Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

jueves, 6 de octubre de 2011

Tears for you - Capítulo 8 - Mariposas de sangre azul.



Capítulo 8.

Mariposas de sangre azul.

El vuelo fue bastante agotador. Juraría que se hacía eterno por culpa de aquella discusión y las posteriores lágrimas. Kurou se había hecho un ovillo en el asiento, un hombre tan grande y tan diminuto a la vez. Yo pasé las últimas horas escuchando música. Miraba por la ventana contemplando el cielo nocturno. Me gustaba viajar en la noche porque las estrellas parecían más cercanas, casi podía alargar la mano y tocarlas.

Una de las últimas canciones que escuchaba antes de aterrizar me hizo sonreír de forma infantil. Pegué mis manos al cristal y miré hacia la luna creciente. Sobre la luna, acariciándola como si fuera un arpa, la podía imaginar con escenas idénticas a las del video en el cual cantaba como sirena celestial. Sus cabellos de fuego se mecían por la brisa y sus labios se veían tentadores. Sin duda mi imaginación volaba junto al avión y Florence Welch. You've Got the Love se convirtió en la canción de bienvenida de aquel carismático lugar, como si me preparara para los cabaret y programación de los casinos.

-Kurou.-dije estirando mi mano izquierda para palpar sus labios.-Cariño.

-No estaba dormido.-balbuceó parpadeando para terminar estirazándose en aquel incómodo asiento.

-Vamos, quiero bajar de una vez y fumarme un cigarrillo.

Me levanté con cuidado, tenía las piernas entumidas. No tenía porque verme a un espejo para saber que estaba despeinado y con ojeras. Mi esposo parecía algo más pálido de lo normal y tenía el pelo algo revuelto. Estaba realmente agotado y sólo quería un baño de espuma que calmara mi entumido cuerpo.

Nuestras maletas estarían en el hotel que había elegido Kamijo, esperaba que fuera uno de los más lujosos. No quería estar en cuchitriles, deseaba instalarme en el lujo más innecesario pero placentero. Necesitaba bombones gratis a cuenta de la casa, que me hicieran la manicura mientras me masajeaban los pies y sobretodo un buen equipo de música para terminar de fundirme en el éxtasis.

Cuando salimos de la terminal vi un letrero extraño con nuestros nombres, luego caí en las sutiles bromas de mi querido hermano. Había un chófer de color con una enorme sonrisa. Aquel hombre vestía con estilo a pesar de su oficio y me gustó como tamborileaba sus dedos en el cartel, tenía ritmo y me gustaron sus dedos que me recordó a los de un saxofonista. Sus zapatos estaban impecables, juraría que estaba de estreno. El coche que estaba a sus espaldas era un mercedes negro clásico, no muy ostentoso pero sí se veía blindado.

-¿Feliz luna de miel señores Clawson?-preguntó sin pestañear.

-Kurou, no seas malo y tómalo como la luna de miel que no tuvimos.-dije pellizcando su mejilla.-¡Hola encanto!-grité después de silbar y el chófer me miró señalando el cartel.-¡Sí guapo! ¡Somos nosotros!

Mi esposo empezó a gruñir, sobretodo cuando me contoneé antes de agarrarlo por el cuelo y darle dos besos en la mejilla. Iba a comportarme como la reina de las locas, total dudaba muchísimo que él pudiera estar enterado de cualquier trapo sucio que pudiéramos tener. Era un idiota más, pero un idiota con estilo.

-¡Dios! ¡Estoy en Las Vegas!-grité girándome hacia mi pareja, dándole la espalda al chico que aún no se quitaba esa sonrisa de sus labios.-¡Cariño es nuestra Luna de Miel! ¡Cambia esa cara! ¡Mi padre no va a matarte por desgraciar a su único heredero!

-Te gusta molestarme.-murmuró cuando quedó frente a mí, a escasos centímetros.

-¿Me llevarás en brazos hasta nuestro dormitorio?-dije con el tono de voz más sensual que pude sacar en ese preciso instante.-Y luego me follas salvaje, sí por favor.-sus mejillas estaban rojas, bueno todo él parecía estar rojo.

-Normalmente despido a las parejas recién casadas, no las llevo en mi coche.-oí decir al chico, tenía un acento típico de Chicago. Conocía a personas en aquella ciudad y fue como una oleada de recuerdos que me hizo sonreír, personas agradables que quería y que hacía tiempo que no veía.

-¿A dónde iremos?-pregunté.-Todo esto lo organizó un amigo como regalo.

-Al hotel Venecia.-respondió.-Sin duda un paraíso para enamorados. Si me lo permiten, su amigo tiene un gusto excelente.

Me quedé sin saber cómo reaccionar. Sonreí como si realmente fuera mi luna de miel, creo que tenía la misma sonrisa que cuando nos casamos porque Kurou me miró de aquella forma especial. Pude sentir como me estrechaba por la cintura, me pegaba dulcemente hacia él y besaba mi sien. Era tan hermoso saber que iba a poder tener esa semana especial, aunque no la disfrutáramos como debiéramos, y sobretodo que sería en un lugar idílico.

Al montarme en aquel coche me aferré a Kurou. Acariciaba su rostro lentamente, las yemas de mis dedos jugaban con cada facción, mientras el sonido y el ruido de aquella gigantesca ciudad del pecado se desnudaba en un suculento streaptease de lujuria y fascinación. Él sólo me miraba con aquella dulce sonrisa que me derretía. Sus manos estaban pegadas a mi costado acariciándome sutilmente.

No dudé ni por un instante el comenzar a besarle como si el mundo fuera a caerse a nuestros pies, como una de esas enormes bolas de discotecas estallando en mil pedazos. Quería engullirlo con la misma pasión que me hacía arder. Aquel enorme gigante me tenía preso en un sentimiento que quería liberar como fuera, estaba excitado y él también.

Con cierto descaro bajé mis manos por su cuello hasta su torso, de su torso fui a su vientre y de allí me quedé pegado a su entrepierna. Acariciaba su bragueta mientras le mordisqueaba los labios y dejaba que jadeara. Estaba avergonzado, no paraba de mirar hacia el asiento del piloto y eso me hacía cometer mayores travesuras.

-Yosh.-jadeó agachando su cabeza mientras intentaba ocultarse con su aún revuelto cabello y su sombrero.-No, aquí no.

-Sí, aquí sí.-bajé su cremallera con disimulo y coloqué mi sombrero sobre mi mano.-Vamos, relaja. No quiero que te tenses mi amor.-susurré besando lentamente su cuello, para terminar mordisqueando el lóbulo de su oreja izquierda.

-No.-balbuceaba mientras me pegaba más a él.-Sólo besos.

-No, besos no.-logré sacar su miembro algo duro.

Inconscientemente abrió sus piernas y se echó hacia atrás. Mis caricias siempre doblegaban a su pudor. Sin embargo, esas mejillas rojas me atraían a ser aún más pervertido y fresco. No quería callarme lo que sentía y lo que deseaba, durante años le había amado ocultándolo a todo el mundo, incluso a él, así que me liberaba. Todavía soy así con él, todavía tiene ese dulce encanto que me hace desear más de esa timidez.

-No quiero aquí, no.

Seguía resistiéndose, pero sólo de palabra. Yo reía mientras se me ocurrían nuevos rincones que morder. Me subí a horcajadas sobre él sólo para poder ser más lascivo y demostrarle lo caliente que me ponía. Escuchaba la risa nerviosa del chófer de fondo, así como la melodía Peter Gunn que me calentaba aún más.

-Dame lo que quiero, dámelo.-susurré cerca de sus labios mirándole a los ojos.

Podía sentir miedo a ser visto y oído por el conductor, así como unas ganas increíbles de terminar hundido en mi capricho. Comencé a moverme como si fuera cualquier guarra de película porno, mis caderas rozaban las suyas y mi mano seguía másturbándole, mientras que la otra tentaba su pecho, su nuca y sus hombros. Perdía el aliento y se lo ofrecía como válvula de escape.

-Fóllame.-jadeé.

-No, ya te dije que no más así.-dijo negándose a darme el sexo que quería.

-Eres cruel, estoy caliente y quiero ese... quiero ese. después en el avión te doy el otro, cuando quieras te doy el otro, pero quiero sentirme colegiala caliente mientras me la metes bien dentro. Sí, quiero ser la más puta de esta ciudad. No me hagas rogarte, no hagas que te diga guarras cuando se que te ponen tanto.-murmuré cerca de su oído mientras notaba como sus manos fueron a mis nalgas.-Así, así amor... prieta bien.

No sé ni como lo conseguí, si bien ese maldito reto de aflojarme el pantalón y sentir sus manos dentro de mis calzoncillos, fue mi recompensa a mi esfuerzo. Sus dedos marcaron con deseo mis nalgas y abrieron mi trasero introduciéndose en mi entrada.

-No eres la más puta, eres mi ángel aunque me hagas pecar y pagar este pecado con un sexo tan poco romántico.-susurró entre jadeos al notar mi entrepierna rozarse con la suya, mientras mis manos rodeaban sus hombros y mi boca se apartaba para gemir. Juro que flotaba en aquellos asientos traseros, Kurou me hacía volar.-Mi ángel, mi dulce ángel.

Sentía su dedo dentro de mí y mi bragueta crecer. Deseaba quitarme aquella ropa a tiras, me estorbaba, y también se la quería quitar a él a bocados. Añoraba su piel suave y sus labios cálidos recorriendo la mía. Cerré los ojos un instante moviendo mis caderas haciendo pequeños círculos, mientras las suyas se movían restregándose con pudor.

Acabé por apartarme y sentarme de espaldas a él, de ese modo logré que entrara de una vez su miembro. No quería esperar más por tenerle unido a mí. Me agarré a la ventanilla que estaba algo bajada, mientras que mi otra mano iba hacia el respaldo del asiento. Sus manos se anclaron en mis caderas guiándome hacia el placer. Grité varios gemidos antes de notar que estábamos parados en un atasco.

-¡Por el amor de dios!-gritó una mujer tapando los ojos de uno de sus bastardos. Su esposo no me quitaba ojo, juraría que se preguntaba si era hombre o una mujer algo andrógina.

Aquello me provocó cierto morbo. Juro que jamás había hecho algo así, aunque habíamos tenido momentos en los cuales podían habernos pillado. Tuvimos sexo en el baño de un avión, sin embargo para mí no es lo mismo. Tenía los ojos de aquella mujer frustrada y de un hombre aún más frustrado, junto a la curiosidad de dos niños, que por mucho que insistiera su madre en que no nos miraban, nos contemplaban como a dos estrellas del porno. Además, el chófer no paraba de reír y parecía muy acostumbrado a esos actos de amantes desesperados.

-¡Te amo! ¡Te amo!-grité viniéndome ante aquel mirón.

-¡Yosh!-me siguió al sentir las contracciones de los músculos de mi trasero.

“Me moveré como tritón de los cielos,
diré que soy un ángel para que te enamores.
Bajaré estrellas sin aroma y diré que son margaritas.
Me creerás siempre, me darás tu amor
y yo te ofreceré sexo entre mis largas piernas.
Te amo, te deseo y te tendré.
Mi amor, yo soy un demonio...
y tú también, por eso me amas.
En el nombre del amor más pecaminoso,
en el de tus labios y tus ojos, amen.
Me he abierto camino a tu corazón,
por favor deja que mienta entre ríos de pasión.
Me moveré en un tango a ritmo de jazz.”

2 comentarios:

Chrome Dokuro dijo...

ñaaa no es la escena del baño pero...
xD
me encanta el carácter de Yosh *vv*

Kiseki dijo...

OMG! Kurou cedió! <3 Casi muero leyéndolo~!
Dios, cuando Yosh se pone tan guarra pidiendo sexo... es bestial!
Me pondré a leer los siguientes~
Besos! :3

Gracias por su lectura

Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt