Lestat de Lioncourt
Las flores guardan un terrible
silencio,
pero siempre ríen alborotadas al saber
que las observan tus granos de café,
tan hermosos y tan intensos.
Son tus elegantes manos nubes en el
cielo,
alzándose níveas, tiernas y
vaporosas,
tan sedosos como los pétalos de las
rosas
que se alzan espontáneamente en los
campos.
He caído derrotado mil veces frente a
ti,
esclavo de tu elocuencia cargada de
pasión
y de esa suspicacia que te da la razón
robando cada suspiro de mi alma.
Por favor, camina conmigo por lo eterno
donde el aroma de los sueños y amores
se confunde con la fragancia de las
flores.
Quédate a mi lado y permite que te
ame.
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