Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

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sábado, 27 de septiembre de 2014

Sólo se feliz

Rowan me mostró que soy afortunado. A pesar de todo lo que he vivido sigo siendo el mismo. Louis no. Louis se ha convertido en algo trágico. 

Lestat de Lioncourt



No sé que nos ha pasado. Desconozco el motivo de tanto dolor. Aprendimos a caminar por la senda del jardín y nos separamos. Es como un triunfo para el dolor y la miseria, para las consecuencias nefastas de la vida. El amor no todo lo puede, pues a veces se consume como una vela y no queda nada. Te he visto convertirte en un monstruo. Eres un peligro incluso para ti mismo. Tal vez te has caído tanto, has sufrido demasiado, y yo jamás me he parado a pensar que pudieras soltar mi mano. ¿Cuándo la soltaste? ¿En qué momento? Pues en multitud de ocasiones pude sentir tus dedos entrelazados con los míos, tu presencia a pesar de la distancia, y el calor de tu alma convertida en una llamarada incandescente.

Tu rostro reflejaba cierta bondad y una tragedia tras otra. Pude ver en tus ojos un alma atormentada. Eras la expresión del sufrimiento, de una vida marcada, y deseé rescatarte como si pudiera con ello salvar mi propia alma. Te condené innecesariamente, pero fue por amor y desesperación. Un amor que dejó una marca que no puedo borrar, aunque tampoco lo deseo. No quiero olvidar todos los buenos momentos, así como los tormentosos y nefastos, que vivimos juntos. El trato que hiciste conmigo te vincula para siempre a mí, te ata y consume, pero a la vez te libera de una muerte anunciada.

Recuerdo tu aliento a vino de taberna barata, como tropezabas entre las mesas y buscabas la salvación entre los pechos de una puta desdentada. No podías encontrar nada bueno. Ibas por el camino de los perdedores, justo a la fosa, para ser desterrado del mundo de los vivos. Yo fui tu ángel. Te tomé entre mis brazos alzándonos por los aires, sumergiéndote en el delirio y el delito de ser eternos. Tan eternos como Dios y el Diablo.

Han pasado tantas historias, la mayoría desafortunadas, en algo más de dos siglos. Y cada día es un eslabón más a tu condena. Me he convertido en el demonio y éste mi peculiar infierno. Tú has aportado las llamas, las cenizas, la condenación y las palabras místicas mientras conjuras una oración acariciando tus crucifijos. Mírame con esos ojos, mírame. Quiero ver el monstruo que ahora eres, la serpiente colérica en la cual te has convertido, que desprecia la vida y tienta a quien sea por un poco de sangre.

No debí salvarte aquella vez. Lo que rescaté fue tu cuerpo, pero no tu alma. Te convertí en un monstruo. Desprecias todo lo que te ofrezco, el amor de aquellos que siempre estuvieron allí e incluso, a veces, incluso repudias el recuerdo de esos cabellos dorados que fueron nuestra perdición. La maldad que pudre tu corazón es terrible. Todo es terrible. Yo me compadezco de ti, de mí y de todo lo que tuvimos. Ya no puedo amarte. No puedo soportarte. No quiero estar a tu lado. Siento que mi corazón se deshace en un mar de lágrimas cuando me miras, con ese desprecio y desdén, mientras, con tus palabras cínicas, me llamas aún con pomposidad como si me desearas a tu lado. Sólo quieres acabar conmigo, igual que las sirenas a un marinero. Te has convertido en esclavo del odio, el desprecio y la ira.

Lo siento, lo siento. Ya no eres el filósofo, el mártir, el ángel de la dulce y benevolente muerte. Sólo eres el bastardo que aniquila sin piedad, que caza incluso sin deseo, porque la sangre brotando en tus labios calma tu instinto. Eres una elegante alimaña con gloriosos ademanes de caballero.

Nos perdimos, pero tú más que yo.


Mi único deseo es que encuentres el lugar donde la felicidad llegue, aunque sea en un pequeño rayo de esperanza. He logrado ser feliz, a pesar de todo, y lo único que deseo para ti es que consigas encontrar el amor o la paz para tu alma.  

Gracias por su lectura

Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt