Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

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jueves, 10 de julio de 2014

Lealtad y belleza, Mojo

Aquí el motivo por el cual amo a los perros: su fidelidad y amor incondicional. 

Lestat de Lioncourt 


Lo observaba descansar sobre el sofá, con sus enormes patas delanteras cruzadas y el hocico sobre ellas. Aquel hocico negro y húmedo que guardaba esa gran lengua con la que llenaba todo de babas. Esos ojos bonachones, tan distintos a muchos humanos, mostraban comprensión y tristeza. Sabía que era hora de la despedida, pero no lo deseaba. Él lo visitaba cada noche, jugaban como si el tiempo no pasara, y aquel enorme edificio era su hogar, su territorio, aunque le gustaría cambiarlo por estar junto al ser que tanto adoraba.

—Mojo, es la hora—dijo acercándose a él para pasar sus manos por su pelaje—. ¿Por qué siempre me haces estos dramas? Sabes que mañana regresaré, jugaremos a revolcarnos y guardar huesos. Además, Susan te trata bien—murmuró suspirando pesadamente.

—Siempre es igual, cada noche—comentó la joven desde la puerta.

Era una mujer delgada, de piel blanca y mejillas rosadas con una sonrisa radiante. Además, tenía una mirada profunda y café, un cabello rubio muy espeso y siempre iba impecablemente vestida. Parecía una jovencita, pero no lo era. Rondaba ya los cuarenta y debido a su soledad, como si fuese un vampiro que huye de un igual, necesitaba a Mojo.

—Lo sé—se inclinó sobre él y lo abrazó. Pudo sentir como aquel enorme animal hundía su hocico en su cuello y suspiraba. No podía hacerse cargo de él en casa, pues era imposible, pero visitarlo le daba cierta esperanza.

Según su teoría la nobleza de los animales era algo que faltaba en el mundo, igual que la auténtica belleza de la hermandad que éstos poseía. Para él, todos deberíamos ser perros o animales en sí. Un animal menos evolucionado hacia el cinismo, la mentira y el ego profundo. Incluso él. Sí, él también. Sentía que ni siquiera él podía decirse bueno comparado con un animal como ese.

—Te amo—le dijo apartándose de él para mirarlo a los ojos.

Poco sabía que aquella noche sería una de sus últimas visitas. Memnoch lo asaltaría, quedaría postrado por algunos meses en una capilla y perdería la noción del tiempo. Al despertar Mojo no viviría, aunque había dejado descendencia y de esa descendencia, en su honor, tomaba un cachorro y lo bautizaba igual que el anterior.

Ahora, esta misma noche, persigue a uno de esos Mojo, el más parecido a su Mojo, que corretea por el jardín persiguiendo los aspersores.

—¡Mojo!—gritó—¡Maldita sea! ¡Te acababa de dar un baño!—echó a correr tras él, sin importarle demasiado el mojarse, llenarse de barro y caer por un descuido. Pues, era Lestat y le encantaba revolcarse en el césped con él mientras le confesaba todos sus extraños sueños.


Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt