Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

viernes, 13 de diciembre de 2013

Por siempre tu recuerdo

Su piel tostada y sus ojos verdes parecían destrozarte a pesar de tener prácticamente cuarenta años. Tenía unos labios hincados y llenos de sinsabores. Tan hermosa y hechicera, firme y delicada, terminó destrozada por su deseo. Siempre he creído que aquellos que piden el Don Oscuro terminan muriendo debido al peso que cae sobre ellos, pues no es una bendición sino una maldición que quienes hemos sido convertidos en contra de nuestra voluntad nos mantiene vivos gracias a la rabia, supongo.

Cuando la gente muere suele recordar tan sólo las bondades de aquellos que se llevó la vida, pues la muerte no es más que la vida con otro disfraz y una sonrisa desdentada que te hunde en el silencio más profundo. Juro que quise arrancarla de los brazos de esa dama traicionera que es la muerte, el silencio o paso final, pero por más que lo intenté no conseguí nada más que sentirme hundido porque era imposible.

¡Qué horror! Ver su cuerpo carbonizado con sus dientes blancos centelleando bajo aquellos robles. Las tumbas, cuyos nombres estaban algo borrosos, parecían ser los únicos testigos junto a los árboles que dejaban que sus ramas se mecieran en aquella cálida y agradable noche de verano. El cielo estaba púrpura y la luna estaba llena, completamente redonda y hermosa, la cual parecía sollozar por mi hija.

Merrick sólo llevaba entre los nuestros cinco años, aproximadamente, y en aquellos días David la observaba con cierto dolor. Habían ocurrido tantas cosas entre ellos, pero tantas, que es imposible enumerarlas en unas simplonas líneas. Sin embargo, sabía que él estaba dichoso de contemplarla con ese poder que tanto la torturaba. Su alma se fue rápida, tal vez porque realmente quería desaparecer, y la mía quedó desecha.

Cometí un pecado aceptando que ella fuera parte de los Hijos de la Noche, Reyes de la Sangre, Príncipes de las Tinieblas... ¡Como sea! Cometí un error porque ella pronto se evaporó como el humo del cigarrillo de uno de esos chicos que quieren parecer intelectuales. Sí, se había marchado para no regresar jamás.


Nunca olvidaré la expresión meditabunda de su rostro, la sensualidad con la cual se desenvolvía y su inteligencia. Jamás podré olvidar a una mujer como ella. No importa los pecados que una vez cometió, pues mi sangre le ofreció mayor castigo que la propia muerte. Debí liberarla, pero sólo la condené.  

Lestat de Lioncourt 

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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt