Hay numerosos archivos de Maharet que están saliendo a la luz. Ella los subió a la "nube". Yo no sé bien que es eso de "nube" pero me han dicho que es un lugar donde puedes subir archivos y que se queden para siempre ahí. Son diarios, pensamientos, poemas, canciones y rezos a los espíritus en diversas lenguas. Cada día la admiro más y extraño su presencia entre nosotros.
Lestat de Lioncourt
—Es inútil—dijo revisando
exhaustivamente las pruebas que habíamos realizado a mi hermana.
El olor a antiséptico golpeaba mi
nariz y me sentía mareada. Decidí sentarme en uno de los elegantes
sillones de la consulta y recostar mi espalda para asumir la verdad.
En ese momento me sentí súbitamente hundida. No supe realmente qué
decir o cómo reaccionar. Quería echarme a llorar allí mismo pero
me mantuve calmada porque él, mi agradecido guardián, estaba a mi
costado derecho tomándome la mano y mirándome con gesto preocupado.
Cuando iré hacia arriba, buscando los ojos de mi amado Khayman,
sentí su mirada llena de dolor y lástima. Él no había podido
hacer nada. Ni siquiera dándonos La Sangre ayudó a conservarla.
Sentí sus dedos finos y largos entrelazándose con los míos
mientras Fareed intentaba seguir su discurso derrotista.
—He hecho todo lo que estaba en mis
manos. Mekare tiene daños muy importantes en su cerebro debido a las
pésimas condiciones en las que vivió los primeros años, el
aislamiento y el brutal abandono que sufrió por parte del mundo. Si
deseas que use un eufemismo para asemejar su enfermedad con lo que
padecen los humanos... —hizo un inciso doblando el informe en tres
e introduciéndolo en un sobre para ofrecérmelo—Puedo decir está
en estado vegetativo.
—Pero ella se alimenta y anda por la
jungla—explicó Khayman porque yo no tenía fuerzas.
—Es el instinto de su cuerpo por
sobrevivir, no ella—dijo.
—Seguiré contándole historias,
cantando canciones, hablándole en nuestra lengua inventada y
cepillando pelo mientras le explico las últimas noticias que hay en
este maldito mundo—contesté incorporándome con ayuda de Khayman.
Amaba que siempre estuviera atento a
todas mis necesidades. No era débil y jamás lo fui, pero ese
momento me dejó tan conmocionada que ni siquiera la alegría de
haber recuperado la vista me dio ánimos para salir de la consulta,
encaminarme por el pasillo y salir a la superficie donde nos esperaba
Jesse, David Talbot y Thorne junto a ella.
—Si eso te alivia y calma tu
dolor...—contestó mirándome a los ojos con cierta decepción. No
era decepción porque yo no encajara el golpe o casi estuviese a
punto de echarme a gritar. Su decepción era consigo mismo porque no
podía hacer absolutamente nada por ella.
—Ella me escucha, Fareed. Yo sé que
su espíritu está en alguna parte junto a mí y necesita de mi
ayuda. Sé que ella de algún modo se puede comunicar
conmigo—mantenía esa esperanza en mi corazón porque era lo último
y lo único que iba a tener.
—Todos tenemos nuestras creencias,
Maharet—él también se incorporó saliendo de detrás de la mesa—.
Hubiese deseado darte otras noticias...
—¡No!—dije elevando mi voz—.
Fareed, no me intentes consolar porque tú también estás
deshecho—sentí entonces como Khayman soltaba mi mano para rodearme
por la cintura. Rápidamente los labios de mi viejo guardián rozaron
mis mejillas. Percibí en ese momento que yo estaba llorando—.
Gracias por devolvernos la visión a Thorne y a mí, por revisar a mi
compañero y por tranquilizar a Jesse.
—Necesito estar en contacto
contigo—respondió estirando sus manos hacia las mías para
acariciarlas—. Por si tú acabas haciendo un milagro.
—Quien hace los milagros aquí eres
tú.
Aquel rostro maduro e interesante era
el de un hombre virtuoso. Estaba segura que jamás se daría por
vencido. Las pruebas podían dar negativo pero su equipo siempre
estaba investigando patologías raras, el ADN vampírico y numerosas
propuestas, como ideas, venían de todo el mundo desde fundaciones de
hermanos de Sangre como personas interesadas en sus investigaciones
que la gran mayoría, por no decir casi toda la sociedad mortal,
daría por estafa.
Sus científicos eran profesionales que
habían terminado convertidos en vampiros tras años colaborando con
él. Cada uno de ellos tenía una historia trágica y rocambolesca.
Algunos habían presenciado el desastre que dejó atrás Akasha y
comenzaron a investigar sobre el vampirismo, cosa que provocó
juicios precipitados por parte de sus familias, amigos y compañeros
de profesión. Varios habían quedado recluidos en diversas
instituciones mentales, otros habían caído en la droga y la
destrucción absoluta de su vida.
Cuando regresé al jeep que nos
llevaría al aeropuerto, donde tomaríamos el primer avión hacia
Brasil, rompí en mil pedazos la carta. La ciencia había hecho todo
lo posible por ella pero yo seguía firme en mi propósito. Mekare
estaba en algún lugar acurrucada en aquel cuerpo tan similar al mío,
con ese rostro eternamente joven y esos hermosos ojos azules tan
profundos como los míos. Me subí al vehículo y subí los cristales
tintados para acabar rodeándola. Coloqué su cabeza sobre mi pecho y
permití que escuchara los fuertes latidos de mi corazón.
—¿Estás bien?—preguntó Khayman
mientras David hacía rugir suavemente el motor para ponernos en
parcha—. Maharet, ¿estás bien?
—Siempre estaré bien mientras me
mantenga al lado de mi familia—respondí mirándolo a los ojos.
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