Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

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domingo, 17 de septiembre de 2017

Mi familia


¡Oh, Thorne!

Lestat de Lioncourt 

Hacía cinco noches que había llegado correo de paquetería para mí de parte de Jesse. Era una caja de cartón algo pesada que en ningún momento ponía el título de “Frágil” en los costados o la parte superior de la misma. Había estado siguiendo a Lestat en sus discursos en distintas sedes, convirtiéndome como no en su sombra. Tanto Cyril como yo somos sus escoltas y es nuestro trabajo proteger su seguridad, pues en él se encuentra el Germen Sagrado. El mismo Germen que había yacido “silencioso” en el cuerpo de Akasha, el cual fue tomado por Mekare en un día aciago para nuestro pueblo.

Nada más llegar a Auvernia y entrar en el castillo el joven vampiro David Talbot se acercó a mí. Él me abrazó estrechándome con fuerza y me dio dos besos en las mejillas. Siempre he simpatizado con él porque me parece alguien sincero y muy honesto. Recuerdo que fue quien escribió las memorias de mi buen amigo Marius. En ellas denota cierta empatía hacia mí y un cariño inmenso que no sé aún como pagar.

—Hace unas semanas Jesse envió algo a este castillo para ti, —dijo tomándome de las manos—¿lo has abierto ya?

Su mirada castaña me parecía dos hermosas tazas de café humeante y su sonrisa era auténtica, pero también mostraba algo de cansancio debido a haber estado volando por los aires. Tenía el traje algo desarreglado cuando él siempre intentaba vestir impoluto.

—Acabo de llegar y nada más he preguntado por ti, pero tú también acabas de hacerlo—me dijo tras una carcajada.

—No, no sabía nada—respondí.

—Creo que la dejaron en tu cripta.

Me despedí de él acariciando sus manos para luego abrirme paso por la sala. Lestat había exigido que lo dejasen a solas con Marius, pero Cyril iba a acompañarlos. A ellos se unió Avicus y también algún que otro vampiro fuerte. Sentí que podía escabullirme unos minutos para ir a investigar qué me había enviado Jesse.

Cuando entré en mi cripta la hallé en mitad de esta, justo al lado de mi ataúd del pequeño altar de piedra con grabados vikingos. El mismo altar que sostenía mi ataúd que había dejado abierto. Tomé el paquete y lo abrí sin dificultad usando mis uñas duras y puntiagudas. Dentro hallé algo que me hizo llorar de inmediato.


Era una manta hecha con los cabellos de Maharet que ella mismo había tejido. Aún conservaba su aroma, podía oler su colonia. De inmediato me envolví en ella y empecé a llorar como un niño. La extrañaba tanto, la necesitaba tanto... Desde entonces es mi manta y duermo con ella aunque haga calor. No puedo evitarlo. Maharet era todo para mí. También había una fotografía mía con Khayman que conservo con mucho cariño. Ambos eran y serán mi familia.  

jueves, 9 de febrero de 2017

Familia

Jesse es y será una gran mujer.

Lestat de Lioncourt 


No siempre somos lo suficientemente fuertes para admitir nuestros errores, sean cuales sean. Nos vemos privados de nuestras propias emociones porque no tenemos agallas. Convertimos nuestro mundo en un bunker de mentiras que parecen protegernos, pero en realidad nos superan en número y aplastan las pocas oportunidades que podemos llegar a alcanzar. De ese modo, todo ocurrió.

Me enamoré del misterio que envolvía la muerte de mis padres cuando tan sólo era una niña. Había escuchado mil historias sobre ellos, su profesión y poderes sobrenaturales. Yo también los poseía, pero los ignoraba. Sin embargo, fue llegar una tía lejana a mi vida y desarrollarlos sin miedo. Ella me dijo que me cuidaría, que vigilaría cada uno de mis pasos, y me dio sumas importantes de dinero para mis estudios, caprichos y necesidades básicas. Mis padres habían muerto, pero yo debía seguir viviendo siendo un fruto perfecto.

Cuando era apenas una adolescente tuve problemas con numerosos espíritus. Salí en la portada de algunos periódicos locales hablando sobre casos de asesinato, cuyas pruebas nunca se habían hallado, revolviéndolos y dando con el asesino. Supongo que eso fue el detonante, aunque quizá lo fue quien era realmente mi tía Maharet, para que Talamasca, con David Talbot a la cabeza, se hicieran cargo de mis habilidades.

Recuerdo lo furiosa que estaba Maharet, pero me permitió hacer lo que yo creía oportuno. Tras cinco años bajo la tutela de Talbot llegó el momento. Quería demostrar que los vampiros eran una fábula. Me personé en Nueva Orelans en búsqueda de la famosa casa de la novela “Entrevista con el vampiro”. Llevaba conmigo un ejemplar de aquello que creía fábula. Era pura basura, a mi parecer, pero comprendí que esa pura basura era cierta. El fantasma de la niña inmortal, de esa perfecta muñeca, infectaba la casa debido a los recuerdos que latían bajo cada tablón podrido del suelo.

Creo que eso fue lo que hizo que fuese al concierto. No tenía permiso. Maharet me puso un escolta, alguien que ya conocía de otras ocasiones. Mael fue quien me cuidó hasta el momento que alguien me empujó y sentí como mi cuello se quebraba. Después, la inmortalidad en la camilla de un hospital.


Ella dejó de ser mi tía Maharet y se convirtió en mi hermana, mi consejera, mi madre, mi tía y mi abuela. Khayman, a quien conocí esos días, era un hombre protector y que me llenaba de besos el rostro cuando me veía llegar tras pequeños viajes, casi insignificantes, buscando misterios o conversando con otros jóvenes para ver el mundo. Ahora odio esos viajes, pues perdí tiempo con ellos. Ya no están. No está mi maravillosa tía Maharet y tampoco el dulce protector de Khayman. Tampoco está la pobre tía Mekare. Nadie. Sólo un montón de escombros que van tomando forma. Rhoshmade y Benedict, dos vampiros poderosos, mataron horriblemente a mi tía Maharet y después destrozaron a Khayman. Doy gracias que ambos murieran consecutivamente porque sé que él no hubiese podido soportar el saber que ella estaba muerta. No paro de rememorar como la miraba, igual que un hombre cuando ve a la mujer de su vida caminando hacia el altar, y esa mirada jamás se fue.  

miércoles, 8 de febrero de 2017

Dolor


Debió ser horrible ver como tu familia se desmorona...

Lestat de Lioncourt



—Ojalá se equivocara Faared—dijo tomando un mechón de sus largos y sedosos cabellos pelirrojos.

Sus dedos de mármol retiraba pequeños pedazos mientras la mano contraria movía con gracia un cepillo de cerdas naturales. De esos cepillos clásicos de madera y que dicen que distribuyen los aceites del cabello, recuperan su brillo natural, y le dan volumen. Sin embargo, el cabello de su hermana no necesitaba volumen o brillo, pues era hermoso como el suyo.

—¿Por qué? Te vi caminar, Mekare—decía a punto de romper a llorar—. Con esos ojos que robé aquella noche, tan distintos a los tuyos, y ahora que vuelvo a ver sin necesidad de estar robando a mis víctimas, que puedo ser más autónoma, me dicen que nunca hablarás y que no hay nadie en este hermoso receptáculo. Sólo es un recipiente, un ánfora, una bella escultura automatizada... ¡No lo quiero creer!—terminó rompiendo a llorar, dejando que el cepillo cayese al suelo y sus manos cubrieran su rostro.

Mekare estaba allí sentada, observando el fresco paisaje nocturno, mientras las aves, sobre todo loros y cacatúas, llamaban la atención con sus plumas cargadas de llamativos colores. Al fondo se podían ver los árboles, de densas copas, alzándose hacia el cielo nocturno cargado de estrellas.

Khayman llegó entonces. Olía a humo, fuego, sangre y horror. Su vieja cazadora de cuero estaba dañada y su sombrero de ala ancha no se hallaba en su cabeza. Sus largos cabellos negros ondeaban como una bandera pirata y su piel, tan blanca como el mármol, le confería un aspecto de estatua. Se acercó a ellas, las saludó acariciando el rostro de ambas y finalmente se arrodilló llorando.

Las lágrimas sanguinolentas de aquellos milenarios, de esos hijos de la Oscuridad, se vertían en mitad de la jungla. Mekare, por su parte, echaba a correr tras un pequeño roedor. Empezaba la caza de la gemela cuyo cerebro estaba dañado, pero en apariencia seguía ahí interactuando con el mundo.

Había ocurrido una nueva Quema. La tragedia pronto se narraría en la radio. ¡Qué demonios podían hacer! Era imposible controlar a esa criatura que se apoderaba de Khayman.

lunes, 30 de enero de 2017

Mi historia, vuestra historia

Gregory Duff Collingsworth o Nebamun... es uno de esos vampiros que se hacen amar.

Lestat de Lioncourt 



Muchas veces creí que sería difícil explicar mi vida a otros, pero fue asombrosamente sencillo hacerlo una vez todo se detuvo y comencé a dar explicaciones. Supongo que tras cientos de siglos de silencios, de ocultarme como si fuese un viejo tesoro, fue más sencillo que hablar sobre una vieja historia que parecía más bien una leyenda. Ofrecer una verdad en un momento donde todos los ojos y oídos son pocos es inusual.

Recuerdo la primera vez que pisé un país occidental. Había dejado atrás la arena dorada y amontonada, extensa como un océano profundo y peligrosas como una selva tropical, para encontrarme con bosques, ríos, lagos, ciudades apelotonadas a los pies de montañas o en valles extensos. La lengua no fue difícil para mí debido a los poderes que poseemos los vampiros. Estos nos hacen poder entender el idioma de cualquier país, evitando así fronteras culturales o de cualquier tipo.

Sin embargo, lo que mejor recuerdo, como si fuese ayer mismo, es a Amel apareciendo en la vida de todos nosotros. Ese vínculo, ese germen. Pude contemplar como Akasha caía, junto a su esposo y su fiel mayordomo real, sobre las baldosas de aquella habitación. Me encontraba oculto en un baúl. Era el amante favorito de Akasha, el actual compañero de cama, pues Enkil jamás había tenido tales acercamientos.

Los ojos parecían que iban a salirse de mis órbitas cuando contemplé estupefacto como se introducía en ella, agujereando su cuerpo, para luego incorporarse. Un alarido de dolor, como si ardiera envuelto en un fuego invisible, la avivó. Se convirtió en una marioneta de mirada terrible, soberbia y capaz de cualquier cosa, dejando atrás esa escasa fragilidad que en ocasiones me mostraba en la cama. Era otra. Se sabía poderosa. El miedo se apoderó de mí y decidí seguir oculto, observando como mordía el cadáver del rey Enkil, para luego hacer lo mismo con Khayman. Ambos cobraron vida tras derramar su poderosa sangre sobre sus labios y estos se incorporaron como si nada hubiese pasado.

La mirada de Khayman, siempre alerta, era la de un hombre asustado. Sabía que algo era distinto en él, por eso el silencio parecía precederle. Por otro lado Enkil reía maravillado. Tal vez se sabían muertos, se habían visto como espíritus revoloteando por el techo de la habitación. Jamás pregunté. Sobre todo porque yo fui el siguiente en ser transformado en uno de esos monstruos perfectos. Me convertí en el líder de un ejército ante el desacato del leal mayordomo, el cual decidió proteger a las Gemelas Pelirrojas. Debí hacer lo mismo. Todos debimos hacía mucho atacar a la reina y librarnos de su horror.

Durante siglos recordé la maldición que Mekare lanzó sobre la reina. Dijo que ella le arrancaría el corazón y la decapitaría, que llegaría su hora y lo haría junto a su hermana. Por eso le arrancaron la lengua y a su gemela, para que no pudiera encontrarla, sus ojos. Tuve que separarlas, echarlas a dos corrientes distintas, y asumí mis culpas durante largas noches.

No me siento orgulloso de mis inicios, pero sí de mi presente. He logrado formar una pequeña familia de inmortales, he salvado la vida a un joven vampiro de hermosa piel oscura, y tengo un imperio farmacológico que investiga junto con Fareed Bhansali mejoras en nuestra genética, evitando enfermedades que podrían aparecer o mejorando nuestra calidad de vida.


Sin embargo, contar todo esto, fue difícil. El micrófono estaba abierto, había más de una decena de inmortales rodeándome. Sentí que todos retenían el aliento porque me detestaban por mis malos actos, pero finalmente me perdonaron y aceptaron que tuve mi momento en la historia.  

lunes, 23 de enero de 2017

Gritos en el silencio

Khayman nos ha trasmitido esto desde algún lugar... 

Lestat de Lioncourt 


La lluvia caía delgada, pero continua. Fuera la frondosa selva se extendía como el cuerpo de una serpiente midiendo a su inminente víctima. Las aves parecían estar dormidas, aunque de vez en cuando escuchaba su aleteo, igual que las elegantes pisadas de algunos grandes felinos salvajes. Todo el templo olía a tierra mojada, flores silvestres y distintos perfumes de los jóvenes que se aproximaban a nuestra biblioteca. Si bien, no debería decir nuestra sino suya. Maharet había recopilado la historia de nuestros actos, los suyos, los de la Gran Familia Humana y los sucesos más importantes de la humanidad quedaban reflejados.

Había empezado a escuchar aquella voz hacía algunos años. Era una voz profunda y masculina. Al principio balbuceaba, pero debido a su insistencia se convirtió en un gran orador. Cuando conducía en las grandes ciudades, aquellos elegantes deportivos, podía oír como tarareaba algunas canciones de grupos de rock británicos o varias de Lestat. Mis manos se deslizaban dulcemente por el volante mientras él reía.

Cuando comencé a oírla pensé que era fruto de mi mala conciencia. Había muchas cosas que no había hecho durante mucho tiempo. Dejé atrás a la familia, me hundía en mis propias aventuras, y pensé que los espíritus jamás me alcanzarían. Todavía recordaba como aquel espíritu burlesco se apropió del cuerpo de mi padre, ya momificado, para hacerlo bailar. Aún podía ver aquellas cuencas vacías mirándome desde el otro mundo, el hedor del cadáver y los ungüentos hechos con diversas plantas. Creí que eso había quedado atrás. Me equivocaba. No era fruto de mi mala conciencia, ni un vampiro intentando encontrar el camino o un intruso en mi mente. Estaba dentro de mí, como una llamarada.

Ahora lo entiendo todo.

Aquella noche me incorporé del suelo, donde solía tumbarme a escuchar viejos discos, y comencé a deambular por las estancias con los pies desnudos y la mente bullendo con murmullos. Por un momento pensé que eran mis propios pensamientos, pero no fue así. Alguien movía mi cuerpo, me desplazaba de un lugar a otro, y el olor a carne quemada empezó a darme náuseas. Los gritos, los lloros, los lamentos, las súplicas y el dolor crecieron consumiendo a los muchachos que allí se encontraban. Venían cientos, había decenas. Caí de rodillas llorando. Me sentí muy confuso. Ella también estaba allí. Por un momento creí que era Maharet, pero era ella. Era Mekare. Ella también estaba quemando a los que quedaban vivos.

En estos momentos ya encontré la paz. Soy un espíritu más. Tuvieron que detenerme, pero durante meses sembré el terror en diversos países del norte, centro y sur de América. Sobre todo del sur de este continente. Brasil fue el lugar donde más caos y miseria ofrecí.

Dejé de ser el hombre honesto, el guardián amable, el guerrero de la paz... y me convertí en el asesino del silencio, el amor, el respeto, el honor, el orgullo y la juventud. Robé tiempo, destruí tiempo.


Ahora lo entiendo todo.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

El diablo

Durante años quise ver algo sobrenatural que me asombrara. Con mi madre recorrí el mundo con el impulso innecesario de entrar en supuestas casas abandonadas y presenciar, con nuestros poderosos ojos inmortales, algún ente o demonio. La realidad era francamente desfavorable a poder creer en lo que allí sucedía, salvo por ráfagas de aire y algún olor extraño. Así que desistimos.

Cuando conocí a David Talbot profundamente, más allá de superfluas conversaciones al filo de la madrugada, comprendí que despertaría de nuevo en mí el deseo de ver. No obstante sabía que Maharet y Mekare, las poderosas Gemelas Pelirrojas, dejaron de ver espíritus en el momento que Khayman les concedió el Don Oscuro, el preciado regalo de la vida eterna. Por ende, sabía que no vería jamás un fantasma. Al menos, así lo creía.

Habiendo vivido un cambio de cuerpo, o más bien un hurto por descuido, pude ver a un fantasma. Era el fantasma de mi víctima más reciente. Quería contarme su vida. Era un momento excepcional, pero él era un cretino. No mato monjas de la caridad, aunque su hija prácticamente lo era. Podríamos decir que él me importaba una mierda, pero admitamos que la chica era atractiva y tenía cierto encanto. Ella se llamaba Dora. Y por Dora, únicamente por ella, decidí escuchar los delirios de un alma condenada.

Más tarde, en su lujoso departamento, observé todas esas chucherías que eran sus obras de arte. Había unas magníficas, otras mediocres y una estatua horrible. Creo que quería tenerla en mi jardín sólo para espantar a los chicos por Halloween. Entonces, de la nada, esa cosa horrorosa me habló.

¡Imaginad! Estáis mirando una estatua y esta cobra vida. Me burlé de Louis al decir que aquel ángel de piedra se había movido, lo admito. Cuando leí su libro me carcajeé durante horas. Pero en ese momento no pude reírme, sólo echarme a temblar y desear que mi madre me cogiera en brazos como cuando era un niño.


Entonces, todo empeoró. Él se presentó como “Memnoch, el diablo” pues Lucifer le parecía un nombre lleno de infortunio. Dios se lo había dado, pero ya no era la luz en este mundo. Por lo menos, para los hombres era pecado, dolor y una sombra desagradable que tiraba de sus almas hacia el infierno. No obstante, acepté su oferta tras días de divagar. Quería saber. Necesitaba la verdad.


Lestat de Lioncourt 

miércoles, 7 de septiembre de 2016

La esperanza

Jesse ha querido sacar a la luz estas memorias...

Lesat de Lioncourt 


Durante años mantuvo la esperanza. Pero a veces la esperanza sólo se usa para poder sobrevivir ante una gran tragedia. Su historia estaba plagada de dolor y miseria. Me sentía un tanto culpable por no poder ofrecerle más apoyo que mi hombro. Pero, ¿qué iba a poder hacer una mocosa como yo? Eso era, sin duda alguna. Ella era mi antepasada, la mujer más fuerte en la familia durante generaciones y la maravillosa sombra que nos había protegido. Muchos de nosotros habíamos vivido inocentes de su bondad. Yo era una privilegiada; sobre todo porque pude ver en persona como ella nos mantenía unidos. Siempre se presentaba con nombres distintos, asumía una identidad nueva pensada para cada generación; pero ahí estaba, nunca se apartaba. Si estabas en apuros ella, la poderosa Maharet, te ayudaba a solventarlos antes que se convirtieran en una soga y tú en un ahorcado.

Podría decirse que era la madre de todos y pronto lo fue también de su propia hermana gemela. Era doloroso ver como tomaba sus manos, acariciaba con suma ternura su idéntico rostro, besaba la comisura de sus labios e intentaba reflejarse en esos impávidos ojos azules. Ella sufría terriblemente porque su hermana no la reconocía. Cuando aquel médico indio, creación del hijo de la misma tirana que hizo que tanto Las Gemelas Pelirrojas y su guardián Khayman cayeran en desgracia, apareció en nuestras vidas sentí que la esperanza valía para algo, pero no fue así. No era así. Pese a todo mantuvo incluso después de un terrible diagnóstico.

Fareed y Seth, creación y creado, aparecieron con sus elegantes e impolutas batas en la sala donde aguarda ba ella con unos nuevos ojos que le habían otorgado la vista para siempre, sin necesidad de matar cada noche para lograr unos que siempre estuviesen frescos, sentí que algo no iba bien. Esa sensación se produjo cuando Seth se arrodilló ante ella tomándola de la mano. Había visto miedo en sus ojos cuando examinaban a Khayman, pero ante ella lo único que pude observar fue dolor, pena y amor. Amaba lo que había hecho y la admiraba profundamente, pero tenía que desengañarla. Fareed procedió intentando ser lo más profesional posible.


—Tenemos que ofrecerte información sobre tu hermana. Ya tenemos el resultado de los diversos estudios—anunció—. Lamento tener tan malas noticias, pero al parecer su cerebro está atrofiado desde hace algún tiempo. Es posible que llevase así siglos, aunque su cuerpo es autónomo gracias a pequeñas conexiones. Puede moverse, puede cazar, puede observar; pero ella no puede recordar, memorizar, hablar y creo que jamás logrará salir de esta especie de coma—su voz sonó firme, pero podía ver como se quebraba ante el llanto silencioso de Maharet. Sólo un monstruo no lo haría. Khayman la estrechó por los hombros y él siguió hablando—. Te he podido devolver la vista, pero lamento no poder devolverte a tu hermana.

jueves, 25 de agosto de 2016

Lecciones de honestidad

Estas palabras me han llegado a través del propio Gregory... está escribiendo para desahogarse.


Lestat de Lioncourt


Parece que fue ayer mismo, pero ya han transcurrido algunos años. Hoy, tras una noche agitada de reuniones demasiado comprometedoras para el futuro de mis empresas, puedo al fin sentarme a retomar mis memorias. Quizá sean demasiado injustas llegado a este punto, pues me encuentro algo sosegado y alejado de los sentimientos terribles que vinieron a mí por aquellos días. Aún así, necesito hacerlo.

Fue terrible saber que ella estaba muerta, pero lo fue más aún al saber la forma en la cual había sido asesinada por aquel que me salvó la vida. Un fuerte sentimiento de culpa cayó sobre mis hombros, pues fui el primero en hundirla en el dolor más atroz. Ella me perdonó. Hizo acopio de toda su bondad y logró perdonarme, aunque jamás salieron palabras algunas de sus labios para hacerme entender que se sentía en paz conmigo y mis remordimientos. Aún así la sentí rondar el edificio donde convivo con un reducido grupo de fuertes y antiguos inmortales.

La muerte de Maharet, como la de Khayman, se convirtió para mí en un golpe terrible. Deseé en muchas ocasiones ponerme en contacto, pero me faltaron agallas. Ya no éramos los enemigos que Akasha se empeñó que fuésemos, sino monstruos que vivían en paz en una sociedad llena de tumultuosas discusiones sin sentido. Provocó que la nostalgia y la culpabilidad volvieron a mi corazón nada más saber que jamás podría rogar perdón públicamente ante el resto de vampiros.

Sólo tenía dieciocho años cuando me convertí en uno de los generales más importantes del ejército de Kemet. Algunos lograban tan alto rango pasada la veintena, cuando su etapa en la milicia llegaba a su plenitud. La mayoría quedaba en el camino moribundos por las guerras o enfermedades que a veces asolaban a la población. Recuerdo como mis hermanos no sobrevivieron a los quince años y algunos murieron en una refriega algo salvaje con un pueblo nómada en una de las fronteras. La reina Akasha decidió exigir a Enkil que me convirtiera en su escolta personal y el idilio comenzó.

El pecado de la carne, como los llaman hoy día creyentes de diversas religiones, apareció como si fuera una virtud y no un defecto. Ella deseaba florecer como un árbol y dejar que su semilla echara raíces en una tierra que no era suya. Provenía de una cultura distinta, pero adaptó la nuestra a sus intereses. Los muertos dejaron de consumirse ofreciéndoles un envase inmortal, gracias a la momificación, para que pudieran atravesar el mundo de los muertos. Muchas tribus se sublevaron pero yo no fui a defender los intereses de nuestro pueblo. Sí lo hizo Khayman junto a Enkil aplacando las protestas a base de cuchillo y esclavitud. Yo me quedé custodiando a la mujer que codiciaba introduciendo en ella una semilla que germinó rápidamente.

En una de esas refriegas, cuando Enkil logró capturar a unas hermanas hechiceras que ella codiciaba por su supuesto lazo con los espíritus, tuvimos un hijo. Yacía en su cuna cuando Maharet y Mekare, las Gemelas Pelirrojas, comparecieron. Ellas eran las mujeres que debían ser arrestadas, esclavizadas y torturadas por intentar consumir la carne de su madre Miriam, la hechicera más poderosa de todo el valle del Nilo. Ante ella los espíritus decidieron hablar por medio de las hermanas, pero sus respuestas fueron insuficientes para la reina de un territorio en expansión, que poco a poco se envenenó con la soberbia y el poder, provocando que cualquier palabra fuese vacía, insignificante o nula. Ellas fueron violadas por el mayordomo real, la mano derecha del rey, tal y como él lo dictaminó.

Cuando Amel atacó a Khayman tanto Enkil como Akasha aparecieron. Él amaba a Enkil, era su verdadero amor y el símbolo de las grandes victorias. Khayman era sensato, honesto y leal a su rey. Sin embargo, en el campo de batalla era cruel y desdeñoso. Recuerdo que lo llamaban “Benjamín del Diablo” y todos lo veían como un chacal o un perro salvaje que nunca soltaba su presa. La noche en la cual los tres cayeron bajo una horda de puntos rojizos, como si fueran avispas, yo estaba allí. Vi como se alzaban sus cuerpos y se convertían en monstruos. Ella me convirtió a mí y Khayman huyó para salvar la vida a las hechiceras, pues una de ellas había engendrado a una hija. La sangre de un hijo siempre es más densa que cualquier palabra dada a un rey o supuesto dios.

Yo debí huir tras él para apoyarle, pero me quedé y me convertí en un Sangre de la Reina. Empezamos a luchar contra los enemigos del reino de Kemet y sus dioses. Se consideró entonces a Enkil como Osiris, Akasha como Isis, Anubis fue Khayman y yo me convertí en Horus mientras que mi hijo con Akasha llevó desde su nacimiento el nombre de Seth. Así fue como la religión caló hondo en las creencias, intrigas palaciegas y sospechas de todos los presentes en la corte, en las calles, en el territorio de Kemet que pasó a llamarse Egipto.


Cometí el pecado de ir contra Akasha pasadas algunas décadas y fui encerrado vivo tras unos gruesos muros, Rhosh se enteró de mi pecado antes de huir para acabar regresando para liberarme. Y he ahí el pecado mayor. Rhosh me salvó, pero decapitó a la mujer más dulce y bondadosa que he podido conocer. La misma mujer a la cual yo le tuve que sacar los ojos y enviarla lejos de su hermana, Mekare, a la cual le saqué la lengua. Nunca pude pedir disculpas porque jamás me vi con fuerzas de hacerlo, aunque ella venía a verme sin juzgarme sólo para comprobar que ahora era un hombre decente. El hombre que debí ser aquella noche.  

martes, 12 de julio de 2016

Debió ser terrible para el pobre Thorne. 

Lestat de Lioncourt 



La nieve fría crujiendo bajo mis pies, helados y húmedos, me ofrecía mayor confort y sosiego que los murmullos que siseaba Khayman, como si fuese el viento perdido entre las ramas, en aquellas perversas noches. Las estrellas brillaban bajo la densa oscuridad. Era más brillantes y atractivas que las que escasas que todavía podían verse desde la ciudad. Los árboles dificultaban a veces el poder emprender el Don de la Nube, pero aún así no importaba en absoluto. Allí éramos felices hasta esos tristes días donde toda la calma se convirtió en una tempestad.

—¿Qué ocurre?—pregunté observando como mi compañero regresaba a nuestro asentamiento perdido entre la maleza y una vieja ciudad indígena del Amazonas.

—Nada—respondió con la vista perdida.

—Algo pasa. Puedo sentir que algo pasa—murmuré.

Entonces la radio confirmó mis sospechas. Mi canal regional que solía ofrecer música clásica empezó a emitir un bando informativo. Hablaba de un fuego que estaba consumiendo una de las discotecas más importantes de la ciudad de São Paulo. La columna de humo era tan impresionante que ocultaba de la vista los grandes rascacielos. Dentro muchos jóvenes había sufrido grandes quemaduras. Solía ser conocida como una discoteca para gente afín a un tipo de estética y música que solía ayudar a que jóvenes vampiros, seres como nosotros dos, pasaran desapercibidos.

—Has vuelto a hacerlo...

—Yo no he sido—dijo acercándose a mí.

Las cenizas y el olor a carne quemada, sangre y sudor lo delataba. Había sido él. No había otro. Él lo había hecho con sus poderes mentales sobre el fuego. Khayman, aquel sabio pacífico que yo admiraba, se había convertido en un monstruo sediento que cometía los mismos pecados que su creadora y fallecida enemigos: Akasha.

No pude delatarlo aquella vez. Sólo me eché a llorar horrorizado. Fareed me había regresado la vista para ver como todo se derrumbaba a mi lado. Mis latidos golpeaban con fuerza dentro de mi pecho y la voz se reía satisfecho. Ya me había advertido que si no lo hacía yo haría que otro lo hiciese por mí. Me aferré fuertemente a mi compañero y él hizo lo mismo acariciando mis largos cabellos pelirrojos.

—No se lo digas a Maharet...—rogó rompiendo llorar también.


La música regresó y la noticia se dispersó. Aún así podía recordar el número de muertos porque una voz, la voz de aquel dichoso espíritu, la repetía como un mantra. Al fondo pude escuchar los pies rápidos y salvajes de Mekare agitándose en una danza extraña. Fue terrorífico y doloroso.

miércoles, 6 de julio de 2016

Ellos

Maharet, Mekare y Khayman eran el núcleo de nuestra sociedad y quedó destruido. No podemos dejar de recordarlos.

Lestat de Lioncourt 



Peinaba su cabello deslizando con suavidad el cepillo mientras ella permanecía mirando hacia la nada. Todas mis esperanzas se habían diluido quedando convertidas en un charco de lágrimas donde reflejar mis sueños rotos, las palabras que ella jamás volverá a decir y todo los recuerdos que aún pesan en mi alma. Pero sus largos mechones cobrizos rozaban su espalda desnuda de piel nívea como antaño.

Decidí bañarme con ella esa noche debido al calor y la debilidad de mi espíritu. Quería encontrarme frente a frente con sus ojos salvajes y su boca bondadosa. Dentro de ella no había respuesta alguna a todo el amor que yo depositaba pues no sonreía, no me abrazaba y simplemente permitía que yo la tratara como una niña que aún no sabe valerse por sí misma.

Estábamos allí en ese pequeño lago escuchando de fondo las aves nocturnas, el siseo de los reptiles, el zumbido de los insectos y los anfibios de un lado a otro brincando. Teníamos la música de la naturaleza que es la más prodigiosa de todas. Sin embargo sentí que algo no iba bien. Hacía unas noches mis alumnos habían muerto dejando atrás sólo negros montículos de grasa o ceniza. Sabía que había sido ella junto al hombre de mi vida, pero a ambos los cuidaba de no ser dañados. Comprendí que me necesitaban si bien noté que algo malo sucedía.

De entre la maleza apareció él con su característico pantalón vaquero negro, sus botas viejas y esa camisa oscura que le hacía verse aún más monstruoso. Había perdido el dorado de su piel pero ahora su marmórea figura estaba teñida de ceniza. Olía a muerte. Era un olor tan penetrante que me aferré a mi hermana mientras él avanzaba.


Cuando Khayman estuvo en mitad del lago, con el agua más allá de su elegante cinturón de cuero y tan cerca de nosotras que podía acariciar su hermoso rostro, nos abrazó llorando amargamente. Él no era un monstruo. Yo sabía que algo les impulsaba a cometer esos terribles delirios de destrucción. Yo lo sabía y lo comprendía.  

viernes, 13 de mayo de 2016

El mundo destruido

Más de los textos online de Mekare.

Lestat de Lioncourt 


Mi vida había sido un auténtico tormento lleno de búsquedas infructuosas. La tortura a la cual me habían sometido era insoportable para cualquiera, pero afortunadamente pude mantenerme en pie gracias a mis viejos recuerdos. Los mismos que aún hoy son parte de mi día a día para sostener las pesadas cargas que el destino, junto a algunas de mis decisiones, han logrado que lleve sobre mis frágiles hombros.

Estoy cansada de escuchar que las mujeres no son dignas de admiración. Durante cientos de años tuve que soportar que me señalaran como el peor de los ejemplos e intentaran incluso quemarme en la hoguera. Mi fortaleza era impropia de una mujer, al igual que mis decisiones y pensamientos. Pero una mujer es fuerte porque logra llevar en su vientre un fruto tan prodigioso que cambiará el mundo, aunque sólo sea una pequeña parte de este, y ella lo sabe. Una madre sabe que logrará alzarse sobre cualquier penuria con tal de alzar a su hijo hacia la luz en la oscuridad. Yo lo sé porque fui madre y me siento madre de todos los descendientes que tuvo mi pequeña. Una mujer es fuerte porque es el pilar fundamental de una familia junto a su compañero. Las mujeres somos sabias porque sabemos tomar decisiones correctas para evitar conflictos, pero también podemos ser torpes y crear guerras innecesarias. Somos tan capaces como viles igual que los hombres.

En la actualidad todo ha cambiado y esas pesadas piedras se han vuelto livianas, aunque puede que las tirara por el camino a modo de recuerdo para quien quisiera seguirme. Son tropiezos que he logrado superar, heridas que he cerrado y que ahora pertenecen a mi alma como pequeños besos que me ofrece mi memoria.

Sin embargo, durante mucho tiempo me sentí perdida. Tal vez porque mi hermana lo estaba. No sabía si era ella quien se había extraviado o era yo la que permanecía caminando del lado contrario, con la brújula rota y el mapa confundido. Busqué ayuda en diversos hombres de buen corazón, fuertes y firmes en mitad de la guerra. Pero nadie pudo ocupar el lugar del primer hombre que me sostuvo entre sus brazos, me pegó contra su torso y me dijo que jamás dejaría que estuviese sola. Realmente nunca lo estuve del todo. Él me seguía los pasos observándome desde lejos con el corazón dividido.

Khayman era un soldado y sólo sabía de guerra. La guerra continuó durante cientos de años mientras muchos creían que Akasha era una diosa, la fuente de la verdad y la bondad como son las madres, y nosotros unos hijos descuidados y hambrientos de un poder que no merecíamos. Él libró grandes batallas, decapitó a iguales y bebió la sangre de sus corazones. Corrió por las estepas, las dunas y los bosques tropicales. Aulló de dolor cuando le atravesaban con la espada y se rió como una hiena cuando lograba decapitar a otros vampiros más jóvenes. Al terminar la guerra con la reina muerta a nuestros pies él me abrazó como aquella noche en la cual supo que era padre, me repitió la promesa y me dijo que me amaba por encima de su inmortalidad.

Ella había regresado y él también. Mi hermana había vuelto a mi lado logrando derrotar al mayor monstruo que el mundo había conocido. La Bella Durmiente salió de su sueño para ser decapitada frente a todas las cartas de la baraja que ella misma había creado. Pero todos estábamos destruidos de algún modo aunque empezamos a alzarnos piedra sobre piedra. Fuimos víctimas de las circunstancias y de las malas decisiones que formaron una siniestra red que nos atrapó hasta rompernos las alas. Sin embargo, logramos ser felices de algún modo y la paz llegó a mi alma.


Mekare siempre estaba en silencio incluso en sus pasos rápidos por el jardín. El silencio envolvía incluso sus ojos. Estaba vacía según decía Fareed y sólo la sangre la despertaba para que se alimentara de los pequeños animales y humanos incautos que recorrían la selva, casi virgen, donde vivíamos. Khayman estuvo a mi lado combatiendo mi dolor hasta que la locura acabó con cualquier pensamiento cuerdo, destruyendo al hombre firme y pacífico y convirtiéndolo en un ser deshonrado que regresaba con las manos manchadas de sangre y el rostro cubierto de lágrimas. ¿Y de mí? ¿Qué hay de mí? Me sentaba frente a mi telar intentando pensar que podía con todo aquello, que lograría encontrar una solución factible y salvaría al mundo una vez más. Aunque no sé si lo salvé alguna vez o sólo retrasé su destrucción.  

martes, 3 de mayo de 2016

El precio del saber

Una hoja que hemos encontrado entre las ruinas de la biblioteca de Maharet. Espero que os guste y que os haga recordar el final del penúltimo libro en el que yo tuve importancia, como también la tuvo dos jóvenes vampiros que hoy están desaparecidos.

Lestat de Lioncourt


—¿Cuántos siglos tienes?—preguntó Mona quedando a su altura.

Era un hombre extraño de piel similar al mármol. Sus cabellos oscuros endurecían aún más las facciones delicadas de su rostro. Posiblemente fue creado cuando contaba con algo más de veinte años. Llevaba un suéter negro de cuello de cisne y un gabán negro que llegaba hasta algo más de las rodillas. Sus botas estaban manchadas de barro y tenía algún hierbajo pegado, igual que el borde de los tejanos desgastados y oscuros. Parecía un hombre bondadoso porque sonreía a cada paso que daba, aunque las apariencias siempre engañan.

—Hablemos mejor de milenios—dijo echándose a reír.

—Mona, Khayman es el vampiro más antiguo que existe—contesté—. He leído todos los libros de Lestat y sé que eres un guerrero poderoso, pero también alguien que busca la paz continuamente. Me parece increíble la forma en la cual te sublevaste buscando la verdad y haciendo caso a tu corazón—expliqué con las manos en mis pantalones mientras caminábamos por aquella jungla.

—Pues dime cuántos milenios. Tengo curiosidad y quiero saber todo lo posible sobre lo que somos—comentó agarrándose a su brazo—. Lestat ha hablado maravillas sobre Maharet y dice que ella nos puede ayudar, ¿es cierto?

—Maharet es mi compañera, mi amiga, mi hermana, mi amante y la mujer más bondadosa que conozco. No he tenido la suerte de cruzarme a otra como ella aunque su hermana también era fuerte y bondadosa, pero ahora parece no estar en este mundo aunque siempre la acompaña—sus ojos se entristecieron igual que sus labios y pude comprobar que se sentía culpable—. Quizá podáis hablar con David Talbot y mi descendiente Jesse... ¡A veces vienen! Es fabuloso tener visitas. Thorne estará encantado de hablar con vosotros. Es un buen hombre, ¿sabéis? Fue un guerrero vikingo que...

Entonces se detuvo apartando a Mona de su brazo y a mí de su lado. Se adentró en silencio por la densa jungla perdiéndose de nuestra vista en cuestión de segundos. Entonces apareció como de la nada, del mismo modo que se había marchado, con una mujer de ojos azules colgada de su brazo. Tenía su hermoso cabello pelirrojo cubierto de hojarasca, la piel sumamente blanca y una boca rosácea muy carnosa.

—Mekare, Mekare... no debes escaparte—decía pasando su brazo entorno a sus hombros—. Mekare, escúchame. Por favor, Mekare—ella estaba absorta con algunas luciérnagas e insectos que se movían a nuestro alrededor.

Sentí miedo. Ella era la “Reina” de todos los vampiros, quien supuestamente debía dirigirnos, y estaba en otro mundo. Khayman no había mentido y Lestat no nos había confirmado lo que sospeché tras leer una y otra vez “La Reina de los Condenados”. ¿Así quedábamos tras cinco o seis milenios? Porque en ese momento no recordaba con exactitud la fecha de inicio de esta bendición terrible y preciada a la vez.


Quise volver a casa igual que Dorothy pero el suelo no tenía baldosas amarillas para seguir, el Espantapájaros y el Hombre de Hojalata parecían querer perdernos aún más por aquella jungla hasta llegar a casa de la bruja... la cual no era otra que una mujer rodeada de libros, recuerdos y tristeza. Sabía que allí comprendería bien lo que éramos, pero hasta ese momento no supe el precio al pecado del conocimiento. Entendí por qué Lestat no quería aprender a su lado pues era ver la miseria de una venganza cruel, el dolor que había causado en una familia y la verdad más amarga sobre lo que éramos y seríamos.  

miércoles, 6 de abril de 2016

Correos electrónicos

—¿Qué haces?—preguntó acercando una silla para sentarse a mi lado.

Apenas era un adolescente cuando fue conservado para siempre con ese rostro casi infantil. Sus pequeñas manos jamás dejaron de ser hábiles, pero ahora demostraban otra clase de habilidad más allá del hurto y los rápidos engaños en los cuales la mayoría caía sin percatarse. Bejamín era uno de esos vampiros jóvenes que habían logrado convertirse en un referente importante para el pasado, presente y futuro de la comunidad vampírica global. Comprendía bien cuál era sus funciones y lo pesado que podía ser un cargo tan importante como mantener conversaciones y comunicaciones fluidas entre las distintas generaciones.

—Investigo ciertos rastros...—dije intentando acceder sin éxito a mi correo electrónico—, pero creo que antes tendré que llamar a mi agente. He olvidado la clave otra vez—murmuré recostándome en mi sillón ejecutivo mientras él se reía bajo por mi torpeza—. ¿Acaso recuerdas mi clave?

—Yo mismo te hice el correo electrónico para que no ocurriera esto—comentó—. Además, si la olvido siempre está el recurso de colocar mi número telefónico y acceder a una clave nueva—dijo girando suavemente el ordenador portátil hacia él. La pantalla iluminó parcialmente su rostro oculto bajo el sombrero.

—Haces que todo suene fácil—musité arrugando la nariz— ¡Pero es complicado!

—No, sólo se te olvida su uso porque no practicas. Maharet era alguien con quien se podía conversar durante horas vía teléfono móvil, mails e incluso en redes sociales. Tenía un perfil falso como si fuese parte de sus descendientes y conectaba a todos los familiares vivos que existían en el mundo—decía aquello mientras tecleaba un par de números y letras tanto en mayúsculas como en minúsculas, para luego dejar que la clave se aceptara sólo con un pequeño movimiento de ratón y en un pestañeo estaba la bandeja abierta—. ¿Qué querías mirar?

—Mona tenía un correo electrónico—respondí—. Mi agente tenía apuntada la dirección tras buscarla por la red durante meses un detective privado. Rastreó todo lo que tenía en su ordenador gracias a un compañero suyo informático...

—Haker, ¿no?—preguntó tamborileando sus pequeños dedos por el borde de la mesa.

—No lo sé y no me importa. Sólo sé que pagué cien dólares por toda la información que me hicieron llegar—contesté mirando el enorme listado de correos sin leer. Llevaba meses sin abrir la cuenta porque no había tenido tiempo y porque tenía miedo a no tener una respuesta agradable.

—¿Encuentras el correo?—dijo viendo los más de mil sobres amarillos y cientos de páginas sin leer. La mayoría era “SPAM” o “correo basura” promocionando gafas de sol, complementos, seguros de vida, nuevos vehículos deportivos y productos de librería o perfumería—. Tomaré tu silencio como un no rotundo—volvió a hacerse con el ordenador acercándolo más hacia él para pulsar una pequeña lupa—. Dime la dirección.

Saqué del bolsillo derecho inferior de mi chaqueta un papel donde se podía leer con elegante y carismática caligrafía inclinada su dirección. Él la colocó en la lupa escribiendo en el hueco apropiado y esta rastreó las páginas sin leer hallando un sólo sobre. Sin preguntar lo abrió y luego me miró a mí.

—Dice que la dirección ya no existe o no es válida—contestó.

—Sacaron esta dirección de correos electrónicos a Quinn—dije rabioso.


—Puede que la eliminara o al quedar suspendida durante mucho tiempo, sin uso alguno, el correo ha podido quedar desactivado temporalmente hasta que ella lo reactive—tomó mi papel y examinó cada letra—. Sí, este servicio cambió hace algunos años, ¿sabes? Ya ni siquiera existe “hotmail” como tal. Es posible que lleve años sin usarse.

—¿Cuántos?—pregunté intranquilo.

—Puede que no lo use desde hace casi una década o un par de años. No lo sé. Son cosas que no se pueden saber salvo si eres el propietario legítimo de la cuenta—confesó incorporándose del asiento—. Lestat, creo que deberías asumir que es posible que no estén vivos. Nadie los ha visto en años.

—Estás siendo muy cruel con este viejo idiota... —susurré casi sin esperanza. Yo había apostado que encontraba a Mona ahora que todo estaba más calmado, pero al parecer fue imposible.

Jamás me había planteado la posibilidad de ver destruida una de mis obras después de lo ocurrido con Claudia. Tras Merrick extremé la seguridad entorno a mis creaciones, pero con mi madre era casi imposible aunque ella jamás haría tal cosa ni se pondría en peligro si no fuese por mi culpa, y creía que enviándolos con Maharet, Khayman, Mekare, Thorne, David y Jesse era lo correcto. Yo había jurado firmemente, sin titubeo alguno, que estaba haciendo lo que era mejor para ellos pero los envié posiblemente a la muerte.

—No es tu culpa si ellos han muerto—me dijo girándose hacia mí con una ligera sonrisa—. Hiciste bien en enviarlos a buscar más información, a descubrir el mundo por sí mismos, porque es algo que tú has hecho siempre y te ha fortalecido. ¿Cómo ibas a saber que Amel sufría y volvería locos a los vampiros más antiguos, pacíficos y sabios? Olvida eso, príncipe. Si están vivos aparecerán pronto y podrás abrazarlos. Si están muertos permanecerán en tu memoria por siempre... —se encogió de hombros y se marchó—. Por cierto, la clave es “LouisYouAreMyHeart1791” ¿Te suena la fecha, príncipe?

Claro que me sonaba la fecha. Era algo importante para mí como para Louis. Recordé que cuando la puse deduje que no olvidaría algo así. Me eché a reír como un idiota y luego miré toda la bandeja de entrada. Decidí entonces eliminar uno a uno cada correo hasta que llegué a uno sospechoso. Abrí el documento y leí la carta. Era un correo extraño que sólo decía: “No estoy muerto. Nos veremos cuando tenga una buena historia que contar. Hemos vivido momentos duros. Gracias por todo. T.B.”


Lestat de Lioncourt 

lunes, 28 de marzo de 2016

Bitácora de una bruja.

Este documento lo he tomado del ordenador de Mona Mayfair. He ido a buscar datos sobre ella, pero lo que aquí viene escrito es poco más de lo que ya sabía. Son sus impresiones antes de desaparecer su pista.

Lestat de Lioncourt


No sé todavía el motivo por el cual estoy escribiendo estas líneas. Creo que ya nada importa. No hay motivo fundamental para que esté tecleando frente a esta minúscula pantalla. Quizás es sólo nostalgia o puede que esté deseando ordenar mis pensamientos. No lo sé. Pero estoy aquí en plena oscuridad intentando hacer memoria de todo lo que ha ocurrido en los últimos dos años. Me he asegurado de estar en completa soledad, pues incluso he revisado cada cerradura como si los monstruos de mis pesadillas pudiesen colarse bajo la rendija de mi puerta o llamar al cristal de la ventana. No quiero que nadie me interrumpa.

Es extraño saber que tu pasado ha sido manipulado incluso mucho antes de ser siquiera un proyecto de vida, si alguna vez lo fui para mis padres, porque alguien así lo decidió moviendo los hilos de la historia para jugar con ellos como un niño travieso. Sé que los espíritus pueden ser terribles y que son capaces de cualquier cosa, pero él fue demasiado lejos. Manipuló la genética de toda una familia durante siglos para lograr volver a la vida. No quería volver como un ser común, como un humano vulgar, y se entrometió en los asuntos de nuestra “estirpe”. Ha generado una genética temible donde hay familiares enfermos, personas que jamás tendrán un aspecto común, pero también ha logrado crear monstruos hermosos y poderosos que se han alzado contra cualquier penuria. No somos seres normales. Celebramos la muerte como si fuese un banquete de bodas, cantamos en mitad de las misas de difuntos y aplaudimos las gracias de los espíritus. Llueve sobre mojado cuando un Mayfair muere. Hacía años que no lo hacía. Creo que es la primera vez que llueve de ese modo después que él perdiera nuevamente su cuerpo... ¿Quién? El mismo cretino que mató a mi tía, mi madre y otras brujas: Lasher.

Tenía trece años cuando me di cuenta que el árbol genealógico era demasiado extraño, las raíces eran profundas y las ramas se mezclaban unas con otras. Nadie me hacía caso siquiera en los negocios más sencillos, en los juegos del azar de la bolsa de Nueva York o Japón, ¿cómo iban a creer lo que una niña insolente, de una rama familiar de alcohólicos y filibusteros, decía? Sólo me tenía a mí misma y el silencio de mi bisabuela Evelyn.

En mis indagaciones jamás sospeché que “El hombre”, como así se le llamaba al espíritu benefactor de los Mayfair, que ya era una leyenda, un mito más, existía realmente y era el culpable de todo el caos que proporcionaba cuantiosos beneficios a las empresas del grupo familiar, así como a diversas inversiones y fondos en los que se había ido manejando la familia. Tampoco creí que ese ser fuese capaz de manipular a decenas de generaciones para encontrar la genética perdida. Nosotros jamás fuimos del todo humanos y él despertó lo que la mezcla con los “normales” había sepultado. Él era un antepasado familiar y había sido invocado por la primera Mayfair clara en la historia de nuestro árbol genealógico. Inconscientemente despertó a “El Impulsor” como se llamó en un primer momento, “El hombre” en tiempos más modernos y “Lasher” como hizo saber a Rowan Mayfair, quien fue la que lo trajo de regreso gestándolo en su vientre.

La genética de la cual estoy hablando es la genética “Taltos”. Yo poseo esos genes, también Michael Curry y nuestra hija a la cual llamé Morrigan. Michael Curry contrajo nupcias con mi prima Rowan sin saber siquiera que era un Mayfair. Lasher había logrado que Julien Mayfair, nuestro familiar más célebre y el único brujo con unos dotes tan soberbios, tuviese relaciones con una monja y esta diese a luz a una rama familiar nueva. Cuando Lasher nació secuestró a su madre, pues los Taltos son capaces de llegar a su “etapa adulta” en cuestión de horas y pueden reproducirse casi de inmediato. Los Taltos pueden tener hijos con brujas fuertes, pero la mayoría mueren en mitad de la gestación debido a que el cuerpo humano no está adaptado para un embarazo tan rápido y un parto tan complicado, o hembras de su propia especie. Él secuestró a Rowan para conseguir una hija a la cual tener como compañera... El incesto no es algo que sea novedoso en la familia, pues Julien tuvo hijas incluso con sus propias nietas que a su vez eran hijas suyas. ¡Nada fuera de lo común! Pues la primera hija de Julien, su primogénita, fue con su propia hermana. Así que no me asusté por saber que ese ser se había llevado a Rowan con ese fin, pero en aquellos días sólo vi a una mujer que dejaba a un hombre desecho y yo me entregué a él. Realmente lo hice porque lo deseaba, ya que él me hacía sentir querida y apreciada, y porque Julien me aconsejó que debía tener una bruja fuerte para la próxima generación. ¡Error! Por primera vez Julien Mayfair se equivocó y lo que tuve no fue una bruja.

Desde el parto he tenido complicaciones y varios abortos. Siempre he buscado tener más hijos para que el legado no se perdiera ni me arrebataran el dinero de la herencia. Yo deseaba ser adulta y tener dinero para buscar a mi Morrigan, pero todo ha concluido al fin. Pasé penurias durante años hasta que conocí a Tarquin Blackwood y poco después volví a tener un aborto. Desde entonces y hasta hace unos meses me he encontrado atada a un hospital. Durante dos largos años he estado escribiéndome con él y luego se cortó la comunicación por un año más. Él se fue de viaje unas semanas que terminaron siendo años. Se marchó aterrado por un ser extraño que lo perseguía y un fantasma que no lograba alejar. El ser resultó ser un vampiro sin género ni sexo definido y el fantasma su gemelo fallecido a las pocas horas de nacer. Quinn, mi hermoso Tarquin y caballeroso Abelardo, tenía miedo de ser acusado por los poderosos brujos que me custodiaban pero logré escapar.

Como he dicho en líneas superiores hacía años que no llovía de este modo. Allí donde mi coche se movía llovía, el suelo se empapaba y el cielo parecía quebrarse sobre mi cabeza. Sé que Lasher está vivo, es un fantasma que sigue presente, aunque Michael acabara destruyéndolo y enterrándolo en el jardín bajo el árbol que tenía tallada su firma “Impulsor”. Sé que lo está. Yo era una bruja fuerte y formidable y estaba a punto de morir, pero un poderoso vampiro me convirtió: Lestat de Lioncourt.


De Lestat no hablaré demasiado porque existen numerosos libros donde él aparece narrando su biografía y sus siguientes aventuras. Sólo diré que gracias a él, y su determinación, así como a Tarquin y mis ansias de saber sé que mi hija está muerta y el hombre que se la llevó también. Ambos eran Taltos, ambos tuvieron una isla llena de hijos y acabaron asesinados por la ambición de su descendencia y del propio ser humano. Tengo tres nietos... suena extraño ¿verdad? Sólo tengo dieciocho años y poseo tres nietos, pero también es extraño decir que soy vampiro y que viviré para siempre.  

Esta noche me largaré lejos con Quinn. Nos vamos a buscar mayor información ofrecida por los vampiros más antiguos que existen. 

martes, 22 de marzo de 2016

La esperanza

Hay numerosos archivos de Maharet que están saliendo a la luz. Ella los subió a la "nube". Yo no sé bien que es eso de "nube" pero me han dicho que es un lugar donde puedes subir archivos y que se queden para siempre ahí. Son diarios, pensamientos, poemas, canciones y rezos a los espíritus en diversas lenguas. Cada día la admiro más y extraño su presencia entre nosotros. 

Lestat de Lioncourt 

—Es inútil—dijo revisando exhaustivamente las pruebas que habíamos realizado a mi hermana.

El olor a antiséptico golpeaba mi nariz y me sentía mareada. Decidí sentarme en uno de los elegantes sillones de la consulta y recostar mi espalda para asumir la verdad. En ese momento me sentí súbitamente hundida. No supe realmente qué decir o cómo reaccionar. Quería echarme a llorar allí mismo pero me mantuve calmada porque él, mi agradecido guardián, estaba a mi costado derecho tomándome la mano y mirándome con gesto preocupado. Cuando iré hacia arriba, buscando los ojos de mi amado Khayman, sentí su mirada llena de dolor y lástima. Él no había podido hacer nada. Ni siquiera dándonos La Sangre ayudó a conservarla. Sentí sus dedos finos y largos entrelazándose con los míos mientras Fareed intentaba seguir su discurso derrotista.

—He hecho todo lo que estaba en mis manos. Mekare tiene daños muy importantes en su cerebro debido a las pésimas condiciones en las que vivió los primeros años, el aislamiento y el brutal abandono que sufrió por parte del mundo. Si deseas que use un eufemismo para asemejar su enfermedad con lo que padecen los humanos... —hizo un inciso doblando el informe en tres e introduciéndolo en un sobre para ofrecérmelo—Puedo decir está en estado vegetativo.

—Pero ella se alimenta y anda por la jungla—explicó Khayman porque yo no tenía fuerzas.

—Es el instinto de su cuerpo por sobrevivir, no ella—dijo.

—Seguiré contándole historias, cantando canciones, hablándole en nuestra lengua inventada y cepillando pelo mientras le explico las últimas noticias que hay en este maldito mundo—contesté incorporándome con ayuda de Khayman.

Amaba que siempre estuviera atento a todas mis necesidades. No era débil y jamás lo fui, pero ese momento me dejó tan conmocionada que ni siquiera la alegría de haber recuperado la vista me dio ánimos para salir de la consulta, encaminarme por el pasillo y salir a la superficie donde nos esperaba Jesse, David Talbot y Thorne junto a ella.

—Si eso te alivia y calma tu dolor...—contestó mirándome a los ojos con cierta decepción. No era decepción porque yo no encajara el golpe o casi estuviese a punto de echarme a gritar. Su decepción era consigo mismo porque no podía hacer absolutamente nada por ella.

—Ella me escucha, Fareed. Yo sé que su espíritu está en alguna parte junto a mí y necesita de mi ayuda. Sé que ella de algún modo se puede comunicar conmigo—mantenía esa esperanza en mi corazón porque era lo último y lo único que iba a tener.

—Todos tenemos nuestras creencias, Maharet—él también se incorporó saliendo de detrás de la mesa—. Hubiese deseado darte otras noticias...

—¡No!—dije elevando mi voz—. Fareed, no me intentes consolar porque tú también estás deshecho—sentí entonces como Khayman soltaba mi mano para rodearme por la cintura. Rápidamente los labios de mi viejo guardián rozaron mis mejillas. Percibí en ese momento que yo estaba llorando—. Gracias por devolvernos la visión a Thorne y a mí, por revisar a mi compañero y por tranquilizar a Jesse.

—Necesito estar en contacto contigo—respondió estirando sus manos hacia las mías para acariciarlas—. Por si tú acabas haciendo un milagro.

—Quien hace los milagros aquí eres tú.

Aquel rostro maduro e interesante era el de un hombre virtuoso. Estaba segura que jamás se daría por vencido. Las pruebas podían dar negativo pero su equipo siempre estaba investigando patologías raras, el ADN vampírico y numerosas propuestas, como ideas, venían de todo el mundo desde fundaciones de hermanos de Sangre como personas interesadas en sus investigaciones que la gran mayoría, por no decir casi toda la sociedad mortal, daría por estafa.

Sus científicos eran profesionales que habían terminado convertidos en vampiros tras años colaborando con él. Cada uno de ellos tenía una historia trágica y rocambolesca. Algunos habían presenciado el desastre que dejó atrás Akasha y comenzaron a investigar sobre el vampirismo, cosa que provocó juicios precipitados por parte de sus familias, amigos y compañeros de profesión. Varios habían quedado recluidos en diversas instituciones mentales, otros habían caído en la droga y la destrucción absoluta de su vida.

Cuando regresé al jeep que nos llevaría al aeropuerto, donde tomaríamos el primer avión hacia Brasil, rompí en mil pedazos la carta. La ciencia había hecho todo lo posible por ella pero yo seguía firme en mi propósito. Mekare estaba en algún lugar acurrucada en aquel cuerpo tan similar al mío, con ese rostro eternamente joven y esos hermosos ojos azules tan profundos como los míos. Me subí al vehículo y subí los cristales tintados para acabar rodeándola. Coloqué su cabeza sobre mi pecho y permití que escuchara los fuertes latidos de mi corazón.

—¿Estás bien?—preguntó Khayman mientras David hacía rugir suavemente el motor para ponernos en parcha—. Maharet, ¿estás bien?


—Siempre estaré bien mientras me mantenga al lado de mi familia—respondí mirándolo a los ojos.  

martes, 23 de febrero de 2016

El gran dolor

Maharet dejó esto escrito en sus archivos y yo lo transmito. 

Lestat de Lioncourt


El dolor te convierte en una persona fuerte o te llena de miseria. La soledad puede seguir fortaleciendo ese lecho de espinas que es el mundo, el cual puede rodearte y atraparte de improvisto, o transformarse en una pesadilla. Yo jamás estuve sola. Nunca me imaginé una vida solitaria cargada de dolor. La venganza jamás ha sido para mí la solución a mis problemas, pues siempre he pensado que sólo generan desconfianza ante otros y es síntoma de debilidad. Me gusta responder al dolor con paciencia, al odio con calma y las falsas acusaciones se matan con una verdad tras otra, aunque sea incómoda o mil veces pronunciada.

Todavía intento encontrar una solución a todo lo que ha ocurrido desde el momento de la muerte de mi madre. Una mañana cálida de primavera cayó desplomada frente a nosotras. Su delgado cuerpo perdió el último aliento antes de tocar el suelo. Los espíritus se arremolinaron a su lado, como un millar de avispas, esperando que se alzara como cuando un niño cae y sus padres desean ver como se levanta por si solo. Pero no lo hizo. Jamás pudo levantarse. Sus cabellos, tan similares como los nuestros, quedaron regados por el suelo junto a la cesta repleta de flores y pequeños ramilletes de hierbas que había recogido.

Al día siguiente reunimos a todo el poblado. Íbamos a consumir su cuerpo como mandaba la tradición. Puede parecer algo terrible para una persona “civilizada” de estos días tan extraños donde se mata por un líquido negro que contamina la poca vida que permanece intacta, donde se talan cientos de árboles para generar papel que se malgasta, el mismo mundo que ama más la tecnología que un abrazo sincero de una madre. Ese mismo mundo “civilizado” jamás comprenderá del todo porque nosotros debíamos consumir sus restos. Sentíamos que ella, al ser consumida, permanecería con nosotros. Su espíritu quedaría repartido y liberado a la vez, sus restos no serían contaminados por la tierra y sus huesos descansarían en una pequeña urna. Pero no pudimos hacer nuestro ritual porque la reina lo había prohibido. Ella una forastera, ajena a nuestras tradiciones, había impuesto unas nuevas leyes y había lanzado una ofensa sobre todos nosotros.

Desde ese día vivo un tormento, pero sobre todo desde que logré recuperar a mi hermana tras perderla durante siglos. Ser convertidas en monstruos, parias de la luz y aisladas del contacto de nuestros amados espíritus, no fue suficiente. Nos dividieron tras dejar a mi hermana muda y a mí ciega. Nos dejaron incomunicadas, nos lanzaron al mar y nos enviaron cada una a una corriente distinta. Sé que Khayman nos convirtió en lo que somos, vampiros, porque él pensaba que debíamos luchar contra la injusticia que se nos había hecho.

Khayman, el mayordomo real, era conocido como el Benjamín del Diablo. Era un ser terrible en mitad de la guerra y hacía todo lo que su rey y su reina ordenaban. Incluso nos llegó a violar y fruto de ello nació una niña. Sin embargo, su corazón era puro y valeroso. Él sabía que había ofendido a los dioses, a los espíritus, a su honor y orgullo como hombre. Decidió alejarse del dominio de la reina, hizo oídos sordos a su rey y se convirtió en proscrito para salvarnos a ambas.


Ahora vivo con él y con ella en mitad de la selva. La reina ha muerto, pero las consecuencias siguen destruyéndonos. Mekare parece aún perdida pues observa sin ver, se alimenta por instinto y parece más muerta que viva. No logro comunicarme con ella y Faared dice que está en una especie de coma, como un trance que nunca se quebrará, y eso me hace daño. Sigo en pie porque sé que debo permanecer al lado de mi hermana y de mi gran amor, mi guardián, mi Khayman… Sigo en pie porque La Gran Familia nos necesita. La Gran Familia humana nos necesita. 

lunes, 26 de octubre de 2015

Último adiós

Jesse me ha ofrecido difundir ésta carta. Es una carta de Maharet. Espero que le tomen el valor que yo creo que tiene.

Lestat de Lioncourt


Pasé sentada frente a un telar muchos siglos. La mayoría del tiempo pensaba en mi hermana, en nuestra vida juntas y en encontrarla. Sabía que estaba viva. Algo en mí gritaba de esperanza, intentando guardar fuerzas para estrecharla entre mis brazos y acariciar su larga melena pelirroja, tan similar a la mía. Me arrancaba mis propios cabellos y los añadía al hermoso telar rojo, como la sangre y el fuego, que luego formaba parte de mis alfombras, mantas y vestuario. Incluso lo vendía. Sacaba ganancias con ello y, de ese modo, podía relacionarme con los mercaderes que narraban historias y traían noticias de todos los rincones del mundo.

Sin embargo, cuando llegó la era tecnológica, mucho antes de la la gran Era de Internet, comencé a utilizar herramientas modernas para tejer y comunicarme. El telégrafo fue un maravilloso invento, así como el teléfono y la máquina de escribir. Amaba las radios que me transmitían información de todo el mundo y podía comunicarme con algunos de mis descendientes. Pasé a ser una más en la familia cambiando de país, familiar y apellido pero siempre siendo la misma. Era la tía Maharet que llegaba cargada de regalos, historias antiguas y amor. Sobre todo de amor.

Podía ver en todos mis descendientes el rostro de mi pequeña Miriam. En cada uno veía su sonrisa inocente. Los niños que yacían a mi lado, dormidos en sus cunas, los contemplaba como si fueran divinos regalos de un destino a veces amargo. Pude incluso conocer a numerosas pelirrojas de ojos claros con las narices salpicadas de hermosas pecas. Sin embargo, los rasgos iban cambiando, mezclándose unos con otros, hasta ser familiares de distintas etnias, por ende de distintas ramas de un mismo tronco que nació de una semilla fortuita.

Pero me faltaba ella. Por mucho que sonriera cuando veía a mis familiares y me sintiera dichosa. Ella faltaba. Mekare no estaba. Ella siempre fue la más fuerte de las dos, quien se enfrentó con su lengua afilada a Akasha y que, por desgracia, acabó sin ella para enmudecer su terrible sinceridad. Los espíritus nos dieron la espalda cuando la sangre de ese demonio quedó vinculada con la nuestra. Y ella, mi hermana, quedó perdida en medio del mar igual que yo.

Nunca me rendí. Jamás lo hice. Usaba la tecnología para reunir a todos mis descendientes, los cuales también eran descendientes de la misma sangre de mi hermana y del guerrero Khayman. Los tres terminamos juntos nuestros días, como un núcleo pequeño y familiar, junto a la descendiente más fuerte y brillante de todas. Jesse Reeves fue mi nueva Miriam, de la cual estuve más orgullosa, y que tuve que echar de mi presencia hace unas noches.

Ésto que leen es mi testimonio, mi última carta, mi adiós y mi beso más sincero. Beso a todos los que amé con mi legado. No sé cuánto podré permanecer en silencio, intentando controlar al hombre que me salvó y que se convirtió en uno de mis grandes amores. Tampoco sé como apaciguar el monstruo que envenena a mi hermana. Quizás hago algo terrible que espero que todos me perdonen. Dejo ésta carta guardada en mi ordenador portátil y en una pequeña memoria USB, por si el ordenador queda maltrecho en alguna refriega. No quiero pensar que éste noble hombre, que llora desconsolado todas las noches por los crímenes que le hacen cometer, se vuelva en mi contra. Ni siquiera quiero plantearme el hecho de asesinarlo. Debería hacerlo, pero no puedo. No soy una mujer de acción.

Las cuentas están claras y mis abogados tienen en posesión ésta carta en papel, cerrado y lacrado. Ellos desconocen el contenido. He delegado en ellos la mayor parte de mis responsabilidades. Desconozco si saldré airosa de todo ésto y podremos volver a la paz que reinaba entre nosotros. Ojala sucediese de ese modo y pudiese en un futuro, no muy lejano, destruir yo misma éstos archivos y documentos.

Siempre en mi corazón como en mi alma,
Maharet.  

domingo, 18 de octubre de 2015

Construcciones

Daniel nos habla del legado de Maharet y del mundo.

Lestat de Lioncourt


Las grandes obras en ocasiones quedan reducidas a escombros. Actualmente no se realizan monumentos a la inmortalidad, sino a la utilidad. Aún así, asombrosamente, muchos edificios no son eficientes y provocan tan sólo asombro por su coste. En décadas hemos pasado de gastar fortunas inmensas en construcciones que duraran cientos de años en materiales más fáciles de derribar, para construir otros edificios. Si bien, la ingeniería de la construcción ha mejorado las máquinas utilizadas, pero no el ego de sus constructores. Se despilfarran millones en asombrar al mundo, pero a veces lo más asombroso es lo más simple.

Las grandes iglesias tardaban siglos en acabarse, los templos griegos o egipcios aún perduran, pero las ciudades cambian continuamente y algunos edificios son demolidos en cuestión de horas. La vida actual está en los vertederos donde miles de electrodomésticos, escombros de edificios y medios de transporte perecen junto a los envoltorios de la comida rápida y las bebidas gaseosas. Los seres humanos viven demasiado rápido sin disfrutar de los grandes momentos de éste mundo. Las proezas más increíbles no son las fáciles y cómodas.

Actualmente se está educando al ser humano en conseguir todo alargando la mano, chasqueando los dedos o dejando una importante suma de dinero. El dinero ofrece la comodidad y la felicidad, eso es lo que venden los anunciantes de todo el mundo. Éste lugar, un infierno lleno de almas podridas por la envidia y la codicia, sólo desea tener unos cuantos billetes más en su cartera y se esfuerzan con miles de métodos, algunos de ellos ilegales y que corrompen sus sentimientos hasta convertirlos en demonios.


En mitad del Amazonas hay una construcción antigua, un templo olvidado, que actualmente está siendo reconstruido con duros esfuerzos. Allí vivían Las Gemelas Pelirrojas y Khayman. Fue destruido y ahora vuelve a estar en pie piedra a piedra. Es un centro donde cualquier vampiro desearía volver. Los libros visten las paredes y los recuerdos parecen envolverse con la calidez de su chimenea. Pronto abrirá sus puertas para cualquier inmortal, como tenía costumbre Maharet. Lejos del dinamismo y la codicia, de los imperios de cristal y dinero, dejando atrás las prisas podemos dejarnos llevar por el momento especial que supone comprender el mundo... nuestro mundo.

lunes, 5 de octubre de 2015

Recuerdo con amor

Thorne es uno de esos vampiros sinceros y amables que sólo quieren amar y recordar.

Lestat de Lioncourt


Logré que me perdonara. Ella, la bruja que me convirtió en su protector y amigo, una mujer distinta. Era bondadosa, con un corazón demasiado vulnerable, llena de esperanzas y principios. Su mayor orgullo era su familia, a la cual protegió y defendió siempre. Me consta que amaba a su hermana como una prolongación de sí misma. Ella me habló de Mekare con una ternura, un amor y un cuidado similar al que yo había tenido hacia mis hermanas, las cuales llevaban años muertas. Un hombre de apariencia ruda, atado a una espada, se convirtió al fin en un protector afable que se divertía acariciando los telares de aquella mujer de cabello pelirrojo.

Su piel era como la leche, la nieve fresca y las sábanas limpias. Amaba acariciar sus mejillas y sorprenderme por lo cálidas que podían estar tras alimentarse. Muchas veces la vi sonrojarse ante mis inquietudes, también sentí sus abrazos reconfortantes cuando la pena me ahogaba. Me enseñó a mostrar mis sentimientos, sin tapujos, porque ello me hacía más fuerte.

Decidió que debíamos dividirnos. Ella tenía que seguir su camino en éste mundo y no me podía enseñar nada más. Comentó que mejoraría como hombre, vampiro y guerrero si caminaba solo, aprendiendo a conquistar nuevas enseñanzas, y que, algún día, volveríamos a encontrarnos. Fue una promesa que cumplimos.

Dormía profundamente cuando Akasha atacó al mundo. Tomé la decisión de ocultarme, por miedo a ser destruido. Ella me avisó que si alguna vez ella atacaba, ya que era probable, y no debía interceder. Era su lucha, no la mía. La lucha de su hermana y el hombre que la creó, un vampiro egipcio que estaría por siempre vinculado a ella más allá de la sangre. Ese vampiro era Khayman, el Benjamín del Diablo, y padre de su única hija que fue semilla que dio frutos. ¡Oh! ¡Qué maravillosos frutos! Había descendientes de la pelirroja y el mayordomo egipcio por todo el mundo. Conocí a muchos. Fue un placer jugar con ellos a ser humano y lo hice en su compañía, después de nuestro encuentro fortuito junto a Marius.

Marius es un gran amigo, pero reconozco que Khayman fue un gran hermano. Aprendí de él la belleza de un mundo que desconocía. Me habló de los secretos de Kemet. Amé su voz profunda, sus abrazos sinceros y las canciones que me enseñó mientras tallábamos cerca del fuego. Del mismo modo que amé profundamente a la descendiente más fuerte y hermosa de todas, a la que más se parecía a ella. Sí, hablo de Jesse. Amé a Jesse y la amaré siempre.


Hoy estoy frente a su tumba, como muchas veces en éstos meses, con un hermoso ramo de flores silvestres de floristería. He limpiado la poca hojarasca que ha caído sobre la lápida y he llorado. Admito que lloro y me gusta hacerlo, pues es la libre expresión de mis sentimientos. Estoy aquí, pues los siento cerca, y converso con ellos como en esas noches tranquilas en medio de la jungla.  

jueves, 27 de agosto de 2015

Aprendizaje de vida

David Talbot tiene un talento especial para explicar ciertas cosas y ésta, sin duda alguna, es una de las mejores explicaciones.

Lestat de Lioncourt


Hace demasiado tiempo que ocurrió, pero para mí parece un suspiro. Es como cuando te dicen que no va a doler un pinchazo, pero la señal dura algunos días. Sin embargo, es un momento y nada más. Pero ahí queda la huella innegable, te dice que ha sucedido y todavía te marca con cierto dolor amargo las últimas palabras que te dijeron antes de aplicarte el antídoto. Conozco bien esa sensación.

Cuando era joven solía ser demasiado rebelde. Todos hemos tenido etapas donde nos hemos intentado descubrir, aunque fuese poniendo en peligro nuestra seguridad o nuestra alma. Muchos habríamos deseado vender un pedazo de ésta, o el continente entero, a cambio de la juventud eterna, esa que se va perdiendo y dilapidando con el tiempo. No siempre vamos a ser jóvenes, fuertes, con una actitud casi chulesca y una sonrisa de aventurero innegable. Los cuerpos cambian, las almas también. Nos volvemos monótonos y nos lamemos las viejas heridas como si fueran recientes. Nos calmamos. Terminamos alejándonos de lo que nos apasionaba. Pero yo seguía amando el peligro.

Como decía, cuando era joven solía ser rebelde, impulsivo, alocado y todos los términos que puedan imaginar para un hombre de algo más de veinte años, con un espíritu inquebrantable, dispuesto a probar todo y conocer de primera mano el mundo que le rodeaba. Era un iluso. Reconozco que todos somos ilusos y lo somos hasta que nos llega la muerte. Tenemos una ilusión, sueños que deseamos cumplir y metas que hay que alcanzar.

He visto muchas pérdidas. Conozco que es llorar sobre la tumba de mis seres amados, e incluso sé lo que es llorar sobre mi propia tumba. Me he arrodillado ante el nombre de mis viejos amantes, he besado las flores que olvidaba tras mis pasos y he honrado su memoria no olvidándolos. Viejos amigos, compañeros de noches en vela y conversaciones exhaustivas sobre miles de problemas, han quedado sepultados bajo metros de tierra. Reconozco a alguien que es leal cuando lo veo, pues puedo ver en sus ojos el alma que yace en ellos. Mi mejor amigo murió hace más de una década, lo he buscado como espíritu en todos los rincones de la ciudad de Nueva Orleans. Ha sido un fracaso. Me gustaría haberme despedido como se merecía. Igual he perdido a viejos amantes, la pérdida más señalada ha sido Merrick.

Ahora me encuentro con una nueva herida y frente a una nueva tumba, con tres nombres en vez de uno solo. Hay un hermoso epitafio que entre todos los inmortales, aquellos que los conocían y respetaban, han decidido añadir como últimas palabras de agradecimiento. Puedo sentir el dolor de cientos de almas al unísono, de vampiros jóvenes que no conocían la historia de primera mano y de aquellos que fallecieron, que están entre nosotros como seres sin cuerpo, que se compadecen del final de una era, la cual se acabó junto a ellos.

La mujer que más amo y admiro en éstos momentos no es un ser milenario, sino una joven vampiro. Tiene aproximadamente los mismos años en La Sangre, pero mi alma es algo más vieja y más sabia. Mi cuerpo contiene un alma de más de setenta décadas, la cual se siente vigorosa con el último bocado de la noche. Ella me observa minuciosamente, toma mi mano y la aprieta intentando soportar el dolor. Deseo que deje de llorar, aunque no hay lágrimas en su rostro. Es fuerte, sabe que una imagen vale más que mil palabras y nosotros somos la imagen de la raíz, de una raíz nueva, que germinará con fuerza el tallo de una nueva era.

Dolor... sí... Aún siento el dolor. ¿Me acostumbraré? Sí, lo haré. ¿Lo olvidaré? Nunca.


Respeto y paz.  

Gracias por su lectura

Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt