Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

viernes, 30 de septiembre de 2011

Tears for you - Capítulo 6 - Terribles Pesadillas (Parte II)




El primer día en el cual fui consciente de todo sentí pánico. Tenía mi cuerpo lleno de mordidas, mis piernas estaban tan cansadas que no reaccionaban y dolían como si estuvieran rotas. Mis cabellos estaban teñidos de rubio, alguien se había dedicado a darme una nueva imagen. Mis uñas estaban pintadas con un rojo tan vivo como el de la sangre recién derramada. Era una muñeca, la de cualquier engendro que se dedicara a coleccionarlas de carne y hueso, y sólo servía para abrirme de piernas mientras me humillaban con palabras sucias.

Quise llorar, pero no tenía lágrimas. Mis ojos estaban secos y los notaba irritados. Tenía sed, mis labios se sentían agrietados y también doloridos. El sabor que tenía mi boca era salado y amargo, no quería ni pensar porque la sentía de esa forma.

Las sábanas que me cubrían hasta la cadera eran negras, contrastaban bastante con mi piel extremadamente blanca y de aspecto semejante al de la porcelana. En mi cuello tenía un collar de perlas, ni siquiera le di importancia si eran buenas o tan falsas como las sonrisas de las prostitutas. Acariciaba la tela que me cubría, rogaba que todo fuera una pesadilla y al abrir de nuevo los ojos fuera mi última mañana de felicidad. Quería volver al día del suicidio de mi padre e impedirlo, tal vez sintiendo yo la bala quemando mi cuerpo infantil.

Escuché pasos, voces de hombre y mi corazón latir con miedo. Podía sentir los latidos de mi corazón en mi frente, me dolía horriblemente la cabeza. No tardé en ver aquel viejo de unos sesenta años, gordo, algo calvo y con esa voz tan rasposa. Sus manos eran ásperas, descuidadas como los pocos dientes que le quedaban. Sentí náuseas y vergüenza por lo poco que lograba recordar. Él había estado dentro de mí, y no sólo una vez sino varias.

-¿Cómo está mi putita hoy?-preguntó caminando con cierta chulería mientras que yo sentía repugnancia.-No importa que no seas chica, sé que vas a gemir como una.-dijo tomándome del mentón.

-Quiero irme a casa, no diré a nadie lo que aquí ha pasado.-balbuceé esperando que se compadeciera.-No sé ni cuántos días llevo encerrado a su lado. Sea benévolo y deje que me vaya con mi madre.

-¿Tu madre es esa loca que vivía en la mansión de los Hayashi?-preguntó aquel tipejo, el que me recogió en plena tormenta y que hubiera preferido que me atropellara.

-Sí.-casi ni pude hablar, me dolía como se había referido a mi madre aunque fuera una terrible realidad.

Por unos segundos mi mente se llenó de imágenes de mi madre, de aquella mujer de apariencia de ángel. Mi hermosa princesa de cristal, esa que amé hasta que se consumió como una vela. Sus bellas y finas manos tocaban la Primavera de Ludovico Einaudi. Mi alma se agitó y se fue de la mano con la fantasía. En ese momento esos hombres no estaban y yo tomaba asiento junto a ella, podía abrazarla y sentir su calor, así como su aroma a cerezas y canela.

-Se suicidó la muy loca, igual que el gilipollas de su esposo.-aquellas palabras destrozaron mi momento de paz en ese infierno.

Comencé a chillar tirándome de mis cabellos, lo hacía completamente fuera de sí. Mi madre había muerto, la mujer que me dio la vida a este mundo de sombras que sólo se iluminaba con el sonido de su piano. Ya no existía, ya no volvería a verla y a sentir rabia al ver su mirada ausente. A penas tenía voz, mis gritos sonaban estridentes y mi cabeza dolía aún más. Si bien, pronto me callaron con una fuerte bofetada.

-De nada me sirves gritando de esa forma, mejor ve preparándote para la segunda fase de tu entrenamiento.-aquel maldito viejo prácticamente desdentado me atormentó aún más.

Estaba aturdido y desolado. Realmente era un niño perdido al que nadie echaría de menos. Un ingenuo que intentó viajar al país de las hadas y estas se escondieron, para terminar ofreciéndome como regalo a los malvados duendes de aquellas tierras. Me había ido pensando que podría huir de los últimos días de locura de mi madre, de mi sufrimiento al verme despojado de todo y encerrado en un orfanato. Fui un idiota, sólo me acerqué a mi decadencia y drama personal.

Sentí como me quitaban las sábanas y me acomodaban en la cama. Al abrir los ojos lo vi desnudándose, aún era más asqueroso sin ropa, y sentí que las náuseas volvían de nuevo. Se inclinó para besarme, pero con mis escasas fuerzas me aparté. Sin embargo, de nada sirvió el rechazo porque terminó haciéndolo después de un sonoro bofetón.

La segunda fase de aquel entrenamiento era aprender a satisfacerlo sin drogas. Tenía que estar consciente de todas las vejaciones que se les ocurría. Esa fase duró más de dos meses y aprendí a ser complaciente regalándome barato, todo era por no sentir una bofetada más o una patada que me hiciera retorcerme de dolor.

Mi alma estaba rota, la hicieron añicos, y mi cuerpo sólo cedía para sobrevivir a otro día más. Tal vez lo hacía porque tenía la esperanza de salir de allí. Quería huir lejos y finalmente encontrar la recompensa adecuada. Soñaba con un hombre que realmente me amara, uno de esos fuertes que me estrecharan entre sus brazos y susurrara en mi oído cuando me necesitaba. Las mujeres me interesaban poco, siempre han sido mi segunda opción aunque las he admirado y he llegado a sentir amor por alguna.

“Abriré para ti la caja de Pandora,
esa que trae látigos y juegos macabros.
Te daré mi juventud, mi piel suave
y esa clase de trato que tu amiga tanto adora.
Venderé barato mi cuerpo, pero no mi alma.
Mi alma es mía, como mío es el dolor que porta.
Subiré a la colina de la desesperación,
allí lloraré de forma amarga.
No tengo pretensiones, tampoco ilusiones.
He dejado que conviertas mi vida en un infierno.
Siento tus golpes sea primavera o invierno.
Eres tan macabro, tan desgraciado es tu amor.
Dices que me quieres, pero es mentira...
esas mentiras que jamás serán dulces.
Seré puta, pero no eres mi dueño.

Desperté gritando como otras noches. Mis gritos despertaron seguro que a todos los del servicio. Al sentir los brazos de Kurou lo aparté, hasta que noté su aroma y me tiré sobre su cuerpo. Quería sentirlo bien pegado a mí, sólo eso.

-No llores mi ángel, no grites más.-dijo besando mi frente, rodeándome de forma dulce provocando que llorara en silencio y no a gritos.-No llores, no llores... haré cualquier cosa porque cada lágrima se convierta en una sonrisa.-murmuró antes de besar de forma tierna mis labios, así como mi frente y mis mejillas.

-No dejes de abrazarme.-balbuceé.-Y sólo di que me amas, sólo eso.-mi voz estaba rota por la angustia y el dolor.-No pares de susurrarme que me amas.

Su manos jugaban sobre mi vientre hasta mi pecho, para después deleitarse con mi cuello y hombros. Sus dedos recorrían caminos diferentes cada vez. Incluso sentí esas enormes manos sobre mis muslos y rodillas. Su boca se pegaba a mi frente, mejillas y cuello, haciéndome sentir especial como en cada segundo de vida que había pasado a su lado y que aún paso.

-Eres mi luz, mi dulce luz.-susurró.-La luz tenue que alumbra las más pavorosas tinieblas. Eres mi Luz, mi ángel de luz. Tú, mi dulce ángel que toca al piano baladas para demonios arrepentidos. Tú, eres mi amor. Mi dulce ángel, mi hermoso y eterno ángel, de cabellos de locura y ojos de gemas preciosas con aroma a café.

Cuando él hablaba sonaba poesía en cada palabra. Él ni siquiera se daba cuenta de su enorme talento, sólo se dedicaba a calmarme como buen esposo y amante. Cerré mis ojos dejándome llevar por cada murmullo dejando de llorar, al fin dejé de llorar. Sus dedos dejaron de acariciar mi cuerpo para secar mis lágrimas, así como su lengua lamía cada una de ellas.

-Incluso tus lágrimas son hermosas y preciadas para mí.-dijo con un tono suave, pero tan nítido que me hizo dudar si no me lo inventaba yo.-Pero sólo me gusta verte llorar cuando eres feliz... mi ángel, no te entristezcas.

-El único ángel aquí eres tú.-dije buscando sus labios para ofrecerle los míos con un beso lento, de esos que dejan huella mayor que los desesperados y fogosos.

Logró que me calmara y terminara dormido sobre su pecho. Incluso en sueños podía notar sus brazos rodeándome. No volví a tener esa pesadilla de nuevo aquel día, aunque me quemara aún por dentro el haber recordado la muerte de mis padres y las tinieblas donde viví durante algunos años.

Él sabía a grandes rasgos lo que podía haber vivido, pero jamás se lo confirmé. Yo simplemente dejé que la inocencia le brindara un momento de paz. No quería que conociera mis tinieblas, esas oscuras sombras que aún me hacían retorcerme de asco y miedo. El pavor a sentirme rechazado por todas las cosas que había hecho me paralizaba. Yo sólo quería que pensara que había sido maltratado y a veces usado como muñeca sexual, para nada de una forma tan bruta. También tenía miedo a su cólera, que se despertara con tal fuerza que no existiera remedio para calmarlo. Aún poseo ese miedo, pero creo que se ve aliviado en parte por lo que hemos vivido juntos.

Mi hermoso gigante, mi dulce gigante, ese que con sus manos calma y hace soñar, es lo más bello que puedo contemplar. No puedo mancharlo con mis traumas, es algo que no me permitiré jamás. Aunque me duela, jamás se lo diré.

1 comentario:

Kiseki dijo...

Pobre Yosh.... ;____; El pobre lo pasó tan mal... me da mucha pena... asco de gente los que le trataron así, cabrones... TT__TT
Pues, si Kurou se llegara a enterar, que tiemble la tierra...
Muy buena esta parte, aunque me puso triste u.u
Besos! :3

Gracias por su lectura

Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt