Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

sábado, 14 de diciembre de 2013

Melódica destrucción

Bonsoir à tout le monde 

Bonsoir mes amis!

Estamos de vuelta con fanfic dedicado a una saga que estamos elaborando para ustedes. Recuerden que los momentos navideños siguen en pie y seguiremos publicándolo. Éste es un inciso que continua la saga, aunque no hace nada más que un eslabón más sin dar un paso hacia delante o hacia atrás. 

Posee BDSM y momentos crueles por lo tanto no es apto para todos los públicos. 

Lestat de Lioncourt 




Melódica destrucción



La música puede curar el alma, pero hay profundas heridas que tan sólo provoca que las notas surjan con mayor ímpetu mientras las lágrimas bañan tus mejillas. Y como si fueras un muñeco de porcelana te mueves sobre la pista de baile, igual que una marioneta, y tus ropas comienzan a ser innecesarias sintiendo como tus alas surgen desplegándose hacia el techo, muy cerca de las lámparas de lágrimas de hermosos cristales que simulan ser diamantes. Puedes notar como tus dedos liberan las notas del violín y como el mundo comienza a derrumbarse, trozo a trozo, sin dejar un ladrillo sano y salvo. Todo se convierte en un desierto sin oasis salvo la lluvia torrencial de sentimientos mezclados, impulsos alocados que caen derramados sobre la piel y que arden dentro de tu pecho. Así es como lo vivo. Así es como deseo hacerlo sentir. Quiero gritar, pero mi única forma de liberarme es condenándome nuevamente a un nuevo ritual de música.

Y así me encontraba envuelto en un concierto para la soledad de mi apartamento, el cual estaba únicamente iluminado por un par de velas que derramaban su cera sobre sus soportes de oro. La luna se alzaba majestuosa brillando tras los cristales del balcón. La tela de las cortinas caían de forma elegante y a juego con las ricas alfombras que pisaba con mis pies desnudos.

Estaba vestido tan sólo con un pantalón simple de vestir, desabrochado aunque no caía al sueño con mis bruscos movimientos, una camisa blanca arrugada con hermosas chorreras de encaje y una levita negra. Me elevaba por la habitación mientras mis alas negras, las cuales aún se sentían magulladas y que aún podía notar sus dedos retorciendo sus huesos. Las mismas manos que fueron aplastando estas con crueldad y arrancando con furia mis plumas. Podía sentir como me mecía creando una suave brisa.

No me detuve siquiera cuando su presencia se hizo pesada y penetró en el salón apagando las velas. Sabía que la guerra iba a comenzar y las acusaciones irían de una boca a otra. Golpearía mi alma con certeza y cercenaría mis fuerzas. Quería liberarme de sus cadenas y tan sólo me ataba más y más a él, como si fuera una condena cruel que a la vez era demasiado deliciosa porque era lo único que conocía.

Bajé levemente mi brazo derecho dejando que el arco del violín dejara de arrastrarse contra las cuerdas del instrumento. Mi mentón se apartó del apoyo para éste y lo miré con los ojos inyectados en lágrimas cristalinas que hablaban de rabia. Mis pies tomaron tierra y mis alas se ocultaron dejando que varias plumas descendieran cayendo al suelo. Él estaba vestido con unos pantalones oscuros de cuero, bastante simples, y una camiseta abierta del mismo color y sus pies estaban cubiertos por unas botas de aspecto pesado.

-¡Márchate! ¡Libérame! ¡Deja que me consuma en los infiernos si deseas! ¡Conoceré el sufrimiento de una eternidad en plena decadencia! Es mejor que ésto. ¡Es mejor que ésto!-grité tirando mi instrumento al suelo sin importarme si se dañaba, pues más dañada estaba mi alma- ¡Arráncame los ojos y llévate mis manos! No quiero ver más tu rostro ni tener manos con las cuales tocar el aire. ¡Rompe el contrato! ¡Ahora!

Mis manos temblaban mientras se cerraban en puño, mis ojos tenían una mirada profunda que parecía ser un pozo en el cual se hundía mi propia alma hasta ahogarse, y mis cabellos caían alborotados con cada una de sus ondas sobre mi frente, contra mis pómulos y mis hombros. Todo mi cuerpo temblaba como si fuera una hoja en medio del viento huracanado. Supongo que era una hermosa imagen pese a todo. Sabía que él me contemplaba como quien contempla una obra de arte, aunque a la vez quería destruirme hasta dejarme sin aliento ni fuerzas para continuar subsistiendo. Estaba encadenado a él con gruesos eslabones y estos no parecían querer desaparecer para poder sentirme al fin libre, como me había sentido cuando era un fantasma a pesar de mi profundo odio.

-No- respondió con una sonrisa burlona aunque sus ojos mostraban una seriedad cruel y áspera, como su voz- ¿Por qué voy a darte ese placer? Además, ¿realmente lo deseas? Desaparecer por siempre, ser olvidado sin conquistar tus sueños y sobre todo sin poder vengarte lo suficiente de ese primer amor. ¿No es así? Deseas vengar tu corazón herido- no se movió ni un músculo, pero sus facciones hablaban por si solas.

-Ahora está más herido por tu culpa-arremetí.

-Así es el amor de un demonio-susurró aproximándose a mí con esa elegancia característica en él.

Rápidamente sentí sus manos sobre mi rostro mientras me crispaba aún más, inclusive apretaba la mandíbula. Eran cálidas, ásperas, masculinas y sobre todo una tortura que no podía explicar correctamente. Me sentía atraído por su tacto y a la vez huía de él porque sabía que me condenaría una vez más.

-Creo que voy a tener que hacerte comprender quien es el dueño de tu alma y tus sentidos- murmuró inclinándose para hacerme creer que me besaría, pero no lo hizo.

Memnoch me golpeó con fuerza tirándome al suelo para comenzar a destruir cada prenda, rompiendo éstas sin importarle siquiera si me lastimaba. Aunque, siendo un demonio, no podía hacerlo. Si bien, extrañaba la pasión sutil de aquella primera vez. Necesitaba sus besos ardientes, sus caricias recorriendo mis costados y aquella mirada cargada de placer que me hundieron en un juego que no debí aceptar.

Podía sentir su aliento pegado a mi cuello y como sus uñas se clavaban en la carne de mis caderas, desgarrando mi piel y provocando que el suelo se empapara con mi sangre. La alfombra absorbía el charco que se generaba bajo mi cuerpo mientras el suyo aplastaba el mío con su peso. Quería huir pero era en vano. Él era el diablo y no tenía lugar alguno para ocultarme. No habría rincón en éste plano, o en otro, en el cual pudiera mantenerme alejado de sus garras.

No obstante había algo que no le daría, pues ya tenía mi alma y mi cuerpo, y sería mis gemidos de dolor o placer. Decidí clavar mis dientes en mi labio inferior mientras apretaba mis párpados, cerrando con fuerza mis ojos, para evitar entrar en llanto. Él no me tendría aquella vez con tanta facilidad. No importaba si me destruía por completo, arrancaba una a una las plumas de mis alas, me amputaba las manos o terminaba sacándome el corazón. Ya no importaba nada, salvo mi orgullo.

Al sentir mi cuerpo desnudo bajo el suyo, encarcelado por sus brazos firmes y sus piernas que intentaban abrir las mías con gran esfuerzo, supe que aquella noche la recordaría por muchos motivos. El balcón se abrió dejando que la brisa fría erizara el vello de mi cuerpo mientras finalmente cedía. Pude notar como su abultado miembro se liberaba mientras me agarraba de las muñecas, apretándolas con fuerza, por encima de mi cabeza. Después, con brusquedad, me giró aplastando mi cabeza con su mano izquierda. Sentía el lado derecho de mi rostro pegado a la alfombra y como sus uñas se clavaban en mi nuca. Noté como abría mis piernas y se adentraba en mi entrada bramando.

-¡Ninguna zorra me dirá como tratar a mis juguetes! ¡Tú eres mi zorra! ¡Eres mío!-su voz era terrorífica y podía notar que su piel ardía.

Era como si el infierno se hallara en aquella habitación, sin embargo aún podía sentía como la húmeda alfombra se encontraba bajo mi cuerpo, mientras mis codos intentaban ayudar a mi cuerpo para poder levantarse. Sin embargo no podía. No podía levantarme ni moverme. Su mano seguía aplastando mi cabeza y prácticamente estaba rompiéndome el cráneo. Podía escuchar como sus testículos golpeaban rápidamente en mi trasero y mi entrada se desgarraba. Su miembro era ancho y grande, lo suficiente como para no poder albergarlo con facilidad ni siquiera cuando colaboraba conmigo para dilatar mi entrada, por lo tanto estaba destrozando literalmente mis órganos internos y rápidamente la sangre comenzó a brotar manchando su vientre y mis redondeados glúteos.

Abrí los ojos balbuceando entre gemidos de dolor, los cuales no quería ofrecerle, un perdón que ni siquiera sería satisfactorio para él en mejores circunstancias. Creo que por ello, porque abrí mis ojos, apartó su garra de mi cabeza para agarrar con ambas mis caderas. Él me incitaba a mirarlo, fuese cual fuese su aspecto. Tenía miedo, pero miré al fin por encima de mis hombros y al ver su aspecto me horroricé. No era un hombre lo que allí había, aunque jamás lo hubo, sino un engendro de piel calcinada tan pétrea como la noche misma y unos ojos tan intensos que podían verse en él las llamas del infierno. Las llamas de las velas se apagaron por una fuerte ráfaga de viento helado que calmaba el ardor que sentía por sus golpes.

Sin previo aviso salió de mi interior dejándome vacío. Era extraña esa sensación, pues parecía desear que regresara la tortura a pesar del dolor. Sus manos acariciaron mi espalda y se dirigieron a mis cabellos, tiró de éstos y me giró para quedar frente a su miembro ensangrentado y manchado por el pre-semen. Sabía que quería aunque no lo pidiera con palabras. No quería pensar en su aspecto, pues éste me torturaba. Sabía bien porque Lestat se sintió tan acongojado, e incluso torturado, cuando contempló la figura que me doblegaba.

Lamí el glande con los ojos clavados en los suyos, notando como sus manos me iban agarrando de la cabeza y finalmente hundía su sexo en mi boca. Podía notar como el glande rozaba violentamente el paladar y el tamaño de su sexo provocaba que mi mandíbula se abriera. Mi lengua saboreaba la sangre y el sabor de su miembro. Cerré mis ojos disfrutando aquello como si fuera mi recompensa, sin embargo él lo tomaba como un castigo y el verme disfrutar no fue placentero para él. Acabó en mi boca y me hizo tragar sus fluidos cálidos y amargos mientras me arrojaba de nuevo al suelo.

Comenzó a golpearme el rostro maldiciéndome, también pellizcó mis pezones y hundió finalmente su mano derecha entre mis nalgas. Primero fueron tres dedos, pero rápidamente terminaron siendo más hasta alcanzar el puño. Me retorcía de dolor e intenté apartarlo estirando mis brazos, si bien su mano izquierda me lo impidió agarrándome de nuevo de las muñecas. Aquel ser seguía vestido como él lo había estado en un principio, pero su aspecto era grotesco. Cada golpe era una herida nueva en mi alma, las cuales se convertían en cráteres que se transformarían en agujeros oscuros que absorberían cualquier grato recuerdo.

El dolor fue tan intenso que finalmente mis alas surgieron de mi espalda, acariciando y adornando el piso, mientras mis piernas se abrían débiles y mis brazos caían a ambos lados de mis costados. Creo que mis ojos estaban vidriosos como los de una muñeca de porcelana y mi mirada ya no tenía rabia, sino brumas de placer y miedo mezcladas como si fuera un cóctel perfecto. Me giró con la misma brusquedad que había tenido hasta ese momento y tiró de mis alas hasta desgarrarlas.

Me sentí como un insecto al cual te quitan la única oportunidad para sobrevivir. Cada hueso, trozo de músculo y pluma que se despegaba de mi espalda me provocaba un dolor terrible. Mi garganta se destrozó mientras dejaba que los alaridos surgieran con fuerza. Después, como si fuera una pesadilla, vi como caían frente a mis ojos.

-Yo te las di y yo puedo quitártelas. ¿Quieres volver a estar completo? No deseo volver a escuchar tus reproches. Yo no soy tuyo, pero tú sí me perteneces. La próxima vez te quitaré las manos, como bien has pedido, pero no te mataré sino que te mantendré vivo enjaulado frente a un violín que jamás podrás volver a tocar.

Su voz era oscura y cavernosa, sin un mínimo de compasión o temblor a la hora de ejecutar semejante amenaza. Su aliento olía a cenizas y lo sentí muy cerca de mi cara, pues para hablarme se había inclinado. Después de aquello me arrastró hacia mi dormitorio, para tirarme en mi cama encharcándola debido a la sangre que escupían mis heridas, y me giró dejándome de costado para comenzar a penetrarme una vez más. Fuerte, violento y sin un mínimo de amor. Sin embargo, cuando llegó al orgasmo yo también lo hice jurando amor eterno.


Y ese es mi amor. Mi amor es sacrificio y dolor. El amor de un demonio puede ser complicado de comprender, pero siempre se puede tener la esperanza de ganar algo más que lo perdido. Mi amor, como el suyo, es tóxico y está compuesto por la melodía de la destrucción.  

1 comentario:

Ga dijo...

¡Bueno, aquí voy de nuevo: hola! Me emocioné al ver nueva publicación y ya lo agradecí antes de empezar a leer. Mejor sigo.
Iré poniendo más o menos mis reacciones locas...
De acuerdo, esto + Marionette, fue mala, muy mala, combinación. O perfecta. Me calciné en el dolor de Nicolas, y es que cada vez que creo que no puede doler más pues oh sorpresa, aquí vamos de nuevo.
... ¡El puño!... Debí saltarme las advertencias en algún lado porque fui directo a texto, no reclamo nada. Hoy ando que divago mucho. Siento que Nicolas se esté resignando, probablemente me equivoque.
El último párrafo, ése se llevó mi corazón esta noche.
Gracias.

Gracias por su lectura

Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt