Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

jueves, 29 de septiembre de 2011

Tears for you - Capítulo 6 - Terribles Pesadillas (Parte I)




Capítulo 6

Terribles pesadillas


Tenía casi 15 años, una edad estúpida y peligrosa para vivir intensamente. Mi madre no había vuelto a ser la misma desde la muerte de mi padre. Había dejado un hueco terrible en nuestras vidas y no sabíamos superarlo. Yo intenté que la música sosegara mi mente, a veces lo lograba. Ella sin embargo, quedó congelada en aquella tarde y vivía cada día como si fuera el mismo. Una y otra vez se repetían sus gritos cuando el reloj marcaba aquella maldita hora, como si aún pudiera recoger su cuerpo cubierto de sangre y regresarlo de entre los muertos.

El piano sonaba de día y de noche. Prácticamente no estudiaba, sólo leía mis libros de poema y novelas románticas de pura fantasía. Vivía en otros mundos para olvidar las pesadillas que venían en cuanto intentaba dormir un poco. Las noches eran eternas, no quería dormir y me aferraba a las partituras. Sin embargo, no fue sólo el piano sino también la batería. Quería olvidarme de todo, sacar la rabia de aquel acto tan estúpido que cometió mi padre.

Pronto nos vimos sin dinero y en apuros. La gran fortuna de mi padre se deshacía como terrones de azúcar bajo una terrible tormenta. No quedó mucho, lo justo para sobrevivir, y el día que vendieron mi piano me esfumé. Podía aceptar el vivir sin mi batería, también sin los libros, pero no sin el piano.

La noche antes de verlo marchar, como todo lo que había en nuestra mansión, lloré tocándolo y componiendo una última canción. Dejé la letra en el regazo de mi madre, metida en un sobre lacrado, y me marché. Sabía que en aquellos muros pelados de cualquier rastro de vida, de nuestra vida, se derrumbarían prácticamente sobre nuestras cabezas. En pocos meses debíamos abandonar la casa, vernos en la miseria más absoluta, y yo me negaba.

Los días felices, los de pura inocencia, habían acabado con un tiro directo a la cabeza de mi padre. Sus sesos y su sangre fueron la bienvenida a un mundo tétrico. Mi adolescencia era amarga y desconocía la paz. Por ello abandoné a mi madre a su suerte después de besar sus manos y cubrirla con una de mis chupas de cuero.

“El perfume de aquella flor de fuego se apagó,
pero aún sigue latiendo en mis recuerdos.
Mi mente me juega malas pasadas.
He visto resucitar a dragones poderosos
y a princesas suspirar lágrimas de cristal.

Bailaré para ti sobre las teclas de mi piano,
y estas crearán el hechizo necesario.
Bailaré para ti, sólo para ti.
Princesa de cristal, reza tu último rosario.

Soy el guerrero cobarde que no flaquea,
y aún así quiere seguir esta batalla solo.
El perfume de aquella flor lo llevas en tus cabellos,
y estos han impregnado mis manos de demonio.
Soy el demonio vestido de ángel que acuna tus pesadillas.

Lloraré para ti sobre las notas de mi piano,
y estas crearán el hechizo necesario.
Te amaré a ti, sólo a ti.
Princesa de cristal, reza tu último rosario.

Mi amor, mi dulce amor sostén mi cuerpo como cuando niño.
Abandona tus lágrimas de cristal, esta vez que sean de diamantes.
He perdido las fuerzas, por eso seguiré solo...
No encuentro la esperanza en el cajón donde la guardé...
Y los sueños son en blanco y negro, madre.


Lágrimas de fuego para esta flor que se apaga...
Lágrimas de ángel para el último beso en tu frente.

Te amé de forma egoísta y me marcho de forma aún más cruel.


He visto a princesas llorar lágrimas de cristal mientras se convertían en dragones... tú mataste a la princesa y su sangre eran amapolas”


Recuerdo que salí descalzo, pensé que sería mi penitencia, y con los bolsillos llenos de los últimos billetes que encontré entre mis poemas. Vestía unos pantalones destrozados y una camiseta amarillenta, en otro momento fue blanca igual que la bandera de la derrota. Mis cabellos eran largos, casi hasta la cintura, y aún no estaban teñidos. Me había pintado los labios con uno de los pocos labiales que no estaban secos, era rojo y tenía perfume a fresas.

Cuando era niño quería que mi madre me besara, sus labios siempre olían a fresas y manzanas. Usaba pintalabios que tenían aromas y sabores a frutas. Mi padre decía que eran su mejor alimento. Los besos de mi madre no solían ser muchos, eran escasos, y al igual que sus abrazos sólo los sentía cuando decía estar orgullosa. En aquellos momentos había olvidado prácticamente cómo se sentían, desde la muerte de mi padre todo fueron tinieblas en mi casa y ella sólo lloraba.

Empezó a llover y mis pies flaqueaban, no quería dar un paso más lejos de ella y sin embargo mi alma me arrastraba. Las gotas de lluvia camuflaban mis lágrimas, hasta que terminé cayendo sobre el asfalto sollozando. Me maldije mil veces, así como nombre a mi padre rogando que estuviera en un infierno parecido al mío.

Un coche paró cerca de donde me encontraba llorando, me había caído de rodillas y golpeaba los charcos que se formaban con mis puños. Escuché como una puerta se abría y unos pasos chapoteaban sobre el asfalto. Al alzar la vista lo vi parado allí con aquel rostro serio intentando parecer amable.

-¿Estás bien? ¿Necesitas ayuda?

Su voz era oscura, tenía toques perversos, y a la vez me atraía como si fuera un canto venido del mismísimo cielo. Era atractivo, a pesar de sus cercanos 40 años, y su ropa era cara, así que supuse que podía concederme cualquier capricho. Lo vi como mi salvación antes de desvanecerme.

Hacía días que no comía y noches en las cuales sólo había dormido un par de horas. Estaba cansado, quería una hamburguesa y una cama cómoda donde no pudiera soñar. Me desplomé por el estado de nervios que tenía, añadiendo mi mala salud. El agua seguía cayendo sobre mí, sin compasión alguna, cosa que él sí parecía tenerla.

Al despertar lo hice en una enorme cama, como la que tuvieron una vez mis padres, y frente a mí tenía a ese hombre sentado en un sillón. Me contemplaba igual que un artista a su obra de arte sin acabar, inspeccionándome y preguntándose quizás qué es lo que podía sacar de mí. Noté que estaba desnudo, puesto que mis piernas sentían la suavidad de aquella cara y perfumada ropa de cama.

-¿Quién eres? ¿Dónde estoy? ¿Es un sueño?

Me llevé las manos a la cabeza, tenía una migraña horrible y había salido sin mis pastillas. Él me seguía mirando sin moverse ni un ápice, pero cuando lo hizo rogué que se quedara quieto. En un movimiento rápido me quitó las manos de la cabeza, agarrándome fuertemente por las muñecas, y me empujó contra el colchón. Todo aquello lo hizo para besarme como si no existiera un mañana. Su boca se abría ofreciéndome su violenta lengua y sus labios aprisionaban a los míos con un dominio impecable.

-Ni siquiera sabes besar, eres perfecto.

Al hablar sus labios rozaron los míos. Tenía mi boca abierta como si fuera un pez recién pescado, boqueaba aire y deseaba más de aquel control que había ejercido sobre mí. Estaba sonrojado y aturdido. Siempre me habían gustado los hombres, tanto o más que las mujeres, y él me había ofrecido mi primer beso.

Supuse que, aunque me usara, no sería peor que vivir en la miseria y aceptar que llevaran a un sanatorio a la loca de mi madre. Además, me había excitado a pesar de estar aterrado en un principio. Sin embargo, me sentía incómodo con él sobre mi cuerpo. Mis ojos se quedaron fijos en los suyos, eran completamente negros y parecían no tener fin.

-¿Para qué soy perfecto?

Mis tontas palabras le hicieron reír a carcajadas. Era la risa de un maldito demente. Sentí miedo de nuevo y quise regresar a casa. En ese momento vinieron a mí noticias de un asesino que mataba chicos jóvenes, también de violadores y comerciantes de órganos.

-Para él.

Sus palabras me hicieron temblar aún más. Quería alejarme y no podía. Me agarraban tan fuerte las muñecas que pensé que me las rompería. El peso de su cuerpo comenzaba a quitarme el aire. Sentía aquel hombre como si fuera un ángel de piedra que me mataba aplastándome.

-¡Suelta! ¡Suelta!

Movía mi cabeza de un lado a otro. Quería morderlo, ya que no podía golpearlo, pero no alcanzaba ni a poder mordisquear su chaqueta italiana.

-Mi jefe tendrá una nueva puta en su harem.

Se llevó una mano al bolsillo interno de su chaqueta, sacó una jeringuilla y eso fue lo último que recordé durante días. Porque los siguientes fueron borrosos, cuando lograba abrir los ojos veía a un monstruo baboso jadeando y riendo mientras sentía mis piernas cansadas, además de adoloridas.

Las lágrimas de aquellos días fueron tan abundantes como en el funeral de mi padre, podría decirse que idénticas. Tenía miedo, sentía que los infiernos finalmente me abrazaban. Las drogas que tenían impedido para razonar, pero cuando lograba saber lo que sucedía quería morirme. Mi propia estupidez hizo que cayera en ese mundo. Lo peor de todo es que nadie me echaría en falta, pues mi madre prácticamente había perdido el juicio por completo.

2 comentarios:

Athenea dijo...

Por lo que habías dejado entrever en los capítulos anteriores, se podía intuir la funesta experiencia que por la que había pasado Yosh. Una experiencia realmente cruel y degradante. Buen capi, espero pronto el siguiente.

Kiseki dijo...

Pobrecillo... T____T Lo ha pasado tan mal... y más que le habrán hecho...
Tenía ganas de saber su pasado, pero inevitablemente me da pena...
Esperaré a leer lo siguiente ^^
Besos~! :3

Gracias por su lectura

Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt