Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Tears for you - Capítulo 5 - Reuniones de negocios (Parte IX)


Y aquí la faceta más loca y desesperada de Yosh...
Kiseki, no me hago responsable si te mueres al leerlo.




Me recosté bien en el asiento y encendí la radio en uno de esos programas nocturnos. Cuando caía la noche el rock se apoderaba de muchas emisoras. Era la noche de los 80's y 90's. Bandas de leyenda hacían su presencia en las, habitualmente, infumables ondas de radio. Usualmente sólo había música vacía, salvo en algún milagroso programa. Sonreí al distinguir la voz de Sebastian Bach rasgando el silencio infumable que se había hecho en el coche. Piece Of Me sonaba tan rabioso como años atrás y comencé a agitarme contoneándome.

Mi esposo seguía tan rojo y nervioso, además supongo que verme en ese estado de éxtasis musical tampoco ayudaría mucho. Me movía de forma agitada con una sonrisa de encantador demonio. Era feliz, a pesar de cualquier pesadilla que se interpusiera en mi camino. Daba igual que tuviera algunos restos del pintalabios, que no me hubiera desmaquillado correctamente y casi estuviera desnudo.

Y entonces aquella canción que siempre me descontrolaba por completo. Radar Love de White Lion me hizo estallar en aullidos. Comencé a cantar a pleno pulmón y nada más sentir que Kurou paraba en un semáforo lo besé. Me hice con su boca pegándolo contra mí, sin importarme el tener por espectadores a un par de golfas que se creen mujeres por usar tacones, llevar mucho maquillaje y un carnet falso en el bolso.

El sólo de batería sonaba rebentando los tímpanos de cualquiera, había subido el volumen al máximo. Mi respiración era agitada, también estaba agitada mi entrepierna. Tenía ganas de Kurou, tenía deseos de sexo durante toda la noche. Y él parecía sorprendido e intentaba apartarme.

-Quiero follarte bien hoy.-dije cerca de sus labios antes de morderlos con ganas.-Mañana nos quedamos en la cama, no iremos a trabajar...

-Yoshiki, por favor.-tenía las mejillas y los labios rojos, de un rojo cereza apetecible.

Los coches que estaban detrás empezaron a pitar, yo simplemente no me alejaba de sus labios y mucho menos cuando The Cult hizo su aparición con Fire Woman. Contoneaba mis caderas al ritmo de la música acariciándolo y mirándole con ojos de gato en celo. Me mordí el labio inferior mientras una de mis manos bajó a su bragueta. Ahí abrió su boca soltando un jadeo e intentando ocultar su mirada cargada de necesidad.

-Llévame a casa, ya.-dije sentándome de nuevo como si no pasara nada.-¡Llévame Kurou o te follo aquí mismo!-grité impaciente al ver que seguía a modo de estatua de sal.

Arrancó acelerando de tal forma que la marca de los neumáticos se quedaron marcadas en el asfalto. Comencé a reír a carcajadas, pero el bulto aprisionado de mi pantalón no parecía sentirse tan divertido allí dentro. Seguía mordisqueando mis labios y moviendo sutilmente mis caderas, sobretodo al escuchar Big City Nights de los legendarios Scorpions. Jadeé al cerrar los ojos e imaginar el cuerpo desnudo de mi esposo, al recordar el sabor de su piel y sobretodo el de sus labios.

La cancela de la finca donde teníamos la mansión se abrió y empezó a sonar Nancy Boy, de Placebo, y yo simplemente le miré descaradamente. Quería que me llevara a la habitación de una vez, no podía soportar más aquel calor y esas ganas que me habían entrado casi de la nada.

Nada más aparcar el maldito coche, en la puerta, yo bajé y temblando me aferré al techo. Sentía mis dedos temblar, porque estaba nervioso y con el lívido más allá de las nubes. Había visto como destrozaba a un hombre frente a mí, sin importarle lo más mínimo que le vieran y yo le contemplara fascinado, para después sentir su sabor y contemplar sus sonrojos, y todo eso fue como una mezcla de varias drogas a la vez dándome un subidón enorme cuando lo enlacé con la música.

-My darling.-dijo preocupado aproximándose a mí como un animal herido.

Al sentir sus brazos rodeándome por la cintura sólo pegué mi trasero a él, estaba borracho de necesidad. Rocé mis nalgas contra su bragueta y le miré fijamente a los ojos. Quería besos, quería bebermelo a él en cada beso tórrido que pudiera ocurrir esa noche.

Me giré y me colgué de su cuello una vez más, me apoderé de su boca con hambre y rodeé con mis piernas su cintura. Estaba realmente caliente y quería que él me consumiera como si fuera un cigarrillo. Deseaba que me fumara mientras yo bebía hasta la última copa de sus labios.

-Fóllame.-rogué pegando mi frente a la suya.-Kurou, sé que no quieres hacerlo pero necesito eso. Necesito verte salvaje haciéndome todo lo que no has siquiera soñado. Quiero que me rompas en dos, que me dejes sin poder caminar y sobretodo que me hables sucio.-él se acobardó como siempre, no había remedio con ese hombre.-Kurou, quiero que me folles como no has follado jamás. ¿Comprendes? Sólo te lo pido esta noche, te juro que no te volveré a pedir algo así otra vez.

-No quiero de ese modo, no quiero.-balbuceó atormentado.-Quiero que me lo hagas tú.

-¡Kurou!-grité antes de morder su labio tirando con los ojos cargados de súplicas.-Sólo una vez, me lo han hecho tantos y de forma tan crueles... quiero que mi esposo me de una de esas noches épicas para olvidarlos a todos.

-Está bien.-dijo mirándome decidido.-Sólo esta vez porque yo amo cómo me lo haces tú.

-Vida mía, quiero que me folles y que dejes de hablar de una puta vez.

Algo encendí en él porque me llevó hacia dentro mientras yo me sentía arder, era como morirme por dentro y a la vez resucitar. Mi boca no quedaba quieta. Mordisqueaba su cuello, lamía su mandíbula bien marcada y jadeaba cerca de sus deliciosos labios. Me contoneaba restregándome eróticamente intentando llamar su atención. Él sólo me sostenía intentando concentrarse que tenía que hacer algo que no deseaba.

Siempre me había dicho que temía hacerme daño y que por eso disfrutaba con mis caricias, con el movimiento de mis caderas y mi sexo cargado de placer. Solía tentarle porque muchas veces había imaginado en mis fantasías a un Kurou fuera de sí, salvaje por domar. No me gustaba ser pasivo en la cama desde que ellos me destrozaron, desde que aquel ceboso me hacía abrirme de piernas mientras reía llamándome su puta privada, pero con él era distinto. Quería vivir los dos lados del sexo, aunque le dominara y le sonrojara.

Nada más abrir la puerta del dormitorio me bajé y me quedé sobre la cama, aún vestido esperando que él me quitara cada prenda. Se desnudó serio, esa flema inglesa que tanto me ponía y a la vez me irritaba. Jadeaba mostrando mi erección aún cubierta por mis pantalones. Era una imagen tal vez perturbadora para él, pero para otro seguro que deliciosa. Sabía el poder que tenía sobre algunos hombres, sólo que con Kurou todo era distinto.

Se sacó toda la ropa y vino desnudo hacia mí. Aquel enorme gigante tenía una leve erección entre sus piernas, conocía bien la extensión de su miembro y eso no era nada para lo que quería sentir. Su rostro quedó frente al mío cuando fue subiendo por la cama. Frente a frente nos miramos como si fuera la primera vez, y en ese momento creo que el ruborizado era yo y no él. Me miraba como un espécimen único y tal vez se preguntaba qué demonios ocurría conmigo.

-Tú lo has querido.-su tono de voz era ronco dejándome sin aliento.-Ábrete de piernas para mí esta vez, como tanto quieres.

Me incorporé intentando encontrar el dominio a mi cuerpo, estaba temblando aún más y no sabía ni donde tocar. Coloqué mi frente sobre su hombro intentando huir de su mirada, no verlo mientras deseaba no sentirla. Si bien, yo lo había provocado todo.

Sentí entonces como sus manos me desnudaban, era rudo quitando los botones de mi gabán y también lo fue al sacarme los zapatos. Pronto quedé desnudo frente a él con mi miembro en todo su esplendor, el suyo también estaba duro y sólo fue quitándome la ropa. En todo momento me sentía como un colegial y él sería mi maestro del sexo esa noche.

Su boca comenzó a pegarse a mi piel, tan sensual y salvaje que me arrancó gemidos, sobretodo cuando se quedó pegada a mis pezones y logré sentir sus dientes. Mis manos se colocaron en su cabeza acariciando sus cabellos, notando lo sedosos que eran y lo caliente que yo estaba. Mis caderas se movían buscando el roce de su cuerpo contra el mío, lo hacía de forma erótica e intentaba provocarle y a la vez cautivarle.

-Mi amor.-susurré echando hacia atrás mi cabeza alzando mi pelvis.-Mi amor...

-No me provoques.-siseó mirándome a los ojos con cierta cólera contenida.

Sus manos me hacían sentir en el paraíso y a la vez arder en el infierno, un infierno cubierto de pétalos de rosas que me ardían al caer sobre mi piel. Me abrió las piernas con las suyas y me pegué a él un poco más.

-Fóllame, fóllame bien.-mi lenguaje era vulgar cuando el placer me nublaba la mente.

Introdujo uno de sus dedos entre mis labios, buscó la humedad de mi lengua y yo lo lamí, para después succionarlo. Él sonrió en ese preciso instante, no fue una sonrisa dulce sino pervertida y yo cerré mis ojos abriendo bien mis piernas. Apartó su dedo de mi boca y lo llevó a mi entrada, introduciéndolo. Gemí negando con mi cabeza mientras lo estrechaba contra mí. Mis caderas se movieron aún más desesperadas y él comenzó a morder mi cuello, aunque también iba a mis pezones y los degustaba como si fueran chicle.

-Usa vaselina, porque te quiero ya.-estaba muy estrecho y también caliente, cosa que no conjuntaba bien.-Mi amor, usa vaselina.

-Si te vienes ahora no me importa, como si te vienes más de cinco veces esta noche.-susurró cerca de mis labios con sus ojos fijos en mí.-Yo te voy a follar a mi forma, así que acepta mis reglas.

En pocos segundos pude notar un segundo dedo. Cerré los ojos y solté un gemido que era parecido al de un grito. Deslicé mi mano derecha hacia mi miembro y comencé a masturbarme. Todo aquello era único, en más de dos años no había logrado que aceptara siquiera en tener la iniciativa de un beso tórrido. Cuando dio en el punto exacto no dudó en repetirlo hasta que me vine gritando su nombre. Él estaba jadeando, duro y expectante, pero ni por asomo se vendría sólo con verme y escucharme.

-Gírate.-me ordenó aquello sacándome sus dedos y yo me aferré más a él.-Te he dicho que te gires.-su voz de demonio me hacía jadear excitado, pero no deseaba que se molestara.

Me giré mostrándole la maravillosa visión de mi tatuaje. Su lengua jugaba por cada trozo de aquel dibujo y yo tiritaba con los ojos cerrados. Al llegar a mis nalgas las abrió y también dejó que jugara en aquel rincón tan íntimo de mi anatomía. Gemía percibiendo su cuerpo sudoroso, su lengua, sus manos y sobretodo sus ojos clavados en mí.

El momento en el cual lo sentí y pude notar como me partía en dos fue mágico. Grité su nombre y él gruñó el mío encajándose. Sentía que me destrozaba y estoy seguro que él se quedó ahogado al notarme tan estrecho. Me aferré a las sábanas, moví mis caderas lentamente y él inició el ritmo candente que sólo había podido soñar hasta ese momento.

-Te amo, te amo...-gemía moviéndome de forma contraria y al mismo ritmo.

Pero ese ritmo candente se volvió desesperado y yo me sentía como nunca. Sus manos estaban en mi cintura guiándome como le gustaba, sintiendo como la punta de su miembro golpeaba en el punto exacto donde era capaz de temblar igual que un flan, y la otra estaba en mis cabellos tirando de ellos. Gritaba dejando mis cuerdas vocales en cada grito mientras sus gruñidos me imponían respeto.

Cuando creí que me iba a venir de nuevo, y él junto a mí, se apartó frustrándome. Me arrojó contra el colchón y lo miré allí tirado. Aquel enorme gigante realmente era de proporciones increíbles. Miré su sonrisa, estaba disfrutando, y yo le respondí con otra sonrisa, aunque la mía estaba nublada por el placer y los jadeos.

Se tumbó en la cama y me hizo subir sobre él, lo hacía como si no pesara nada. Acariciaba su torso con una leve sonrisa, para luego ayudarle a que entrara nuevamente en mí. Temblé como una hoja a punto de caer del árbol, mis brazos casi me fallaron y mis ojos se nublaron. Estaba casi afónico, pero seguía arrancándome gemidos.

Sus manos, esas enormes manos, me acariciaban y me guiaban. Mordisqueaba mis labios echando hacia atrás mi cabeza, intentando pensar de forma cuerda y lo único que llegaba a mi mente era él viniéndose en mí. Mis ritmos eran lentos, perturbadores, pero pronto comencé a botar y a sentir que cabalgaba sobre él.

Cayó sobre mí de nuevo, pero besándome y haciéndome perder el juicio. Se había movido tan rápido y sin salir de mí que ya ni sabía dónde demonios estábamos, si podíamos caer de la cama o si el servicio estaba pendiente de nosotros. Y en una de esas terribles embestidas que rompía en dos mi alma se vino y eso provocó que yo también lo hiciera.

-Kurou-kun, mi gigante.-balbuceé sin aliento.

-No me vuelvas a pedir que repita esto, no me gusta.-eso me hizo reír a carcajadas.-Lo digo muy enserio, me gusta que me lo hagas tú.-ahí volvió a ser el de siempre sonrojándose y mostrándome esa faceta dulce.

-No lo haré... muy seguido.-susurré mordisqueando sus labios.-Me pones así en plan dominante, pero eres tan tierno que me dan ganas de violarte.

Aquella noche fue completa y una tremenda locura. Me dormí cansado y rodeado por sus fuertes brazos. Él protegía mi dragón, él era el príncipe que había avivado los sueños de este otro que creía estar muerto. Mi Kurou era el hombre que había estado buscando toda mi vida, el amigo y el amante más extraño y a la vez más deseable.

“Siento mariposas en el estómago,
sus alas son de dragón y sueltan perfume de canela.
Siento que el mundo no nos comprende,
pero no importa, dame tu mano y conviérteme en tu cena.
Quiero ser devorado por tu boca.
Deseo que me beses hasta que me muera.”

2 comentarios:

Kiseki dijo...

OMG Tío, esto ha sido bestial! Que cosa más orgásmica!!! ♥♥♥ >//////<
Me ha gustado el cambio de roles, Yosh es tan putita cuando quiere~~ XD Cómo se va a resistir Kurou?? (≧ω≦)
Por unos momentos no he sido persona XDD
Me ha encantado esta parte, ha sido una de las que más me gustó :3
Sigue así!
Yosh x Kurou Forever!! YAY!♥
Besos!

Athenea dijo...

Al principio creí que Kurou le diría que no, con lo tímido y pudoroso que es, pero al final fue capaz de llevarlos a los dos al éxtasis. Ha sido interesante el intercambio de papeles. Me ha gustado especialmente esta parte :)

White Lion, The Cult, Sebastian Bach, vuestra merced tiene un gusto exquisito, no sólo en el terreno literario, sino también en el musical. (Lo siento, esta semana me ha dado por hablarle a la gente en castellano antiguo XDDD). :)

Gracias por su lectura

Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt