Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

miércoles, 12 de julio de 2017

Regresando al arte

Marius regresando a pintar querubines... vaya, vaya...

Lestat de Lioncourt

El dulce canto lírico del joven se detuvo junto a su lira. Sus enormes ojos grisáceos se posaron en los míos y su sonrisa se formó algo coqueta. Descendió del lugar donde se hallaba y caminó hacia mí. Parecía un ángel. De hecho, tuve la sensación de revivir el primer encuentro con Armand. Pero él no tenía los vivos cabellos de fuego, sino una melena rizada y dorada similar a la de muchos querubines dibujados mil veces en los lienzos de los profetas de las pinturas religiosas.

—No le esperábamos por aquí—dijo.

Su voz sonó extrañamente seductora. Tal vez por sus labios carnosos con arco de cupido. No lo sé. Sus mejillas llenas, su mentón pequeño y su rostro aniñado me perturbaba. ¿Qué edad pudo tener cuando el momento de su nueva vida vino a modificar su historia? ¿Tal vez quince? Era posible que ni siquiera llegase a esa edad. Si bien, ahí estaba. Podía tener al menos tres o cuatro siglos, por lo tanto era mucho mayor que yo. Aún así su fuerza era ínfima a la mía.

—Vine a ver a Notker—respondí.

—El maestro no se halla aquí—contestó presto.

—¿Puedo dejarle un mensaje?—pregunté colocando mis manos sobre sus estrechos hombros.

—Adelante.

—Di que vino Marius, el maestro de las pinturas, buscando algunos modelos para poder pintarlos en sus obras—sonreía mientras le hablaba y el rubor subió en sus mejillas, así como un profundo nerviosismo—. ¿Podrías hacerlo?

—Lo haré. Tenga por seguro que lo haré.

Después simplemente me fui abandonándolo allí. No quería permanecer más tiempo en su presencia. Me sentía poderosamente atraído y tentado por su belleza idílica. Notker siempre ha tenido buen gusto. No sólo escogía jóvenes talentosos, sino que también eran los más hermosos y los de corazón más puro. Había muchachos desde los siete u ocho años hasta los veinte. Todos eran músicos, cantantes líricos o poetas. Necesitaba jóvenes de todas las edades y aspectos para pintarlos. Necesitaba apreciar nuevamente la belleza desbordando en un hermoso fresco.


Durante años había pintado sólo composiciones salvajes de bosques, selvas y hermosos jarrones. No sabía a que se debía, salvo cuando Amel se hizo presente con ímpetu. Ahí comprendí que era él quien me influía. En estos momentos, ya lejos de su persistente influencia, ansío pintar nuevamente ángeles como en los días más gloriosos de mi existencia. Quiero ser de nuevo Marius “El romano”.  

No hay comentarios:

Gracias por su lectura

Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt