Imagen: Perdidos en el Laberinto [vieja peli] que no sé por qué me recuerda esa expresión a la que podría tener Marius cuando vio a Lestat hacer sus locuras en televisión...
Sentado en medio de una estancia llena de libros esta mí Maestro. Esta ensimismado con unos viejos documentos que logró recuperar. Parece un niño pequeño con un juguete especial, esta absorbido y no percata mi presencia en el marco de la puerta. Sonrío levemente al ver su alocada expresión, sus jadeos por la fortuna y como acaricia aquel arrugado pergamino. ¿Quién diría que tiene más de mil años? Esos cabellos de avena, esa mirada azul marina y esos labios tan perfilados junto con una piel de nieve le dan un toque hermoso. Parece un hombre adulto de no más de treinta y cinco años mal contados, sin embargo es uno de los vampiros que ha superado el milenio. ¿Qué cosas no ha conseguido? Creo que nada, ha visto la historia ir y venir sin volverse loco. Sobrevivió a la locura de la Madre y a cientos de años de soledad. Sin embargo ahí está como un niño embobado con esos trazados, las letras y las maravillas que eso contienen.
-Maestro.-Susurro desde la puerta y no se percata. Me doy cuenta entonces de los cuatros, aún con la pintura fresca, apilados en un rincón. Hay una hermosa pintura de Louis, Armand con su amante y yo tan alocado como siempre con un micrófono en mi mano. Nos ha dibujado a todos, a todos y cada uno de los que ha conocido. A lo lejos veo el hermoso rostro de Avicus portando un libro en las manos junto a una rosa. Santino tan lúgubre, tan hermoso, tan exaltado y tan equivocado; fue él quien lo quemó y también quien le ayudó a salir de los hielos. Maharet y su hermana, Mekare, junto a su descendiente Jesse, todas pelirrojas de ojos verdes y rostros expresivos. Pero el cuadro que más amo es su autorretrato. Es curioso pero se ha pintado sentado en un salón como este, lleno de libros, y con papiros apilados; sin duda creo que ha dibujado su vieja casa de Roma, aquella en la cual vivió como noble acaudalado y gran juerguista.-Maestro.-Insisto de nuevo, si bien él esta demasiado ensimismado para escuchar mi tenue voz.-Marius.-Dije al fin y giró su hermoso rostro. Sus dientes se mostraron en la escueta línea de sus labios. En su mirada había una paleta de tonos azules. Me aproximo con temerosidad, no sé que hacer, que pensar…me espero una azotaina por lo que ha sucedido, por la pelea estúpida que antes habíamos tenido y por divulgar mi mal estar.-Toma.-Digo entregándole mi última composición, para empezar a corretear por las salas, el recibidor y el jardín.
Maestro…
No me arrebataste mi patética vida,
No me diste la bella eternidad,
Sin embargo me entregaste, sin remilgos, la verdad
¡Después de mis pensamientos suicidas!
Mi maestro es un rey de los milenios,
Parece de cera y a la vez arrebatadoramente humano.
Mi maestro es quien contiene su genio,
Frente a mí un estúpido ufano.
No me diste la belleza de la oscuridad,
Pero sí tu amor y compasión
Junto a secretos que calmaron la curiosidad,
Y alentaron a mi loco corazón.
Hermoso hombre de porte elegante,
Mágico con los pinceles que atesora;
Ladrón de la vida y de las auroras,
Que usa sus encías como blancos guantes.
¡Míralo tan vivaz, tan serio a la vez!
Cubriendo maquillaje su blanca tez,
Donde oculta trazos de lo vivido,
En cada último mortal suspiro.
Mi maestro es el guardián de la Madre;
Aquel que no me condenó al fuego;
Quién no rechazó mis ruegos.
Mi maestro es quien de mi más sabe.
Soy su malcriado e idiota principito,
Aquel que no cumple las promesas,
Porque ve imposible no hablar de reinas o princesas,
Como él no puede dejarme de lado cuando su cercanía solicito.
Le quiero sin poner ningún límite
Porque yo no sigo las reglas, sino mis instintos
Por eso creo que soy a él distinto
El contiene la ira para no ser débil o se precipite
Le quiero tal cual es
Le adoro por su personalidad
Le detesto por no saberme decir no
Y le porto como mi verdadero padre en mi pétreo y maltratado rincón…
Mi maestro…
Mi guardián de los secretos…
Ni Pintor, Ni Historiador, Ni Guerrero… tan sólo un vampiro sabio que sabe actuar…
Y yo un idiota que lo admira terriblemente, pero sabe que jamás llegará ser tan aclamado por todos…
Romanus, Marius… genio y figura.
Texto dedicado a Romanus
-Maestro.-Susurro desde la puerta y no se percata. Me doy cuenta entonces de los cuatros, aún con la pintura fresca, apilados en un rincón. Hay una hermosa pintura de Louis, Armand con su amante y yo tan alocado como siempre con un micrófono en mi mano. Nos ha dibujado a todos, a todos y cada uno de los que ha conocido. A lo lejos veo el hermoso rostro de Avicus portando un libro en las manos junto a una rosa. Santino tan lúgubre, tan hermoso, tan exaltado y tan equivocado; fue él quien lo quemó y también quien le ayudó a salir de los hielos. Maharet y su hermana, Mekare, junto a su descendiente Jesse, todas pelirrojas de ojos verdes y rostros expresivos. Pero el cuadro que más amo es su autorretrato. Es curioso pero se ha pintado sentado en un salón como este, lleno de libros, y con papiros apilados; sin duda creo que ha dibujado su vieja casa de Roma, aquella en la cual vivió como noble acaudalado y gran juerguista.-Maestro.-Insisto de nuevo, si bien él esta demasiado ensimismado para escuchar mi tenue voz.-Marius.-Dije al fin y giró su hermoso rostro. Sus dientes se mostraron en la escueta línea de sus labios. En su mirada había una paleta de tonos azules. Me aproximo con temerosidad, no sé que hacer, que pensar…me espero una azotaina por lo que ha sucedido, por la pelea estúpida que antes habíamos tenido y por divulgar mi mal estar.-Toma.-Digo entregándole mi última composición, para empezar a corretear por las salas, el recibidor y el jardín.
Maestro…
No me arrebataste mi patética vida,
No me diste la bella eternidad,
Sin embargo me entregaste, sin remilgos, la verdad
¡Después de mis pensamientos suicidas!
Mi maestro es un rey de los milenios,
Parece de cera y a la vez arrebatadoramente humano.
Mi maestro es quien contiene su genio,
Frente a mí un estúpido ufano.
No me diste la belleza de la oscuridad,
Pero sí tu amor y compasión
Junto a secretos que calmaron la curiosidad,
Y alentaron a mi loco corazón.
Hermoso hombre de porte elegante,
Mágico con los pinceles que atesora;
Ladrón de la vida y de las auroras,
Que usa sus encías como blancos guantes.
¡Míralo tan vivaz, tan serio a la vez!
Cubriendo maquillaje su blanca tez,
Donde oculta trazos de lo vivido,
En cada último mortal suspiro.
Mi maestro es el guardián de la Madre;
Aquel que no me condenó al fuego;
Quién no rechazó mis ruegos.
Mi maestro es quien de mi más sabe.
Soy su malcriado e idiota principito,
Aquel que no cumple las promesas,
Porque ve imposible no hablar de reinas o princesas,
Como él no puede dejarme de lado cuando su cercanía solicito.
Le quiero sin poner ningún límite
Porque yo no sigo las reglas, sino mis instintos
Por eso creo que soy a él distinto
El contiene la ira para no ser débil o se precipite
Le quiero tal cual es
Le adoro por su personalidad
Le detesto por no saberme decir no
Y le porto como mi verdadero padre en mi pétreo y maltratado rincón…
Mi maestro…
Mi guardián de los secretos…
Ni Pintor, Ni Historiador, Ni Guerrero… tan sólo un vampiro sabio que sabe actuar…
Y yo un idiota que lo admira terriblemente, pero sabe que jamás llegará ser tan aclamado por todos…
Romanus, Marius… genio y figura.
Texto dedicado a Romanus

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