Bonjour
Nicolas me ha entregado esta carta y yo la comparto.
Lestat de Lioncourt
He caído derrotado por completo. No sé
como ha pasado y creo que jamás lo comprenderé del todo.
Simplemente caí sin remediarlo. Esa sonrisa tuya tiene parte de
culpa, igual que el aire de falsa seguridad que a veces te impulsa a
desafiar a todos y quizás también esas caricias tan seductoras que
me hacen desear que me atrapen para siempre. El telón de mi tragedia
ya se ha levantado y la comedia aparece en el escenario. Quiero
llorar, pero no me es posible. Deseo hacerlo porque sé que éste
amor nos matará consumiéndonos hasta dejarnos sin aliento, fuerzas
o deseos de algo más.
Algo en mi corazón quiere convencerme
una y otra vez, con un impulso cuasi místico, que tú me amas. Tal
vez no hay razones para tener miedo y quizás todo son imaginaciones
de un pobre atormentado. Quizás esos miedos infundados sean los que
nos destrocen dejándonos ciegos, mudos y sordos. La única cosa que
tengo segura, igual que mi futura muerte, es que cuando te veo siento
que mi corazón se agita, mis piernas tiemblan y un agradable
cosquilleo hace vibrar a todo mi cuerpo.
Ciertamente siempre me has contemplado
serio, hundido en mis dudas y preguntas, mientras tú reías a mi
alrededor estrechándome, alzándome el rostro e invitándome a otra
copa. Sólo ebrio me dejo llevar por mis instintos más perversos,
pues quizás ellos son sólo libres olvidando la tragedia. Las notas
de mi violín suenan desafinadas cuando intento dejarme llevar sin
ti, arrastrándome así hasta un mundo pulcro y ordenado, sin embargo
rompo en aterradores gritos y termino danzando como si fuera
impulsado por el demonio. ¿Eres tú mi demonio? Dime Lestat, dímelo.
Por favor, regresa... tu sitio está conmigo en éste ático y no en las calles de París.
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