Una verdad incómoda es un relato que se narrará en dos partes. La primera parte es ésta. En varios días se publicará la siguiente. Es un texto que puedo tacharlo de cospiranóico, pero sin duda cierto.
Lestat de Lioncourt
El mundo se consternaría si conociera
los secretos que se encuentran tras los muros de la Orden. Muchos de
los secretos que están guardados bajo capas de polvo, expuestos a
humedad y olvido, son parte de los archivos que él llevó cuando era
tan sólo un novicio. Sus ojos ancianos los recorrió por última vez
cuando se archivaron en los ordenadores, pues era mucho más ágil
tener informatizados cada uno de los misterios, bajo clave y promesa
renovada de no mostrarlos al mundo. Si bien él no tenía que guardar
aquella promesa nunca más. Sentado frente al ordenador que él mismo
había adquirido meses atrás, una de esas maravillas modernas que
hacen de todo menos otorgarte inteligencia, se mostraba ante él una
de las verdades más incómodas.
Durante cientos de años múltiples
culturas han ejercido el poder gracias a un enorme misterio. Algunas
de esas culturas provienen de la antigüedad y surgieron similitudes
a pesar de verse imposibilitadas por el acceso rápido a información.
Los monumentos funerarios, el tipo de escritura, los conocimientos
médicos o la sociedad guerrera se distinguían como fuertes,
avanzados y unidos. Tres de las más similares se habían dado en
puntos de Asia, Egipto y Centroamérica. Entre selvas, llanuras o
desierto se habían observado tablillas donde una verdad incómoda,
imposible y desesperante agitaba el corazón de cualquier
investigador.
David tenía el cuerpo ligeramente
flexionado sobre el escritorio y veía las enormes letras del título.
Aún tenía escalofríos. Seres superiores, energías dispersas por
el universo y silencio. Durante siglos habían preparado al hombre
para luego desaparecer, quizás por ingratitud o tal vez notando la
codicia excesiva de algunos líderes.
[...]
FENÓMENO HOMÓLOGO DE LAS
SUPERPOTENCIAS
Son casi las 3 a.m y aún no he
dormido. Tengo una taza de café en la mesa que no he tocado, lo he
dejado enfriar sin poder apartar mis dedos del teclado. Llevo cinco
horas con éste informe y siento que aún no lo he dicho todo. La
introducción puede parecer un caos, pero creo que es necesario
alertar a los susceptibles sobre éste y otros temas. El área 51 no
existe, pero sí existen fenómenos extraños que se han dado en él
mundo y que ha sido a espaldas del hombre moderno; el hombre actual
desconoce por completo la verdad, pero en la antigüedad todo era
fácil de ver y casi palpar.
Fecha: Lunes, 19 de Mayo 1969
Debido a numerosos informes, noticias y
especulaciones me he dispuesto a correr la aventura más aterradora
de mi vida. Hoy ha llegado a su fin momentáneamente, pero dudo que
así ocurra en un futuro. La similitud entre numerosas culturas
siempre me ha llamado poderosamente la atención, sobre todo las del
centro y sur de América con el antiguo Egipto y Mesopotamia.
Surgieron prácticamente a la vez, divididos por unas distancias
imposibles de salvar en un tiempo tan complejo. Si bien, ocurrió y
ésto me ha quitado el sueño con las diversas teorías.
Gracias a la guía de varios espíritus,
en la frondosa selva del Amazonas, descubrí una tribu perdida, de la
cual no se hace referencia en los libros pero sí en nuestra orden,
con un tipo de escritura muy similar a la Egipcia pero algo más
simple. He tardado varios años en descifrar, o darle cierto
significado o sentido. El texto es el siguiente y adjunto la
fotografía por si alguien quiere estudiar, comprender y asimilar lo
aquí escrito.
“Vino del cielo. Las luces iluminaron
la noche y el hombre de los cielos descendió de una enorme máquina.
Nos dio conocimientos y herramientas. El pájaro de metal era una
máquina, un invento, una verdad y me aterraba. Todos estábamos
aterrados. Él era un Dios y nosotros polvo, ceniza y barro. Nos ha
enseñado mucho. Hemos aprendido a escribir y sobrevivir de forma más
cómoda. Hace diez años que nuestro mundo no es igual. Él nos
vigila como vigilan otros desde los cielos.”
Posiblemente es una verdad incómoda
para muchos que suponen que no ocurre éste fenómeno. Me ha costado
escribir las últimas líneas porque me tiembla el pulso. No estamos
solos. Nunca hemos estado solos. Siempre hemos creído que podíamos
ser los únicos en él mundo y el resto eran especulaciones,
misterios y cuentos de viejas. Pero he descubierto la verdad y temo
ser vigilado ahora mismo. La orden cree que mi trabajo es simple y
metódico, pero soy un cazador y actualmente me siento una presa.
En ésta primera página narraré las
diferentes similitudes que...
[…]
Talbot reconoció cada una de las
frases y sintió un escalofrío recorrer su nuca. Durante años no
había podido dormir, comer o simplemente respirar sin reflexionar
sobre éste hecho. Su buen amigo Aaron le pidió, y prácticamente
rogó, que dejara esos misterios por su bien psíquico. Por supuesto
accedió a regañadientes y se centró en demonios, espíritus
perversos, pequeñas reproducciones históricas y arte maldito.
Intentó olvidar Egipto y todo lo relacionado con aquellas ciudades
que fueron epicentro de cultura y poder.
Sin embargo tras los hechos narrados
por numerosos vampiros, entre ellos Lestat o Marius, sobre unos
dioses Egipcios, Isis y Osiris, que eran los padres de los inmortales
provocó que él regresara a ese abismo. Egipto tenía mucho misterio
y encanto. Se había reunido con Khayman en varias ocasiones y no
había tenido agallas de preguntarle nada, pues su sonrisa desbordada
por la inteligencia y la pasión le provocaba cierto rechazo. Tenía
miedo de enfurecer a un titán siendo él una polilla. Pero tras
diversos avistamientos en los últimos años en Rusia, Egipto,
Turquía, España y América de fenómenos OVNI y el haber encontrado
los archivos, los mismos que él sustrajo meses atrás, hacía que
deseara volver a indagar profundamente en la verdad incómoda y
terrible.
Louis apareció entonces entrando en la
habitación de forma sigilosa, observándole como un animal salvaje
con aquellos ojos verdes intensos, sus labios estaban curvados en una
sonrisa traviesa y su cuerpo parecía relajado. Llevaba la ropa llena
de hollín y parecía divertido.
—¿Qué has hecho?—preguntó
alzando la vista de la pantalla.
—Quemar un poco a Lestat—dijo
inclinado suavemente su cabeza hacia el lado derecho de su cuerpo—
¿Y tú?
—¡Louis!—dijo terriblemente
molesto y preocupado.
—No te preocupes. Sólo he hecho que
se le queme un poco la chaqueta—rodeó la mesa y se sentó frente a
él mirándolo con cierta complicidad—. Le he dicho que se meta en
sus asuntos—murmuró girándose para observar la pantalla—. ¿Tus
viejos archivos?
—He decidido
informatizarlos—respondió.
—Ah...—dijo girándose sin mostrar
mucho interés— ¿Me acompañas? Tengo sed.
—Sí...
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