Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

jueves, 12 de junio de 2014

Livin' on a prayer

Memorias de Michael y Rowan, en un tiempo indeterminado, para todos ustedes. El amor es algo que no se debe ocultar, la pasión mucho menos. 

Lestat de Lioncourt 







Hacía un buen rato que la observaba con su encantadora blusa blanca, tan pulcra como la propia nieve, que roza su cuello, pues es lo único que roza su nuca ya que hoy tiene el cabello recogido, como una caricia, como un beso, que yo alguna vez he dejado desesperado porque comprenda cuánto la amo. En silencio. Como si el silencio pudiese aclarar todo. He comprendido al fin, a pesar de todo, que la amo sin importarme nada. No sé si sólo fue un truco de Lasher, fruto de un destino perverso o la necesidad palpable de ser dos piezas dispares que encajan a la perfección.

Me senté en la cocina, con una lata de cerveza bien fría, que se fue calentando en mi mano mientras la contemplaba. Creo que si la seguía mirándola de ese modo se habría en cuadro. El arte me ha interesado siempre, pero sobre todo el arte de la construcción. Amo el arte de construir un hogar, desde sus cimientos, para que sostenga el techo que protegerá a las familias, por dispares que sean, durante generaciones. Quizás es eso. Tal vez es porque ella es realmente mi única familia. Mi mujer, mi compañera, mi amiga...

—¿Necesitas algo?—me dijo con las narices aún en los informes—. Michael, ¿necesitas algo?

—No—he respondido llevándome la lata a los labios, para darle un buen trago, antes de ver sus ojos grises, algo fríos, contra los míos. Me oprimió el pecho, como si fuera un calambrazo mortal, pues recordé que había dicho que no bebería de nuevo, y menos frente a ella. Detestaba mis cervezas, pero era algo inevitable—. Lo siento, tenía sed.

—Nunca cumples esa promesa—me replicó—, y sigues fumando.

—No voy a morirme—respondí sacudiendo la cabeza—. Sabes que Julien no lo permitiría.

—Julien no es Dios, Michael. Tienes que cuidarte—murmuró con molestia, y preocupación, cerrando los informes, dejándolos a un lado, para incorporarse y caminar hacia mí—. ¿Qué haría yo sin ti?—preguntó tomándome del rostro, acariciando mi barba, mientras noto su aroma envolviéndome como una deliciosa fragancia. Si hay algo en éste mundo que me guste más que la arquitectura, Dickens y la cerveza es ella, sin duda es ella. Sí, es ella.

—Rowan, estoy bien—dije, mientras la atrapaba entre mis brazos, dejando la cerveza en la encimera, mientras hundía mi rostro bajo en sus pechos.

—Michael... tengo cosas que hacer—logró decir, pero un escalofrío recorrió su delgada figura de pies a cabeza.

Mis manos, que habían logrado matar a hombres y mi hijo Taltos, eran perfectas para desabrochar su blusa, sacar sus pechos del sujetador de liso algodón. Mi boca rozó el hueco que se hallaba entre sus senos, el pliegue cálido bajo estos y los pezones que comenzaban a endurecerse. Mi lengua, rápida y desafiante, se colocó sobre su pezón derecho y mis labios hicieron presión. Ella colocó sus manos sobre mis cabellos negros y rizados, hundiendo sus dedos entre la mata espesa cercana a la coronilla, mientras jadeaba algo excitada.

—Michael...—balbuceó abriendo sutilmente sus piernas mientras buscaba con su mano derecha la mía, sin importarle demasiado si nos escuchaba el servicio o alguien entraba en la cocina—. Atiéndeme, Michael—susurró echando la cabeza hacia delante, tomándome de la nuca con la zurda, para mirarme a los ojos mientras me deslizaba la mano, tomada con la suya, entre sus muslos—. Aquí, atiéndeme—dijo tragando saliva con la voz jadeosa.

Sus pechos eran tan sensibles, aunque realmente era su piel. Toda ella estaba recubierta de una capa sensible que reaccionaba con mis toscas caricias. Mis dedos, algo gruesos y ásperos, rozaron sus muslos cálidos antes de colocarse sobre su ropa interior. Y allí, sobre ésta, comencé a rozar su clítoris por encima de la tela.

—Michael... hazlo... —jadeó cerrando los ojos, echando su cabeza hacia atrás, mientras yo bajaba su ropa interior para hundir mis dedos en ella.

Mi dedo corazón se hundió en su vagina, el pulgar quedó acariciando su clítoris, mientras mis dientes mordían sus pezones haciéndola gemir. Sus piernas se abrieron aún más, lo máximo que le permitía la falda, mientras movía sus caderas de forma erótica. Sus manos me acariciaron la nuca, se colocaron en mis hombros y sus uñas se clavaron enterrándose en la tela, prácticamente desgarrándola.

—¡Ya! ¡Hazlo rudo!—gritó furiosa, completamente dominante, provocando que me incorporara del taburete, la girara levantando su falda y bajara precipitadamente la cremallera.

Estaba completamente dispuesto para atacar, del mismo modo que un animal salvaje espera que la presa esté distraída para saltar sobre ella, y cuando bajé la cremallera saqué de entre mi ropa interior mi miembro, duro y grueso, preparado para complacerla. Ella estaba húmeda y caliente, y yo estaba desesperado y completamente eufórico por sentir como su vagina me oprimía. Sus pechos cayeron sobre la encimera, rozándola, mientras sus piernas se abrían un poco más. Pronto entré, sin contemplaciones, de una sola vez mientras la tomaba de la cintura comenzando a moverme.

Era un ritmo rápido, algo profundo, y completamente acompasado con el movimiento contrario a sus caderas. Aquello era el infierno en mitad de aquella cocina. Los electrodomésticos, el reloj de la pared y la vajilla eran testigos mudos, ciegos y sordos de nuestros gemidos y alaridos de placer. Mis manos se colocaron sobre sus pechos, justo sobre sus pezones, para pellizcarlos mientras bajaba el ritmo para enloquecerla.

—Te amo—balbuceé.

—Y yo Michael... pero te necesito fuerte y duro—murmuró—. ¡Rómpeme!—exclamó.


Volví a tomarla de la cintura, moviendo con rapidez mis caderas, y por el movimiento de ambos el taburete se movió y terminó cayendo. No nos importó, como tampoco me importó que la cerveza cayera y se derramara hacia el suelo. Parte del contenido de la lata mojó sus pechos, empapándola con el delicioso aroma de la cebada tostada justo para crear esa deliciosa bebida. Durante varios minutos duró aquello, sus gemidos eran perversos y yo me sentía subyugado a su belleza, su erotismo y el calor de su sexo. Cuando llegó a su orgasmo final poco después lo hice yo, tras unas cuantas estocadas más, pero ahí no me detuve. La giré, completamente empapada de mí y de cerveza, para lamer sus pechos y saborearlos con aquel delicioso sabor. Sin duda la amaba.  

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OOC: Recuerden que yo llevo a Michael Curry. 
Este texto está dedicado a mi pareja y a todos aquellos que aman a Rowan y Michael, los Mayfair y la pasión.

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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt