Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

martes, 17 de febrero de 2015

Mardi Gras...

Las carrozas transitaban por las calles más turísticas. First Street, con sus mansiones coloniales, parecían saludar al confeti, los collares y la música que hacían estruendo por cualquier rincón. El Barrio Francés no era una excepción. Muchos jóvenes disfrutaban de los últimos estragos de aquella delirante noche que se estaba viviendo. Día y noche convertido en un estallido de vida. Se celebraba el Carnaval sin límites a la diversión más pícara y sensual. Algunos grupos de baile danzaban entre los visitantes y vecinos. Todos aplaudían y se arrojaban collares que rápidamente recogían. Pronto habría un gran botín en cada cuello, como si aquello fuese a darles la vida eterna.

En una esquina, poco iluminada y solitaria, me apoyaba con los brazos sobre el torso. En la librería cercana se anunciaba mi reciente regreso. Algunas mujeres observaban la vitrina dudosas por adquirir, o no, uno de mis ejemplares. Louis mantenía la calma, y su agradable elegancia, a pocos pasos. Parecía impaciente por iniciar una conversación que nos llevaría a una discusión inevitable. Habíamos viajado desde Francia esa misma noche. Él odiaba mi don para viajar por los cielos. Era, sin duda, algo que aún le aterraba.

—Si vas a decir algo dilo ahora o calla para siempre—bromeé, con la solemnidad de un sacerdote.

—¿Por qué hemos regresado? ¿Por qué aquí? Lestat...—se aproximó, tomó mi brazo derecho y lo pegó a su pecho esperando que diese una buena explicación.

—Martes de Grasa, Martes de Carnaval... gritos, baile, vudú, collares al aire, aromas, sangre y deseos imposibles convertidos en disfraz, máscara y carrusel—murmuré, sin apartar mis ojos de la librería aledaña.

—Viniste porque quieres ver las ventas de tu libro, tu magnífica obra, en las librerías de la ciudad que...

—Que nos bendijo y maldijo a la vez. Fue cielo e infierno. Carretera a los recuerdos, autopista al dolor y sendero del diablo... —me giré hacia él, lo tomé del rostro y fijé mis ojos casi violáceos en él. Esa expresión terrible, tan falsa como una máscara, me conmovía. Temía a Claudia. Realmente temía a nuestra damita... a su fantasma.

—Cálmate—moví ligeramente mi mano, me acomodé mejor contra el muro y noté entonces su oportuno abrazo.

Podría gritar que me detestaba, odiaba y rechazaba. Sin embargo, nosotros vivíamos “para siempre” y ese “para siempre” provocaba la necesidad de estar juntos, cuerpo contra cuerpo, aceptando el tiempo que corre en contra de cada mortal. Habíamos regresado a New Orleans. Era Martes de Carnaval. Toda la ciudad parecía estallar en la alegre festividad. Todo el mundo estaba en la calle para darle la despedida al pecado y empezar el sobrecogimiento de la cuaresma.

—Príncipe Lestat... qué irónico...—chistó riendo bajo, mientras ocultaba su rostro en mi cuello contra la amplia solapa de mi gabán de cuero negro—. Sólo eres un rebelde con una causa aparente.


—Oui, pero soy el rebelde favorito de miles...

Lestat de Lioncourt   

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Lestat de Lioncourt