Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

sábado, 12 de julio de 2014

Ella tenía razón...

Había regresado a la oscuridad después de alcanzar la luz. Allí, entre los monjes, me sentía bueno y pensaba que podía llegar a ser prácticamente un santo. Deseaba fervientemente el amor que encontraba en los brazos de los maestros, sus sabias palabras y sus alegres cantos en misa. Mis ojos habían dejado de contemplar las hermosas tallas que representaban a Jesús, o los santos y las vírgenes que se alzaban en las bellas vidrieras. Ya no habría cantos, ni salmos y tampoco educación para mí. Moriría siendo un palurdo, completamente ciego e inútil, entre los fríos y tristes muros del castillo de mi padre. Un castillo ruinoso, como nuestra propia familia, cuyo estandarte estaba ajado, el bordado del león ya era irreconocible y ni siquiera se recordaba con orgullo.

—No estés triste—dijo mi madre—. Puedo obsequiarte con unos mastines, los que desees.

—Perros que te regala tu amante, ¿no es así?—pregunté lloroso.

—¿Cómo te atreves a decir eso? Lestat, si te oyera tu padre... —murmuró visiblemente molesta y sorprendida.

—Descuida, le está comenzando a fallar el oído igual que la vista y el corazón. Aunque supongo que corazón jamás tuvo. Es un zafio, un patán, que se cree aún con posibilidades de ser rey. ¿Rey de qué? De la mugre, la mentira, la escoria... como mis hermanos—la rabia de mis palabras provocó en ella cierto estupor.

Podía ver en sus ojos el brillo de la tristeza, pero no reproches. Sabía que había sufrido, igual que ella sufría. Se aproximó a mí y se arrodilló, colocando sus blancas manos sobre mis húmedas mejillas. Había estado llorando amargamente todo el camino. Quería tomar los hábitos por amor a todo lo que había conocido, pero ella era la única que lo comprendía. Sin embargo, sabía bien que ni siquiera ella deseaba que terminara recluido en un lugar así.

—Harás grandes cosas, conocerás maravillas y tú llegarás a ser el rey de miles de corazones—murmuró—. Tú serás tan grande, hijo mío, que millones se postrarán ante ti. Sólo ten fe, cree en tus posibilidades y no permitas que éste lugar te mate lentamente como me mata a mí.


Realmente ella tenía razón. Aquel lugar era mi cárcel, se pegaba a mí como una condena y me mataba igual que un virus letal. Moría lentamente sin necesidad de espada alguna. Mi alma se empobrecía y mis sueños se dilapidaban.  

Lestat de Lioncourt 

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Lestat de Lioncourt