Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

lunes, 14 de julio de 2014

Responde

El siguiente fragmento son pensamientos de Armand frente a Marius y todo lo que ha sucedido entre ambos. Os lo ofrezco a vosotros, que creo que os interesa. 

Lestat de Lioncourt 


¿Cuántas lágrimas tendré que derramar? ¿Cuántas veces aceptaré tu frío silencio? No quiero sentir un dolor tan profundo, pero no se desvanece sino que se fortifica. Me he convertido en un monstruo con el rostro de un ángel, de mi espalda no surgen alas tupidas y negras porque Dios no lo ha deseado; sin embargo, soy “El destructor” que señala, con sus frágiles dedos, acusándote de cientos de pecados cometidos. ¿Esa es mi venganza? ¿O es lo que tanto esperabas? Provocas que niegue mis deseos más íntimos y cumpla los tuyos, en eterno pecado, deslizándome por tus sábanas empapadas en egoísmo y eróticos golpes. ¿Desde cuándo me he convertido en una marioneta en tus manos? Detesto los hilos que me has colocado con retorcidas palabras de amor, llenas de tóxicas mentiras, que provocan aún hoy que mi corazón siga latiendo.

«Pater Noster, qui es in caelis, sanctificétur nomen Tuum, adveniat Regnum Tuum, fiat volúntas tua, sicut in caelo et in terra.»

Me muestro de nuevo ante ti, trémulo y terriblemente confundido, cubierto con la espesa túnica del dolor. Pronto quedaré expuesto desprovisto de cualquier palabra que cubra mis vergüenzas. En tu blanco lienzo dibujarás mi silueta como si fuera una escultura de mármol, de profundos pozos de café con la chispa del odio bailando en color dorado, sin olvidar las llamas del infierno que acarician mis pómulos, hombros y cuello como generosos mechones de ondulado cabello. Por favor, Padre, no olvides dibujar en mis labios la más triste y pérfida de las expresiones. La candidez puedes expresarlas en mis mejillas sonrosadas, las cuales, sólo serán maquillaje, de pétalos pálidos, que nadie creerá. Transmuta mi carne joven, moldeada con tus dedos, y hunde en mis viejas heridas tus dedos hasta hacerme gritar. Te ruego que bebas de mí, como si fuese la fuente que emana la sangre de Cristo, y celebra el pecado en éste ritual.

«In nomine Patris et Filii et Spiritus Sancti.»

No me temas, pues soy lo que tú quisiste que fuese. Me hiciste despertar lavado con tus propios dedos, con los recuerdos ahogados en el mar de confusión que tú avivabas con tu fría mirada, mientras olvidaba por completo el joven que fui. Los escasos recuerdos que me perseguían se transformaron en viejas leyendas de nieve, retablos y rezos que se alzaban hasta la madrugada. Sé que lo sabes. No niegues tu culpa, pues siempre cargará sobre ti.


Respóndeme... ¿sabes qué ocurre cuando los ángeles caen? Cuando los ángeles caen, con sus alas tupidas convertidas en negros presagios, puedes ver como el mundo enmudece. ¿Tú enmudeciste, maestro? ¿Te imaginabas que tu pequeño truco me haría así? ¿Creíste que despertarías a éste monstruo y le darías las fuerzas suficientes para seguir alzando los brazos buscando tu amor? ¡Dímelo! ¡Por favor, dímelo! ¡No seas cobarde y dímelo!  

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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt