El siguiente fragmento son pensamientos de Armand frente a Marius y todo lo que ha sucedido entre ambos. Os lo ofrezco a vosotros, que creo que os interesa.
Lestat de Lioncourt
¿Cuántas lágrimas tendré que
derramar? ¿Cuántas veces aceptaré tu frío silencio? No quiero
sentir un dolor tan profundo, pero no se desvanece sino que se
fortifica. Me he convertido en un monstruo con el rostro de un ángel,
de mi espalda no surgen alas tupidas y negras porque Dios no lo ha
deseado; sin embargo, soy “El destructor” que señala, con sus
frágiles dedos, acusándote de cientos de pecados cometidos. ¿Esa
es mi venganza? ¿O es lo que tanto esperabas? Provocas que niegue
mis deseos más íntimos y cumpla los tuyos, en eterno pecado,
deslizándome por tus sábanas empapadas en egoísmo y eróticos
golpes. ¿Desde cuándo me he convertido en una marioneta en tus
manos? Detesto los hilos que me has colocado con retorcidas palabras
de amor, llenas de tóxicas mentiras, que provocan aún hoy que mi
corazón siga latiendo.
«Pater Noster, qui es in caelis,
sanctificétur nomen Tuum, adveniat Regnum Tuum, fiat volúntas tua,
sicut in caelo et in terra.»
Me muestro de nuevo ante ti, trémulo y
terriblemente confundido, cubierto con la espesa túnica del dolor.
Pronto quedaré expuesto desprovisto de cualquier palabra que cubra
mis vergüenzas. En tu blanco lienzo dibujarás mi silueta como si
fuera una escultura de mármol, de profundos pozos de café con la
chispa del odio bailando en color dorado, sin olvidar las llamas del
infierno que acarician mis pómulos, hombros y cuello como generosos
mechones de ondulado cabello. Por favor, Padre, no olvides dibujar en
mis labios la más triste y pérfida de las expresiones. La candidez
puedes expresarlas en mis mejillas sonrosadas, las cuales, sólo
serán maquillaje, de pétalos pálidos, que nadie creerá. Transmuta
mi carne joven, moldeada con tus dedos, y hunde en mis viejas heridas
tus dedos hasta hacerme gritar. Te ruego que bebas de mí, como si
fuese la fuente que emana la sangre de Cristo, y celebra el pecado en
éste ritual.
«In nomine Patris et Filii et Spiritus
Sancti.»
No me temas, pues soy lo que tú
quisiste que fuese. Me hiciste despertar lavado con tus propios
dedos, con los recuerdos ahogados en el mar de confusión que tú
avivabas con tu fría mirada, mientras olvidaba por completo el joven
que fui. Los escasos recuerdos que me perseguían se transformaron en
viejas leyendas de nieve, retablos y rezos que se alzaban hasta la
madrugada. Sé que lo sabes. No niegues tu culpa, pues siempre
cargará sobre ti.
Respóndeme... ¿sabes qué ocurre
cuando los ángeles caen? Cuando los ángeles caen, con sus alas
tupidas convertidas en negros presagios, puedes ver como el mundo
enmudece. ¿Tú enmudeciste, maestro? ¿Te imaginabas que tu pequeño
truco me haría así? ¿Creíste que despertarías a éste monstruo y
le darías las fuerzas suficientes para seguir alzando los brazos
buscando tu amor? ¡Dímelo! ¡Por favor, dímelo! ¡No seas cobarde
y dímelo!
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