Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

domingo, 13 de julio de 2014

Jugando con fuego

Fueron tres veces las que cayó Michael, pero en el libro sólo se relatan dos. Aquí la segunda. 

Lestat de Lioncourt 


Sus ojos verdes estaban clavados en el espejo ovalado de la habitación, un impresionante marco tallado de madera de roble sostenía la pieza y creaba la extraña impresión de observar un cuadro. La cama de fondo, con sus sábanas blancas y revueltas, mostraba lo inquieta que había sido la noche. Se llevó la mano derecha a los labios, tocándolos lentamente para cerciorarse si realmente estaban hinchados. Llevaba un simple camisón blanco, algo transparente y corto, que se ajustaba eróticamente a su pequeña figura.

—¿Qué debo hacer ahora?—preguntó frunciendo sus perfectas cejas pelirrojas—. ¿Qué crees que debería hacer?

La pregunta había sido formulada, como si hablara con el genio de la lámpara, pero la respuesta no llegaba y eso la impacientaba. Se llevó la mano a la cadena de oro que colgaba de su cuello, para deslizar sus dedos por la esmeralda tan hermosa como su mirada, sintiéndose poderosa y frágil a la vez. Su vida estaba cambiando rápidamente.

—Primero deja de morderte los labios—escuchó atentamente sintiendo su frío aliento cerca de su oreja derecha—. No es la primera vez que lo haces y menos bajo mi supervisión—musitó.

Sus ojos se clavaron en el reflejo de la cama, pasando sus ojos hacia el lado izquierdo y al fin viendo la musculosa figura de Michael. Se sentía culpable por Rowan, pero Julien se lo estaba pidiendo. No quería, ni debía decir, que todos supieran que ellos dos planeaban seducirlo. Sin embargo, para ella, una niña de trece años desarrollada antes de tiempo, era prácticamente un juego y una necesidad. Él era el único hombre que la trataba decentemente, pues ni siquiera su padre había tenido la inteligencia de tratar a Mona con respeto. Richard lo hacía, era cierto, pero no la tomaba en cuenta como mujer. Michael sí. A decir verdad, Michael era el tipo de hombre que deseaba encontrar algún día. Pero el espectro de Julien, tan elegante y coqueto, tenía sus propios planes.

—Es el marido de Rowan—murmuró preocupada—. Yo a ella la quiero. No quiero defraudarla.

—Ella se ha marchado dejándolo destrozado—en el espejo, la figura vaporosa fue tomando forma y finalmente se vieron sus hermosos, y algo felinos, ojos azules. Su cabello cano y espeso rozaba el de ella tan rojo como el propio fuego. El pelo de Mona una llama en la penumbra de la habitación. El traje de lino, tan elegante, se ajustaba como un guante en la delgada figura de Julien—. Mi niña—dijo con voz profunda y seductora—, en realidad le haces un favor a Michael.

Julien deseaba ver embarazada a Mona. Cuanto antes mejor. Necesitaba que se reafirmara su nueva posición de heredera de la fortuna Mayfair. Un hijo, o mejor dicho una hija, le daría una posición más favorable. Él adoraba a esa muchacha. La quería por ser su bisnieta, pero también por su aguda inteligencia y grandes dotes paranormales. Era una cajita de sorpresa de hermosa piel lechosa salpicada por numerosas pecas, de sonrisa alegre aunque escasas y con unas manos propias de una muñeca de porcelana. No era la primera vez que se aparecía ante ella.

—¿Qué haces aquí, Mona?—preguntó Michael incorporándose de la cama y sentenciando así su vida.

—No podía dormir...

—Dile que necesitas su compañía porque estás nerviosa—musitó—. Enternece su corazón explicándole que has tenido una pesadilla. Deja que actúe como un padre protector y aprovecha el momento. Oh, Mona, no dejes escapar ésta oportunidad mi niña.

Julien desapareció y ella se encaminó a la cama murmurando que tenía ciertas inquietudes, como las pesadillas la hicieron levantarse de la cama y la necesidad imperiosa de un abrazo. Michael cayó en el truco. Las siguientes frases de Julien llegaron dictadas directamente desde su cerebro y ella les dio un toque seductor con aquellas miradas mil veces ensayadas para embaucar a cualquiera. Finalmente, ella logró su objetivo y Michael cayó preso de la culpabilidad. Mona quería llorar, patalear y arañarse a sí misma; sin embargo, pronto comprendería que esa sensación se puede aliviar pensando en el espléndido futuro que tenía enfrente de sus narices.


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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt