Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

viernes, 21 de octubre de 2011

Tears for you - Capítulo 12 - Viejas vivencias, viejos recuerdos y demasiadas golfas. (Parte I)



Dedicado por completo este capítulo a:

Marisol, Kiseki, Laura, Disi y Ainara.
Os lo dedico por esos días de golfas y risas. Las brujas, a veces, se creen sexy; pero sabemos que siguen siendo brujas horrendas con piernas de Capitán Patapalo.




Canción dedicada a Laura, mi psicokiller de besos de gato.



Capítulo 12


Viejas vivencias, viejos recuerdos y demasiadas golfas.



El viaje de regreso a casa fue bastante calmado. Jamás tuve un vuelo tan tranquilo. Aquella pequeña criatura en mis brazos dormitando, como si nada malo pudiera ocurrir en el mundo, me hacía sentirme sereno. Kurou leía el libro que había comprado para él y yo simplemente sonreía. Pedí que pusieran “Desayuno con Diamantes” durante el trayecto, aunque no la viera completa deseaba relajarme con esas maravillosas escenas y esa sonrisa pícara y bohemia de Audrey.

Era jueves, un jueves que no se veía deslucido por las altas nubes oscuras. Deseaba que lloviera, por mí como si quería hacerme disfrutar con una tormenta violenta. Amaba contar historias de terror, leerlas o simplemente bailar bajo la lluvia. Y al parecer, a la pequeña Anne también le gustaba esos días tenebrosos.

-Papá Yosh.-dijo estirando sus brazos hacia mí, justo cuando bajamos del coche.-¿Brazos?

-Claro amor.-respondí alzándola mientras sentía los ojos serios de mi esposo.-No me mires así, puedo ver perfectamente como me estás mirando.-ella rió ante mis palabras y él solo bufó.-Quiero mimarla, tú si quieres le gruñes y le dices qué cosas no están bien.

Si bien, no di ni dos pasos cuando encontré al señor Paulo Wilde descendiendo las escaleras de la mansión. Su aspecto pulcro, sus gafas de pobre diablo rodeado de libros, su sonrisa de ángel venido para salvar al mundo y su caminar lento, eran una de esas imágenes que impresionan terriblemente. Yo simplemente lo contemplé con curiosidad, sabía que si estaba allí era por algo más que saber de mí, mientras mi esposo me rodeaba por la cintura apretando sus dedos con cierta rabia.

-Lamento haber venido hasta aquí.-comentó cuando llegó hasta nosotros.-Por cierto, que malos modos acabo de tener.-dijo con una cálida sonrisa de demonio.-Usted es Kurou, no nos han presentado aún.-hizo un inciso para colocarse las gafas y estirar su mano para que la estrechara.-Pero me han hablado tanto de usted que es como si le conociera de hace años. Su esposo es encantador, tiene mucha suerte.-enmarcó una amplia sonrisa y luego rió.-Yo soy Paulo, Paulo Wilde. Aunque muchos me llaman Mr. Wilde. Pero dejemos a un lado las estiradas etiquetas sociales, llámeme Paulo.

-Encantado, Mr. Wilde.-respondió.-Yo soy Kurou Clawson, usted me puede llamar Mr. Clawson.

-Siempre es tan serio.-comentó aún con su mano en el aire.-Ya veo, serio y evitando apretones de manos innecesarios.-dijo llevándose la mano al bolsillo.

-Yo soy Anne Clawson, pero me puedes llamar Anne.

Reí bajo por la respuesta de la pequeña, la cual sí estiró su mano hacia él con una dulce sonrisa infantil. Paulo no estrechó su mano, sino que la besó con total galantería y seriedad.

-Mira papá, soy una princesa.

Aquel gesto lo había visto quizás en libros de cuentos de hadas, películas de animación clásica y cualquier película clásica.

-Todas las chicas sois princesas, pero prefiero llamaros hadas o musas. Las princesas a veces no son hermosas por dentro, las hadas y las musas siempre lo son. Son esos pequeños seres que brillan como luciérnagas, con luz propia. Pequeña, no te llames princesa.-dijo mirándola fijamente.-Aunque tu belleza sería digna de una y quizás podrías dar ejemplo a todas esas damas que se llaman reinas.-hizo un inciso colocándose de nuevo las gafas, aunque estaban bien colocadas.-Entre princesas siempre hay brujas.

Paulo me sorprendió con aquel comentario. Parecía una ácida crítica a esas mujeres que sueñan con ser las más hermosas, cuando por dentro están derrumbadas. Recordé a Isabela y un brillo oscuro surgió de mi mirada opacando todo. Mi felicidad se desvaneció y apreté un poco a Anne contra mí. Ella reía alegre, como si comprendiera toda esa palabrería y le diera la razón.

-Si me disculpa, mi hija necesita un baño.-comentó Kurou tomándola en brazos, arrancándomela.-Ustedes pueden hablar de cuentos de hadas o de estúpidos petulantes que usan gafas de ratón de biblioteca, de esos orejudos y de cabello rubiasco.

-Kurou.-susurré sintiéndome mal.-Espera.

-No, no puedo ahora.-caminó rápido subiendo las escaleras, para llegar a la puerta de entrada sin esperar que Sebastian apareciera.

Se movía como una sombra en ocasiones, rápido y certero. Yo sólo pude contemplar como cerraba la puerta. Me aparté del coche y me acerqué mejor a Wilde, él estaba allí de pie mirándome. Me contemplaba con esa sutileza extraña. No paraba de contemplar mis cabellos algo ondulados y mal colocados, mi gabán rojo y mis pantalones de cuero que se dejaban ver porque estaba abierto, así como mis botas con puntera fina. Chasqueé la lengua y después suspiré, él soló rió divertido.

-¿Qué te causa tanta gracia?-pregunté.

-Está celoso, celoso de mí.-comentó.-No soy tu tipo, aunque sí tenemos algo común. El acento inglés está muy marcado en él, tanto como el mío.

-Me gusta el acento inglés, si no me gustara no sería fan de Lennon.-respondí antes de recogerme el cabello en una gomilla que llevaba en la muñeca.-Dime ¿qué quieres? Podíamos quedar mañana, aunque no estaba seguro.

-Todo lo que ha ocurrido, todo esto, me ha llevado a realizarme muchas preguntas. Me he hecho tantas preguntas que creí que la cabeza me iba a explotar.-dijo frotándose la frente para luego volver a colocarse las gafas.

-Tienes un tic muy serio.-comenté riendo.-¿Estás nervioso? ¿Ahora te pongo nervioso?

-No es eso, es tu esposo.-comentó.-No me imaginaba que fuera tan inmensamente enorme y con esos ojos tan fieros. Es como esos enormes...

-Enormes gigantes. Sí, lo sé.-respondí cortando su diálogo.-¿Sabes de esos perros que ladran e imponen mucho, pero luego no muerden y se quedan mansos olisqueando tu entrepierna?-pregunté completamente serio, para luego echarme a reír.-Pues así es mi manso y dulce Kurou. Está entrenado para no morder, sólo está adiestrado para imponer. Aunque, ataca si yo lo digo.-alcé una ceja y luego eché mis brazos hacia atrás, juntando mis manos mientras me movía con cierto toque inocente.

Realmente Kurou era un asesino, igual que yo, pero eso no tenía que saberlo. Nuestros asuntos turbios eran nuestros asuntos, nada que tuviera que conocer él a ciencia cierta o exacta. Sin embargo, a veces deseaba contarle todo sobre como me deshice de Isabela o el momento en el cual él me salvó la vida.

-Pues impone, impone bastante. Parece un hombre de hielo cuando lo observas de lejos, pero luego ves ese fuego abrasador en su mirada y tiemblas. Crees que tienes que ir rezando el rosario porque vas a morir.-aquellas palabras me hicieron reír de corazón, él también se soltó a reír por culpa de mi risa contagiosa.

-Cariño.-intentaba tomar aliento después de esas risotadas enormes.-No es tan cruel.

-Me gustaría que me hablaras sobre él.-dijo serio al fin.-Quiero saber porqué es tan importante en tu vida, quién es esa pequeña y porqué te hundiste tanto en la miseria.

-¿Por qué me hundí?-interrogué.-Ah.-murmuré palpándome los labios.-Cuando se fue.

No dudé ni un instante en tomarlo por el brazo y tirar de él hacia los jardines. Si quería saber las respuestas a todas sus preguntas, todas las que quisiera hacerme, debíamos sentarnos cómodamente lejos de los oídos de Anne y los de mi esposo. No quería que ellos pudieran escuchar mi dolor, el dolor que había vivido, y tampoco quería que Anne supiera quién era su madre. Contaría todo de una vida, sin omitir detalles, y estaba seguro que iba a ser demasiado sombroso como para que me creyera.

3 comentarios:

Athenea dijo...

Jajajaja, "puedes llamarme Paulo", "usted puede llamarme Mr. Clawson" XDDD. Aiis, pobre Kurou que está celosín. A mí es que el señor Wilde me cae muy bien y parece que por fin Yosh le va a contar su historia. No creo que le cuente lo de Isabela, aunque supongo que se la cargaría por zorra XDD. Espero prontito nuevo chapter. ¡Un abrazo!

P.D. Gracias por leer mi relato de "En un mundo de apariencias". La verdad es que en su momento me pareció una rallada bastante grande, ahora que he visto tu comentario lo he vuelto a releer y me he dicho: "Um, tiene su aquél. No están malo", jajaja.

†MuTяĆ dijo...

¡Por fin sabremos más! ¡Qué ganitas! :DDDDD Y al fin están ellos en casa, lo necesitan ya, se lo merecen. Sobre todo Kurou, que se ve que sufre aunque no lo demuestre como debiera. ^^

Gracias por tus comentarios, en serio. ^^

¡Besotes! :****

Kiseki dijo...

XDDDDD "puede llamarme Mr. Clawson" Está muy ce - lo - so~~ XD y cuando se pone así me encanta, es adorable! ♥
Me he reído con esta parte, sí~ jeje
owo Y ahora dejas intriga para la siguiente. Quiero saber más cosas ><
Besos :3

Gracias por su lectura

Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt