Hermosas son tus curvas, silenciosos
tus labios hasta que toco las cuerdas de tus cabellos y susurro mis
sentimientos como si pudieras sentirlo en el hueco de tu pecho.
Danzamos unidos como dos locos y subimos por los tejados allá donde
las chimeneas emiten el humo cargado de hollín. Mis ojos se fijaron
en tus formas de mujer y me sedujiste provocando que perdiera la
cabeza. He besado tu cuerpo mil veces de igual modo que lo he hecho
sonar entre largos gemidos convertidos en aves musicales, las cuales
anidaron en el recuerdo de tantos que nos observaron. Mi hermoso
violín, mi dulce compañero, tú siempre me entenderás pase lo que
pase y tú eres el único que ha llorado por la pérdida de mis
manos.
Te buscaré. Te haré el amor con
desenfreno. Te haré gritar que estás vivo. Te deseo.
Mi amor por ti es tan puro y sincero
como el de un niño hacia la vida. Bailaré para ti, bailarás para
mí y seremos la pareja más envidiada sobre el desvencijado
escenario que alzará su telón por nosotros. Nuestro amor sincero
conmoverá al mundo y finalmente lo arrodillará frente a nosotros.
Suplicarán llorando que los amemos y nosotros nos burlaremos.
Reiremos hondamente y seguiremos bailando para que todos sean
poseídos por el hechizo del desenfreno.
Te encontraré. Te haré sonar como
jamás te han hecho sonar. Te besaré las cuerdas. Te amo.
Nicolas de Lenfent
Jardín Salvaje
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