándonos.-dije antes de colgarme de su cuello y ver como se volvía completamente rojo.-Mi amor, no te cortes ahora.

-¿Hice eso?-balbuceó.-¿Hice eso?-resopló intentando no entrar en un ataque de nervios en plena calle.

-Sí.-murmuré antes de lamer sus labios y pegar mi boca a la suya.

Mi lengua se desató contra la suya de forma violenta, igual que la brava marea contra las rocas. Perdíamos el aliento, yo prácticamente el equilibrio y él me agarró para que no cayera. Mis brazos estaban rodeando su cuello firmemente. Su sombrero ocultaba sus ojos cerrados como si fuera el primero, los míos se abrieron para poder contemplarle. Esos cálidos labios, esas mejillas ardiendo, su flequillo alborotado y sobretodo esas pestañas tan negras echadas para sentir menos pudor. Ese beso era cargado de pasión y a la vez de ternura.

-Celoso.-dije riéndome cerca de su boca.-Eres un maldito celoso.

-¿Cuál es mi premio?-aún recordaba que le había dicho que le daría un premio, pero creo que lo preguntó sólo para cambiar de tema.

-Llévame a un bar de carretera algo alejado que bien conoces, allí habrá alguien para ti y yo te lo ofreceré en bandeja.-besé su cuello y mordí el lóbulo de su oreja izquierda.-Luego estarás tan excitado que quizás no puedas ni conducir.

Me aparté tirando de él hacia el coche. No dijo nada, tan sólo tenía la cabeza agachada y una sonrisa cohibida en sus labios. Y así estuvo casi todo el camino en coche. Conducía como demente, pero no paraba de tener las mejillas rojas. Aquello producía un contraste erótico que me excitaba.

Mientras él conducía yo me arreglaba para que mi aspecto, camino entre lo femenino y lo masculino, me ayudara. Acomodé mis cabellos ondulados y con un tinte rubio, aunque no de un tono demasiado llamativo, mientras ayudaba todo con un poco de maquillaje y mejora de mis uñas con una laca roja. Pinté mis labios riendo bajo al escuchar la canción que comenzó a sonar en la radio, era parecida a la de cualquier streaptease que se precie.

Aquel tugurio estaba situado cerca del final de los límites de la ciudad, en la zona más alejada al mundanal ruido, y era un local de moteros donde escupían en el suelo y se creían muy machos escuchando su hard rock. Yo sabía que Kurou iba a sentir celos terribles con todo aquello, pero era lo que más me agradaba. Siempre que íbamos allí me confundían con una mujer y por lo tanto sentía asco, un colosal fastidio, que se veía recompensado con la violencia extrema de mi esposo.

Me quité la ropa que sobraba, camisa y chaqueta, para quedarme sólo con el gabán y así remarcar mi cintura. Acomodé mis cabellos de una forma que podían esconder dos pequeños senos, aunque de pechos yo estaba algo escaso. Tomé unas botas con cierto tacón, eran de hombre pero parecían femeninas y le daban a mi forma de caminar cierto erotismo. Mi esposo gruñó al verme de ese modo, pero sabía que si no me vestía así no conseguiría su juguete.

-Iré a la juguetería, te traeré el más divertido de todos.-susurré cerca de su oído derecho antes de morderlo.-Espera que tu lindo esposo te lo envuelva.-acaricié su entrepierna y se sonrojó girando el rostro hacia otro lado.-Quiero follarte luego.-dije antes de guiñarle con mis pestañas embarradas en rimel.

Entré pasando por al lado de aquellas maravillas, ellas y no sus dueños eran lo mejor de ese sitio. Después de admirarlas como si no tuviera ni zorra idea, entré notando las miradas de todos. Aclaré mi voz y me apoyé sobre la barra como si fuera un elegante minino. El barban reía codeando a su compañero, todos decían barbaridades a cual peor.

-Muñeca, no tienes pelos en la lengua porque no quieres.-dijo uno de ellos agarrándose su seboso paquete.

-Amor.-dije al barman tirando de su collar con placas militares.-¿Me pones un refresco? ¿O sólo tienes alcohol? El alcohol me sienta muy mal y yo soy una buena chica, una chica decente.-pestañeé e hice mis morritos más seductores.-Pero no tengo dinero y mi coche se estropeó a media hora de aquí, tengo los pies molidos y necesito algo para beber. ¿Comprendes? Estoy deshidratada.-acaricié su pringoso pelo y luego miré al personal.-¿Alguien me invita a una copa y a un paseo en su moto? Parecen increíbles, pero no sé nada de motores.

Empecé a escuchar silbidos, gritos de “eligeme a mí” y miles de obscenidades que no voy a reproducir, creo que pueden imaginarlas sin que yo tenga que hacer mención a alguna de ellas. Aunque no lo parezca soy un caballero y detesto que vejen a las mujeres, todas merecen un alto respeto y ser apreciadas.

El más rudo y violento de todos en aquel lugar era un completo cruce entre jabalí y oso. Eché a caminar hacia él y rogué que mi estómago no se revolviera por lo que haría, sobretodo cuando le rodeé por el cuello y besé su boca con alitosis. Juraría que el azufre del infierno olía mejor que aquel bater con dientes de pirañas.

-¿Me llevas a mi casa hombretón?-dije acariciando su asquerosa camisa blanca sin mangas, creo que era blanca aunque se veía amarillenta, la cual iba detrás de una chupa desgastada.

Aquel bastardo apestaba a sudor, cerveza y gasolina. Era un hedor insoportable y odiaba que se pegara a mi caro perfume. Cuando me aparté noté un bulto en sus pantalones, esperaba que fuera el móvil porque me daba asco de pensar que se excitara conmigo.

-Claro, pero quiero algo a cambio.-todos rieron como locos, sobretodo cuando me tomó del mentón con una mano y con la otra apretó mis nalgas.-Una buena follada en tu pisito de putita, seguro que es de esos caros y lujosos que te paga tu papá.

Cometió un graso error de hablar así de mi padre, aunque debía meterme en el papel de una zorrita en pleno bosque de leñadores y cazadores hambrientos de sexo. La última mujer que tocó aquel mastodonte seguro que tuvo que ser por una fuerte suma de dinero, ninguna mujer en pleno juicio iría con alguien tan nauseabundo.

-He dicho que soy una buena chica.-pestañeé mirándole eróticamente.-Nunca derramo ni una gota de leche.

Y ahí ya lo tuve en la palma de mi mano. Eché a caminar hacia la puerta y él me siguió triunfante. Me monté con él y vi como mi esposo tiraba a lo lejos el cigarrillo, juraría que pude leer un gruñido de sus labios.

-Chochito, dime hacia donde está tu casa.-dijo haciendo piruetas por la carretera.

-¡Ay! ¡No corras tanto! ¡Ay que miedo!-decía aquello con la cara más seria del mundo, aunque oculto tras su sudorosa espalda.-Vivo en el barrio dormitorio, es un pisito cerca de la uni donde voy.

-¡Universitaria! ¡Esta noche lo voy a pasar bien!-gritó aquello acelerando su moto demasiado excitado para darse cuenta del coche que nos seguía.

-Ay, por favor para aquí en esta zona de descanso... creo que me voy a marear.-incluso aflojé mi agarre haciéndole creer que realmente me iba a caer.

-Claro y si quieres cuando se te pase te la meto un rato, se debe sentir bien entre tus piernas.

Amaba el rock, a los hombres que le cautivaban ese tipo de música, pero aquella taberna estaba llena de idiotas alcoholizados y para nada rockeros de verdad. Si ellos eran rockeros estaba seguro que yo era la Garbo.

Nada más parar bajé y el coche de mi esposo salió de la nada. No esperó siquiera que él bajara, lo tumbó de un puñetazo que no se esperaba. Golpe tras golpe empezó a deformar su cara, el mastodonte ni podía moverse del suelo con aquella enorme tripa cervecera. Sus vanos intentos de dañar a Kurou quedaban en eso, intentos. Yo sonreía satisfecho intentando quitarme su peste con colonia que siempre llevaba en la guantera, además de toallitas húmedas.

Cuando sacó su navaja le rasgó la ropa y se la enterró justo en el corazón, como si fuera un cirujano extrajo el corazón y lo tiró a un lado. Aquel imbécil murió en el acto con sus ojos mirándonos como dos huevos duros. Sin embargo, mi esposo no paró y comenzó a clavar aquellas navajas una y otra vez. Tenía más de dos ocultas en las mangas de la camisa y la chaqueta. Reía como auténtico demonio y yo sólo sonreía satisfecho.

-Kurou, cielo.-dije colocándome tras él.-Mi gigante.-añadí bajando mi mano por su vientre hasta su entrepierna, mientras él seguía enterrando aquellas navajas.-Ya, ya vale.-besé su cuello lentamente e hice que parara.-Tira el cuerpo, sácate la ropa y métela en el maletero, rápido. Ponte la muda limpia que siempre llevamos, esta vez te has ensuciado mucho, y ahora te limpiaré bien el rostro.

-No vuelvas a jugar así.-balbuceó.-Me gustan los juguetes, pero no me gusta que abraces a otros.

Hizo todo lo que le pedí mientras yo me sentaba sobre el capó del coche. Mi sensualidad no la perdía, menos cuando jugaba a desquiciar a mi pareja. Él se quedó prácticamente en calzoncillos mientras veía como me divertía observando el cielo nocturno.

-Kurou.-dije incorporándome para ir hacia él, estaba parado frente a la puerta abierta del piloto.-Echa hacia atrás tu asiento, por favor.

-No, no debemos.

Había notado su miembro completamente duro mientras mataba, sabía que aún lo estaba más por mis estúpidos juegos de seducción. A pesar que decía que no hizo lo que le pedí, todo por ser el chico obediente que siempre fue y porque su cuerpo se lo pedía.

Me monté en mi lugar, pero terminé casi subido sobre él. Mi boca se pegaba a su dulce piel, aún tenía aroma a sangre a pesar de haberse limpiado. Mis manos se movían sobre su pecho hasta el borde de su ropa interior, la cual deslicé para poder agarrar su miembro. Mi boca se paseaba por su figura, incluso por sus brazos, permitiendo que mi aliento le rozara y pusiera sus vellos de punta.

Terminé arrodillándome en aquel estrecho cubículo, no me importó lo incómodo que era y mucho menos cuando llevé su miembro a mi boca. Una de sus gigantescas manos se pegó a mi cabeza y empezó a tirar de mis cabellos, la otra se aferró al volante apretando duro. Su boca se abrió para dejar que salieran resoplidos, gruñidos y gemidos, mientras su pelvis se movía agitada.

El carmín que llevaban mis labios empezó a manchar la base de su sexo, pues lograba llevármelo por entero a mi boca y humedecerlo. Mi lengua se pegaba a su piel y tiraba de esta, mis dientes a veces mordisqueaban su punta y en otras eran mis labios apretándola. Él sólo pedía más intentando pensar con claridad, pero todo lo que yo le daba sólo le ofrecía pensamientos poco puros. Sus mejillas estaban rojas, podía verlo por la leve luz de la lampara del techo, estaba iluminada al haber dejado mal cerrada una de las puertas.

No duró demasiado aquello, sobretodo porque mis manos no se quedaron quietas y apretaban incluso sus testículos. Hice que se viniera en un claro gemido que prácticamente lo dejó afónico. Yo entonces recordé mis palabras mencionadas antes en el tugurio, y me reí al apartarme de su miembro completamente limpio.

-Ya le dije a ese que nunca derramo una gota.-susurré antes de besar su cuello lentamente, así como su pecho. No había prisas, tenía minutos hasta que él reaccionara.

Se quedó boqueando aire e intentando concentrarse, cuando se despertó de aquella oleada de placer le entró el pudor. Comenzó a vestirse como alma que se llevaba el diablo. Me quedé sentado desmaquillándome mientras él corría de un lado a otro colocándose la ropa, se maldecía bajo y se golpeaba contra el coche.

-¿Sucede algo?-dije cuando entró en el coche dando un fuerte portazo.

-¡No sé como demonios lo haces!-gritó molesto.-¡Siempre acabamos igual!

-Fácil, yo te domino.-contesté haciéndole un provocador símbolo de la vitoria.-I win.-gruñó bien alto y aporreó el volante.-Por cierto, quiero un cigarrillo.

-No quedan, en casa hay una cajetilla creo.

-De acuerdo, después en casa te lo hago en condiciones y me das mi premio.-dije aquello a modo de broma, pero él se puso aún más nervioso.

Sus manos temblaban tanto que no era capaz de meter la llave en el contacto. Yo sólo reía escandalosamente mientras cantaba una canción perversa, eso no le ayudaba en absoluto. Me divertía tanto verlo en esa pose de quinceañero atrapado por su madre masturbándose frente al ordenador, porque realmente tenía ese mismo comportamiento. Estuvimos más de cinco minutos esperando a que él pudiera arrancar y marcharnos a nuestro acogedor hogar.

“Mátame con tu locura, pero mátame a besos.
Mátame hasta que el mundo se vuelva rojo,
como tus dedos manchados con mi sangre.
Quiero que bebas de mí y me seduzcas.
Sé que eres un demonio, sé que lo eres.
Mátame con placer, mátame con locura.”

2 comentarios:

Kiseki dijo...

owo que poooorrnooo <3 XDDD Exactamente, como ha dicho, no se le escapa ni una gota >////< Espero que cuando lleguen a casa, continúen, que eso sólo es un preliminar~ Es OBLIGATORIO que sigan XDD
Vale, paro, que me emociono demasiado <3
Besos!!

Athenea dijo...

Estoy de acuerdo con Kiseki, espero que sigan en casa XDD. Un juego perverso el que se marca Yosh en el bar, ¿no? XDDD. En cuanto a mi relato, gracias por pasarte y comentar. ¿A qué canción de Skid Row te referías en el comentario? ¡Un beso!

Gracias por su lectura

Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt