Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

miércoles, 19 de octubre de 2011

Tears for you - Capítulo 11 - Noche de seducción (Parte I)




Edición de foto dedicada a Disi. Un enorme gigante con buen corazón, un buen amigo mío.
Capítulo a vosotras chicas... que siempre comentáis y os aprecio.




Video dedicado íntegramente para Kiseki.


Capitulo 11 Noche de seducción.


Después de una cena con la música que había pedido, ligera y tranquila, conversando sobre como regresar a casa y cuánto nos habíamos necesitado, sentí el impulso de sentarme sobre sus piernas y acariciar su rostro lentamente. Mis dedos dibujaban con sigilo cada marca de su rostro. Sus facciones estaban serias, pero podía sentir la emoción de su mirada y como palpitaba su pecho. Mi gigante seguía siendo mío, jamás había dejado de serlo.

-Prométeme que jamás me dejarás.-susurré antes de rozar sus labios, aunque no los atrapé como juego y pago de haberme dejado así.

-Prometido.-balbuceó.

Mis dedos acariciaban su boca suave y húmeda, sus labios se veían más cálidos que nunca y yo deseaba sentirlos una vez más. Noté sus manos palpando mi cintura, como si tuviera miedo de ser apartado.

-¿Quieres que te bese?-pregunté sonriendo, no podía evitar esos juegos que me entretenían tanto.

-Sí.

Apoyé mis manos en sus hombros y noté como él me pegaba un poco más. Sentía como se excitaba con cada roce, sobretodo cuando comencé a devorar sus labios con ansiedad. Había hecho todo aquello para tenerlo de esa forma, sentir su aroma otra vez y sus enormes manos sujetándome. No quería arrancarle la ropa y a la vez deseaba destrozarla, por eso tiraba de ella sin desabotonar ni un sólo botón.

-Yosh.-jadeó ruborizado.-Yosh.

-Sí, esta vez haré que me sientas.

Me aparté de él seduciéndole con una mirada cargada de pasión, esa pasión que no quería que olvidara. Tiré de su corbata para que me siguiera hacia la cama e hice que se sentara al borde de los pies. Tomó mi rostro en ese preciso momento, lo atrapó capturando mi expresión como si sus ojos fueran dos cámaras fotográficas.

Mis dedos se volvieron algo torpes, porque cuando me miraba de esa forma sentía que atravesaba mi alma, sin embargo se sonrojó y bajó sus ojos hacia donde estaban mis manos. Quité su americana, así como su corbata, luego su camisa y por último desabroché su cinturón. Aquel torso lleno de muescas, no sólo por su concienzudo ejercicio físico. Me gusta pensar que es como el cañón de una pistola, cada muesca lo hace único.

Me subí sobre él permitiendo que me desnudara, aunque yo sólo tenía aquella camisa tan cara y al estilo que más se aproximaba con el suyo. Sonrió al ver los botones y el corte, reconociendo al fin que había pensado en él. Poco a poco desabrochó mi camisa, incluso mis gemelos, mientras yo dejaba leves besos en su frente y mejillas.

-Me harás el amor.-susurró cerca de mi cuello.-Necesito que me hagas el amor.

Sus mejillas ardían, también sus orejas, y ya temblaban incluso sus pectorales. Todo él era carne sonrojada y trémula. La ternura que me provocaba era tal que me hizo sonreír de forma dulce, me vi reflejado en sus enormes ojos que esperaban nerviosos que comenzara.

Abracé su cuerpo, intentando abarcarlo por completo aunque era complicado, para después simplemente suspirar sintiendo su calor. La suavidad de mi piel contrastaba con la suya algo más áspera, por gruesa y masculina. Yo tenía un aspecto más juvenil, y no únicamente por mi edad sino por mis rasgos.

-Yosh.-jadeó al notar mis labios pegarse a su hombro izquierdo, subiendo por su cuello y terminando de morder el lóbulo de su oreja.-Yosh, por favor.

-Has vuelto más manso y necesitado.-dije riendo bajo.

Mi mano izquierda bajó por su torso, arañando como gato contra un pizarrón, para terminar en el borde de su pantalón. Como pude bajé su cremallera y saqué su miembro. Estaba cálido y algo húmedo, aquellos juegos le seducían demasiado y le excitaban como nunca. Lamí sus labios palpando su glande como si se tratara del pétalo de una flor muy frágil, ya que conocía lo sensible que podía ser.

-¿Quieres que lo humedezca un poco más?-pregunté cerca de su oído.-¿O mejor te quito toda la ropa?

-La ropa.-balbuceó nervioso.

-La ropa.

Reí bajando de él, para sacarle sus mocasines italianos y sus calcetines negros. Sus pies eran bonitos, nunca había visto unos pies tan atractivos como los suyos. Sus uñas estaban bien cortadas, sus dedos no tenían forma extraña y me gustaba la forma curiosa de sus tobillos. Tal vez es cosa del amor, quizás es porque nunca encontré a un hombre que cuidara tanto su higiene y que le diera importancia incluso a sus pies.

Quité el pantalón con calma, notando como jadeaba bajo y se aferraba a las sábanas con fuerza. Podía ver bien la expresión de su rostro confuso, extasiado y necesitado. Era una mezcla de emociones demasiado intensa, tanto que las percibía como grotescas y sensuales bofetadas. Su ropa interior salió rápida, prácticamente la bajé con el pantalón mientras sonreía.

Besé con ternura su vientre, sus mulos y sus rodillas. Hacía todo aquello mirándolo de forma sensual y con caricias tiernas. Quería que se sintiera cómodo en la cama, que el colchón fuera un trozo del paraíso, y que esos nervios desaparecieran. Aunque ocurrió todo lo contrario, abrió sus piernas ofreciéndose con aquel rubor y esos labios que parecían dos cerezas.

-De espaldas, amor.-susurré.-Vamos mi dulce gigante, gírate.

Se movió en la cama ocultando su rostro entre sus cabellos y las almohadas. Su trasero quedó levemente inclinado ofreciendo un bonito espectáculo. Mi boca fue directa a sus nalgas, mordí estas y terminé lamiendo entre ellas. Acabé por estimularlo con uno de mis largos dedos, mientras él se cohibía porque el pudor le podía en hoteles, o cualquier lugar demasiado público. No quería ser oído, pero yo deseaba escucharle.

Mi dulce gigante tiritaba por cada giro de mi dedo. Mi lengua no dejaba de jugar con aquella zona humedeciéndola, regalando parte de todo lo que podía ofrecer. Él terminó contoneándose lentamente, su pelvis llevaba un ritmo parecido al de un jazz. Mi lengua, sin embargo, era como un rítmico y entregado blues. Dos dedos terminaron dentro de él, provocando que abriera sus piernas un poco más y jadeara moviéndose a mi ritmo.

Tuve que apartarme para terminar de desnudarme, mientras lo hacía notaba su mirada enfocada en mis movimientos. Pasé mi lengua por mis labios y él agachó la mirada, para terminar ocultado su rostro contra las almohadas. Al aproximarme de nuevo lo bajé poco a poco hasta el borde de la cama, allí coloqué su miembro de tal forma que en cada embestida se rozara contra las sábanas.

-Please, I need you.-susurró quejumbroso tirando de las sábanas hacia bajo su gigantesco cuerpo.-Please, please... Do you love me?

-Yes, you are my sweet giant.-respondí en inglés sin perder la sonrisa y el tono de voz erótico.-I like your body, it is very pretty.

“Palabras extrañas, para momentos intensos. Intensas emociones, para sentimientos dispersos. Sueños de hadas, pesadillas de libélulas. Ángeles que carecen de alas, diablos que lloran por estrellas fugaces. La vida son contradicciones, incluso entre sábanas. Haz que el dolor y la distancia se olviden.”

Entré después de abrir bien sus piernas con las mías, lo hice de una vez cortando su aliento. Si bien, esa brusquedad la aliviané con movimientos lentos. Tiró más de las sábanas, rompiéndolas y dejándolas inservibles, eso me provocó que le mordiera en la cruz de la espalda. Sus gemidos empezaron a surgir, no pudo contenerse ni ahogando sus gritos en las almohadas. Gritaba y gemía mi nombre, porque iba lento y eso le hacía sentir cada milímetro de mi miembro. Además, el suyo rozaba bien el colchón.

Se vino rápido. Fue algo espectacular, eso sí. Me fascinó la forma en la cual lo hizo y ese moviendo de caderas que sacó, un contoneo mejor que cualquier chica con tacones. A veces pensaba que dentro de él se encontraba la más apetitosa de las mujeres, esos ritmos no eran lógicos en un hombre. Nunca había tenido un amante como él, que a pesar de su timidez hiciera cosas así. Yo podía estar un buen rato dentro de él, pero desistí y me senté esperando que él hiciera lo oportuno.

-Ven, no me mires así y ven.-dije al notar que me miraba avergonzado.-¿No la quieres?-asintió con pudor.-Pues ven, te voy a regalar un sabor especial para tus labios.

Limpié mi miembro con las sábanas, quería que él lo humedeciera desde el principio. Ofrecí un juguete limpio y no supo rechazarlo. Su boca se pegó golosa, pero sin llevar un ritmo que exprimiera mis energías desde el principio. Él sólo provocaba que mis caderas se movieran ofreciéndole un poco más, regalando a su lengua el placer de saborear mi piel.

Estiré mis manos hacia mis pantalones, necesitaba un cigarro y di rápido con la cajetilla. Encendí aquel pitillo mientras él seguía disfrutando, mirándome de soslayo esperando incitarme. Incliné mi cabeza hacia la suya, besando sus cabellos y acariciándolos con la mano libre del cigarro.

-Lo haces muy bien, tan bien que te tendría así todos los días.-se sonrojó más si eso era posible, y cerró sus ojos concentrándome en entregarme el mejor de los places.-Dame tu mano.-dije estirando la mía libre, para tomar su mano derecha y dejarla sobre mis testículos.-Aprieta un poco, así.-sonreí pervertido.-Eso, amor mío, es lo que provocas.-podía controlar ese tipo de situaciones, tantos años me habían hecho un maestro.

Apagué el cigarrillo contra mi pitillera, para incorporarme con él enganchado a mi miembro. Podía notar mi sexo aprisionado por su lengua, dándome unas ganas terribles de venirme. Me controlé cerrando los ojos sacándolo, para pasarlo lentamente por sus labios.

-No.-dijo apartando mis manos.-Te quiero, te quiero dentro...

Reconozco que le empujé con nerviosismo y entré desesperado, me vine dentro cumpliendo su capricho. Creo que su respiración agitada se calmó nada más sentirme, como si eso fuera algo importante.

-Así, así te tengo dentro de mí.-balbuceó encogiéndose como un niño adormecido por una nana.

-Demasiado tierno mi gigante, demasiado dulce para tu aspecto.-susurré besando su mejilla antes de llevarlo a la cama.

A pesar de mi aspecto tenía una fuerza igual o superior a la suya, cada día hacía ejercicio y dos veces al mes sufría duros entrenamientos de parte de mi hermano. Él los hacía a diario, junto a Spider y Sho, pero yo no quería desarrollar exageradamente mi musculatura.

2 comentarios:

Athenea dijo...

Me he leído los tres capis que me quedaban por leer hoy de un tirón. ¿Qué puedo decir? ¡Me encantan la niña y la madre de Kurou! Son tan dulces y adorables... Justo lo que Josh y Kurou necesitan para endulzarse la vida. En cuanto a esta parte, me ha encantado. Son muy monosos cuando se reconcilian por todo lo alto. Muy buen capi, un beso :)

Kiseki dijo...

Buuufff! Ha estado genial! Y ya hacía bastante desde la última vez, así que lo he disfrutado como una niña pequeña XDDD
Esa es una reconciliación como dios manda y lo demás son tonterías, jajaja! XDD
Gracias por la dedicatoria, eres un amor~! <3
Besos!

Gracias por su lectura

Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt